CAPÍTULO 2
Micaela despertó desorientada, tenía las manos atadas a un árbol, al despertar sentía un tremendo dolor de cabeza el fuerte debido al fuerte golpe recibido, al ver su ropa manchada de sangre se asustó, pensando que podía estar herida.
Le costó algunos momentos recordar lo que había sucedido, entonces le vinieron a la mente los acontecimientos que habían ocurrido y se tranquilizó al comprender que la sangre no era suya.
Entonces observó que había dos individuos sentados frente a ella, estaban tan distraídos hablando entre ellos, que no se habían dado cuenta que había recuperado el conocimiento. Uno de ellos, tenía cara de pocos amigos y mostraba en la mano un pañuelo manchado de sangre, causado por el latigazo que Micaela le había dado cuando intentaba huir de él.
El que estaba frente la miró y exclamó:
- Mira Stan, nuestra invitada ya se ha despertado.
- Ya comenzaba a pensar que le había golpeado demasiado fuerte. - Se levantó y fue hasta donde estaba ella.
- ¿Qué quieren de mi? Si lo que buscan es un rescate, mi familia no tiene dinero para pagarlo.
Micaela intentaba aparentar tranquilidad, pero sintió un escalofrío en la espalda al ver que Stan se le acercaba y se colocaba frente a ella. Resultaba muy desagradable el olor que despedía a tabaco y alcohol.
- ¿Quién ha hablado de secuestro, ni de rescate, ni nada parecido?, ¿Por quien nos toma señora? Nosotros nos dedicamos a otro tipo de negocios más lucrativos. – Entonces el hombre sacó el revolver y empezó a jugar con el arma.
- ¿Y como lo llaman a esto? – Dijo Micaela forcejeando con la cuerda que le sujetaba las manos.
- Necesidad. - Dijo el más joven. - No nos malinterprete señora, si se porta bien no le haremos daño. Tan sólo se trata de que necesitamos su ayuda, ¿verdad Stan?
- ¡Joe! ¡Cierra la boca, no le des más detalles! – gritó Stan, que parecía ser el líder al otro forajido. - Volvamos a lo importante. La cuestión es que, de momento, usted, doctora, se va a portar bien, no va a intentar huir, no va a gritar y no nos va a dar motivos para hacerle daño. Stan con una horrible mueca en su cara que podría parecer una sonrisa, se dio la vuelta y se dirigió hacia la hoguera para reunirse con su compañero.
Micaela no entendía de qué iba este asunto, pero obviamente, se encontraba en un grave problema. No sabía como pedir ayuda, estaba realmente asustada y desde luego resultaba imposible escapar.
Pero estaba segura que Sully no la abandonaría, era un buen explorador y era la única persona capaz de encontrarla. Recordó como, cuando estalló la revuelta de los Cheyennes, Sully la había rescatado cuando cayó en poder de los fieros Guerreros Perro. Sabía que por muy difícil que fuera la situación nada impediría que fuera a rescatarla incluso poniendo su propia vida en peligro con tal de salvarla a ella.
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Sully intentó pensar con claridad, buscando la forma de encontrarla, no sabía que había ocurrido realmente pero tenía que darse prisa, antes de que fuera demasiado tarde. Volvió al pueblo y se dirigió directamente a la oficina del sheriff, tenía que explicarle la situación a Matthew y empezar la búsqueda inmediatamente.
- Necesito tu ayuda, Micaela ha sido secuestrada. – Dijo Sully entrando precipitadamente en la oficina.
- ¿Qué? – Dijo Matthew levantando la cabeza del libro que estaba leyendo - ¿Qué ha pasado? –
- No lo sé. Había quedado con Micaela para almorzar, he ido a la clínica para recogerla pero estaba cerrada. He decidido ir a su encuentro y en el camino he descubierto el carro abandonado en el camino y muestras de que había habido lucha. Hay que montar una partida cuanto antes.
- Ahora mismo, en un par de horas estaremos listos. – Dijo Matthew mientras cogía su cinturón con la pistola.
- No puedo esperar tanto tiempo, había manchas de sangre y puede encontrarse herida.
- ¿Qué está herida?, tienes razón, no podemos esperar. ¡Te acompaño!
Salieron rápidamente de la oficina en busca de Dorothy para que se hiciera cargo de Bryan hasta que ellos volvieran. Le explicaron la situación y le pidieron que tratara de contarle lo sucedido y sobretodo asegurándole que volverían con su madre sana y salva.
Cogieron algunas provisiones en el almacén del señor Bray, y acompañados por Lobo salieron espoleando sus caballos en dirección al lugar donde Sully había descubierto el carro abandonado. Explorando el terreno alrededor, descubrió las huellas de dos personas, unas eran claramente de Micaela y otras podían ser de su supuesto secuestrador. Siguiendo el rastro llegaron hasta un pequeño bosque. Era casí de noche.
La oscuridad impidió que continuaran siguiendo el rastro, por lo que Sully decidió acampar para descansar y esperar a que amaneciera. Después de varias horas de búsqueda Matthew estaba agotado y tras preparar un pequeño campamento, cayó profundamente dormido. Sully, que no podía dormir, intentó buscar ayuda teniendo una visión, tal y como había aprendido viviendo con los cheyennes, para ello, puso a hervir unas hierbas, bebiéndolas después. Como le había enseñando su amigo Nube Danzante, con ellas conseguiría liberar su mente y tal vez consiguiera tener una visión que le ayudara en su búsqueda.
