DISCLAIMER: Mahou shoujo lyrical Nanoha no me pertenece, es propiedad de sus respectivos autores.
AGRADECIMIENTOS: Muchas gracias a todos aquellos que leyeron esta historia, que la pusieron en alerta, o, inclusive, la pusieron como favorito. Gracias por el voto de confianza. Espero esta continuación sea de su agrado.
Se adentró a la biblioteca seguida de Alisa y Suzuka. Últimamente, sus dos mejores amigas la acompañaban a sus clases con Fate T. Harlaown, como si quisiesen protegerla de la molesta rubia. No era necesario, la señorita berrinche Harlaown se había portado mejor desde la última vez.
De repente, su celular sonó; lo sacó de su bolso y al leer el mensaje, sintió una terrible opresión en el pecho.
Tragó pesado.
No se esperaba eso tan pronto.
Se excusó de sus amigas, diciéndoles que saldría a tomar un poco de aire afuera.
Ni bien estuvo lejos del alcance visual de Alisa y Suzuka, comenzó a correr desesperadamente hacia cualquier lado. Sólo quería llorar, gritar y… Desaparecer. Pero nadie debía verla así, nadie jamás debía conocer sus debilidades, porque ella debía ser perfecta para que sus padres fueran felices.
Sin pensarlo, sus pies la llevaron al lugar donde podría estar sola y pensar: la azotea.
Se recostó sobre la pared al lado de la puerta, trató de contenerse, pero las lágrimas ya salían sin control alguno. Soltó un gemido frustrado y se dejó derrumbar lentamente hacia el suelo.
Su mochila fue la primera en caer, ella fue después, ocultando su rostro entre sus brazos que rodeaban sus piernas.
No quiero esto… Quisiera escapar…
No podía detener sus fuertes sollozos, al fin el día que tanto había esperado que no llegara estaba allí, a unos momentos de ella y ya no había vuelta atrás.
Escuchó a lo lejos, unos pasos en la escalera. Reaccionó rápidamente, si era alguien, no quería que la viesen así. Buscó su mochila con rapidez e intentó esconderse, pero cuando se incorporó, chocó de lleno con unos ojos borgoñas que la miraban sorprendidos.
Intentó huir, pero le fue inútil, unos brazos la sostuvieron por los hombros y la obligaron a detenerse.
Fate…
—No sé qué es lo que te sucede, pero no estás bien… ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
Sonaba tan preocupada por ella, ¿por qué? Nanoha no lo comprendía, ¿no se suponía que eran enemigas? Sus preguntas se nublaron en su mente, al igual que sus ojos una vez más. ¿Qué importaba ahora lo que Harlaown pensara de ella? La había visto dos veces de dos maneras que no se imaginaba que le viese nunca nadie: cantando y ahora, llorando como si el mundo se acabase.
—No te importa… Déjame. —pidió casi, en súplica, Nanoha. Sin hacer mucho esfuerzo, intentó liberarse de las manos de Fate, pero ésta no la dejó.
—Estoy siendo amable… Sólo… No me gusta verte así. —admitió tanto para sí, como para Nanoha.
La pelirroja bajó la mirada y volvió a llorar, sin poder resistirse. En ese momento, no le importó que Fate la viese, no le importó, que luego, la abrazase, con unos brazos fuertes y cálidos que la hicieron sentirse protegida por primera vez en su vida.
Un olor dulce inundó su sentido olfativo, y no supo en qué momento preciso ella, también, estaba aferrada con fuerza a una persona que no se imaginaba que estuviese ahora a su lado.
—Sólo debes decir lo que sientas, sin miedo… Si te lo guardas todo, terminarás explotando…
La voz suave de Fate sonó como un encantador arrullo en su oído y calmó un poco sus sollozos. No respondió, tan sólo se aferró con más fuerza a los hombros de la más alta y desahogó su infortunio como no lo había hecho jamás con nadie.
Gracias… Fate.
TODO LO QUE NECESITO
"Cuando era tan solo una niña
Soñaba con el mundo
Pero este estaba fuera de su alcance
Así que huía de su ilusión
Y soñaba con el paraíso
Cada vez que cerraba los ojos."
Coldplay, Paradise.
2
VACÍO
Media hora antes…
Luego de una semana extremadamente larga para Fate, al fin, el día viernes había llegado. Dos de los exámenes que debía aprobar para no hacer clases extras en el verano, los había pasado satisfactoriamente. ¿Debía agradecerle a Takamachi por eso? No, definitivamente ni lo haría.
Una sonrisa ladeada se asomó en su rostro. Si seguía comportándose como "niña buena" y obediente, podría salir el fin de semana como había arreglado con Ginga.
Caminaba por los pasillos ya desiertos del instituto hacia la biblioteca, donde llevaría a cabo una de las últimas clases con Takamachi; lo único que admitiría con pesar es que la pelirroja fastidiosa explicaba bien y que le había servido de orientación, al menos en inglés e historia, porque con las demás asignaturas era buena, sólo que era de divagar mucho en las clases.
Se estiró y sonrió completamente. Era viernes, fin de semana con Ginga, nada podía ser mejor.
"Nada podrá arruinarlo." Pensó contenta y mordió su labio inferior en señal de ansiedad.
Llegó a la biblioteca, pero para su sorpresa, Nanoha no estaba allí. Frunció el ceño, ¿acaso la descarada de la nerd la había dejado plantada? No, la mataría. Con lo bien que se había portado en sus estúpidas clases; ni una vez la había molestado, bueno, tal vez algunas veces, pocas… No venían al caso ahora.
Aventó con fuerza su mochila sobre el banco que siempre usaba y miró hacia todos lados en busca de alguien.
—¡Ey, tú! —exclamó, señalando a un muchacho que buscaba entre unos estantes. —¡Ey!
El muchacho se asustó y soltó un par de libros que llevaba consigo. Miró a Fate y se sonrojó al notar que le hablaba a él. Tragó saliva y le preguntó entre tartamudeos si se dirigía a él.
—Sí, te hablo a ti… ¿No has visto a una pelirroja con una coleta ladeada, con cara de tonta por aquí? —preguntó Fate con fastidio, acercándose.
—Pues, la verdad… Creo que no… Si he visto a una joven pelirroja de 3º año… Takamachi-san… —respondió el joven apenado.
—¡Ella! ¿Viste hacia dónde fue?
—Sólo escuché que les decía a sus amigas que la acompañaron hasta aquí, que iría a tomar aire fresco…
—Maldita… —balbuceó Fate con molestia. —¡Gracias! —añadió sonriendo y salió con rapidez de la biblioteca.
—De nada, Fate-san… Mi nombre es Erio Mondial y soy un gran admirador suyo… —comentó el joven en voz baja y suspiró abatido, mientras dejaba caer sus hombros en señal de derrota.
Nunca tenía la oportunidad de intercambiar palabras con Fate, y ahora que había podido hacerlo, no le salió nada coherente. Maldecía ser tan tímido.
"¿Por qué no nací antes? Quiero tener 18, no 14…" pensó con pesar, así, tal vez, Fate se hubiese fijado en él.
Fate caminó con paso apresurado por los pasillos del instituto, sin un rumbo fijo, simplemente donde sus pies la llevaran. ¿Dónde podría "tomar aire fresco" una persona como Takamachi? No lo sabía… Tal vez debería mandarle un mensaje de texto a Hayate, o simplemente, irse del instituto. Si Lowran decía algo luego, se defendería perfectamente, "Takamachi-san, me dejó plantada, señora directora, no es responsable con sus obligaciones. Cambie mi tutor, por favor." Pensó la frase que le diría y una sonrisa maléfica bailó en sus labios.
Detuvo su andar e intentó volver por el camino por donde venía para buscar sus cosas y marcharse, cuando miró por el ventanal hacia el patio. El cielo límpido resplandecía fervientemente; el verano estaba cerca y el atardecer empezaba a ser más anaranjado que de costumbre.
Perdida entre sus pensamientos, recordó los momentos en que se interesaba por saber de Takamachi y observaba cada movimiento o gesto que hiciera, y hubo uno en especial, que llamó su atención, Nanoha siempre prestaba atención al cielo.
Sólo escuché que les decía a sus compañeras que la acompañaron hasta aquí, que iría a tomar aire fresco…
Cayó en la cuenta de dónde podría estar, no supo cómo lo comprendió, podría llamarse intuición femenina, pero sencillamente supo que Nanoha podría estar ahí, en la azotea.
¡Vamos, Fate! Tenías que tomar tus cosas e irte, tenías la excusa perfecta para sacarte a la nerd de encima, ¿qué se supone que haces?
¿Qué fue lo que la hizo ir a buscarla y comprobar si su "intuición" no le fallaba? No lo sabía, y tampoco quería pensarlo. Sólo entendía que no había razonado y ahora se encontraba llegando a la terraza, como NO lo había planeado.
Estúpida.
Se recriminó mentalmente una y otra vez antes de abrir la puerta de la azotea.
No le llevó mucho tiempo encontrar a Nanoha, la joven se levantó rápidamente cuando la vio entrar.
Fate se sorprendió, la pelirroja estaba ¿llorando? Tenía los ojos rojos y las lágrimas le habían dejado un extraño brillo en el rostro, que se encontraba empapado, casi, por las mismas.
Algo en el interior de Fate se encogió y unas ganas incomprensibles por protegerla nacieron de ella. Un sentimiento que había sentido sólo por su hermana Alicia, hasta ahora.
Y lo supo, tragó pesado en el proceso de comprensión, de unos breves segundos exactamente. No quería ver a Nanoha así, la prefería enojada, siendo soberbia, estudiando, mirando el cielo, cantando, sonriendo… Pero no así.
No llores, Nanoha… Tu rostro se ve lindo cuando sonríes…
La familia Takamachi era conocida en Uminari por la cafetería Midori-ya, de la cual, Shiro y Momoko Takamachi eran los dueños.
Ambos eran los padres de tres jóvenes estudiantes, Kyoya Takamachi, un muchacho de 25 años, ingresado en la Universidad de la ciudad, hace un tiempo, quien era el mayor de los hermanos. Trabajaba, además, en una empresa por la mañana, ayudando con los pedidos, y en el turno vespertino, estudiaba sus últimos años de la carrera en la que estaba matriculado. Miyuki Takamchi, era la segunda hija que había tenido el matrimonio; con sus 23 años cursaba hace un tiempo nada más, su carrera universitaria y ayudaba en la cafetería de sus padres. Con Kyoya utilizaban el dojo de la familia para entrenar, y a veces, darles clases a algunos de los niños vecinos que estaban interesados en las artes marciales.
Nanoha era la menor de los tres hermanos, y por lo tanto, en la cual las expectativas estaban puestas, especialmente, desde que la familia Scrya había llegado a la vida de los Takamachi.
Cuando Shiro comenzó con el proyecto de la cafetería, conoció a Hibiki Scrya, un hombre de negocios, quien, posteriormente, se convirtió en su socio.
Scrya lo ayudó a construir la cafetería y además, quiso que sus hijos contrajeran matrimonio para que sus negocios siguiesen aliados en el futuro.
Ese fue el punto que Nanoha quiso que jamás existiese, porque los Scrya tenían un único hijo, Yuuno, un joven de 18 años, de contextura delgada, con gafas, de ojos verdes, cabello un tanto largo y rubio; el cual quedaba perfecto, por la edad, para que se casase con ella.
Yuuno era educado, atento e inteligente, se había llevado bien con Nanoha desde pequeños; ella confiaba mucho en él, pero como un amigo, su mejor amigo, para ser correctos. Y era sólo eso. Alguien que le brindaba incondicionalmente su amistad.
Pero Yuuno también obedecía vehemente las órdenes o imposiciones de sus padres, exactamente, igual que ella.
Sus padres manejaban sus vidas a su antojo y beneficencia.
Nanoha arrojó con fuerza su bolso hacia el suelo y se dejó caer boca abajo en su cama.
Nanoha, el sábado por la noche vendrá a cenar la familia Scrya, y se anunciará oficialmente tu compromiso con Yuuno-kun. Ya tiene los anillos, así que dejé dinero para que vayas a buscar tu vestido, el que encargamos para la ocasión. Ve ni bien regreses del instituto.
Con cariño, Mamá.
El mensaje de texto que había recibido de su madre esa tarde, volvió a sus pensamientos.
Hundió su rostro en la almohada y trató de ser fuerte.
La imagen de Fate abrazándola inundó su mente inmediatamente, se sonrojó con violencia y sujeto con fuerza la almohada que yacía entre sus brazos y su cabeza. Tan sólo si cerraba los ojos el dulce aroma a vainilla de Fate llegaba a sus sentidos; todavía podía sentirlo impregnado en sus ropas.
Suspiró.
Fate era todo lo opuesto a ella, espontánea, con aires de libertad, seguía su propio camino. La envidiaba y admiraba a la vez, por eso, desde el primer momento que la vio, la había observado.
La rubia le había dicho que debía decir lo que sentía, aunque ella no podía hacerlo, no, porque sus padres se decepcionarían y no buscaba eso.
Pero, tal vez, sí podía retrasar más ese compromiso.
Se levantó de repente, casi de un salto de la cama y comenzó a buscar ropa en su armario.
La casa estaba vacía, ya que sus padres estaban trabajando y sus hermanos en la universidad, por lo que tendría la oportunidad perfecta para huir. Sí, huir, porque era eso lo único que se animaba a hacer por ahora.
Cobarde.
Gruñó y se concentró en hacer lo que debía, y no prestarle atención a su mente que estaba dispuesta a reprenderla todo el tiempo.
Guardó un par de prendas en una mochila, buscó unas ropas livianas y se dirigió al baño con paso apresurado.
¿Cuál era el plan? Huir a la casa de Alisa con la excusa de estudiar para los exámenes de la semana entrante. Si sus padres le creían o no, no lo sabría, porque les avisaría cuando ya estuviera allá y alegaría que el mensaje de texto de su madre jamás llegó.
Dejó que el agua de la ducha cayera como cascada por su cuerpo, y la sensación de tranquilidad la invadió. Se llevó ambos brazos a sus costados, para abrazarse a sí misma, y una vez más, Fate acudió a sus pensamientos. Sonrió involuntariamente y un tinte rosado apareció en sus mejillas, pero no supo si era por el vapor o por los sentimientos que la rubia generaba en ella, y aún, no se admitía a expresarlos con palabras.
Esperaba el autobús que la llevaría a la residencia Bannings. El crepúsculo ya asomaba en toda la ciudad. Un viento fresco soplaba apenas, que ni siquiera alcanzaba a desordenarle su prolijo sujetado cabello. Se acomodó un riso rebelde tras la oreja y se sentó en la banca de la parada del ómnibus, que se hallaba a un par de cuadras de su casa.
Se dispuso a observar el parque que encontraba frente a sí. Los árboles tupidos de un verde fusco, otros de un color más claro, más al centro, los niños jugando en el césped, sus madres observándolos, otros paseando a sus mascotas; todo el mundo tan despreocupadamente viviendo sus vidas. Volvió a sentir envidia.
Cerró los ojos y torció los labios en un gesto despectivo para sí, ¿desde cuándo era una envidiosa?
—¡Ey! ¿Cómo te encuentras?
Esa voz… Debo estar alucinando, sí, seguro es eso…
Un ladrido la hizo sobresaltarse y mirar hacia su derecha. Y allí estaba, la persona que había ocupado su mente toda la tarde. Vestida con unos jeans oscuros y una camiseta manga corta, holgada y de color negro. Mantenía en su mano izquierda una correa donde sujetaba a un perro bergamota de una raza que Nanoha no conocía, o seguramente, era una cruza de dos diferentes.
Fate arqueó una ceja, sin dejar de observarla.
—No soy "ey", tengo un nombre, ¿sabes?
—Da igual, estaba queriendo saber cómo te encontrabas, pero como ya empezaste en tu estado altanero, imagino que tu deficiencia mental volvió. Nos vemos. —intentó despedirse Fate, pero su mascota canina no siguió sus pasos, sino que quiso acercarse más a la pelirroja. —¡ARF! ¡Por todos los cielos, vamos!
—¿Arf? ¿Ese es su nombre? —preguntó con curiosidad Nanoha y con precaución, acarició la cabeza del perro, quien con alegría movió su cola para darle confianza y transmitirle que le gustaban los mimos. —Es muy bonito.
—Bonita. —corrigió Fate y miró a Arf. —El nombre se lo eligió Alicia… No sé cómo se le ocurrió, pero mi hermana es así de extraña. ―
Nanoha soltó una pequeña risa y volvió a acariciar a Arf.
A Fate se le dibujó una pequeña sonrisa en el rostro al oír esa peculiar risita.
—Te encuentra mejor, entonces. —afirmó la rubia y tomó asiento a su lado.
—Lamento que me hayas encontrado así. —reconoció Nanoha y miró hacia otro lado mientras se llevaba su bolso a su regazo y lo apretaba contra sí.
—¿Te avergüenza? —preguntó Fate mirándola directamente. —No le dije a nadie que encontré a la "grandiosa señorita Takamachi" llorando en la azotea, si eso te preocupa. Tu imagen seguirá intacta cuando volvamos al instituto. —corroboró la rubia y viró su vista en otra dirección. —Todo parece pasar por las apariencias en tu vida…
—¡No es así! —negó Nanoha, casi gritando.
Arf, que ya se había echado en el suelo para dormir, alzó su cabeza alarmada.
Fate no se inmutó, siguió con su vista fija en el parque frente a ellas.
El sol ya se había ocultado y las luces de las calles se habían encendido, lo que le daba más luminosidad al sector donde se encontraban.
—El no saber cómo eres es lo que más me desagrada de ti… Y no porque no puedo entenderte, sino porque te resguardas detrás de una apariencia. ¿Y sabes qué? Las únicas cosas que encuentro auténticas y lindas son tu canto y tu risa. —dijo Fate claramente y se levantó del asiento, justo en el momento que el autobús arribaba.
Nanoha no pudo responder, quería decirle miles de cosas, refutar sus dichos, agradecerle por lo de la tarde, pero nada abandonó sus labios. Subió el autobús y miró por última vez la figura de Fate, que le devolvía la mirada desde la vereda. Arf también la observaba, con su cola en movimiento de un lado a otro.
La rubia le dedicó una pequeña sonrisa y lo que le pareció un "adiós" articulado en silencio. Ella la observó hasta que el ómnibus avanzó y la perdió de vista.
Una horrible punzada en el pecho le hizo darse cuenta que no quería, no deseaba para nada en el mundo, que algo en ella sea de desagrado para Fate.
El enorme hogar de los Bannings estaba ubicado al oeste de Uminari, bastante alejado y con un vasto terreno en el cual estaba la mansión.
Nanoha una vez allí, le contó a Alisa lo que sucedía, lo de su compromiso con Yuuno y que todavía no estaba lista para llevarlo a cabo. Excepto lo de Fate, de eso no hablaría.
Alisa la entendió y la reprendió por no habérselo dicho en la tarde.
Después de su extenso discurso sobre la amistad y la confianza, de Alisa, le confirmó que podía quedarse todo el fin de semana en su casa, e inclusive, le aconsejó que debía divertirse antes de que su compromiso con el "hurón" de Yuuno se llevara acabo (ese apodo le había puesto, ya que no le agradaba para nada). Nanoha aceptó muy poco convencida y Alisa comenzó a planear su salida el día sábado por la noche.
La residencia Harlaown se inundó de risas e improperios un momento, especialmente, en la sala de estar.
Dos amigas jugaban con la consola de videojuegos, y una de ellas había perdido descaradamente.
Fate entró junto a Arf, quien, inmediatamente, corrió en dirección al bullicio que armaba su otra dueña, moviendo la cola en el proceso.
—Los gritos se oían hasta la otra cuadra. —les reprochó la rubia menor dejando las llaves sobre la mesa y desplomándose, nada femeninamente, sobre el sillón.
—¡Es que Hayate no deja de ganarme en este maldito juego! —se quejó Alicia y golpeó en el hombro a la castaña con el mando de la consola.
—¡Ouch! —aulló Hayate, poniendo su falsa carita de perrito regañado.
—Al, si intentas NO romper el videojuego en el proceso de matar a Hayate, te lo agradecería. —fue sarcástica Fate.
—Gracias, Fate-chan… Eras TAN linda cuando me defiendes de las garras de tu hermana. —soltó Hayate de la misma manera irónica y sacó la lengua hacia Alicia. —Puedes llorar y patalear, Al, pero nunca me ganarás… Admítelo, soy la mejor. —
— ¿Sabes dónde puedes meterte tu juego y tu vanidad, Yagami? En el…
― ¡Estoy en casa!
La voz suave, pero potente, de Lindy Harlaown, ahogó todo insulto que la mayor de las rubias pudiese decir. Hayate rió para sí y Fate se incorporó para recibir a su madre que llegaba de una larga jornada laboral en el laboratorio donde trabajaba.
Lindy, una mujer adulta que no excedía los 40 años de edad, tenía un largo cabello sujeto por una coleta alta, una sonrisa amable, y portaba una bata blanca que no se había quitado en todo el trayecto del trabajo hasta su casa. Ella era una científica responsable de un gran proyecto que se llevaba a cabo en el laboratorio donde había sido transferida hace dos años; por lo que había venido a vivir a Uminari con sus tres hijos y tener la comodidad, así, de moverse más fácil hacia su trabajo. Era, además, la superior de Signum Yagami, la hermana mayor de Hayate. Por lo que ambas familias se conocían muy bien, también, y por eso los jóvenes eran tan cercanos.
La amplia sala del departamento Harlaown se llenó, una vez más, de risas cuando Lindy y Hayate comenzaron a conversar de trivialidades o cosas cotidianas, y una de esas fue la cantidad de veces que Alicia había perdido en el juego.
― Es que mi hija querida no sirve para eso…
―¡Mamá! ―se ofendió Alicia frunciendo el ceño―. Lamento no ser una friki como lo son Fate y Hayate.
―¿Y Chrono? ―preguntó Lindy acallando un insulto de Fate hacia su hermana.
―Hoy se quedaba más tiempo en al Universidad. ―respondió Alicia y volvió a recostarse en el sillón al lado de su madre. ―Creo que también salía con una compañera nueva del curso.
―¿La jovencita que trajo la otra vez a casa? ¿Tu amiga Carim?
―Ehmm… No… Esta se llama Amy.
―¿Cuándo será el día que Chrono deje de comportarse así? Tiene que sentar cabeza de una buena vez, igual que otras…
―¡Ay, mamá! ―exclamó Alicia cansada e hizo un ademán con su mano derecha para restarle importancia. ―Chrono es un caso perdido… Desde que se cree un chico "rock" no hace otra cosa que cambiar de chicas toda la semana… Y si te dirigís a mí, bueno… Sentaré cabeza el día que la persona que me gusta me tome en serio. ―
Las respuestas ambiguas de Alicia eran algo que Fate conocía perfectamente, su hermana las usaba para evadir una contestación o para lanzar una indirecta hacia alguien, en este caso, Hayate.
Fate lo sabía, inclusive podía seguir sumando gestos, miradas, roces, juegos, etcétera, a esa especie de coqueteo constante que había entre su castaña amiga y su hermana mayor. Como justamente ahora, luego de la frase que Alicia había dicho, intercambió una fugaz mirada inquisitiva con Hayate, que pasó desapercibida para Lindy, pero no para Fate.
"Entonces, si flirteas con Hayate, no mires a Nanoha." Pensó Fate y frunció el ceño inconscientemente.
―¡Ah! Alisa nos invitó a su casa hoy, ¿podemos ir? ―preguntó hacia su madre, Alicia.
Fate la miró sorprendida, ¿en qué momento había hablado con la engreída de Bannings? Y aún peor, ¿desde cuándo iba a su casa?
―Estarán Suzuka y Na-no-ha… ―dijo Alicia, deletreando el segundo nombre mientras una sonrisa traviesa adornaba su rostro. ―Así que, si no quieres ir, Fate, no hay problema… ―agregó con total sarcasmo y su sonrisa se ensanchó.
―Ali, eres la mayor y la responsable, no quiero que vuelvan en cualquier horario, ¿entendido? ―advirtió Lindy seriamente.
―Yes, Sir. ―respondió Alicia de manera automática y robótica, y luego se sonrió con Hayate.
Fate subió a su habitación con el ceño, todavía, fruncido. Se debatía en su mente si ir o no a la casa de Alisa. Pero si no iba… ¿Alicia haría algo con Nanoha? No podía permitir eso.
Se detuvo en seco justo en el oscuro pasillo que conducía a las habitaciones de cada miembro de la familia. Se recargó en la pared justo al lado de la puerta de su cuarto y suspiró, no dejaría a Nanoha Takamachi sola con su hermana, después de cómo la había visto esta tarde y la forma en que la había abrazado a ella, no quería que lo hiciera con otra persona.
Tragó pesado y observó sus manos, apenas, con la tenue luz del piso de abajo. Recordó el calor del cuerpo de Nanoha y tragó saliva, otra vez.
No me gusta. No me gusta. No me gusta.
Se repetía una y otra vez, para que su corazón dejase de latir tan rápido.
Pero aún así, no quiero que mires a Alicia, Nanoha…
Entró a su habitación y cerró la puerta rápidamente.
Nanoha hizo un pequeño mohín y se cruzó de brazos mientras se sentaba bruscamente en la cama de Alisa. Tener que contarle a Suzuka por qué razón estaba ahí, y que ésta la reprendiera también, ya no le parecía gracioso. ¿Cuántos sermones más debía tolerar en el día?
―Nanoha… ―la nombró Alisa en forma de reproche, con la voz un tanto grave.
―¡No he dicho nada! ―se defendió Nanoha y se incorporó con rapidez. ― Sólo… ¿Puede ser suficiente de regaños? Quiero tratar de olvidar por un momento que nada del compromiso es cierto…
―¿Y pensaste en hablar con tus padres? Ellos no parecen…
―¡Suzuka-chan, jamás me escucharían! Además… Ya sabes, así está bien…
―Tu madre llamó y preguntó si no podías volver a casa hoy porque Yuuno te esperaba. ―dijo Suzuka con preocupación y se acercó a su amiga para indagar su extraña actitud. ―¿Estás segura de ésto?
―Estás huyendo. ―remató Alisa cruzándose de brazos.
―¡No estoy huyendo! Quiero dejar de sentirme así… ―comenzó Nanoha y se llevó una mano a su pecho, estrujando su blusa un poco.
Sólo debes decir lo que sientas, sin miedo… Si te lo guardas todo, terminarás explotando…
― Quiero dejar de sentirme tan vacía… Entiéndanlo. Hablaré con mis padres… Cuando esté lista para hacerlo. Lo prometo. ―declaró con seguridad Nanoha y miró a ambas con decisión.
Alisa y Suzuka intercambiaron miradas. Nanoha estaba un tanto extraña desde la tarde, luego del instituto, y ellas podían sospechar de algo.
―Señorita. ―llamó una de las sirvientes de los Bannings, del otro lado de la puerta de la habitación. ― Sus invitadas ya están aquí. ―anunció, luego.
―Bien, enseguida bajamos. Gracias. ―respondió Alisa y ante un "con su permiso" de la mujer del otro lado de la puerta, intentó salir a recibir a sus "invitadas".
―¿Invitaste a alguien? ―se sorprendió Nanoha con las cejas arqueadas y miró a Suzuka que rió bajito.
―¿No te dije? Creí que sí… ―dijo Alisa e hizo un gesto pensativo. ―A Hayate y a las hermanas Harlaown. Creí que te podría ayudar a levantar el ánimo, después de todo, parece que Fate lo hace mejor que nosotras… En la azotea del instituto se veían MUY cercanas. ―soltó todo argumento de una forma rápida y cargado de celos.
Luego, salió de la habitación seguida de Suzuka, quien antes, le dedicó una sonrisa a la pelirroja.
Nanoha se quedó como piedra de pie, casi en el centro de la inmensa recamara de Alisa. ¿Qué se supone que debía de decir? Nada, la habían visto con Fate… ¿Con qué cara las miraría ahora? Ella, la que siempre decía no soportar a Fate T. Harlaown, había terminado en sus brazos, llorando. Ella, la que nunca desobedecía los deseos de sus padres, ahora, por las palabras de cierta rubia se intentaba revelar ante un mandato irremediable.
Un cosquilleo extraño le recorrió la boca del estómago y fue a perderse por debajo de su abdomen.
Inhaló profundo e hizo unos pasos hacia delante. Exhaló con fuerza cuando, armada de valor, cruzó el umbral de la puerta.
La mansión Bannings estaba repleta de habitaciones por toda la casa. Un ambiente casi sobrio era lo que se encontraron las hermanas Harlaown y Hayate al llegar. Un lugar con muchos adornos florales en varias esquinas, algunos cuadros de pintores importantes, y hasta una estatua que Hayate creyó era "El David", por lo que recibió otro golpe por parte de Alicia por su ignorante comentario.
Pero el cuarto donde se detuvieron a estar fue el "playroom", allí donde Alisa mantenía celosamente guardado todos sus juegos.
Estanterías colmadas de juegos de mesas, otra especie de mueble donde se recargaban diferentes consolas de juegos frente a una pantalla gigante, casi del tamaño de una que se encontraría en un cine, unos sillones perfectamente adornados frente a la gran pantalla de juego, esperaban por las jóvenes. Además, en un pequeño sector, se encontraban tres juegos arcade, dos que servían para los juegos de baile y uno de temática zombie y disparos, que de seguro a Alicia no perdería oportunidad para jugarlo, observó Fate.
La habitación estaba pintada de un color rojizo tenue y un par de pósters de unas bandas de rock adornaban parte de la pared y la puerta, además de algunas fotos encuadradas de Alisa y sus dos inseparables amigas.
Alicia y Nanoha no habían dejado de hablar desde que se habían saludado, y Fate no paraba de bufar cada dos segundos.
La pelirroja apenas le había dicho un escueto "hola" y nada más, luego, se había encargado a la perfección de ignorarla.
Hayate, como se llevaba tan bien con Alisa y Suzuka, o al menos eso parecía últimamente, se la pasaba hablando con ellas. Fate se sentía tan fuera de todo, que tenía ganas de irse a su casa o, simplemente, llamar a Ginga, que de seguro ella no la ignoraría como otras.
Pensando en eso, se apartó de las demás, viendo cómo se organizaban en cada juego y salió de la habitación sin ser vista.
Sacó su celular del bolsillo y tecleó algunas palabras en un mensaje que envió a Ginga, para saber cómo estaba, y si la joven le decía que quería verla, tendría la excusa perfecta para marcharse de allí.
Nanoha notó inmediatamente la ausencia de la menor de las rubias. Miró hacia todos lados de la habitación y no encontró rastros de ella, ¿dónde había ido?
―¿Nanoha?
La dulce voz de Alicia la sacó de sus pensamientos. Le devolvió la mirada y sonrió como si nada.
―Lo siento… Creo que necesito ir al baño. Enseguida vuelvo. ―evadió Nanoha con tranquilidad.
―Bien, prepararé el juego mientras. ―sonrió Alicia con amabilidad subiendo a la plataforma del juego arcade de baile.
Nanoha asintió sin dejar de sonreír y salió de la habitación. Cerró la puerta tras de sí y allí cayó en la cuenta de lo que estaba apunto de hacer, ¿estaba pendiente de Fate? Sí, si lo estaba, y desde que la rubia llegó a la casa no había podido hacer otra cosa que pensar cómo acercarse a ella.
Negó con la cabeza casi imperceptiblemente, cómo ella iría a buscar a la insoportable de Harlaown, aunque en la semana se habían llevado, aunque esa tarde la había abrazado y… Le había hecho tan bien, no podía siquiera, pensarla.
Un suspiro escapó de sus labios y levantó la mirada.
¿Qué era, realmente, lo que quería con Fate T. Harlaown? ¿Por qué le interesaba tanto?
Había algo en ella que le atraía de sobremanera, pero cuando estaban juntas los sentimientos opuestos florecían.
Uno de los ventanales del pasillo estaba abierto. Recordó el mal vicio que la rubia tenía e intuyó que podría estar allí, fumando.
Caminó lentamente hasta allá, y tal como su intuición le dijo, Fate estaba ahí, de espaldas al pasillo, apoyada en el barandal del balcón al que daba el gran ventanal. Contemplaba algo en el cielo, mientras fumaba tranquilamente trazando unos pequeños círculos en el aire con el humo que soltaba de su boca.
―Supongo que prefieres otros tipos de entretenimientos… ―Comentó Nanoha, tratando de sonar lo más casual posible, cuando por dentro sentía un nudo de nervios en el estómago, que le estrujaba por dentro.
Fate se giró un poco para observarla y le sonrió, una sonrisa que Nanoha no conocía, tan dulce y… Algo más que no podía describir. Además de que el brillo de la noche le daba un aire extremadamente sublime. Fate T. Harlaown era verdaderamente hermosa, con esa tonalidad tan pálida en su piel, y esos ojos que brillaban de sobremanera con la luz de la luna.
―Y yo supongo que mi hermana no es de tu agrado, por eso estás huyendo de ella… O me extrañabas. ―respondió la rubia, y la sonrisa cálida de hace unos momentos se tornó en una arrogante. En la de siempre.
―Necesitaba ir al baño. ―se justificó Nanoha frunciendo el ceño.
―La luna está hermosa. ―comentó Fate haciendo que Nanoha detuviera sus pasos, que se dirigían de vuelta a la sala de juegos.
Volvió a mirar a la rubia, pero ésta ya no la observaba, sino que estaba con la vista fija en el astro que gobernaba las noches.
Se acercó a su lado y observó en la misma dirección.
Era cierto, la luna brillaba intensamente y en toda su magnitud. Adoraba el cielo y le hubiese encantado volar a través de él.
―Poder volar sería magnífico… ―dijo Fate volviendo a llevar el cigarro a sus labios.
Nanoha la observó. Ella pensaba igual, pero jamás lo expresaba en voz alta porque creía que sería un comentario un tanto infantil.
Soltó una pequeña risita.
―¿Qué es gracioso, señorita con risa de corderito? ―preguntó Fate sonriendo también.
Nanoha no le respondió, sino que rió abiertamente ante la comparación y Fate la acompañó. En otra ocasión la pelirroja se hubiese enojado con ella, pero esta vez, no sabía si eran los nervios o ese no sé qué que acompañaba a Fate desde esa tarde en el instituto, que la hacía olvidarse de muchas cosas y sólo ser genuinamente ella.
―Me alegra que estés mejor. ―le dijo Fate aún con una sonrisa plantada en su rostro.
Nanoha le devolvió el gesto y se apoyó en el barandal con ella. Fate no dejó de observarla ni un momento, y cuando creyó correcto añadió:
―Gracias por ayudarme cada tarde… Aprobé dos materias ya… Y esta "cabecita hueca" está almacenando bien cada cosa que le enseñas…
―Eso me parece estupendo. ―contestó Nanoha y volteó a verla.
―Debo devolverte el favor, ¿quieres que te enseñe a tocar el bajo, entonces? ―propuso Fate sin dejar de sonreír.
―¿Te parece? Hoy me dijiste que todo de mí te desagradaba… Jamás nos llevaremos bien, es mejor así… Sólo conocidas. ―respondió Nanoha, tratando de alejar cualquier cosa que la rubia le provocara, tratando de borrar sus cálidos brazos.
Las facciones de Fate se contrajeron en una mueca de decepción un momento, pero que luego se transformó en el rostro de siempre.
―No es que me desagrades… Bueno, sí… Digo, ¡no! Argh… ―gruñó Fater al no encontrar una frase que pudiera decir coherentemente. Miró hacia el frente nuevamente y continuó: ―No es que me desagrades… ―suspiró. ―Es sólo que no conozco esa Nanoha que se esconde tras esa máscara perfecta… ―soltó el cigarrillo, que cayó en el patio, pero se perdió entre el césped. ―Y después de pasar tiempo contigo, y esta tarde… Creo percibir que eres realmente interesante, y me gustaría conocerte más. ―confesó y se atrevió a mirar a la pelirroja seriamente.
Nanoha se sonrojó inevitablemente y abrió los ojos con sorpresa, aún más cuando percibió que Fate acortaba la distancia entre ellas. ¿Por qué se acercaba de esa manera? ¿Qué quería hacer? Nanoha sentía su corazón latir desbocadamente, si la rubia se acercaba más, estaba segura, que lo escucharía. Ella misma lo percibía retumbar en sus oídos.
Fate levantó su mano derecha y quitó algo de los cabellos de Nanoha.
―Una hoja. ―dijo simplemente y sonrió mientras dejaba volar la pequeña hoja con la leve brisa nocturna.
Nanoha tragó pesado, se había puesto nerviosa pensando que la rubia haría… ¿Qué había pensado?
Fate la observó nuevamente al notar que estaba muy callada, y notó el sonrojo que cubría las mejillas de la pelirroja. Ella misma se ruborizó un poco al ver lo preciosa que estaba con ese leve rubor y el contraste que éste hacía con el brillo de la noche.
Sintió que el tiempo se detenía al contemplar aquellos profundos ojos carmesí que le devolvían una mirada tan intensa. No se dio cuenta cómo, ni en qué momento, Fate estaba tan cerca de ella, sólo percibió el aroma dulce que emanaba mezclado, esta vez, con el molesto olor del cigarrillo y pronto sus cuerpos parecían estar a punto de rozarse.
Nanoha no podía controlar su impulso; algo que nacía muy dentro de sí la estaba atormentando con que acortara la cruel distancia de una vez. Perdió la atención de Fate sólo unos segundos, cuando ésta bajó para observar sus labios.
La pelirroja se mordió el labio inferior y retó a Fate con la mirada, ella no haría nada, quería que la rubia lo hiciese, pero si no se apresuraba no podría controlar más su presión de arrojarse a sus brazos de una vez.
Su mente le repetía una y otra vez que era Fate a quien tenía en frente, y que no DEBÍA sentir ese tipo de atracción por ella, pero su corazón le decía otra cosa diferente en ese momento, y no estaba con todas sus capacidades para razonar en un instante así; sólo estaba ella y esa joven delante suyo, tan atrayente.
Un pequeño grito ahogado escapó de sus labios cuando Fate la tomó bruscamente de la cintura y la acercó con posesión hacia ella. El mínimo espacio entre ellas estaba reducido, sólo había que acercarse un poco más y el deseo sería consumado de una vez.
Nanoha sujetó los hombros de Fate y cerró los ojos esperando que esos labios le robaran un beso.
Una melodía dominada por guitarras sonó en el ambiente, devolviéndolas a su mundo. Fate se apartó un momento y sacó el celular de su bolsillo. Aquel aparato bendito había interrumpido un preciado momento. Miró el móvil y luego a Nanoha que no le devolvía la mirada.
Se decidió a atender.
Nanoha sintió que un balde de agua fría la despertaba de su dulce sueño. Escuchando la conversación rápida que Fate llevaba acabo, lo recordó. Ginga salía con Harlaown y ella había estado a punto de hacer algo inaudito con ella, no podía traicionar a una persona como Ginga Nakajima a quien conocía hace mucho tiempo y sabía, de buena fuente, lo enamorada que estaba de Fate.
Miró hacia un costado; el brazo de Fate aún cruzaba su cintura. Quería irse inmediatamente de allí, si volvía a mirarla, tal vez volvería a perder la poca cordura que estaba recuperando.
Qué buen momento elegiste para darte cuenta que te gusta Fate.
Se recriminó internamente. Cerró los ojos con fuerza y cuando oyó que la rubia finalizaba la conversación intentó apartarse de la manera más sutil posible. Alejó a Fate por los hombros, le dedicó una sonrisa que trató de ser lo más normal del mundo, pero salió forzada y casi amarga.
Caminó hacia el pasillo para volver con sus amigas, sin siquiera voltear a ver a la rubia, pero cuando casi cruzaba el umbral, una mano se cerró sobre su muñeca y con fuerza fue arrastrada hacia atrás. Cuando volteó el rostro se encontró con unos dulces labios que le arrebataron un beso casi de improvisto y de manera vehemente.
Cuando cedió a la pequeña lucha que llevaba con la rubia por separarse y apoyó sus manos en los brazos de Fate, también correspondió al beso entreabriendo sus labios que eran reclamados con fervor.
Cuando sus lenguas se encontraron por vez primera, una corriente eléctrica se instaló en el interior de Nanoha, quien estrujó con fuerza la tela del suéter de Fate en sus brazos y sintió su corazón dar un brinco. A pesar de que el beso tenía un gusto a tabaco, a Nanoha le supo tan dulce como el caramelo y se aferró con fuerza a Fate para que no la soltara.
Y por un momento, dentro de su corazón, supo que ese vacío había sido llenado.
N/A: Ufff... Este capítulo tardó más de la cuenta... El trabajo y eso, las excusas de siempre... Espero tener el otro más rápido.
Rin, espero que ésto te inspire y vuelvas al ruedo! jajajaja.
Shiro T. en el próximo cap verás un poco de Ginga en acción :)
