Entró en la habitación, y se pasó una mano por el pelo.

"Venía a hablar contigo" susurró.

"¿Y qué quieres de mí?" dijo ella con ira. Ni siquiera se volvió hacia donde él estaba, hasta que el joven se acercó a ella.

"Vengo a hablar contigo" susurró de nuevo esta vez más cerca de ella, casi echándola el aliento en el cuello. La tomó de la muñeca ante la mirada sorprendida de ella y volviéndola, la besó. Primero con suavidad, con tranquilidad, pero algo ocurrió en un momento dado, que el beso se transformó casi en ira. La levantó en volandas y sin dejar de mover su boca contra la suya la empujó contra la pared. Ella enlazó las piernas alrededor de sus caderas, y de pronto, él se lanzó a su cuello. Parecía como si le dieran órdenes… y de pronto, una lucecita se encendió en la cabeza de la joven, y devolviéndole el beso, ya que él había vuelto a solicitar su boca, empezó a desabrocharle los botones de la camisa.

"¿Ves lo que se puede hacer con la sugestión?" Le dijo un hombre a otro en la televisión, el detective observaba la pantalla con los dedos apoyados sobre su mentón. De pronto, se levantó abruptamente.

"Quiero hacer un experimento, John" dijo Sherlock. "Ven, te necesito". El hombre resopló y le siguió.

"Espero que no tenga nada que ver con cortar órganos, drogar a personas o alguna cosa semejante". Cuando entró en el salón se encontró con que Molly estaba en el sofá. Se retorcía el pelo entre los dedos. Al entrar le miro interrogante, casi preguntándole con los ojos "esto de que va".

Ambos miraron a Sherlock, que buscaba algo entre el desorden de la balda, hasta que por fin lo encontró: un pañuelo de seda. Sin mirar a John le dijo:

"Saca una moneda" El hombre lo hizo. "Ahora elegid cara o cruz sin que yo lo oiga" dijo mientras él mismo se vendaba los ojos. "Tirad la moneda. Y besadme. Así yo sabré a cuál prefiero".

"¡Qué?" el par de exclamaciones hicieron que Sherlock se bajará un poco la venda, descubriendo uno de sus ojos.

"¿Qué ocurre?" preguntó el detective desconcertado.

"¿Puedes explicarnos qué es lo qué pretendes?" respondió John intentando parecer calmado.

"Quiero experimentar qué es lo qué se siente al ser besado por un hombre y por una mujer, pero no quiero autosugestionarme, así que prefiero que lo hagáis sin que sepa quién es quién hasta el final". John miró a Molly, y observó como la joven miraba a Sherlock devorándole con los ojos, después le miró a él y el médico pudo ver como prácticamente le suplicaba. John suspiró. Al fin y al cabo, Sherlock le atraía, para que negarlo, y solamente era un experimento. Suspiró de nuevo.

"Vale. Pero…" dijo el médico, Molly le miró aterrorizada. "Hay una condición que tienes que cumplir." John sonrió travieso. "No podrás tocarnos". Sherlock levantó una ceja. "Somos muy diferentes, por el tacto puedes deducir si somos uno u otro".

"Está bien". El detective se tapó de nuevo los ojos y se quedó quieto en medio de la habitación. Molly y John intercambiaron una sonrisa lujuriosa.

Pasaron unos segundos sin que nada pasara y Sherlock se removió, algo inquieto; hasta que de pronto, notó una presencia ante él. Pero para sorpresa del investigador, no se acercó a su boca, sino que le tomó una mano y acarició la palma con los labios. Después, notó como una mano desabrochaba un par de botones de su camisa y unos dedos tibios acariciaban su pecho, consiguiendo que se le erizara la piel. Y entonces, por fin, alguien se acercó lentamente y le besó, primero con delicadeza, pero a continuación, pidió permiso con su lengua para entrar en su boca, recorriendo sus labios gruesos, lamiéndolos, consiguiendo que Sherlock suspirara, y en el momento que abrió la boca se lanzó a probarle, a pelear con su lengua, enredando los dedos en los rizos negros del detective, que levantó los brazos para agarrar a su besador particular, cuando de pronto alguien le sujeto los brazos por detrás; unas manos le acariciaron desde las muñecas hasta los hombros y mientras alguien ante él le continuaba besando con pasión, otra persona le desabrochó todos los botones y le quitó la camisa para acariciarle los hombros. Notó una respiración en la nuca, y un reguero de besos desde el nacimiento de su pelo, su cuello y su hombro, mientras unas manos le acariciaban el estómago. Su boca fue liberada, con un mordisco en el labio inferior, que le hizo gemir.

Entonces, hubo una pequeña rotación, por supuesto, acariciando el cuerpo de Sherlock en el camino, y de nuevo, alguien ante él, pero de nuevo, notó como la persona ante él se desviaba hacia su cuello, rozándole y lamiéndole hasta que llegó a su lóbulo, que mordisqueó con cuidado. Entonces alguien le besó, con tranquilidad, pero dulzura; con ternura, pero sin dejar a un lado la pasión, que poco a poco fue subiendo. Le acarició el cuello con las yemas de los dedos. Sherlock levantó las manos para tocar, pero de nuevo, volvió a ser apresado, y fue obligado a arrodillarse, rompiendo por un momento el beso. Entonces la venda desapareció de sus ojos. Ante él, John, besándole el cuello, succionando y lamiendo su piel pálida; tras él, la respiración cálida de Molly sobre el hombro contrario, que recorría a mordiscos.

La carga sensorial de lo que le estaba pasando en ese momento era excesiva. Dos bocas, cuatro manos, miles de caricias, dedos moviéndose por su piel, curiosos, excitados… cerró los ojos, y unas manos, no sabía cuales y no le importaba, abrieron la hebilla de su cinturón, e iniciaron una bajada lenta y tortuosa, sin llegar a tocar nada, lo cuál hizo que Sherlock abriera los ojos frustrado. Entonces atrapó los labios de Molly, besándola lentamente, tan intimo y provocador, que consiguió que ella gimiera de placer en su boca.

La adrenalina empieza a deslizarse por su cuerpo, empieza a nublarle por completo, pero en vez de resistirse… se deja llevar.