Mochi mochi!! Gato-deeesu!! Jeje, aquí vuelvo con el segundo cap de la venganza, más osado y ardiente que el anterior MUAJAJAJAJAJA No, menitra UU xD Pero no os preocupéis! Para todas las fans del LEMON y HARD-YAOI el prox. cap. será el suyo, ajáaaa un alocado cap lleno de horjias y furor que les hará eizar la piel y rogar por más !! Bueno en eso se me ha ido la olla u.u UU En fin! xD Mejor las dejo para que lean y se conformen con lo que aquí les viene. Este cap. va dedicado para mi hermosa Sad.Whisper que me ha pedido lemon en este capítulo y yo cruelmente lo he dejado para el próximo xD No importa! De todos modos va for you n.n Reitero que esta es la continuación de "excuse me what is pain" de Neferura K. que también la adoro con toda mi alma n.n ahora si lean y sean feliceees Una cita
-Larala... -.
Tarareaba alegremente mientras urdía a por las llaves del apartamento en su bolsillo.
Terminó de subir las escaleras a medio alumbrar y entonces pegó un brinco.
No se hallaba solo en el piso y de no ser por la personalidad que le esperaba; de ser otra, no hubiese sido tan difícil apaciguar los latidos de su corazón.
En un primer momento la cosa había sido menos seria, de verdad que no esperaba hallarse con nadie, pero una vez que había visto de quien se trataba, pues ya era irreversible.
No quería saber nada de esa persona. Y ¿Qué demonios hacía ahí?
Achicó los ojos. Permaneció un rato viéndole con recelo y luego se relajó. Lo había meditado y no dejaría que un idiota le hiciese perder la compostura. Ya no más.
Decidió tan solo ignorarlo, ir a la puerta, introducir las llaves y abrirla como si nada, pero no era tan fácil. El otro le veía con ahínco, apoyado en la pared justo a su lado, como evidenciando aún más lo que ambos sabían.
Se detuvo un momento antes de pisar el departamento.
Sentía la respiración pausada del otro casi rozando su piel, era verdaderamente fatigoso. Viró la vista hacia su costado. Entonces no pudo evitarlo… ya le había visto a los ojos. A esos malditos ojos.
Si bien aquello le decía que cedería en algún momento, pues estaba decidido a que 'aquel' momento no fuera precisamente ese momento.
Siguió su camino evitando un nuevo contacto de cualquier tipo y, cuando estaba a punto de cerrar la puerta, sintió nuevamente su voz.
-Horo... no me dejarás aquí afuera... –hablaba, como siempre, muy pagado de si mismo-.
Se estremeció sin querer, la piel se le puso de gallina. ¡Claro! ¿Qué más escalofriante que una voz tan aterciopelada y profunda como aquella para romper un silencio como aquel?
De verdad que odiaba todas las cosas que el Tao le provocaba, las odiaba todas y cada una de las cosas que él hacia y no, que lo ponían hasta el punto alto.
( Pero no – Sin Bandera )
Oírle nuevamente aquel tonito autosuficiente le hervía la sangre. Le recordaba demasiado a épocas que había querido enterrar en lo más profundo de su mente, y si era posible, borrarlas para siempre. Pero no... ahí le tenía, reviviendo ese y cada uno de los sentimientos negativos que había querido eliminar. "No le escuchaba, no le escuchaba, nadie le hablaba", quería pensar.
-Tenemos que hablar –sintió que la irritante voz le sacaba de sus cavilaciones-.
Respiró hondo.
Se detuvo con un pie dentro del apartamento y otro fuera, la vista en el suelo. ¿Respondía o no?
Contrariado, decidió no hacerlo, y rápidamente entró para cerrar la puerta tras él con un golpe.
Apoyó la espalda en la puerta, abatido. Se deslizó, dejando de lado el control de su cuerpo, cayendo con un ruido sordo el la mullida alfombra que cubría el piso.
Aquello no podía estar sucediendo ¿Acaso le había seguido?
De pronto sentía que no quedaba ni pizca de fuerza en su cuerpo. Era como si la cercanía con aquel ente estremecedor le quitara la energía. Algo así como la kriptonita a superman, sólo que esto tenía que ver meramente con sus recuerdos. Con su memoria emotiva y física. Cada célula de su cuerpo respondía a la cercanía del Tao de ese modo tan humillante.
Quería levantarse a dejar las llaves en la mesita, hacer como si nada, ignorar de verdad la presencia del ojidorado, pero estaba temblando.
Sentía que a menos que el Tao se hallara a un mínimo de cincuenta kilómetros a la redonda, él no sería capaz de reaccionar. Y claro... Ren aún estaba al otro lado de la puerta, ejerciendo su fuerza magnética, mística, desconocida sobre la energía del ainu.
Con dificultad y producto de un esfuerzo sesudo, se levanto despacito, para apoyarse en la mesita del recibidor. Sentía el corazón latirle a mil por hora, aún no terminaba de asimilar que Ren estuviese a pasos de él, con ganas de hablar y... solo.
Entonces sintió la puerta abrirse con suma facilidad.
Su respiración se detuvo, pegó un grito ahogado y volteó tan rápido a ver, que de repente todo le daba vueltas.
No supo cuánto tiempo en segundos o minutos estuvo sujetándose a la mesita y a su cabeza para controlarla. Pero de seguro se había tomado su buen rato, puesto que una vez que pudo enfocar en rostro grácil de su visita, distinguía claramente la expresión de extrañeza y preocupación como tal.
Ren se hallaba apoyado de costado en el marco de la puerta, con el manojo de llaves de Anna colgando de uno de su brazos entrecruzados.
-Cómo… -alcanzó a pronunciar el peliazul, apabullado-.
-Sabía que reaccionarías así… -comenzó, taladrando el etéreo silencio con su voz vehemente- has crecido un tanto después de todo… de seguro no me dejarías entrar así como si nada. –sonrió amargo- Mis miradas ya no surten el mismo efecto en ti... debe ser el tiempo ¿Lo cura todo no?-.
Horo sintió que se le retorcía el estómago, y de pronto los temblores eran más de ira que de falta de fuerza. Quería asestarle un puñetazo de pleno en su carita de niña.
"El tiempo lo cura todo". Sí seguro. ¿Que acaso no lograba distinguir sus facciones desencajadas frente a su presencia?
-Y bueno… -continuó esta vez escrutando las llaves- convencer a Anna me ha costado lo mío, pero… ya ves…-.
-Vete de aquí ahora… -habló el peliazul oscurecido y grave-.
Su voz había sido más gutural de lo que había planeado, y por lo tanto, más amenazante.
El pelivioláceo se tensó.
-No hasta que hablemos-.
-No hay nada de que hablar… lárgate-.
-… -el muchacho desvió la mirada y suspiró dejando caer un mechón de pelo hacia el lado- lo siento Horo… de verdad… perdón…-.
Los ojos dorados se posaron nuevamente sobre el rostro desfigurado del ainu. En la penumbra del apartamento, pudo distinguir la confusión frustración reflejadas en él.
Y es que Horo estaba perplejo. ¿Acaso pretendía ser eso una disculpa? Es decir... una disculpa sincera.
Una disculpa que le expiara de todos los daños y todos los maltratos del pasado. ¿Creía el muy idiota que esas palabras le curarían de verdad?
Daba la impresión de que lo tomaba por tonto, y aquello le molestaba aún más.
Como él mismo había dicho; ya no era el de antes. No cedería ante un par de palabritas insulsas y una mirada vivaz.
-Pues no te perdono, ahora vete –gruñó moviendo la cabeza hacia la puerta-.
-Entonces no me iré hasta que lo hagas…-.
-¿En qué idioma debo decírtelo? ¡No quiero hablar con tigo! ¡Largo! ¡Vete ahora o llamo a la policía! –rugió una octava más por sobre su tono habitual al tiempo en que su mano cogía el auricular del teléfono-.
La mirada impasible de Ren observó la mano ocupada.
Meditó un momento en silencio.
-No lo harías… -tentó con la vista cautelosa y una actitud corporal demasiado deliberada-.
El ainu marcó entonces los tres primeros dígitos del teléfono de la policía.
–¡Espera! –alzó entonces la voz hasta ahora sedosa, de manera ansiosa y casi inconsciente- Mira... se que no he sido la mejor persona del mundo, pero por favor... no te cierres así. Dame un par de minutos sólo para decirte lo crucial, prometo no dañarte, te lo juro-.
Pero Horo no estaba para jueguitos sucios. Conocía muy bien a Ren, y aquello no iba para las buenas. Un par de minutos serían suficientes para arruinarle el resto de su vida y, además, había otra cosa que le había llamado la atención.
"No te cierres así" ¿Y entonces qué carajo pretendía que hiciera luego de las desastrosas secuelas que había dejado?
Colgó el teléfono de un golpe.
-¿Que no me cierre? –musitó con ira contenida, el cuerpo entero le temblaba- Después de que toda mi adolescencia y parte de mi juventud se han ido al carajo por tu culpa me dices ¿'no te cierres'? Estás demente –soltó con media sonrisa amarga-.
A pesar de ello, Ren mantenía la calma.
-Lo sé, Horo, lo sé. Estoy al tanto de todo el daño que te hice, y lo lamento, no pienso volver a dañarte, sólo quiero hablar. Incluso si quisieras... soy capaz de enmendarlo... -.
¡¿Que él era capaz de qué madres de qué?!
-¡Pues no confío en ti! ¡Lárgate de mi piso ahora mismo o te juro que llamo a la policía!-.
-Horo, por favor... no hagas una idiotez-.
-¡¿Desde cuándo aquí velar por tu propia seguridad es una idiotez?!-.
-Por favor... –puso los ojos en blanco- ¡Anda que no voy a hacerte daño! No seas idiota ¿sí?
-¡Aquí el único idiota eres tú!
-… -el chico quiso hablar… pero la tentativa de una replica murió en su boca- sí… lo sé… el idiota soy yo… -habló resignado- ¿me escuchas al menos?-.
-… No tengo ninguna gana de hacerlo-.
-Pues inténtalo…-.
-Cómo te hago entender que solo quiero que te vayas? –habló el otro ya exasperado-.
-Que no me voy-.
-me vas a hacer reventar…-.
-Horo… yo entiendo tu enojo… pero ya no somos críos... los dos somos adultos hechos… debemos enfrentar nuestros problemas de forma madura-.
El peliazul calló un segundo mientras le observaba con una expresión inescrutable.
Bajó luego la cabeza, riéndo por lo bajo de manera espasmódica.
-Da media vuelta y sal de aquí –susurró con un tono abrumador-.
-Ya te dije que...-.
-¡Que te vayas, mierda! –lanzó esta vez alzándo su rostro hacia el Tao, con los ojos anegados en lágrimas-.
-Pero... espera... No, no hagas esto, entiende... –comenzó a balbucear aturdido por la repentina humedad que tomaba el asunto- dime al menos por qué de pronto estás llorando-.
-¡Sólo quiero que te vayas! ¡Vete ya! ¡Largo! ¡Fuera! –rugía desesperado, mientras las lágrimas surcaban su rostro-.
-Horokkeu, tranquilízate, escucha...-.
-¡No, escúchame tú! –bramó por última vez, al tiempo en que Ren se sumía en un profundo y repentino silencio-.
-¿Madura?... –dijo entonces Horo, haciendo alusión a una de las frases de Ren- ¡¿Madura?! ¿¡Tú crees que seguirme hasta acá y abrir mi puerta como si nada para luego dirigirme la palabra, así de descaradamente, luego de tres años en los que me las he tenido que ver para superar tu paso por mi vida, es una acción madura!? ¡Y encima quieres que entablemos una conversación normal como si nunca hubiese pasado nada!-.
-No es eso…-.
-¡Pero entonces qué mierda quieres! -terminó por vociferar, ya fuera de sí, abatido contra la mesita, incrédulo de sí mismo, sin hallarle salida a la situación-.
-Pasar... –dijo entonces con una tranquilidad tan estoica como increíble-.
El ainu le vio estupefacto. No le daba para abrir ya los ojos. Sólo estaba ahí, con la respiración acelerada y una mano en puño contra su mentón.
¿Sería capaz de sacarse a aquel imbécil de encima de alguna manera?
No quería resignarse, no era posible que fuese la única solución, pero lo cierto es que no le veía otra.
Estaba de seguro no lo sacaba de ahí ni con los famosos policías. Cuando Ren quería algo, lo conseguía a toda costa. Era casi obsesivo.
Suspiró nuevamente, negando con la cabeza. Aquello no le podía estar sucediendo a él ¿Por qué? ¿Por qué le pasaba justo ahora?
Volvió a verle con los ojos entrecerrados, apoyando una mano en la mesita del teléfono, para luego ver el suelo y hablar en otra dirección.
-Supongo que lo otro sería sacarte a patadas -.
-¿Lo harías? –preguntó alzando una ceja-.
-...Jódete -concluyó al fin, avanzando hacia su salita y dejándose caer en un sillón-.
Su visita aún le observaba desde la puerta.
-¿No me harás pasar?-.
-¿Por qué no dices lo que sea que tengas que decir de una mísera vez y te largas?-.
-Qué agradable...-.
-No esperes más que eso –echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, a la espera de lo que el otro dijera-.
Sintió que se cerraba la puerta. Unos pasos demasiado pausados y cautelosos se le acercaban, hasta quedar quizás a un metro y algo de él.
-¿No me invitas a sentarme?-.
Horo hizo un mohín.
-Un sin vergüenza como tú ¿necesita acaso invitación?-.
-Pues claro. No quiero ser así de descortés en tu casa-.
Horo bufó.
-Ya siéntate-.
-... -el ojidorado suspiró- gracias -.
Los instantes que siguieron, trataron de un silencio incómodo y aplastante.
Ren observaba a Horo hasta en el mínimo detalle, y éste, ajeno a lo que hiciera o no, mantenía los ojos cerrados bajo su antebrazo y la cabeza aún echada hacia atrás.
-¿Vas a hablar de una vez? o viniste a perder tu tiempo -le espetó ya cabreado-.
-No sé por qué eres así con migo-.
-Ya –rió amargo- no te hagas, Tao-.
-Ha pasado ya mucho tiempo… -.
-Pues no el suficiente-.
-No sé por qué sigues actuando así -dijo al fin con un dejo de resignación-.
-Porque se me da la gana-.
-Mientes –pronunció con voz grave-.
Horo bufó.
-¿Me estás tomando el pelo cierto? Antes no eras tan idiota-.
-No, Horo… de verdad que no lo entiendo-.
-¡Argh! ¡Pues aún no estoy curado! ¿Feliz? No me hace bien verte-.
-¿Quieres decir que te hago daño?-.
-Algo así...-.
-Osea que todavía sientes...-.
-¡No te precipites! -irrumpió- No eres nadie, sólo una pesadilla... como los traumas infantiles... es cosa de tiempo, de seguro en unos años más serás historia-.
-¿En unos años más podríamos volver a ser amigos?-.
-Sueña... no me interesa ser amigo de un marica como tú... y en todos los sentidos-.
Ren alzó una ceja, escéptico.
-¿Ellos te lo dijeron?-.
-Sí... de no ser porque lo has aceptado, diría que sigues siendo el mismo cobarde doble estándar de hace unos años-.
-Mm... –musitó para sus adentros, contemplando la alfombra- Yo... a propósito de eso, quería... -.
-SI piensas tocar ese tema te largas-.
-Pues a eso vine –replicó con voz calmada-.
-Ah, Pues entonces puedes irte... -.
-Horo, yo...-.
-No sigas…-.
-Horo por favor ¡necesito que escuches esto!-.
-¡Que no! ¡No voy a escucharte!-.
-¡Yo aún creo que queda algo! Podríamos salvar lo que alguna vez tuvimos ¡sólo déjame intentarlo!
-¡Ya basta!-.
-Pero Horo... ¡es importante!-.
-¡¿Importante?! -repitió a la defensiva- ¿sabes lo que era realmente importante? ¡Tú no tienes idea del significado de esa palabra, Tao! –Se halló de pronto gritándole al chico, inclinado hacia adelante- ¡Tú lo único que sabes hacer es preocuparte por ti mismo! ¡De ti y de tu estúpida reputación! ¡De tu asqueroso y altísimo ego! ¡Jah! Como si hubieses cambiado. ¡Lo verdaderamente importante hubiese sido cultivar lo nuestro! ¡No tienes idea lo que sufría cada vez que despertaba! ¡Cada vez que me prometías despertar a mi lado! ¡Terminé acostumbrándome a la soledad! Pero no… no creas que era grato ¡no lo era! ¡Lo pasaba mal! ¡Sufría cada vez que te aburrías de tu novia de turno y llegabas a mi! ¡¡Sufría de ver como cada promesa, cada palabra que salía de tu boca era absolutamente falsa!!–.
Sin saber cómo; se hallaba de pie, con los ojos empañados, y los puños contraídos de la ira..de la impotencia.
Se hizo un silencio pesado, en el que ambos se observaban fijamente a los ojos, el uno con ira y dolor. Ren, que hasta ahora mantenía la vista fija en el suelo y las manos entrecruzadas entre sus piernas, alzó los ojos, impasible.
-Perdóname-.
-¿Y crees que con un simple "Perdóname" solucionas todo? –vociferó iracundo, nuevamente comenzaba a temblar- ¡qué mierda te pasa! ¡¡Cómo te puedes mantener tan tranquilo!! –se detuvo a respirar-.
Sentía que el corazón iba a salirle del pecho.
Le molestaba verle ahí… tan pasivo y calmado como siempre. La daba aún más impotencia.
¿Cómo lograba aquello? ¿Cuál era el circuito que le funcionaba distinto que a los demás?
-Claro… -dijo de pronto, con la voz levemente apagada- porque no tienes idea de lo que es pasar por algo así… No sabes nada… -decretó aún más apagado-.
No sabía qué le incitaba a reaccionar de esa manera, supuestamente ya lo había superado, pero todo indicaba a que no.
-No es verdad... -murmuró-.
-No te hagas Tao… no eres más que un mentiroso, frívolo, promiscuo homosexual, bisexual o… ¡ lo que seas! –concluyó moviendo la cabeza con desagrado- Ya... ya no intentes convencerme… que no te creo nada-.
-No sé qué hacer para que vuelvas a creer en mí –dijo posando su brillante y honesta mirada sobre lo negros y contrariados ojos-.
Su mente se contradecía con sus sentimientos… le veía ahí con esos ojos que trataban de transmitirle confianza.
Una parte de él quería confiar, pero la otra le decía que no… que ya había confiado demasiado en esa persona tan mala y deshonesta.
-Pues creo que nada… -respondió, y su tono fue inconscientemente triste-.
-He de inventar algo…-.
-No lo creo… -pronunció mientras volvía a sentarse, esta vez meditativo, confuso-.
El chico posó sus orbes doradas sobre el peliazul de una manera extraña e inquisitiva, que el de Hokkaido no fue capaz de descifrar.
-Qué... –fue lo único que pronunció ante tan penetrante mirada-.
-Te observo... –comentó el otro serenamente, achicando los ojos-.
-Por qué... –pronunció al sentirse ya un tanto intimidado-.
Aquella mirada siempre había logrado ponerle la piel de gallina.
-Porque estás muy guapo... –Horo se tensó- has cambiado un montón de la última vez que nos vimos-.
-Ngh... –musitó Horo en una mueca de extrañeza, guardando su distancia del exótico y hechizante muchacho- ya corta con las bromas ¿quieres?-.
-Hm... No es una broma... Te ves mucho más maduro... –comentó mientras volvía a observarle fijamente-.
Se hizo el silencio de nuevo, uno en el que el pelivioláceo escrutaba al ainu, y el ainu escrutaba la alfombra del lado contrario, concentrado en no ver hacia su visita. Se sintió incómodo por un momento, al sentir que casi podía masticar la mirada del pelivioláceo encima suyo.
-Y ahora qué... –pronunció virando a verle de soslayo, aprensivo-.
-¿Puedo besarte?-.
-¿¡Ah!? –saltó asustado mientras se afirmaba en el sofá y retrocedía en un brinco- ¡Q-qué demonios te pasa! ¡¿Te has vuelto loco?!-.
-Mm... supongo que eso es un no... –habló con tranquilidad, echándose el pelo hacia atrás-.
-¡Pues claro que es un no! ¡¿Estás demente?! ¡¿Así quieres recuperar mi confianza?! –habló consternado, aún aferrado al mueble-.
-¿Significa que me darías una oportunidad? –preguntó el chico con un extraño toque ingenuo y sensato, para verle luego con ojos brillosos-.
-¡Nunca he dicho eso! ¡Por supuesto que no! Lo que quería –musitó consternado- ¡Un beso! –hablaba para sí mismo-.
-Oh vamos... sólo era un beso. Tampoco es para tanto –lanzó con voz masculina y aburrida-.
-Gh gh... ¡psicópata!-.
-Estreñido-.
-¡Promiscuo!-.
-Impotente-.
-¡Suelto!-.
-Ay, ya basta Sor María Teresa de Calcuta. ¡Pareces un crío! –lanzó hastiado mientras se ponía de pie- Me voy -.
-¡Aaaah! ¡Por fin entendiste! –lanzó alegre bajando del sillón-.
-Jm, no creas que te librarás de mí... No me rendiré tan fácilmente –lanzó como si nada, viéndole sensualmente por encima del hombro, mientras arreglaba el cuello de su abrigo-.
-¡¿Eh?! –lanzó el otro desfigurándose en una mueca de angustia-.
-¡¿Que no piensas despedirme en la puerta? –habló como si nada, viéndole con tranquilidad-.
El peliazul le observó incrédulo... ¿Qué demonios quería decir con "No te librarás de mí"?
Quizás qué técnica malvada ultra-psicópata utilizaría para engatusarlo. ¿Le espiaría? ¿Le enviaría un gangster?
Por otro lado, mientras maquinaba mil y una de las posibilidades de acoso del Tao, su vista se clavó por primera vez en ese rato, en la facha del pelivioláceo. Definitivamente había cambiado. Se notaba que ya no era un simple adolescente.
A partir de que había aceptado su condición homosexual, ahora además lucía una elegante y sensual fachada. Debía admitirlo... era verdaderamente cautivante.
Tragó saliva ¿qué demonios estaba pasando ahí? ¿Qué era todo esto que estaba sucediendo? ¿Todo tan de pronto y con esa extraña y calmada resolución? No era que se hubiese imaginado cómo sería si se volvía a encontrar con Ren... Pero ¿eso? Es decir... era esperable algo más trágico ¿o no?
-¿A dónde te has ido, azulito...? –sintió el cálido aliento sobre su rostro-.
De a poco salió de su trance, hasta descubrir que no estaba respirando.
Tenía el rostro de Ren a dos centímetros del suyo, pero no lo analizó a tiempo.
-Nh... –musitó como única respuesta antes de sentir los labios contrarios sobre los suyos-.
Y esos dorados ojos escrutándole con ansias...
-¡Ngh...! -.
El de Hokkaido empujó al otro con brutalidad, haciendo que retrocediese unos pasos y diera unos más hacia la puerta.
-¡Qué mierda! ¡Qué te pasa imbécil! –vociferó con ira, mientras agarraba lo primero que tenía a mano para lanzárselo al chico a la cabeza-.
Este esquivó la mortal pantufla con una sonrisa autosuficiente y burlona, para luego verle alegre, mientras abría la puerta.
-Espero verte luego...-.
-¡Sueña! ¡No quiero volver verte nunca más! ¡Largo! –gritó lanzándole esta vez una teterita de metal que había sobre la mesa- ¡¡No vuelvas a buscarme, pervertido, degenerado, mal enfocado!!-.
-Yo también estoy feliz de haberte visto, dulzura... –le sonrió complacido, luego de esquivar la tetera con sorpresa-.
-¡Desaparece! –rugió-.
-Nos vemos –sentenció saliendo del apartamento tranquilamente-.
La puerta se cerró con calma y sin estruendo, dejando a un exaltado ainu dentro.
Cayó al sillón de golpe, con la boca abierta, los ojos irritados y el pulso y la respiración acelerada. La soledad le cayó encima a peso muerto.
¿Qué CARAJO había sido todo eso?
¿Qué era lo que acababa de suceder tan rápida e increíblemente? ¿Acaso el infeliz de Ren Tao le había besado?
Una de sus manos tocó inconscientemente sus labios, para luego sacudir la cabeza, incrédulo.
Dirigió su vista hacia el pasillo que conectaba con las habitaciones, y corrió a la suya sin caer en ello hasta que ya era demasiado tarde.
Se asomó a su ventana con ansiedad, observando a través de las traslúcidas cortinas. Sintió como su corazón se agitaba al observar al Tao.
Salía del edificio a paso calmado, y se dirigía a una moto que por lo que apreciaba sería de último modelo, una rojiza y preciosa.
Divisó al Tao subirse a esta de manera parsimoniosa y seductora. ¡Dios! ¡Si hasta respiraba de manera sensual!
Todo en el Tao era absolutamente sexy y seductor.
Eso era algo que con los años sólo se le había acentuado, y lo peor... era que le trastornaba por completo.
Vio como se ponía el casco y echaba a andar la moto, para luego retroceder y sacarla de la acerca.
Y por fin... o lamentablemente, marcharse.
Suspiró sin definirse entre la nostalgia o el alivio, se sentó en la cama con pesadez para luego recostarse en ella. Sin embargo, al hacerlo, cierta dureza se le clavo en la espalda, haciéndole brincar y voltear a ver aquello que había en la cama.
Su diario... claro, ahí lo había dejado antes de irse a la fiesta. Quizás Anna tenía razón en eso de que debía ser más cuidadoso con sus cosas.
Lo tomó entre sus manos y lo observó. Lo abrió y comenzó a mover las páginas, hasta abrirlo en una cualquiera, y observarla con tristeza.
-Jm... –musitó al ver lo escrito...-.
Nuevamente... hablaba de Ren.
Alzó su vista hacia la ventana, para luego abrir su velador y trajinar en el cajón de este.
Por fin encontró lo que buscaba. Abrió nuevamente el diario, esta vez en una página en blanco, para alzar el lápiz recién encontrado y ponerse a escribir.
--
Corría por aquel frío y desolado pasillo, tratando de alcanzar nuevamente al chico que corría al frente suyo. Alzó un brazo al tiempo en que gritaba su nombre, sólo quería alcanzarle.
El otro curiosamente no se esforzaba por dejarlo atrás: caminaba lentamente y viéndole de manera burlona. Acaso él era muy lento? Pues así parecía. Él era el que no podía seguirle el paso a aquel muchacho, él era quién no podía alcanzarle.
Jamás había podido hacerlo, jamás lo haría... aunque tal vez...
Volvió a gritar su nombre, esta vez más severamente, y el otro se detuvo, todo se volvió negro y terrorífico.
Entonces... entonces ya no cabía duda, aquella era su oportunidad, ahí le tenía cada vez más cerca.
Y le llamaba, sí! Pronunciaba su nombre... de manera cruel y tortuosa.
Sonrió como solía hacerlo, pero esta vez él no cayó a sus pies, no se dio por vencido, y le alcanzó, le agarró por el cuello... quería... quería... quería hacerlo sufrir... más o igual a lo que él había sufrido.
-Horo! ...Horo por favor, no! Yo te amo! Eres todo para mí, eres único! No sabes cuánto lamento ser así a veces, pero desde hoy ya no más, desde hoy seré honesto, no me importa lo que los otros pien... argh! Horo!! Horoo!!-.
-Horo... –sintió como un eco a lo lejos- Horo... despierta! –murmuraba la voz femenina, mientras una mano le sacudía suavemente-.
El chico se levantó de golpe, topándose con una negruzca y sorprendida mirada a centímetros de la suya, para luego dejarse caer sobre la cama mientras suspiraba derrotado.
Estaba con el cuerpo empapado, las manos le temblaban y su rostro era surcado por un montón de gotitas que se confundían entre lagrimas y sudor.
-Pesadillas de nuevo...? –inquirió la joven posando una mano en las sábanas-.
-Mm... –musitó el chico luchando contra el intenso dolor de cabeza-.
-Jm... siento si te desperté en mal momento... ten... te hará bien comer algo.. –habló ella acercándole una bandeja con comida-.
-Ah... qué es esto... –preguntó el muchacho intentando incorporarse-.
-Te lo presento... se llama desayuno... –habló la chica mientras le robaba un panecillo de la bandeja y le daba una mordida-.
-Nh... Gracias... ough! Tengo un hambre de los mil demonios! –se quejó el chico mientras se sobaba el estómago-.
-Mm... Tú y yo iremos a un especialista... esas pesadillas son más que un simple fenómeno del sueño... te afectan de otra manera-.
-Odio los doctores...-.
-Mm... Yo igual... Horo...? –Le llamó mientras le daba otro bocado al panecillo-.
-Si...? –preguntó este mientras comenzaba a echar mano en el desayuno-.
-Te habrás tomado, por casualidad, tus pastillas anoche?-.
-Mm... Pues... No...-.
-Jm... Lo supuse-.
-Mm...? –inquirió el otro mientras masticaba-.
-Yo... Lo siento por lo de anoche... Pero es que... verás... –la chica observó al muchacho con la cara de pregunta pintada en su rostro, entonces decidió formular una antes que todo- No vino nadie a verte anoche?-.
-Ano... –el muchacho le vio confundido, pero luego lo entendió- Tú... –habló comenzando a dedicarle una mirada amenazante- Tú le diste hasta las llaves a ese cretino para que viniera!-.
-Ok... sí... se las di... no para que viniera sino para que pudiese entrar, lo hice, Pero! –exclamó al ver que el muchacho osaba volver a gritar- Lo hice porque no pude contra su mirada de suplica –el ainu se atragantó- Así es... no halló nada mejor que, luego de ver mi definitiva negativa, rogarme que le pasara las llaves... fue una escena bastante extraña, pero bueno... lo consiguió-.
-Pero cómo!! –exclamó el chico- Si es un completo extraño!!-.
-En eso te equivocas... –le corrigió-.
-Qué?-.
La muchacha suspiró, alzando su vista hacia el techo, para luego fíjarla en los ojos del ainu.
-Yo conozco a Ren hace mucho, Horo...-.
-C-Cómo...-.
-Yo... conozco a Ren desde que conozco a Yoh... o más bien... desde que soy su novia... por casualidad... Tú no conocerás a Yoh desde la secundaria?-.
-De... qué... demonios... me estás hablando-.
-Ay Horo! Ren era compañero de Yoh en la escuela! De ahí que se conocen! Tú me dijiste que también conocías a Ren de ahí... quizás conociste a Yoh también...-.
-...Pues... no... –habló el ainu confundido- en serio conoces a Ren?-.
-Sí, Horo... en serio-.
-Pero entonces... si lo conoces tú...-.
-Ajá... confirmé que era el pendejo doble estándar del que me hablabas, en fin... el punto es que ayer terminó rogándome las llaves que había cambiado, que quería que le perdonaras... decidí dejar que por último tuvieras una instancia para desahogarte... al parecer no resultó como esperábamos-.
-Jah! Bromeas? Hasta me besó ayer...-.
-Qué!?-.
-Lo que oyes...-.
-Tan desesperado estaba...?-.
-Así parece...-.
-Wow... Y qué te dijo... conversaron? Le insultaste?-.
-Le lancé tu teterita... lo siento-.
-Mi... oh! Por eso la encontré tirada... Pudo haberle hecho daño...-.
-Jah! Más lo que me importa-.
-Pues debería-.
-Y un rábano, Anna-.
-Bueno, será mejor que te termines eso, estás pálido de cansancio, más tarde llamare a un doctor a ver si puedo hallar algo si?-.
-Claro, claro... como digas –pronunció con tedio para arrancarle una mordida al panecillo-.
--
-Nee Yoh! Me traes el jugo por favor? –le gritaba Anna desde el comedor-.
-Ya va!-.
El chico volvió a la mesa con un poco de ensalada y el jugo para Anna.
-Gracias... –dijo la chica tomando la jarra para servirse-.
-Nn... oye?-.
-Dime... -.
-Cómo ha estado Horo?-.
-Mm? Bien... por qué?-.
-Nada... es sólo que quisiera disculparme... por lo que pasó la otra noche-.
-No crees que es un poco tarde?-.
-Pues sí... lo es, pero... más vale tarde que nunca... o no?-.
-Yoh... ya ha pasado prácticamente una semana desde eso... no crees que ya no vale la pena disculparse por ese asunto?-.
-Pues... –meditó-.
-Veo que no... –dijo la chica viéndole con cara aburrida-.
-De todos modos... dónde está él ahora? –preguntó mientras se servía un poco de ensalada en su plato-.
-En la facultad... No ves que él estudia? –dijo lo último viéndole con una sonrisita burlona-.
-Mm... lo veo, lo veo –asintió devolviéndole la sonrisita media sarcástica- Me gustaría ir a recogerlo a la salida... crees que le importará? -.
-Creo que se sentirá muy feliz de no tener que venirse en metro –habló la chica a su parecer-.
-Eso es un sí...?-.
-No lo sé... –dijo ella negando levemente- es a él a quién debes preguntarle no a mí-.
-Mm... Ok, lo llamaré-.
-Yoh...?-.
-Sí...?-.
-No le hables acerca de sus sueños, quieres?-.
-Ah? por q-... -.
-Porque no es tema... así de simple, no quiero que lo incomodes... anda muy confundido últimamente... podrías llevarle a ver una película o algo... para que se distraiga-.
-Mm... pues bueno... eso haré –concluyó sonriendo tiernamente-.
-Yoh...-.
-Sí...?-.
-No vuelvas a decirle nada a Ren sobre Horo si? Le hace mal verle...-.
-Ah... –pronunció el castaño deteniéndose en su alimentación y observando a la rubia con nerviosismo-.
-Qué significa eso?-.
-Este... nada-.
-Yoh Asakura...-.
-Ay ya! Sólo le dije que iba en la facultad del centro! –pronunció rápidamente el chico-.
-Que tú qué!! –vociferó la chica incrédula-.
-No lo hice con mala intención, Annita!! -.
-Annita y un pepino!! Tú y yo vamos a tener una seria conversación!! Yoh-hablador-Asakura!!-.
-Ay... UU-.
--
-Son tres... -dijo el joven de la caja ante la compra del peliazul-.
El muchacho abrió su monedero, sacando de este el dinero para pagar su periódico. Lo retiró dedicándole una sonrisa de despedida al chico de la caja, mientras que este le hacía una seña con la mano y le sonreía de igual manera.
-Nos vemos-.
-Sí, claro!-.
El peliazul abrió el periódico. Mientras lo ojeaba, se dirigió hacia uno de los pasillos del pequeño almacén, en donde se hallaba la pelirroja observando unas revistas de moda.
-Vamos, Chizu? –pronunció el ainu mientras observaba a la muchacha y se guardaba el periódico bajo el brazo-.
-Sí, sí, ya voy... –murmuró ella hipnotizada en una de las revistas que había dentro de una vitrina-.
-Qué ves...? –inquirió el chico acercándose al rostro de la pelirroja para poder observar lo que ella observaba-.
La chica desvió levemente la vista para verle, y luego volvió a posar sus ojos en la famosa revista.
-Eso... –apuntó ella con el dedo-.
-La XXX? –preguntó el ainu agraciado y medio extrañado- No sabía que vendiesen ese tipo de revistas en la facultad... jeje-.
-Ains claro que no! –exclamó la chica golpeándole levemente en la nuca, produciendo que el ainu se sobara y le viese con fastidio- Es la de más arriba...-.
-Ah! La del abanico? -.
-Sí sí! Esa!-.
-Está lindo... –comentó el ainu tranquilamente-.
-Está hermoso!-.
-Y bueno... cómpratelo...-.
-No tengo dinero... –pronunció la chica neutralmente, aún hipnotizada en la dichosa revista-.
-Y... Yo te la compro! –pronunció el muchacho viéndole con tranquilidad y encogiéndose de hombros-.
La chica volteó a verle con la ilusión pintada en su rostro.
-Tú lo harías? –murmuró mientras sus ojos se activaban en modo brillitos-.
-Jeh... claro... -.
-Aiiinsss! Que novio más lindo tengo!! –dijo colgándose a su cuello con efusividad-.
El chico rió de buena gana y le devolvió el abrazo, para luego posar sus labios en la frente de la muchacha.
Ambos se dirigieron nuevamente hacia la caja. Pidieron la revista y el muchacho la pasó. Entre tanto la chica y el cajero comenzaban a entablar una conversación que había partido en abanicos y ya iba en las costumbres de la familia de cada uno y a dónde iban a vacacionar cada quien.
El peliazul les veía no aburrido, pero tampoco muy interesado. Entonces el ruido de un motor le hizo ver hacia la salida, y vislumbrar en ella, sobre una moto a su perdición hecha persona.
(Usted es la culpable – Glup!)
Ren Tao le observaba desde afuera, en la acerca, con expresión inmutable y su afilada mirada.
Vio al par que aún seguían conversando embalados sin siquiera darse cuenta de la persona que se hallaba afuera.
Se dirigió a la salida frunciendo el ceño, sin saber si estaba más incómodo que molesto.
Observó al muchacho sonreírle con familiaridad, llevaba una camisa negra con finas líneas blancas adornándola completamente, de forma vertical, sobre ella, una corbata negra delgada con motivos de guitarras en blanco, unos pantalones negros ajustados de mezclilla y un sombrero tanguero de color gris.
Y su moto... una Ducati con asientos de cuero y esmalte rojo perlado.
Y bueno... esa era otra de las particularidades del Tao... siempre bien vestido, siempre bien hablado, siempre bien andado. Jamás vería al Tao con algo sencillo.
Ahí le veía, le parecía muy masculino y seductor como para ser un gay declarado, y lo más probable era que eso mismo fuese lo que le provocara aquel ardor en su interior. Luchó contra sus pensamientos para hablarle con rabia y severidad.
-¿Se puede saber qué demonios haces aquí!? -.
-Lo siento… no sabía que estabas tú también –respondió este impasible, aún arriba de la moto-.
-No me jodas… quién te ha dicho dónde estoy-.
-Nadie… -.
-¡Pero por qué has venido entonces!-.
-Es un país libre… ¿acaso no puedo?-.
-Te dije que no volvieras a buscarme-.
-Y yo te dije que eso era imposible-.
-Argh… ¿Vete quieres?-.
-No…-.
-Ya basta… ¿tanto te gusta fastidiarme?-.
-Quería verte…-.
-Nh…-.
La cara del peliazul se contrajo en una mueca que mezclaba la sorpresa y la confusión.
El pelivioláceo le escrutó impasible, clavando su afilada mirada en la fachada aniñada del ainu.
-Quiero verte Horo… -.
-Pues ya lo estás haciendo… -respondió fastidiado-.
-Mmm pues de nuevo… Esta noche en mi departamento -dijo tendiéndole un papelito-.
El ainu lo recibió con desconfianza y viéndole luego extrañado.
-Qué es esto…-.
-Mi dirección y número de teléfono… por si tienes dudas-.
-Me estas jodiendo…? -preguntó el muchacho a ceja alzada luego de observar el papelito medio trastornado-.
-Va en serio, Horo… Te estaré esperando –habló echando a andar la moto-.
-Y qué te dice que iré ah?-.
-Tú y yo sabemos que lo harás… -concluyó el otro con media sonrisa sensual y convencida para echar a andar la moto e irse de aquel lugar-.
-… Pero qué demonios… - habló el chico confundido aún con el papel en la mano observando la estela de polvo dejada por la Ducati-.
-Horo! –sintió la voz de la muchacha a su lado- Te me habías perdido –le sonrió-.
-Ah! Chizu-chan... -.
-Quién era ese muchacho?-.
-Ah? Él...? Este... nadie, no lo conozco-.
-Mm... –la chica lo observó medio preocupada y sí desconfiada- Ten... aquí está tu billetera-.
-Ah! Gracias... compraste tu revista...?-.
-Sí aquí está! –dijo ella sonriendo mientras le enseñaba el artículo-.
-Genial... –dijo despreocupadamente mientras guardaba el famoso papelito en su billetera- Bueno, vamos...?-.
-Ah, sí! –habló ella espabilándose y caminando junto el peliazul hacia su facultad-.
El muchacho iba nervioso, y observaba el rastro dejado cada dos segundos... y ella no era tonta, pero prefería no darle importancia.
Al menos no por ahora...
--
Caminó distraído, en dirección al metro. No era nada agradable tener que caminar cinco jodidas cuadras a las seis y algo de la tarde, para luego meterse en un vagón respirando el mismo y viciado aire que cientos de personas.
Ya quería él también una moto para él solo. Así podría moverse con más tranquilidad por donde quisiera y sin tener que molestar a Anna para que le prestase el auto o en otro caso, que le fuese a dejar.
Maldito el chino ese que ya tenía su propia moto, de seguro estaba forrado en el dinero de su dinastía, jah con razón ya se había aceptado gay, con ese montón de dinero, esa pinta y su clase y elegancia a quién demonios le importaría que el tipo fuera homosexual? Podría tener lo que quisiese cuando lo deseara, fuese hombre, mujer o cualquier cosa.
Una cómica imagen de Ren saliendo desnudo a la calle y follando todo y a todos los que se encontrara en el camino hizo que una boba sonrisa se pintara en su despistado rostro.
Fue entonces que sintió el bocinazo, para luego sentir pronunciar su nombre.
-Horo! -.
Alzó su vista hacia la acerca, ahí aparcado con la radio del auto a todo dar, se hallaba Yoh Asakura con una de sus mejores sonrisas.
-Yoh!! –exclamó el muchacho -.
Corrió hacia el auto con alegría, para luego acercarse al chico y saludarse en la puerta del conductor.
-Cómo estás eh? –preguntó el castaño con tranquilidad-.
-Bien! Un poco cansado, pero bueno... ya ves jeje-.
El castaño le observó un momento por encima de los lentes de sol, para luego inclinarse sobre el asiento del copiloto y abrir la puerta de este.
-Vamos! -.
-Eh? A dónde... –preguntó el peliazul medio alegre y sorprendido-.
-A dar una vuelta... y luego te voy a dejar, no quieres?-.
-Ah! Claro!! –respondió con ímpetu para luego dirigirse a la puerta y entrar al auto-.
-y cómo has estado? -.
-Ah! Pues... ahí. Un poco estresado por los exámenes y eso, ya ves-.
-Si, si entiendo...-.
-Oye Yoh?-.
-Dime...-.
-A dónde me llevas?-.
-A tomar un café... o a donde tú prefieras, claro-.
-Oh! Genial... pero... no tengo dinero...-.
-Ay vamos! Estás bromeando? Yo pago!-.
-De veras?!-.
-Por supuesto! Qué esperabas-.
-Pues... qué bien... espera... hay un lugar que me fascina y hay karaoke y todo, podríamos ir ahí-.
-Muy bien, tienes la dirección?-.
-Ah! No me la sé... pero creo que me quedé con una tarjeta del local... la tengo en mi billetera-.
El muchacho trajinó en su bolso, en busca de la dichosa billetera. La sacó y abrió para buscar la famosa tarjeta, pero un papelito cayó de ella sobre sus piernas antes de que pudiese encontrarla.
Lo vio con extrañeza para luego abrirlo y observarlo.
Calle Manchester 2456 piso 10 dpto 46
Móvil: 234983563
Aquello no era...
-Ren... –pronunció el ainu en voz baja y ensimismado-.
-Qué dijiste?-.
-Ah! Este... nada... –dijo guardando el papelito-.
-Bueno... y... a dónde vamos?-.
Le observó un momento... no quería rechazar su invitación, de hecho, quería salir con él... Pero es que con las clases y todo se le había olvidado lo del asuntito ese de esa noche, y ahora que lo recordaba dudaba mucho de si aceptar o no la invitación. Su mente le incitaba a no asistir a donde el chino, puesto que este estaba muy seguro de sí mismo. Sería agradable dejarlo plantado y que sufriera el asumir que se equivocó... aunque de todos modos se hacía muy tentador ir a donde el pelivioláceo... y ni él definía muy bien el por qué.
-Este... vamos a tomar un café solamente...-.
-Ah! Has cambiado de opinión?-.
-Este... no... es que... tengo un compromiso más tarde y... no puedo tardar mucho-.
-Oh!... ya veo... Muy bien, entonces te llevaré a uno de los mejores cafés del centro-.
-Eso espero jeje-.
--
-Nee Horo-chan... te has dejado el bolso... –le dijo el castaño una vez que habían aparcado en una cafetería-.
-Ah! Sí, sácalo quieres? Yo me adelantaré a buscar asiento-.
-Mm... claro -.
El chico cogió el bolso del muchacho con rapidez, y se lo echó al hombro, en el intertanto, iba a cerrar la puerta cuando visualizó un papelito sobre el asiento, decidió tomarlo para echarlo adentro del bolso... pero su sorpresa sería tamaña al observar el contenido de aquel papel.
Sacó su celular de manera afligida, para luego marcar el móvil anotado.
--
Se sentó en la mesa con mesura, no quiso prender las luces, para qué gastar electricidad.
Observó la panorámica a través del ventanal... las luces comenzaban a ser el único adorno de la ciudad, y él esperaba a alguien... con tranquilidad.
Una vibración encima de la mesa: su celular. Se lo quedó viendo un rato, sabía quién era... no quería contestar.
-Mochi mochi –habló como si nada al auricular-.
-Ren!-.
-Yoh... cómo estás... –preguntó pausadamente-.
-Estás loco?-.
-Qué?-.
-Por qué le has dado tu dirección a Horo!-.
-Ah... él te lo ha contado?-.
-No! Claro que no! y es lo que más me preocupa! Qué demonios has hecho!-.
-Tenemos una cita, eso es todo...-.
-...ESO ES TODO!? Estás demente!-.
-Tranquilízate kudasai, no pienso hacerle nada que él no desee-.
-Ren... te lo advierto no hagas...-.
-Yamete... –zanjó-.
-...-.
-Hagamos algo, Yoh querido. Tú ahora estás con él, supongo. Si es así, entonces tómate una hora para meterle en la cabeza todas las advertencias que desees... no lo persuadas de quedarse contigo... eso no te lo perdonaría. Pero prepáralo como se te antoje. Así no podrás decir que no nos has advertido, y mucho menos de que no pudiste hacer nada... te parece?-.
-No dejaré que vaya contigo, Ren... -.
-Él ya es adulto, Yoh... esa decisión sólo la puede tomar él. Ahora dime, aceptas?-.
-Ni en sueños-.
-Yoh... –sintió cierta voz conocida a sus espaldas-.
-Horo! –exclamó el castaño al toparse con los ojos decepcionados del otro-.
-Jm... Al parecer ahora lo sabremos... –sonrió el Tao al otro lado de la línea-.
-Horo yo... -.
-Me voy, Yoh..-.
-No, espera!-.
-No te preocupes –dijo tomando su mochila y arrebatando el papelito de las manos del castaño- puedo irme solo-.
El muchacho se apartó con paso seguro, para dirigirse al paradero sin ver atrás.
-A dónde vas! -.
-Si estás hablando con Ren dile que esté listo... que ya estoy en camino-.
-...-.
-Yoh...?-.
-Ren...-.
-Dime-.
-No le hagas daño, por favor...-.
-No te preocupes Yoh, déjalo en mis manos...-.
Klack!
Las luces a través del ventanal iluminaban su rostro, marcando la curva sonrisa y los ojos que se abrían lentamente dejando entrever un brillo malicioso.
Continuará...
--
Mis más grandes agradecimientos a:
Sad.Whisper: Tú sabes que te adoro, preciosa n.n. Un montón de besos para tú. Perdón por dejasrte plantada en msn el otro día, pero tuve un cofproblemacof cof y bueno u.u de ahí te cuento. Neferura.K: Te ha gustaaado a que síiii (8) Aque no adivinas la melodía xD jaja Me has extrañado? Me ibas a extrañar más aún, me iba a la playa este viernes, pero mis viejos me aguarn el panorama UU, otra cosa… soy soltera XD bueno aparte ti no? de ahí te cuento detalles, besitos n.n Lady Tao: A Hao? A Hao no le sucede nada… él es asé xD o por lo menos en este fic, es que bueno es como que juega con Ren entienes? es… una relación un tanto… extraña UU. Faig2: Cosita xd Asì que tù te has leìdo EWP? Qué emoción! . xD Jaja síii por fin Horo llega a demostrar que tiene dignidad… Ren es un maldito hijo de su madre ¬¬ Mira… no sé si el fic termine todos juntito y felices xD. Pero de que les daré a ustedes momentos felices cof lemon cof cof jaja xD tenlo por seguro ;D. Siendo franca… aún no sé cómo terminará la historia n.ñ pero me hago una idea, y es… SORPRESA! jaja xD, muchas gracias por leer, hermosa. Hasta pronto! Didboroth: Dudas que a Horo le vaya bien? Pues te equivocas!! A Horo le irá requetecontrabien! Ups se tapa la boca Se me ha salido n.ñ Haruko Usui: Síiiii viva el HOROxREN!! jajaja hacen falta fanáticas de esta pareja como tú hoy en día, ojalá sea contagioso porque ya quedamos pocas TToTT. Horo no sufrirá tanto como parece, don't worry, y ven acércate que te digo un secreto aquí despacito… el que sufrirá más será Ren:D xD ojo por ojo jajaja un beso, te espero! Tamao Nishan: Serás… XD pues leete el fic de Neferura.K y lo entenderás! xD Bueno espero que te haya gustado de todos modos. Muchas gracias por pasar.
Y bueno!! Hermosas, preciosas, preciadas lectoraas!
Ojalá les haya gustado el segundo cap, ya en el próximo se viene la acción a full sí, sí, sí. HARD-LEMON-YAOI XD, y también va dedicado para mi S.W. n.n, pero si hay alguien más que lo desee, pues bueno xD pídanmelo F) jajaja hay que ser pervertida XD
En fin, un besote para uds. El prox cap se vendrá dentro de un buen tiempo, estoy enfrascada restaurando un fic larguísimo y pretendo sacarlo antes de dos semanas… y antes de irme a la playa xD.
Así que eso. espero sus comentarios de todo tipo! Un besote!!
PD: Las palabras que dice Ren en japonés son: "Tranquilízate por favor" "Basta"
Ja ne!
Gato -- K-chaz
Reviews? n.n
