Receta para una sonrisa

Parte II

Al final del día los planes cambian; ahora Ryouga pasaría las navidades en el Uchan's junto a Ukyo y su padre, quien no paraba de acosarle insinuándole que estaba interesado en su hija.

—Papá, ¿quieres dejar de hacer eso?

—Vamos linda... Mira a este chico —el señor Kuonji tomó al aludido por los hombros y lo sacudió un poco —es apuesto, ¿eh?, y nunca te he visto interesada en nadie más que en Ranma, pero ahora que va a casarse con su prometida...

Podía parecer una mentira, de hecho era una media verdad. Ranma y Akane no es que estuvieran a la vuelta de esquina de su boda, pero si que parecían llevarse mejor; y aquello bastó para que la chica de la espátula dejase caer el semblante.

Aunque no sabía porque, ya hacía unos meses que se había convencido de que no importaba porque, después de todo, ya no eran críos, tenían cada uno 19 años y habían madurado hasta cierto punto, o al menos eso sentía Ukyo, pero no estaba muy segura de sí el chico cerdo pensaba igual, pues sus intermitentes visitas no le daban mucha oportunidad de hablar con él, y, de hecho, ahora mismo se preguntaba porque no estaría en el dojô Tendo peleándose con Ranma.

— ¿Les has visto? —le preguntó, mientras envolvía regalos y los colocaba debajo del árbol; Ryouga alzó una ceja sin alcanzar a entender —a Ranma y Akane, me refiero

—No, realmente no…. Deben estar ocupados por lo de las fiestas, seguro —el chico ayudaba a su amiga con parsimonia, estando allí físicamente, pero con la mente en otro lado; de pronto, recordó el anterior día en que Ryouga había llegado al Uchan's, y como le contó una historia de hace muchos años, no lo veía muy cómodo, faltaban unas horas para cenar, y todo estaba preparado, así que decidió hacer algo especial por él, ¿Por qué? No lo supo con certeza.

—Vale, esto quedó listo —dijo mientras se ponía de pie y se sacudía las manos —ahora vámonos

— ¿A dónde? —él se quedó viéndola de pie, mientras ella tomaba su abrigo

—Tengo que hacer unas compras de última hora.

Y así salieron ambos jóvenes, mientras caminaban entre el gentío, Ryouga suspiraba, no le gustaba ese ambiente, y se preguntaba porque, en primer lugar había accedido a quedarse con Ukyo, en segundo, porque la acompañaba, y en tercero, porque rayos cada vez que entraba a una tienda le decía que esperara fuera y después salía con un montón de cajas y bolsas que le obligaba a cargar; aquello comenzaba a ponerle un tanto enojado, vale, está bien, Ukyo era una amiga para él, podía decir incluso que la estimaba, pero se estaba hartando de ir tras ella viéndola gastar tanto dinero sin parar, ¿es que acaso no se daba cuenta? Era como los demás, egoísta, no pensaba en las personas que en ese mismo instante no tenían nada que llevarse a la boca.

El regreso de la castaña lo sacó de su ensimismamiento, esta vez traía una bolsa más pequeña, de la que extrajo un típico gorro de Santa Claus, y se lo coloco en la cabeza.

— ¿Qué te parece? —quiso saber ella mientras le sonreía, pero Ryouga sólo torció el gesto, esperando que entendiera su incomodidad, pero ella solo rió—no te pongas celoso, también he traído uno para ti —acto seguido, sacó otro accesorio igual y se lo colocó al chico perdido, haciendo un guiño.

—Esta noche, tú y yo seremos como el San Nicolás de Nerima

Mientras caminaban por las calles vacías, Ryouga se sentía tan estúpido como incómodo, y cansado; el frío le helaba los pies, e ir cargando tantos paquetes no ayudaba, aunque ahora Ukyo hubiese accedido a llevar la mitad del cargamento.

Dada su pésima orientación, dio por sentado que se dirigían de vuelta al Uchan's, pero el trayecto parecía mucho más largo, la noche había caído ya y no se sentía más cerca de llegar que hace veinte minutos.

A la castaña, el frío no parecía afectarla, iba sonriendo tan ampliamente que cualquiera podía pensar que se había escapado de un psiquiátrico.

—¡Ya hemos llegado! —anunció cuando estuvieron frente a un edificio de múltiples ventanas —espera aquí —dejo a Ryouga sentado en la acera contraria con todos los paquetes y tocó la puerta, una señora salió y Ukyo habló con ella un momento; enseguida, volvió hasta el chico y le indicó seguirla.

Ryouga no entendió nada hasta que estuvo dentro del lugar y observó el letrero en la recepción.

"Sweet Home"

Hogar para niños huérfanos.

No supo exactamente qué es lo que sentía; podía comprender porque Ukyo lo había llevado hasta allí, y el contenido de los paquetes dejó de ser un misterio para él, pero solo una pregunta rondaba su cabeza, ¿Por qué?

Ukyo era la primera persona a la que le contaba sobre su infancia y sus navidades, y era la última persona que se imaginaba haría algo por él.

—Ukyo… —pronunció el chico en un susurro, ella le sonrió y le tomó la mano y lo condujo hasta la enorme sala del lugar.

Mientras envolvían regalos y los dejaban bajo el árbol, Ryouga veía el tiempo transcurrir en el reloj de pared; tenía hambre, de hecho, ya era hora de que estuviesen en el Uchan's cenando con el padre de Ukyo, pero cada vez que miraba a la chica, ésta se limitaba a sonreírle y continuar su empresa.

—Ukyo… —habló nuevamente el chico, cerca de las diez de la noche — ¿Por qué?

— ¿A qué te refieres?

— ¿Por qué estás haciendo esto por mí?

— ¿Y quién ha dicho que lo hago por ti?

Ryouga bajó la cabeza, y colocó un moño verde en el regalo que acababa de envolver, dejándolo a un lado; otra caja, envuelta en papel azul con puntitos blancos y un moño plateado apareció ante él, eran las manos de la castaña las que la sostenían.

—Feliz navidad —le dijo —puedes abrirla si gustas

Pero no lo hizo; no, no hasta que él tuviera algo bueno que darle a ella, algo tan hermoso como el sentimiento que ahora mismo tenía.

—Cuando era pequeño… todas las navidades tenía regalos, siempre, muchos regalos, a veces incluso me daban más de lo que pedía; cada año tenía más regalos debajo del árbol que desenvolver —se lamentaba Ryouga, lagrimeando. Ukyo puso cara de incredulidad.

—¿Y cuál es el problema con eso?, serás tonto…

—No, espera… no me has dejado terminar…

Yo tenía todo lo que quería, por ser hijo único, la vida fue siempre perfecta; pero al lado de mi casa, había un orfanato, y los niños que vivían allí sólo tenían poco que comer, en navidad cenaban pasta, y por las mañanas, nadie les traía regalos… sólo era otro día normal… sabiendo que su vida sería siempre igual de triste…

Ryouga agachó la mirada tras terminar su historia, se veía tan afectado, y la chica sólo atinó a poner una mano en su hombro, dándole apoyo, tratando de transmitirle un buen sentimiento que calentara su corazón.

Para cuando regresaron al restaurante, ya eran casi las doce, estaba a oscuras, al parecer el señor Kuonji había decidido acostarse, o eso pensaron ellos; una sombra corpulenta se acercó nada más encender la luz, traía la mirada extraviada y un aspecto más bonachón que el que Ryouga recordaba.

— ¡Hey, muchachos!... ¡Cómo los extrañé!, ¿Dónde se habían… ¡hip! …metido?

— ¡PAPÁ! —gritó Ukyo al notar que su padre estaba ebrio, prueba de ello eran las varias botellas de licor vacías esparcidas por la habitación.

— ¿Estaban haciendo cosas malas? —"susurró" el hombre a Ryouga; éste no dijo nada, sino que sonrió ante los esfuerzos inútiles de Ukyo de corregir a su padre; al final terminaron cenando ambos con el señor Kuonji despatarrado sobre una silla.

—Oye, Ukyo…

— ¿Um?

— ¿De dónde sacaste el dinero para todos esos regalos?

Pero no obtuvo la respuesta, al menos no ese momento, solo llegó a saberlo meses después, cuando regresó de uno de sus viajes y trajo consigo un regalo para Ukyo; y se quedó allí con ella, ayudándola en su negocio para reponer todos los ahorros que le había hecho perder aquella noche del 24 de Diciembre.

Ah, ¿el regalo de Ryouga?, una camiseta con un cerdito negro bordado.

FIN


NOTAS;

¿Fin?

Pues sí, supongo jaja

Este fic me dejó un buen sabor, a pesar de que siento que yo misma estoy rompiendo las reglas del reto, pues este se trataba de escribir sobre los preparativos y la fiesta.

Yo no sé, pero quería dar a entender que no todo es felicidad en estas fechas, algunas personas sufren los efectos de la guerra, el hambre.

No todos pueden disfrutar de una cena y abrir los regalos, eso es lo que quería dar a entender, y que, para Ryouga, la mejor fiesta era hacer algo por las personas que menos tienen; esto es lo que Ukyo entendió, la forma de hacer sonreír al chico que detestaba las navidades.

En lo personal, no celebro estas fiestas; pero lo que les deseo es mucho amor en sus vidas, y que día a día crezcan como personas.

¡Un abrazo!