Capítulo 2: Siniestra Puesta de Sol


Una ciudad iluminada por un sol perpetuo, en la eterna posición del atardecer. Cada edificio acomodado a la cuesta de una colina, y en la parte más alta, la torre del reloj que sirve también como estación de trenes a otras secciones lejanas de la ciudad, y para otras atracciones: Villa Crepúsculo.

No muy lejos de una del distrito comercial, en la entrada de una vieja y misteriosa mansión, dos jóvenes chicas de apariencia de dieciséis años peleaban contra unas creaturas negras y de ojos amarillos, de apariencia similar a hormigas gigantes de forma humanoide: Sombras.
Una joven en gabardina negra, la más corta de estatura, peleaba usando lo que parecía ser una llave espada de doble dentadura: plateada y con ambas dentaduras siendo una especie de gancho, que formadas asemejaban a un ancla.

-¡Dyxen, muévete! ¡Hay que eliminar al blanco, no podemos perder tiempo!
–gritaba la joven de piel morena, ojos oscuros y de cabellera corta y de puntas rubias.
-¡No me apresures! –respondía la joven acompañante de cabellera castaña y ojos verdes.

A la orden de su compañera, Dyxen blandió su espada larga, mientras que atacaba con el disco rojizo y oscuro que tenía al final de éste. Con un leve gruñido, el disco se partió por la mitad y se convirtió en algo parecido a medios círculos con púas agrandadas, mientras que ésta emitía un aura llameante.

-¡Ardan! –gritó eufórica Dyxen, mientras terminaba con la docena de sombras que tenían rodeada a ambas.

Al acabar con cada una de las sombras, pequeños trazos de aura oscura quedaban antes de desaparecer. Tanto Dyxen como su compañera tomaban lo que parecía una esfera que era lo suficientemente grande como para tenerla en la mano, y las esencias que quedaban detrás eran absorbidas por las esferas.

-Pues solo una más y termino mi misión.
-¿Todavía no terminas, KH? –dijo un joven, dirigiéndose a su compañera, la más chica de todas.

En escena, entró un joven de piel morena, ojos oscuros y cabellera negra, casi tapándole sus ojos; de alrededor de quince años, vistiendo la misma gabardina negra que sus compañeras.

-¡Cállate Corvux! ¡Ubícame al Lado Oscuro!

Corvux invocó lo que parecía ser un pequeño bastón con una esfera grande al final. Oscura y llena de destellos similares a galaxias y estrellas.

-Dame un segundo. Tengo que concentrarme. –dijo a KH, cerrando sus ojos y moviendo su bastón lentamente hacia alguna dirección sin especificar.
-¿Y bien?
-No creo poder hacer algo aquí. Estamos algo alejados de la ciudad. Quizá ahí podremos ubicarlo más fácilmente.
-Entonces, de vuelta a la ciudad. –dijo Dyxen guardando su arma, y todos empezaron a dirigirse hacia los bosques.

La oscuridad de la zona y la poca luz que se lograba filtrar era debido a los altos pinos del bosque. Un lugar algo amplio, pero con una salida cerca de ahí: una grieta en la enorme pared de la ciudad, dando al distrito comercial.
Una vez ahí, los tres jóvenes se dirigieron al centro de ésta, mientras que otros tres chicos iban corriendo colina abajo.

-¡A un lado! –gritó un chico rubio de pantalones de camuflaje verde. -¡Ey Pence, Olette, corran! ¡Se quedan atrás!
-¡Espera, Hayner! -le siguió un chico poco robusto que vestía una camiseta rojiza sobre una blanca, de cabellera negra.
-¡Oye, discúlpate! –gritó la chica del grupo, de blusa anaranjada, cabellera castaña y ojos verdosos. Llegó a detenerse junto con los tres chicos cuyos pasos habían sido interrumpidos por el tren imparable que era aquél chico rubio. –Disculpen. –dijo con una sonrisa, para después seguir corriendo.
-¡¿Vieron éso?! –gritó KH. -¡CASI ME ARROLLA!
-Deja de ser dramática. –dijo Dyxen con algo de impaciencia.
-¡CORVUX, UBICA AL LADO OSCURO YA! ¡O ME ARROLLARÁN! –gritó KH algo histérica.
-Voy, jefa. –dijo girando sus ojos, y cerrándolos para poder concentrarse y encontrar al Lado Oscuro. Moviendo lentamente su vara, finalmente logró apuntar a la torre del reloj que estaba en la cima de la colina. –Ahí se encuentra.
-Entonces llévame cargando. –dijo KH mientras que ella se tiraba al piso, como si se rindiera ante la vida.
-Ahí te encontramos después. –dijo Dyxen, mientras parecía despedirse y se alejaba hacia la torre del reloj, seguida de Corvux.
-¡¿CÓMO SE ATREVEN A DEJAR A SU LIDER?! ¡MOTÍN! ¡MOTÍN! ¡MO—esperen… ¡ESPERENME! –gritó por última vez, corriendo hacia donde ellos iban.

Un cuarto de hora después, ambos lograron llegar a la estación de trenes. Dyxen y Corvux se encontraban un poco exhaustos, mientras que KH se desplomaba sobre el suelo.

-Moriré… -dijo KH, de manera agonizante.
-Déjate de tonterías y levántate. Hay que encontrar al Lado Oscuro. –dijo Dyxen.

Pero en aquél instante, un evento inesperado estaba empezando. Un portal negro y ominoso de abrió, saliendo de éste un joven rubio y de ojos azules, acompañado de un acompañante esbelto de cabellera roja y ojos verdes.
El momento había sido algo inesperado e incómodo. Sobre todo porque ambos grupos usaban las mismas gabardinas.
Se miraban entre ellos y los unos a los otros, mientras que KH solo tenía algo que mencionar:

-Bueno, uno de los dos se los tiene que quitar. No podemos llevar el mismo vestido al mismo baile. –dijo con una cara en completa seriedad, mientras que Roxas y Axel solo se miraban entre ellos y se cuestionaban que era lo que estaba pasando en ése instante.
-KH, aguarda. –dijo Corvux mientras que levantaba su bastón y cerraba sus ojos. –Ellos…ellos…

Para ése momento, Roxas invocó su arma: la llave espada, mientras que Axel hizo aparecer un par de chacrams.

-Ellos poseen El Rastro. –habló Corvux sorprendido. – ¡Cuídate del de cabello rojo, Dyxen! ¡Tú también KH!
-¡¿Un Rastro?! ¡¿Ellos?! –dijo Dyxen confundida.
-¿De que andan hablando? –preguntó Roxas hacia Axel.
-Sea lo que sea, hay que detenerlos aquí y ahora.

Tan pronto Roxas se lanzó a la pelea, KH bloqueó la llave espada y le dio un fuerte tacleo, tumbándolo. Dyxen por su lado, le regresó a Axel los dos chacrams llameantes que volaron hacia ella, con dos tajadas de su misma espada.

-¿Tiene…una llave espada? –tartamudeó Roxas por un momento.
-¡Corvux, tienes como prioridad ir por el Lado Oscuro! ¡Nosotros nos encargamos de ellos! –gritó KH hacia Corvux, mientras que tomaba a Roxas por el cuello y se lo lanzaba a Corvux.
-¡Bien, bien!

Tan pronto éste llegó hacia Corvux, su cabello le abrió paso a sus ojos. Sus ojos, oscuros en un principio, se llenaban de estrellas y de luces distintas, mientras que miraba fijamente a Roxas a los ojos.
Con una breve y corta convulsión, Roxas cayó al suelo, mientras que los ojos de Corvux empezaban a teñirse de color anaranjado.

-Veamos que logramos con tus memorias. –se dijo a si mismo con un poco e confianza, dando un salto enorme hacia la torre del reloj, comenzando a subirla por fuera.

-¡Es…espera! –gritó Roxas mientras que se levantaba, y bloqueaba un ataque más de parte de KH.
-Yo soy tu rival. –dijo KH con una sonrisa, mientras que tomaba la supuesta llave espada y la separaba con un fuerte tirón. Dos llaves espada surgieron, ambas idénticas. Y ambas estaban deseando acabar con Roxas.