¿Se ve que tengo mucho tiempo libre?
Bueno, ni tanto, pero sí.
¿Qué diablos le ve?
Capítulo 2: Decidido a conquistarla
Desde que regresó a casa, no ha dejado de llorar en toda la tarde. El rechazo de Marinette en serio le había dolido.
Sí, dijo que no se rendiría, que lucharía, pero un rechazo le duele a cualquiera.
Y que lo haya rechazado por una cara bonita, eso fue como una patada en los huevos.
Él siempre creyó que Marinette no era de esas chicas que se dejaban llevar por la apariencia, status social o posición económica. Creía que Marinette era alguien que podía ver más allá de los factores superficiales, que ella era diferente.
Se equivocó. Él era así, ella no, al parecer.
¿Cómo no lo pensó? ¡Era obvio que se enamoraría del más perfecto chico de toda Francia y a él ni lo vería!
Abrazó con más fuerza aún su foca de peluche. No podía seguir llorando, sentía un horrible dolor de cabeza.
Escuchó unos golpecitos en su puerta, que lo llevaron a hundir su rostro en la almohada.
- Nathanaël, ¿Ya terminaste de lloriquear como colegiala? - Preguntó una mujer con un evidente tono de preocupación.
- Tía, déjame en paz... -
La puerta se abrió, dejando ver a una mujer alta, de contextura delgada. Su cabello castaño ondulado caía por su espalda hasta llegar a su cintura, y sus ojos turquesa estaban cubiertos por un par de pequeñas gafas algo cuadradas. Era Sophia, hermana menor de la madre del pelirrojo.
- Nathanaël... - Suspiró, acercándose a la cama del menor. Puede que siempre ande burlándose, pero en serio le preocupaba.
- Que me dejes en paz... - Dijo con la voz quebrada, dándole la espalda.
- Nathanaël, sé que no quieres hablar... solamente, quería decirte que tus padres volverán en una semana. - Le dijo sonriente y tranquila, sentándose junto al pelirrojo en la cama.
- Ya falta poco... - Una pequeña sonrisita se formó en su rostro, no había visto a sus padres en un mes y medio, ya que viajaban por asuntos de trabajo y su tía se encargaba de cuidarlo. - Ya ansío verlos... -
La mujer sonrió, y le entregó un bote de helado de vainilla.
- Basta de llorar, y ten esto. Endúlzate un poco la vida, que pareces tomate podrido. - Le revolvió los cabellos, a lo que Nath solamente rió.
- Gracias, tía... te quiero. -
- Y yo a tí... - Le abrazó con fuerza, de manera protectora. De vez en cuando, podía actuar así, y por eso Nathanaël la quería y confiaba en ella.
- Ah, no vuelvas a joder con el reloj.- Le miró sin borrar su sonrisa.
- Es divertido verte correr, y es más divertido que siempre caigas en la misma broma. - Dijo entre risas, amaba molestar a su sobrino.
- A mi no me hace gracia... -
- Pero a mí sí. Cómete eso antes de que se derrita, y despéjate, ¿Ok? -
- Ok... -
Se sentó en la cama, y la mayor se retiró de la habitación. Sin importar que, adora a esa mujer.
Bueno, tiene razón, él tenía que despejarse. Podía hacerlo dibujando uno de sus cómics.
"Las aventuras de Cabeza de Bolo", un cómic que hizo basado en su profesor de historia y su brillante calva.
¿Por qué lo llamaba así? Porque nunca escuchó bien su nombre, y tampoco le preguntó. Pero lo que le llamó la atención desde el principio, fue su calva, la cual brillaba demasiado. Era la calva más brillante que había visto en su vida.
Y un extraño día se le da por mirar a Bob Esponja y en un momento escuchó "Cabeza de Bolo", y no pudo evitar pensar en su profesor. Por eso decidió que así quedaría.
Ahora, se encontraba dibujando la escena en la que Cabeza de Bolo era transportado a la era jurásica gracias a su poderosa calva y un meteorito.
Reía ante su propia ocurrencia. Tal vez si su calva no brillara tanto, no le haría tanto bullying.
O tal vez sí.
- Ya sabía que te rechazaría, mejor vuélvete gay y asunto arreglado. -
- No me ayudas, Juleka. -
Luego de haberse desahogado un poco, el pelirrojo había decidido hacerle una visita a su mejor amiga, esa chica gótica que parecía tranquila, pero con él y Rose la cosa era muy distinta.
- Además, si nunca le he gustado a ninguna chica, menos le gustaría a un chico, ¿No lo crees? - Dijo el pelirrojo, soltando un largo suspiro.
La mano de Juleka fue a dar en la mejilla de Nathanaël al instante, obligándolo a voltear el rostro.
- ¡¿Y eso por qué fue?! - Le gritó, llevando su mano a su mejilla ahora roja.
- ¿Tú eres pendejo o te haces? Cualquier chico te desearía. ¡Vuélvete gay y asunto arreglado! -
- . . .Refresca mi memoria ¿Por qué somos amigos? -
- Yo que sé. - La pelinegra se encogió de hombros, soltando un par de risitas. El muchacho rodó los ojos.
- Yo mejor me largo, no quiero seguir escuchando esa insistencia tuya. Voy a conquistar a Marinette. -
- Marinette no se fijará en tí. -
- ¿Qué te hace pensar que no? -
- Primero que nada, está loca por Adrien. Segundo, es medio idiota. Tercero, y tienes que admitirlo, Adrien es el guapo y popular de toda la escuela. Y tú... apenas recuerda que existes. -
- Ay, que gran amiga eres. -
- ¿Crees que una verdadera amiga no te diría esto? -
- . . . Es buen punto. ¿Pero cómo puedes enamorarte de una persona solamente porque te da un paragüas? -
- ¿Repito la parte de que es medio pelotuda, o te la explico con manzanitas? - Extrañamente, cuando Nath volteó a verla, Juleka tenía un par de manzanas con pequeñas pelucas, representándolos a Adrien y a Marinette.
- ¿De dónde sacaste esas manzanas? - Preguntó, arqueando una ceja.
- De la tienda de manzanas. -
"¿Qué fue lo que me hizo hacer amistad con esta chica?" Pensaba el pelirrojo, mientras que la chica le ponía una pequeña peluca roja a otra manzana.
- Ahora sí, mejor me voy... -
- Diviértete en tus intentos fallidos de conquistar a Marinette... - Se despidió la pelinegra, concentrada en que su manzana se viera exactamente igual a Nathanaël.
Su mejor amiga es una demente. Eso lo tenía claro.
Pero su vida sería tan asquerosamente aburrida sin esa demente.
- Esta lluvia sólo lo hace más romántico, ¿No te parece? -
Nathanaël pudo apreciar el rostro sonrojado de la chica de coletas, ni la lluvia podía arruinarlo.
- T-tal vez... Nathanaël... - Marinette se acercaba cada vez más al rostro del pelirrojo. - Yo... -
- No digas nada... - Susurró el más alto, uniendo sus labios en un apasionado beso. El paragüas que llevaban los protegía de la lluvia, aunque no les importaría el tener que mojarse...
La alarma sonó.
Nath se levantó exaltado de la cama, mandando a volar su foca de peluche por los aires.
- ¡Gary, tuve ese sueño de nuevo! -
- ¿A quién llamas Gary, pendejo? -
Un silencio incómodo se formó en la habitación, el pelirrojo y la castaña mantuvieron su mirada fija en la del otro. Confusión por parte de Sophia y vergüenza por parte de Nathanaël.
- T-tía, no te vi... - Susurró avergonzado, cubriéndose el rostro con las manos.
- No, se nota. Se te va a hacer tarde si no te apuras. - Dijo la mujer, saliendo de la habitación.
Una vez que se fue, Nathanaël se sentó en la cama, viendo fijamente su foca tirada en el suelo.
- . . . ¿En qué putas estoy pensando? ¿Una foca de peluche? ¿En serio, Nathanaël? Es decir... - Se levantó, llevando su mano a su pecho y su pie al animalito. - ¡Si quiero conquistar a Marinette, debo dejar los peluches!... No, no puedo... ¡Ay, Nathanaël, sí puedes! ¡Es un maldito juguete sin sentimientos! ¡Actúa como un hombre! -
Tomó el peluche y lo metió al armario. No se sentía del todo listo para deshacerse de él, pero era lo correcto. ¿Marinette quiere a un hombre? Tendrá a un hombre.
Y para lograrlo, debía analizar bien a su competencia. Tenía que ver todos los aspectos buenos que podría tener el rubio, para mejorarlos y lograr conquistar al amor de su vida.
Era el momento de actuar, no tenía tiempo que perder.
Durante el receso, Adrien se la pasó platicando animadamente con Nino, de varios temas al azar. ¿Quién iba a decir que tenían tantos gustos en común? No por nada eran mejores amigos.
Sin embargo, el rubio no se percataba de que tenía dos miradas sobre él, aparte de la de su amigo.
Por un lado, Marinette estaba acosándolo como de costumbre, comiéndoselo con la mirada y lamentándose en voz alta de no poder hablarle sin tartamudear. Pero eso no es importante, lo importante era el nuevo acosador de Adrien.
El pelirrojo lo miraba de pies a cabeza, desde una distancia que podría llamar considerable, para que no lo notara.
"¿Cómo puede notarme, si soy invisible?" Pensó, sin quitarle la mirada de encima.
Bien, un cuerpo bien formado, resultado del deporte que realizaba. Mientras que él era un debilucho con un cuerpo realmente delgado.
Cabello rubio y ojos verdes que enloquecen a cualquiera. Maldita sea la belleza de los rubios.
¿Y sí se cortara el cabello?...
¡No! Su cabello es sagrado, y a él le gusta largo.
¿Su carisma? Puede ser. Como puede ser que solamente sea amable con todos para quedar bien.
Aún no entiende que es lo que le ve de bueno.
Puntos a aclarar:
El fanfic se verá más desde la perspectiva de Nath.
El romance irá lento, puesto que no se me da muy bien escribir este género.
Pienso escribir esto hasta que me aburra.
El objetivo de esta historia es que se trate de una comedia romántica con algunos toques de drama.
Puede que este fic sea bastante largo.
Créditos a Nathaniel El Flogger por la escena de Nath al despertar. En serio, estar a punto de salir mi típica cara de amargada y encontrarme ese meme me alegró el jodido día. xD
Sin más que decir, adiós.~
