Holaaa!

Primero que nada una enorme disculpa por la demora que ha tenido este capitulo, no tengo excusas, pero debo decir que la inspiración me había abandonado y me costaba hilar el capitulo. Luego de la nada volvió y me salio XD. Una enorme disculpa.

No puedo creer la calida bienvenida que le han dado a este fic. Se los agradezco muchísimo, no saben cuanto me alegro el ver sus hermosos comentarios y el saber que les había gustado la historia. Muchísimas gracias, de verdad, prometo que cada vez me esforzare más para no defraudar sus expectativas.

Les doy las gracias a: Basileia Daudojiu, dokuro, Shami, MGA FGA, Shaery Hiroshi, Rubymoon12, el fenix de la noche, Ayin, Luna-Box, fulanita, sonylee, Meems Asakura.

Sus reviews me llenaron de alegría y animo para seguir escribiendo. Muchas gracias!


.-Paraíso Salvaje-.

"Conociendo mas de ti"

Bajó desanimada la mano con la que despedía el tren en el que iba su madre. Estaba especialmente pensativa esta mañana, aunque una de las grandes razones eran los problemas del rancho, no podía quitarle merito al perturbador encuentro con aquel hombre el día anterior. Aun sentía correr una corriente eléctrica por su espina dorsal cuando pensaba en esos profundos ojos azules, en su sonrisa misteriosa, en su habilidad para besar…No sabia nada mas que el nombre de él y ya no podía sacarlo de su cabeza, definitivamente el lugar la estaba afectando. Si, era solo eso, nada mas, no podía ser nada más.

Era una sensación tan embriagante como culpable, no podía comportarse como una niña que nunca había tenido una experiencia como esa, aun siendo completamente cierto que nunca le había pasado algo como eso. Durante sus años como estudiante en la universidad tuvo algunos novios, pero nada relevante, tenía cosas más importantes de las que ocuparse y la vida amorosa no estaba contemplada entre ellas. Le parecía irracional que el primer día sin tener la presión de la ciudad sobre sus hombros hubiera caído en algo así, ella no era de ese tipo de mujeres, sin embargo, no había podido resistirse, no había querido hacerlo, aun cuando considerara que las circunstancias fueron desventajosas para su persona.

Tenia demasiadas preguntas en su cabeza, no sabia si Eriol era casado o que diablos hacia en la hacienda vecina. Infería que por el caballo tan fino que usaba debía tener un buen puesto, tal vez era el capataz del señor Hiiragizawa, puesto que en su caso, Shaoran también usaba el mejor caballo que poseían.

Sinceramente, si se lo encontraba en ese momento no sabría que decirle o como actuar, su mente era un completo desastre.

Salio de la estación de tren con un objetivo determinado, podía tener miles de cosas en que pensar, pero eso no impediría que cumpliera lo que había prometido a su madre, el sacar adelante la próxima venta de bovinos, y para eso tenia una carta bajo la manga.

Sonrió con arrogancia después de subir a la camioneta y encenderla para buscar el lugar, seguramente le tomaría tiempo, pero afortunadamente había dejado a su amigo a cargo de todo mientras iba al pueblo, así que podría dejar todo listo y en algunos días su "querido" vecino Takamoto sabría que con las Daidouji no se jugaba.

...

Cuando salio de la tienda traía una hermosa sonrisa pintada en la cara, todo había salido como estaba planeado y eso la hacia sentir segura. Miró hacia el cielo y se sorprendió al ver la cantidad de nubes que sobrevolaban la zona, eso no había cambiado, el clima era frágil y podía variar cuando menos se lo esperaban. Pronto llovería, pues eran nubarrones grises y opacos, el sol parecía minimizarse entre ellos y un viento frío azotaba con fuerza sus mejillas descubiertas.

Se dirigió sin prisa hacia su hogar, si la lluvia la descubría por el camino no importaba, le gustaba sentir las gotas caer sobre su cuerpo y empaparla, la hacia sentir parte de la naturaleza, una sensación que no importaba donde estuviera, porque la lluvia siempre aparecía y le recordaba que había un lugar esperándola.

Al pasar frente al rancho vecino soltó un suspiro molesto, aun estaba consternada por haberse enterado de esa manera que aquella lagunilla ya no pertenecía a su familia. Nuevamente, igual que el día anterior, leyó el nombre del lugar, era el mismo que había dicho el oji-azul… "Paraíso Salvaje"

Demonios, tenia demasiada curiosidad por conocer al supuesto dueño de toda la tierra que una vez amó mas que nada y también para hacerle saber que en poco tiempo su madre saldría de todas sus deudas para con él, de eso se encargaba ella.

Bajó del vehículo mientras comenzaba a buscar a Shaoran, debía comunicarle su decisión en cuanto a la hacienda, no quería que después todo lo tomara por sorpresa…

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Eran cerca de las seis de la mañana, la lluvia chocaba con cierta brusquedad contra los ventanales de la habitación, de vez en cuando las luces aparecían por entre las nubes, seguidas de un sonido ensordecedor. Todo esto era suficiente para poder despertar a la persona que se daba vueltas inquieta entre las cobijas. Quitó el edredón de su cuerpo y se sentó en el borde de la cama, pasando la mano por su cabello en un signo de resignación, ya no podría volver a dormir, eso podía asegurarlo. Observó a través de las cortinas las gotas caer del cielo y morir en el suelo.

Un pequeño bulto se movió al final del lecho, al ver a su amo despierto y mirándolo con atención solo bostezó para volver a acomodarse. Eriol sonrió de lado antes de levantarse y dirigirse hacia la ventana, todo estaba oscuro a excepción de los segundos que en ocasiones el cielo se iluminaba, una lluvia inesperada y arrebatadora… igual que ella.

- Debo quitarla de mi cabeza – susurró cuando vio que el viento movía un árbol cercano a la casa.

Debía bordear los siete metros, con un tronco grueso y en sus ramas colgaban numerosas frutas de un color rojo oscuro. Estaba seguro de haber visto más árboles como ese por algunos sectores de sus tierras, sus frutos eran deliciosos y en más de una ocasión se había trepado a alguno para conseguir algo que comer mientras paseaba a caballo. Seria una buena idea llevar a los niños a recoger algún día, pero primero la lluvia debía ceder.

Observó su reflejo en el helado vidrio, solo traía puesto un pantalón holgado, recordando aquel beso que lo torturaba desde hace dos días y a la mujer dueña de los labios mas dulces que había probado. Sabía perfectamente quien era ella, ya que en una ocasión en la que había asistido a casa de la señora Daidouji, había tenido la oportunidad de ver una fotografía en la que salía montando a caballo. Sonomi le había comentado que estaba estudiando y que llegaría por esa fecha, pero no se imaginaba conocerla en esas circunstancias.

Sonrió divertido al recordar en énfasis de su vecina al decirle que no tenía novio. Si, Tomoyo Daidouji le había interesado desde que había visto por primera vez esa fotografía y ahora le interesaba mucho más.

Cerró la cortina, acabando con la visión de las gotas caer, y se dio la vuelta para dirigirse al baño, debían empezar con el trabajo en la hacienda y asegurarse que todos los animales estaban bien.

….

La cocina era un lugar amplio y luminoso, los muebles y electrodomésticos eran en tonos grises y blancos. Una mesa que se extendía por el centro, estaba casi completamente ocupada por unos veinte hombres que desayunaban en medio de una animada conversación. Dos mujeres les servían los alimentos con amabilidad, una era ya mayor, con el cabello teñido por hilos de plata, de estatura baja y sonrisa cansada, mientras la otra mujer era joven y activa, con cabello castaño y ojos verdes.

- Vamos Sakura, desayuna un poco con nosotros – dijo uno de los hombres sentados casi en el centro de la mesa con voz tosca. Era alto, con cabello claro y ojos negros.

- No puedo, debo terminar mis obligaciones – rechazo siempre con amabilidad y una sonrisa. Paso por el lado del sujeto, este se levantó de golpe para tomarla por la cintura y acercarla a él con cierta brusquedad – Ya le dije que no puedo – la bandeja que segundos atrás llevaba en sus manos se había resbalado y ahora trataba de zafarse del agarre.

Todos centraron su atención en ellos, la anciana miro de mala manera la acción del hombre, mientras los demás no se atrevieron a hacer nada, sabían que si lo hacían lo pagarían mas tarde cuando estuvieran fuera de la mansión.

- Déjela en paz – dijo la otra mujer en la habitación al mismo tiempo en que se acercaba para hacer valer su palabra, no dejaría que le faltaran el respeto a esa jovencita mientras ella estuviera presente.

- Es solo un juego – se burlo riendo descaradamente frente a todos los presentes.

- Suéltala – fue la simple palabra que salio de los labios del hombre en la puerta doble de la cocina. Llevaba un jeans azul, una camisa y botas, su mirada zafiro estaba fija en el individuo al que solo le tomo dos segundos acatar la orden dada por su patrón.

Avanzo hasta la mesa, donde todos lo miraban expectantes, dejo el sombrero junto a la chaqueta que traía en el respaldo de la silla y se sentó en la misma con toda tranquilidad.

- La ultima vez que hablamos me pareció que habían quedado claras las condiciones de trabajo en este rancho – hablo dirigiéndose al único hombre de pie - No esta permitido sobrepasarse con ninguna mujer que trabaje aquí – el de cabello claro trago saliva al suponer lo que vendría, esta seria la ultima vez que se lo dirían – Como no es la primera advertencia… Ya sabe que hacer.

Vieron salir al oji-negro en silencio, al mismo tiempo que este gruñía frases incomprensibles. Sakura termino de recoger lo que había tirado y suspiro aliviada, ese sujeto la hostigaba desde que había empezado a trabajar ahí y Eriol lo había sorprendido en varias ocasiones tratando de sobrepasarse con ella. Sinceramente no era la única que se alegrara al saber que no volvería a poner un pie en la hacienda.

- Esto va para todos – advirtió con tono gélido el cabecilla de la mesa, ninguno dudo en asentir con energía ante eso – Entonces… - un gracioso sonido proveniente de su estomago se adelanto a lo que pretendía decir y solo atino a reír junto a los demás.

La mujer mayor analizo la situación en la que se encontraban, Eriol era una buena persona, sabia cuando hablar con seriedad y cuando bromear, sin duda todos sus trabajadores lo respetaban y admiraban gracias a la personalidad del hombre en cuestión. Ella llevaba siete años bajo sus órdenes, aunque lo conocía desde mucho antes, y podía decir orgullosa que no tenia queja alguna de las actitudes que presentaba, siempre, desde que lo conocía, se había mostrado calido y amable con su persona, y tampoco había dudado en traer ayuda para la cocina cuando había aumentado en numero de personas que comían ahí, argumentando que era demasiado trabajo.

El resto del desayuno transcurrió en completa tranquilidad, hablando con calma y riendo de vez en cuando. Ese era el ambiente al que todos estaban acostumbrados, trabajar cuando era preciso, sin presiones ni apuros, todos los que estaban en el rancho era porque les gustaba trabajar ahí.

Poco a poco los hombres comenzaron a salir por la puerta trasera para dirigirse a los establos, agradeciendo a ambas mujeres por la comida y cubriéndose con gruesas chaquetas para protegerse de la lluvia que aun cubría la región.

- Sakura – llamó Eriol a la castaña mientras recogía sus pertenencias – Recuerda que los niños deben levantarse a las…

- A las diez… - interrumpió cortésmente luego de sonreír por la insistencia del joven respecto al tema - Lo sé señor… Eriol – se corrigió al ver la mirada que le era dirigida por su interlocutor.

- Mucho mejor – dijo sonriendo abiertamente y poniéndose el sombrero de cuero. Se dirigió a la puerta por donde habían salido los demás y antes de hacer lo mismo se volteo – Vendré a verlos mas tarde, cuídenlos bien – y desapareció tras la ancha puerta de madera.

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Terminó de cepillar al caballo y dejo lo que estaba usando sobre una mesa de madera oscura. La luz que colgaba del techo brindaba iluminación a todo el lugar gracias a que este no era demasiado grande. En la pesebrera aledaña a la que se encontraba había un hombre realizando la misma tarea que ella, aunque indudablemente lo hacia mucho mejor.

- Necesitare mas tiempo del que creía para tomar el ritmo – suspiro cansada mirando al animal y viendo desilusiona el resultado de su trabajo.

- Tranquila… Lo estas haciendo bien – dijo el castaño sin voltearse, palpando el lomo del caballo, cuando decidió que ya era suficiente salio del lugar y se quedo frente a la ultima pesebrera mirando a Tomoyo – Creo que seria bueno que te distrajeras, los problemas no se arreglaran de un día para otro.

- Lo se… - susurro acercándose a él. Lo que más deseaba era ver el rancho como cuando su padre vivía, lleno de vida y alegría, pero cada segundo que pasaba se llevaba un poco de sus esperanzas, aunque no su fuerza.

- ¿Por qué no vas a ver a Sakura? – Propuso Shaoran al ver lo desanimada que estaba la amatista – Seguramente tienen muchas cosas de que hablar.

A Tomoyo le encantaba la idea, el ver a su amiga de la infancia y contarle todo lo que había hecho durante años en la ciudad la ilusionaba, pero… Había un problema. Lo mas probable era que se encontrara con aquel hombre de ojos azules, le había costado muchísimo trabajo mantenerlo lejos de sus pensamientos, pero el sabor que experimento en sus labios la atormentaba cada vez que lo recordaba. Estaba en medio de una encrucijada, anhelaba verlo otra vez, acercarse a él y volver a… ¡Pero que demonios estaba pensando!

- No creo que sea una buena idea… - dijo con voz trémula y poco segura – Esta lloviendo y…

- No me digas que le tienes miedo al agua – la interrumpió el joven mientras sonreía irónicamente.

- ¡Claro que no! – exclamó fingiendo molestia – Un poco de agua no puede detenerme – se dirigió a la puerta doble que daba al exterior y del lado de esta descolgó un impermeable

- Es la primera puerta trasera desde el lado izquierdo – informó Shaoran tratando de contener la risa por la reacción de la mujer, sin embargo se detuvo abruptamente al escuchar lo siguiente que vino por parte de ella…

- Veo que tienes practica en ir a verla – sonrió triunfal antes de salir, era la primera vez en estos días que dejaba callado al hombre.

No le tomo mas de quince minutos llegar al lugar determinado, como se lo había dicho su amigo Sakura se encontraba tras una puerta blanca, y por lo que observo a través de los cristales de la ventana estaba sola, un alivio para su corazón, que latía cada vez mas rápido, como si estuviera cometiendo un delito.

- Sakura – la llamo después de cerrar la puerta y quitarse la capucha. Cuando la nombrada se volteo y fijo su mirada esmeralda en Tomoyo no pudo evitar dar un pequeño grito de emoción y correr a abrazarla – Yo también te extrañe amiga – le dijo correspondiendo el gesto mientras sonreía complacida, sin duda la castaña seguía siendo tan espontánea como siempre.

- No puedo creer que estés aquí – dijo dando un paso atrás para observarla de arriba abajo.

Parecía que el tiempo pasaba lentamente cuando hablaban, como si no hubiera transcurrido un día desde que dejaron de verse. Se habían acomodado en la mesa que iba de lado a lado de la cocina y tomaban con tranquilidad una tasa de café que había servido hace un rato la oji-verde. Gracias a que era la hora del almuerzo todos los que vivían ahí, incluyendo al patrón, estaban en el comedor.

No supieron cuanto llevaban charlando, los temas de conversación nunca se terminaban entre ellas, pero se vieron interrumpidas cuando un hombre alto, con porte atlético y cabello oscuro entro riendo, con una torre de platos en las manos, al lugar.

- Sakura puedes ayudarme por favor – pidió con tono de suplica mientras la cocinera se ponía de pie y hacia lo que le pedían, Tomoyo se quedo estática cuando escucho la voz del intruso – Todos los dueños de estos platos reclaman por mas de tu exquisita comida.

Solo después de verse aliviado por la carga reparo en la segunda presencia, mas solo pudo contener el aliento al verla. Pasaron segundos en los que ninguno de los dos no hacia otra cosa que observarse.

Tomoyo sintió escalofríos al verse examinada por la demandante mirada azul, sentía que esos ojos calaban por debajo de su piel, devolviéndole las sensaciones que experimentó en la laguna hace algunos días, un calor difícil de controlar y que casi se apodera de ella a no ser por el ruido de los platos que hacia su amiga al servir mas provisiones. Se puso de pie tan rápido como pudo, debía alejarse de ahí si no quería cometer una locura.

- Creo que ya debo irme – volteo dirigiendo a la castaña para poner su atención en otra cosa que no fuera ese hombre de arrebatadora figura frente a ella. Eriol sonrió misterioso cuando escucho la melodiosa voz de la amatista.

- Pero… - Sakura hizo una especie de puchero para evitar que Tomoyo se fuera tan pronto, aun tenia muchas cosas que contarle y no estaba segura de cuando podría tener tiempo para verla.

- Es que tengo muchas cosas que hacer y…

- ¡Eriol! – exclamó un hombre irrumpiendo en la cocina por la puerta trasera completamente empapado, el aludido desvió su mirada hacia él y este continuo – Es la yegua…

El oji-azul no necesito más explicación para entender lo que pasaba, desde la noche anterior que estaban preocupados por el parto del animal, pero el veterinario se había visto impedido para ir a la hacienda por la lluvia. Esa mañana había constatado el estado en el que se encontraba y estaba seguro que si no daba signos beneficiosos su estado podría empeorar.

Ni siquiera se molesto en tomar la chaqueta y solo salio detrás del hombre, Sakura se acercó a la puerta seguida por Tomoyo, la primera miraba preocupada como ambos corrían apresuradamente hacia los establos.

- ¿Qué sucede? – preguntó media alarmada por el tono de nerviosismo que había utilizado el hombre.

- No lo se, pero no debe ser nada bueno.

Vieron al hombre dirigirse nuevamente a la mansión y al llegar a donde ellas se encontraban le pidió a la esmeralda…

- Llama al veterinario, dile que es urgente que venga… - Sakura asintió mientras salía del lugar con rumbo a la sala, donde estaba el teléfono mas cercano. A los pocos minutos apareció con semblante entre preocupado y desilusionado.

- No puede venir…

- ¿Qué sucede? – intervino Tomoyo antes que el hombre vociferara una maldición, este la miró interrogante, pero al ver la determinación expresada en sus ojos no se negó a explicarle.

- Ayer la yegua mas joven del rancho entro en trabajo de parto, pero aun no hay rastros del potrillo y todos sabemos aquí lo peligroso que es eso para el animal.

- ¿Tienen el equipo necesario para asistirla? – preguntó segura de sus palabras, estaba preparada para una situación así, no había tiempo para ponerse a pensar o dejar que el repentino miedo que aparecía la dominara.

- Si, pero… - la joven no lo dejo terminar y se dirigió al lavaplatos para lavarse con vehemencia las manos, necesitaba tenerlas lo mas limpias posibles – Espera, no pensaras…

- Albert – dijo Sakura haciendo que el hombre volteara hacia ella – Tranquilo, sabe lo que hace – se dirigió hacia Tomoyo y le tendió un paño limpio - ¿Necesitas algo mas?

- Sígueme – los tres salieron recorriendo el extenso terreno que separaba las construcciones, la amatista sentía una extraña sensación recorrerle el cuerpo, pero dejo de prestarle atención cuando entraron al establo, dos hombres que estaban frente a una pesebrera se voltearon al escuchar ruido proveniente de la entrada y miraron sorprendidos a Tomoyo saltar la puerta de madera que les llegaba a la altura de la cintura.

La yegua se encontraba echada en el piso limpio del cubículo, Eriol estaba arrodillado acariciando su cuello mientras intentaba calmar los relinchos de dolor y molestia que lanzaba el animal. Tomoyo se puso junto a él y comenzó a palpar el vientre con agilidad ante la sorprendida mirada zafiro.

- Esta en posición equivocada – se puso de pie y le pidió algunas cosas a los dos hombres que no conocía, los cuales obedecieron inmediatamente, mientras Eriol miraba interrogante a Albert, quien solamente atino a subir los hombros como signo de inocencia. Tomoyo volvió a su posición anterior cerca de las patas traseras y dijo dirigiéndose al oji-azul – Necesito tu apoyo, cuando te diga ayúdala a pujar y mantenla sujeta – él solo asintió en silencio, fascinado ante la voz de mando que emitía la mujer.

En menos tiempo del que se demoro en ponerse guantes, ya estaba haciendo un estupendo trabajo en equipo con Eriol, parecían estar sincronizados a la perfección, Tomoyo no necesitaba decirle lo que debía hacer, pues él ya lo estaba haciendo, y muy bien.

Había pasado cerca de una hora, la lluvia se escuchaba imparable a través del techo mientras la yegua mimaba con ternura a su cría y esta trataba, con varios intentos fallidos, ponerse de pie. Dos personas miraban satisfechos la escena, Eriol estaba emocionado y orgulloso de lo que había hecho Tomoyo, nunca había presenciado que una mujer actuara como ella y eso le provocaba algo difícil de describir, pero que solo lo hacia querer conocerla mas.

- Gracias – dijo luego de abandonar sus meditaciones, el animal que observaba tenia un especial valor para él y estaba feliz que no le hubiera pasado nada.

- Solo hice lo que debía, yo… - se detuvo cuando el aire pareció escapársele, la mirada zafiro estaba clavada en su figura y hasta ese momento no se había percatado lo cerca que se encontraban. Dio un paso hacia atrás y dijo con voz entrecortada – Creo que el resto lo debe hacer su veterinario habitual, ahora debo irme… Con permiso.

- No hay mucha diferencia – susurro el hombre cuando la amatista pasó junto a él, haciendo que esta se volteara y lo mirara interrogante, no entendía a que se refería. Eriol se dio media vuelta y nuevamente clavo sus penetrantes ojos en ella – Hablo de cómo te vi hace algunos días – señaló el cuerpo empapado y sonrió de lado al ver que el pálido rostro de la joven se teñía de carmesí ante su comentario.

Tomoyo no sabía si estaba sonrojada por la vergüenza o por la rabia que sentía. Había olvidado el impermeable en la cocina cuando había salido apresuradamente hacia las caballerizas y ahora la ropa se impregnaba a su figura como si de una segunda piel se tratara. Frunció el ceño en señal de enfado, pero no se atrevió a decir nada, ese hombre lograba cohibirla de una manera que no creía posible, estaba en desventaja y en terreno enemigo, debía salir de ahí lo antes posible.

- Puedes usar uno de los impermeables de ahí si lo deseas – escucho en su espalda cuando ya había retomado su curso, refiriéndose a un gancho que estaba junto a la entrada. Quería decirle que no, que no lo necesitaba, pero si no lo hacia podría enfermarse y hasta allí habrían llegado sus planes para sacar adelante el rancho de su madre. Lo tomó de mala gana y al ponerse pudo percibir el suave olor a colonia masculina que tenia impregnado, era la misma que poseía el hombre tras ella.

La vio abandonar el lugar con prisa, sabia que su comentario lograría exasperarla, pero no había podido controlarse al ver que se marchaba sin decirle nada. Esa mujer era interesante, mas de lo se atrevía a admitir. Había sido capaz de despertar una sed de curiosidad casi intoxicante que no le permitía dejar de pensar en ella.

- Tomoyo Daidouji… Veamos cuanto puedes estar escapando de mí.

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La lluvia por fin había acampado el día anterior y ahora solo se percibía un poco de humedad en el aire y frió en el ambiente. Los hombres de la hacienda Daidouji no habían podido descansar desde que un camión había dejado su carga junto a la casa esa mañana, todo debido a la idea de la nueva patrona.

- ¿Segura que podemos costear esto? – preguntó Shaoran cuando la vio llegar junto a la camioneta.

- Te aseguro que este gasto no ha salido de la hacienda, pero la ayudara enormemente – respondió con seguridad la mujer de cabellera oscura mirando la parte trasera del vehículo donde había una gran cantidad de madera, toda destinada a formar parte de la cerca de delimitaría el terreno.

- Si tú lo dices – se resigno el castaño, sabia casi mejor que nadie que no podría discutir con ella si tenia la idea metida en la cabeza – Dije que te apoyaría y así será.

- Sabia que podría confiar en ti – indicó emocionada y sonriendo. Observó el horizonte con cierta añoranza, pero se distrajo al posar su mirada en un grupo de al menos treinta niños, y a los trabajadores del rancho vecino, divertirse jugando un partido de fútbol en las cercanías de sus tierras – ¿Qué pasa con ellos?

- Son los niños de Hiiragizawa… - Respondió Shaoran fijando su mirada en el punto que Tomoyo señalaba.

- ¿No son demasiados niños para un hombre? – cuestiono dudosa. El castaño soltó una carcajada ante la inocencia de su amiga, pero se obligo a detenerse cuando vio la mirada de reproche que esta le dirigía.

- Lo siento… - se disculpo luego de calmarse – Los niños son de un orfanato, él los trae aquí una vez al año durante las vacaciones.

Los ojos amatistas brillaron con dulzura, ese hombre debía tener una gran corazón si hacia eso sin pedir nada a cambio, esos niños se veían realmente felices y llenos de energía, aunque no pudo evitar que una pregunta asaltara su mente ¿Dónde se encontraba cuando su yegua estaba dando a luz?... ¿Seria de esas personas que piensan en los animales solo como una manera de hacer dinero?

- Eso seria imperdonable… - murmuro como respuesta. Sacudió la cabeza para concentrarse en lo que debía y le dijo al joven que estaba a su lado - Es hora de trabajar… - Shaoran asintió, ambos tomaron sus respectivas herramientas y se alejaron hacia donde se ameritaba.

Llevaba media hora clavando cuando noto movimiento en el terreno al otro lado de la cerca. Vio por entre la madera un jeep rojo acercarse al lugar donde estaban los niños y de el bajo el hombre al que menos esperaba, Eriol.

Se veía igual de guapo como lo recordaba, no podía creer que no pudiera sacarlo de su cabeza por más que lo intentara…. ¿A que tipo de embrujo la tenia sometida? A uno muy poderoso, concluyó derrotada. Ningún hombre había provocado ese efecto antes en ella y eso la asustaba tanto como la emocionaba.

Uno de los hombres que estaba con los niños indico en su dirección y cuando él volteo trato inútilmente de esconderse tras las tablas frente a ella. Camino lentamente dirigiéndose al cercado, demorándose por lo menos cinco minutos en llegar. Cuando llego a su cometido Tomoyo lo observó de abajo hacia arriba, traía las manos en los bolsillos del jeans, la camisa remangada hasta los codos y la camiseta bajo esta contorneaba cada uno de los músculos de los que era portador.

- ¿Qué deseas? – Preguntó la joven poniéndose de pie. Tubo que dirigirle la mirada hacia arriba puesto que con suerte le llegaba al hombro.

- No puedes cercar el lugar sin autorización – alegó el oji-azul. Tenia la sensación de ver algo de burla en las acciones de la mujer, sin duda lo estaba retando silenciosamente.

- Adivina que… Ya esta hecho – sonrió con satisfacción ante él, suponiendo que se sentiría tan irritado como se había sentido ella en las dos ocasiones en las que la había dejado sin palabras. Al ver como lo trataban los otros trabajadores del rancho y su preocupación por la yegua, estaba casi segura que el ostentaba el cargo de capataz, puesto que en su caso, además de ella y su madre, los empleados solo respetaban las ordenes de Shaoran.

- Cada día me sorprende mas tu personalidad… – dijo excediendo las expectativas de las posibles respuestas que esperaba Tomoyo – Eres una mujer muy peculiar – su mirada zafiro pareció traspasar todas las barreras de la joven, ya que se sentía nuevamente frágil en su presencia.

Este hombre tenía esa capacidad, le robaba todas las palabras que pensaba decirle y se daba el lujo de mirarla como si de su presa se tratara. Era peligroso, por lo menos para su salud mental, pero no daría un paso atrás nuevamente, había jurado que no se volvería a reír de ella y por su madre que en ese mismo instante lo haría pagar.

Se puso de puntillas para inclinarse hacia el rostro masculino con la clara intención, al menos lo parecía, de besarlo, apoyándose con una mano en su hombro, sin embargo se detuvo a solo unos milímetros, sintiendo como la respiración de él se hacia pausada y silenciosa. Paso la lengua por el labio superior, rozando con este gesto los de Eriol. Ella tenia el control, por Kami, se sentía delicioso. Su mano comenzó a bajar lentamente por su abdomen, sintiendo cada uno de los músculos contraídos del hombre que caía sin opción alguna en sus redes.

- Esta partida es mía – aseguró a quemarropa, le proporcionó un suave y corto beso en la comisura de los labios cuando sus dedos se encontraron con el cinturón – Jaque… - miro hacia abajo antes de alejarse de él sonriendo abiertamente y satisfecha por lo sucedido.

Pestaño un par de veces antes de darse cuenta que esa mujer lo había manipulado por cortos minutos, realmente era impredecible, cuando pensaba que estaba bajo su control ella lo cambiaba todo. Notó con cierta molestia que aquel juego había tenido consecuencias incomodas para él, aunque bien merecían la pena, cada vez que la veía deseaba tenerla aun mas cerca… Y estaba claro que su cuerpo también.

Tomoyo llego rápidamente a la camioneta, donde trato de poner en orden sus ideas, eso había sido osado incluso para ella, si no se hubiera alejado en ese preciso momento seria ella la que necesitaría urgentemente una ducha fría. Estaba buscando con dedos temblorosos una caja de clavos cuando una voz le hablo por la espalda…

- ¿Qué se supone que haces? – giro sobre sus talones y se encontró con el rostro serio de Shaoran.

- No entiendo de que hablas – dijo con cierto tono de inocencia levantando los hombros.

- Tomoyo… No juegues con él – le recrimino ignorando el comentario anterior – Puede ser peligroso si se burlan en sus narices…

- ¿Que podría hacerme?... ¿Acusarme con mi madre? - sonrió alagada por la preocupación del castaño, indudablemente la veía como su hermana menor, pero ella ya no era una niña.

- No estoy bromeando – Tomoyo pareció no escucharlo, pues siguió con lo que estaba haciendo antes de que él apareciera – Hiiragizawa es un hombre que se debe respetar – ahora si tenia la atención de la joven, ya que había volteado violentamente ante lo que había escuchado.

- ¿Qué has dicho? – interrogó pasmada ante la inminente verdad.

- Que no debes jugar con Hiiragizawa – respondió medio exasperado Shaoran.

- No puede ser… - susurro fijando su mirada en el hombre junto a la cerca que no se había movido un milímetro de donde ella lo había dejado - ¿Él es Hiiragizawa?

- ¿No lo sabias? – ahora era él el que no entendía nada, pero no le fue permitido seguir preguntando porque la joven paso a su lado como alma que lleva el diablo hacia el hombre responsable de la conversación.

La vio caminar hacia él con paso acelerado, cuando llego a la cerca se sorprendió al verla temblar levemente, mantenía sus puños apretados a los costados de su cuerpo y el ceño fruncido.

- Enfadada también te vez hermosa… - comentó sonriendo.

- ¿Eres Hiiragizawa? – preguntó de frente y clavándole una mirada difícil de discernir.

Eriol se sorprendió por lo que Tomoyo había dicho y se alejo completamente de la realidad, dejándose llevar placenteramente por sus meditaciones. Observaba cada facción del rostro de la mujer y podía ver con claridad la confusión y desesperación marcada en los ojos amatistas, ella no estaba fingiendo, realmente desconocía que él era Hiiragizawa, el dueño de todo lo que se veía a sus espaldas. En ese momento, cuando solo existían ellos dos, apareció un pensamiento agradable y embriagador que lo hizo sonreír… Ella no sabia quien era cuando lo conoció y de todas maneras se había acercado y mostrado un interés verdadero, por él… No por el dinero que tenia en el bolsillo.

...Continuara….


"Si no recuerdas la mas ligera locura en que el amor te hizo caer, es por que no haz amado" William Shakespeare.

Gracias por leer… Espero que les haya gustado este capitulo…

Nos vemos en el siguiente, que espero no sea en mucho tiempo… ya saben, cualquier duda solo pregunten que yo gustosa contestare.

Cuídense mucho y pórtense bien n.n

Se despide… Lirio Negro.