Capítulo 2: ¿Celos?
Bueno, como les estaba contando, desde que la inusual pareja abandono la habitación los segundos se volvieron minutos y los minutos horas… y la teniente no volvía a su lado.
Sobra decir que aquello no le hacía ni pizca de gracia al coronel…
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¿Dónde estaban? ¿De qué conversaban? ¿Qué demonios se proponía ese sujeto con su leal mano derecha?
Hace aproximadamente 5 horas atrás la rubia había salido del despacho con ese fulano del brazo prometiendo volver para ponerse al día en los deberes que ella sabía tenía con él.
Y hasta el momento ni sombra de ella.
Ya tenía el cuello adolorido de tanto mirar la puerta para después girar a la ventana con esperanzas de verla.
¿Sería buena idea reportar su desaparición como una falta en sus funciones?
Conociendo a la joven teniente… no, no lo sería… si quería vivir para contarlo.
Pero ella debía de ser consciente que su deber era estar a su lado. A-su-lado. Pero no, la señorita decide justo hoy desaparecer con ese fulano.
¿Qué que tenia de importante el día de hoy? Al diablo. Qué importancia tiene. El punto es que ella decidió cambiarlo para irse con otra persona.
Sólo se quedaron con él los impertinentes de sus subordinados a los cuales tuvo que despachar casi a patadas porque no entendían por las buenas que él estaba perfectamente y no necesitaba de la ayuda de nadie. ¡Por un demonio que estaba perfectamente!
Y su querido amigo Maes tampoco ayudaba mucho al interrumpir cada dos por tres en su despacho para hablarle de: 1. su querida hija Elysia y de lo grande que estaba cada día y cuan orgulloso estaba de su pequeña princesa. Y 2. (Y esto era lo que más irritado lo tenía) de lo maravilloso que fue ver a la teniente del brazo de un hombre. Lo cual, a su parecer, es lo que toda mujer quiere, el tener un hombre a su lado.
A veces se preguntaba porque sugirió utilizar la mitad de la última piedra filosofal y traerlo de vuelta a la vida. Aquello había sido un error el cual estaba pagando con creses.
A la mierda, si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.
Dejando de lado los pendientes de ese día (los cuales no estaban hechos) se dispuso a buscar a ese irritante par.
- ¡Roy! – Hughes se le acerco corriendo hasta quedar a su lado - ¿Ya estás más calmado? Casi me decapitas con ese libro que me arrojaste la última vez que entre a tu despacho, deberías hacer yoga amigo. Estas muy estresado últimamente. No es bueno tirar cosas a tus amigos, es de mala educación.
- ¡Piérdete Maes! –su paciencia estaba por acabarse, y cierto oficial pagaría los platos rotos.
- Eres un pésimo amigo, Roy. Yo sólo me preocupo por ti, y así me pagas. –se llevó las manos a los ojos de manera dramática.
- Sí no tienes nada importante que decirme…
- Claro que es algo importante. –se cruzó de brazos, indignado.
- Dime. –suspiro derrotado.
- ¡Te invito a almorzar! –sonrió alegre. Roy casi se cae de espaldas –te he visto tan estresado que necesitas desahogarte, y que mejor que yo para ayudarte.
- Maes… -gruño.
- Vamos, vamos coronel. El almuerzo es una comida muy importante, y todos necesitamos un tiempo de descanso. ¡Hoy están sirviendo el especial en la cafetería!
- Ahora no tengo tiempo. Estoy…
- La teniente Hawkeye y el mayor Sawyer también están almorzando allí. –comento sugerente.
- ¡Démonos prisa o se acabara el especial!
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- Y entonces le dije a Elysia muy seriamente: claro que podrás tener novio, a los 30 nos presentaras al primero. Mi pequeña parecía feliz, pero por alguna razón, Gracia no estuvo de acuerdo conmigo.
Maes miró a su amigo esperando que le aclarara su confusión, pero el alquimista de fuego estaba demasiado ocupado fingiendo que comía mientras miraba a las personas que se encontraban 2 mesas más adelante.
- ¿Qué tanto le dirá ese creído que no deja de hablar? ¿Y por qué lo hace tan cerca?
- ¡No me estas prestando atención! –se quejó con dramatismo.
- ¿Ah? Sí, sí Maes. Elysia será una buena esposa.
- ¡¿Qué?! ¡Mi pequeña aun es una bebé para eso!
Al mismo tiempo que Hughes protestaba por la falta sensibilidad de su amigo, este veía como Riza se llevaba la mano a la boca para contener lo que parecía una carcajada. Aquello lo desencajo más, ¿desde cuándo ella se reía con tanta libertad por las palabras dichas por alguien? Y sobre todo ¿por las de un farsante? Porque eso era él, un farsante adulador de quinta invasor de espacios personales. ¡¿Cuánto más se le acercaría?!
- ¡¿Y encima le acomoda el pelo?! ¿Cómo se atreve?
- Roy, habla más fuerte para que así te escuche todo Amestris.
- ¿Los has visto, Maes? ¿Crees que es normal?
- No, no lo es. Como tampoco es verte a ti tan verde de celos.
¿Celos?
¿Celos?
¿Celos?
- ¡No estoy celoso! – gritó.
- Oh, claro que no. El instinto homicida que emana de ti se debe al almuerzo –dijo con mofa.
- ¡Que no son celos!
- ¿Quién está celoso? –pregunto el oficial Breda depositando su bandeja de almuerzo en la mesa y tomando lugar en ella.
- Roy –respondió Maes.
- ¡Oh! Entonces ¿era por eso que ha estado más amargado todo el día? –pregunto Havoc llegando junto con Falman, quienes también tomaron asiento.
- Entiendan que no…
- Coronel, debió empezar por ahí. –Le reprocho Fuery - ¿es por la teniente?
- ¿Ustedes también? –pregunto anonadado.
- Bueno, es entendible que después de pasar tanto tiempo creyéndose irremplazable, para que después vengan y ¡zas! Te desplacen. Irrita a cualquiera. –opino Falman.
- Y al coronel que no le gusta perder…
- Le sentó como una patada en el mero ego.
- Es por eso ha estado quisquilloso todo este tiempo.
- Ha estado peor que una mujer con el periodo.
- Parece que le está llegando la menopausia.
El aura del alquimista de fuego no podía ser más negra. Aquello era de lo más bizarro. Eh allí los hombres que se suponen le deben respeto, burlándose a sus narices ¿Desde cuándo había perdido su orgullo ante sus subordinados?
Todo aquello se debía a ese pelafustán que estaba unos metros delante de él. Desde que el apareció su día se había vuelto un tormento, debía ser algo porque se estaba volviendo más odioso que un dolor de muelas. Pero lo más importante, estaba monopolizando de manera tan descarada a su teniente. Y el resto de los demás, como si nada.
Debía de actuar. Se puso de pie y sin decir más abandono la cafetería ante la mirada de los demás comensales.
Ellos se burlaban, pero no veían el problema que tenían, pero él sí.
Su teniente, una de sus camaradas, estaba siendo embaucada y él no lo permitiría, porque él debía cuidar a sus camaradas de oficio, y eso era lo que tenía que hacer con la rubia de las armas. Protegerla.
Se lo había prometido a su maestro, padre de la joven antes de morir.
La protegería de todo mal y con su vida si fuera necesario.
Porque ella era como su hermana menor. Nada más.
El no sentía celos, no señor.
¿O sí?
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¿Y? ¿Qué más sucedió? ¡No nos pensara dejar así!
¡Silencio ineptos, que la historia aún no termina! Pero la autora me ha pedido un corte hasta aquí. ¡Más le vale que sea rápido!
Volví, como prometí con la continuación de este fic. y bueno, debo comunicar lo siguiente... antes de que nuestra narradora me mate XD
Debido a petición, he decidido extender un poco más está historia. La cual tenia intención de ser solo un two-shot. Pero segun las palabras de Vivi en un review, tiene más potencial que para ser un simple Two-shot. Gracias por tus palabras, linda :')
Así que extendere un poco más la historia, y como ven este fue uno de ellos, tuve que editarlo de nuevo. Espero no haberlos decepcionado.
Si les gusto, haganmelo saber... y sino... también XD
A proposito, ¿tienen alguna idea de quien puede ser la narradora?
Saludos y hasta la proxima,
Rossy :)
