Buscando a "Anna"
Si las miradas pudieran matar, Hao Asakura ya estaría enterrado tres metros bajo tierra.
Su hermano lo miraba entre enojado y desesperado, no entendía como podía estar tan tranquilo cuando él estaba hecho un manojo de nervios.
-¿Acaso no me escuchaste? –Yoh demandaba atención -¡Necesito una novia!
Hao despego su mirada de su blackberry y la concentró en su hermano.
-Eso no es nuevo.
Yoh frunció el seño.
Había quedado de almorzar con su hermano en Nobu, un lindo restaurante en Tokio, para que le diera un consejo. Algo que pudiera sacarlo del hoyo donde se había metido, lástima que su vida no le interesaba mucho a Hao.
-¡Hao! – exclamó Yoh.
No era momento para hacer bromas.
-Es la verdad. –Una sonrisa burlona apareció en su rostro. –Pero dime, ¿Por qué tanta urgencia?
Yoh pego su frente a la mesa. –Mamá.
-Te volvió a presionar. –conjeturo él con tono filosófico.
El sollozo de Yoh solo lo divirtió más.
-¡Fue horrible! Esta vez fue tan insistente que no lo pude soportar. Toque fondo, Hao. Y ahora tengo que encontrar a una pareja para tu boda.
-Relájate, todavía te queda tiempo. La boda será casi dentro de un mes.
El comentario optimista de Hao lo molestó aun más.
-¡No! –Exclamó- No entiendes ¿cierto? Debo presentártela a ti, a Jeanne, a toda la familia en la cena del domingo. Y, además, invitarla a la boda.
Volvió a sollozar. Estaba desesperado, el día anterior no había dormido en toda la noche por andar pensando en una solución a su problema. Lo único que se le había ocurrido era recurrir a Hao. Sí, no fue su más brillante plan.
-Vaya. Si que estas jodido, hermanito. –Comentó Hao inspeccionando el menú del restaurante sin que le importara un pepino los problemas existenciales de su gemelo.
Yoh tuvo que abstenerse de golpearlo ahí mismo.
Una vez que Hao se decidió por un plato, cerró su menú y su hermano volvió a adquirir importancia.
-Tranquilo – volvió a decir –Eres mi gemelo, dudo mucho que las chicas se rehúsen a salir contigo.
Yoh quedó boquiabierto ¿Estaba hablando en serio? ¿Qué clase de hermano tenía? En este momento lo menos que necesitaba eran falsas esperanzas y ridículos consuelos. Necesitaba una persona que lo apoyara, que tuviera un consejo. Solo uno, no pedía más, con un mínimo de interés se conformaba.
-No, Hao. El punto es que no quiero ir de puerta en puerta en busca de una Anna Kyoyama.
-¿Cómo dijiste que se llamaba?
-Anna Kyoyama – repitió.
Hao parecía recordar algo.
-Me suena.
Yoh sonrió.
-¿Tu también? Bueno creo que es el mismo kanji del monte Ozore.
-Ah. – asintió ligeramente con la cabeza. -¿Y el nombre?
-Lo saqué de una tenista.
Hao le lanzó una mirada de incomprensión.
-¿Cómo? ¿Tu chica ideal es tenista?
-No, no. El molde es una tenista. – le aclaró.
-¿Y quién es?
Suspiró. Quería evitarse la parte vergonzosa de la historia, pero era imposible.
-Anna Kournikova.
La risa de Hao hizo que algunos comensales se girarán a verlos.
-¡Quéee! ¿El molde de tu chica es Anna sexy Kournikova? –preguntó aun sin creérselo.
-Cállate. Era lo que tenía a la mano –dijo refiriéndose a la revista. –Todo comenzó cuando ella habló sobre mi posible homosexualidad –la risa de su hermano lo volvió a interrumpir. –Después le aclaré que no era así, que me gustaban las mujeres. Eso nos regresó al punto principal: encontrarme una pareja para la boda. Estaba desesperado y esa revista salvo mi mano, ¡por poco me la arranca! Tuve que decirle que estaba saliendo con alguien, no tenía otra opción.
-¿Revista?
-Sí, mientras Jeanne se probaba el vestido yo encontré una revista de chismes, no había nada mejor que hacer. Ahí hablaban sobre la relación de Anna Kournikova con Enrique Iglesias. Cuando mi madre me preguntó por el nombre de "mi novia" no tuve más opción que utilizar ese. ¿Qué te parece?
La expresión que mostraba la cara de Hao era una bastante divertida. Era obvio que todo esto le resultaba muy gracioso; era de esperarse. Sin embrago, muy a pesar de su ancha sonrisa, sí demostró un poco de compasión por Yoh.
-Creo que es lo más extraño que te ha pasado. De verdad estás jodido. –opinó.
Yoh exhaló cansado.
-Lo sé, créeme que lo sé.
El menor de los gemelos llamó a la mesera del lugar para pedir un shot de tequila, era lo que necesitaba para ahogar sus penas. No obstante, la chica al tomar el pedido le lanzó una mirada de desaprobación.
-Son las once de la mañana, señor. –Había dicho.
La respuesta de Yoh fue una mirada cargada de un odio cegador. ¡Le había llamado alcohólico! No pronunció nada porqué estaba seguro que una serie de reproches saldrían de su boca, así que mejor se las trago.
-Que sean dos, por favor, señorita. Almorzaremos temprano y necesitamos de dicho elemento para celebrar. –Intervino Hao de forma educada. –Voy a casarme –Anunció con galantería.
La chica se sintió suavizada por ambos factores: la noticia y el encanto de Hao.
-Es usted muy afortunado, pero apuesto a que la novia lo es aún más. –sonrió la mesera gentilmente.
-Tiene razón, soy un chico con suerte. – dijo Hao entregándole el menú. – ¿Podría, entonces, hacernos el favor de traer su mejor tequila? –
La chica sonrió, termino de tomar la orden y corrió a la cocina para regresar lo antes posible con los platos con comida y un el mejor tequila del lugar.
Yoh siempre se sorprendía por la manera en que Hao manejaba a las mujeres. Era como un animal cazando, primero las observaba tranquilamente y después las atacaba en su lado flaco, no entendía cómo es que la gran mayoría caía en sus redes. Ese siempre era su haz bajo la manga cuando se metía en problemas, Hao sabía cómo chantajear emocionalmente a su madre, en cambio a Yoh se le hacía sumamente difícil, poco a poco aprendió una que otra artimaña de su hermano, aunque a comparación de él, lo de Hao era de nacimiento.
-¡Salud! – brindamos y en seguida bebimos el alcohol.
Sentí como quemaba mi garganta, pero eso era poco comparado con el sufrimiento que experimentaría con todo este asunto de la boda.
-¿Y qué otra cosa te preguntó mamá? Dudo mucho que solo le bastara el nombre.
Asentí y solté el enésimo suspiro del día.
-Me pregunto cómo era…físicamente.
-¿Y qué le respondiste?
Me encogí de hombros.
-Volví a ponerme nervioso, así que le describí un par de características físicas.
-Tomando como ejemplo a Kournikova – dedujo Hao.
-Asi es. –comí un poco de mi sushi.
Hao también comió un poco de su plato, termino su bocado y se limpió la comisura de sus labios.
-¿Y exactamente en donde pretendes hallar a una despampanante rubia, que no sea vegetariana, antes del domingo?
Comí otro bocado y me encogí de hombros.
-Sinceramente, no tengo la menor idea. –Tapé mi rostro con mis manos en señal de frustración–Creo que le pagare a una desconocida para que pretenda ser Anna Kyoyama y vaya conmigo a la cena y a tu boda.
Hao peló los ojos como niño chicquito.
-¿Te refieres a una prostitu…?
Me abalance sobre él impidiendo que terminara la frase.
-¡Claro que no! ¡¿Cuál es tu problema?- le grite y volví a mi lugar.
Hao se atraganto con un poco de su comida y tuvo que pedir un poco de agua para evitar que le diera hipo. Se tranquilizo y volvió a mirarme.
-Lo siento, creí que a eso te referías.
-No estoy tan desesperado. – espeté de mal humor.
-Hey tranquilo, tranquilo. Fue mi error. –dijo y volvió a tomar agua. –Entonces, ¿dónde pretendes encontrar a una chica que acepte dinero para ser tu pareja, pero que no se dedique a la vida galante?
-Creí que a ti se te ocurriría alguna idea. –dije comiendo un poco.
-Por eso necesitabas verme urgentemente ¿no es cierto?
Sonreí un poco avergonzado.
-Confió en tu don con las mujeres. – y era cierto, si alguien podía convencer a una persona del sexo femenino para que me acompañara en esta locura, ese era Hao.
Él sonrió halagado.
-Y no hay mejor lugar para encontrar a una linda chica que en Nobu. Debes de darte un poco de crédito Yoh, lo pensaste bien.
Le agradecí con apocamiento y comencé a detallarle mi plan. Una vez hube finalizado, me erguí sobre el asiento.
-Ahora solo necesito a la perfecta Anna Kyoyama – afirme mirando a mi alrededor. Hombres, viejos, parejas, niños; pero ninguna Anna Kyoyama posible.
Esperamos unos cuantos minutos más hasta que la vi. Era perfecta: alta, rubia y de aspecto saludable. No parecía una persona de escasos recursos ni tampoco una millonaria excéntrica, sino una mujer enfocada en su trabajo. Creo que sus ojos eran un tono castaño oscuro pero no importaba, podían pasar por negros. Se la señale con discreción a Hao, quien volvió el rostro sin levantar sospechas.
-Vaya, eso fue rápido. –acordó.
-Y lo mejor es que viene sola. –observé.
La joven se sentó en una mesa para dos comensales, unas cinco mesas más allá de la nuestra. Colocó su saco en el respaldar de la silla y noté que era delgada. ¡Perfecto! Se ajustaba a mi descripción. Ahora únicamente debía corroborar que fuera soltera, pro carne y lo suficientemente interesada para aceptar mi dinero de forma fácil y rápida.
Me levanté para presentármele, pero Hao me lo impidió.
-Espera cinco minutos y luego vas. – me dijo.
-¿Pero y si se marcha?
No podía darme ese lujo, tenía que aprovecha mi oportunidad.
-No lo hará, está pidiendo un plato. –Aseguró, mire a donde estaba ella y en efecto, estaba charlando con uno de los meseros del lugar. –Cinco minutos, y luego le preguntas si la silla está desocupada.
Lo mire sin estar completamente convencido.
-¿Crees que estará bien? ¿No le parecerá extraño que vaya por una silla?
Él sonrió.
-Es solo una excusa para que se fije en ti.
Lo miré y me senté. No teníamos remedio.
Tres, dos, uno. Exactamente cinco minutos pasaron y nadie se sentó con mi Anna Kyoyama; llegó la hora de entrar en acción. Me tomé un segundo shot de tequila para espantar los nervios, pero me arrepentí al instante, tal vez ella detectaría el olor a alcohol en mí y me diría que soy un borracho impertinente. Avancé hasta su mesa y me detuve en la silla que estaba desocupada.
«Anna» permaneció con la vista baja, leyendo minuciosamente la Vouge de este mes. Creo que me sonroje. No podía preguntarle nada, se vería muy descortés de mi parte. Miré a Hao y él me animó con una sonrisa y su pulgar arriba. Inhalé profundo y me preparé para utilizar mis encantos, por si los necesitaba.
-Disculpe- Anuncie mi presencia después de aclara un poco mi garganta. «Anna» me miró con una ceja levantada -¿Está ocupada esta silla? – me apresuré a preguntarle privándola de cualquier oportunidad para hablar.
Ella se quedó contemplándome fijamente con el seño ligeramente fruncido.
-No, señor. Permítame quitar mi…
-¡No! No se preocupe. –la interrumpí y me senté de inmediato en la silla.
Sentía mi cara arder. «Anna» me miraba con una expresión entre enojada y sorprendida.
-Buenos días, señorita. Mi nombre es Yoh Asakura. Puede llamarme Yoh, si gusta…Necesito un inmenso favor suyo. Le agradecería que me escuchara.
«Anna» pestaño un par de veces.
-¿Qué ocurre, señor Asakura? – preguntó.
-Yoh. Llámeme Yoh por favor. Voy a pedirle que, por favor, realice un trato conmigo. ¿Ve a mi hermano que está allá? –abordé de sopetón, señalando la mesa en la que hace unos segundos me encontraba con Hao. «Anna» se volvió, topándose con el encantador rostro de mi gemelo que le sonreía y saludaba con una palma al aire–. Dentro de unas semanas se casará y necesito que por favor, por favor, por favor, me acompañe a la boda.
La aludida me miró sin expresión identificable alguna. Estaba reclinada sobre el espaldar de la silla con las piernas cruzadas y puedo decir que tenía unas bonitas pantorrillas.
–Felicitaciones a la pareja –dijo–. Pero yo no los conozco. ¿Por qué habrían de invitarme?
Exhalé aire con solemnidad.
–Escuche, por ahora no puedo darle detalles, pero necesito que usted asista a la boda como mi pareja. Créame, he buscado de cabo a rabo a alguien con quien asistir y ninguna cumplía con los requisitos presentes en usted.
La joven frunció el entrecejo.
-¿Cómo?
Oh, esto iba a ser más difícil de lo que imaginaba. No tenía escapatoria alguna. Necesitaba, primero, ganarme la confianza de «Anna» para luego entrar en acuerdo con ella. Sin muchos ánimos empecé a contarle la historia de mi vida, con pocas pausas y expresiones concretas.
Al cabo de un minuto:
–¿Lo ve? Es por eso que lo necesito a usted y solamente a usted como compañera.
«Anna» seguía seria. Me miraba fijamente y yo comencé a sudar frio.
-Déjeme ver si entendí. –cruzó sus brazos y continuo analizándome. –Usted quiere que yo finja ser su pareja para la boda de su gemelo, porque su madre lo está prácticamente obligando a ir con alguien.
Solté una risita nerviosa. Al parecer no le había agradado mucho mi plan.
-Así es.
Ella continuó examinándome y al cabo de unos segundos soltó un suspiro de resignación y me miro ahora con un poco de lástima.
-Tal vez puedo intentarlo. –Juraría que escuche un coro de ángeles cuando ella terminó su frase. -¿Qué debo hacer?
–Nada. Sólo necesita asistir a la cena del domingo. La presentaré a mis padres y amigos como mi pareja. Luego regresará a casa y no sabrá más de mí, sino hasta el día de la boda. Técnicamente nos veremos dos veces –indiqué, omitiendo deliberadamente la ceremonia del matrimonio civil: más tarde me inventaría una excusa que explicara su falta–. Estoy dispuesto a recompensar su ayuda. No sabe la cantidad de problemas que me ahorraría usted al presenciarse como mi… novia.
Pronuncié la última palabra vacilante, pero ella sonrió ligeramente al escucharla.
–Tal vez no sea tan difícil acompañarlo, Yoh. Y si le hace sentirse cómodo el recompensarme, aceptaré la oferta. Sin embargo, ¿cree que realmente los convenceremos? Es decir, únicamente me verán dos días. ¿Qué clase de novios, pretendemos ser, si solo nos vemos un par de días?
Le regalé otra sonrisa. Al parecer ya le había encontrado el lado divertido a esta situación, pero aquello no era de su incumbencia. Se lo puse en claro con cortesía para, al punto, tocar el asunto monetario.
–Le pagaré 70.000 yenes en total. Quince hoy, los siguientes veinticinco el domingo y los restantes treinta el día de la boda. Entienda que no puedo arriesgarme a darle todo y que falte –me justifiqué.
–Comprendo, comprendo señor… –se corrigió rápidamente– Yoh. Aunque no le aseguro convicción alguna. Por lo que me cuenta: su madre es bastante perspicaz.
–No se preocupe, aún si queda como fraude le entregaré el dinero –aclaré–: Cumplo mis promesas.
Ella me sonrió tomando un sorbo de su copa de vino tinto.
–No sólo es eso. No quiero recibir dinero por un mal trabajo. No es propio mío… No sabría luego cómo disfrutarlo –me confesó.
Y tenía razón; en varios puntos. «Anna» parecía dispuesta a aceptar el trato, pero yo también debía de asegurarme que mi dinero recompensara una labor bien hecha. Cavilé la situación por treinta segundos. Mi madre no se convencería si yo trataba a mi supuesta pareja con exagerado respeto. Debía de vernos en plan romántico, repartiéndonos besos… mínimo caricias.
–Le tengo una propuesta, señorita… –me detuve. ¡No conocía su nombre!
–Nakamura, Akira Nakamura. Llámeme por mi nombre de pila.
–Bien, Akira. Yo y mi hermano seremos los anfitriones de la cena. Apenas llegue usted a la casa le pediré que se dirija al ropero… Es la puerta al fondo de las escaleras, no la del frente, esa es la del baño de visitas, sino la del fondo –le expliqué.
Aquellas dos puertas originaban grandes confusiones. Por alguna extraña razón toda persona que deseaba ir al baño (puerta del frente) entraba, sin falta, al ropero (puerta del fondo). No quería que Akira hiciera la operación inversa
–Espéreme allí dentro, yo me encontraré con usted y…
Me quedé mudo.
–¿Y qué? –me preguntó Akira, un poco interesada.
Sentí la sangre inyectarse en mis pómulos. Me rasque una mejilla, un poco nervioso.
–Y-yo… Usted y yo… D-debemos besarnos, señorita… Y que nos encuentren infraganti. De esa manera creerán nuestra jugarreta.
Me daba mucha pena anunciarle eso, pero debíamos demostrar lo que aparentaríamos ser. Cuando por fin alcé la mirada mi compañera se hallaba con el seño ligeramente fruncido, era una extraña mezcla entre la incomodidad y la vergüenza.
Negó con la cabeza pero pude ver una ligera sonrisa en su boca.
–¿Está seguro que esa es la manera indicada, Yoh? –inquirió.
–Segurísimo: si nos encuentran en un acto de pasión, no tendremos por qué mostrar afecto el resto de la cena. Todos lo entenderán como si nos hubiéramos avergonzado y no notarán la repentina falta de cariño entre los dos. Creerán que fue decisión nuestra mantenernos prudentes.
Ella le dio otro sorbo a su copa de vino rojo.
–Tiene algo de lógica –comentó–. Pero tendría que estar loca para aceptarlo…
¡Ay, no! La miré preocupado.
–No obstante –prosiguió–, fue usted quien lo propuso. Y estoy dispuesta a ayudarlo para ganarme como es debido los 70.000 yenes.
Le sonreí y me incorporé sobre el asiento, orgulloso de mi perseverancia y deseoso por –¡finalmente!– poder quitarme de encima los vigilantes ojos de mi madre.
–Le pediré a Hao que se encargue de descubrirnos. La reunión empezará a las siete –anuncié–. Cuando llegue, introdúzcase súbitamente al ropero. Recuerde: puerta del fondo. De todos modos, yo estaré allí para darle indicaciones.
–No hay problema –me dijo.
–Oh, y otra cosa: su nombre es Anna Kyoyama y actualmente vive en Inglaterra –apresuré a agregar.
–Mmm, Anna Kyoyama –musitó ella.
Hice un mohín.
–¿Le suena familiar?
Ella ladeó el rostro.
–No. Creo que no… Pero tiene usted mucha suerte: he estado en Inglaterra.
Sonreí de oreja a oreja
–¡Perfecto! Tiene asegurado un tema de conversación, Akira.
–De acuerdo –me respondió.
Luego, la pregunta definitiva:
–¿Es usted vegetariana?
Han sentido alguna vez como si todo el mundo estuviera sincronizado con ustedes, ¿sí? Bueno eso es lo que sintió Yoh cuando su futura Anna le respondió con una negativa. Él, regodeándose en su suerte, le entregó los 15.000 yenes acordados poniendo en marcha el plan.
Los siguientes días, Yoh y los demás Asakura, se dedicaron a preparar todo para la infame cena. Durante el trascurso Yoh había sido reasignado a "damo de honor" debido a la enorme carga que significaba la planeación entera de la boda siendo, únicamente, la encargada Jeanne.
Ella le aseguró que solo sería por un par de días, mientras llegaba la verdadera dama de honor. Yoh aceptó sin problema alguno, al fin y al cabo solo serían un par de días, ¿no? ¿Qué tan difícil podría ser?
La tarde siguiente Yoh estuvo a punto de tirarse desde la azotea de su casa. El trabajo como "damo de honor" era demasiado agotador. Debía acompañar a Jeanne a todos lados, que si los zapatos, que los vestidos del cortejo, que los recuerdos, que las luces, que la música...y un largo etcétera.
-¿Cuáles te gustan más? – Preguntó Jeanne mostrándole dos pares de zapatos -¿Estos…-subió un par un poco-…o estos?- subió el segundo par.
Yoh los analizo detenidamente. Para él ambos pares de zapatos eran idénticos. No entendía por qué Jeanne se preocupaba tanto por un simple calzado cuando ninguno de los invitados se iba a fijar en ellos ¡El vestido los taparía!
-Creo que…-se rascó la cabeza-…estos.
Señalo un par y observó la expresión de Jeanne. Esperaba no haberse equivocado.
-Tienes razón, su tono es más parecido al del vestido. Como «Zuppa Inglese» pero un poco más claro.
Yoh rió un poco incrédulo. Para él ambos zapatos eran blancos, no había otro tono, ni nada diferente. Recordaba como Jeanne intentó –inútilmente- explicarle que había diferentes tonalidades en los colores. Si veía un amarillo, eso era lo que veía: amarillo. Y las variaciones se limitaban a claro y oscuro. Sin embargo, la paciente y perfecta Jeanne le explicaba que no, que así no era. Que existen diferentes gamas de amarillo, y que el color rubio era harina de otro costal.
Para hacerse entender mejor le inventó un nombre casual a los diferentes tonos de amarillo. Así pues, Yoh aprendió a diferenciar el «Amarillo Sol» del «Amarillo Arena de Playa»; y así sucesivamente con el «Amarillo Señal de Tránsito»; «Amarillo Mostaza» y «Amarillo Mostaza Dulce», que –créanlo o no– era diferente al anterior.
La misma táctica fue utilizada con el azul, el rojo, el morado, etcétera, etcétera…
-Me alegra mucho que me acompañaras. – le dijo su cuñada pellizcándole ligeramente la mejilla.
-No hay problema.
Después de otra media hora, al fin salieron de aquella dichosa tienda. Los pies le pesaban, sus dedos estaban entumidos por andar cargando las bolsas de las compras y su estomago gruñía. Lo único que quería era llegar a su casa cuanto antes. Abrió la cajuela del auto y metió todas las cosas ahí, para en seguida, abrirle la puerta a Jeanne y marcharse inmediatamente de ahí. No soportaría un minutos más en esa infernal plaza.
Cuando llegaron a su casa lo único que hizo fue aventarse en el sillón cerrar los ojos.
-¿Cuántas veces te he dicho que no te avientes así en los sillones? – la voz de su madre zumbo en sus oídos.
Acto consecutivo, Keiko se apareció con la cara rociada de polvo blanco de harina. Vestía un delantal adornado con manchas grasientas de mantequilla. El cabello lo traía cubierto por un pañuelo blanco y con un brazo sostenía un recipiente de plástico, cuya mezcla espesa batía con la otra mano usando una cuchara de madera.
-Perdón, má. Es que estoy muy cansado. –se giró a verla y alzó su tronco para acercarse un poco. -¿Qué haces?
–Estoy practicando una nueva receta de postre –expresó, emocionada–. Se llama babà y es típica napolitana. Hao me dijo que a ti te encantaba ¿verdad Jeanne?
-Por supuesto, Keiko. Aunque no te hubieras molestado, yo soy feliz con tus emparedados. – respondió Jeanne con una sonrisa.
–Tonterías, querida. La cena del domingo será una ocasión muy especial –Keiko miró a Yoh y sonrió–. Conoceremos a alguien nuevo–añadió.
Tomó un poco de la mezcla con la cuchara de madera y le ordenó a su hijo que probara. Yoh se embadurnó la punta del índice con líquido espeso dulce antes de llevársela a la boca.
–¡Mmm! Está sabroso, mamá –se estremeció–. Tiene el toque perfecto de alcohol.
–Es ron –aclaró la interpelada–. Puedo agregarle más leche si está muy fuerte.
–¡No! Está perfecto. Me gusta –aseguró su hijo, tomando un poco más de la mezcla.
-Deja que Jeanne pruebe también.
Jeanne repitió la movida y lo saboreo.
-Perfecto.
-¿Qué es perfecto?
Los tres voltearon a ver a la persona que había llegado. Era Hao.
-Entonces ¿Qué es perfecto? –Hao avanzo hasta donde estaba Jeanne y paso un brazo sobre sus hombros.
-El postre de tu madre. –le respondió Jeanne y rodeo su cintura.
-Hmm, a ver mamá. Yo quiero probarlo.
Tomó un poco de la mezcla con su dedo y en un movimiento lento lo colocó sobre los labios de su novia para enseguida quitarlo con un beso.
-Tienes razón. Perfecto. –dijo juntando su frente con la de ella.
Su madre no dijo nada y mejor se dio media vuelta para regresar a la cocina mientras que su hermano rodó los ojos.
-Búsquense un cuarto. – dijo Yoh.
Hao se separo de Jeanne y sonrió.
-Creí que tu nueva novia te pondría de buen humor.
Yoh tragó en seco y le mando una mirada de odio a su hermano.
-Cállate.
Jeanne solo sonrió y camino hacia la cocina.
-Creo que mejor ayudaré a tu madre. – le dio un corto beso en los labios y salió de la habitación.
Ambos se desplomaron de nuevo en el sillón. Prendieron la televisión y se relajaron. Como Yoh tenía el control era el que le estaba cambiando para buscar algo que valiera la pena ver, pero de 600 canales ninguno parecía ni un poco interesante. Se detuvo en uno donde pasaban videos musicales.
-¿Estás listo para la cena de mañana?- preguntó Hao.
Yoh se encogió de hombros.
–Eso creo.
-¿Hablaste de nuevo con la chica del restaurante?
-Sí, tengo su teléfono. Ayer en la tarde le di la dirección de la casa y le volví a explicar el plan.
–¿Le aclaraste que es la puerta del fondo, no la del frente? Todos se equivocan y entran al ropero en vez de al baño. No sea que ella ejecute la acción al revés.
–Sí, sí. Le expliqué todo y pareció entender. ¿Tú también sabes qué tienes que hacer? –preguntó de inmediato.
Hao sonrió con burla y le quito el control de un manotazo, para en seguida cambiarle de canal.
-Claro. Cuando entres al ropera esperaré un poco para empezar a preguntar por ti. Convenceré a mamá de que me ayude a buscar, la llevaré al ropero y una vez ahí ¡sorpresa, sorpresa! Te atrapamos con las manos en la masa.
-Estás bastante emocionado ¿no crees?
Hao rió. –Te mentiría si te digo que no. Quiero ver cómo reaccionan los abuelos cuando te vean en plena acción.
Yoh sintió un escalofrió recorrer su cuerpo por completo. Se había olvidado de los abuelos, ahora temía por la seguridad de su falsa novia. Conociendo a la abuela, ella haría todo lo posible por incomodar a la nueva pareja con su interrogatorio tipo CIA. Incluso los tortolos (Jeanne y Hao) habían quedado mal parados ante ella, esa mujer era implacable, de hecho tal vez ella era la culpable de que él no tuviera novia. Las pocas novias que le había presentado se habían reusado a volver a salir con él después del dichoso interrogatorio.
Las escasas esperanzas que aún conservaba se esfumaron de un segundo a otro. ¿Cómo era posible que se le olvidara algo tan importante como sus abuelos? Maldijo mentalmente, pero ya no había nada que hacer. Solo rogaba a todo lo divino porque «Anna» fuera lo suficientemente valiente como para enfrentar a su familia.
Jeanne regresó a la sala con ellos y se sentó un lado de Hao. Yoh los observó por un momento. Nunca se le cruzo la mente que ellos pudieran ser pareja.
Jeanne era una recatada señorita francesa, que pasó un año como estudiante de intercambio en la universidad a donde iban los gemelos. En ese tiempo ellos no tuvieron ningún tipo de contacto, es más, no se caían bien. Ella volvió a Francia y Hao siguió con su vida.
Cuando terminaron la carrera, Hao entró a trabajar en una compañía de relaciones internacionales, fue ahí cuando lo mandaron al país galo. Una noche entró a un bar con toda la intención de encamarse con una linda francesa y se llevo una gran sorpresa al ver que su víctima era su antigua compañera de clases. Al final terminaron siendo amigos, él la apoyo cuando ella decidió regresar a Japón y en una linda fiesta de año nuevo terminaron compartiendo un apasionado beso francés a media noche. Se emparejaron a la mañana siguiente y ya ha pasado año y medio desde ese día.
-Hable con Pilika esta tarde. Confirmo su asistencia, y la de su hermano, para la cena de mañana.
Hao sonrió levemente. –Escuché que Horo y Tamao vendrán juntos, ¿es cierto?
Jeanne asintió. –Al parecer la dulce Tamao se cansó de esperar a Yoh.
Ambos lo miraron divertidos. Él solo los ignoro. Conocía a Tamao desde pequeño pero nunca sintió nada más que amistad por ella, además, ¿se imaginan lo que hubiera hecho su abuela con ella? Hubiera sido una total masacre.
La noche del sábado y la mañana del domingo fueron estresantes.
Keiko Asakura no había salido de la cocina, más que para dormir un poco, pero en cuanto vio la primera señal de luz volvió a su labor. Yoh también se había levantado bastante temprano por el sonido de los utensilios de la cocina. Su madre lo mando a hacer el aseo del cuarto de huéspedes.
A las diez se aparecieron Hao y Jeanne más radiantes que nunca, al parecer habían tenido una buena noche. Su gemelo lo ayudo un poco con el aseo de la casa mientras que su cuñada le ayudaba a Keiko en la cocina. En el almuerzo se las arreglaron con comida recalentada y un poco de ensalada de atún. Aproximadamente a las dos Keiko colgó su delantal en la cocina y salió disparada para el salón de belleza.
–Se hacen cargo de poner la mesa, por favor. Y denle última barrida al comedor, la sala y al baño de visitas. Yoh haz la cama de nuestro invitado y también pon en orden su baño, si no es mucha molestia.
Y con un «estaré de regreso dentro de unas horas» se despidió.
El castaño se sentía como la propia cenicienta, solo que sin sus amigos los ratones. Lo bueno era que los tortolos se apiadaron de él y le ayudaron un poco.
-Creo que es hora de arreglarnos. – la pareja se despidió y camino a la puerta. –Aprovecha para hacer lo mismo.
Asintó con la cabeza y los acompañó a la entrada
-¡Oye!- Yoh llamó a su hermano desde la puerta -¿a qué hora llegará la amiga de Jeanne?
Hao se giró para ver a su novia, pero le fue imposible preguntarle porque ella estaba ocupada hablando por su celular.
-Probablemente a la hora de la cena.
Dijo y se subió a su auto, para marcharse.
Los invitados comenzaron a llegar a la hora prevista. Los primeros fueron los hermanos Usui junto con Tamao.
-Adelante, pasen.- los recibió Hao, vestido con un pantalón negro y una playera blanca junto con una corbata que combinaba con el atuendo de Jeanne –Permítanme su abrigo.
Yoh todavía no terminaba de vestirse, quince minutos después bajo, y se le notaba bastante nervioso.
-No ha llegado Akira.- le susurro su hermano.
-Lo sé, lo sé. ¡Le he estado hablando, pero no contesta!
El timbre sonó y al instante el castaño se apresuró a abrirá puerta.
-Ren, Jun. Qué bueno que pudieron venir.
-Gracias, Yoh. –Jun lo miró de arriba abajo –Te ves muy apuesto.
-Gracias, tu igual te ves muy hermosa. Adelante, permítanme su abrigo.
Jun no mentía, Yoh se veía bastante bien con un traje gris oscuro y una playera blanca con los dos últimos otoñes sueltos.
–C'est vrai, Yoh: estás muy sexy –concordó Jeanne cuando el castaña hubo regresado al lado de su hermano–. ¿Todo el esmero por tu novia?
El chisme de la cita de Yoh corrió más rápido que el virus de la influenza. Él solo se limitó a sonreír nerviosamente y rasco su cabeza.
-Tal vez.
Las ocho. Y la fulana Akira no llegaba.
–Deberías llamarla –le sugirió Hao.
–Ya lo hice: ¡ocho veces! Y no contestó en ninguna.
Los nervios lo estaban carcomiendo. Ocho y quince, ocho y veinte, ocho y media. Y nada que la chica aparecía. Los invitados continuaban llegando, pero Akira ni se asomaba.
–¿Revisaste el ropero? Puede que se quedó encerrada –volvió a sugerir Hao.
–Sí, sí –le respondió su hermano–. Fui a ver y no hay nadie. Tiene que llegar ya; dentro de unas horas cenaremos.
El timbre sonó. Yoh partió a acoger al clamado, pero eran sus abuelos.
-Por fin llegamos. Tokio está insoportable esta noche. –le dijo su abuela en el momento en que l abrazó para saludarla.
-Luces muy bien, abuela. –La elogió Yoh. Saludo a su abuelo y tomo sus abrigos. –Pasen, los novios están en el bar.
Ambos hicieron caso y el castaño se quedo en el umbral de la puerta unos cuantos segundas más, intentando vislumbrar alguna silueta conocida. Negativo, otra vez.
-¿Aún no llega? –le preguntó su hermano extendiéndole una copa de coctel. –Por cierto ¿aún no llega la amiga de Jeanne?
-No. Ahora que lo mencionas, no la he visto. – dijo tomando un poco de su bebida. –¿Por lo menos sabes cómo es?
Hao negó. –Jeanne no me lo dijo. Quiere que sea sorpresa.
Ambos rodaron los ojos y regresaron con los invitados.
Poco a poco, la casa fue colmándose más y más de rostros y voces. Pero seguía faltando un rostro en especial: el de Akira. Yoh se resguardó en la cocina, único lugar con un poco de paz para realizar su vigésima quinta llamada.
Lo sentimos,el número que Usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio, le sugerimos….
–¡MALDITA SEA!
–¡Yoh, cariño! –prorrumpió de pronto, Keiko, apareciéndose en la habitación–. Se nos ha acabado la vinagreta de calamares. ¿Puedes buscar el frasco que está en la nevera y servirlo sobre la bandeja?
–Por supuesto, ma. No hay problema.
–¿Te ocurre algo? –le inquirió su madre.
–¿Qué?
–Te ves alterado –insistió.
–No, mamá; estoy bien. Un poco nervioso, es todo.
–Oh, cariño. Te comprendo. No te preocupes, estoy segura que A...A
–Anna
–¡Anna! Sí. Que ella nos dará una buena impresión –miró a Yoh de pies a cabeza, con una sonrisa en los labios–. Estás muy guapo, cariño. Muy guapo.
–Muchas gracias, mamá.
Así de dulce y simpática era Keiko Asakura cuando bebía de más. Yoh suspiró. Buscó el frasco de vinagreta que reposaba en una de las estanterías de la nevera y colocó el contenido comestible en la bandeja de porcelana que le había traído su mamá. Cuando fue al comedor a posar la vajilla sobre la mesa, Hao se le acercó con urgencia.
–¡Yoh, creo que ya ha llegado!
El corazón se le detuvo.
–¿Cómo?
–Akira: creo que ha llegado. Vi a alguien entrando de una al ropero. No pude detallarla bien, porque estaba de espalda. Pero tenía el pelo rubio.
–¿Estás seguro que era ella?
Hao pareció pensarlo un poco
–Posiblemente. Mejor ve a ver.
El aludido asintió. Armándose de valor se dirigió hacia las escaleras, plantándose frente a la puerta del fondo. Apoyó una oreja en la madera, tratando de agudizar el oído. No se escuchó nada. Miró a Hao desde lejos.
–Entra –le articuló la pelilargo.
Yoh afirmó con un movimiento de cabeza. Inspiró, exhaló aire y eso hizo…
Cerró la puerta tras de sí, sin darle tiempo a la luz de la sala de iluminar el pequeño armario. Su corazón iba a millón. No descifraba con certeza si había alguien, pues estaba muy oscuro. Aguardó un rápido segundo a que sus sentidos se adaptaran al ecosistema del cuartito. Entonces, percibió una figura y un agradable olor femenino.
–Pensé que nunca vendrías –dijo, avanzando un paso. Nadie le respondió, pero él tampoco esperó a que lo hicieran–. Vamos, no tenemos mucho tiempo.
Avanzó otro paso con las manos extendidas hasta que tocó un hombro cubierto por una tela muy suave. Movió su mano en busca de un cuello y la otra la bajo hasta aferrarla en su cintura. Finalmente, al sentirla cerca, calculó mentalmente la posición de los labios, agachó levemente el rostro y los envolvió con los suyos…
Vaya. No había reparado que Akira fuera un poco más baja que él o que oliera tan bien. Al principio, la chica mostró oposición. Pero segundos después cedió fuerzas y se coordinó a las caricias de Yoh. El deslizó sus manos hacia la mejilla femenina, apretándose más.
–No imaginé que besaras tan bien –le reportó en una rápida pausa. Pero estaba siendo sincero y en el momento no le importó qué opinara de él. Volvió a besarla, con ahínco.
La siguiente vez que se separaron para tomar aire, fue definitiva. Porque Hao había abierto la puerta y encendido las luces. A pesar que se lo esperaba, no pudo evitar descubrir desmesuradamente los ojos cuando vio a su hermano completamente absorta en lo que hacía, arrinconando, entre un espacio de pared y su cuerpo, a una chica alto, atlético, de cabello rubio y que, de paso, ¡no era Akira!
-¡Yoh! –grito su hermano.
El aludido apartó el rostro con avidez. Enfocó a su hermano bastante sorprendido y a un poco de gente en el marco de la puerta.
-¡¿Yoh, quien es ella?
Frunció el seño, giro su rostro y la vio. Ella se había liberado de su abrazo. Era unos centímetros más baja que él, rubia, delgada y con unos espectaculares ojos negros.
Yoh enmudeció, ningún sonido salía de su garganta, mucho menos una palabra coherente.
-¿Anna? – una suave voz femenina llamó la atención de todos.
–¡Jeanne! –gritó Hao–. ¿Adónde te vas?
La futura novia tenía un par de maletas Louis Vuitton en las manos.
–¿Qué? No, no. Esto es de Anna; recientemente acaba de llegar. Me llamó al celular pidiendo que la ayudara con su equipaje… Ella tenía que ir al baño –parpadeó confundida, preguntándose qué rayos hacia su amiga en el armario–. Yoh, ¿la conoces?
–Yo… yo… yo…
–¿Anna Kyama? –inquirieron por atrás. Era la voz de una extrañada Keiko. Los presentes voltearon el rostro.
–Anna Kyoyama –la corrigió la mismísimo Anna. Y todos regresaron sus rostros hacia ella.
–Pero, ¡quién es ella! –preguntó Hao, aún sorprendido y confundido.
–Es mi amiga –le respondió Jeanne, acercándose a ella–. Es la persona que se quedará con los Asakura: mi dama de honor.
¡Oh, Dios Santo! Yoh por poco se muere. ¿Acaso todo eso era real? ¿En serio se había besado con la misteriosa huésped/dama de honor?
–Mucho gusto –saludó la propio Anna Kyoyama. Pero la cortesía se vio ahogada por un chillido de felicidad, el cual provino de la garganta de la señora Asakura.
–¡MI HIJO ESTÁ SALIENDO CON LA DAMA DE HONOR!
Hola! ¿Cómo están?
Pff...lamento horriblemente el retraso. Siempre pensé que los autores decían que no les daba tiempo de subir los capitulos como una mala excusa, y sinceramente pocas veces lo creí, pero ahora veo que es completamente real. Este mes ha estado de locos, planeaba subir este capitulo hace mucho, pero el destino se unió en mi contra y no lo pude hacer.
Les aviso que pronto subire el segundo capitulo de It's my life, solo le faltan uos pequeños detalles, pero ya casi está completo ;)
Bueno, suficiente hablemos del capítulo. ¿Qué les parecio? ¿Les gustó? Haha ese Yoh, besandose on desconocidas en los armarios. Él muy mal...¿o muybien? XD
Por fin apareció la misteriosa dama de honor. En el proximo caitulo veremos cuál es su reacción ante ese inesperado beso de nuestro apuesto castaño ;)
Los quiero! Y ya saben, cualquier comentario, duda, aclaraión o sugerencia, es bien recibida :)
Por cierto muchas gracias a todos por sus comentarios y si Seyram Asakura o Annasak2 ven esto: POR FAVOR CONTINUEN CON YING-YANG! Se los agradeceré infinítamente! ME ENCANTA!
Ok eso es todo. Adieu!
