-¿Donde vas?- le preguntó Lisbon a Jane al ver que se levantaba del sofá.
Jane no contestó , y desapareció durante unos minutos, tiempo que Lisbon aprovechó para recuperar la compostura.
-Toma.-dijo él, tomando un poco por sorpresa a Lisbon mientras le daba un vaso.
Ella le miró interrogante, pero no dijo nada.
Acto seguido Jane se sentó junto a ella en el sofá y le llenó el vaso de whisky. Después, procedió a llenar el suyo.
-Sé que beber no es bueno... pero a veces ayuda.
-Te comprendo.-dijo Lisbon, quien en más de una ocasión ya había ahogado sus penas en el alcohol.
Los dos se acercaron sus vasos a los labios a la vez, y se lo terminaron de un trago.
-¿Sabes?-dijo Jane, tras unos minutos de incomodo silencio.-Mi hija siempre se sentaba en este sofá conmigo y juntos veíamos viejas películas infantiles mientras comiamos palomitas.
Al final el salón siempre parecía un campo de batalla, y mi mujer nos regañaba a los dos, aunque en el fondo se sonreía para si misma... Dios, las echo tanto de menos. Lo que daría por poder volver a pasarlo así.
-Lo sé , Jane, lo sé .- dijo Lisbon, en un vano intento de consolarle, pues la comunicación nunca había sido su punto fuerte.
Jane la miró a los ojos, y ambos se miraron durante unos segundos, hasta que Lisbon ruborizada apartó la vista. En ese momento se le ocurrió una idea: si Jane quería volverlo a pasarlo así , y teniendo en cuenta que con su hija era imposible... ¿por qué no intentaba ella hacerle feliz?
-Tengo una idea.- dijo sin más.- Ahora vuelvo, ¿vale? Espérame aquí y no hagas nada estúpido, ¿entendido?
-Sí, mami.- contest el burlón.
Lisbon le dirigió aquella mirada suya que era capaz de callarle y se marchó. Jane al quedarse solo volvió a recordar a las dos mujeres de su vida, sus dos únicos grandes amores, pero al poco se encontró pensando en Lisbon.
Mientras, Lisbon, había cogido su coche, y se dirigía hacia su casa. Iba a organizar una tarde para que Jane consiguiera no ponerse triste pensando en su mujer y su hija, si no que estuviera distraido.
Cuando llegó, Lisbon abrió la puerta y se acercó rápidamente al armario que tenía sobre el televisor. Lo abrió , y tras un rato pensando cuales películas serían mejores, por fin se decidió por tres películas con las que creía que Jane disfrutaría y dejaría de pensar en ellas. Después fue a la cocina, donde sabía que en el armario debían de haber varias bolsas de palomitas.
También creyó combeniente coger una botella de su tequila favorito -bueno, más bien el de Bosco, que ella había echo su favorito tras su muerte-.
Salió de su casa con los brazos llenos entre tantas cosas que llevaba, y se montó en el coche. Cuando llegó a la casa de Jane llamó a la puerta y este la abrió . Parecía un poco más animado.
-¿Y esto?¿Un regalo?¿Para mí ? No tenías que molestarte, hombre.- dijo, bromeando.
-No es nigún regalo. Tú y yo vamos a intentar pasar una buena tarde, ¿vale?- contestó ella mientras entraba en su casa.
-Eso es un poco difícil cuando tienes que lidiar con todo lo que yo tengo... Es como si no se marcharan de mi mente, como si me culparan continuamente. Pero lo peor de todo es que tienen razón al culparme. Supongo que, como ya me has dicho en más ocasiones, soy un maldito bastardo...
-¡Que va! Tú eres una de las personas que más quiero.- dijo Lisbon intentando animarle, pero nada más decirlo, se arrepintió profundamente.
-¿En serio? Uau, de verdad que no lo parece. Pero aún así significa mucho para mi...-dijo él, intentando picarla.
Lisbon no quería afrontar la mirada de Jane, así que rápidamente se dirigió hacia la televisión, películas en mano.
