Sam paso la siguiente media hora limpiando la tubería, estaba toda llena de basura y seguro era por eso que el agua no corría. En esos momentos estaba realmente agradecido de que su padre le enseñara a usar una llave y un destornillador, ya que sin ello no podría vivir ahora. De pronto se escucho la puerta abrirse y antes de qué Sam pudiera levantarse de debajo del fregadero, la dueña lo confronto.
— ¿Qué demonios haces aquí? — pregunto Amelia enojada, Sam se giro a verla tratando de explicarse. — Sabia que había algo raro en ti, con tu espeluznante mirada y…
— Y yo solo estoy arreglando la tubería. — interrumpió Sam
— Espera… ¿Qué? — pregunto la mujer alucinada y tardo un par de segundos para regresar en sí misma y entender, tomo las bolsas de compras que llevaba en las manso y las dejo sobre la mesa de la pequeña cocina. — ¿Así que esto es lo que haces?, ¿asechas a mujeres indefensas y te introduces en sus habitaciones de motel para arreglarles las tuberías?… ¿Por qué estas arreglando mi tubería? — pregunto molesta.
— Porque alguien atasco como ochocientas limas por el drenaje y reventó el basurero — dijo Sam lleno de ironía y puso la parte final en el lavabo, luego se giro y metió sin querer la mano dentro de una de las bolsas de compra de la mujer.
— Bien, no toques mis cosas— grito ella
— Bien — murmuro Sam entre dientes, esa tipa si que era ruda y le estaba desagradando un poquito.
— Creí que te irías del pueblo anoche. — dijo ella, recordando que Sam había dicho que iba en la carretera de salida del pueblo cuando atropello al perro.
— Lo hare, solo estoy ayudando con el mantenimiento del motel, ya sabes mientras el padre de Will está enfermo. — conto Sam
— ¿Quién es Will? — pregunto confundida
— ¿Cuánto llevas aquí? — pregunto Sam sorprendido, todas las personas que Vivian en moteles debían de conocer a su encargado, ella no podía ser la excepción o al parecer si lo era.
— Tres meses… ¿por qué?
— Bueno, cuando alguien se muda a un pueblo… ya sabes, se muda al pueblo del todo. — dijo Sam con cautela y una sonrisa nerviosa, ya no sabía que esperar de esa señorita tan extraña.
— Yo lo hice — murmuro ella.
— Un motel no es parte de la ciudad exactamente, de hecho… no es parte de ningún lado. — comento Sam, realmente lo decía por experiencia. Los cazadores no querían formar parte de ningún lado, solo querían pasar inadvertidos.
— Bueno, aun no he encontrado un buen lugar… ¿porque te estoy dando explicaciones?, eres un nómada o un obrero. — le dijo ella entre risas y eso si que molesto a Sam, no había nada malo con ser un obrero para ganarse la vida, era un trabajo honrado.
— Creo que debería irme— murmuro Sam hecho una furia y empezó a recoger todas sus herramientas.
— Sí, creo que deberías irte— dijo ella aun molesta, Sam termino de tomar sus cosas y salió muy enojado de la habitación, vaya que esa señorita si que era una racista compulsiva, pero de todas formas… había algo que le hacía sentirse… bien, realmente bien cuando estaba ante ella.
— Vaya, pensé que no ibas a regresar. — Dijo Jeff lleno de ironía al ver que su hermano entraba cansado a la habitación, Sam dibujo una sonrisa torcida en su rostro pues no estaba muy complacido con lo que sus ojos tenían enfrente.
— Te lo explicó en la cena, pero ahora jovencito quiero que tú te pongas a recoger todo este tiradero.
— Venga Sam, es sábado, quiero descansar del trabajo de la semana.
— ¿Que trabajo? — Pregunto Sam interesado.
— Pues de la escuela tonto, ya sabes que no es fácil pasártela ahí cuando siempre eres el freak.
— Tú no eres un freak, Jeff. — Aseguró Sam, haciendo comparaciones mentales, Deán había sido del tipo adolescente abusivo a Adam casi no lo conoció mucho pero lo imagino como un adolescente bastante tranquilo, él sí que había sido un freak de niño y nadie lo podía culpar después de todo lo que vivió su familia pero Jeff, lo cierto era que fue el más normal de todos, él listillo que siempre conseguía amigos en un santiamén, el líder de las grandes masas.
— Sam, ¿cuántos adolescentes conoces que sean bisexuales, maten monstruos, se enrollen con Ángeles y además tengan poderes de no sé qué profecía?.
— Deja que te lo aclare, eso no es ser freak a eso se le llama ser especial Jeff. — Dijo Sam, Jeff le sonrió agradecido.
— Vale, tú siempre sabes que decir... Voy por una bolsa de basura. — Dijo Jeff y se fue a rastras hacia afuera, Sam sonrió antes de saltar asustado, acababa de ver al perro pasar corriendo tras y Jeff, no había recordado su presencia para nada y ahora estaba pensando en ella, ¿cual será su nombre? ¿Porque tiene este efecto tan extraño sobre él?
El día paso normal y a eso de las siete Sam se puso a hacer la cena, mirando por ratos a Jeff y al perro, acostados en el sofá y mirando la Tv. Se veían adorables y en ese momento deseo que su padre y Deán lo pudieran ver también, Jeff ya era todo un hombrecito, la mayoría de las veces claro.
— Jeff apaga eso, se va a enfriar. — Le decía Sam por encima vez y Jeff siguió ignorándolo, hasta que el perro le empezó a ladrarle.
— Vale, vale... A cenar. — Dijo Jeff, y se fue para la mesa, Sam estaba tan sorprendido por el apoyo que el perro le brindó, que no dijo nada más.
La cena fue igual de callada que siempre, era ahí cuando te dabas cuenta de que Deán siempre era el hablador, el que se preocupaba por saber de sus hermanos. También era ahí cuando Sam se sentía como un hermano mayor de mierda con Jeff.
— Sam, ya termine... ¿Podemos ver una peli? — Pregunto Jeff, mientras dejaba su plato en el lavabo.
— Claro, después de que tomes ciertas vitaminas que están escondidas en aquel estante. — Dijo Sam como si recién hubiera recordado el asunto, lo cierto es que Jeff se delató sólo al levantarse para llevar su plato, pues jamás lo hacía.
— Saaaaaam. — Se quejo Jeff al instante.
— No, ni se te ocurra discutirme en esto, tú ya sabes qué el doctor las mando para ti y te las has tomado todos los días desde hace un mes, así que no veo porque es diferente ahora.
— Joooo Sam, saben feo y no veo porque tomármelas, yo estoy muy bien de salud. — Aseguró Jeff, Sam se cruzó de brazos y lo miro expectante.
— Creo que entonces voy a tener que recordarte el motivo de esas vitaminas y eso es qué a cierto jovencito casi le da anemia por su falta de apetito.
— Sam, no me puedes culpar de no querer comer, no después de haber perdido a Deán. — Le reprocho Jeff y eso fue un golpe bajo para Sam, era la primera vez en meses que le escuchaba pronunciar el nombre de su hermano.
— Jeff, ya lo hemos hablado... La comida y las medicinas son necesarias para tu salud, por favor enano, corta el berrinche y tomate las pastillas.
— No, no quiero... Yo no estoy enfermo.
— Jeff, ¿voy a tener que hacer lo mismo que papá? — amenazo Sam, poniéndose las manos en las caderas para sonar más aterrador. Jeff lo pensó un segundo y termino por negar con la cabeza.
— Que no estoy enfermo Sam, tengo poderes… no me voy a morir por no tomarme esas cosas. — dijo con toda la chulería del mundo, Sam suspiro hondo y se paso la mano derecha por la cara, a veces le daban unas ganas enormes de matar a ese niño.
— Bueno Jeff, yo ya no voy a discutir este tema... Tienes dos opciones, te tomas esas pastillas o aplico lo de papá y te pongo una inyección de la vitamina. — Advirtió Sam, Jeff se quedo helado ante un recuerdo de su niñez, no se había querido tomar la medicación de un problema estomacal, había montado un berrinche de grandes proporciones y su padre sólo se limitó a ponerlo sobre sus rodillas y aplicarle una inyección. Desde entonces John tenía como regla, tomas pastillas o se te aplica una inyección, pero la medicación se tiene qué tomar.
— Eso no es justo, tú no eres papá... No puedes aplicar esa regla Sam
— Ho, claro qué puedo Jeff, tienes razón en que no soy tu papá, soy tu hermano mayor y mi responsabilidad es cuidar de ti, lo qué me lleva al derecho de hacer lo que quiera con tu culo.
— Vete a la mierda Sam, no puedes hacer eso. — Dijo Jeff y se cruzó de brazos, estaba montando toda una pataleta.
— Jeffrey, yo ya te avise... Depende de ti lo que vaya a pasar. — Volvió a decir Sam, entonces Jeff hizo lo más estúpido de su vida, pero estaba tan enojado por el dictador Sam, qué tomo el frasco de vitaminas y lo arrojó con todas sus fuerzas al suelo, el frasco se abrió y muchas vitaminas se esparcieron por el suelo.
— Jódete. — Le grito a Sam y se fue para la sala, Sam tardó un segundo en procesar lo que había pasado pero en dos segundos alcanzo a tomar el brazo de Jeff.
— Vale Jeff, ya te pasaste de la raya... ¿no te quieres tomar las pastillas? Bueno, pues Felicitaciones, te acabas de ganar una inyección en el culo y como castigo, una buena zurra también. — Le dijo Sam antes de arrastrarlo por el pasillo hasta la habitación.
— Sam, no déjame... Lo siento, no lo decía enserio, yo sólo...
— Es muy tarde para arrepentirse Jeff. — Dijo Sam, se sentó en la cama y en un movimiento rápido, dejo a Jeff sobre su regazo y mirando el suelo.
— Saaaam, no por favor... No me azotes, ya soy grande para esto, saaaam. — Rogaba Jeff mientras sentía la mano de su hermano sobre su culo, preparándose para la acción.
— Si ya eres tan grandecito como dices, entonces deja de hacer esas pataletas de niño consentido. — Dijo Sam y dejo caer la primera ráfaga dé azotes.
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— Haay, porfa Sam... Me portare bien, te lo juro... Sólo no me hagas esto. — Decía Jeff con lágrimas, no lloraba de dolor, ni de arrepentimiento, lloraba de pura vergüenza por estar en esa posición. Sam entendió qué eso también era su culpa, desde hacía meses que no le pegaba a Jeff, no porque no se lo mereciera, si no porque se había desatendido del chico para buscar a Deán, le había dejado la rienda suelta y por eso ahora se comportaba de esa forma, pero ya no más.
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— Basta de llorar Jeff, es hora de pensar en tus malas acciones... No más pataletas. No más protestar por las vitaminas. — Entonces Sam le bajó el pantalón de un tirón.
— Sam, por favor. —Murmuró Jeff entre lágrimas pero a Sam no le conmovió ni un poco y continuo.
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— No más jugar con tu salud… Te tienes que cuidar niño, o yo lo haré por ti y créeme qué no te gustara nada.
Jeff ya estaba llorando como un mártir y haciendo todo tipo de promesas, lo cierto es que Sam no le pego nada duró pero con Jeff era la cantidad de azotes los que le hacían romperse de esa forma y no tanto el dolor.
Sam dejó descansar su mano sobre el culo de su hermano, el pequeño calor de las nalgas traspasaba sus calzoncillos, así que tenía que terminar rápido con la lección.
— Jeff, había pasado mucho tiempo sin que tú y yo estuviéramos en esta posición y lo siento, he sido un hermano de mierda estos meses... Me desatendí de ti, pero ya no más... A partir de ahora vuelven las viejas reglas, las que nunca debieron irse... Como el respeto. — Y dicho esto Sam le bajó el calzoncillo y volvió a ponerse con la zurra.
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— Parece que lo olvidaste, pero es mejor que vayas recordando que no se habla con malas palabras a la persona a cargo, qué ahora soy yo.
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— No me vuelvas a faltar el respeto Jeff o la próxima me sacare el cinturón.
— Noooo, Sam no... Lo juro, seré bueno... No te vuelvo a gritar, lo juro.
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Sam detuvo la zurra y dejo su mano sobre el trasero de su hermano, ahora ya estaba caliente y se podía ver un ligero tono rojo atreves de él.
— Lo siento Sammy. — Dijo Jeff aun lloroso y el simple hecho de escucharle decir "Sammy" otra vez, hizo que Sam sonriera.
— Shshsh, ya pasó Jeffy... Todo está bien, te perdono. — Le decía Sam para calmarlo mientras le masajeaba la espalda con dulces círculos concéntricos. Pasaron unos minutos para que Sam pudiera levantar a Jeff de su regazo y acostarlo en su propia cama.
Jeff se limpio la última lágrima de la mejilla y se iba a subir los pantalones, cuando Sam le dio un pequeño azote en la mano.
— Aún no Jeff.
— ¿Qué? Sam, por favor ya no me azotes, ya aprendí mi lección... Te lo juro. — Suplicó Jeff y Sam volvió a sonreír, ese chico parecía tener la habilidad de escuchar sólo lo que le convenía.
— Jeff, ya no te voy a zurrar. Te voy a poner esa inyección de vitaminas. — Dijo Sam y camino hacia el mueble que dividía su cama de la de Jeff.
— Sam, no… Ya me voy a tomar las pastillas, lo juro. — Rogaba Jeff pero Sam parecía no escucharlo, sólo abrió un cajón y saco una jeringa, una botella de alcohol y la vitamina b-12 líquida.
— Espero que así sea Jeff, porque si me vuelves a montar un berrinche al respecto, no sólo te voy a dar unas nalgadas, también voy a hablar con el médico para qué te cambié las pastillas por inyecciones permanentemente.
— Sam noooo. — Grito Jeff en pánico ante tal idea y luego un par de lágrimas corrieron por su rostro, Sam no estaba bromeando y estaba preparando la maldita jeringa.
— Si Jeffrey, estoy hablando muy enserio en esto... Así qué por tu bien espero que sea la última vez que me obligas a hacer esto, ahora ponte boca abajo y calzoncillos abajo. —Ordeno Sam, sosteniendo la jeringa en su mano.
— Sammy, no por favor... Me voy a portar bien, es más me tomare dos veces al día las vitaminas y... Y no veré tv una semana pero por favor... No me pinches. — Rogo Jeff aun lloroso.
— No Jeff, aquí no hay más opciones... Así qué espero que con esto te des cuenta de que no estoy jugando, tu salud es muy seria y si no te vas a cuidar, yo lo haré por ti... Aunque eso signifique hacer esto todos los días. — Le dijo Sam, antes de ponerlo el mismo boca abajo y bajarle el calzón de un tirón.
— Saaaaam — protesto Jeff y empezó a patalear para tratar de evitar la inyección, lo que le ganó cinco palmadas duras en el culo.
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— Aaaauuu.
— Ya basta Jeff, o voy a cumplir mi promesa. — Advirtió Sam, Jeff iba a seguir protestando pero no lo hizo, pues la opción de inyecciones diarias no era realmente una opción. Así que Sam le limpio una nalga con alcohol y luego le pinchó con la jeringa. El líquido color ámbar empezó a bajar por el cuerpo de Jeff quien gritaba y lloraba a todo pulmón.
— Ya hermanito, shshs ya paso... Ya paso. — Dijo Sam apenas sentarse en la cama y acariciar a Jeff.
— Snif due snif le sammy snif. — Sollozaba Jeff.
— Lo sé cariño, por eso pórtate bien... Para que no tengamos que hacerlo de nuevo. — Le dijo Sam y se quedo ahí un rato.
Jeff se quedo profundamente dormido, así que Sam lo iba a arropar cuando se percato del color del culo de su hermano, estaba muy rojo. A Sam no le gustaba nada tener que zurrar a Jeff, pero realmente ese chico no dejaba más opciones y todo era por su bien. Así que Sam le acomodo el calzón a Jeff y le quitó pantalones y calzado, lo arropo y le dio un beso en la frente para poder irse.
Lo único que Sam quería hacer tras lo sucedido era caer en el sofá de la sala y mirar tv, pero se había olvidado de algo. — Ho, tú también. — Murmuró al ver al perro frente a él en la sala, sus ojos eran brillantes y su hocico parecía esbozar una sonrisa perruna.
— Ho, quieres salir... Hem... Bueno... Vamos afuera amigo. — Dijo Sam, abrió la puerta y salió de la habitación con el perro de Junto.
En el pasado jamás hubiera dejado a Jeff sólo pero ahora, tenía la sensación de qué estaban completamente a salvo de lo Supernatural
*Porfavor Review, se aceptan peticiones y todo tipo de consejos. Gracias a todos los que están leyendo esto. luna no te desesperes XD, aun hay historia para rato...
