Capítulo II.

Tooru se recargó con pesadez en el respaldo de la silla, dejando escapar un enorme suspiro al contemplar la pantalla de su computador, pues aún no se decidía que fotos imprimir de la sesión anterior.

Su cabeza había estado en las nubes desde que abrió sus ojos, ya que cierto sujeto que conoció la noche anterior, se había adueñado completamente de sus pensamientos, impidiéndole el trabajar correctamente, ganándose más de algún regaño por parte de sus compañeros de trabajo.

Sacó su celular del bolsillo, comenzando a registrar ciertos archivos, hallando rápidamente el que buscaba con tanto esmero, una foto de ambos que había sacado como broma mientras bebían, la cual ahora había cobrado un valor significativo, y aunque sabía que era improbable que se encontrase nuevamente con Iwaizumi, no pudo contener la sonrisa embobada que curvó sus labios al ver la foto.

- ¿Qué estás mirando con cara de idiota? – no se percató que Hanamaki se había asomado por sobre su hombro hasta que este habló, sobresaltándolo de sobremanera, bloqueando el teléfono y guardándolo una vez más en su bolsillo.

- Na-nada importante Makki, sólo un insignificante mensaje – dijo nervioso puesto que el colorín lo había sorprendido con la guardia baja, por lo que no fue capaz de salir con algo mejor.

- A mi me parecía más a que veías una foto tuya abrazando a otro tipo – afirmó indiferente - ¿encontraste buena compañía en el bar? – cuestionó burlón, avergonzando a Oikawa.

- Que idioteces dices Makki, sólo estaba bebiendo al igual que ustedes.

- Pero con alguien más, y que al parecer logró capturar totalmente tú atención – se mofó Takahiro con malicia – supiste hallar muy buena diversión, aun cuando al principio no parabas de quejarte que no querías ligar con nadie.

- ¡Yo no dije eso!

- Cierto, dijiste que no querías nada con mujeres – se corrigió ampliando aún más su expresión de burla al ver que las mejillas de Tooru se teñían de un suave escarlata.

- Cállate y deja de hacer el vago, que aún tenemos trabajo que hacer – se inclinó sobre el teclado, aparentando centrarse en su trabajo.

- Creí que ya habías terminado por como te entretenías recordando lo que hiciste anoche con el sujeto de la foto – espetó dando media vuelta – pero parece que me equivoqué, así que volveré a lo mío, perdón por molestarte mientras trabajabas – se despidió con sarcasmo, regresando por donde había venido.

Sí antes estaba distraído, ahora se sentía extremadamente exhausto después de argumentar con Hanamaki, pues a pesar de su apariencia de hombre serio y distraído, era alguien muy astuto y amaba sacar de quicio a la gente, y tenía una afición particular por fastidiar a Oikawa. Lo peor de todo es que siempre lo conseguía, pues siempre sabía que puntos tocar para burlarse de él.

Suspiró lamentándose y maldiciéndose de darle un motivo al colorín para molestarlo. Así que alejando todo tipo de pensamiento innecesario para evitar una futura situación similar, decidió dedicarse a su trabajo, después de todo para eso le pagaban, y no para pensar en el lindo moreno que no volvería a ver.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Creyó que jamás terminara su trabajo, y más con cierto compañero rondando y tomando cualquier ocasión para hacerlo avergonzarse, definitivamente un día de esos iba a vengarse de Hanamaki, haciéndolo llorar y rogar de rodillas por su perdón. El sólo pensarlo lo estremecía, esbozando una amplia y macabra sonrisa.

Aquella tarde había decidido por fin visitar el centro comercial inaugurado apenas la semana anterior, y del cual sus colegas no dejaban de hablar lo genial y bonito que era. Sinceramente no le interesaba mucho el aspecto del lugar, solo quería echar un vistazos a las tiendas de electrónica y buscar alguna cámara moderna o implementos de mejor calidad de los que ya tenia.

Aun cuando su trabajo le proporcionaba un excelente equipo para cumplir con sus funciones, Oikawa consideraba la fotografía un hobby más que un empleo, por lo que disfrutaba en sus ratos libres ir a algún hermoso lugar con una cámara propia, e inmortalizar los diferentes y variados escenarios que su ciudad tenia para mostrar, y que muchas veces por estar tan ocupados en sus propios mundos, la gente no se detenía a contemplarlos.

Se detuvo a contemplar unos segundos los diferentes productos en vitrina, mas no disfrutó mucho el momento al recordar que aquel mes estaría corto de efectivo, por lo que no podría darse demasiados lujos hasta la siguiente paga. Dejó el lugar con desgano, y un poco distraído pensando en que si recortaba algunos gastos quizá podría adquirir la cámara, cuando sintió un pequeño bulto se estrelló contra sus piernas.

- ¡Kyaa! – el pequeño y agudo grito lo trajo a la cruel realidad, bajando la vista rápidamente, hallando una niña de unos siete años, cabello oscuro hasta los hombros.

- Lo lamento pequeña, no te vi – la niña algo confundida alzó la mirada, develando su fino rostro, sus ojos pequeños y algo rasgados de un intenso verde lo contemplaron con ira - ¿estás bien-

- ¡Claro que no idiota! – Apartó de un golpe la mano que le ofreció Oikawa para ayudarla a ponerse de pie - ¡¿Es que estás ciego maldito anciano?! ¡Ten más cuidado!

Quedó totalmente sin palabras, sabía que usualmente no se llevaba bien con los niños pues no le gustaban mucho, pero jamás en su vida se topó con una tan agresiva y que le gritara con tanta furia. La pequeña después de aquello, se colocó de pie rápidamente, aun observándolo con indignación e ira.

- ¿No tienes nada mejor que hacer que estás todavía ahí parado con cara de idiota? – le criticó, provocando un ligero tic en el ojo del castaño.

- Solo intentaba ser amable, después de todo yo tuve la culpa – dijo tratando de no alterarse por la irrespetuosa y enojada chica.

- No solo estas ciego, sino que además eres un vago – despotricó cruzándose de brazos – Mejor regresa por donde saliste y no arruines mi lindo día.

- Lo haría aunque no me lo hubieses pedido – dijo dando media vuelta, no iba a rebajarse a discutir con una infante, por mucho que deseara hacerlo debía de comportarse como un hombre maduro, y más cuando ya varias miradas de estaban sobre ellos ante el espectáculo que comenzaban a montar.

Dio unos cuantos pasos alejándose del lugar, pero algo le hizo dar un vistazo hacia atrás. Vio que la niña aun no se movía de su lugar, abrazándose con fuerza, mirando en todas direcciones, un claro vestigio de que estaba completamente perdida, pero era demasiado orgullosa como para llorar o siquiera pedir ayuda.

Un amargo sentimiento de culpa le invadió, a pesar de no tener responsabilidad de absolutamente nada, al verla ahí sabiendo que le ocurría y aun así dejarla a su suerte, lo hacia sentir mal. Era verdad que lo había cabreado, pero seguía siendo alguien indefenso, y algo en su rostro y forma de actuar le era escalofriantemente familiar, obligándole a tenderle una mano.

- ¿Se te perdió alguien mocosa? – se sobresaltó al oírlo tras ella, girándose y cambiando rápidamente la expresión de preocupación en su rostro a una de molestia.

- Nada que te incumba anciano – le respondió tajante.

- A mi me parecía que romperías en llanto en cualquier momento, llamando a tu mami – de pronto la mirada de la niña se ensombreció, desapareciendo todo rastro de sarcasmo o burla de su rostro. Su cuerpo comenzó a temblar levemente, consternando al mayor.

- ¡No te entrometas cuando no sabes nada de mi! – le gritó a todo pulmón, acumulándose varias gotas en la comisura de sus ojos, mas rehusándose fervientemente a dejarlas caer.

Ese desagradable sentimiento volvió a llenarlo, contemplando a la menor temblar de ira contenida, entendía que había tocado un tema delicado, pero no sabía con exactitud cual si solo había dicho unas cuantas palabras. Se restregó la nuca inquieto, arrodillándose para quedar a su altura, estirando su mano y la niña automáticamente se encogió, tratando de esquivarlo, sin embargo Tooru colocó su mano suavemente sobre su cabeza, acariciándola gentilmente.

- No sé que dije, pero perdóname si te ofendí de alguna manera niña – dijo arrepentido sinceramente – así que como disculpa te ayudare a regresar – propuso con una brillante y amplia sonrisa.

- No necesito tu ayuda, no estoy perdida – negó desviando la mirada, haciendo reír al mayor - ¿Qué te causa tanta gracia? – cuestionó inflando sus mejillas indignada.

- Nada, solo pensaba que eres una niña muy tsundere – su rostro se tiñó de un dulce rojo, luciendo adorable a los ojos del mayor.

- ¡No lo soy! – refutó solo divirtiéndolo aun mas.

- Lo que digas niña.

- Deja de llamarme niña – le reprendió luciendo ofendida.

- ¿Y como te llamo entonces? – la menor hizo un desprecio, negándose a responderle – ya veo, no hablar con extraños ¿eh? Que linda niña – trató de quejarse pero Oikawa la detuvo colocando su dedo índice sobre sus labios – soy Oikawa Tooru, tengo 27 años y soy un fotógrafo, y ahora que no soy un extraño me dirás tu nombre.

- No te pregunte por tu nombre anciano engreído y lolicon – Tooru suspiró rendido, algo dentro de si le dictaba que no podría ganarle en una discusión.

- No soy un lolicon, solo quería ser tu amigo y ayudarte. - Pues yo no quiero ser tu amiga – dijo cortante. Luego de un corto silencio lo miró tímidamente – y me llamo Hikari – dijo avergonzada, enterneciéndolo nuevamente.

- Muy bien Hikari, deja que te ayude a encontrar a tus padres – la niña arrugó el ceño.

- Que sepas mi nombre no te da la libertad de llamarme con tanta confianza Kusokawa.

Oikawa en vez de responder al insulto quedo perplejo, un pequeño click había repercutido en su cerebro ante la familiaridad que sintió en la escena, percatándose de que la chica se le asemejaba demasiado a alguien, pero no podía asegurar a quien, pues no conocía a nadie con niños de esa edad, pero ese sentimiento persistía, mas cuando ella hacia aquella expresión de desagrado.

- D-de casualidad-

- ¡Hikari!

Se congeló en su lugar, aquella voz que lo había cautivado durante horas la noche anterior, y que ahora era como un puñal directo a su corazón y esperanzas.

- ¡¿Papá?! – la niña lucía sorprendida e intimidada, pero no lo dudo dos veces en correr hacia él.

- ¡Condenada mocosa! – vociferó lleno de ira, espantando a más de algún transeúnte - ¡¿Por qué rayos saliste corriendo así?! – la menor se encogió en su lugar, mientras Oikawa se preguntaba sí dios realmente lo odiaba con todo al poner a esa persona ahí.

- Fue culpa tuya por distraerte con esa zorra.

- ¡Hikari! – su labio inferior tembló, y su padre se arrodilló envolviéndola con fuerza entre sus brazos – no vuelvas a hacerlo, me tenías con el alma en un hilo, y simplemente no aparecías por ningún lado – la alejó para besar su frente con ternura, cambiando la expresión de preocupación a una de inmenso alivio – no sé que hubiera hecho sí algo te pasaba - la niña conmovida se abrazó a su cuello.

- Lo lamento papi – murmuró soltándolo y apartándose casi al instante – pero este anciano me estuvo distrayendo, por eso no pude volver contigo – acusó señalando al castaño que se negaba a girarse.

- Mocosa insolente, te he dicho un millón de veces que debes respetar a los demás – le regañó finalmente despegando sus ojos de la menor, fijándolos en la espalda de Tooru – lamento los problemas que pudo causarle mi hija...- sus ojos se abrieron como plato al reconocer a la figura frente suyo – ¿Oikawa? – Este maldijo profundamente su suerte al oír su nombre – ¿Eres Oikawa Tooru?

- El mundo sí que es un pañuelo ¿no lo crees Iwa-chan? – se volteó lenta y tortuosamente, topándose con aquel hombre que lo había hipnotizado y que ahora destrozaba sin piedad su corazón.


No creo que sea idea prometer, ya que se demostró que no soy muy buena para cumplir -.-u por lo que diré que intentare no atrasarme demasiado (?)
Gracias por leer y nos leemos en la siguiente

Bye bye