DISCLAIMER: Los personajes de Star Wars son propiedad de Lucasfilm y Disney.
Aviso: Este fic es una extensión de lo que se vio en la película «The Last Jedi», más exactamente las escenas de Force Bond.
Prison gates won't open up for me
On these hands and knees I'm crawlin'
Oh, I reach for you.
Savin' me – Nickelback.
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Kylo contemplaba el avance en la construcción de la Starkiller desde lo alto cuando volvió a percibir aquella extraña alteración en la Fuerza, tan nítida y tan fuerte como la electricidad de una tormenta. Sabía que ella estaba allí y trató de entender las razones que lo ocasionaron, pero igual que ella, no tuvo idea de lo que estaba sucediendo.
Rey permanecía de pie bajo una enorme roca, resguardándose de la lluvia que azotaba aquella parte del planeta; las olas del mar rompían con violencia sobre los riscos del acantilado cerca del que se encontraba, mientras sus pensamientos empezaron a volverse inquietos cuando pudo percibir aquella indeseable, pero cada vez más familiar, presencia frente a ella.
—¿Por qué la fuerza nos conecta a los dos? —preguntó Kylo volviéndose para mirarla. Los ojos de Rey llenos de furia contenida a punto de estallar, como cada vez que lo miraba.
—¡Serpiente asesina! —escupió enfadada—. Perdiste, has llegado muy tarde porque hallé a Skywalker.
Kylo bajó los ojos por un momento, antes de volver a centrarlos en ella.
—¿Ya te contó lo que pasó la noche en que destruí su templo? ¿Te dijo por qué? —preguntó dando dos pasos hacia ella.
—Ya no hay nada más que necesite saber de ti.
—¿Estás segura? —preguntó él, tratando de escudriñar en su mente y sintiendo su enfado fluir—. Sí, eso es lo que crees. Tienes esa mirada en los ojos, igual que en el bosque —continuó suavemente tratando de leer más allá de su expresión—. Me llamaste monstruo.
—Tú eres un monstruo.
Kylo dio otro paso más cerca de ella y casi le susurró: —Sí, lo soy.
Durante unos segundos más se miraron en silencio, el odio y la ira de parte de ella revoloteando alrededor de ambos, empapándolos igual que la ola que rompió de nuevo contra la roca en Ahch-to, antes de que la conexión se desvaneciera, dejándola a ella con más dudas que antes y a él con el sabor del agua salada en la boca.
Estaba en un lugar rodeado por el océano, eso era seguro porque consiguió percibirlo, y literalmente, saborearlo, a pesar de no haber podido verlo con sus propios ojos.
