Death Note, Matt, Mello y una parte de mi vida son propiedad de Tsugumi Oba y a Takeshi Obata
Gracias a quienes se tomaron el tiempo de dejarme un comentario, se les quiere
2. Sucio,viejo y feo
Abrió los ojos con pesadez. Sintió que llevaba en el suelo años y que su cuerpo había declarado un estado de hibernación permanente.
Estaba donde recordaba, la sucia habitación de motel sólo con la diferencia que ahora el día afuera de ésta había terminado y en algún lugar del planeta la gente se preparaba para dormir o se levantaba de sus camas.
Se sintió vigilado, y es que estaba siendo observado.
Sus ojos se encontraron con los de su amigo. Que desde su cómoda posición en la cama de la habitacion, con la espalda recargada en la pared y extendiendo las piernas por lo largo del colchón, lo miraba con un aire distraido, como si no hubiera otra cosa que mirar y esta cosa tampoco le importará mucho.
Al verlo recordó lo que había pasado. Le habían dado lo que posiblemente fuera la paliza de su vida y el se había dormido, o desmayado lo que fuera primero.
Pensó en levantarse pero al volver a observar a Mello desechó la idea completamente, seguramente al ver que estaba bien seguiría con lo que había comenzado y que había parado sólo para no matar a su amigo, más por sus registros policiales que por la vida de Matt.
"Fingire que estoy muerto, tal vez y así debería estarlo." pensó Matt mientras volvía a cerrar los ojos.
Ahora tenía más tiempo para analizarlo todo. No sólo era lo de su chica, si no que todo lo malo de su vida se había concentrado para explotar en el momento el que estaba más débil. Seguramente la vida quería quebrarlo. Y efectivamente lo logró.
Mello suspiro desviando la mirada, buscando algo en sus bolsillos y miro al techo, como si buscará algún tipo de inspiración para decir algo que le costaba, como si fuera ha decir que la madre de Matt hubiera muerto.
"No me importaría que mi madre hubiera muerto y me perdiera su funeral. Se lo merece la perra" pensó Matt encogiendose de hombros desde su posición en el suelo.
—Sentía que me moría...quiero decir, todos sentíamos, no, tu madre sentía que se moría cuando le dije que no tenía noticias del sucio bastardo de su hijo.
—¿No se murió de casualidad?
—Tu madre es una hermosa vieja que no merece la muerte aún, a diferencia de su hijo el estúpido.
—Es más tu madre que mía — Matt abrió los ojos encontrándose con los de Mello que sostenía una mueca de enojo pero no tan descontrolado como anteriormente, hablar de figuras maternas con Mello siempre había sido un tema difícil desde que eran niños.
—Ya, no importa —Mello desvió la mirada hacia la ventana, un camión de dieciséis llantas cruzaba por enfrente del motel haciendo un sonido de animal muerto. —Tenemos que regresar, si no lo recuerdas tenías una vida antes de esa perra y es hora de que la retomes, demuestrame que no eres tan patético maldita sea.
"No la llames perra" estuvo a punto de decir Matt pero sabía que eso sólo traería más consecuencias negativas a su estado físico. No quería más golpes por lo que quedaba de la noche.
Mello se levantó de la cama y con muy mala cara levantó a Matt del suelo y lo empujó contra la pared. Rebusco en los bolsillos del pelirrojo hasta encontrar su malgastada cartera y cerciorarse de que tenía dinero.
—Tú te quedas aquí. No te muevas—El dedo de Mello se hundió en su pecho en señal de advertencia, Matt sólo asintió en respuesta mecánica. Llevaba años sobreviviendo a base de asentir.
Y tal como el rubio ordenó Matt no se movió, hasta se esforzó algo en no respirar. Mello había ido a pagar la habitación, luego a recoger sus autos y llevarlos a la entrada.
Ahí había otro problema, Matt estaba borracho, posiblemente drogado y con su estado de confusión mental se había olvidado de como era manejar un auto.
Mello volvió a la habitación y tomó a Matt por la camiseta, lo arrastró por todo el pasillo y la recepción. El chico del mostrador seguramente se habría escondido por lo amenazador de era Mello con esa cara de pocos amigos y la cicatriz de su rostro.
Esa cicatriz que marcaba casi la mitad de su cuerpo, se podría decir, había arruinado la vida del joven Mello justo cuando apenas pensaba que todo iba a mejorar pero ahora sólo le daba un aspecto a matón callejero y motociclista de mala muerte.
Abrió la puerta del auto de Matt aventando a esté en el asiento del copiloto y cerrando la puerta con un sonoro estruendo. Se tardó algo en subir él al asiento del conductor y posar las manos sobre el volante.
—¿Y tu moto? — dijo Matt viendo por la venta al sucio y viejo vehículo de color amarillo ya bastante desgastado, nunca antes había visto esa motocicleta. Mello nunca duraba con un vehículo más de dos meses.
—Sucia, vieja y fea. Casi como tú pelirrojo. Algún día volveré por ella si no es que consigo otra.
—¿Cómo es que cambias de motocicleta cada mes,eh?
—Concentrate en tus asuntos pelirrojo de mierda, yo ya sabré que hacer con los míos.
—Yo sólo decía — Matt se encogió de hombros y cerró los ojos —Somo amigos desde la infancia, no tienes por que ocultarme esas cosas.
—Vecinos, conocidos o lo que quieras, pero amigos no somos.
—Siempre te ha costado aceptarlo, ¿verdad?
—Callate maldito bastardo.
Matt sonrió, siempre había sido así, siempre había negado su amistad pero no había alguien que dudará de ella.
