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Damon no volvió a hablar desde la pasada noche, se notaba que no estaba acostumbrado a tener nadie con quien hablar y que el silencio se había convertido en su única compañía. Pero, en cambio, a Elena le incomodaba mucho el silencio total y necesitaba hablar para calmar sus nervios y no volverse loca.
-Conozco a tu hermano Stefan –le confesó Elena aquella información que se guardó para sí misma cuando el vampiro la dijo su apellido-. Sale con mi amiga Caroline. Él nunca habló de ti, solo dijo que no os llevabais muy bien, que habíais perdido el contacto.
-No es que aquí tengamos cabinas telefónicas precisamente –bromeó Damon fingiendo que la indiferencia de su hermano sobre su paradero no le dolía-. Bueno, ya que conoces a Stefan, seguramente sabrás cómo me convertí en vampiro.
-Me contó que os enamorasteis de la misma vampira.
-Katherine… -murmuró el chico perdido en los recuerdos de la mujer que amaba-. Jamás fui capaz de negarle nada. Tenía una habilidad genuina para manipular a los hombres a placer. Eso me volvía loco. Y era tan hermosa…
"Tú me recuerdas un poco a ella. Aunque tu rostro tiene un toque más dulce, más puro.
-Stefan dijo que intentasteis salvarla cuando vuestro padre organizó una caza de vampiros –continuó contando Elena-. Llevabais su sangre en vuestro organismo, así que, cuando Giuseppe os mató, os convertisteis.
-A eso habría que añadirle que Stefan me obligó a completar la transición pese a que yo quise morir.
-¿Por qué querías morir? –preguntó la chica, quien desconocía ese dato.
-Quería ser inmortal para estar con Katherine. Cuando ella murió, la inmortalidad dejó de tener sentido para mí.
Elena se sintió apenada por el vampiro, a quien había confundido desde un primer momento, pues pensaba que era un tipo frío que no sentía nada; pero solo se trataba de un hombre atormentado por su pasado, que perdió a la mujer que amaba y fue traicionado por su familia, para acabar siendo sometido a torturas por un grupo de científicos locos anti-vampiros.
-Estoy en desventaja –siguió hablando Damon intentando tomar un aire despreocupado porque no quería mostrarse débil delante de su compañero de celda-. No sé nada sobre ti. Así que es tu turno, ¿cómo te convertiste?
-Stefan me presentó a un vampiro amigo suyo, Elijah. Tuvimos una breve historia.
-¿Te convertiste por él?
-No exactamente. En realidad, fue un accidente. Mi coche se precipitó por el puente Whickery y morí. Tenía su sangre en mi organismo, así que…
-Ya, me hago una idea de cómo ocurrió eso –dijo Damon con una sonrisa pícara, pues la chica acababa de confesarle sin querer que había hecho una blood sharing con un vampiro.
Elena se ruborizó al verse descubierta por Damon.
-¿Cómo te trajeron aquí? –preguntó ella para cambiar de tema, rompiendo de golpe con ese breve momento de diversión del chico.
-Mi sobrino Joseph me llamó diciendo que quería verme, y a Stefan también, que tenía algo muy importante que decirnos.
"Recuerdo que cuando entré en la casa, la radio estaba puesta. Dwight D. Eisenhower estaba dando su discurso de toma de posesión como presidente.
-Espera, ¿Eisenhower? Pero si eso fue en los años 50.
-El 20 de enero de 1953, para ser más exactos.
-¿Me estás diciendo que llevas encerrado aquí 62 años? –alucinó ella, incapaz de creerse que el chico hubiese podido soportar esto por tanto tiempo.
-Te dije que era mucho tiempo.
La joven Elena se quedó en silencio un momento, tratando de procesar esa información.
-Lo que iba contando –continuó él como si nada-, Joseph nos llamó. Supongo que Stefan llegaría tarde o simplemente no se presentó. La cuestión es, que mi querido sobrino puso verbena en mi vaso de Bourbon y apareció un tipo, el Dr. Withmore.
"Al parecer, le había ofrecido dinero a Joseph a cambio de entregarnos. Una pena que le matase antes de que pudiera recibirlo… -murmuró esto último con una sonrisa maliciosa, regodeándose en el asesinato que cometió décadas atrás-. Lo que vino después ya lo has visto: años y años de tortura.
-¿Cómo has conseguido sobrevivir a todo esto sin volverte loco?
-Aunque te extrañe, hice un amigo. Se llamaba Enzo. Fue soldado en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
-¿Cómo acabó aquí?
-Withmore trabajaba en un hospital de campaña y descubrió que Enzo era un vampiro. Así que lo drogó y le encerró en un ataúd para sacarlo del país. Llevaba aquí 10 años cuando yo me uní a la fiesta.
"La amistad de Enzo me mantuvo vivo. Me dio una razón para aferrarme a mi humanidad. Aún cuando pensaba que seguiría preso eternamente.
-¿Qué fue de Enzo? –preguntó ella, no muy segura de querer conocer la respuesta.
-Planeamos un modo de salir de aquí juntos.
-¿Hay una forma de escapar?
-He dicho que lo planeamos, no que saliese bien.
-Oh… -murmuró Elena, intuyendo el resultado de ese plan.
Damon tomó un largo respiro antes de contar el resto de la historia:
-Nos sacaban del sótano una vez al año. Cada fin de año la gente de Agustine organizaba una fiestecita con buffet libre de vampiros.
"Estábamos débiles por las inyecciones de verbena, medio muertos de hambre por vivir con un vaso de sangre al día, encadenados como animales.
"Y en ese pequeño guateque anual, el Dr. Withmore mostraba a todos los amigos de Agustine sus avances en la investigación. Dejaba a sus invitados beber de nosotros para demostrar el poder sanador de la sangre vampírica.
"Pero gracias a eso… A Enzo se le ocurrió un plan. El problema de nuestra ración diaria era que a penas bastaba para que un vampiro sobreviviese. Pero si un vampiro tomase dos raciones al día durante todo un año, podría recuperar las fuerzas y estar preparado para plantarles cara cuando volviesen a sacarnos el próximo fin de año.
-¿Y qué tal fue el plan? –preguntó al chica muy intrigada.
-Echamos a suertes quién lo haría, y gané yo.
-¿Dio resultado?
-Bueno, estoy aquí, ¿no?
Elena se decepcionó al comprender entonces que no había posibilidades de escapar, que Damon lo había intentado y no funcionó, que nada podría ayudarles a salir de allí.
-La próxima fiesta fue en 1958... –continuó contando el chico-. Enzo me estuvo dando sus raciones de sangre durante un año entero, quedándose para él tan solo unas gotas para no desecarse. Y, mientras él se moría de hambre, yo me fui haciendo más fuerte por la dosis extra, tal y como él dijo.
"Cuando me sacaron de la celda, perdí el control. Me pudo la sed de venganza y, en lugar de ayudar a Enzo a escapar, me dediqué a matar a los presentes.
Damon se calló un instante, sumergiéndose en aquella fatídica noche y culpándose por el resultado de sus actos.
-Unos candelabros cayeron al suelo y la habitación empezó arder sin control –prosiguió el relato-. Intenté sacar a Enzo de la celda, pero estaba impregnada de verbena y era muy robusta.
"Estábamos tan sumergidos en nuestra misión, que no nos dimos cuenta de que había alguien más allí hasta que este me atacó por detrás y me inyectó verbena en el cuello. Se trataba de uno de los ayudantes de Whitmore que llegaba tarde a la fiesta.
"El tipo era tan sádico como su maestro. Dijo que solo necesitaba un vampiro para continuar los experimentos, así que me sacó de allí a rastras y dejó morir a Enzo.
Una vez más, Damon detuvo sus palabras, pues pese al tiempo que hace que ocurrió aquello, todavía le seguía afectando como si acabase de suceder.
-Aún hoy sigo despertándome por las noches oyendo sus gritos…
-Su muerte no fue tu culpa, Damon.
-Claro que sí. Fue un castigo para mí, una advertencia para que no volviese a intentar escapar.
-Y veo que funcionó a la perfección.
Elena se sintió mal en el acto al decir esas palabras. Damon no se merecía que ella fuese dura con él. Era normal que tuviese miedo a perder alguien más, no podía culparle por amar a los suyos.
-Lamento mucho la muerte de tu amigo –le dijo ella, aun sabiendo que esas palabras no aliviarían su dolor.
-Fue mi culpa –respondió Damon enojado consigo mismo-. Debí ceñirme al plan.
-Esa gente te torturó durante años, era normal que quisieras vengarte de ellos. La ira es uno de esos sentimientos que los vampiros no sabemos controlar muy bien.
-Tú no pareces de las que se enfadan con facilidad –comentó el chico ahora un poco más animado.
-Puede que no, pero esta gente de Agustine me han cabreado a lo grande.
-Me gusta esta nueva actitud tuya, es sexy –dijo Damon, provocando un rubor en las mejillas de la joven vampira.
