Se miró al espejo.
Odiaba su aspecto recién levantada.
Ni siquiera se había desmaquillado la noche anterior, y restos tenues de sombra de ojos decoraban la parte baja de sus ojos.
Se dio crema mientras pensaba donde había puesto el jersey naranja que había comprado dos dias antes.
Ella y su maldito desorden.
Lo había visto en un escaparate. Ese bonito color naranja crema le sentaba como anillo al dedo.
Lo había comprado mientras soñaba en entrar en la oficina con él. En que quizás y solo quizás, Rigsby alzaría un instante sus ojos de los informes para observarla y pensar que estaba hermosa.
Sonrió ante el espejo.
Estúpida. Que estúpida.
Risby jamás la miraría de ese modo. Él la veía casi como una hermana.
Como la jovencita inexperta a la que proteger; ella odiaba eso.
Porque si se arreglaba cada mañana era por él.
Porque cada mirada, cada suspiro era para él...cada sonrisa, cada vestido, y cada esperanza contenida cada vez que se levantaba esperando que él fuera detrás.
Si ella fuera de otro modo...mas atrevida, mas guapa, menos niña.
Peinó el cabello hacia atrás tras recordar donde había dejado la bolsa con la compra.
Si solo las cosas fuesen distintas.
oooooOOOOOOOooooooo
Jane se aburría.
Había llegado a la oficina antes de la hora y se tumbaba en su sofá mirando al techo.
Jane se aburría mucho.
Llevaban casi tres días en los que solo les llamaban para bagatelas.
Puso los brazos tras la cabeza.
Tal vez podría ir luego a chinchar a la morena.
-Buenos días- abrió los ojos para observar el ritual matutino de Grace Van Pelt.
La vio dejar el abrigo, y dirigirse a la sala de descanso a preparar café (sabía que para los dos)- ¿Qué tal has dormido?- luego, estaba claro lo que haría. Siempre lo mismo; dejar la cafetera enchufada y dedicarse a mover su escritorio, que la mujer de la limpieza había recolocado. El rubio se sonrió. La joven giraba la mesa apenas unos grados. No ganaba luz, ni espacio ni siquiera lo hacía por el feng Shui.
Lo que ganaba era visibilidad y es que, desde su posición original, una de las columnas ocultaban en parte la mesa de Walter Rigsby.
-Bien. Llegué el primero- Van Pelt jamás había justificado esa acción ante él. Los dos sabían que Jane lo sabía.
Cuan difícil era para todo el mundo dar el primer paso, pese a que todo era tan obvio... tan fácil.. si solo quisieran...
Patrick Jane se sonrió.
Su cabeza comenzó a maquinar mientras sonreía, totalmente seguro de que aquel día no iba a aburrirse.
