He tardado más de lo que pretendía, pero aquí está el segundo capítulo. Me quedé más contenta con el primero, pero supongo que es lo que pasa al principio de todas las historias, que empiezan a ponerse emocionantes un poco más adelante. Haré todo lo posible porque ese momento no tarde demasiado en llegar.
Quiero dar las gracias especialmente a Natisluna, GiselleLesrange28 y a solpotterblack por sus reviews. No sé si alguien más lo habrá leído o no, pero por si las moscas, gracias también xD que si nadie la leyera mi historia se quedaría triste y desconsolada
Sí, ya sé que estos dos capitulillos estan totalmente monopolizados por Teddy y Rose, pero a partir de ahora van a salir muchos más personajes con sus propias historias, lo prometo. Solo esperad y confiad en mí! Lo que tengo en mente es bastante más elaborado que solo Teddy, Rose y Scorpius.
Espero que lo disfrutéis al menos la mitad que yo escribiéndolo y así ya me sentiré satisfecha!
Disclaimer: Todos los personajes de esta historia son de JKR
Dicen hay noches que si estás lo suficientemente atento, incluso puedes oír a Hogwarts respirar
Dicen que hay noches que si estás lo suficientemente atento, incluso puedes oír a Hogwarts respirar. Puede que se trate de una mera forma de hablar, nada que haya que tomar de forma literal, pero no podemos olvidar lo que el castillo representa ni lo que alberga. Centenas de magos y brujas se encierran entre sus paredes año tras año, de septiembre a junio, con sus varitas, sus pócimas y sus hechizos. Así que no sería raro que algún joven imberbe se hubiera despistado cuando no debiera o hubiera pronunciado algunas eles en lugar de erres y las piedras del castillo hubieran amortizado esa magia desperdiciada. Sea como fuere, hoy hasta el mismísimo frío está en tensión. El ser humano es un animal de costumbres, por mucha magia que sea capaz de utilizar, ¿y qué costumbre hay más antigua en todo Hogwarts que el ferviente odio que sienten un Slytherin por un Gryffindor o viceversa?
-¡Si pensáis jugar la semana que viene tal y como habéis entrenado hoy, decídmelo ya y ni siquiera me molesto en madrugar!
-Cálmate, Teddy, tampoco ha sido para tanto. Danos un respiro. –el aludido fulminó con la mirada a su mejor amigo.
-¡Capitán! –gritó, ante la mirada cansada de todos.
-¿Cómo dices?
-Ahora no soy Teddy, James, sino tu capitán. Así que trátame como tal.
El moreno lo miró directamente durante un par de segundos. Su rostro era una máscara completamente fría, llevaba toda la mañana soportando el mal humor y los malos tonos de su amigo y estaba más que acostumbrado, pero aquello era pasarse. Al final, fue él mismo el que cedió y apartó la vista, odiando su debilidad.
-¡Bien! –Teddy volvió a dirigirse al equipo. –Quiero diez vueltas al campo de quidditch. –se esperó a que casi estuvieran fuera de los vestuarios para añadir: -Y sin escobas.
Un murmullo general de descontento se elevó entre los chicos, pero nadie se atrevió a convertirlo en algo más. Soltaron sus escobas y se fueron al campo, acordándose de toda la familia Lupin cuando empezó a llover.
Ted suspiró, se volvió para coger su toalla y se dio una ducha. Dejó que el agua recorriera cada músculo varias veces, como si de aquella manera pudiera librarse del cabreo que llevaba encima. No funcionó, se enrolló la toalla alrededor de la cintura dejando su torso al desnudo y salió de nuevo a la parte central de los vestuarios. James estaba esperándole.
-¿Se puede saber qué te pasa, tío? –el capitán se miró al espejo antes de contestar, su pelo morado se estaba volviendo azul. –Desde el desayuno no hay quien te tosa encima, joder. Ha sido un buen entrenamiento, no deberías haberle gritado a los chicos como lo has hecho.
Teddy siguió sin contestar.
-¡Eh! ¿Me estás oyendo? Vamos, no seas crío.
Su amigo volvió a suspirar y se giró para mirarlo directamente. Seguía con las facciones duras y el ceño fruncido.
-¿Y qué quieres que te diga? Sí, he sido un auténtico capullo, pero si seguimos así no ganaremos contra Slytherin.
-No digas bobadas, todos los años lo hemos hecho… ¿o es que ahora te da miedo ese Malfoy? –James sonrió pícaramente al ver encenderse de ira el rostro de su amigo. –Estaba de coña, tío relájate. Ve a ver a Victoire y tened una nochecita romántica los dos. Tú vendrás más relajado y todos seremos más felices.
Al oír el nombre de su novia y aquella insinuación sexual por parte de su amigo, Teddy palideció, cosa que no pasó desapercibida para James.
-¿Tienes problemas con mi prima? ¿Qué le has hecho ahora? –no esperó contestación. –Bueno, no te preocupes. Ya sabes como es. Es mi prima y Merlín sabe que la quiero, pero es una niña insoportable y mimada. Bill y Fleur siempre la han sobreprotegido demasiado y han creado una Barbie de metro setenta. Tiene suerte de estar buena si no, no sé que clase de idiota aguantaría todas sus bobadas.
Miró a Teddy que seguía sin decir nada. Aquello no tenía muy buena pinta.
-Joder, puteo a tu novia, te puteo a ti y nada. No sé que más decirte para que reacciones. –James se acercó al chico y le pasó un brazo por el hombro. Ellos dos eran más que amigos, eran como hermanos. -¿La llamo y te la traigo aquí? A ella, seguramente, le harías más caso que a mí.
Teddy decidió que era hora de hablar, veía al moreno demasiado capaz de hacer lo que decía.
-No digas estupideces. –le cortó, desasiéndose de su brazo. –Ya la veré luego, ahora tengo cosas que hacer.
-¿Mejor que mi plan? ¿Y qué es eso tan importante que tienes que hacer?
-El ensayo sobre los hombres lobos en el siglo xviii. Algunos nos preocupamos por aprobar.
James se rió con ganas y eso provocó que el enfado de Teddy aumentara.
-¿Tú preocupado por aprobar? No será que tienes alguna chica por ahí escondida y solo estás esperando a que me vaya, ¿verdad? –miró en las duchas cómicamente buscando a la chica. -¿No será esa rubita de Hufflepuff, verdad? No para de hacerte ojitos en el Gran Comedor.
-¿Qué rubita de Hufflepuff? –preguntó confundido.
-Ya sabes, esa que siempre va con la bajita de las pecas. McGorwin, McGolvin o algo así. Si hoy se ha chocado contigo en el desayuno cuando tú entrabas. Y apostaría todo lo que tengo a que lo ha hecho a posta. Las tías son raras. Una rubia así solo tendría que dar una palmada para tenerme a sus pies. –lo miró sorprendido. -¡No me digas que no te has dado cuenta!
-No soy un puñetero salido como tú, James.
El moreno se quedó pensativo.
-No… no es eso. Esta mañana estabas raro, como si buscaras algo o… a alguien. Y luego ¡pluf!, sin previo aviso careto y mala leche. Me pregunto quién será…
-Deja de decir estupideces –le cortó Teddy. –Y lárgate de aquí o me encargaré de que corras de verdad las diez vueltas.
-No gracias. –dio una palmadita en la espalda de su amigo y se giró para la puerta. –Nos vemos a la hora de cenar. A ver con qué te sorprende la rubia esta vez.
Una vez su amigo se perdió de vista, Teddy volvió a girarse hacia el espejo quedando de espaldas a la puerta. No podía pensar en nada salvo que ella no había acudido anoche a la cita y eso le hervía la sangre. Por las palabras de James, se dio cuenta de que quizás estaba siendo demasiado poco discreto. Sí, esa mañana solo estaba pendiente de encontrar a Rose en el Gran Comedor. Miró en la mesa de Slytherin, por los pasillos, en su propia mesa por si hoy había decidido hacerle una visita a sus primos… y nada. Se resignó, "al menos había tenido la decencia de no aparecer esa mañana después del plantón de la lechucería", pensó, pero cuando la vio entrando con esa risita tonta con el imbécil de Scorpius Malfoy, algo dentro de él explotó. Algo que acabó salpicando sobre todo su equipo de quidditch y a Victoire.
El chico se sentó en un banco, cogió la pomada de Madame Pomfrey para las magulladuras y comenzó a extendérsela por el feo hematoma que tenía en el hombro.
James acababa de dejar a su amigo en los vestuarios e iba tarareando una canción cuando una niña con bufanda verde le saludó. Por acto reflejo, le lanzó una mirada despectiva. Odiaba a las serpientes, pero rápidamente relajó el rostro cuando se dio verdadera cuenta de quién era.
-Hola, primita. ¿Qué haces aquí? –el hecho de que el muchacho la examinara atentamente de arriba abajo con aquellos enormes ojos verdes, la incomodaron bastante.
-Vengo a ver a Scorpius y Stella. Ahora toca entrenamiento de Slytherin.
Los ojos curiosos de James adquirieron cierto matiz de desconfianza.
-Ese amiguito tuyo… Scorpius, ha tenido bastante suerte últimamente, ¿no? Dos snitchs seguidas en dos partidos antes de los 45 minutos. Mucha suerte –su tono de voz no le gustó nada a Rose.
-No sé en Gryffindor, pero en Slytherin a eso lo llamamos talento no suerte.
Rose se calló, esperando a que su primo lanzara el contraataque. Éste, en cambio, en vez de eso, se limitó a sonreír con afecto.
-¿Sabes? Todavía no me acostumbro a verte sin tus gafas ni tu pelo enmarañado. De buenas a primera, la incordio de mi prima que me seguía a todas partes se ha convertido en una tía que está buena y todo.
-¡James!
-Lo digo como un cumplido, tranquila. –le apretó afectuosamente el hombro. –Pero como vea a ese flacucho de Malfoy pasarse un solo pelo contigo, lo mato.
La niña titubeó.
-Bueno, no te entretengo más. –añadió él. –Anima a tus serpientes. Y si te cruzas con Teddy huye. Hoy está de un humor de perros, ¿o debería decir de lobos?
Esperó la risa de Rose por su intento de chiste, pero al ver que no llegaba y que por la cara que ponía su prima jamás llegaría, desistió y se marchó de vuelta al castillo.
Rose se quedó allí de pie un momento, sin mirar nada en particular. No tenía demasiadas ganas de toparse con Teddy y después de lo que le había dicho James menos, pero tenía que zanjar todo el asunto de las desapariciones de una vez por todas. ¿Cómo reaccionaría cuando la viera? ¿De verdad estaría tan enfadado? ¿Sería ella la culpable?
Miró anhelante el campo de quidditch donde ya podía ver unas cuantas escobas surcar los cielos, luego volvió su cara a los vestuarios.
¡Cuánto antes te lo quites de encima, mejor! , pensó. Pero ni eso le reconfortó un poco cuando comenzó a dirigirse al encuentro del Gryffindor.
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Scorpius Malfoy se veía como un auténtico Eolo cuando surcaba los cielos a lomos de su escoba. Sus facciones tan marcadas y perfectas, aquel pelo rubio despeinado a causa del viento y su nariz. ¡Por Merlín! ¡Su nariz!. Esa era su mejor parte, sin ninguna imperfección le daba a su rostro ese aire señorial que visten todos los Malfoy desde hace siglos.
Por mucho que lo intentara, Stella no podía abandonar aquel tipo de pensamientos. Lo tenía a escasos metros de ella, en silencio, escudriñando las gradas. La muchacha vio el aire contrariado del rubio, dirigió la mirada al punto exacto que él observaba y no se sorprendió al ver un grupo de chicas de diversas casas allí plantadas, a pesar de que estuviera lloviendo.
¡Cómo las odiaba!
-¿Crees que estará bien? –le oyó decir casi en un susurro.
-¿Quién? -¿Por qué tenía que ser tan estúpida? Estaba claro que se refería a Rose. Siempre se refiere a Rose.
-Rose, no me gustó nada su aspecto y que no parara de estornudar snirlacs. Pillaré a quien haya sido y te juro por la Orden de Merlín que temblará con solo volver a escuchar mi nombre.
La joven se encogió en su escoba. Desde que llegaron a Hogwarts con 11 años y una vez superado el trauma colectivo que significaba que por primera vez en la historia una Weasly fuera una serpiente, siempre habían sido ellos tres: Scorpius, Rose y ella, Stella. Sin embargo, el rubio jamás le había dedicado una de las miradas que guardaba para Rose, nunca ese tono de voz especialmente para ella… Malfoy, Rose y ella eran amigos, sí, pero por una razón u otra siempre quedaba excluída. Y eso le dolía.
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La puerta hizo un golpe seco al cerrarse. Teddy no alzó la vista, siguió inmerso en darse los cuidados necesarios a las múltiples contusiones que recorrían y enverdecían su cuerpo. A las hechas durante la semana se le sumaban el que hacía menos de una hora una bludger le hubiera noqueado de un golpe directo en el pecho, haciéndole caer unos 5 metros desde su escoba.
-Creía que te había dicho que te fueras. No estoy de humor para tus tonterías.
Rose dudó durante unos segundos si marcharse de allí, pero por más que lo intentaba sus pies se negaron a moverse. Al no recibir respuesta alguna, el chico alzó la vista, dispuesto a seguir discutiendo con su amigo.
-He dicho que… ¿Rose? –la niña se quedó de piedra. ¿Qué demonios hacía allí? ¿Por qué tenía que haber ido? -¿Qué haces aquí? –el tono esperanzado que percibió en su propia voz le enfureció y decidió pagarlo con ella. Total, ella era la única culpable de que estuviera así. –¿Sabes? Anoche hizo bastante frío en la lechucería, aunque claro, no creo que te importe demasiado.
Ella siguió sin decir una palabra. El chico, sabiendo que no conseguiría nada por aquel camino, decidió probar con otra cosa.
-Si has venido para quedarte ahí parada como un pasmarote vete. Ya te he dicho que no estoy de humor para niñerías.
Teddy volvió a su quehacer con la pomada. Lanzó un gemido de dolor cuando ésta tocó una herida abierta. Sin darse cuenta de que lo hacía, Rose se fue derecha al grifo, mojó una toalla y se acercó al muchacho para limpiar la herida. Él se quedó estupefacto y cuando sus pieles se tocaron también le faltó el aliento. Intentó tocar su mano, atraparla entre las suyas, pero la niña la apartó al instante.
-Rose…
-¡No! Teddy, no –se irguió y se alejó de él. –He venido a decirte que dejes de quitarme cosas. Nada más. Al principio no me importó. Plumas y pergaminos, no es algo que no pueda reponer en unos minutos, pero ya ha sido demasiado. Por favor. Además mis amigos están empezando a sospechar.
-¡Eh! Para, para un momento. ¿Qué dices? Yo no te he quitado nada.
-¿Ah no? ¿Y si no has sido tú, quién? –Rose se puso en jarras, esperando una respuesta. -¿Quién querría quitarme ropa interior si no tú?
-¿Y yo que sé? ¡Dios! Te sangra la nariz.
-¡Mierda! ¡No puede ser! –Rose se giró y se miró al espejo, efectivamente un hilillo de sangre bajaba de su nariz. Mientras tanto el chico se levantó de un saltó, buscó una toalla de mano y cuando la encontró se la tendió.
Cuando se giró para tomar la toalla que Teddy le tendía, se sorprendió al ver que el muchacho ya estaba casi encima suya con la toalla en la mano y semidesnudo. Se acercó, pegó su fuerte y definido cuerpo al menudo cuerpo de ella y apretó la toalla contra su nariz.
-¿Qué es esto? –se notaba que estaba preocupado.
-Madame Promfrey me dijo que quizás tuviera algunas secuelas, pero que no dudarían más de un día.
Él acercó más su cuerpo y ella lo notó en todo su esplendor. Cada noche, antes de dormir rememoraba cada curva, cada peca, cada lunar… y se dormía abrazada a la almohada, imaginando que era Teddy el que estaba junto a ella y ahora volvía a tenerlo ahí, tan cerca… Si no se separaba, no podría resistirlo mucho más.
-¿Secuelas de qué? –la miraba directamente a los ojos, devorándola con la mirada.
-La Maldición Stornuclox. Alguien me echó unos polvos esta mañana, en mi zumo de calabaza.
-¿Quién demonios…? Voy a matarlo.
-¿Qué? Si ni siquiera sabes quien es. No lo sé ni yo.
-Lo averiguaré.
-¡Oh, mi héroe! –soltó irónicamente.
-No estoy de broma –alzó su mano izquierda y, sin poder evitarlo, acarició los labios de ella con la yema de sus dedos. Al contrario de lo que él creía, ella se dejó hacer, disfrutando de cada milímetro de contacto.
¡Domínate!
-Teddy…
-Shhh… no hables. –bajó su rostro, ansiando el momento en el que sus labios volvieran a encontrarse, cuando unos pasos resonaron en todo el vestuario.
Los dos jóvenes salieron de su ensimismamiento, se separaron de sí rápidamente y se miraron alarmados, llenos de pánico.
-¡Escóndete! –le urgió Teddy.
-¿Qué? ¿Por qué? ¡No! Eres como un hermano o un primo para mí, no es raro que esté aquí.
Esa descripción enfureció al muchacho.
-Seguramente el imbécil de tu primo se haya ido de la lengua y sea Victoire.
A Rose no le hizo falta saber nada más. Se escabulló deprisa con la toalla aún taponándose la nariz hacia las duchas, justo en el momento en el que la puerta volvió a abrirse.
-¡Ah! Estás aquí –la veela le dedicó una sonrisa radiante. –James me dijo que necesitabas verme.
Y sin más cerró la puerta y fue caminado hacia Teddy desabrochándose los botones de su camisa.
FIn del Segundo Capítulo! Weeeeee!
¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? Sí... todavía no ha pasado nada significativo, pero ya empieza a verse cosas extrañas que están ocurriendo. ¿Quién echa maldiciones al zumo de Rose? ¿Quién urga en su baúl y le roba la ropa interior? ¿Por qué lo hace?
Ña, ña, ñaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
Ya sabéis! REVIEWS! REVIEWS! REVIEWS!!
