Nota de autora: Tan solo mátenme. Actualizar a tiempo no es lo mío.

Capítulo 2: Sueños de cristal


—¡Hackmon!

Su grito fue suficiente para hacerme entrar en razón. No era momento de entrar y sucumbir a la desesperanza. Nuestros alrededores no eran más que telones negros, alimentándose de nuestros temores. Aquellas personas a quienes llamaba amigos yacían derrotados en el suelo, agonizando por las heridas que cargaban. Irónicamente, ellos habían recibido más daño que sus respectivos compañeros Digimon. Sacudí el rostro, aguantando las lágrimas. La indecisión me carcomía, la angustia estaba ganando. Viré a la derecha, una de las hermanas Sistermon luchando para contener a la misma destrucción.

—¡Ryuu-kun! —flaqueando, fui capaz de correr hacia él. —¡¿Pero qué estás haciendo?!

—Es la única forma… ¡sabes que es la única forma! —me detuve en seco. —¿Acaso deseas que…?

—¡No, no quiero! —sacudí violentamente mi cara. Coloqué mi brazo sobre mi frente, fingiendo que no notaba el agua que corría. —Debería existir otra forma de…

—¡No la hay, comprende! —mi corazón dejó de latir. —Es la única opción que tenemos…—le lanzó una mirada a su Digimon. —Hackmon.

—¿Es esto lo que quieres? —con una diminuta voz, aquél Digimon de capa roja que también carga googles como su camarada, preguntó. —Se trata de…

—¡Lo sé! ¡Lo sé muy bien! —juntó sus dientes.

Me desplomé una vez más, golpeando el inexistente suelo. Estábamos perdiendo todo. Absolutamente todo. Mikka-kun sigue inconsciente; Nanoka-kun ha sucumbido al dolor.

Sin olvidar…

Mis ojos no dieron con él. Una de las personas que, aunque le cueste admitirlo, es quien cargaba más amor hacia dicha catástrofe que desea eliminarnos. No daba con su paradero, causándome una mala sensación. Por el otro lado, Ryuu-kun seguía luchando junto a su compañero y las hermanas Sistermon. Cerré mis ojos, añorando por un cambio.

El mundo se tornó blanco tras escuchar su voz. Rasposa, llena de dolor. Me perdí en gotas rojas que danzaban a nuestro alrededor mientras un cuerpo caía. La catástrofe había sido derrotada mucho más simple de lo que creímos. Sin embargo, no fue como lo planeamos desde un inicio. Fue ahí cuando di con esas tres figuras, desatando un amor que no parece tener límites. Ambos enloquecidos y cegados por sentimientos que no comprenden.

—¡Kisaragi!

La rabia en su voz no podía ser contenida. Finalmente había dado con el paradero de aquella persona que no encontraba desde hacía rato. Ryuu-kun estaba cabizbajo, sin decir palabra alguna. Mikka-kun movió sus dedos, reaccionando de a pocos. Mis ojos se iluminaron tras notarlo, siendo brevemente interrumpidos por la respuesta.

—Tenía que morir.

—Nanoka-kun…—murmuré.

—¡Tan solo deseabas ver su sangre correr! —seguía en negación aquella persona.

—Tenía que morir. Desde un inicio. Tenía que—limpió la daga con su abrigo. —Era eso o nada.

El silencio volvió a reinar, indignada a que Ryuu-kun no dijera palabra alguna dada la magnitud del caso. No obstante, antes de que fuera capaz de actuar, la oscuridad se acumuló en el cuerpo de esa persona. Poco a poco, la lucha retornó, tan solo entre esos dos individuos. Una lucha a muerte, mientras que la misma destrucción seguía ahí, inerte, todo rastro de vida extinguida.

—No… no…—deseaba volcar toda mi alma al hablar. —Yo solo… yo solo quiero… un final feliz para todos…

Nunca quise recurrir a esto.

—Necesito… necesito tiempo… necesito respuestas… tengo que evitar este desenlace… tengo que salvar ese futuro que vi.

Sé lo que tengo que hacer.

El mundo cantó su última agonía, sumiéndose en un mar de las tinieblas.

: : :

—¡Takeru, es hora de cenar!

La voz de Yamato hizo que me volcara de la cama, golpeando mi cabeza contra el suelo de madera. El cansancio del Digimundo había ganado lo mejor de mí, especialmente tras todas las revelaciones de Gennai. El sueño que acabo de tener tampoco ayuda.

—Podía vivirlo a través de los ojos de quien observaba la destrucción. Fue tan claro como un cristal…

Lo deseché de mi mente, acudiendo hacia el llamado de mi hermano.


Medio año después, un capítulo de 652 palabras. Hurra.