¡Hola! Hemos vuelto con un nuevo capítulo de esta historia.

Como siempre dejaremos las respectivas advertencias y el crédito a las autoras de la historia. ¡Que lo disfruten! n.n

DISCLAIMER:

Esta historia está siendo re-subida, no me pertenece a mí ni a mi compañera sino a tsukii07 y a Chikytina.

Los personajes claramente son de Tite Kubo.


Capítulo 2:

Salud delicada

Orihime se frotó débilmente los ojos al escuchar la campana que indicaba las siete de la mañana. Aquella primera noche en el centro no había sido muy buena. Todavía no asumía la realidad, no podía creer que realmente estuviese allí, rodeada de delincuentes, enjaulada como un pájaro, privada de libertades… Y para más inri, había provocado la ira de uno de los residentes más peligrosos: Grimmjow Jaegerjaquez.

Suspiró profundamente y se incorporó de la cama apartándose aquellas finas sábanas, comenzando así su rutina. En ese momento, Tatsuki apareció traspasando el umbral de la puerta del baño secándose el cabello con una toalla.

- ¡Oh! ¿Ya te has despertado? – Canturreó. - ¡Buenos días dormilona!

- Hmm… b-buenos días… - Farfulló, apartándose el pelo de la cara. Sintió ansiedad, llevaba dos días sin fumar… ¡Dos días! ¡Dios! La ausencia de nicotina comenzaba a dar frutos, malhumorándola. ¿Tal vez su compañera podría ayudarla? - ¿Tienes un cigarro?

- No, yo no fumo. Soy deportista. – Medio sonrió. - ¿No es un poco pronto para meterle mierda al cuerpo?

- Siempre fumo al despertar, es mi cigarro de buenos días. Hace dos días que no fumo… ya sabes, por permanecer en comisaría, después ser enviada al Tribunal de menores… y eso. ¿Tú sabes cómo conseguir tabaco por aquí?

- Uh… - Se rascó la nuca. - Eso supongo que debes pedírselo a tus familiares y que te lo entreguen en las visitas. Son los sábados.

- Estupendo. Me parece que voy a tener que dejar de fumar.

Tatsuki reflexionó sobre el significado de aquellas palabras durante unos instantes. Estaba más que claro lo que había querido decir. No tengo familia. ¿Sería demasiado pronto para pregúntale acerca de su familia y los desafortunados acontecimientos que la enviaron a Las Noches? La morena se mordió el labio inferior, intentando contener las ganas. Ese gesto no pasó desapercibido para la pelirroja, como tampoco lo fue la curiosidad que emanaban sus ojos, por lo que comenzó a responder sin necesitar pregunta alguna.

- No, no tengo familia. – Se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja. - Mis padres desaparecieron cuando tenía tres años, así que mi hermano mayor tuvo que hacerse cargo de mí… Todo iba bien, dejé el colegio en primaria para ayudar a Sora con las tareas del hogar. El pobre no podía con todo. – Sonrió ante el recuerdo. – Pero un día… Alguien lo atropelló. – Suspiró – Y murió. – Cerró los ojos. – Entonces… todo se volvió negro. Nadie me contrataba en ningún sitio por mi pésima formación académica. La mierda de pensión que me pasaba mi tía no me ayudaba en nada, así que poco a poco comencé a robar, cada vez en sitios más vigilados… Hasta ser fichada, arrestada y juzgada.

- ¿Solo por robar te meten aquí? – Puso los ojos como platos.

- No, también por agredir a un empleado de seguridad, pero ese no es el caso. Mi tía pudo elegir mi destino y librarme de esto firmando unos papeles donde se declarara mi tutora legal responsable de mis actos… Pero en lugar de eso firmó mi admisión al centro.

- ¡Qué asco de mujer! – Gruñó la morena apretando sus puños.

- Pues ya ves… - Coincidió. - ¿Y tú? ¿Por qué estás aquí? – Quiso saber.

- Practico Karate, pero no como distracción, soy profesional. Hace poco más de tres meses fue el campeonato mundial ¿Sabías? – La pelirroja negó. – No sé porque te pregunto si tú estabas desconectada del mundo… - Puso los ojos en blanco. – Yo competía por el título de campeona mundial en la categoría juvenil de peso gallo. Estando en finales tuve problemas con una de mis rivales, me pasé… y la envié al hospital ganándome una denuncia que me descalificó enseguida del campeonato. En ese momento no pude reaccionar como es debido, resignándome y aguantándolo todo. Me había estado preparando tanto tiempo… - Se mordió el labio con furia, recordando el rostro de aquella chica que le destrozó su sueño. – Se supone, que al ser deportista de élite no puedes recibir denuncias por agresión… Así que aquello trajo graves problemas a mis padres, puedes imaginarte mi estrés ¿no? – La pelirroja asintió. – Un día, por suerte o por desgracia, me encontré con esa gilipollas por la calle… y no pude evitar aporrearla hasta dejarla inconsciente, tirada en el suelo.

- Oh… vaya. – Orihime no supo qué responder, qué palabras de consuelo o ánimo darle a su nueva amiga. Tatsuki rodeó sus hombros con el brazo, algo nerviosa.

- No tengas miedo, por favor. No soy violenta… yo…

- No te preocupes, Tatsuki. – Le sonrió ampliamente.

En ese instante la puerta de la habitación se abrió y una mujer de unos treinta y cinco años, de porte acicalado y rostro sereno apareció. Tenía los cabellos oscuros recogidos en una trenza, la sonrisa postiza y los ademanes resueltos. Dirigió una de sus sonrisas postizas a las chicas y dio unos cuantos pasos más hacia el centro de la estancia.

- Buenos días señorita Inoue, señorita Arisawa. – Les dedicó un asentimiento de cabeza a ambas, muy formal, antes de centrarse en Orihime. – Soy Unohana Retsu, la enfermera y profesora de biología. Lamento no haber podido darte la bienvenida cuando llegaste pero tuve que atender a un muchacho problemático para administrarle unos sedantes después de la cena. – La pelirroja pensó en Grimmjow. ¿Sería posible que aquel muchacho llegara a semejantes extremos? – Vengo a hacerte tu revisión. – Informó. Después, se dirigió a Tatsuki. – Señorita Arisawa, ¿Sería tan amable de disculparnos e ir a desayunar, por favor?

- Pero… ¿Y ella? – Preguntó, aparentemente sin querer separarse de su compañera de habitación, que después de aquella conversación presintió que en un futuro se convertiría en su mejor amiga.

- Arisawa, ¿Recuerdas tu primera inspección al llegar aquí? – La morena pareció dudar, acto seguido se estremeció y dedicó una mirada compasiva a la pelirroja.

- Entendido. – Dijo, antes de despedirse con la mano de Orihime y marcharse en dirección al comedor.

Unohana depositó su maletín sobre la cama de Tatsuki. Después sacó unos papeles y comenzó a leerlos con atención.

- Bueno, primero debo explicarte un poco sobre el trabajo de los celadores de cada pabellón. – Empezó en tono profesional. Tomó aire. – La profesora Matsumoto y yo nos encargamos del pabellón femenino, nuestra habitación es la número uno y está en la primera planta. Si tienes algún problema, debes acudir a nosotras de inmediato. – Orihime asintió. – Si ninguna de las dos se encuentra allí, llama al timbre que hay en la puerta que conduce al edificio principal. Las celadoras revisarán las habitaciones cada lunes, después de los días de permiso donde algunos residentes tienen el privilegio de visitar a sus familias. Tú, al llegar nueva, debes pasar una inspección obligatoria. – La chica volvió a asentir, intentado adivinar lo que consistía dicha inspección. - Muy bien. Levántate y quítate la ropa, que vas a ducharte, Inoue.

Orihime vaciló, experimentando una súbita timidez. Comprendiendo que no tenía otra solución, se levantó y empezó a desabrocharse lentamente la camisa del pijama, Unohana interrumpió el streaptis.

- Perdón, ¿La ropa que llevabas puesta el primer día que llegaste…?

- Está en el armario, Tatsuki la guardó.

Unohana buscó sus ropas por el armario y las inspeccionó con el aire profesional característico de un agente de Aduanas. Después, registró la caja de los uniformes y finalmente otra algo más pequeña donde había pijamas.

- Arisawa ya te habrá comentado que esta ropa solamente debes utilizarla durante los permisos o celebraciones especiales, ¿Verdad? – Dijo, girándose sobre sus talones. La pelirroja a medio desvestir asintió. - Vamos, vamos. Adelante - Urgió Unohana. Orihime procuró darse más prisa hasta finalmente quedar en ropa interior. - Bien. - Dijo. - ¿Piensas ducharte con eso puesto?

Orihime se sonrojó; no obstante metió los pulgares en los costados de las bragas, se las quitó e hizo lo mismo con el sujetador. La enfermera hizo un gesto indicando que se lo entregara, acto seguido anotó en su informe la talla, pues ella se encargaba de suministrar sujetadores. Aunque no hacía frío, Orihime temblaba incontroladamente de nerviosismo y vergüenza.

- Perfecto. - Dijo Unohana. - ¿Cuándo tuviste tu último período?

La pelirroja reflexionó durante un minuto.

- ... Hace unas dos semanas. - dijo finalmente.

- ¿Hace dos semanas que terminó? – Preguntó.

- Sí. - Murmuró la chica. La enfermera anotó ese dato en su tablilla y continuó con sus preguntas.

- ¿Alérgica a algún medicamento?

- No.

- ¿Fumadora?

- Sí.

Luego de unas cuantas preguntas más, Unohana dejó a un lado la tablilla y se acercó a la chica. Ésta se encogió y se puso perceptiblemente rígida mientras la celadora empezaba a inspeccionar sus cabellos, separándolos con los dedos y tocándole el cuero cabelludo centímetro a centímetro, hasta que finalmente pareció darse por satisfecha. A estas alturas Orihime ya temblaba de modo visible, con los brazos cruzados sobre los pechos, cogiéndose los hombros con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos. Unohana dio un paso atrás y sonrió con su sonrisa postiza.

- Muy bien, muy bien. - Iba diciendo la enfermera, siempre en el mismo tono calmado.

La pelirroja tembló y de sus labios se escapó un gemido cuando Unohana registró hábilmente las partes íntimas de su cuerpo que ninguna otra persona había violado jamás. De súbito, los dedos indiscretos la dejaron en paz y Orihime lanzó un torturado suspiro de alivio. La enfermera se encogió de hombros, con aquella sonrisa estremecedora.

- Muchas chicas esconden drogas ahí ¿sabes? – Mostró su sonrisa falsa una vez más. - Es muy corriente. Dúchate ahora.

Sin poder dominar su temblor, la pelirroja entró en el cuarto de baño. Unohana le alargó seguidamente una botella de plástico y sin necesitar olerlo para corroborarlo identificó aquel envase. Era champú matapiojos. Graduó los grifos de la ducha, intentando que el agua no violase su cuerpo más de lo que lo había sido ya. Unohana esperó a que la chica finalizara su aseo, finalmente le tendió una toalla y un uniforme limpio.

- Aprovechando que estás en ayunas te realizaré una extracción de sangre para analizarla y comprobar tu salud, además de un análisis de control de enfermedades venéreas para anotar en tu formulario médico. – Dijo mientras la chica se vestía. – Bien, acompáñame.

Ambas salieron del baño y Unohana abrió su maletín y sacó las herramientas necesarias para la extracción. La chica resopló y le tendió el brazo, esperando en silencio pacientemente a que la enfermera terminase.

- Listo. – Guardó la muestra en su maletín y sacó un neceser. – Aquí tienes utensilios básicos de higiene íntima, si necesitas algo más pídemelo. Los sujetadores te los dejaré en el armario mientras estés en clase. Ahora toma. – Le entregó un sándwich de pavo. – Necesitas comer. Me retiro. – Sonrió de nuevo, con la sonrisa falsa. – Mi tarea ha concluido, nos vemos señorita Inoue.

La chica, aún descolocada por lo ocurrido devoró con ansias el sándwich intentando borrar de su mente lo que le había hecho Unohana. ¿Habría perdido así su virginidad? Mirándolo por el lado positivo… Un momento… No había lado positivo. ¿O sí? A la chica le pasaron unos fugaces pensamientos durante unos segundos. Al despertar, no quiso ir a desayunar para no tener que encontrarse con Grimmjow… Así que gracias a la "inspección rutinaria" había podido esquivar el desayuno.

Abrió el neceser otorgado por Unohana. Cepillo de dientes, pasta dentífrica, peine, tampones y toallas higiénicas perfumadas… Decidió darles uso al cepillo de dientes y la pasta antes de guardarlos dentro del neceser de nuevo y acto seguido dentro del cajón de su mesita de noche.

En ese momento, justo cuando la pelirroja terminó de secar un poco la humedad de su cabello con la toalla, otra campana sonó en el centro indicando el comienzo de las clases y las ocho de la mañana. Orihime comprobó su horario para saber dónde le tocaba su primera clase y salió de la habitación con parsimonia, maldiciendo la peste que emanaba su cabeza debido al matapiojos. Bajó las escaleras encontrándose a Rukia en ellas. Esta abrió los ojos como platos mirándola de arriba abajo.

- Oh… Hime. Buenos días. – Saludó la morena débilmente.

- Buenos días Rukia. – Le contestó, algo desconcertada. - ¿Qué haces aquí? ¿No has ido a desayunar?

- No… - Bajó la mirada – No tengo hambre. ¿Y tú? – Notó el fuerte olor del champú y asintió, adivinando la respuesta de la pelirroja, quién en ese momento se había erguido súbitamente. – Ya veo, la inspección… No te preocupes, todos hemos pasado por eso.

- Ha sido…

- ¿Humillante? – La cortó. – Lo superarás, tranquila.

- Sí, supongo. ¿Vamos tirando?

Rukia asintió, dedicándole una sonrisa reconfortante a Orihime. Ambas se dirigieron al laboratorio, ya que tocaba física y química. La pelirroja tuvo que admitir que el ambiente era agradable y nada carcelario. Llegaron al sitio demasiado pronto puesto que las demás todavía no habían llegado del comedor. En el aula solo se encontraba el profesor de pelo rosa y gafas que vio el día anterior liderando la fila de hombres.

- Buenos días. – Susurró él sin despegar la vista de un libro.

- Buenos días. – Contestaron Rukia y Orihime al unísono.

- Hime… este hombre se llama Szayel Aporro, es un "Einstein" algo extraño, corren rumores de su homosexualidad… - Le susurró Rukia al oído de manera que el profesor no pudo escuchar ni una palabra.

- Oh… ya veo... – Contestó ella repasándolo de arriba abajo.

Las chicas empezaron a entrar en el aula deseándole los buenos días a Szayel, mientras se sentaban en sus respectivos pupitres y Rukia las imitó dejando a Orihime de pie sin saber muy bien donde tomar asiento.

- Esto… profesor – Dijo la pelirroja mientras todas la observaban - ¿Dónde puedo sentarme yo?

- Ah, por supuesto, tus debes ser… - Dijo hojeando unos papeles. – Orihime Inoue. ¿Me equivoco?

- Ajá. – Asintió.

- Pues… siéntate por ahí. – Señaló un pupitre vacío al fondo de la clase.

Orihime se aproximó a él mientras todas las chicas, sentadas en parejas, la observaban detenidamente, escuchando también alguna que otra risita y cuchicheo. Rukia se sentaba junto a Tatsuki, y echó algo de menos su compañía. Delante suyo se encontraban dos chiquillas algo bajitas, una morena con coletas y otra rubia de pelo corto. Estas se giraron para dar la bienvenida a la pelirroja. Soltando una sonrisa torcida y mirándose entre ellas con complicidad.

- Hola novata. – Dijo una con un tono bajito para que el profesor de química no las escuchara.

- Buenos días. – Contestó la chica ignorándolas para prestar atención a la composición de los átomos.

- ¿Qué hace alguien como tú en un sitio como este? – Preguntó la rubia.

- ¿Quizás por ofrecer algunos servicios a hombres indecentes? – Continuó la morena con desprecio.

Orihime cogió al vuelo aquella indirecta. Respondiendo ante aquel ataque con una mirada de asco.

- ¿Y vosotras? – Alzó una ceja. - ¿Habéis robado en una juguetería? – Sonrió

- Silencio en el aula por favor. – Interrumpió Szayel

La pareja de amigas se giraron de nuevo para continuar con la clase, resoplando y maldiciendo a Orihime por lo bajo. Adivinó que aquellas dos no iban a ser precisamente amables con ella.

De pronto, una bolita de papel arrugada voló hasta su mesa. Orihime la cogió y la abrió, miró en la dirección en la que había caído, encontrándose con la mirada de Tatsuki que se sentaba unas filas más adelante. Perpleja leyó su contenido:

"Esas dos son Loly y Menoly, pasa de ellas, son unas lameculos del director y las chivatas de aquí. Si se proponen hundirte estás jodida."

Orihime por un momento se sintió feliz ante la preocupación de Tatsuki, hacía mucho tiempo que no se sentía importante para alguien… Despegó la vista de la nota y alzó su pulgar a Tatsuki, quien le guiñó un ojo como respuesta.

El tiempo pasaba lento, tan lento que resultaba cruel. ¿Qué hacía alguien como ella, que dejó los estudios en primaria, estudiando el comportamiento de los átomos? Finalmente, acabó esa tortura y las chicas salieron dirigiéndose al aula común. La siguiente clase eran Matemáticas, y se preguntó qué clase de profesor seria el que la diera, ya que en su primer día había podido conocer algunos. Una vez en el aula, Tatsuki y Rukia volvieron a sentarse juntas y Orihime tuvo que tomar un asiento libre y sin pareja como le había sucedido en el laboratorio. Al menos, en aquella aula su asiento daba a un ventanal abarrotado y se podía distraer mirando al exterior.

Al cabo de unos minutos el profesor de matemáticas entró colocándose enfrente de la pizarra y escribiendo una larga lista de números rápidamente sin ni siquiera saludar al alumnado. Ulquiorra Cifer se giró sobre sus talones limpiándose la tiza de las manos y dando un pequeño vistazo global, hasta finalmente posar su mirada en Orihime.

- ¿Qué pasa, señoritas? ¿Aún dormidas? – Preguntó con su habitual tono de aburrimiento mientras se sentaba en su silla.- ¿Habéis hecho los ejercicios que os mandé? – No obtuvo respuesta alguna. – Ya veo, ¿Alguna voluntaria para salir aquí y exponer las correcciones? – Se hizo un breve silencio hasta que una de las chicas lo rompió:

- Yo, yo, profesor. – Dijo Loly entusiasmada.

- Bien señorita Aivirrne, sal y haz el uno y el dos. ¿Otra más?

- Yo profesor Cifer. – Se ofreció Menoly con mejillas sonrojadas.

- Muy bien señorita Mallia, haz el tres y el cuatro.

Las dos chicas se acercaron a la pizarra dando pequeños saltitos sin percatarse – o al menos ignorando - de que algunas chicas murmuraban insultos hacia ellas.

Ulquiorra les entregó las tizas y se colocó en una esquina observando pacientemente con las manos en los bolsillos. Al cabo de un rato, dio un bufido algo aburrido y se dirigió al fondo del aula, hasta el asiento de Orihime, apoyándose en su pupitre y acercándose a ella para que nadie más escuchara su conversación.

- ¿Ya has conocido a la profesora Unohana? – Susurró.

- Ajá. – Dijo, algo incomoda. - ¿No lo hueles? – Señaló su cabello, que ya se había secado completamente.

- Bien, después iré a buscar el informe médico, me corresponde guardarlo al ser tu tutor.

Mientras tanto, Loly en la pizarra ya había terminado sus ejercicios, se dio media vuelta buscando a su profesor para que le diera la aprobación. Tras apreciar la posición de este, carraspeó para llamar su atención y así poner fin al acercamiento que se había producido entre Ulquiorra y la nueva.

La mirada de Orihime se topó con la de las chicas y no pudo evitar una sonrisa orgullosa al notar el desprecio y la rabia que le dedicaban. Ulquiorra sin muchos miramientos volvió a sus deberes como profesor y corrigió velozmente el primer ejercicio junto a los otros.

- Os felicito señoritas, estas actividades eran algo difíciles, pero vosotras siempre los resolvéis correctamente.

La mirada de la pareja empezó a brillar y unas sonrisas de par en par se asomaron en sus rostros, orgullosas de sí mismas se volvieron a sentar, no sin antes hacer un gesto a Orihime que expresaba claramente "jódete-sucia-zorra". La pelirroja rió ante la rivalidad que se había formado de la nada entre ellas, anotó mentalmente devolverles la jugada, pero eso sería más tarde, la venganza es un plato que se sirve frío.

El profesor continuó así durante el tiempo restante de clase, explicando nuevas cosas y dando ejemplos claros y concisos. Finalmente escribió en la pizarra cuatro ejercicios de deberes para el día siguiente. La pelirroja anotó aquellas ecuaciones, y resopló ante la dificultad. Deseó que su compañera de habitación tuviese más idea que ella.

Ulquiorra miró su reloj, percatándose de que aún era muy pronto para finalizar la clase, pues quedaba un cuarto de hora.

- Como hemos acabado pronto hoy... ¿Qué os parece si comenzamos a hacer los ejercicios de deberes? – Tampoco obtuvo respuesta esta vez. – Bien, ¿alguna voluntaria? – La clase seguía en silencio - ¿Señorita Inoue? ¿Sería tan amable de realizarme el primer ejercicio y enseñarme sus habilidades matemáticas?

El pecho de la chica se comprimió, sintiendo por primera vez temor a salir a la pizarra.

- No. – Respondió con indiferencia fingida, tratando de recomponerse. Las chicas se giraron confusas ante la respuesta y Orihime al notar la mirada de todo el aula incrementó su nerviosismo.

- ¿Por qué no? – Inquirió él, algo molesto.

- Porque no me apetece, Ulquiorra.

El profesor se sorprendió, pero no solo porque no le había tratado con el respeto que merecía, sino porque le estaba desobedeciendo. No pudo evitar sentir también algo más aparte de la sorpresa… Algo extraño, ¿Por qué su nombre sonaba tan bien pronunciado por aquella mujer? Algunas chicas empezaron a murmurar completamente atónitas de las confianzas que se tomaba la nueva con el profesor.

- La pregunta ahora se transforma en orden. Bien, ¿sales ya o te voy a buscar a tu asiento? – La pelirroja resopló.

- Atrévete. – Dijo retándolo.

Ulquiorra estrechó la mirada acercándose a su asiento, y levantándola sobre sus pies. ¿Quién era ella para retarlo?

- Camina. - Ordenó

- Maldito hijo de puta… - Susurró ella. Mientras toda la clase soltaba un leve "¡ah!" boquiabiertas.

- ¿Has dicho algo? – Preguntó al ver la reacción de sus alumnas.

- No nada, que estas muy amable hoy. – Mintió.

- Oh claro, estoy de tan buen humor que te voy a dejar hacer los tres siguientes, y aunque suene el timbre te vendrás a la hora del recreo a finalizarlos.

- ¡Joder Ulquiorra! – Refunfuñó ella. - ¿Has comido algo en mal estado? - Las chicas soltaron unas risitas, hiriendo así el ego del moreno.

- Shht. – Le colocó el dedo índice en los labios antes de que la pelirroja pudiera abrir la boca para seguir replicando. – Los lloros y las lamentaciones guárdalos para la tutoría.

Entonces la sala enmudeció, las chicas no pudieron evitar poner los ojos de dos platos ante la revelación de la identidad del tutor de la chica. ¡No puede ser! Pensaron todas al unísono, que si se hubiera expresado con palabras hubiera resultado hasta cómico. A Orihime no le hizo falta ser lectora de mentes para percatarse de ello.

El timbre sonó rompiendo así aquel silencio. Mientras Ulquiorra dedicaba una estrecha mirada a la pelirroja.

- Nos veremos en la hora del patio. – Dijo él a modo de venganza.

Ella no contestó, se volvió a su asiento maldiciendo para sí a su nuevo tutor. Pero en ese momento algo en su mente hizo clic. No quería ver a Grimmjow, y el castigo era una oportunidad perfecta para librarse de él.

La siguiente clase era inglés. Con la señorita Rangiku Matsumoto. La rubia con la que Orihime sintió empatía. Entró en el aula haciendo ondear su bonita melena ondulada y sentándose en la silla de manera informal, sacando un pequeño espejo de mano y maquillando sus labios con un pintalabios rosa pastel.

- Que opináis chicas, ¿me queda bien? ¿Va a juego con mi pelo? – Preguntó mientras algunas chicas asentían y otras la miraban como si acabara de tirarse un pedo.

Entonces sacó algunos pinta uñas y los depositó en una fila al borde de la mesa, mientras con una sonrisa miraba globalmente a las chicas.

- ¿De qué color me las pinto hoy?

- Por favor profesora, ¿quiere dejarlo de una vez y comenzar la clase? – Sugirió Loly con picardía.

La profesora se alarmó, recordando que esa chica era una de las chivatas del director… así que resignándose, sacó los libros resoplando y hojeó el temario. Era más divertido dar clase en el pabellón masculino.

- A ver… Hoy toca… Los verbos. – Hablaba para sí misma. - ¡Buf! Qué aburrido… - Suspiró. - No quiero hacer clase hoy… – Lloriqueó. - ¿Vosotras queréis? ¡Ya sé! – Continuó. – vamos a cambiar la clase por una de orientación sexual. – Las chicas enmudecieron ante tal proposición, finalmente rieron y aceptaron entre carcajadas. – ¡Primera regla para ligar! – Dijo mientras sacaba una botella de whiskey de su bolso y la depositaba en la mesa. - ¡Esto! ¡Drink! ¿Conocéis el juego de verdad o atrevimiento?

Las chicas ladearon su cabeza mirándose entre ellas con la típica mirada de que-cojones-está-haciendo-esta-mujer. Orihime no pudo evitar sonreír y habló en alto.

- Por supuesto que sí, venga, será divertido, Rukia, seguro que te mueres de ganas de empezar. – Dijo mientras las chicas miraban a la morena sin dejarle así escapatoria alguna.

- ¡Muy bien, muy bien! – Rió Rangiku. – Así me gusta, que colaboréis con la clase. Primera pregunta: Kuchiki, ¿alguna vez has tenido un pedo vaginal?

Las chicas empezaron a reír incontrolablemente inundando la sala de carcajadas mientras Rukia se sonrojaba exageradamente ante la pregunta. La hora pasó rápida y la asignatura finalizó dejando a Orihime un pequeño dolor en el estomago debido a tantas risas, enseguida supo que nunca se querría perder ni una clase de la profesora Matsumoto.

El siguiente timbre dio paso al recreo, donde todas las alumnas se dirigieron a paso rápido, era notoria el ansia que tenían de nicotina. Tatsuki y Rukia hicieron un puchero al percatarse de que su nueva amiga estaba castigada, Orihime se acercó a Rangiku y le explicó lo sucedido, esta le dijo que la acompañara a dejar a las chicas en el patio y que después la acompañaría al despacho de su tutor. Y así lo hicieron.

- Bienvenida señorita Inoue. - La saludó Ulquiorra, formalmente, mientras le ofrecía el asiento enfrente de él. – Aprovechando que estas aquí, tendremos nuestra primera tutoría. Olvidemos los ejercicios, ya he podido comprobar en tu ficha que dejaste los estudios en primaria. ¿Sentías vergüenza por que las otras chicas comprobaran tu estupidez verdad?

- No para nada, solo que no me apetecía complacerte. – Dijo evitando la pregunta con un leve sonrojo.

- Lo tomaré como un sí. Bueno, ¿Cómo ha ido tu primer día? Explícame.

- Bueno, normal supongo, olvidando la humillante inspección rutinaria.

- ¿Y el incidente en el comedor con Grimmjow Jaeguerjaquez?

- Vaya, te enteras de todo – Rió ella.

- No te lo tomes como algo personal, es mi trabajo. También sé que el señor Madarame fuma a escondidas en su habitación. – Orihime guardó ese detalle en su mente, sabiendo para sí a quien pedirle un cigarro.

- ¿Cómo sabes tú eso? ¿Le pones cámaras? – Palideció ante la idea de que con ella hubiera hecho lo mismo

- Para nada, la intimidad es algo que valoro mucho, pero tengo pruebas más que suficientes para corroborar mi acusación.

La tutoría pasó rápida, más que si hubiera salido verdaderamente al recreo, ella evitó temas familiares y de su pasado y solo respondía preguntas sobre su estancia allí. Mantenía una actitud a la defensiva, negándose a hablar en algunas ocasiones, provocando así que Ulquiorra comenzara a estresarse.

Dejándola libre al fin, pasada la media hora de descanso, Orihime se dirigió a su siguiente clase. Se encontraba algo mareada, pero no le dio importancia. Seguramente hubiera sido por la extracción de sangre, o quizás por las irrefrenables ganas de fumar. Intentó que sus pensamientos no la condujeran hacía terrenos peligrosos como el tabaco y se secó el sudor frío que empezaba a emanarle de la frente. Llegó hasta el aula de tecnología, saludó al profesor Ichimaru con un asentimiento de cabeza muy formal y tomó un asiento libre en aquellas mesas de madera cuadradas de cuatro personas.

Rangiku también fue la encargada de llevar a las chicas al aula desde el patio, antes de entrar a la sala, ella sacó su espejo de mano, retocando así algunos mechones de su cabello y algo de su lápiz de ojos. Acto seguido, suspiró profundamente y entró junto a la fila de chicas encontrándose allí al profesor Ichimaru.

- Oh. – Dijo el profesor con esa sonrisa zorruna que tanto le caracterizaba. – Buenos días chicas.

- Buenos días. – Respondieron todas.

- Buenos días Ran. – Continuó él.

- Buenos días Ichimaru. – Respondió dejando ver una sonrisa de complicidad entre ambos. – He de decir que te has dejado unos papeles en mi despacho, si puedes pasarte por allí más tarde cuando termine de dar clase en el pabellón C, estaría encantada de devolvértelos. – Sonrió pícaramente.

- Oh, claro, por supuesto señorita Matsumoto, no me gustaría hacerla esperar.

- No esperaba menos de ti. - Le guiñó un ojo. - Bueno, me retiro.

La profesora se despidió de todas dirigiéndose al edificio de los hombres. Orihime echó de menos su sonrisa y su carácter afable, pero lo remedió mirando a su alrededor y observar a sus amigas Tatsuki y Rukia. La primera había ocupado la silla de al lado suyo y la segunda se situó al otro lado de la mesa.

La clase fue bastante aburrida, Gin pareció notarlo tras escuchar los resoplos y observar las miradas de todas las presentes hacia el reloj de pared cada dos minutos. Así que se decantó por una práctica que trataba de limar unas maderas para hacer una figura que la pelirroja no había entendido demasiado bien. Gracias a dios, a Tatsuki se le daba fenomenal y ayudó a sus dos amigas a finalizar el trabajo.

Tras el esfuerzo para limar aquellas maderas, el calor condensado en la sala, los ruidos de los materiales y estar de pie toda la hora, Orihime empezó a marearse notoriamente. Se apoyó en una de las mesas, dejando caer una madera de sus manos. Empezó a verlo todo borroso, y no distinguía si el objeto que residía en el suelo era uno o se había partido en dos. Rukia se percató de ello y acudió enseguida a socorrerla.

- ¿Estás bien, Hime? – Dijo asustada.

- Sí… bueno, lo cierto es que no. Estoy realmente mareada. – Balbuceó.

En un segundo, Orihime se encontraba entre los brazos de Tatsuki, quién a la velocidad de la luz la había atrapado en el aire impidiendo su caída. Orihime cerró los ojos. El sonido de las palabras de Tatsuki empezó a hacerse lejano, para finalmente no escuchar nada y caer en un vacío silencioso y oscuro.

Continuará...


Omake a Ikkaku Madarame.

Ikkaku se levantó rutinariamente de buena mañana preparándose para ir al gimnasio y encontrarse allí a Tatsuki y el resto de residentes que deseaban fortalecer su cuerpo.

Se lavó la cara con su frecuente duda de hasta donde llegaba su frente, soltando así un pequeño bufido de indignación. Su compañero de habitación, Keigo Asano, le había dejado el cuarto de baño para él solo aparentemente sin ninguna intención oculta tras el acto, pero la realidad era que un miedo aterrador se apoderaba de él con solo ver su cara de recién despertado del cabeza rapada.

Rápidamente se colocó su uniforme de sport y se dirigió a su destino topándose con las miradas de Renji, Tatsuki, Ichigo, junto a demás residentes entre ellos también Starrk con ojos legañosos y mirada perdida, levantando una pesita de solo dos kilos. Ikkau se sorprendió al ver que el castaño estaba solo en el gimnasio sin el estúpido de su compañero Grimmjow, pero claro, seguramente después del incidente del día anterior, el peli-azul debía de haber pasado la noche en una de las cámaras del silencio.

Se aproximó a sus amigos para hacer su tabla de ejercicios. El hombre no se había despertado con buen pie, puesto a que le quedaba un solo cigarro y además le tocaba tutoría con Ulquiorra, y por ello puso en la máquina de pesas algo más de peso de lo habitual, provocando así que su cuerpo empezara a sudar rápidamente. Renji lo observó de reojo estrechando los ojos, poniendo a su vez más peso que Ikkaku en la máquina donde él se encontraba.

Ikkaku pudo ver cómo el pelirrojo tatuado intentaba retarle, cosa que él no podía permitir. Acto seguido incorporó más peso en su máquina, provocando así la ira de Renji, comenzando un reto sin sentido. Pasaban los segundos y los dos llegaron al punto donde no se podía levantar más peso. Ambos miraron a Starrk, quien se había adueñado de aquella pesa de dos kilos y si amablemente la depositaba en alguna de las dos maquinas quedaría claro el vencedor.

Starrk se percató de ello y celosamente les dio la espalda ignorándolos y dejando a Ikkaku y Renji en una batalla muy igualada. Entonces el calvo comenzó a levantarlas más rápido, sonriendo como un demente creyéndose el ganador, pero Renji no se quedó atrás y le superó en ritmo, siguiendo así su batalla encarnizada.

Tatsuki les miró resoplando, y observando la tranquilidad de Ichigo caminando a paso lento en la máquina de correr. La morena no pudo decidir quién era peor de los tres. La chica se acercó a ambos, mirando concienzudamente cómo a los dos les aparecía una venita en la sien.

- Chicos, parad ya, vais a morir en el intento. – Sugirió ella sin obtener respuesta alguna, pues con el intenso esfuerzo los dos hombres no podían articular palabra. – No estamos aquí para piques tontos. – Continuó.

Ichigo se bajó de la máquina de correr, y con la misma parsimonia con la que había estado caminando, se acercó a los dos hombres.

- Si continuáis así, tendréis lesiones musculares. – Explicó el chico de pelo anaranjado.

- Déjalo, es inútil Ichigo, yo también lo he intentado. – Dijo Tatsuki.

- Bueno, pues nada, me voy adelantando. – Contestó el pellizcándole la nariz a la morena, provocándole un leve sonrojo.

Tatsuki lo contempló alejándose atónita, ignorando por unos segundos la pelea de sus dos amigos. Cuando por fin fue consciente de sus actos, pudo ver a la profesora Rangiku que finalizaba sus ejercicios matinales y se acercaba a ellos dos. Ella era la encargada de llevar y traer aquellos residentes tanto de sexo masculino como femenino que deseaban hacer ejercicio, cuatro días a la semana. A las cinco de la mañana recogía a los residentes que esperaban tras la puerta rejada de cada pabellón y les proporcionaba así una hora y media de uso y disfrute del gimnasio, además la rubia podía aprovechar la tarea para ejercitar su cuerpo, que con mucho esfuerzo conseguía mantener en buena forma.

- Venga chicos, hora de irse, ya todos os están esperando. Lo siento. - Los chicos no le prestaron ninguna atención, y la rubia empezó a impacientarse. - ¿Chicos? ¿Hola?... ¡Eooo! ¡Estoy aquí! – Movió sus brazos de un lado a otro. - ¡Tierra llamando a estúpidos delincuentes! – Continuó desesperada. – A ver… tengo una idea estupenda para ver quién será el vencedor de esta disputa. – Comentó mientras provocaba la atención de Renji que paraba en seco anhelando una respuesta de la profesora. – Muy bien Abarai, tú has parado antes. Ikkaku ha vencido. – Dijo sonriendo.

- ¿Qué? – Gritó el tatuado. - ¿Pero qué demonios…? – Rugió enfurecido.

- ¡JAJAJA! – Rió el calvo. – ¡Chúpame un pie yakuza! – Se burló señalándole con el dedo.

- Entre gritos e insultos se dirigieron a las duchas, preparándose para ir a desayunar. Una vez en el comedor Renji observó que Rukia no se encontraba allí y dedicó a Tatsuki una mirada significativa, pero cuando Ikkaku quiso preguntarle el tatuado cambió rápidamente de tema preguntando por Orihime y la morena le respondió qué le tocaba pasar la inspección rutinaria.

Los tres amigos se dirigieron a las clases. La primera asignatura era Historia con el profesor Kisuke Urahara, que había pedido la baja para cuidar de su esposa Yoruichi, la recepcionista del centro. Así que una pequeña mujer de pelo azulado que solo habían podido ver vigilando las cámaras del silencio se dispuso a hacer guardia en la clase. Se trataba de Soi-Fong. Starrk durmió toda la hora.

Después tocaba clase con Szayel, que venía del pabellón de las mujeres un poco más alegre que de costumbre. Se notaba que aquella era un aula repleta de hombres. Stark siguió durmiendo.

Más tarde tocó la profesora Harribel trayendo consigo a Grimmjow con una asombrosa cara de perro por haber pasado tanto tiempo encerrado. Este miró a Renji con odio, resentido por aquella riña en el comedor en la que el pelirrojo salió impune. Starrk finalmente despertó, ya que casualmente en las únicas clases que no dormía eran en las de la señorita Harribel.

La mañana pasó pacíficamente, dando lugar a la hora de comer. Orihime tampoco vino, provocando la preocupación de todos sus amigos. Rukia sin embargo apareció junto a Tatsuki, sentándose en la mesa y explicando que la pelirroja no había venido porque acababa de sufrir un desmayo.

Más tarde, las dos chicas se marcharon a su pabellón, dejando al calvo y sus dos amigos en el patio. Ikkaku se alegró de que por fin pudiera saborear su único cigarro. Acto seguido volvieron de nuevo ellas dos, al hombre se le cambió la cara cuando Tatsuki le pidió por favor un cigarro para Orihime, desprendiéndose con melancolía de su último recurso de nicotina.

Ikkaku se dirigió a su habitación indignado. Allí se encontró a Keigo con su nuevo paquete de cigarrillos, al hombre se le dibujó una gran sonrisa de demente, apartando a su compañero de un empujón y cogiéndole unos cuantos cigarrillos del paquete.

- Oh dios, ¡por fin eres útil para algo! – Dijo tumbándose en su cama y prendiéndolo con el mechero.

- Esto… - Interrumpió Keigo aún en el suelo. – Ikkaku….

- Qué coño quieres Asano. – Debido al enorme desprecio en su voz, la frase quedó más como un insulto que como una pregunta.

- Verás... Me encontré a Ulquiorra, y me dijo que vendría a verte en breves. Bueno, a decir verdad, ha ido un momento a visitar a Toshiro Hitsugaya. Seguramente el señor Cifer esté subiendo las escaleras en estos momentos…

- ¿QUÉ? – Gritó él tirando el cigarro por la ventana, chocándose con el barrote accidentalmente y volviéndole de nuevo en la cabeza. – ¡AH! – Gritó preso de los nervios.

Acto seguido se liberó de aquella prueba incriminatoria, cogiendo del baño el suavizante en spray de Keigo y esparciéndolo por toda la habitación. Su compañero se marchó de allí dejándolo a él hundido en aquel entuerto. Unos toques en la puerta lo pusieron alerta. Y Ulquiorra asomó su rostro pálido por el umbral.

- Hmm… - Dijo oliendo la habitación.

- ¿Q-Qué? ¿Qué? – Respondió Ikkaku preso del pánico.

- ¿….Huele a suavizante para el pelo? ¿Es tuyo?

- S-sí, ¿qué pasa?

- ¿Tengo que responder? – Preguntó Ulquiorra ante la evidencia de la pregunta. ¿A un calvo le preocupa la suavidad de su pelo? – En fin… - Suspiró poniendo los ojos en blanco. - Comencemos la tutoría. Antes que nada me gustaría felicitarte ante el gran cambio que has hecho en estos últimos cinco meses. ¿Recuerdas cómo habías llegado aquí?

De repente la mente del residente voló muy lejos de allí, hacia unos cinco meses antes, recordando con pesar su oscuro pasado. Pertenecía a una banda Skinhead no muy peligrosa, de esas en las que se juntaban simplemente para hacer un poco el idiota pero sin pasarse de la raya. Un día que se encontraba de fiesta en uno de los distritos de Karakura, vio a una muchacha que corría huyendo de una pandilla de tipos metiéndose por un callejón. El noble Skin, acudió en su ayuda de inmediato… Pero la pelea terminó mal, demasiado mal, siendo él acusado de la paliza de aquella chica sin haber hecho nada más que recibir golpes por parte de aquel grupo de hombres cuyo líder era Zaraki Kenpachi, antiguo camarada de Ikkaku…

"Iremos a por tu amigo, el de las plumas, como no te inculpes."

Ahora, sus amigos de la pandilla Skinhead le habían dado la espalda y la única persona que lo esperaba era Yumichika, amigo suyo de la infancia que siempre le advirtió que no se metiera en el mundillo.

Ikkaku sonrió a Ulquiorra, para justo después responderle:

- Creo que nunca he sido malo del todo.


*Omake: "Es una palabra japonesa utilizada para referirse a los extras en los DVD, videojuegos o a juguetes incluidos por la compra de algún producto. En Occidente, se suele referir a los extras que vienen incluidos en la compra de anime o manga."

Básicamente a las autoras les gustaba hacer pequeños escritos de algunos personajes contando una breve historia reflejando aspectos e sus personalidades y hechos de la trama principal. Son divertidos y verán más en los siguientes capítulos.

¿Qué tal les va pareciendo la historia hasta ahora?

¡Esperamos sus reviews ! Y hasta la próxima ;)