Términos en Sindarin:

Mae govannen: Bienvenido.

Pero, ¿por qué?

Había pasado casi un año desde que Legolas hubiese venido a Rivendel por última vez. Estel le había visitado en el Bosque Negro hacía unas semanas y se había despedido de él, pero ambos estaban preocupados de dejar atrás a su amiga en Rivendel. Y aunque ella había aceptado la decisión de Estel, él no estaba seguro de que no se desanimase durante su ausencia. Legolas había querido saber si no estaría sola durante la ausencia de su hermano adoptivo. Había prometido hacerse de más tiempo para viajar a Rinvendel.

Entro al patio de la Última Morada esperando encontrarse con su amiga, o al menos con los gemelos, pero se sorprendió al encontrar que la única persona que le estaba esperando era el mismo Lord Elrond.

"Mae govannen, Lord Elrond," dijo Legolas tocando su pecho a la manera de saludar élfica, después de desmontar.

"Mae govannen, Príncipe Legolas." Elrond repitió el saludo formal. Legolas observo que él también lucía angustiado.

"¿A pasado algo, mi señor?" Preguntó, su rostro mostraba su preocupación. "¿Donde está Atavus?"

"Me temo que ella se ha ido," respondió Elrond.

"¿Ido a donde?" siguió Legolas sorprendido.

"Me temo que no puedo decirlo. Ven a mi estudio, debemos hablar." Dijo Elrond dandose la vuelta hacía la puerta.

"¿Ha seguido a Estel?" Preguntó Legolas preocupado que quizás ella no hubiese aceptado tan fácilmente la partida de Estel como él había pensado.

"No. No creo que ella quisiera que tú o Estel supiesen dónde se ha ido. Ella espero unos cuantos días después de que él se fuera. Se escapo en la noche con solo una carta para mi para que no me preocupase. En la carta decía que ella tenía un destino que cumplir, que no era tan grande como el de Estel, pero que no podía retrasarlo más." Explicó Elrond.

"¿De que destino estaba ella hablando?" Legolas no entendía eso completamente.

"Ella cree que Ilúvatar la creó así por una razón. Ella debía ser una sanadora y aquí no tenía muchas oportunidades de hacer lo que debía." Replicó Elrond intentando explicarle. Él entendía el porque de su parida, pero solo deseaba que no se hubiese ido en el camino a eso.

"No puedo creer que se haya ido así." Legolas dijo lo que había en la mente de ambos.

"Ella me pidió que te dijese que hubiese querido verte antes de irse, pero que eso sería muy duro para ustedes dos. Ella no quiere que la sigas, dijo que cada uno tiene obligaciones que cumplir por separado, tú en el Bosque Negro y ella en otro lugar." Elrond sabía que esas palabras no aliviarían el dolor del joven elfo.

"¿Me disculparía, Lord Elrond? Necesito algo de tiempo para mi mismo. Creo que me retiraré a mi habitación." Pidió Legolas mientras se levantaba de su silla. Lord Elrond podía distinguir el dolor en su voz.

"Si, claro. Rivendel es tu hogar, tanto como cualquier otro. Tú puedes quedarte y descansar tanto como lo necesites." Miro como el elfo, al que había aceptado hacía mucho como a otro miembro de su extendida familia, dejaba la habitación. Podía ver el peso en sus hombros, y sabía que las noticias que acababa de darle le habían afectado profundamente

En vez de ir a su habitación, Legolas se aventuro a la habitación al otro lado del pasillo que Atavus había ocupado. El cuarto se mantenía limpio y él noto que faltaban muchas cosas, que en caso contrario estarían ahí. Sus armas, que siempre estaban brillantes y listas en la esquina, se habían ido. Pero ella había dejado los hermosos trajes que Elrond le había hecho hacer. Donde fuera que ella hubiese ido había planeado estar cómoda ahí y viajar ligera. Se sentó en la cama mirando al guardarropa, y después el resto de la habitación. Nada más parecía estar fuera de lugar para él, pero el cuarto se sentía vacío sin ella, y no le gustaba la sensación.

Entonces fue a la habitación junto a la suya. Era la de Estel. Sabía que esperar cuando entró ahí. El cuarto estaba lleno de todas las cosas raras que el Montaraz había coleccionado a lo largo de sus viajes a tierras salvajes. A diferencia del cuarto de Atavus, aunque limpio y ordenado, este estaba lleno de toda clase de objetos, de cuya mayoría Legolas ni siquiera sabía el origen. Rocas de muchas formas y colores, semillas para ser sembradas que no reconoció y muchas plantas que podrían serle útiles para preparar las pociones que su Ada le había enseñado a hacer. Lucía como si fuese a ser ocupado en cualquier momento, pero Legolas sabía que no vería a su ocupante en muchos años.

Se fue a su propio cuarto sintiéndose abrumadoramente cansado. Había cabalgado mucho para llegar a Rivendel. Pero sabía que su cansancio se debía más a la falta de sus amigos que a cualquier esfuerzo que él pudiese haber realizado. Mientras entraba a su habitación notó cuanto se parecía a la de Atavus, casi desnuda excepto por unas ropas en el armario, y unos pocos libros amontonados en la mesa. El pensamiento que eso le causó no era muy agradable. ¿Acaso ella se sentía como una invitada en su hogar en Rivendel, justo como él? Seguramente no. Elrond y los gemelos siempre la habían hecho sentir como si ella también fuese parte de la familia.

Pero entonces notó algo en la mesilla de noche que él no había dejado ahí en su última visita. Se acerco y tomo el libro que descansaba ahí. Era muy viejo, una copia muy desgastada de un libro que describía los rasgos y la historia de los Valar. Abrió el libro en una página cuya esquina había sido doblada como marca. Un papel se cayó al piso y él se agacho a recogerlo mientras miraba la página marcada. Era la descripción de Estë. Legolas recordaba haberla comparado con Estë alguna vez. A ella le había embarazado mucho haber sido comparada a uno de los Valar.

Se sentó en la cama y leyó lo que estaba escrito en esa página.

Estë es ampliamente conocida como Estë la Gentil. A menudo se la ve vestida de gris y da los regalos del sueño, el descanso y la curación. Camina de noche bajo los cielos iluminados por las estrellas en jardines llenos de flores nocturnas como amapolas rojas y árboles como los pinos y los cipreses. Puede oir las canciones del los ruiseñores y caminar por caminos iluminados por las luciérnagas. Por el día duerme en la Isla en medio del Lago Lorellin. En esta isla estan sus fuentes, convenciendola de dormir.

Legolas había comparado a Atavus con Estë por sus habilidades curativas, y el hecho de que ella amaba sobre las horas del día a las de la noche. Muchas noches la había encontrado caminando por los jardines de Rivendel, escuchando los sonidos de la noche.

Entonces abrió el papel y notó que era una letra dirigida a él.

Legolas,

Lo siento mucho, mellon-nîn, por irme sin verte, pero sabía que temerías mucho por mí, y harías todo lo que estuviese en tu poder para mantenerme aquí, o seguirme donde debo ir. Pero no puedes seguirme. Tú tienes tu vida y tus deberes en el Bosque Negro. Y yo tengo mi propio destino al que seguir.

Alguna vez me comparaste con Estë, y aunque al mismo tiempo me alagaste y me avergonzaste, también me hiciste pensar. Si Ilúvatar y los Valar, con la Gran Canción, crearon a todos los seres, grandes y chicos, entonces tal vez tienes la razón. Si fui creada por alguno de los Valar, debió ser Estë, y debió haber una razón. No puedo permanecer escondida en Rivendel, olvidando los dones que me han sido otorgados. Su razón es ser usados y yo debo hacer eso.

No te diré donde he ido, pero te prometo que tendré cuidado. Por favor no te enojes conmigo. Yo solo hago lo que mi corazón me dice debo hacer.

Pero recuerda una cosa. Yo no empecé a vivir hasta que les conocía a ti y a Estel. Ustedes dos son mi luz. La única razón por la que mi vida ha tomado un sentido estos últimos años. Siempre te mantendre en mi corazón. Y si los Valar lo desean así, les veré otra vez algún día. Esa es la esperanza que mantengo.

Por favor también mantén esa esperanza,

Atavus

Legolas doblo cuidadosamente la carta y la guardo de nuevo en el libro. Entonces se relajo en la cama, tendido sobre el costado manteniendo el libro cerca de su pecho. Mientras se quedaba dormido, entraba al mundo de los sueños en los que estaban los tres juntos, alrededor de un fuego riendo por muchas historias y bromas. Los tres tenían sonrisas en sus caras y eran los tiempos más felices que podía recordar.

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Notas de la traductora:

Hola mis niñas, otra vez me he demorado un poco en actualizar, pero ha sido porque mi cabecita no acertaba a posarse en una idea al mismo tiempo y estaba medio tristona por un fic que leí, me he quedado en la parte triste, y otras cosas, pero ya todo pasa y ya tengo que aplicarme en el colegio otra vez... Me he distraído mucho y eso no es bueno, porque es mi último año...

Pero dejando mi vida de lado les informo que he traducido el 20 de este fic y estoy muy contenta por eso. Siempre recuerdo la música que oía mientras lo leía, y creo que siempre recordaré, cuando vea las traducciones, la música que oigo ahora. S: Otro detalle irrelevante, dejado solamente al recuerdo, ¿no?

Si, más o menos, pero pasando a lo que viene... ¿Alguna de ustedes se imagina cuanto tiempo pasará hasta que nuestros queridos se vuelvan a encontrar? No se sorprendan si ha pasado algún tiempo, les aviso de una vez. Y... Bueno, no hay mucho que comentar en este capi, pero igual espero sus comentarios. S: Muchas gracias por los comentarios que dejaron para el primer capitulo, y también a las personas que mandaron un mail acordándose del fic y de nosotras , Si, muchas gracias, si que si.

Bueno, ahora dejo la nota porque debo salir al Internet para subir esto, así que corto las notas. S: Es que se ha impuesto un castigo por usar tanto el Internet, y si su mamá la pesca otra vez conectada, NOS LINCHA! O.o

¡Gracias por leer!
DarkGhani y su Subconsciente

¡Namarië!

Nota: La descripción de Estë vino de la página The Council of Elrond.