Impulsos.
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Capítulo II: Ilógico y Absurdo.
Nota: dedicado con todo mi cariñó a Patsy, o mejor conocida como Allison Marie Malfoy-Black. FELIZ CUMPLEAÑOS LINDA! Te deseo lo mejor del mundo, te quiero mucho. Un abrazo enorme y que los disfrutes.
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Los rayos del sol de la mañana en las afueras de Londres entraban a raudales en su habitación. Las ventanas abiertas de par en par, que dejaban pasar la brisa matutina, aminoraban el calor del cuarto.
Sentado despreocupadamente sobre aquel cómodo sillón y vistiendo solo sus ajustados boxers, Ron contemplaba tranquilamente a la gente pasar por la acera mientras sostenía una cerveza fría entre sus dedos. Sabía que a su madre le daría el ataque del siglo si hubiese podido verlo en esos justos instantes.
"Cómo puedes hacerme eso, Ronald? eres un desconsiderado, a pesar de lo mucho que he hecho por ti, tú no me tomas en cuenta, sabes que sufro de los nervios y…"
Sí, sí, algo así iría aquella interminable perorata que para ser honestos él no podría ni aguantar. Que quede claro, adoraba a su madre más que a muchas cosas en el mundo, pero no iba a permitir que manejara su vida…suficiente hizo con ponerle de nombre "Billius"…Billius, ¿qué tipo de nombre era ese?, uno muy horrible si le preguntaban a él.
Ron gruñó por lo bajo ya que la jaqueca que se cargaba no aminoraba, eso sin contar el labio partido y el dolor en el abdomen.
—Malditos hijos de puta—, susurró por lo bajo lleno de rabia.
En su trabajo Ron había visto las cosas más ruines de las que podía llegar a ser capaz el ser humano. Había visto a hombres asesinando a hombres, hombres asesinando a niños…había visto el mundo bajo y podrido de la sociedad…para nada, nada se comparaba al desprecio, el odio y la repulsión que le provocaba el que alguien tomara a una mujer por la fuerza.
La imagen de su compañera siendo violada frente a sus ojos sin poder hacer nada por ayudarla se repetía en sus peores pesadillas, y a pesar de que le fue imposible ayudarla, aún así se culpó por mucho tiempo.
Hanna Abbot y él habían estado trabajando como infiltrados en una banda de trata de blancas. Habían comenzado la operación en America del Sur, desde donde los siguieron por todo el continente hasta la ciudad de Chicago donde sería la entrega final. La operación iba como la tenían planeada, sólo era cuestión que los cerdos que compraban a aquellas chicas y niños aparecieran con el dinero en las manos y los mejores agentes Fénix caerían sobre ellos, sin embargo…algo, algo que él aún no se podía explicar salió mal.
A la mitad del intercambio uno de los compradores se puso muy nervioso, miraba a Ron desconfiadamente al punto de ponerle una pistola en la cabeza. Las cosas se salieron del control, los ánimos se caldearon, comenzaron los insultos, luego los golpes para seguir con los disparos. Y entre tantas balas, de un momento a otro el pelirrojo se encontró con aquel tipo tirando frente a él con un hoyo en la cabeza. Hanna, al ver cómo su compañero estaba a punto de morir, tomó el arma que traía escondida y logró disparar antes que le dispararan a él.
Sin embargo, no puedo evitar que una bala lo alcanzara rozando su cabeza y dejándolo inconciente; cuando despertó estaba amarrado a una silla y frente a él, el cuerpo de Hanna desnudo cubierto de golpes y siento abusada. La chica lo miraba con calma, con una triste sonrisa en su deforme rostro, como tratando de decirle que él no tenía la culpa de nada mientras que Ron se retorcía y gritaba furioso tratando de soltarse.
Lo golpearon hasta cansarse, lo llevaban a la inconciencia para despertarlo de nuevo al sentir como su cabeza era zambullida en agua fría. Y a pesar de ello, a pesar de la tortura sufrida, jamás dejó de mirar a Hanna, tirada a punto de morir frente a sus ojos.
Cuando los agente llegaron a rescatarlos fue demasiado tarde, Hanna había muerto y con ella una parte de la bondad de Ron. Desde ese momento perdió la poca compasión que sentía por los hombres que debía de matar. Se volvió letal, peligroso…sus ojos brillaban carentes de remordimiento cuando apuntaba su arma y en sus labios se formaba una retorcida sonrisa.
Frío al momento de planear la estrategia, una furia incontrolable cuando salía a batalla.
Por eso le habían apodado Leo. Porque él miraba desde las sombras, porque se pasaba tranquilo con aquel andar seguro, orgulloso…con una peligrosa calma siempre viva en sus ojos…pero cuando llegaba el momento, estúpido aquel que se cruzara en su camino, porque Ron ya no era Ron, era un fuego desatado.
Ése, ése era Ronald Weasley.
El pelirrojo giró su cabeza hacia la cama donde la chica dormía.
Dio un trago a su cerveza y se puso de pie; caminando lentamente hasta detenerse al pie de la cama. Con sus ojos azules y penetrantes contempló a la mujer frente a él, teniendo que morderse los labios y apretar fuerte los puños.
La noche anterior, ella había caído en la inconciencia y Ron se vio con una chica desmayada en medio de un oscuro callejón entre sus brazos. Odiándose un poco más de lo que ya lo hacía, el pelirrojo no pudo evitar llevar el dorso de su mano hasta la mejilla de la chica y acariciarla lentamente.
Un escalofrío lo recorrió por completo. Su piel era suave…carajo que lo colgaran ahí mismo si aquella mujer no tenía la piel las tersa y delicada que había tenido el placer de tocar en toda su miserable vida. Sobreponiéndose a la sensación que lo embargaba, con lentitud y siendo mucho más cuidadoso de lo que nunca había sido, la tomó entre sus brazos.
Un delicioso aroma a rosas se coló por sus fosas nasales, penetrando hasta el fondo de su alma. Él aspiró profundo colmándose de su olor y al hacerlo Ron se sintió un poco como aquellos hombres enfermos y obsesionados. Sacudiendo la cabeza rápidamente de un lado a otro, se deshizo del estupor que aquel aroma le había provocado y caminó con la chica hasta el cercano boulevard.
Ya dentro de un taxi, el chofer miró a la chica inconciente y luego a Ron sospechosamente.
—Se embriagó más de la cuenta—, fue la escueta explicación del pelirrojo.
El hombre, quien no parecía muy conforme, se volvió hacia enfrente— ¿A dónde?—, preguntó.
¿A dónde?, se repitió Ron; buena, muy buena cuestión. Bajó la mirada hasta ella que seguía inconciente en sus brazos. Podía llevarla al hospital a que la revisaran pero a Ron no le parecía muy herida que digamos; además, si iban a aquel lugar estaba claro que le harían miles de preguntas que él no tenía ni ganas ni humor para contestar. Ron tuvo un ligero presentimiento: si iba al hospital muy probablemente terminaría pasando una hermosa velada tras las rejas-el estar ebrio, con una chica desmayada y con una pistola escondida en la parte trasera de sus vaqueros, eran buenas razones-y siendo sinceros lo último que quería era a la agencia respirándole en la nuca al momento de ir a sacarlo de atolladero-. Por otro lado, podía llevarla a su casa, pero en una rápida y discreta inspección se dio cuenta que ella no cargaba encima credenciales.
Suspirando y sin mas remedio le indicó al chofer la dirección de su departamento.
Ron aún no lo sabía, pero de haberse enterado lo que aquella decisión acarrearía a su vida, con gusto hubiese pasado, no sólo veinticuatro horas en la cárcel, sino un par de semanas.
Y ahora, como resultado de su "fabulosa" noche de juerga en la que celebraría sus vacaciones con mucho sexo y licor hasta la muerte, ambas cosas hasta la muerte, tenía aquella chica dormida placidamente entre las sábanas de su cama, usando solo ropa interior y luciendo como la visión más hermosa que él había visto jamás.
Cuando a sus ojos acudieron imágenes de aquella misma cama, con ella entre aquellas mismas sábanas pero totalmente desnuda, sudada y gimiendo con él entre sus piernas haciéndola suya, Ron se dio cuenta que era un buen, un muy buen momento para darse una ducha…fría.
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Lo primero que notó fue la suavidad de un colchón que no era el suyo bajo su cuerpo, después la ausencia de las sábanas de algodón egipcio, luego una ligera punzada en la cabeza seguida de un insistente rayo de sol que luchaba por colarse tras sus párpados y por ultimo, pero no por eso menos importante, la casi desnudes de su cuerpo.
Pansy, en alguna otra ocasión habría pensado que estaba en casa de algunas de sus "amigas" no tan ricas y sin el suficiente dinero para comprar colchones mandados a hacer o sábanas de algodón fino; y que aquel insistente retumbar de su cabeza, como si un enano especialmente entusiasta estuviera bailando can-can utilizando su cerebro como escenario y unos suecos grandes y pesados como zapatos, se debía a algunas, no muy comunes pero monumentales, resacas.
Sin embargo, de un momento a otro recordó que aquellas "amigas" no tan ricas como ella, le habían dado la espalda, que hacía muchos meses que no se tomaba ni una sola copa de licor y que no fue a ninguna fiesta especialmente fabulosa.
De golpe recordó todo lo acaecido la fatídica noche anterior.
Las palabras de su padre anunciándole su compromiso, vendiéndola como si fuese una mercancía…casi una ramera; su furia, misma que la llevó a salir de su casa sin avisar, sin tomar siquiera su bolsa…su estúpida, absurda y ridícula idea de buscar a un hombre con el cual tener sexo por primera vez…luego, luego aquel bar, con la mirada de todos sobre ella…con aquel par de tipos siguiéndola, tocando su cuerpo…recorriéndola con sus asquerosas manos…
La pelinegra flexionó sus rodillas y las llevó contra su pecho abrazándose a ellas.
Un incontenible escalofrío la recorrió por completo mientras se obligaba a no llorar. Realmente tuvo miedo, como jamás lo había sentido. Miedo a que le robaran lo único que aún era suyo, lo único que poseía: su dignidad.
Se odió una vez más por haber sido tan imbécil, tan ingenua. Toda su vida había conocido sólo una clase de mundo, un mundo peligroso sí, en donde debió de aprender a desenvolverse, a defenderse antes de que la comieran viva; pero era su mundo, lo conocía a la perfección, sabía de los peligros, sabía con quién hablar, qué hacer, sabía cómo reaccionarían…cómo atacar antes de ser atacada…pero ese mundo, el mundo real lejos de riquezas y carros lujosos, ese mundo, ella lo desconocía y lamentablemente sólo vio lo peor de él.
Intentando que aquella opresión lastimosa y asfixiante no la aplastara por completo, Pansy aspiró profundamente llenándose los pulmones de oxigeno…y de algo más. Ese aroma, por dios aquel aroma ya lo había disfrutado antes… ¿cuándo?, la noche anterior… cuando él la rescató, cuando él la tomó entre sus brazos haciéndola sentir, aunque fue solo por un instante, mas segura que nunca.
Sin pensar en lo que hacía, Pansy tomó las sábanas y las llevó hasta su rostro, colmando su interior de ese olor. Era masculino, era fuerte…era cautivante, como un torbellino de emociones irracionales que arrasaba por dentro casa pequeño trozo de cordura. Ese aroma la hacía sentir ella, su cuerpo vibraba y por primera vez en sus veintitrés años se sintió viva.
Sonrió cautivada y tentada estuvo a abandonarse a aquellas sensaciones nuevas y cautivadoras antes de que se diera real cuenta de lo que estaba haciendo.
¿Dónde estaba?, ¿qué pasó anoche?, ¿Por qué… ¡Mierda!
Pansy se levantó de golpe quedando sentada sobre la cama y mirando con los ojos abiertos y asustados a su alrededor.
Estaba… ¡Semidesnuda!
Mierda, mierda, mierda-en un momento llegó a creer que decía mucho la palabra mierda cuando estaba furiosa, asustada o sorprendida, hoy Pansy estaba las tres, así que ¡Triple mierda de nuevo!-
Como loca comenzó a deshacerse de las sábanas que la cubrían y en el justo instante en que sus pies pisaban la suave alfombra y salía de la cama, una puerta que estaba a su derecha y en la que no había reparado se abrió dejando salir al un mojado, atractivo y sexy pelirrojo secándose el cabello largo casi hasta lo hombros y usando aquella bendita-o maldita depende de la perspectiva-pequeña y corta toalla milagrosamente atorada a sus caderas afiladas.
La impresión en ambos chicos se reflejó sin pudor en sus rostros blancos y brilló intensa en los dos pares de ojos azules.
De pronto Pansy sintió la boca seca mientras miraba como unas cristalinas y afortunadas gotas de agua corrían por un torso lampiño, poderoso y marcado, como escurrían desde sus cabellos y viajaban lamiendo sus brazos fuertes...su abdomen imposiblemente definido y morir por fin en un insano caminito de vellos pelirrojos hasta perderse debajo de la toalla.
En medio del estupor y el subidón tan repentino que Pansy experimentó, reconoció aquellos ojos como los mismos que la habían mirado con preocupación la noche anterior.
Ron por su parte tuvo que sostener con fuerza aquella toalla que sujetaba entre sus dedos, apretó la mandíbula y respiró profundo teniendo que controlarse para no lanzarles sobre la chica y tomarla ahí mismo al poder apreciar su vientre plano, sus finas y delicadas curvas definiendo sus caderas y cintura, sus piernas largas y aquel par de pechos de piel blanca.
—¡Aaaahhh!—. Sobreponiéndose del shock inicial y de los estragos que aquel hombre causó en su cuerpo, lo más rápido que su orgullo se lo permitió, Pansy lanzó un grito que perforó los tímpanos de Ron haciéndolo volver a la realidad para ver cómo ella tomaba las sábanas y trataba de cubrir lo más posible su cuerpo semidesnudo.
Él alzó las cejas retomando su actitud despreocupada y mientras se dirigía hacia la cómoda donde guardaba su ropa, dijo—: veo que has despertado. Comenzaba a preguntarme si me tocaría traerte el desayuno a la cama también.
Pansy lo miraba de hito en hito boqueando como pez fuera del agua y, cuando el pelirrojo tomó de una gaveta unos boxer negros con las iniciales Ck en el resorte, no pudo evitar sonrojarse como una colegiala.
Ron, quien lo había notado, llevó su mirada de la chica a sus boxer y de nuevo a la chica para luego trazar una sonrisa burlona en los labios.
Y justo en ese momento la pelinegra comenzó a odiarlo un poco y comenzó a odiarse un poco a sí misma por parecer una verdadera estúpida virginal que jamás había visto a un hombre semidesnudo, pero sobre todo, que jamás había visto a un hombre semidesnudo con unos boxer como aquellos en la mano. Y es que ella sí podía ser virgen y todo eso, pero estúpida no era y sí que había visto a hombres en tales condiciones, pero jamás, jamás había visto a un hombre como él e imaginárselo usando aquella prenda y solo aquella prenda.
Pansy se dio una bofetada mental por ser tan tonta; así que sacando toda la arrogancia de la que era dueña, alzó el rostro y preguntó demandante.
—¿Dónde estoy?—, como pudo se enrolló en las sábanas y se puso de pie ante el pelirrojo mostrándose altiva y segura, solo esperaba que ambos se la creyeran.
Ron se tomó su rato para contestar, se cruzó de brazos aún con la prenda en su mano y se recargó contra la cómoda—Estás en mi casa—, respondió por fin sin dejar de mirarla.
—¿Y tú eres?
—Dado que te traje a mi casa, a ti, a una desconocida, debería de ser yo quien hiciera esa pregunta pero la pasaré por alto considerando las circunstancias. Soy…—, Ron se detuvo en medio de la frase, la miró pensativo, como evaluando la opción de contestar o no—…Bill— dijo por fin inclinando la cabeza ante ella a modo de saludo cordial y usando Bill como diminutivo a Billius. No estaba muy seguro de porqué no le dio su nombre real, quizá se debía a que de cierta manera esa chica lo hacía sentir mas expuesto y vulnerable que nunca y el mantener su identidad oculta le confería cierto poder sobre sí mismo.
Ella lo miró tratando de concentrarse lo más posible, pero con ese aroma, con ese hombre ante ella, la concentración le parecía tarea titánica— ¿Qué pasó exactamente? Yo no recuerdo muy bien, sólo que salí del bar, que me caí lastimándome el tobillo y que luego esos tipos aparecieron y…— su voz se entrecortó impidiéndole continuar.
—Pasó que fuiste los suficientemente tonta para meterte sola en un bar como aquellos, en una calle como esa, pasó que si yo no llegó lo mas probable es que tú no estarías aquí—. Ron la vio bajar la mirada, y masculló por lo bajo una maldición. Sabía que estaba portándose mal con ella, que estaba siento grosero y que muy seguramente la estaba hiriendo, pero ¡coño!, nunca había sentido tanto miedo en su vida, y de solo pensar en lo que le pudieron hacer le provocaba una punzada de pánico mezclada con odio en la boca del estómago. Tomó aire y continuó—. Lo lamento—, ella levantó la mirada fijándola en él tan intensamente que casi lo derriba—, no debí hablare así—, Pansy asintió—. Como sea, lo importante es que llegué justo a tiempo y pude evitar que te hicieran daño, poco después caíste en la inconciencia y como no llevas ni usa sola identificación decidí traerte a mi departamento.
—¿Tú me desvestiste?—. Pansy casi se golpea contra las paredes por aquella pregunta tan estúpida. El tipo frete a ella por mas bueno que estuviera bien podía ser un loco pervertido o vaya a saber uno qué y solo se le ocurría preguntar eso, ¡dios! Pansy se justificó diciéndose que era el trauma de lo acontecido lo que la hacía comportarse así de…de… ¡Ñoña!
Ron bufó—.Por supuesto que no—, dijo fingiendo indignación—, ¿por quién me tomas? Lo hizo mi el elfo mágico que trabaja para mí.
Y Pansy lo odió otro poco por ser un redomado idiota—No es gracioso—, masculló con todo el veneno posible.
El pelirrojo soltó una ligera carcajada mientras alzaba las manos en son de rendición—De acuerdo, de acuerdo…no seguiré.
Las risas por parte de él continuaron mientras la miraba fijamente y Pansy no puedo evitar contagiarse de ella generando también una fresca carcajada que su unió a la de Ron.
Y fue cuando aquella limpia y hermosa sonrisa fue mostrada en sus labios, cuando su risa cautivante lo envolvió y sus ojos azules lo miraron, que Ron se dio cuenta que más que ninguna otra persone en el mundo, aquella mujer era peligrosa para él.
La mirada de Ron se volvió fría y sus facciones atractivas se tensaron. A Pansy de pronto le pareció amenazante y letal, como un león listo para saltar sobre ella…un estremecimiento la recorrió haciendo que inconcientemente diera un paso atrás.
—Te vas hoy mismo—, dijo secamente y de golpe para luego salir de la habitación dando un portazo que hizo rebotar a Pansy.
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Cuando Pansy salió de la habitación, encontró al pelirrojo sentado en un banco junto a la barra de la cocina, bebía un sumo de naranja mientras leía el periódico al tiempo que un delicioso olor a tostadas inundaba el lugar.
—Gracias—, dijo ella casi para sí misma.
El pelirrojo retiró su mirada del papel para llevarla hasta la chica, un extraño alivio llenó a Pansy al ver que su mirada volvía a ser tranquila, brillante…penetrante…esa mirada que se había quedado clavada en su memoria…que la hacía temblar.
—No tienes porqué…
—Sí tengo—, lo interrumpió ella mientras daba un paso más hacia el pelirrojo—. Quizá no lo sepas pero has hecho por mí más que cualquiera…—"Incluso mi padre" pensó más no lo dijo—…y yo jamás lo olvidaré—, terminó dando un paso más, acortando la distancias elevando inconcientemente el mentón.
Ron se incorporó un poco mientras no despegaba sus ojos de ella. Sin poder evitarlo recorrió su cuerpo esbelto, apreciando la manera en que los pantalones se adherían a sus piernas, su largo cabello negro caía enmarcando su rostro, la manera en que sus ojos brillaban y sus labios entreabiertos soltando su respirar. Cuando se fijó inevitablemente en los senos de la chica se dio cuenta que ésta traía puesta una de sus camisas.
—Prometo que te la devolveré, pero no tenía nada más, mi blusa estaba inservible y el abrigo lleno de barro.
Ron tragó saliva imperceptiblemente. Ella no lo sabía, pero estaba entrando en terreno pantanoso, si seguía así no solo lo hundiría a él, sino que a ella misma. La camisa le quedaba demasiado grande, llegaba un poco más debajo de sus caderas y hacía que se transparentara un poco el sostén.
Una vez más una imagen muy similar lo atacó sólo que esta vez ella sólo usaba la camisa para cubrir su desnudes, el cabello estaba alborotado y sus mejillas sonrosadas después de haber hecho el amor.
—Quédatela—, respondió escuetamente antes de ponerse de pie e ir hasta la estufa.
Pansy no pudo despegar la mirada de él. Lo observaba moverse de aquí para allá con soltura, iba con el torso desnudo y descalzo vistiendo solo unos jeans azules que se ajustaban a su trasero perfectamente; estaba como hipnotizada con los músculos de su espalda tensándose con cada movimiento.
Tan concentrada estaba que no se dio cuenta que él había puesto dos platos con tocino, huevos revueltos y un par de tostadas con mantequilla sobre la barra.
Con un movimiento amable de cabeza le indicó a pelinegra que se sentara a lo que ella respondió con una leve sonrisa, hasta ese momento no se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba.
—¿Té, café o sumo?—, preguntó poniéndose un trapo de cocina sobre el hombro.
—Café, gracias—. Pansy se sentó en el banco frente al de pelirrojo, mirándolo fijamente. Si alguna vez le hubieran dicho que estaría embobada viendo como un atractivo pelirrojo modelaba, en vez de caminar, en una cocina preparándole un café, ella se habría reído hasta caer sentada, y es que ella jamás se acercaba a la cocina ya que uno: no tenía por qué andarse metiendo en terreno desconocido y nada propio para una consentida, dos: porqué no tenía idea que los cocineros fuera así de guapos y tres: bueno, aún no había un tres.
Cuando Ron le tendió el café y se sentó en silencio ante la pelinegra.
—Catherine—, soltó de pronto—, mi nombre es Catherine.
El mundo entero la conocía como Pansy Parkinson, el mundo entero sabía que ese nombre era sinónimo de malcriades, arrogancia, snobismo y altivez, no quería que él pensara que la chica a la que había rescatado y que ahora desayunaba a su lado era un hueca, elitista sin cerebro…porque Pansy era más que eso…porque de alguna extraña manera, no quería ver en sus ojos decepción o desprecio…no quería que la juzgara como lo había ello el mundo entero.
Ella no digo nada más y él guardó silencio. Comieron lentamente y sin pronuncia palabra, cada uno metido en sus pensamientos lanzándose miradas de reojo de vez en cuando.
Engullendo su tostada, Ron trataba de comprender, ya con la mente despejada y las venas libre de alcohol, qué mierda le estaba pasando. No le gusta sentirse así, del modo en que ella lo hacía. Sentía que lo podía desarmar con una sonrisa, que lo ahogaba deliciosamente con su aroma, que su esencia le intoxicaba el cuerpo. Creyendo que no podría soportarlo más, se puso bruscamente en pie.
Cuando el ruido del banco cayendo el suelo retumbó en la acogedora cocina, Pansy levantó la vista alarmada alcanzando a mirar como Ron salía del departamento azotando la puerta.
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Se sentía vulnerable como nunca en su vida, expuesto a cualquier amenaza…como con un cañón apuntándole directo a la frente…y era ella quien tiraría del gatillo. Y no le gustaba, dios sabía cuánto eso lo cabreaba. Porque él no podía, el no debía; él era un Fénix y los Fénix no se enamoran, no entregan su vida porque ésta ya estaba entregada a la causa, no tenían puntos vulnerables. Porqué a él no le gustaba perder el control, porque todo era una estrategia fríamente calculada, porque los impulsos no eran buenos…porque en su trabajo impulsos se traducían a muerte…pero con ella todo se iba al carajo.
Había escapado por primera vez en su vida, de ella…de aquella mujer desconocida cuyo nombre no lograba saciar su sed. Como un maldito cobarde que no podía soportar más la tentación de besarla, de descubrir realmente a qué sabían aquellos labios rojos, de comprobar la suavidad de su lengua.
Sacudió la cabeza mientras apretaba los puños.
Quizá estaba más dañado de lo que pensaba. Quizá se había vuelto loco ya por completo.
Mientras el aire mecía sus cabellos en la azotea del edificio, Ron respiró profundamente mientras clavaba su mirada en la inmensidad de la nada.
Como nunca llegó a imaginar, Ron mantenía una lucha fiera en su interior; su mente, su lógica le decía que se apartara, que, que la dejara ir lejos del peligro que representaba, bien sabía que nada bueno ella podría obtener de él, y es que Ron no sabía querer…no sabía cómo amar…jamás lo había hecho. Volcó cada fibra de su ser al trabajo, cada minuto de su vida desde que se convirtió en Fenix…y ahora algo para lo que no estaba preparado llegaba tocando a su puerta para golpearlo con un gran mazo rompiendo sus esquemas.
Sentía que perdía el control de sus emociones y que su lógica acababa derrotada ante el adictivo aroma de su cuerpo. Y no le gustaba sentirse así. Ese no era él.
Por otro lado, se imaginó por un instante perderla por completo, no volver a verla en su vida sin haber probado el sabor de su boca, sin haber acariciado la suavidad de su piel…sin haber sentido el calor de su cuerpo delgado contra el suyo…se la imaginó en brazos de otro, mirándolo con los ojos brillantes de amor y una sonrisa tierna en los labios…la imaginó entregándose a alguien que no era él.
Y de nuevo aquella punzada en la boca del estómago mezcla de los celos, la furia…el miedo…
No…no sabía qué era todo aquello, no sabía cuánto duraría…no sabía los comos ni los porqués, lo que sí sabía era que estaba mal, que no debía, que las cosas estaban mejor así, pero también sabía que prefería arder en el infierno antes de verla con otro.
Cuando sus ojos se posaron sobre la acera que discurría por el bloque de departamentos, Ron logró distinguir su delgada silueta saliendo del edificio, la miró abrazarse el cuerpo y voltear a ambos lados de la calle antes de tomar hacia la derecha.
Ilógico, absurdo, sin sentido alguno y fuera de toda regla, pero no le importaba…ya no le importaba…ella, que nunca lo había besado, ella que no lo había tocado…ella que había entrado a su vida sin avisar, ella… era suya, irremediablemente suya.
Corriendo tan rápido como se lo permitían sus piernas, bajó las escaleras de los cinco pisos del edificio. Salió tal como estaba, descalzo y sin camisa, a la calle y cogiendo el mismo rumbo de ella, aceleró para tomarla del brazo en el mismo instante en que estaba por subirse al taxi.
—No te vayas—, dijo él.
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N/a:
Hola a todos, cómo están? Cómo estás Patsy? Te ha gustado?
Espero que hayan y que lo hayas disfrutado de este segundo capítulo de Impulsos. Creo que aquí queda un poco mas demostrado el por qué del título. Ron, que es un hombre que aunque quiera o no se deja llevar por impulsos, la gran mayoría de las veces los reprime, sobre todo por su trabajo. Ha aprendido muy bien a hacerlo pero cuando se trata de Pansy eso se va al carajo. Sí, llega a ser hasta cierto punto bipolar no creen? Pobrecillo y lo que le espera.
Ahora, qué decidirá Pansy? Buena pregunta.
Lamento mucho la demora, y les doy las gracias a quienes pacientemente esperan una actualización, son lo mejor de lo mejor, en serio.
Muchas gracias a quienes leen desde el anonimato y a quienes muy amablemente me dejan un review, o colocan la historia en alert o favorite. Mil gracias a: RoseBlack-Malfoy, SMaris, Kunogi Malfoy, Allison Marie Malfoy-Black, IsaJohyMalfoyCullen y nessa-uchiha por sus comentarios. Son geniales chicas.
Bien, eso es todo por hoy, en un par de semanas tendrán el siguiente cap, estoy de vacaciones así que eso sí va a ser posible, jajajaja
Un beso enorme y nos leemos pronto.
GRACIAS POR LEERME.
GELY :)
REVIEWS?
