Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.

HUÍDA

Bella POV

-Serán caros, ya lo verás-protesté por enésima vez-. No voy a poder permitírmelos.

-Relájate, Bells, sólo vamos a mirar precios-me calmó Sam-. Además, Míster Perfecto te lo tiene que pagar, ¿recuerdas?

Estábamos en el centro comercial, donde estaba una de las tiendas de skate más famosas del país. Por eso sus precios eran tan caros. El skate que me rompió el tipo aquél con el coche me había costado bastante. Tuve que ahorrar durante meses y aún así mis padres tuvieron que ayudarme.

Entramos en la tienda y nos pusimos a mirar los mejores skates. Pregunté al dueño por la calidad de cada uno y al final me decidí por uno bastante sencillo. Luego podría pedirle a Chase, un amigo grafitero, que me hiciera algún grafiti para personalizarlo.

Pero luego miré la etiqueta del skate y se me heló la sangre.

-¡90 euros!-grité-. ¡Es de locos!

Rachel me quitó el skate de las manos.

-Deja de gritar, ¿quieres?-me gruñó.

Rachel volvió a dejar el skate en su sitio. Quil me frotó el hombro y Jacob me abrazó.

-No te preocupes, el niño pijo te lo pagará-me tranquilizó.

-¿Y si no lo hace?-dije.

Quil estampó su puño contra la palma de su mano amenazadoramente. Sonrió.

-Tendrá que pagarse una cara nueva.

Me eché a reír. Rachel nos arrastró hasta una tienda de ropa y nos entretuvimos un rato. Era ropa de las que me gustaban a mi, anchas y sin nada de pijerías. Me probé gorras, camisetas, pantalones… poniéndomelo encima de mi ropa. Me sentía gorda, pero era divertido. Sam corrió detrás de mí para quitarme un collar de oro falso. Yo huí de la tienda y todos mis amigosfueron detrás de mí.

Las alarmas empezaron a sonar por la ropa que llevábamos encima. Dos guardas echaron a correr detrás de nosotros. Me quité la gorra y la lancé por el pasillo. La camiseta me la quité y se la lancé a la cara a una señora que pasaba. Me dirigí a las escaleras y me senté en la barandilla, orgullosa de la distancia de ventaja que les llevaba. Con rapidez, me saqué el pantalón y lo tiré por el hueco entre las escaleras.

Ya me había desecho de toda la ropa que había robado. Bueno, no del todo. Sacudí el collar de oro falso y grité:

-¡Esto me lo quedo de recuerdo!

Justo en ese momento, uno de los guardas había llegado a mi altura, mientras que el otro trataba de de pillar a mis amigos, que también se deshacían de la ropa de la tienda por el camino. Salté de la barandilla, esquivando ágilmente los brazos del guarda. Escalé hacia la barandilla opuesta y salté a la escalera de al lado. Subí corriendo y salí por la puerta del centro comercial al lado de mis amigos. Los dos guardas nos persiguieron durante unos metros más y al final se dieron por vencidos.

Entre risas y gritos de alegría, llegamos a una calle vacía. Nos apoyamos contra la pared para recuperar el aliento.

-Ha sido divertido-rió Jacob.

-Y encima me he llevado un regalo-reí, mientras sacaba el collar del bolsillo.

Sam rió al ver el collar y me echó sobre su hombro y se puso a darme vueltas. Al final me soltó y, un poco mareada, les dije:

-Me tengo que ir, Reneé me espera para comer.

-¡Espera!-gritó Jacob.

Me cogió de la mano y entramos en una de las casa de la calle, en la suya. Esperé en el vestíbulo, ya que sus padres no estaban, y él subió a su habitación. Cuando bajó, llevaba un skate en la mano. Me la tendió.

-Ten, mi antiguo skate, hasta que consigas uno-me ofreció.

Chillé de emoción lo abracé. Salimos a la calle y lo probé. De maravilla. Me despedí de mis amigos y me fui hacia mi casa.

Unas calles antes de llegar, me fijé en la escuela de Música que había allí. Una chica rubia prácticamente se pegaba a un chico de pelo cobrizo. El chico.

Me acerqué sigilosamente allí y me senté en el capó de un Mercedes negro. Ninguno de los dos me había visto, pero muchos alumnos de la escuela del Norte me miraban como si viniera de otro planeta. Les hice muecas a todos e incluso le puse la zancadilla a una chica que resopló al verme. No se atrevió a decirme nada.

Al final la chica rubia se separó de él y se despidió. Se marchó pude ver la cara de alivio del chico. Se giró hacia el coche donde estaba sentada y se sorprendió al verme.

Le hice una mueca burlona.

-Hola, niño pijo.

Edward POV

Tanya no paraba pegarse a mí, alabándome por mi forma de tocar el piano.

-Vaya, se te da tan bien-decía con gestos sexys-. Es impresionante lo que puedes hacer con esos dedos.

Me costó lo mío que Tanya por fin se fuera. Me sopló un beso y fui libre. Me dirigí a mi coche y me sorprendí al ver a la chica sentada en el capó de mi coche. Me hizo una mueca burlona.

-Hola, niño pijo-me saludó.

-No me llames así-gruñí, acercándome a mi coche.

-¿Cómo quieres que te llame?-preguntó ella-. ¿Míster Perfecto, Señor Rico o… tal vez… Destroza-Skates?

-Mejor llámame por mi nombre-respondí, ignorando sus burlas-. Edward. ¿Y tú eres…?

-Bella-respondió-. ¿Coche nuevo?

Miró con una mueca escéptica el Mercedes.

-No, es el antiguo coche de mi padre-contesté. Miré el skate que tenía en el regazo-. ¿Skate nuevo?

-No, de un amigo-dijo-. De eso quería hablarte. Mi skate nuevo son 90 euros.

-De acuerdo, mi ventanilla son 300 euros-respondí.

Bella frunció el ceño y me miró con odio.

-La culpa fue tuya-gruñó.

-¿Quieres un juicio?-pregunté-. Porque no era un paso de peatones, así que la culpa fue tuya.

Ella se bajó del capó.

-Te arrepentirás de esto.

Se fue montada en su skate, deslizándose con suavidad sobre el asfalto.

Espero que os haya gustado este cap. Espero vuestras opiniones. Por cierto, ¿os he dicho que adoro los reviews largos? Jajajaja. ¡Besos!