NOTAS DE AUTORAS
Hola a todas las lectoras! un saludo para las atrevidas que dieron click en el link... se estarán preguntando que es esto y como es que estas dos autoras están aquí metidas. Bueno... muchos me conocerán como Arihdni; autora de diversos one-shots y sobre todo mi fic más popular "Máquina de Drabbs"
Y yo soy Chia-Uchiha y como ya saben, también escribo n.n. (Demasiados fics como para enumerarlos u.u) Pues esta idea salió de una divertida sesión de drabbs por msn entre Arihdni y yo. Este especialmente nos gustó y entre ambas, nos pusimos de acuerdo para convertirlo en fic. Uniéndonos como autoras por este hecho n.n ahora sin más que agregar les pedimos que por favor puedan disfrutar de este fic, como lo hicimos ella y yo.
Hemos comenzado ya con el primer capitulo… teníamos un nombre posterior que era Ariachi… pero como que la gente no cayó en la idea… y fue poco leido.. así que hemos decidido quitarnos la máscara.
La razón por la cual usamos primero un pseudónimo diferente era pq una de nosotras estaba pasando por momentos complicados… que se pudieron solucionar n.n…. y ya decidimos usar nuestro nombres para ratificar la asociación entre Chia y Arihdni.
Ahora sin más… que disfruten su lectura.
El Rubí del Tigre
Escrito por:
Chia y Arihdni
Primer Capítulo: Los Preparativos…
y el destino de el encuentro estaba en el tiempo"
Era un precioso día. Lo sabía. Pero ansiaba permitirse un poco más de tiempo entre las sábanas, pues seguramente, las mantas habían abandonado su cama en el transcurso de la noche. Ronroneo entre ellas y mostró su cobriza cola castaña, tanteando el aire fuera de las cálidas sábanas. Sonrió ante la sensación fresca y cálida a la vez, y finalmente, dejo que sus orejas rojizas, cubiertas por alguna que otra hebra cobriza se mostraran al sol que daba sobre la almohada movida, reptando por la cama, dejando que las sábanas cayeran sobre el lecho y de un salto, acercarse hasta el enorme ventanal.
Aquel día, el castillo estaría bullicioso y sería el momento perfecto para sus planes. Claro está, hacerlo sería lo más difícil, especialmente, desde que cierto gatuno no la dejaba ni respirar desde la muerte del rey. Tezuka. El que fue una vez mano derecha del Rey Seto y ocupaba el cargo como militar más alto.
Hacía tres años que su padre había muerto y en el reino quedó a su merced. Si no hubiera sido gracias a Tezuka, realmente estaría perdida, pero… ¡Demonios, estaba en su flor de la vida! ¡Ansiaba aventuras! Desde hacía años, parecía que las paredes del castillo y la aldea, comenzaban a quedarse pequeñas. Los alrededores se dividían entre el país de los Lobos y un bosque. Un bosque frondoso y oscuro que evitaba su visión.
-No vayas más allá de ese valle, Sakuno-chan-. Había dicho, o más bien ordenado, Tezuka.
Pero ya se sabe. Lo prohibido es tentador y ella se moría de ganas por experimentar más allá de las tierras seguras. Claro está, que antes, tenía que tomarse su tiempo y disfrutar como siempre de la festividad y distraer a Tezuka. Conocía muy bien una de las dos debilidades de aquel serio hombre. Hacía años que compartía lecho con dos gatitas preciosas, indeciso por elegir a una, tomo a las dos como esposas. Nanako, al parecer, sobrina hereje de un traidor al cual no recordaba, y Miyuki, hija huérfana y cuidada por su único hermano.
No era de las de abusar de los puntos débiles, pero Miyuki era su cómplice más secreto y prometió ayudarla a cambio de ciertos privilegios. Aquella gatita tenía gustos extraños sobre sus deseos sexuales y ansiaba poder saciarlos en el interior del castillo, en uno de los balnearios privados. A cambio, ella perdería total autoridad de Tezuka por varias horas y podría explorar a su satisfacción, siempre y cuando, con la promesa de cuidarse.
El trato estaba hecho. No había vuelta atrás.
-¡Señorita!- Exclamó una voz gritona-. ¡Sus ropajes!
Suspiró y afirmó, encontrándose con su niñera. La mujer, desde que se escapó siendo niña tras su padre por alguna razón que no recordaba y que sufriera las duras regañidas de Seto, no se separaba de ella. Tomoka Osakada, una gatita que tenía por completo sus cabellos castaños claros y que a veces, enviada de cuerpo y sensualidad. Pese a ser dos décadas más grande que ella, no perdía encanto alguno y muchos hombres peleaban por ella en su extraña soltería.
Mostró un hermoso vestido azulado, ajustado de pecho y ancho en sus caderas para dejar movilidad a su hermosa cola. Frunciendo las cejas y unió sus manos, maravillada por tal elegancia. Aquello era lo único que le agradaba demasiado de ser la princesa de un reino gatuno. Los maravillosos vestidos. No tardó en desear ponérselo, pero eso no sería lo primero que tendría que hacer. Le esperaba algo que realmente odiaba como felino que era: Bañarse.
-¡No, Nya!- Exclamó asustada- ¿¡Otra vez!? ¡Ya lo hice ayer en la noche!
La mirada incrédula de la mujer indicó que aquella excusa no funcionaría. Claro, el aseo era el aseo, y aunque ella generalmente siempre usara su lengua para limpiarse, había cosas que no estaban limpias por no llegar. Así pues, comenzó una divertida persecución, en la que, como siempre, Tezuka intervenía.
-¡Hime!- Exclamó golpeando la puerta como llamada- Dúchese y baje. La esperan los bufones para pedirle permiso en sus actuaciones.
-Entiendo- Susurró disgustada y obediente.
Hizo un puchero. Si era la princesa, ¿Por qué nadie le hacía caso al cien por cien? Finalmente, accedió a ser sumisa, aunque Tomoka sabía que aquello no sería cierto de el todo. Y es que cuando el agua rozó justamente su cola, se alejó rápidamente, sujetándola entre sus manos y soplando. Demasiado sensible.
-Si te pones así por un baño… no quiero pensar cuando alguien la toque…- farfulló la sirvienta preocupada, para sonreír pervertidamente al momento en que la rojez sucumbió a su rostro- Mi joven señora tendrá que perder su honradez algún día.
-¡Eso… queda muy lejos!- Exclamó tragando nerviosa- Yo… no… no creo que…
-Bueno, bueno, calma- Interrumpió Osakada divertida- Vamos a ducharla antes de que ocurra un incendio con su rostro.
Y entonces, sí se dejaba duchar. La cola era algo demasiado personal al igual que sus zonas íntimas y estas nunca eran lavadas por la sirvienta. Era algo que agradecía profundamente. Miró atentamente esa parte tan larga de su cuerpo, recordando la primera vez que conoció a Osakada y sus palabras tan pervertidas que jamás se borraron de su mente:
Nuestra cola puede servirnos para mucho, Sakuno-Hime.
¿Para qué?
¡Lo comprenderás cuando crezcas!
¡No, dime!
Pues… puede… servir para acariciarnos muy placenteramente…
Y ella nunca se había visto acariciándose con ella. Con tan solo tocarla ya sentía demasiado. Quizás aquello era por llevar sangre real. Pobre inocente. Cuan desconocedora de los placeres de aquella parte de su cuerpo. Suspiró.
-Me pregunto qué me deparara el futuro.
-Esperemos que un joven casadero amable, bueno y que te ame- Respondió Tomoka mientras lavaba su espalda.
-Y… que le ame, ¿no?- Preguntó inquieta.
Tomoka detuvo su frotar, mirándola preocupada.
-Sakuno-Hime… Sabe que… por ser la princesa…
Apoyó su mejilla sobre la rodilla doblada y suspiró, afirmando de forma aburrida, preguntándose si realmente tendría que ceder al casamiento de un joven como decía Tomoka, o expandirse con un felino que la agradase. Alguien que no fuera tan gruñón como Tomoka, que la amara realmente, con profundidad. Deseo. Pasión. Locamente. Que la ansiara como mujer y no como corona para un reino. Sí. Sería un amor perfecto.
Guió las manos hasta el amuleto que colgaba de su cuello. Como promesa a su difunto padre, nunca se lo quitaba del cuello. El caso era, que no le encontraba utilidad, aunque tenía que reconocer que era bonito.
Nunca te lo quites, hija mía…
No, hasta que llegue el momento…
Y entonces, busca a tu madre…
Te protegerá.
No se lo des a nadie que no sea de tu sangre…
Como yo te lo doy a ti… Sakuno.
Suspiró. Vale. Podía guardarlo, pero eso de buscar a su madre. La reina había muerto años atrás, cuando era muy niña. Quizás durante el parto. No lo sabía. La reina era un tema demasiado tabú y su padre casi la había hecho imposible de nombrar.
-Por cierto, señorita- Llamó Osakada sacándola de sus recuerdos- ¿Por qué no piensa en… Echizen?
-¿¡Qué!?- exclamó alzándose- ¡Imposible! Ese chico… está… marcado… Ya sabes que… informó de una traición y mi padre no se lo perdonó nunca…- Se frotó los cabellos asustada- No… Ni hablar de pensar en él…
-A mi me parece apuesto- Opinó osadamente la sirvienta. Al darse cuenta de tal acto, se inclinó, escondiendo la castaña cola entre sus piernas- Lo siento, Sakuno-Hime.
-No… no importa- Negó avergonzada- Reconozco que… es apuesto pero… no puede heredar el trono…, descartado… no pienses más en él… Además, Tezuka no me deja acercarme a él.
-Pero…- dudó Tomoka sonriente maliciosa- Si usted siempre le termina llevando la contraria.
-Bueno… pero…- se rascó la mejilla avergonzada- Por una vez… ¡Haré caso!-Exclamó, deslizándose hasta la salida- ¡He dicho!
-¡Espere, señorita! ¡Debe terminar su baño!
-¡Yada! – Exclamó echando a correr- ¡Ya terminé!
Y es que, ser princesa, a veces era divertido, pero la curiosidad podía a su carácter curioso. Miró una vez más hacia el bosque y sonrió con paciencia. Esa tarde, abandonaría el castillo y caminaría hasta las puertas de su historia.
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Caminó entre las hierbas a paso rápido. Intentaba darle esquinazo, pero por más que ansiaba, no lo conseguía. Aquel minino era demasiado pesado y le azoraba la cabeza a más no poder. Estaban ambos tan acostumbrados a aquella maleza dominante que serían capaces de cazar a la más escurridiza de las presas en un instante.
-¡Echizen!
Se detuvo hastiado y suspiró, clavando sus dorados ojos sobre los lilas, que le miraban furiosos por su detención improvista, la cual hizo que el neko de ojos lilas y pelaje negruzco, cayera sobre la hierba a cuatro patas, con elegancia y como reflejos propios de todo felino. Suspiró una vez más.
-Mada mada dane, Momoshiro- Espetó alejándose una vez más.
-¡Detente!- Exclamó Takeshi Momoshiro alzándose una vez más- ¡Detén esa locura! No puedes ir a la aldea y atacarla tu solo. ¡Menos hoy!
Arqueó sus cejas negras sin comprender. Toda su vida, él había estado exiliado fuera de la aldea, viendo como crecían y vivan en tranquilidad, ajenos a los que había en las afueras del valle. De los desterrados. De él. De las injusticias que había vivido. Ansiaba venganza, ¿Por qué no tenerla? Aún recordaba la sangre de su padre corriendo por la arena, sin detenerse pese a que sus manitas intentaban impedirlo. Jamás olvidaría eso. Lo llevaba a fuego grabado en la mente. Y no perdonaría a aquel hombre, El rey.
Había crecido con la clara intención de vengar a su inocente padre y recuperar a su hermano. Seguramente, lo tendrían encerrado en alguna mazmorra o peor. Podría estar ya muerto. De solo pensarlo, se enfurecía y Momoshiro, un joven desterrado antes que él, no tardó en notarlo, cuando su cola quedó bufada junto a sus orejas gachas y colmillos mostrados.
-Espera, Echizen- Repitió el mayor clavando sus uñas en sus hombros para hacerle reaccionar- Hoy es la festividad. ¡Habrá guardias hasta en los tejados! ¡No puedes ir ahí solo!
-¿Festividad?
-Claro- Respondió Momoshiro agudizando la vista- Te la mostraré, pero ni hablar de meterte en líos- advirtió soltándole- vamos.
La aldea quedó a su visión. Tal y como Takeshi había indicado, estaba completamente rodeada por guardias y por más que ansiaran adentrarse, no lo conseguirían. Aunque no sería difícil para él derrotar a unos cuantos guardias que pronto estarían borrachos de leche fresca. Desde el lugar en el que se encontraban, lograba ver los palcos destinados a la realeza y agudizó la visión, tensándose, fingiendo no notar el agarre del mayor en su brazo.
-Celebran el día de los bufones- explicó Takeshi y miró al cielo- Por las horas que son, ya deben de comenzar y más que nada, porque Tezuka ya en el puesto de seguridad.
Observó una altiva y seria figura. Si mal no recordaba, aquel sujeto también estuvo presente la noche que mataron a su padre. Aunque no debía de ser tan fuerte, cuando Nanjiroh consiguió derrotarlo con tanta facilidad. Y sonrió superior. Y cada vez más excitado ante las ganas de lanzarse contra ellos, por mucho que su rostro serio indicara lo contrario.
-Y ella… -Susurró- es la princesa del reino- Presentó Momoshiro con cierto respeto -Muy diferente a su padre. Tiene un carácter muy dulce y no tarda en acceder a la rojez cuando hace falta. Es muy bonita y…
Pero no le escuchaba lo más mínimo. Ya había visto lo suficiente y volvía sobre sus pasos mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa triunfante. Más que nunca. Ya había encontrado el punto débil de aquel reino. Su Rey, sufriría más que nunca.
Continuará…
Bueno eso fue todo por esta vez… ustedes ya saben que es lo que hay que hacer XD
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