—Nada funcionó, Bella—Informó Edward, contestando mi pregunta, con una leve sonrisa.
El leve humo frío que se escapa de sus labios se evapora instantáneamente.
—¿Cómo qué nada funcionó?—Reí sin entender sus emociones, ¿No debería estar triste en lugar de tener una sonrisa?
Se aclaró la garganta antes de responder.
—Ya sabes, eso de ''Te gusta, Edward'' no era cierto—Dijo por fin, con la mirada al frente— Como siempre, te equivocaste.
Su leve sonrisa, se pronunció más, burlona. Fingí ofenderme y le dí un leve empujón para hacerlo callar.
—¡Sin moverse, Swan!—Chilló el profesor Reed de gimnasia. Su voz se oye lejana, pero sirve para que vuelva a mi posición inicial.
—No siempre me equivoco—Repliqué automáticamente alzando los brazos para dejarlos caer con pesadez. Ya lo tengo adormecidos de tanto tenerlo a mis costados.
—Siempre te equivocas—Rebatió Edward, impasible.
Me enoja su tono jocoso. Y aún más esa sonrisa.
—Lo dices como si me conocie...—
—Te conozco—Me interrumpió con rapidez y añadió entre risas burlonas—:Mejor que tú misma, de hecho.
A nuestras espaldas la gente se moviliza en completo movimiento. Mis piernas están agotadas de estar tanto tiempo parados en medio del patio, distribuyo mi peso a la pierna izquierda, cansada, pero parece como si Edward no estuviera cansado.
—Si no estuviésemos castigados, Edward, juro que te mordería—Advertí apretando los dientes— Ten por seguro que lo haría.
—No lo harías—Dijo muy seguro, mientras sacude su cabeza, para apartar el cabello broncíneo de su frente.
Un bufido sale de sus labios cuando siente mi patada en su trasero.
—No, pero eso sí que lo hice—Reí, feliz de mi acción—Y sin moverme ni un momento.
No entiendo aún cómo llegué a terminar castigada, digo...yo sólo molestaba cuando me agredían.
—Gran hazaña—Gruñó en respuesta mientras recuperaba la compostura—Parece que te gusta tocar de una u otra forma mi culo.
Sensual. Atrevido.
Me sonrojé con violencia. La manera en la que Edward podía ser incómodamente formal y desenfadado, a la vez, siempre me sorprendía.
—No me gusta tocarlo—Rebatí con la mandíbula apretada de la vergüenza Una parte mía piensa que Edward sabe que me gusta por lo tanto, debería coquetear sin remedio y la otra me dice que finja indiferencia, como siempre.
—¿Estás segura? ¿Estás..plenamente segura?—Pregunta girando su cabeza hacia mi, con un tono que no se me pasa desapercibido; la media sonrisa que ocupa su rostro me hace recordar que él es demasiado irreverente para mi propio bien.
Enarco las cejas y clavo mi mirada en la suya, en respuesta él alza las cejas impresionado.
No entiendo de donde viene su asombro.
—¡Miradas al frente, Swan y Cullen!—Grita el profesor Reed con su voz distorsionada por la distancia, pero demandante.
—¿Sabes?—Pregunté, mientras acataba la orden— Nunca te perdonaré por lo que haz hecho.
—¿Perdonarme de qué?—Preguntó confundido.
Por haberme roto el corazón.
—Por haber hecho que nos castiguen—Contesté en tono sombrío— Esto tendrá que hacerme reprobar una vez más, Educación Física.
Edward explota en risas apenas oye lo último. Dios, ¡Mamá me matará!
—No fue mi culpa que estuvieras en el momento inadecuado—Se excusó aún entre risas, encogiéndose de hombros.
—¿Yo? ¿En el momento...?—No podía creer que sea tan desvergonzado. Él rompió a reír, y eso hizo que lo quisiera golpear.
Una vez más.
Él había sido quien había comenzado todas las bromas.
—Vamos, Bella. Te hice un favor, no creo que el handball sea tu deporte favorito—Edward intentó ver el lado positivo una vez que sus risas se apaciguaron.
Apenas lo dijo, en acto reflejo me di media vuelta a mirar la clase. Y en eso segundo observé con aprehensión cómo Bree chocaba con violencia contra Senna.
No pude evitar estremecerme, eso debe haber dolido.
Pobre Bree.
—Bueno..., yo creo que...—Volví a recordar la escena. ¡Me dolió de sólo verlo!
—Te salvé la vida—se encogió de hombros, y apuesto mi CD favorito, que tenía una sonrisa en el rostro.
Sacudí rápidamente la cabeza, ¿Cuánto faltará para que acabe la clase?
Tenía que distraerme de una u otra forma. Busqué, con pereza, una tema de conversación.
—Edward—Llamé, llevándome la mano a la boca— ¿Qué pasó con esa...? ¿Angela? ¿Cómo se llamaba?
Él me miró confundido unos momentos. Entrecerró los ojos, lo miré con paciencia. Tenía una mente algo lenta.
—¿Tanya?—Preguntó dudando, ¿Tanya? Recordaría ese nombre si ese fuera el nombre. Negué con lentitud.
—¡Edward!—Repetí riéndome— ¿Quién es Tanya?
Él realmente apestaba en los nombres, si se había grabado ese nombre, ella era digna de saber su historia.
—¿No te conté?—Preguntó pasándose la mano por el cabello— Es la prima de Jasper.
—¿Prima de...quién?—Tartamudeé, sin entender aún.
Solo conocía un Jasper: el rubio amigo de él.
—Dios, Bella, tienes una pésima memoria—Rió.
Sentí una sonrisa formarse en mi rostro. Él tenía peor memoria que yo, ya lo dije.
—Oh...aguarda, ¿Jasper...tu amigo?—Pregunté entrecerrando los ojos.
En realidad, ya sabía quién era, era el chico que a Alice le gustaba.
Pero por algún motivo, me hice la desentendida.
—Esto va a ofender mucho a Jasper—Murmuró con los brazos entrecruzados en su pecho— Fue hace menos de dos meses, no puedo creer que no te acuerdes de él.
—Sí me acuerdo de él—Me defendí, siguiendo con mi mentira— Solo que no recordaba su nombre.
Me encogí de hombros tratando de restarle importancia al asunto. Durante unos segundos se sintió tensión.
—Bueno, ¿Qué pasa con Jasper?—Insistí sin aguantar ese silencio.
Solo esperaba que él no se encogiera de hombros y diera por terminado el asunto, para mi sorpresa, él sonrió ampliamente.
Era asombroso cómo podía pasar de lo sombrío a lo feliz en segundos, por un momento me distrajo lo hermoso que era.
—Bueno, Tanya es prima de Jasper—Repitió lentamente. Viré los ojos, sí recordaba esa parte
—No soy estúpida, ya lo entendí—Me limité a observar, sin evitar sonreír.
—Solo quería asegurarme, amargada—Contestó empujándome el hombro, lo hizo despacio.
No pude evitar sentir ternura por ese gesto tan prehistórico.
—Bueno, bully, ¿Algo más sobre Tanya? ¡Oh Dios, es tu novia! ¿Cierto?—Chillé con exageración.
Já, su novia, si hay algo de lo que estoy segura es que a Edward no le gustan las novias.
Le gusta demasiado su libertad y esas cosas.
Y también estaba el asunto que Jasper era, me atrevo a suponer, uno de sus mejores amigos.
—¡No! ¿Qué dices? ¡Por supuesto que no!—Contestó con los ojos muy abiertos, y golpeando teatralmente la pared con sus puños— Dios, Bella, hay algo malo en ti. ¡Nunca se sale con la hermana, prima, ex novia, de tus mejores amigos! ¡Nunca!
Esa era una de las cosas que me gustaba de él: Siempre correspondía en el mismo grado de drama que le proponía.
—¿Es Ley Universal?—Pregunté fingiendo ignorancia y desorbitando los ojos.
—Absolutamente—Contestó con el labio temblando por las risas que se aguanta, pero como buen amigo, se limita a poner su mejor cara de hombre de honor.
¡Cuánto me gusta!
Sus ojos verdes están trabados en los míos. Soltamos risas por la ''seriedad'' del asunto.
—Entonces...¿Qué pasa con Tanya, prima de Jasper?—Pregunté, tratando de conseguir coherencia— Dios, te distraes demasiado rápido.
—Tú me distraes—Corrigió haciendo énfasis en la palabra— Yo estaba, normal, contándote sobre Tanya...
—¡Tú hiciste un drama!—Chillé interrumpiendo su monólogo.
—¡Tú comenzaste!
Era un mentiroso. Y un dramático de primera, apuesto que ya teníamos la atención de todos en nosotros.
—¡REINA DEL...!—Grité con todo lo que daban mis pulmones.
—...DRAMA!—Gritó al unísono Edward, con los ojos ardiendo y clavados en los míos.
Bufé luego de decir y escuchar lo que dijimos, y me crucé de brazos, sin hacer caso a lo que Reed nos gritaba.
—¡No puedo creer que me dijeras eso!—Reclamé apenas recuperé el aliento, sintiendo los pasos del profesor acercarse.
—Nos castigará—Advirtió Edward, haciendo caso omiso a mi reclamo y con una media sonrisa añadió:— ¿Y de quién es culpa ahora?
Mi boca automáticamente quiso replicar, pero me aturdió, cuán irreverente era. ¿No podía simplemente callarse?
—¡Tuya, por supuesto!—Chillé, apenas me recuperé de la conmoción.
— Corrección: Es tuya, nuevamente—Replicó Edward riéndose, aún cuando el profesor Reed lo tuvo cogido del brazo.
¡Tan insolente, y tan divertido!
Mi vena salvaje se apoderó de mí y corrí hacia él,ignorando que el profesor Reed estaba con él y estampé mi mano en su cabeza con firmeza, y así, marcando mi condena.
Reed con rapidez, muy impropia para su edad, tomó en el aire mi muñeca y lo acorraló con sus dedos.
—Correcto, Swan, usted también viene—Sentenció molesto, para deleite de muchos se dirigía a la salida del gimnasio.
¡No, no, no! Eso sólo podía significar...
—Dirección—Dijo Edward fingiendo pesadez. Rodé los ojos, ¿Dónde más nos podría llevar? ¿A dar un paseo? ¡No hay modo!
—Whoah—Suspiré, tratando de mantener el paso— Nunca lo hubiese adivinado, genio.
—Por lo menos yo n...—Contestó Edward, pero fue interrumpido, el profesor Reed paró su caminata y nos liberó de su agarre.
—¡Silencio los dos!—Alzó la voz, y luego se giró hacía mi, dando la espalda a Edward— ¡Swan! ¡Ya son dos veces que te vengo repit...
Dejé de escuchar y me dediqué a ver las caras que me hacía Edward.
—¡Siempre estás molestando a todos!—Dijo Reed, con el ceño fruncido y muy marcado.
Edward asintió totalmente de acuerdo. ¿Yo? ¿Molestando a todos?
Entrecerré los ojos en advertencia a Edward. Él me sonrió ampliamente y señaló su oído ''Escucha''
—...¿Crees que bromeo cuando digo que NUN-CA he conocido a alguien como tú, Swan?
—¿Alguien sexy y buena onda como yo?—Pregunté, automáticamente, sin poder evitarlo.
—¡JÁ, EN TUS SUEÑOS!—Resopló el entrometido de Edward.
—Tú no te metas, envidioso—Siseé, ahora sí apuntándolo.
—¡A ESTO ME REFIERO!—Gritó Reed con la cara roja, y amargada— ¡Esta es mi última advertencia! ¡ESCUCHEN TODOS, VÁNDALOS!...
Estoy segura que lo de vándalos, iba sólo para Edward Cullen, el muy desgraciado, tenía cara de ''Te lo dije''
—...Isabella Swan, si no me terminas anotando mínimo seis puntos para el próximo partido de básquet, te recomiendo que no vuelvas a mi clase.
¿Qué?
—P-Pero, Reed...¡Profesor Reed! ¡No, por favor—Sollocé, sin poder creerlo aún— somos como amigos! ¡No me haga esto! ¿Qué le parece tres puntos?
—Es mi última sentencia, son SEIS puntos, nada menos—Volvió a repetir, mirando a la clase entera— Tienes una semana para practicar, Swan.
—¡Es suicidio!—Chillé horrorizada. Las risas atronadoras de Edward competían con mis lamentos.
Sin tener motivos, los ojos se me llenaron de lágrimas de frustración.
Sentía la cabeza latir por la presión, y en la garganta se me formó un nudo, ¡No podía conseguir ni tres puntos! Tendrían que ser dos anotaciones desde la línea imposible de anotar.
—¿Bella?—Tartamudeó Edward con sorpresa en la voz, levante automáticamente la cabeza para enfrentarme a sus ojos.
Sus ojos se agrandaron al ver correr una lágrima por mi mejilla. Lo mínimo que esperaba era culpabilidad en su mirada, pero en su lugar, una breve sonrisa se hizo presente.
¡Detestable!
La parte de pelear en broma ya había pasado, esto iba en serio y él aún seguía sonriendo.
Di la vuelta y decidí salir con la poca dignidad que me restaba por la puerta hacia los baños, pasando por alto a todas las personas que se quedaron en el gimnasio a ver el espectáculo.
Una parte mía estaba esperando que Edward me tome del brazo y me detenga, y me diga algo como: ''Lamento ser un idiota''.
Pero siendo él, como es, prefirió gritar.
—...¡¿Estás en tus días?!
No. Puedo. Creerlo.
—¡SÍ, EDWARD! ¡ESTOY CON LA MENSTRUACIÓN! ¡JÓDETE!—Grité dándome la media vuelta, y lo apunté con el dedo— ¡CRETINO! ¡ERES UN CRETINO!
Lo miré directo los ojos cuando terminé y solo para confirmar que su sonrisa se había esfumado y en su lugar había una tensa línea.
E hizo lo impensable: Se encogió de hombros.
Y se dio media vuelta para hablar con Jacob Black...MI amigo.
¿En serio? ¿Ellos hablando? ¡Traidor! ¡Jacob Black traidor!
Necesitaba con urgencia golpear a alguien. O ver una película y llorar por horas.
