Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia pertenece a Suyay Brunelli alias Usako_Suyi

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Capítulo 1

El comienzo de mi amor

20 años antes

Era primavera, su hermano no podía haber elegido mejor día para casarse. Sí, su pequeño hermano de 18 años se casaba con la mujer de su vida.

Si bien él no comprendía el apuro de contraer nupcias, algo no podía negar, su hermano Emmett, se había convertido en hombre el día que conoció a Rosalie.

La ceremonia fue sencilla pero llena de sentimiento, la novia se veía radiante, y en sus ojos brillaba el amor. Un amor que él en sus 26 años nunca había conocido.

Ya en la recepción, Edward observó a un grupo de niñas, que para él no superaban los 20 años. Y así era, las mejores amigas de su ahora cuñada, festejaban y cantaban en la mesa junto a Rosalie y Emmett, quienes no paraban de abrazarse y besarse.

Llegó el momento de vals, los novios comenzaron a bailar y luego se unieron los invitados. En ese momento la vio, ahí entre medio de la gente, era la criatura más hermosa del mundo.

Por fin sus ojos se encontraron, por un instante el mundo se paralizó, ya no importaba la fiesta, ni su hermano, ya no le importaba ni su vida, sólo quería quedarse así, mirándola. Sus ojos eran tan oscuros como el chocolate y su pelo de un hermoso color castaño, ella sólo le sonrió, y se marchó.

Desesperado Edward corrió tras ella, hasta que la alcanzó en el jardín. Si ya era bella con la luz artificial, a la luz de la luna parecía una diosa. Se acercó a ella y suavemente la besó. Ella le respondió con una calida sonrisa, y miró sus ojos, realmente eran más profundos y hermosos.

-Mi nombre es Bella-, le dijo dulcemente a la oído, -pero ahora debo partir, es tarde y mañana voy a estar cansada, no querrás que tu cita se vea trasnochada- se acercó a él y lo besó, esta vez fue ella quien tomó la iniciativa.

Él sólo la observaba maravillado, -Edward, ese en mi nombre, creo que tampoco querrás que tu cita de mañana sea un desconocido. Nos encontramos en el restaurante Bordeaux Cellar a las 20, te espero.

Así llegó la noche, un muy nervioso Edward esperaba a esa mujer que en 10 minutos había cambiado su vida, él estaba seguro que por primera vez estaba… ¿enamorado?

Isabella llegó exactamente a las 20, ni un segundo antes, ni un segundo después. Vio a Edward, se acercó y tímidamente lo besó.

La cena fue más de lo que pudieron soñar, los dos parecían conocerse de toda la vida, Edward quedó sorprendido al saber la edad de Bella, tenía 18 al igual que su hermano. Durante la cena olvidó la diferencia de edad, ella era muy madura, aunque lo escondía tras una inocencia infantil que enamoraba más al joven doctor.

La cita terminó como empezó con un beso, pero esta vez no era un beso robado, o un beso tímido. Ese beso, era su primer beso de pareja.

Sus labios se rozaron lentamente, podían sentir su calidez. El vino que había acompañado su comida, no podía saber mejor que en los labios de Edward. No podían separarse, sus labios necesitaban encontrarse una y otra vez, y la pasión comenzó a aumentar. Ya no sólo deseaban besarse, Edward quería sentirla suya, amarla, recorrer centímetro a centímetro su piel.

Bella se separó dulcemente, le sonrió y lo volvió a besar. Había algo en el aire que hacia que él se extasiara con su perfume. No dejaban de observarse, para Edward ella era su diosa, y no lograba entender porque Bella hacia que él sintiera así. Pero comprendió, renunció a la delicia de amarla esa noche, ya tendrían otras noches y llegaría ese momento.

Trascurridos quince días de la boda de Rosalie y Emmett, el joven matrimonio volvió a clases. Eso ero lo prometido a sus familiares y a las monjas del Colegio.

Todo el mundo comentaba en los pasillos lo feliz que se veía la pareja y la envidia no paraba de circular. Las clases habían sido tranquilas, de no ser por la insistencia de Lauren y Ángela para saber en detalle la Luna de Miel.

Mientras que por otro lado era Emmett quién recibía miles de preguntas por parte de sus amigos.

Así que Rosalie decidió que si la tortura iba a existir, que fuera rápida.

-A ver, que es lo que realmente quieren saber, porque nos conocemos todas y sabemos que ya ninguna llegará virgen al matrimonio.

-Rosalie, no era necesario echarnos en cara esa realidad. Pero, si es por amor, no importa pecar antes de tiempo. Dijo Ángela muy seria

-Si es verdad, nosotras decidimos amar a pesar que en esta escuela, hasta respirar sea pecado. Bromeó Lauren.

-Eso, sí la única que se mantiene pura es Bella, porque jamás conoció hombre. Y cada vez que le preguntamos sobre el tema, lo elude. Parece que le da vergüenza.

-Alice ¿yo qué?- Para desgracia de Alice, Bella había escuchado las últimas palabras de la castaña.

-Nada Bella, que aquí hablábamos de la Luna de Miel de Rosalie. ¡El romance está en el aire! Decía una muy enamorada Lauren. Su noviazgo con Tyler era perfecto, no podía pedir a alguien más cariñoso o adorable.

-O sea que hablaban de sexo y de mi virginidad, o falta de ella.- Bella reía mientras sus amigas se escondían, ella era muy clara con respecto a eso, no quería que nadie le preguntara.

-Pero que no hablemos de mí, no quiere decir que no podamos hablar de la Señora Cullen. Y no se guarde ningún detalle, que eso es de mala amiga.

La tarde siguió su curso, a Rosalie se le había ido la vergüenza y contaba cada día, y cada noche con lujo de detalle. A los que sus amigas respondían con sugerencias para poner en práctica en la cama, como si de eximias amantes se trataran.

Y Bella sólo reía, se revolcaba de la risa por las técnica "secretas" y posiciones que sus amigas recomendaban. -Todas bajo la etiqueta de prueba, algún día me agradecerás.- Decía muy contenta Lauren.

Ya eran las 19.30 hrs. Emmet, que había pasado el mismo interrogatorio que su flamante esposa, se dirigía acompañado de sus amigos al encuentro con las féminas.

Como todos los días a la misma hora, la sesión de besos había comenzado. Rosalie y Emmett, Ángela y Ben, Lauren y Tyler, Alice con Jasper. Este último llegaba al horario de la salida para verse con su novia. Y por supuesto los únicos apenados espectadores eran Mike y Bella.

Si algo que no podía decirse de Mike, era que no había intentado por todos los medios de enamorar a Bella. Desde la llegada de la chica, dos años atrás, para el joven sólo existía su diosa Isabella y muy lejos el resto de la mortales. Mike era el único hombre que había visto las diferentes caras de Bella, bueno, no todas pero si más de lo que los demás veían.

Con él, ella era diferente, dejaba de lado su mascara de niña y le mostraba su faceta de mujer. Una mujer independiente que lo quería, pero que nunca lo amaría. Y era mediante su calidez y su frialdad que hacía que Mike se enamorara más.

Aunque Bella rompió el corazón de Mike muchas veces, él no la dejaba, pues creía que a través de su amistad, algún día correspondería sus sentimientos.

Los besos seguían y ya Bella y Mike estaban al borde del suicidio, y de pronto una bocina sonó. Todos voltearon a ver el esplendido Ferrari azul que se encontraba en la puerta del colegio religioso. Pero nadie imaginó lo que seguiría.

-Amigas, me retiro, me vinieron a buscar. Pero a las 22.00 estoy en la casa de Emmett, hoy es noche de juegos, verdad.- y salió corriendo a donde se encontraba el auto estacionado, subió a el y se marcho.

Todos quedaron estupefactos, sólo pudieron responder a la castaña con un movimiento de cabeza. No podían creer que su amiga se marchara con "alguien", y encima que no hubiera dicho quien era. Pero era viernes y como había dicho Bella era noche de juegos en la casa Cullen…