¡Hola lectores!

En verdad estoy agradecida con aquellas personas que se tomaron la molestia de pasar a leer este fic. Gracias a Alex Z, quien escribió el primer comentario y me agregó a su correo, y a Tary Nagisa y a Zamtik y Girzzeta, quienes agregaron esta historia a Favoritos.

Espero la segunda parte no los decepcione y por favor: ¡COMENTEN!


Antes de poder procesar la información que en ese momento recibía su cerebro a través de sus oídos, se encontró sonriendo. Sí, sonriendo. Poca gente había tenido el privilegio de escuchar esa voz, que, aunque falsa, ocultaba al intelecto más grande de los últimos tiempos. Al detective más famoso cuya identidad era protegida tras un monitor.

Por ello mismo no supo en qué instante se acercó tanto. Simplemente, el saber que esa persona tan idealizada por todos en la Wammy's House se hallase con ellos (al menos eso es lo que trataba de creer), era un motivo suficiente de alegría, de dicha, de sentirse feliz.

En ese instante no le importaba mucho que la ventana de su habitación estuviese cerrada o abierta, que B hubiera manchado el libro de Cálculo con mermelada, o que su dibujo se viera interrumpido.

-¿En verdad eres tú? –preguntó asombrado su compañero.

-Sí, lo soy –escucharon responder.

-¿Ocurre algo malo? –preguntó, sin saber muy bien el porqué.

-A, B, ambos son niños sumamente inteligentes. Roger y Watari me han mantenido al tanto de sus progresos. Felicidades –rodeó la respuesta.

-Pero no te comunicas sólo para felicitarnos… –comentó el azabache.

-Tu percepción es muy aguda, B, eso me agrada. Verán… ha ocurrido una serie de asesinatos en una ciudad china –comenzó, tanteando el terreno.

-Pero… puedes resolverlo, ¿no? –preguntó A.

Hubo un corto silencio, que a los dos les pareció interminable. Al parecer el detective no sabía cómo continuar la plática.

-…sí. Sin embargo, me gustaría que fueran ustedes quienes llevaran a cargo este caso –dijo por fin.

-¿Nosotros? –se miraron entre sí.

-Han de saber que L sólo interviene en un asunto policiaco debido a dos razones y, por el momento, ninguna de ellas se cumple –comentó el señor Wammy.

-Ustedes dos son los niños más inteligentes de la Wammy's House y, por lo tanto, llevan clases diferentes al resto de sus compañeros –dijo Roger.

-Sólo estamos un poco adelantados, no es muy importante… –murmuró A, mirando el piso.

-La Wammy's House es un lugar para niños súper dotados –intervino L-, el hecho de que hayan sobrepasado a los demás dice mucho de ustedes. En otras palabras, ustedes son una especie de "niños prodigio".

-No lo llamaría de esa manera… –susurró para sí, sin que el resto le escuchase.

-Nos gustaría saber si aceptan el caso, ya que ahora mismo L está resolviendo otro en Rusia –les informó Roger, con el semblante serio.

-Por mí no hay problema –comunicó B-. Esto sería interesante.

El señor Wammy y Roger voltearon a ver a A, quien aún no había dado su respuesta. Al sentir las miradas sobre sí comprendió algo que sólo muchísimo tiempo después un niño albino también comprendería: presión. Jamás podría ser L, ni siquiera acercársele; pero en ese instante podía sentir que todos esperaban aceptara, le pedían llevara sobre sus hombros una carga muy pesada.

-Yo… –murmuró con miedo.

-Está bien, A. Piénsalo y dame tu respuesta mañana a las 5:00 pm –intervino la voz sintética-. Espero que para ese entonces ya hayas tomado una decisión. De cualquier manera, la computadora se quedará aquí todo este tiempo.

-Gracias… –murmuró de nuevo.

-B, será mejor que prepares las maletas para el viaje –comunicó Roger, ya en la puerta.

-Sí –respondió, parándose y yéndose con el hombre.

-A, aún tienes tiempo para pensar en esto. En ningún momento queremos que algo influya tu respuesta sino que ésta debe de ser enteramente tuya –comunicó el señor Wammy-. Sin embargo, en verdad nos sentiríamos complacidos si nos ayudaras.

El hombre se enderezó del asiento, llegando a su lado y desordenándole los cabellos antes de dejarle a solas. En ese instante, la débil luz azul del computador le daba de lleno a su rostro; se acercó un poco más, quedando a centímetros de la pantalla. Mecánicamente llevó su mano hasta ella, tocando la fría superficie.

-L…

Una letra, una simple letra encerraba tantos misterios. Una simple letra era ya sinónimo de justicia en todo el mundo, ¿quién era capaz de ello? L en verdad era una persona increíble, un ser excepcional. Y ahora le pedían resolver un caso, justo como el más grande detective lo hacía. Suspiró, tratando de asimilar lo pedido.

Los niños de la Wammy's House crecían escuchando relatos acerca de esa figura pública en la cual confiaban las naciones, aunque su llegada fuera hace relativamente poco. También había escuchado sorprendentes relatos, por ello mismo se esforzaba tanto, leyendo, resolviendo, calculando, restándose horas de descanso.

-Sólo unos instantes… apenas unos segundos… –murmuró antes de que el sueño le venciera.

Cuando despertó, se encontró en el mismo sofá que antes. Su cuerpo se hallaba cálido gracias a una manta roja que alguien le colocara encima mientras dormía. La tela era muy suave y olía ligeramente a lavanda. Lo más probable era que B regresara y le hallase, cuidando de que no se enfermara. Aunque el azabache parecía indiferente, la verdad es que siempre se preocupaba por los demás. Al menos eso podía confirmar después de tanto tiempo de convivir y ser amigos.

Para su sorpresa, el monitor seguía prendido, aunque la letra y logotipo del detective ya no estaba en él. Pensó si podía encontrar la respuesta a aquello que rondaba su cabeza desde la postura de él. Era muy poco probable, pero… podía intentar entablar contacto.

Sus dedos se dirigieron hasta el teclado, temblando ligeramente. Inhaló una gran bocanada de aire tratando de darse valor y finalmente comenzó a escribir una pequeña pero significativa pregunta "L, ¿está allí?".

Esperó de manera impaciente, aunque no había garantía de una respuesta. Podía pasar mucho tiempo antes de que el mensaje llegara, estar demasiado ocupado para atenderle o simplemente no se encontraba en ese instante. Para sorpresa suya, casi instantáneamente obtuvo contestación.

-"Sí. No te preocupes, puedes tutearme" –había escrito.

-"No creo que sea correcto…" –volvió a teclear.

-"Como prefieras, ¿no puedes dormir?"

No le presionaba con la respuesta, eso le produjo un gran alivio. En verdad había sido intimidante ver las caras de Roger y el señor Wammy atentas a su respuesta. Sonrió levemente al ver la delicadeza de L, él debía de ser una persona muy amable, alguien en quien confiar.

-"Acabo de despertar" –confesó.

-"Son las 3:48 am en la Wammy's House, ¿no es así? No es correcto para tu organismo" –leyó casi de inmediato.

-"Gracias por preocuparse"

Por unos instantes permanecieron en silencio, aunque ello no le incomodaba. En verdad era agradable tener compañía en esos instantes, justo cuando el resto de la gente duerme. A tenía muchas cosas qué preguntarle, pero no sabía si era correcto, aunque tampoco si respondería. Estaba escribiendo un "Hasta mañana" cuando en el monitor apareció la L gótica y, casi al instante, se oyó la voz sintética.

-A, ¿has leído a Arthur Conan Doyle? –preguntó pausadamente.

-Sí… –murmuró con algo de confusión por la pregunta tan súbita.

-Me alegro; ¿te han gustado sus obras? –volvió a interrogar.

-Mucho.

-Entonces, conocerás a su personaje más famoso, me refiero, obviamente, a Sherlock Holmes.

-¡Por supuesto! –contestó felizmente- Pienso que usted se parece mucho a él.

-Gracias, pero…

-Sí, comprendo que usted es más capaz que un personaje de una novela, pero en verdad es un gran detective, digno de admiración al colocar su vida en riesgo por estar del lado de la Justicia –le interrumpió antes de que acabara.

-A, ¿qué edad crees que tengo? –preguntó al cabo de unos instantes.

-Mmm… ¿entre 30 y 40 años? –dudó un poco por su respuesta.

Nuevamente hubo un silencio. Ahora comprendía que se equivocó en la contestación, eso significaba que L… ¡tenía más de 40! Eso era obvio, el más grande detective del mundo debía de llevar varios años preparándose. De seguro anteriormente había sido policía o reportero, para estar más cerca de los hechos. Aunque, ahora que lo analizaba, las estadísticas indicaban que debía ser un miembro activo, así que…

-Te equivocas por esta ocasión… –contestó finalmente.

-Entonces… ¿más? –trató de imaginarse la cara del otro lado de la computadora.

-En realidad… no podría decirte mi edad exacta. Pero… te confesaré que soy más joven de lo que crees –aclaró.

Eso en verdad la sorprendió. Entonces, L en verdad era un prodigio, un joven que de seguro había sido brillante desde su infancia, alguien que destacaba de inmediato. Y quizás, si aceptaba lo que le proponían en estos momentos, alguna vez podría conocerlo en persona. No dudó más, así que finalizó la conversación.

-Eso es increíble. Si me disculpa, debo de estudiar un poco más, necesito prepararme para el caso de mañana, no quiero decepcionarlo.

Acto seguido, se enderezó de su asiento, llegando hasta los libreros cercanos, tomando entre sus manos un grueso volumen Inglés-Chino, tres ejemplares acerca de las tradiciones en China y varios otros acerca de psicología.

o0o

-L, es hora de dormir –avisó un hombre, recogiendo una bandeja con tazas vacías y algunas envolturas de dulces.

-En unos instantes, Watari… –contestó suavemente una voz.

-De acuerdo –accedió, saliendo por la puerta.

Los ojos oscuros se encontraban fijos en la pantalla, observando con gran detenimiento a la silueta sentada en el piso con cuatro o cinco pilas de libros, devorando tranquilamente la información impresa en ellos. Su pulgar fue llevado hasta su boca, mordiendo ligeramente su uña. Mecánicamente su mano derecha fue hasta el resto de los ordenadores, apagándolos.

-Bueno… de vez en cuando… es bueno dormir… –murmuró antes de pararse, no sin dirigirle una última mirada a A.