El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen.


Pequeñas historias

~ Accidental ~

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Algún lugar de New York, 2012

¿Nunca has hecho una lista, aunque sea mental, con las cosas que nunca harías?

Bueno, sin dudas, aquella situación era la que encabezaba el listado. No podía creer que se había dejado convencer simplemente para cumplirle uno más de sus caprichos. Debería haberse mantenido firme y negarse, nuevamente…

Pero todo había quedado en un "debería"

Sí, lo había intentado.

¡Sí, aunque nadie le creyese, lo había intentado! Pero resultaba que, pese a toda la valentía que lo caracterizaba, no soportaba las lágrimas de pureza de ninguna persona. No era muy bueno con ellas, nunca lo había sido y comenzaba a creer que nunca iba a serlo.

Sin embargo, eso no era lo único que lo había empujado hasta lo que estaba a punto de ocurrir.

No señor, claro que no.

Un cúmulo de cosas lo había conducido (y como era muy despistado ni siquiera se había dado cuenta hasta que todo estalló en su cara)

Tal vez debería regresar en su memoria para comprender exactamente como había llegado a ese punto sin retorno.

Todo había comenzado cuando se decidió a estudiar la carrera de leyes.

Sí, nunca hubiese creído que eso era posible… ¡Había abandonado el futbol! ¡El futbol! Aunque abandonado era una palabra muy fuerte, tendría que decir, mejor, relegado. Sí, sonaba mejor…

En fin, había iniciado la carrera de leyes pero se orientó hacia las relaciones internacionales.

Recordó, vagamente las expresiones de sus amigos cuando les comunicó cual había sido la carrera elegida por él. Se rió de los talantes de todos los presentes cuando pronunció las palabras. Shockeadas algunas —como la de Daisuke, Jou, e incluso, tenía que admitirlo, Sora— extrañadas otras —Sí, Koushiro, Miyako— y, por supuesto, las sonrientes —Takeru, Ken y el pequeño Iori— y no podía olvidar nunca las de Yamato… e Hikari. Una mezcla de orgullo y diversión que le resultó extraña.

¿Lo habían previsto? De su hermana, no le extrañaría… Aunque su amigo… Bueno… Esa era otra cuestión.

Pero tenía una explicación.

¡La tenía! Sí Yamato podía ser astronauta (Yamato Ishida astronauta, ¿en que estaba pensando su amigo? ¿O, en otras palabras estaba pensando?)

¿Él no podía dedicarse también a algo distinto?

Agumon había influido mucho en su elección, por supuesto.

Pero no lo había hecho solo por él, sino para ayudar a todos los digimon. Lo cierto era que la resolución de unir dos mundos tan opuestos no había sido muy bien recibida por el mundo. Algo comprensible. El hombre teme a lo que desconoce.

Pero sentía que se los debía.

No podía pensar en los digimon asustados cuando los hombres llegaban al digimundo. A veces guiados por los inocentes niños que se reunían con sus compañeros. Ni tampoco podía dejar de sentirse un tanto nervioso por las investigaciones que habían comenzado a realizarse…

En fin, muchas cosas lo habían conducido a tomar aquella resolución. Iba a lograr que los digimon tuviesen sus derechos y haría lo que fuese necesario para lograrlo. Inclusive, utilizar las leyes del hombre.

Aunque… se había ido de tema. Nada de eso era lo que lo mantenía en ese sitio descaradamente extraño.

No es que no hubiese pisado un sitio así antes… Cuando era pequeño lo había hecho. Su madre lo había obligado… Pero luego, en realidad, no lo había visitado en mucho, mucho tiempo…

Y ahora…

— ¿Por qué accedí a esto? — Se quejó, en voz alta.

Por el espejo, vio a una mujer hermosa, con el cabello corto —muy corto— de ojos miel que levantó la mirada de la revista que la tenía entusiasmada y lo miró con una sonrisa dulce. Mas, era de esas miradas que le dedicaba a los niños cuando no comprenden algo.

— Eso es porque me debes una, Yagami. — Indicó ella y Taichi cerró los ojos, resoplando — Además, no es ninguna tragedia… Eres un exagerado.

Mira quien habla, la princesa del drama, pensó, pero no lo dijo en voz alta.

No era un loco ni mucho menos un suicida.

Por medio de la superficie espejada vio que Mimi soltaba un gritito de sorpresa y señalaba algo en las páginas de su revista. Tuvo que reprimir el impulso de rodar los ojos y siguió concentrándose en la forma en que había accedido a esa tortura…

Hacia apenas un año que había llegado a los Estados Unidos.

Quería trabajar para la Organización de las Naciones Unidas, el organismo internacional más importante del planeta y había logrado (aun no comprendía como) ser aceptado allí…

Y ¿Por qué estaba en los Estados Unidos de América?

Porque desde su sede en Nueva York, los Estados miembros de las Naciones Unidas deliberaban y decidían acerca de asuntos delicados, internacionales, globales, etc., como el Derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos…

Y él había tenido que mudarse allí para lograr un acercamiento real a su objetivo…

La integración del Mundo Digital a esa organización.

Eso, eso si que sonaba surrealista.

Y Mimi había sido de gran ayuda en la transición. Desde el comienzo, desde su mismísima llegada.

Era cierto que le debía una, no, no solo una. Muchas.

Su amiga japonesa-americana le había ayudado muchísimo y nunca dejó que se sintiese un extraño (o lo intentó. Era inevitable no sentirse raro allí)

Cuando ella había estado en pareja con Koushiro (muchos años atrás) se habían hecho cercanos y tenía que admitirlo: pese a que las cosas entre sus amigos no terminaron muy bien, no habían dejado de tener contacto.

Él entendía que ellos necesitaron tiempo para resolver sus fantasmas y, al final, todo parecía estar mejorando.

Kou había conocido a una mujer en la universidad y Mimi estaba en una relación de tipo: "es complicado" con Michael Washington, su novio desde hacia años.

Sin embargo, en algún punto de la ecuación… Él estaba allí. Y no tenía idea de cómo salir.

Michael Washington estaba de vacaciones en alguna parte de Europa y Mimi tenía un problema con cierta persona desconocida… Y había pedido a Taichi que la ayudase.

¡TE NECESITO, ERES MI SALVACIÓN!

Que pobre iluso era. Esas palabras lo habían conducido a eso.

¿Por qué había tenido que decir "lo que necesites"? ¿Por qué no había dicho "depende de lo que sea" o algo por el estilo?

Nunca había comprendido, como en ese momento, las palabras de Sora: A veces, dices lo primero que viene a tu mente. Deberías pensar más en ello…

Aprendí Sora, quiso decirle a la pelirroja que estaba al otro lado del mundo. Aprendí.

— Puede abrir los ojos — Susurró aquella voz desconocida que no había dejado de tararear desde que había entrado a ese sitio.

Se sintió extraño al percibir la cadencia del sonido. Los ruidos habían cesado. Aquello, al fin, había acabado.

¿Cuándo había cerrado los ojos? Pues, no tenía idea.

Sintió un ligero golpe en el hombro y reconoció el débil tacto de Mimi.

Sabía que no había sido un golpe de verdad, o le hubiera dolido. Tuvo que contenerse para no reír de la debilidad aparente… Pero, finalmente, accedió a la petición de la morocha (sí, estaba morocha y no era necesario hablar al respecto)

Abrió un ojo y luego otro.

Se miró extrañado cuando sus ojos se toparon con la imagen reflejada. Era él, claro que sí. Eran sus ojos, su nariz, su boca… Su rostro. Pero faltaba algo.

Sí…

Su cabello. ¡SU CABELLO!

¿Cómo había permitido que Mimi lo convenciese de deshacerse de su pelo marca exclusiva de ser un Yagami?

El sencillo motivo por el cual ella le había exigido amablemente que se cortase el cabello era porque…

¡JAMÁS saldría con alguien que no cuida su cabello, Taichi! ¡La situación tiene que ser creíble! ¡Ellas me conocen…! — Espetó furiosa cuando él se rehusó la primera vez. Luego, lo miró con ojos de borrego a medio morir — Además… Me lo prometiste. ¡Dijiste que me debías una! ¡No te pido que saltes de un helicóptero sin paracaídas… quiero solo… bueno… renovación!

— ¡Jean-Paul! ¡Es perfecto! — Escuchó que decía su amiga al estilista que había cometido aquella terrible falta. — ¡Es perfecto! — Repitió, dando saltitos. Lo miró, a través del espejo, y le golpeó el hombro, soltando una carcajada — ¿Ves? Te dije que no iba a ser tan terrible… ¡Te ves genial! Necesitabas un cambio de look, después de todo… — Y comenzó a hablar con Jean-Paul.

Sí que estaba emocionada. Taichi tuvo que sonreír al verla animada.

Todo había comenzado cuando la semana anterior, reflexionó, Mimi y sus padres recibieron la visita de sus primas — ¿De donde habían salido? ¡Quien lo sabe! — ambas mujeres casadas que parecían reclamarle a la castaña algo. ¿Matrimonio? ¿Novio? ¿Amigo con derecho?

Y por algún motivo, (sí, así de extraño era el asunto, él había terminado en medio)

O terminaría, porque parte del plan implicaba ese sacrificio.

Él iba a estar fingiendo que era el novio de Mimi (sí, ni tampoco entendía como habían llegado a ese punto) durante una visita —con cena incluida— planeada para ambas mujeres a las que quería impresionar.

Según Tachikawa, eran unas arpías chismosas, pero él no podía decir nada. ¡Ni siquiera las conocía!

¿Por qué simplemente no les dijo que Michael estaba de viaje? Bueno, al parecer, la razón de ese viaje era que la pareja necesitaba "tiempo" y aun no habían arreglado la situación. Además ella comentó: ¡Imagina sus caras cuando les diga que estudias y de donde eres! ¡Te adoraran! ¡Y a mi odiarán porque te tengo!

Y reía descontroladamente. Sí, le tenía un poco de miedo.

Bien, no debía de sorprenderse, Mimi era complicada. Y él era aun más difícil por haber aceptado todo eso.

Pero no podía negar, que, a final de cuentas… Aquel corte no le sentaba nada mal.


N/A: ¡Hola! Bueno, soy yo de nuevo (¿quién más?) con este pequeño episodio producto de mi mente aburrida.

Además, una pequeña explicación del corte de pelo de Taichi en el final. Sí, me gusta encontrarle motivos a todo :P. Como habrán notado, esto ocurrió mucho antes del epilogo, mucho antes de que ellos se casaran y tuviesen a su familia… Pero se me ocurrió y tuve que escribir al respecto...

Y me gusta esto Random, aleatorio… Sin sentido xD

Hasta la próxima!