El perfume

Era una mañana como cualquier otra en la estación King Cross de Londres. Había cientos de niños y jóvenes con baúles cargados de ropa, jaulas con lechuzas y otras mascotas de su preferencia. Todos estaban de cursar un año más en Hogwarts después de tantas adversidades que habían enfrentado en el pasado con la sorpresa de que Lord Voldemort había regresado. Y ahora más que nunca el señor tenebroso ya que no se encontraba solo.

Unos aún seguían con el miedo de regresar a la escuela mientras que muchos otros seguían con la incertidumbre de que el señor tenebroso había regresado con nueva fuerza.

Llegando la hora de partir los jóvenes se despidieron de sus padres con la reserva de que si algo pasara por más mínimo que fuera no dudaran en llamarlos para solicitar su rápida salida ya que no querían exponer a sus hijos a un peligro letal.

En uno de los vagones se encontraban los tres amigos inseparables que como muchos sabemos, habían pasado por varias aventuras y dificultades.

-Harry apresúrate o nos dejará el tren a Hogwarts –Hermione corría por el andén 9 3/4 para poder alcanzar lugar hacia los vagones de los prefectos.

-Odio que se comporte así –Ron musitó un poco mirándola retirar por los corredores del vagón.

-Ya la conoces Ron, siempre le ha gustado ser la primera en llegar, ya cinco años y no te acostumbras. –comentaba el chico de la cicatriz sin ninguna importancia, ya que todos los años su amiga era la primera en abordar y cumplir sus deberes.

-En fin, ya sabes que odio que se comporte como mi madre –Ron se metió a regañadientes mientras Harry se detuvo un poco, observando que Hedwig tenía una carta para él, la misma que le había enviado a Sirius.

El chico ojiverde se dispuso a abrir la carta ya que tenía unos días sin noticias de su padrino, debía averiguar si seguía bien después del ataque de los mortífagos en el ministerio que en ese entonces trataban de conseguir la profecía.

-Vaya Harry, Sirius te envió una carta, parece que se encuentra mucho mejor –Hermione regresaba al vagón junto con Ron.

-La leeré más tarde, ahora debo de concentrarme en idear estrategias para el próximo campeonato de Quidditch –Harry comenzó a hojear un cuaderno donde anotaba todas sus ideas con respecto al deporte en escobas, ya que al saber que su padrino se encontraba bien no había de que preocuparse por el momento, además necesitaba distraerse un poco en otra actividad.

-Iré a vigilar el pasillo del vagón de los de segundo –Hermione salió presurosa aun acomodándose el cabello en cola de cabello frente a Ron y a Harry. Pensó en ese momento que su amigo necesitaba de privacidad así que decidió no importunarlo.

-Está bien Herms, te esperamos, espero que no los embrujes o lances una maldición imperdonable con lo paciente que sueles ser –ambos soltaron una risita. Cuando la chica les lanzó una varita de regaliz por el comentario.

Los dos chicos que esperaban en el vagón platicaban sobre lo que había sucedido después del año tan difícil que tuvieron el año pasado. Ron trataba de averiguar lo que Sirius decía en su carta y el chico de la cicatriz de limitaba a decir que todo se encontraba bien, que por lo pronto no debían de preocuparse más que en cursar bien el año. Recordaron aquella ocasión después del torneo de los tres magos cuando Harry se vio obligado a participar, incluso después de haber terminado el año recibieron noticias de que el ministerio había sido atacado por mortífagos lo que los orillo a averiguar lo que sucedía en ese entonces. Afortunadamente no se encontraban solos ya que Luna, Lavender, Ginny y Neville insistieron en acompañarlos, recordando así la batalla que habían sostenido contras los encapuchados que buscaban la esfera de la profecía.

Harry todavía se sentía culpable por haber cometido una imprudencia a causa de que el señor tenebroso logró entrar en su mente para disuadirlo que acudiera y ser blanco fácil para los mortífagos ya que en esa ocasión la orden del fénix tuvo que intervenir costando una muerte segura para su padrino Sirius.

En resumidas cuentas el trío de oro no disfruto de unas vacaciones decentes dedicándose a cuidarse de los posibles ataques de aquel mago tenebroso con el que Harry se encontró cara a cara en el cementerio.

Hermione se encontraba presurosa pues escuchó decir que los alumnos de segundo se estaban guerreando con grageas de todos los sabores y golpeándose con varas de regaliz. Se encontraba con demasiada energía en ese momento así que decidió correr un poco para no llegar tarde y poder controlar la situación.

-Ahora verán esos niños. En cuanto llegue al vagón lanzaré un encantamiento derretidor para que se les pegue en el cabello –la prefecta de Gryffindor repasaba sus lecciones para no fallar al momento de que entrara en el vagón de los de segundo y no salir perjudicada con un ataque.

Hermione se caracteriza por poder realizar varias cosas a la vez para no perder el tiempo, así que mientras iba caminando decidió checar el itinerario de clases que tendrías este quinto año, ya que los exámenes TIMOS estaban a la vuelta de la esquina. Al momento que caminaba alcanzó a percibir un aroma exquisito, fresco y varonil. Un aroma a encino dulce, con lo mucho que le gustaban esos aromas. Ignoró un poco el olor y caminó sin ver hacia delante, ya que consideró más importante poner orden en aquel vagón de los de segundo.

De pronto tropezó con aquel aroma de manera repentina, haciendo que las hojas que tenía en las manos se cayeran por el impacto, con lo distraída que iba no miró el rostro de la persona con la que había chocado restándole importancia por lo que decidió seguir con su camino, pero era demasiado tarde, había chocado con la persona equivocada.

-Fíjate por donde vas, maldita sangre sucia! –Draco Malfoy miró con repugnancia como de costumbre a Hermione.

La chica Gryffindor sintió que si discutía con el rubio no llegaría a nada, a decir verdad no le apetecía tener una discusión con él, ya que intuía que se encontraba sensible por lo que había pasado con Lucius Malfoy padre del rubio.

-Perdón Malfoy no me fijé por donde iba, estaba distraída –Hermione no le prestó atención y se dio la vuelta para seguir su camino. Dicho comentario molestó de sobremanera al rubio platinado, tanto que volteó directamente a la castaña.

-Todo es tan fácil para ti Granger?, crees que puedes caminar y tropezar conmigo como si nada? –Draco la miró de una manera desafiante como era su costumbre de mirar a los demás.

-Tenías que ser amiga de Potter, como siempre los héroes del mundo mágico –reprochaba Draco quien encontró aquella oportunidad perfecta por lo que había ocurrido con su progenitor.

-Ya te dije que lo sentía, estaba distraída, además no me apetece discutir contigo en este momento, afortunadamente esta "sangre sucia" tiene cosas más importantes en que pensar –Hermione recuperó la vista de su libro mientras pretendió seguir con su camino.

-Escucha tu…! –Draco la tomó bruscamente del brazo y la giró hacia él. Cuando ella lo miró notó que no había ningún desprecio sino indiferencia. Notó también que en aquel vagón no había ningún estudiante así que observó aún más aquellos ojos llenos de desinterés.

-Yo… que Malfoy? –Hermione lo miró decidida mientras notó que aquel aroma que le había gustado mucho provenía de él.

-Tu…tu.. –por primera vez Draco la veía a los ojos, se quiso adentrar más allá, pero Hermione Granger a pesar de no saber el arte de la Oclumancia sabía esconder muy bien lo más íntimo y privado que una persona puede ocultar.

-Malfoy, por favor dime lo que tengas que decirme, tengo cosas que hacer –Hermione mostró un tono diferente hacia él, un poco más paciente y tranquilo como cuando daba consejos a Harry.

-Qué tanto me miras Granger, tengo narggles en la cara? –Draco comenzó a burlarse y a etiquetarla de loca.

-No, es solo… perdón Malfoy no te quito más tu tiempo, discúlpame una vez más por lo del tropezón en verdad tengo que irme. –la chica desvió un poco la mirada.

-Dime Granger, que tanto me miras, acaso te parezco guapo? –Draco rió de manera sarcástica pero por alguna razón se arrepintió de aquel comentario narcisista y de mal gusto.

-No digas tonterías Malfoy, es solo que. –Hizo una ligera pausa –huele bien ese perfume. –Hermione se dio la vuelta mientras recuperaba su paso hacia el vagón de alumnos de segundo.

Draco soltó a Hermione, dejándola ir, pero él se quedó sin habla, no sabía que decir, nadie había mencionado algo de su perfume. Tal vez de su dinero, su traje de diseñador mágico pero nunca de algo tan simple como su perfume. Notó de la misma manera que la castaña no se había burlado del hecho de que casi metían a su padre a una celda fría en Azkaban, pudo ver algo de compasión por el chico que le desagradó, ya que no estaba acostumbrado a que le tuvieran lástima.

-Sangre sucia –ese término salió de su boca, pero esta vez titubeando, como si algo en el estuviera dudando sobre el desprecio que sentía por aquella "raza".

Harry miró el reloj inquisitivamente después de haber terminado de organizar sus pendientes para el campeonato de Quidditch, mientras que Ron terminaba de comer unas galletas que Molly su madre les había preparado para el camino al colegio.

-Ron, no crees que Hermione ya se tardó demasiado con aquello traviesos de segundo?, por qué no vas a ayudarle, también eres prefecto. –mencionó Harry mirando hacia los lados del vagón.

-A mí me hacen enojar aquellos niños, no se comportaban desde que estaban en primero, además Hermione nunca me deja reprender o "disciplinar" a nadie- Ron se rió un poco de la situación mientras que Harry le daba un toque en el brazo.

-Auch! Que dije? –Ron murmuró.

-Deberías ir a ayudarla –Harry le imperó mientras abría su nuevo libro de encantamientos.

Por fin Ron se levantó y atravesó el vagón de los prefectos para dirigirse a buscar a su amiga quien seguramente tenía problemas al poner en orden al grupo de segundo. Harry aprovechó la situación y se dispuso a redactar una carta para Sirius. Le gustaba siempre tener privacidad y evitar el bombardeo de preguntas de sus amigos.

Le pedía disculpas por la imprudencia que casi le costaba la vida indicándole que sería más cauteloso en lo que a los asuntos de Voldemort se refería.

El vagón de Slytherin se encontraba impecable como de costumbre ya que se puede decir que era exclusivo solo para los estudiantes de esa casa, obra de los padre millonarios que decidieron rodear de lujos aquel espacio para que sus hijos no extrañaran demasiado su casa. Pansy Parkinson se encontraba en un camarote esperando a Draco Malfoy. A decir verdad ella era de las chicas Slytherin bastante guapa, su cabello color chocolate adornaba demasiado bien con aquella piel blanca y aquellos ojos color miel. Típica chica de padres acaudalados y modelo de las portadas de sociales de la revista "Corazón de Bruja."

-Tardaste mucho Draco, digo, para ir solo a ver lo que hacían los de segundo –la chica Slytherin se volteó al ver llegar a su amigo.

-Pues como siempre estuvo aburrido, solo porque tengo que ser prefecto, pero lo odio –Draco se sentó junto a Pansy y la observó detenidamente, se habían conocido desde niños e incluso sus padres habían pensado en casarlos pero desistieron de la idea.

-Notas algo diferente en mí? –Draco dejó de observarla y estiró un poco los pies como solía hacerlo demostrando estar relajado.

-Diferente cómo?, no te has cortado el cabello, tu madre me lo dijo hace dos semanas. –Pansy sacó una revista para hojearla ya que lo que más detestaba era el trayecto del Expreso Hogwarts, seguido de esto acarició el cabello de su amigo comprobando lo largo que lo tenía.

-No hablo del cabello, que por cierto debo pedirle a nuestro estilista que lo haga. Me refiero a algo diferente, sabes… tengo al diferente. –Draco la miró a los ojos esperando una respuesta en específico.

-No sé de qué hablas Draco, sabes lo mucho que odio que te pongas pesado –dijo Parkinson mientras le quitaba las manos del cabello del chico.

-Mi perfume por ejemplo? –Draco arqueó una ceja.

-De hecho te iba a decir que ese aroma me disgusta, a veces hasta me hace estornudar, ahora vuelvo iré con Clarisse un momento. –Parkinson se separó de él abriéndose camino entre los papeles voladores que solían lanzarse compañeros de la casa con leyendas de "Al que le caiga es Potter" o "sangre sucia" según el nivel de diversión.

-Que infantiles, no puede ser –la chica de pelo moreno salió del vagón en señal de disgusto.

Por su parte Draco sacó el libro de pociones para prepararse en sus TIMOS, comenzó a hojearlo pero no le prestaba atención, alguna solo en el comentario de la chica Gryffindor. ¡¿Por qué ella se fijaría en algo tan trivial como el aroma!?

-Maldita sangre sucia. –Draco trató de concentrarse en el libro pero no le resultaba, ese perfume él lo había escogido, ya que le gustaba la fragancia, pero nadie lo había notado hasta hoy. Sólo aquella chica a la que odiaba.

Hermione entró para revisar los vagones de tercero y los de cuarto para hacer su check list del día, para después presentarlo a la profesora McGonagall y hacer la acreditación de los puntos.

En ese momento entró un chico pelirrojo que aún seguía comiendo otra de las galletas que le había preparado su madre para el camino.

-Te estoy buscando como loco Hermione, ya tienes la lista? –Ron se presentó tocándole el hombro haciéndola sobresaltar.

-Ronald te he dicho un millón de veces que eso me molesta, eso y el hecho de que no paras de comer –Hermione le respondió pegándole con la lista en la cabeza.

-Oye!, no es el día internacional de péguenle a Ron –el pelirrojo hizo una mueca de burla y fue frente a ella para observar a los de cuarto que en ese momento estaba revisando.

-Pues para mí lo son todos los días, y por cierto, Harry sigue en el vagón? –Hermione abrió la puerta para regresar al compartimiento de sus amigos.

-Sí, creo que le estaba escribiendo a Sirius, no me preguntes que. De hecho me pidió que te acompañara –Ron la siguió por los pasillos quitando algunos papeles que estaban dejando los de tercero.

-Me preocupa Harry, pero ahora debe distraerse un poco, por eso debemos de estar lo más posible con él, recuerda lo que Dumbledore nos dijo antes de que terminara el año pasado –Hermione se detuvo un poco pensando en lo difícil que sería estar en Hogwarts desde ahora.

-Sobre todo ahora que sabe que es "el elegido" –hizo una pausa.

-Por eso debemos de ayudarlo, después de lo ocurrido en el ministerio dudo mucho que ahora lo quieran dejar tranquilo, maldito ya-sabes-quien –Hermione volvió a retomar el paso.

-Lo sé, pero ya lo conoces, siente que lo cuidamos demasiado, pero estemos preparados. Sobre todo con el pesado de Malfoy, ciento que en cualquier momento ese tonto se convertirá en mortífago y querrá asesinarnos –Ron miró hacia la izquierda con mueca de coraje.

Hermione recordó que había tropezado con el hacía ya algunos minutos, pensó que pudo haber sido una oportunidad para que el chico rubio le reclamara y amenazara por lo ocurrido con su padre aquella ocasión pero no lo hizo.

-No creo que llegue a tal grado, además el hecho de que sea un Slytherin no significa que trabaje para Quien-tu-sabes. No hables así de la gente Ron. –Hermione se extrañó así misma defendiendo a Draco Malfoy pero era tarde, el comentario ya estaba dicho.

Ron se paró en seco y tomó el hombro de su amiga para que esta reaccionara sobre aquella descabellada idea. Hermione se detuvo con él y dio la media vuelta para encararlo. Si algo le molestaba a Ron era el apellido Malfoy pero en definitiva, Draco Malfoy lo enfermaba.

-Sabes cuántas veces te ha nombrado "sangre sucia", y sabes cuántas veces no le ha declarado la guerra a Harry, no me digas que lo estas defendiendo –Ron la miró boquiabierto queriendo pensar que su amiga estaba bromeando.

-No es eso Ronald, pero pues ya me conoces, me gusta siempre dejar el beneficio de la duda en las personas. Sí, acepto que sea como su padre y que le encante humillar a los que considera inferiores pero no significa que forzosamente debe de seguir esa línea. Además sabes cuantas veces ha intentado insultarnos pero no ha pasado de ahí. Solo insultos –Hermione era hábil con las palabras así que no le costó ningún trabajo que amigo pelirrojo lo creyera.

-Yo soy una persona, Harry es una persona, todos somos personas, pero Malfoy es un hurón Hermione no una persona, así que debemos tener cuidado de ese hijo de papi Quien-tu-sabes no podrá entrar a Hogwarts estando Dumbledore como director. –Ron se adelantó para llegar a su vagón, mientras Hermione se quedó un segundo repasando todo lo que había dicho.

La castaña se preguntaba el porqué de sus palabras, ¿Acaso se había olvidado ya de todas las ocasiones que la había insultado?, no había razón para defender a aquel mezquino y elitista Draco Malfoy. Pero no olvidaba aquel perfume, aquel aroma que la atrapó. Era ilógico pensar que un aroma así lo pudiera encontrar en Hogwarts, el mismo perfume que acostumbraba su abuelo. Inconfundible olor a encino dulce mezclado con tabaco de pipa. Pero por qué Draco?, si detestaba mucho a los muggles al igual que su padre.

-Vienes Hermione? –Ron volteó rápidamente y la chica recuperó el piso.

-A… claro, te sigo –hizo una pausa.

-Y no me vuelvas a asustar de esa manera Weasley –volvió a pegarle con la lista en su camino al vagón donde Harry se encontraba.