Este ff esta hecho por Elísabeth

Los personajes principales son los de Rowling, los demas son mios!

Hola! la cosa se pone interesante, no? veamos que pasa cuando metemos a mas personas... Un dato importante, los merodeadores oficialmente y segun J.K.Rowling son cuatro, James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y la rata, que diga, Peter Pettigrew, bien, hasta ahi todos de acuerdo, la version oficial prevalece sobre cualquier otra, el problema, aunque yo no lo veo como un problema, es que me niego a escribir algo que tenga que ver con la rata, primero me corto las manos, asi que, oficialmente son cuatro merodeadores, pero en este fanfic no vereis ni una sola cosa escrita de esa sucia rata traidora, es decir, existir, desgraciadamente existe, pero aqui no vereis nada de la rata por ningun lado.


Capítulo 2: Difícil, pero no imposible.

Enfadado consigo mismo, muy enfadado, entró en el tren a buscar alguna distracción que le sacara de la cabeza a Elísabeth. Pronto encontró a una chica de otra casa dispuesta a pasar un rato divertido con él, se encerraron en un compartimiento y comenzaron a desnudarse con prisa mientras se besaban con ansia. Se sentó en el asiento y mientras le besaba los pechos ella se acomodaba para que la pudiera penetrar, Sirius era un maestro en este tema y sabía muy bien como mantener la mente fría para esperar a que ella llegara primero al orgasmo y después disfrutar él.

En ello estaba, disfrutando, ya no pensaba en Elísabeth, estada dando resultado el plan de buscar una chica con la que divertirse, "Ya no pienso en ella... ya no pienso en ella... mierda... estoy pensando en ella... mierda... mierda... mierda", a su mente había vuelto a el recuerdo de aquella noche junto al lago, sus ojos, su piel, su cara, todo, cuando casi la besa, cuando ese pequeño elfo destrozó el mágico momento, se maldijo mentalmente por pensar en ella, más que nada por que ahora no podía evitar verla cuando miraba a la chica que vibraba y gemía en cima de él, "Pero no es ella... no es...", con un movimiento brusco se separó de ella, se levantó y comenzó a vestirse.

La chica puso mala cara, estaba a punto de llegar al orgasmo y él le había cortado en plena subida a la cumbre, y eso no hace ni pizca de gracia.

- ¿Por que? - preguntó la chica molesta.

- Me aburro - dijo tranquilamente poniéndose la camisa.

La chica lo miró entre sorprendida y furiosa.

- ¿Qué te aburres?... ¡que te aburres! - gritó.

- No montes un escándalo... - dijo fríamente - vístete - dijo terminado de vestirse.

Ella lo miraba alucinada, todavía desnuda, cuando él abrió la puerta del compartimiento y salió sin dar más explicación. Estuvo tentada de salir corriendo tras él y pedirle una explicación, pero todavía estaba desnuda y no era conveniente pasease por el tren sin nada. Así que se vistió y se quedó allí pensando en que era lo que había pasado y por que Sirius le había cortado el royo de esa forma.

Sirius llegó hasta el compartimiento que normalmente compartía con los demás merodeadores y cuando llegó se encontró con el mismo espectáculo que había siempre que James se le insinuaba a Lily Evans.

- Lily... tranquila - dijo Elísabeth sacando a su amiga del compartimiento.

- Déjala que se le lance y lo mate... - dijo Kate sonriendo con picardía - a polvos - murmuró sólo para que sus amigas lo oyeran.

- Kate... no ayudas - dijo Elísabeth con rencor.

- Dejadme... que lo mato... soltadme... esta vez lo mato... lo mato - gritó Lily.

- Lily por favor... -

- Suéltala Elísabeth... si quiere lanzarse a mis brazos - dijo James sonriendo apoyado en el marco de la puerta.

- Tu encima anímala a matarte - murmuró Remus.

- ¡Te mato! -

- ¿No será te amo? - preguntó James.

Lily, pese a que la sujetaban, se lanzó a estrangular a James. Sirius sonrió al ver la escena, aunque cuando vio a Evans lanzándose con esos instintos homicidas se puso en medio para salvar a su amigo.

- Alto ahí, fiera - dijo Sirius poniéndose en medio y sujetando a Lily por las muñecas.

- Suéltame - gritó Lily.

- Lily - dijo Elísabeth rápidamente poniéndose en el pequeño espacio que había entre Sirius y Lily - tranquila... -

- ¿Por qué lo defiendes? -

- Por que es mi amigo... y a veces es idota... pero no quiero que le pase nada -

Sirius contenía la respiración, ella estaba demasiado cerca, le estaba resultando difícil concentrarse, la rozaba con su cuerpo, y las ganas de soltar a la pelirroja, abrazar a Elísabeth y acercarla más a él, empezaban a nublarle los sentidos.

Lily molesta se libró rápidamente del agarre de Sirius y se fue a otro compartimiento, Kate miró a todos, suspiró y fue tras Lily.

- Lily... no te enfades - dijo Kate tras ella.

- El amor de mi vida se va - dijo James con dramatismo mirando como Lily entraba en otro compartimiento.

- James - dijo Elísabeth amenazante empujándolo hasta que el chico quedó contra la pared - yo puedo ayudarte para que Lily cambien un poco el concepto sobre ti... -

- ¿De verdad? -

- Pero tu tienes que poner de tu parte... tienes que poner mucho de tu parte -

- Si lo consigues serás mi ídolo -

- Pero eso si - dijo ella apoyando la mano sobre el hombro de James sonriendo de forma inocente - hazle daño y... - apretó la mano y James empezó a retorcerse de dolor - desearas no haberte enamorado de ella - siguió apretando en el hombro mientras James seguía retorciéndose - ¿entendido? -

- Ah ah ah... vale... lo que tu digas... pero suéltame... por favor - pidió el chico retorciéndose de dolor e intentando soltarse.

- Me alegro de que lo hayas entendido... - dijo ella soltándolo y sonriéndole - buen chico - le dio una palmadita en la cabeza y se fue.

- Te tiene dominado - dijo Sirius con burla.

- Por lo menos yo no babeo cuando ella esta cerca - dijo James picado.

Sirius lo miró con el ceño fruncido e intentó evitar el tema.

La vida de todos ellos siguió sin ningún contratiempo, James intentó, aunque no consiguió gran cosa, que Lily le viera con mejores ojos. Sirius intentaba no pensar más en Elísabeth pero lo tenía bastante difícil compartiendo clases, sala común y amigos. Remus por el contrario disfrutaba de su vida de soltero, pues por su licantropía nunca se atrevió a enamorarse de verdad, así que intentaba sacar el mejor partido de la vida. Lily abarcaba más de lo que podía, por eso últimamente estaba un poco estresada y a eso había que sumarle que James no la dejaba ni a sol ni a sombra. Kate consiguió un nuevo novio en su primera semana de clase, hay que tener en cuenta que durante casi todo el final de su quinto curso había estado detrás de este chico, así que por fin conseguía su presa y por ello estaba bastante feliz. Elísabeth vivía tranquila, iba a clases, se divertía con sus amigas, hacia las tareas, simplemente era feliz, el único infortunio de su vida era que su compañero de pociones era Snape.


Fue durante el mes de noviembre cuando se dieron varios hechos que unieron más a los seis chicos.

Sirius había conseguido encandilar a una jovencita de quinto para pasar un rato agradable y lo que surja, en el baño de los prefectos. En cuestión la chica tenía fama de casta y recatada, lo cual quedó desmentido en cuanto aceptó la propuesta de Sirius tan rápidamente, y sobre todo, cuando llegó al baño y se desnudó y desnudó a Sirius en cuestión de segundos. Y ellos dos estaban allí, a lo suyo, entre jadeos y gritos de placer, cuando la puerta se abrió y entró una chica muy agitada, como si estuviera huyendo de algo o alguien. La chica en cuestión, era Elísabeth, tenía la cara chamuscada y la poca piel que se le veía palideció al ver lo que Sirius y su acompañante hacían. Ella se dio la vuelta para no verlos mientras que Sirius y su acompañante se ponían de pie y se vestían a la velocidad del rayo.

- ¡Iros a un motel! - gritó Elísabeth sin mirarles.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó Sirius nervioso.

- ¿Elísabeth?... se que estas ahí... abre... -

Alguien llamaba desde fuera del baño, era un chico, y Sirius podía jurar que conocía esa voz.

- ¡Tu cállate¡pirómano¡casi me quemas viva! - gritó Elísabeth a la puerta.

Sirius se preocupó, se preocupó demasiado, dejó lo que estaba haciendo, concretamente era ponerse la camisa, y se acercó nervioso a Elísabeth para ver que le había pasado.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó intentando acercarse para examinarle cualquier herida.

- ¡Déjame en paz!... ¡degenerado!... ¡que es una niña por dios! - dijo ella refiriéndose a la chica que en ese momento se ponía la falda.

- ¿Qué esta pasando ahí dentro?... Eli... sal... deberías ir a la enfermería -

- ¡No me llames Eli¡no te he dado tantas confianzas, pequeño pirómano! - gritó Elísabeth.

- Ha sido un error de calculo - intentó explicar el chico que estaba al otro lado de la puerta.

- ¿Un error de calculo?... ¿y tu eres el experto en pociones?... ¡menudo experto de pacotilla!... ¡pirómano! -

A todo esto Sirius seguía en su intento de averiguar si Elísabeth tenía alguna herida, pero claro, le resultaba difícil por que ella se revolvía para que ni la tocara. Otro dato curioso es que a Sirius se le hacía demasiado familiar la voz que estaba al otro lado, muy pero que muy familiar.

- Si no me dejas ver las heridas no voy a poder ayudarte - dijo Sirius arto de que ella no le dejara ver.

Pero de algo se había dado cuenta Sirius, las heridas las tenía en las manos pero ella no se dejaba curar.

- No necesito tu ayuda... me voy a la enfermería - dijo tajantemente.

Rápidamente abrió la puerta, y aunque intentó que no se le notara, Sirius se dio cuenta de la mueca de dolor, de bastante dolor para se precisos, que había hecho al poner la mano en el pomo de la puerta y abrirla. Al otro lado, fuera de los baños, esperaba, nervioso y agitado, Severus Snape.

- Lo siento... ha sido un error - dijo Severus intentando acercarse.

Ahí se dio cuenta Sirius de lo familiar que se le hacia esa voz, y odió más, si era posible, al Slytherin.

- ¡Cállate¡no quiero oírte, pequeño pirómano! -

- Pero... necesitas ayuda -

- ¡Déjame!... si te acercas a mi le diré a Dumbledore que has intentado propasarte conmigo - dijo Elísabeth furiosa.

- Pero eso no es cierto - exclamó Severus.

- Lo sé... pero le contare a Dumbledore una versión tan creíble que estarás fuera del colegio en cuestión de segundos - dijo de forma amenazante.

Y se fue. Tal vez no fue lo que dijo, sino, como lo dijo, con esa tranquilidad y frialdad que acojonaba tanto. Los dos chicos se quedaron allí, parados en medio del corredor, mirando como ella se iba, y así permanecieron, sin reparar el uno en el otro, hasta que la fogosa acompañante de Sirius salió del baño totalmente vestida y dispuesta también a irse.

- Adiós - dijo a Sirius.

Sirius ni siquiera la miró, más bien se giró a Snape dispuesto a saber que había pasado y que era lo que le había echo a Elísabeth.

- Habla pequeña comadreja - dijo Sirius amenazante cogiendo a Severus del cuello de la camisa y alzándolo unos centímetros.

- ¿Qué te hace pensar que te voy a decir nada? - dijo Severus poniéndose chulito.

- Habla - dijo alzándolo más.

- Sirius, Snape... ¿qué esta pasando aquí? -

Sirius sonrió satisfecho, Remus acababa de llegar y su mejor amigo se pondría de su parte.

- Tu amiguito me esta amenazando - dijo Severus.

- Le ha hecho algo a Elísabeth -

- ¿Y desde cuando te preocupas de ella como para ponerte así? - preguntó Severus mordazmente.

Y por arte de magia Sirius lo soltó y se alejó de él como si tuviera la peste.

- Es una Gryffindor... estoy seguro de que fue un atentado deliberado hacia uno de nuestra casa - dijo Sirius a modo de excusa.

- Sirius... termina de vestirte... y tu... espero que Elísabeth este bien... sino... - dijo amenazante - vete - concluyó Remus.

Severus no se hizo esperar, se puso bien la túnica y con una sonrisa de triunfo, dedicada exclusivamente a Sirius, se fue.

- ¿Cómo le dejas irse? - preguntó Sirius furioso a su amigo.

- ¿Y por que te pones tan furioso? -

- Por que le ha hecho daño a Eli -

- ¿Y desde cuando te preocupa?... es más... ¿desde cuando es Eli? -

- Es una Gryffindor -

- Si Snape le ha hecho algo ella se lo dirá a McGonagall... o se vengará de Snape personalmente... tiene carácter suficiente para hacerlo... ¿por qué te lo estas tomando como algo personal? -

- Por que... por que... - dijo nervioso.

Sirius no encontraba ninguna excusa que dar, y la de que la chica era un Gryffindor ya estaba demasiado explotada.

- ¿No será que te gusta? - preguntó Remus inocentemente.

- ¡No digas idioteces! - entró en el baño a por el resto de la ropa - me importa un comino lo que le pase - y se fue.

- Ya... claro... - dijo Remus cuando Sirius se fue sin haberse creído ni una sola palabra.


Nunca supo por que, o mejor dicho, en ese momento no quiso definir el sentimiento que le impulsó a levantarse en mitad de la noche, salir de su cama e ir a la enfermería, pero allí estaba, frente a la cama de Elísabeth, viéndola dormir. No supo cuanto tiempo estuvo allí mirándola, pero le pareció una eternidad, sonreía como un tonto sentado en la silla al lado de la cabecera.

Ella se despertó de repente de una pesadilla, estaba llorando, eso lo sacó de su ensimismamiento y se acercó rápido a consolarla.

- Ya... tranquila... yo estoy aquí contigo -

Ella lloró abrazándolo, estuvo así durante un rato, hasta que se calmó.

- ¿Sirius? - preguntó confusa.

- Si -

- ¿Qué haces aquí? - preguntó mirándole.

No supo que responder, sólo se quedó mirándola, a esos ojos, verdes y marrones acompañados del rojo por haber llorado, se olvido de todo, lo bueno, lo malo, era como si no supiera quien era, sólo se perdía sin retorno en esos ojos.

- He venido a verte - dijo finalmente.

Elísabeth lo abrazó y se acurrucó en su pecho, a los pocos minutos se quedó dormida. Sirius la recostó suavemente para no despertarla, le dio un tierno beso en la frente y se fue antes de que lo viera nadie.


Al día siguiente Sirius despertó bastante nervioso por lo que había hecho la noche anterior, intentaba comportarse normal pero no se le daba demasiado bien y sus amigos notaron que pasaba algo.

- ¿Estas bien Sirius? -

- ¿Yo?... claro... -

- Evans... ¿has visto a Elísabeth? - preguntó James cuando Lily paso por su lado en la mesa.

- Si - milagrosamente se sentó junto a él - la tienen completamente sedada... por el dolor... tendrá que estar en la enfermería algunos días más... la piel tiene que regenerarse - explicó cogiendo una tostada.

- Dile que ya me pasare a verla - dijo James.

- Aunque vayas a verla no creo que después se acuerde... esta sedada... son escasos los momentos de lucidez... - dijo ella poniéndose de pie.

Sirius suspiró aliviado al escucharla, eso significaba que no se acordaría de que él había ido a verla esa noche.

- ¿Te vas? - preguntó James triste.

Lily lo miró con el ceño fruncido, algo dentro de ella le decía que debía irse, pero es que tenía una carita de pena que no pudo resistirse a seguir sentada a su lado y desayunar con ellos. James sonrió feliz por el gran acontecimiento, algo nunca visto, poco más que un milagro.


Pasaron varios días y por fin Elísabeth salió de la enfermería con sus manos en perfecto estado y sin rastros de sedantes en su sangre. Lo primero que hizo nada más salir fue dar gracias a Dios por dejar de estar bajo la tutela de la enfermera, que la verdad no la dejaba levantarse de la cama para nada, y cada vez que hablaba le inyectaba un chute de sedantes que provocaban adicción. Después, como bien le recordó Lily, tenía que ponerse al día con las clases que había perdido, difícil, muy difícil, bien podría haberle pedido los apuntes a Lily, pero la pelirroja tenía una extraña caligrafía y forma de hacer los apuntes que sólo lo entendía ella, nadie más.

- James... por favor... préstame tus apuntes de transformaciones... y de todas las demás asignaturas - pidió Elísabeth con desesperación.

- ¿Por qué no se los pides a Evans? - preguntó James extrañado.

- Los apuntes de Lily sólo los entiende ella... los tuyos los entiende hasta un niño de dos años... -

- Sube... están en mi baúl... coge los que necesites - dijo él después de unos minutos sopesando si hacerla suplicar o no por los apuntes, al final cedió rápido.

- Gracias - exclamó ella abrazándolo - me salvas la vida -

Elísabeth subió rápidamente al cuarto de los merodeadores, abrió la puerta y se dirigió sin vacilar al baúl de James.

- ¿Qué haces tu aquí? - preguntó Sirius asustado por la aparición repentina de la chica.

Ella se le quedó mirando fijamente, estaba sin camiseta, y había que reconocer que tenía muy buen cuerpo, pero se sacó ese pensamiento de la cabeza y frunció el ceño.

- Tápate... que vas dando el espectáculo - dijo ella lanzándole una camiseta que había cerca.

- Bien que estabas mirando -

- ¿Y por qué no iba a mirar? - dijo Elísabeth tranquilamente, Sirius alzó las cejas sorprendido - tienes buen cuerpo y yo no soy de piedra... - dijo mirándolo con lujuria.

Sirius se sintió incomodo y se puso la camiseta para taparse rápidamente, no estaba acostumbrado a ese tipo de directas, ella sonrió complacida por que era lo que ella esperaba que él hiciera.

- ¿Qué haces aquí? - volvió a preguntar Sirius.

- He venido a por unos apuntes de James -

- ¿Por qué no se los pides a Evans? - preguntó Sirius extrañado.

- Por que los apuntes de Lily no los entiende nadie... creo que ni ella misma entiende lo que escribe... - murmuró buscando los dichosos apuntes en el baúl de James.

- ¿Los de transformaciones? - preguntó Sirius con un libro en la mano.

- Ahora mismo esos... si puedo me haré con el resto - contesto ella distraídamente mientras buscaba.

- Aquí están - dijo Sirius mostrándoselos.

Pero cuando ella fue a cogerlos, Sirius los quitó de su alcance.

- Sirius... dámelos - dijo ella tranquilamente.

- ¿Y que saco yo con esto? -

- Seguir vivo - dijo ella con desdén.

- Un beso... dame un beso y te los doy - dijo Sirius sonriendo con picardía.

- Pues entonces creo que me va a tocar descifrar los de Lily - dijo dándose la vuelta para salir del cuarto.

Sirius sonrió, supuso que no sería tan fácil conseguir un beso de ella.

- Toma... - dijo Sirius deteniéndola y dándole los apuntes - estaba de broma -

- Gracias - abrió la puerta, pero se detuvo - Sirius... ¿tu fuiste a verme por la noche cuando estaba en la enfermería? - preguntó ella con el ceño fruncido.

Todas las alertas de Sirius se activaron, claro que había dio a verla, pero eso no se lo podía decir, sería admitir que sentía algo por ella y eso no lo pensaba hacer, por lo menos no en ese momento.

- No - contestó rápidamente.

- Ah... vale... - dijo ella algo confundida - lo habré soñado - murmuró cerrando la puerta.


Ocurrió un hecho totalmente insólito, inexplicable, increíble, en toda la historia de la humanidad, hecho que pocas personas presenciaron, pero que perdurará para siempre. El gran acontecimiento fue, como ya he dicho, algo insólito, Severus Snape, Slytherin de pura cepa, se acercó a la mesa de Gryffindor para hablar con una chica. Rectifico, son dos hechos nunca vistos, Snape hablando con una chica y un Slytherin acercándose voluntariamente, y sin malas intenciones, a la mesa de Gryffindor.

- Elísabeth... - dijo Severus acercándose a la chica, por su puesto ella no le hizo ni caso - por favor... -

Tercer hecho insólito, un Slytherin, más concretamente Snape, utilizando las palabras por favor, es por todos sabido que esas dos palabras no existen en el diccionario de los Slytherins.

- ¿Qué? - dijo ella cansada por la insistente mirada del chico.

- Lo siento... no quise quemarte las manos - murmuró tan bajito que casi ni se oyó.

Más hechos insólitos, un Slytherin pidiendo perdón, vamos, algo inimaginable.

- ¿Perdón¿qué has dicho? - preguntó ella para hacérselo más difícil.

Severus se sentó a su lado. Otro hecho inexplicable, Snape sentándose en la mesa Gryffindor.

- He dicho que siento haber cometido el error y que por mi culpa te quemaras las manos... lo siento - dijo Severus sinceramente.

- ¿De verdad te crees que te lo voy a poner tan fácil? - dijo ella irónica, él la miró frunciendo el ceño, sabía que no se lo iba a poner fácil - por tu culpa he estado durante cuatro días con chutes diarios de sedantes capaces de dormir a un elefante... -

- Fue un error de cálculo - dijo él con algo de rencor.

- Algunos errores se pagan muy caros -

- ¿No es suficiente que haya venido hasta aquí a pedirte perdón?... es algo que no suelo hacer - comentó él.

- No... - dijo ella con una sonrisa maliciosa.

Esa escena la ve cualquier y se queda en el sitio muerto de la impresión, pero concretamente para tres personas, ver esa escena los mataba, simplemente, una muerte rápida y sin dolor. Los merodeadores entraron en el gran comedor, era temprano y por azares del destino se habían despertado temprano, pero cuando entraron y se fijaron en donde sentarse para desayunar, que quedaron muertos en el sitio, bloqueando la entrada, es que para ellos tres ver a Snape sentado en la mesa de Gryffindor, hablando con una chica es algo, como ya he dicho, un hecho insólito, impensable e inexplicable.

Sirius fue el primero en resucitar de esa extraña muerte, fue una resurrección por celos, más concretamente fue al ver como Elísabeth sonreía a Snape, aunque él desde su posición no veía la maldad de la sonrisa de ella, pero fue eso lo que le sacó de esa muerte, los celos.

Remus y James tardaron un poco más en resucitar, fue cuando vieron como Sirius se dirigía raudo y veloz a matar a Snape por estar junto a su chica, bueno, no era su chica, pero últimamente no se la podía sacar de la cabeza, aunque ellos creían que era por que estaba en la mesa de Gryffindor.

- ¿Cómo de caro me va a salir la bromita de equivocarme? - preguntó el chico receloso de la respuesta.

- Huye... vienen los merodeadores... y que conste que ahora mismo te estoy salvando la vida por que Sirius viene con una cara de querer matarte - comentó Elísabeth poniéndose de pie.

Severus no lo pensó dos veces, se levantó, miró un segundo a Black para comprobar si de verdad había instintos homicidas en ese momento, y al comprobar que podía ir preparando su epitafio decidió poner pies en polvorosa y salir huyendo de allí.

- Gracias - murmuró Severus al pasar al lado de Elísabeth para huir.

Otro hecho insólito e inexplicable, Elísabeth se quedó extrañada, en verdad no sabía que esa palabra existiera en el diccionario de los Slytherins.

- Sirius - dijo ella cuando el chico estuvo muy cerca interponiéndose en la persecución a Snape.

- ¿Te quema las manos y encima le sonríes y yo que simplemente te hice sumergirte un par de metros bajo el agua me miras con odio? - preguntó el chico alucinando.

Ella frunció el ceño y no dijo nada, simplemente lo cogió del brazo y lo arrastró hasta un lugar donde pudieran hablar a solas.

- ¿Nos hemos perdido algo? -

- Me temo que si... por lo menos un par de capítulos de esta historia... -

- No creía que viviría para ver a Snape sentándose aquí... - dijo James señalando el lugar donde el Slytherin había estado sentado - habrá que desinfectar - dijo James alarmado.

- Acordonemos la zona para que nadie se contagie - dijo Remus fingiéndose alterado.

Los dos chicos se reían mientras con un simple hechizo hacían aparecer unas balizas de señalización y las colocaban alrededor del lugar, según ellos, infectado.

- Inmaduros - murmuró Lily pasando al lado de ellos.

- Lily... no es muy común que Snape se haya sentado en nuestra mesa - comentó Kate.

No hace falta decir que todo el mundo sabía ya lo que había pasado.

- Snape esta cambiando... se esta haciendo más... ¿humano? - dijo la pelirroja extrañada de su propia conclusión.

- No se si será que ha madurado... que se esta haciendo humano... o que la grasa del pelo le ha saturado las neuronas... lo que sé es que no es normal -

- Claro que no es normal - dijo Remus sentándose junto a las chicas - es Snape... y después de lo que... ha tendido que pasar... -

- Di mejor después de todas las putadas que vosotros le habéis hecho pasar - matizó Lily.

- Simples tecnicismos - dijo James.

- Bueno... después de todo eso... que Snape se acerque a nuestra mesa ha hablar con uno de nosotros... es de lo más extraño -

- ¿Quién es ese y que han hecho con nuestro Snivellus? - dijo James dramáticamente.

- Nos lo han cambiado, James... - dijo Remus siguiéndole el juego a su amigo.

- No es para tomárselo a gracia... es un hecho trascendental en la vida del colegio... - dijo Lily - pero en algo tenéis razón... nos han cambiado a Snape... la vida ya no será la misma -

- Si Snape ha cambiado... todavía hay una posibilidad de que tu te enamores de James - comentó Kate pensativa.

Lily la miró con odio por su comentario y James simplemente la idolatró por darle alas a esa esperanza.


- No lo entiendo... es... es Snape... - dijo Sirius conmocionado.

- Primero... no tengo que darte ninguna explicación... y segundo... no he hecho nada de lo que me deba arrepentir... - explicó ella.

- Es Snape... -

- Sólo estábamos hablando... no es pecado - dijo ella exasperada.

- Snape es malo -

- Se perfectamente que Snape no es santo de devoción... pero no veo nada de malo en que se acerque y me pida perdón por casi quemarme viva -

- Es lo mínimo que debe hacer - dijo Sirius tajantemente.

- ¿Entonces por qué te pones tan furioso? - preguntó Elísabeth extrañada mirándole fijamente.

Sirius apartó la mirada, "Por que estoy celoso", no podía mirarla sin que su mente le jugara la mala pasada de recordar cuando la vio en el lago, sin que sintiera esas ganas locas de abrazarla y no dejarla escapar nunca, ganas de besarla, eso era lo que sentía en ese momento, que si seguía mirándola no podría evitar acabar besándola.

- Eres una Gryffindor... no es propio que te juntes con Slytherin... y menos con Snape - dijo seriamente sin mirarla.

- Dudo que Snape sea tan malo como tu dices... - dijo ella inocentemente.

"¿Cómo es posible que sea tan inocente?"

- Eres demasiado inocente -

Y la miró, ella le sonreía dulcemente.

- En algunas cosas... pero te aseguro que se perfectamente como defenderme... pero me alegra saber que si necesito un príncipe azul que me rescate puedo contar contigo - dijo ella en broma.

A Sirius no le hizo ni pizca de gracia esa afirmación, era como si ella se hubiera dado cuenta de lo que de verdad sentía, y eso, cuando ni él mismo sabía lo que sentía, era como un insulto. Enfadado, por el comentario y por lo de Snape, se fue del aula.

"¿Y ahora que he dicho¿por qué se enfada?... a los tíos no hay quien los entienda" pensó Elísabeth al ver a Sirius salir enfadado y sin decir ni una palabra más.

- Aparta - dijo él cuando ella se puso en medio del pasillo.

- Todavía no hemos terminado de hablar -

- Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir - dijo Sirius decidido a irse.

- Pero yo no... -

- Me da igual -

- Sirius - dijo Elísabeth parándolo.

Le miró fijamente, intentando convencerlo de que se quedara a escucharla, pero Sirius no quería quedarse allí con ella, si lo hacía sucumbiría a todo eso de lo que estaba intentando huir, si se quedaba un simple segundo más ya nunca querría irse.

- Aparta - dijo él fríamente.

Y ella tuvo que dejarle ir.


Durante una larga semana Sirius descargó su frustración haciendo la vida más imposible que nunca a Snape y por supuesto evitando a Elísabeth. Ahora se encontraban en clase de pociones, ella cortaba unas raíces de Snape, que tenía una mano vendada a causa de la picadura de un animal que alguien dejó en su cama.

- ¿Qué se siente al ser la preferida de Black? - preguntó Snape con rabia.

- No inventes -

- Desde el pequeño accidente en el que te quemé las manos su destreza para amargar mi vida ha sido sorprendente -

- Coincidencias - dijo ella sin darle la menor importancia.

- ¿Y por qué me esta mirando con ganas de matarme? - dijo él muy cerca de ella, levantaron los dos la mirada y se encontraron con la de Sirius, cargada de odio hacia Snape - celos ¿quizás? -

- Yo no soy el tipo de chica por el cual Sirius se interesa... - explicó Elísabeth volviendo a su tarea de cortar las raíces.

- Claro... por eso quiere matarme... - dijo él con ironía.

- Eres Slytherin... para él has atentando deliberadamente contra la vida de un Gryffindor... ¿qué esperas¿qué no se tomara una revancha? - dijo ella con sarcasmo.

- Pero no es como siempre... ándate con ojo... presiento que pronto serás una más en su lista -

- Te aseguro que yo no seré una más en ninguna lista... -

- Ya lo veremos - murmuró Snape.

- ¿Ahora ves el futuro? -

- Este es demasiado claro... Black esta celoso y eso se ve a leguas -

- Sirius no siente celos... te propongo un trato... tu dejas de hablar de este tema... -

- Y... -

- Bueno ese no es el trato... veras... estoy segura de que estarás harto de todas las bromas de los merodeadores... te propongo que... te mantengas lo más alejado posible de ellos... y yo los convenceré de que ellos se mantengan alejados de ti... -

- Eso no lo podrás conseguir nunca - dijo Snape escéptico.

- Tengo un par de ases bajo la manga... si tu no atacas ellos no atacaran... -

- Esta bien... intentare no cruzarme en su camino... pero... - dijo él después de pensarlo durante unos minutos.

- Te conviene... -

- ¿Con esto me perdonaras por quemarte las manos? - preguntó muy bajito.

- No inventes... en ningún momento he dicho que vaya a perdonarte por ser un pirómano y casi quemarme viva -

- Fue un accidente - dijo él con rencor.

- Lo de la serpiente en tu cama también -

- ¿Cómo sabes que fue una serpiente? - preguntó desconfiado.

Ella simplemente sonrió con malicia y siguió cortando las hiervas. Severus tenía una teoría, la serpiente que se encontró en su cama y que le mordió inyectándole veneno fue puesta ahí por los merodeadores, pero ya no estaba tan seguro de ello, podría haber sido ella por venganza, nadie sabía que le había atacado dicho animal, sólo él y quien la hubiera puesto allí.

- Puede que tenga carita de niña buena... pero no soy tan buena - dijo ella sacándolo de sus pensamientos.

- Contigo se equivocaron de casa... tenías que haber sido Slytherin - sentenció Snape.

- Yo no soy una Slytherin... lo mío es otra cosa... y lo tenemos todas las mujeres... da igual la casa... todas somos en algún momento de nuestra vida retorcidas y maliciosas... todas... -

Y eso fue algo que Snape no se dio el lujo de olvidar para la próxima vez que tratara con una mujer, había aprendido que era mejor tenerlas como aliadas que como enemigas.


- Evans... por que no vamos tu y yo... el sábado... una cita romántica... ¿qué te parece? - dijo James rodeando con su brazo los hombros de la chica.

- Pues va a ser que no - dijo ella soltándose del abrazo y siguiendo su camino.

- ¿En qué estoy fallando? - se preguntó a si mismo cuando estuvo solo.

- En que no ha cambiado su concepto de ti... en cuanto te vea con otros ojos aceptara una cita -

- Pero a mi sus ojos me gustan mucho no quiero que se los cambie - dijo él alarmado por la sugerencia de que Lily se cambiara sus preciosos ojos verdes.

Elísabeth lo miró dudosa de la capacidad mental del chico.

- Tu eres tonto... no sé ni para que pienso en ayudarte - dijo siguiendo su camino.

- ¿Y cómo podrías ayudarme? - preguntó él curioso.

- Pues... ayudándote a que cambie su concepto de ti... - dijo ella casualmente.

- ¿Cómo? - preguntó más interesado.

- El primer paso es dejar de molestar a Snape... -

- ¿Qué? - dijo él contrariado.

- OH, vamos, James... ¿qué prefieres?... divertirte dejando en ridículo a Snape en medio del comedor - él chico sonrió como cuando hacia una travesura - o... divertirte con Lily en una cama - dijo ella tentándolo.


- ¿Cómo es eso de que has convencido a James de que no volvamos ha molestar a Snape? - preguntó Sirius bastante furioso cogiendo a Elísabeth del brazo y metiéndola en un aula vacía.

- Estas un poquito agresivo... y la experiencia me dice que cuando las personas están así no es bueno hablar con ellas - dijo ella intentando salir.

- Me lo aclaras ya - ordenó.

- ¿Me estas dando una orden? -

- Mi paciencia hoy no esta para tus juegos... - dijo él fríamente.

- Le he sugerido a James que dejar de molestar a Snape sería una buena forma de que Lily se acercara a él - dijo ella después de sopesar todas las posibilidades y al final optó por ceder.

- Y él como tonto ha picado -

- Él como chico listo que es lo ha tenido en cuenta y ha obrado consecuentemente -

- No digas tonterías... lo has engatusado hasta conseguir lo que querías... que dejáramos de molestar a tu cariñito Snivellus - dijo con rencor.

Eso era lo que más molestaba a Sirius, pensar que Elísabeth y Snape pudieran tener algo, y por eso últimamente se esforzaba al máximo por torturar al Slytherin, a fin de cuentas, con alguien tenía que pagar toda esa frustración.

- No digas esas asquerosidades... - dijo ella mirándolo con asco como si le hubiera sugerido que se comiera algo realmente asqueroso - Snape y yo... vomito - se dijo para si misma.

- ¿Entonces por que lo defiendes tanto? - preguntó Sirius un poco más calmado.

Si ella pensaba que tener algo con Snape era para ponerse a vomitar es que no quería nada con el Slytherin, lo cual animaba bastante a Sirius.

- Con el único propósito de que me deba favores que después le cobrare cruelmente... me quemó las manos - dijo indignada.

- ¿Sólo por eso? - preguntó dudoso.

- Intento que me deba la vida... siempre es bueno tener a alguien como Snape que te deba un favor - Sirius suspiró aliviado - además en cierto modo le he cogido algo de cariño... no es del todo un mal chico... sólo que cuando le sale la vena Slytherin es un gilipollas - se dijo para si misma.

Las alertas de celos de Sirius volvieron a activarse.

- Pues no voy a dejar de fastidiarle la vida - dijo rotundamente como un niño caprichoso.

- ¿Y si te ofrezco un trato? - sugirió ella sabiendo que esa sería la única forma de que cediera.

- ¿Qué tipo de trato? - preguntó él interesado.

- Si tu no molestas a Snape... yo haré lo que tu me pidas -

Ese trato era demasiado interesante como para dejarlo escapar.

- ¿Lo que yo te pida? -

- Si... - dijo ella dudosa.

- Trato hecho - dijo él rápidamente estrechando las manos y sonriendo.

Era un terreno demasiado pantanoso y ella se había metido con todo el equipo, "A saber lo que puede pedirme... tenía que haber especificado que nada de índole sexual" pensó mientras se dirigía a su siguiente clase "si me pide sexo... Snape me va a deber una muy gorda", por otro lado, el que Sirius hubiera aceptado la propuesta tan rápidamente también le hacia pensar en lo que Snape le había dicho de que Sirius iba tras ella, algo que tampoco le hacia demasiada gracia, por que sabía que al final la que acabaría llorando sería ella.

Fieles a su palabra, o a los pactos que habían hecho, los merodeadores dejaron de molestar a Snape, es más, hacían como si el Slytherin no existiera, algo bastante complicado teniendo en cuenta los celos que le entraban a Sirius cada vez que lo veía cerca de Elísabeth, pero se aguantaba, tenía un trato con ella y lo iba a cumplir, aunque todavía no había pensado que pedirle a cambio, bueno, en verdad si lo había pensado, pero no creyó conveniente pedirle que pasaran la noche juntos.


Y así llego diciembre y con el último mes, la navidad. Tanto los merodeadores como las tres chicas se quedaron en el colegio a pasar tan significativas fechas, al contrario que la mayoría de los alumnos, que se fueron a sus casas.

El hecho de que Elísabeth y James se llevaran tan bien hacía que los seis estuvieran más unidos durante esas fechas, las tres chicas siempre estaban juntas y los tres chicos también y como sólo estaban ellos de los cursos superiores pues pasaban bastante rato juntos. Esto fue bueno, por que así James podía demostrarle a Lily que no era como ella pensaba, sino un buen chico que merecía una oportunidad. Lily, cambió un poco su forma de verlo, más que nada por que la constante persecución a la que era sometida disminuyó, además de que la actitud de los chicos respecto a gastar bromas indiscriminadamente también disminuyó. Muchos fueron los factores que hicieron que Lily dejara de ver a James como el arrogante que era, para empezar a verlo de verdad, y así, enamorarse de él.

Era navidad, y la mala suerte hizo que la luna llena cayera en dichas fechas, por lo que los chicos estaban un poco esquivos esos días, pero las chicas buscaron pronto una forma de mantenerse distraídas.

Las tres chicas, Elísabeth, Kate y Lily, eran muy aventureras, les gustaban las emociones fuertes, buscar e indagar, y hacia un par de días que habían escuchado un rumor muy jugoso que corría por el colegio, al parecer los fantasmas de la casa de los gritos estaba por esos días más violentos que nunca, por lo tanto, las chicas, curiosas, decidieron hacer una expedición hasta la casa.

- A mi los fantasmas me dan miedo - dijo Elísabeth rotundamente.

- Ya... pero será una gran aventura -

- Sólo digo que si hay fantasmas... yo salgo de allí corriendo sin mirar atrás - advirtió la chica.

- No te preocupes Eli... no serás la única que corra - dijo Lily.

- ¿Tenéis todo listo? - preguntó Kate.

- Si - dijeron las otras dos chicas.

- Bien... andando -

Era una esplendida noche de luna llena, al parecer era en esos días cuando se escuchaba a los fantasmas de la casa más violentos, así que eligieron ese día para hacer la expedición. Para llegar a la casa debían pasar por el bosque prohibido, y así lo hicieron, fueron bordeando hasta salir al gran descampado donde estaba la casa.

La noche se hizo eterna en el camino, no entraban demasiado en el bosque, para no perderse en él, pero aun así era algo aburrido tanta caminata, con la varita siempre en alto, atentas de cualquier sonido, con los ojos bien abiertos, pendientes de todo, así iban las tres, siempre en alerta.

Por fin llegaron a la casa, gracias a Dios ningún animal peligroso se les cruzó por el camino, nada, por eso fue tan aburrido. La casa se erguía sobre una colina, en esos días, blanca por la nieve. Era una casa destartalada, casi en ruinas.

- Hay no viven ni los fantasmas... pero si es una porquería... se cae a pedazos - dijo Lily visiblemente desilusionada por la falta de aventura.

- Acerquémonos un poco más - sugirió Kate.

Siguieron acercándose, y allí no se oía ni un solo ruido, nada.

- Lo que yo diga... aquí ni fantasmas hay - dijo la pelirroja molesta.

- A lo mejor se han ido de fiesta - dijo Elísabeth entre risas.

- No te rías... -

- Y encima no hay manera de entrar -

La luna llena estaba en lo alto del cielo, debían ser las cinco de la madrugada, pronto amanecería y ellas debían volver al colegio.

- Menuda mierda... el mito de la casa de los gritos a la mierda - dijo Kate molesta.

- Ya es que ni los mitos se respetan... a donde vamos a llegar - dijo Elísabeth dramáticamente.

- Volvamos al colegio... pronto amanecerá -

- Vayamos por el bosque... el camino que hemos utiliza es muy largo... y aburrido -

- Pues atajaremos por el bosque -

Se pusieron en marcha entrando en el bosque. Estaba oscuro, frío, y terriblemente silencioso.

- Tanta calma significa que algo malo va a pasar - dijo Elísabeth en un susurro.

- Has visto demasiadas películas - dijo Kate.

- Demasiadas... pero esta calma no es normal -

Siguieron andando, como buenamente podían, entre las raíces de los grandes árboles que poblaban el bosque. Seguían alerta, Elísabeth tenía razón, tanta calma no era norma, y mejor estar preparado para cualquier ataque, con las varitas en alto y siempre atentas intentaban salir sanas y salvas de aquel bosque.

Y la calma se rompió con el grito que las tres chicas pegaron al caer en un agujero. Era profundo, y ninguna de las tres lo había visto, estaban tan atentas mirando los alrededores para evitar un ataque que no se fijaron donde pisaban. Las tres estaban adoloridas, pero sin ninguna herida grave.

- Mierda... -

- Me duele el culo -

- Y a mi... -

- A mi me duele todo... habéis caído encima mía... gordas - dijo Kate.

- Lo siento - dijeron las dos chicas quitándose de encima de su amiga.

Se miraron durante unos minutos, miraron a su alrededor, un agujero de más de dos metros de fondo y con un diámetro lo suficientemente ancho como para que ellas cupieran perfectamente.

- ¿Quién habrá cavado este agujero? -

- Que importa quien lo haya cavado... lo que hay que averiguar es como salir de aquí -

- A ver... ¿varitas? - dijo Elísabeth buscando su varita.

- La mía no esta... - dijo Lily buscando.

- ¿No me digas que ninguna tenemos varita? - dijo Kate frunciendo el ceño, Lily y Elísabeth se miraron y no dijeron nada - mierda -

- Deben habérsenos caído cuando nos caímos - explicó Lily.

- Pues habrá que trepar -

Cada una lo intentó y no consiguieron subir demasiado, enseguida se caían.

- Esto es una mierda... sin fantasmas en la casa de los gritos... sin varitas metidas en un agujero... ¿qué más puede pasar? -

- No digas eso - dijo Elísabeth alterada, de fondo se oyó un aullido de un animal salvaje - siempre que alguien dice ¿qué más puede pasar? pasa algo malo - dijo asqueada.

- Pues habrá que salir de alguna manera antes de que pase algo peor -

- Trepar por separado no funciona... entre dos tienen que alzar a una y que la que salga con la varita saque a las demás -

- ¿Piedra, papel o tijera? - propuso Lily.

- Quien gane es la que sube - dijo Kate.

Y jugaron, primero Kate y Elísabeth, perdió Kate, después Lily y Elísabeth, perdió Lily.

- Bien... me toca subir... - dijo Elísabeth sonriendo por haber ganado el infantil juego.

Intentó trepar y las otras dos chicas la ayudaban a alzarse, con gran esfuerzo llegó al borde y consiguió salir.

- Ya - dijeron Lily y Kate dejándose caer cansadas.

- Tampoco peso tanto... - dijo Elísabeth desde fuera - a ver... las varitas... las varitas... ¿dónde están las varitas? - buscaba por el suelo - ¡aquí están! - exclamó feliz, oyó un ruido, un gruñido - chicas... creo que aquí ahí algo... -

- ¿Algo? - preguntó Kate desde el agujero - ¿qué tipo de algo? -

- Algo salvaje y con malas pulgas - dijo Elísabeth con las tres varitas en la mano e intentando acercarse lentamente al agujero.

- Tranquila... intenta traernos las varitas -

Los gruñidos se oía cada vez más cerca, y ella sentía como la observaban, había algo allí, en la oscuridad, esperando para atacar.

Se dio la vuelta asustada al oír ese gruñido justo detrás de ella, y al otro lado del agujero había un animal, como un tigre, pero con unos colmillos mucho más grandes que le salían por la boca, era un dientes de sable.

- Gatito... gatito bonito... - murmuró retrocediendo pero miró a los lados y más dientes de sable salieron - mierda... -

Se alzó con su varita dispuesta a atacar pero uno de los dientes de sable se le abalanzó antes de que pudiera decir el hechizo. Desde el agujero se oían los gruñidos y los gritos de Elísabeth intentando defenderse.

- Eli... Elísabeth - gritaban Lily y Kate.

La cabeza de uno de los dientes de sable asomó por el agujero, sus dos grandes colmillos relucían a la luz de la luna llena.

- Mierda - dijo Kate poniéndose contra la pared del agujero.

El animal dejaba caer algo de tierra con sus patas al aproximarse tanto al borde del agujero, gruñía y miraba a las dos chicas con ganas de lanzarse y comérselas. Otro de los dientes de sable se asomó al agujero.

- Joder... Elísabeth - gritó Lily.

Sabían que estaba viva por que gritaba. Las varitas habían quedado fuera de su alcance y en ese momento tenía a dos dientes de sable intentando devorarla, pero ella se defendía con todo lo que podía, patadas, puñetazos, morder, gritarles al oído para dejarlos sordos, todo era valido para intentar salvar la vida, lo malo es que las dos bestias también atacaban, arañaban a la chica e intentaban clavarles sus afilados colmillos para matarla de una vez.

Un aullido se oyó muy cerca, tan cerca que los dientes de sable se irguieron para intentar saber de donde provenía, un licántropo apareció entre los árboles y gruñía amenazante. Elísabeth también miró la causa de que las dos bestias que tenía encima dejaran de atacarla y palideció al ver al gran licántropo aproximarse con ganas de atacar a los dientes de sable.

En segundos los tres animales se enzarzaron en una batalla, y Elísabeth quedó libre, lentamente se llegó hasta las varitas y se acercó al agujero, se extrañó mucho al ver como los dos dientes de sable que estaban cerca del agujero luchaban ahora con un gran perro negro y con un ciervo.

- Chicas - dijo Elísabeth acercándose al borde y lanzándoles sus varitas - no salgáis todavía... un licántropo -

- ¿Estas bien? -

- Si... un par de heridas de guerra - dijo intentando sonreír - yo os aviso para que salgáis cuando estemos a salvo -

El ciervo y el perro hicieron huir a los dos dientes de sable con los que luchaban y rápidamente fueron ayudar al licántropo, que luchaba a muerte. Comenzaba a amanecer, la luna ya se había ido, y los dos dientes de sable acababa de caer muertos, Elísabeth miraba atónita como trascurrían los hechos, el licántropo se giró con intención de ir a por ella, pero el perro y el ciervo se pusieron en medio para evitarlo, cuando el licántropo iba a lanzarse para pelear con ellos por su victima comenzó a retorcerse de dolor, el sol le daba de lleno, y comenzó a transformarse en humano, el ciervo y el perro también se trasformaron en humanos y se acercaron a su amigo para ayudarlo.

- Remus - dijeron los dos chicos.

- Ostras - dijo Elísabeth atónita - esto era lo último que me hubiera imaginado en la vida -

- Elísabeth... ¿qué esta pasando ahí afuera¿por qué se oyen más voces? - gritó Kate desde el agujero.

- Salid... estamos a salvo -

Las dos chicas conjuraron unos hechizos para poder salir de agujero y cuando por fin estaban fuera se abalanzaron sobre Elísabeth para abrazarla y asegurarse de que estaba a salvo.

- Estas bien -

- Si estoy bien... si miráis allí vais a flipar en colores - dijo señalando a el lugar donde estaban los tres chicos.

Remus estaba aturdido, con muchas heridas y cubierto por una capa. James se separó de él y se dirigió a las chicas que los miraban atónitas.

- ¿Estáis bien? -

- Si - murmuraron las tres chicas muy sorprendidas.

- Podemos explicarlo -

- Vayamos a la casa de los gritos... Remus necesita que le curemos las heridas... y ellas también - dijo Sirius seriamente.

- Estoy bien - murmuró Remus.

- No digas tonterías... - James se acercó y conjuró una camilla - vamos - dijo a las chicas.

Las tres chicas se pusieron de pie demasiado sorprendidas como para contrariar una orden. Apoyada en Lily y Kate iba Elísabeth, pues tenía bastantes cortes y heridas en las piernas por luchar con esas dos bestias. A los pocos minutos llegaron a la casa de los gritos y por un agujero que nadie había sabido ver antes, entraron.

- Si por fuera parece una ruina... por dentro también - murmuró Lily admirando la decoración.

- Aquí hay más polvo que en mi cuarto... que ya es decir - comentó Elísabeth.

Subieron a la planta de arriba, durante todo el camino ninguno de los tres chicos había dicho nada, ni una palabra, algún gruñidito esporádico de dolor de Remus, pero nada más. En la planta de arriba había una habitación algo más ordenada que el resto de la casa, en la cama que había en el centro colocaron a Remus.

- Sentaros - dijo James seriamente.

Había varios sillones y allí tímidamente se sentaron las tres chicas. En una mesa, cerca de la cama, había un gran surtido de pociones y vendas para curar heridas, los dos chicos comenzaron a curar a Remus, que era el que peor de todos estaba.

- ¿Necesitáis ayuda? - preguntó Kate.

Ninguno de los dos respondió, la verdad es que ni la habían escuchado, así que se acercó para intentar ayudarlos, cuando James estaba poniendo una venda ella le acercó el esparadrapo y sonrió tímidamente, él correspondió fugazmente a la sonrisa y después volvió a su labor de curar a su amigo.

Sirius alzó la vista un segundo, la miró, y ella lo miraba a él, y sus miradas se cruzaron, y en ese segundo fue como si el tiempo se detuviera, ambos estaban conectados por esa mirada. La conexión se rompió cuando Lily paso por medio para ir a ayudar a curar a Remus, y rota la conexión, Sirius volvió a su tarea.

- No quiero sonar egoísta... pero yo también estoy herida... tanto o más que Remus - dijo Elísabeth haciéndose oír y haciendo un puchero, aunque en verdad estaba de broma - que yo también he tenido que lidiar con esas dos bestias... - murmuró frunciendo el ceño molesta.

James sonrió levemente y se acercó a ella con un par de pociones y unas vendas, la miró detenidamente para decidir que herida era la más grave y la que primero había que curar. Sus ropas estaban totalmente rotas, arañadas, y sangraba por todos lados, muchas de las heridas eran superficiales, pero tenía varios cortes con muy mala pinta y un agujero en la pierna producto de que uno de los dos dientes de sable consiguió clavarle el colmillo.

- Siento haberme olvidado de ti... pero sus heridas eran más urgentes... la transformación... - dijo cariñosamente limpiando la herida de la pierna.

- No te preocupes... no duele tanto... - dijo haciéndose la fuerte, pero hizo una mueca de dolor - esta bien... duele... y bastante -

Ya habían terminado con Remus y Sirius se estaba auto curando un corte en el brazo.

- Te ayudo - dijo Lily quitándole la venda y poniéndosela bien.

- James... déjame a mi curar a Eli... Lily ponle desinfectante a esa herida que tiene James en el costado - dijo Kate.

Lily se acercó, obligó a James a sentarse y sin ningún pudor le levanto la camiseta a James para mirar la herida, no era muy profunda ni tenía mala pinta, pero si no se trataba a tiempo podría ser grave. Kate continuó con la labor de James en curar las heridas de Elísabeth, Sirius se acercó también para ayudarla. Cuanto todos estuvieron curados, o por lo menos con las heridas limpias y desinfectadas, se produjo un silencio incomodo.

- ¿Y bien? - dijo Lily rompiendo el hielo.

- Vosotras primero - indicó Sirius.

- Habíamos escuchado el rumor de que las noches de luna llena los fantasmas de la casa de los gritos eran más violentos... así que se nos ocurrió venir a comprobarlo... no encontramos nada... y cuando volvíamos al colegio atravesando el bosque nos caímos en un agujero... trepé para salir y alcanzar las varitas que se nos habían caído... y me atacaron esas malas bestias - explicó Elísabeth.

- Aquí no hay fantasmas... el que provoca todos esos ruidos soy yo - dijo Remus tristemente desde la cama.

Las tres chicas miraron a James y a Sirius esperando que dijeran algo más.

- Nosotros somos animagos ilegales para acompañar en las noches de luna llena a Remus en sus transformaciones - explico James.

- No podéis decir nada de esto a nadie - dijo Sirius muy seriamente.

- ¿Por quien me tomas?... aquel que esta allí - dijo Elísabeth señalando a Remus - me acaba de salvar la vida... claro que no pienso traicionarlo ni decir nada - dijo frunciendo el ceño.

Sirius sonrió levemente, volvió a mirarla y volvió a quedar como hipnotizado por ella.

- No esperaba menos de ti - dijo James sonriéndole a Elísabeth y miró fijamente a Kate y a Lily.

- Nosotras tampoco diremos nada - dijeron las dos chicas seriamente.

Elísabeth se levantó y cojeando fue hasta la cama.

- Eli... ¿qué...? -

Ella se tumbó en la cama junto a Remus.

- Hazme un sitio - él se apartó un poco - ¿te duele? - preguntó dulcemente.

- Un poco ¿y a ti? -

- Un poco... - ella alzó la cabeza un poco y miró las heridas de Remus - ha sido una batalla sangrienta - dijo mirando la herida que ella tenía en la pierna.

- Si... -

- Nosotros dos vamos a dormir y a descansar un rato... despertarnos cuando sea una hora prudente para volver al colegio - dijo Elísabeth acomodándose en la cama - duerme - ordenó a Remus, que cerró los ojos e intentó descansar, sintió que le daban un beso en la mejilla - gracias por salvarme - dijo ella dulcemente.

Remus sonrió tristemente, no la había salvado por que quisiera, más bien el licántropo olió sangre humana y fue a por la presa, al ver a los dientes de sable simplemente quería eliminar a la competencia, así que no fue precisamente un acto heroico, fue simplemente una pequeña pelea por la comida.

Era sábado y no había clases, por lo tanto podían quedarse descansando en la casa de los gritos hasta que recuperaran fuerzas. Los otros cuatro se echaron en los sillones, Sirius miraba como Elísabeth estaba en la cama tumbada, con los ojos cerrados, intentando dormir, volvió a ver las imágenes de esa noche, cuando había llegado a aquel claro del bosque persiguiendo al lobo y la había visto en el suelo tirada siendo atacada por esas dos malas bestias, sintió miedo por que pudieran hacerle daño y quiso salvarla.

Un ruido despertó a James, más concretamente su estomago reclamando alimento, sonrió tímidamente a Lily que también lo había escuchado.

- Tenemos que comer - dijo ella sonriendo levemente.

Estaba nerviosa, de un tiempo a esta parte se ponía nerviosa cuando estaba cerca de James, sería que ya no le tenía tanta manía como antes, sería que ya empezaba a verlo como el buen chico que Elísabeth siempre le decía que era, sería que se estaba enamorando, aunque no quisiera admitirlo y por supuesto consideraba que James tenía que cambiar mucho más si quería tener algo en serio con ella, y por ahora estaba consiguiendo superar todas sus expectativas.

- Habrá que ir al pueblo a comprar algo - dijoKate levantándose y mirándolos a todos - Lily, James y yo iremos a por comida... -

- Vale - dijo Remus que se acababa de despertar - no tardéis mucho... tened cuidado -

Sirius se acercó a la cama para ayudar a Remus que quería incorporarse un poco.

- ¿Estas bien? -

- Si... - Remus miró con preocupación a Elísabeth durmiendo a su lado.

El resto no tardó mucho en volver con la suculenta comida, un plato para cada uno, y por como olía, tenía que estar riquísimo. Todos se sentaron alrededor de la mesa y comieron animadamente, o eso intentaban, por que estaban algo nerviosos después de los descubrimientos de la noche anterior.

- Y ahora ¿qué? - preguntó Lily tímida.

- Seguirá todo como hasta ahora... nosotros seguiremos pasando la luna llena con Remus y vosotras haréis como si no supierais nada -

- No me refería a eso - dijo Lily frunciendo el ceño - pero de todas formas no me parece bien que nos excluyáis de esto -

- ¿No pretenderás que lo que ha pasado esta noche se repita? - preguntó Sirius escéptico.

- No... sólo digo que podéis contar con nosotras -

- ¿Cómo? -

- Pues... -

- Haciendo de enfermeras - contestó Kate.

- ¿Con el trajecito corto y el liguero? - preguntó Sirius con una sonrisa cargada de lujuria.

- No - contestaron las tres chicas a la vez de modo tajante.

- Simplemente podríamos ayudaros cuando estuvierais mal -

- No queremos estar fuera de esto... no podemos... sabemos vuestro secreto y no nos vais a dejar fuera - dijo Elísabeth con voz de no admitir replica.

- Esta bien... - dijeron los tres chicos con cansancio al ver que discutir no las haría cambiar de opinión.


Continuara...

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