Ok. ¿Qué puedo decir además de la vergüenza que siento? Hace mil años que no actualizo y estoy segura que se preguntaran porque, bueno, el caso es que mi computadora sufrió a causa de un terrible virus que me borro todos mis archivos y pues ahora tuve que volver a poner en orden mis ideas para poder escribir de nuevo.
Espero que esto no pase mas y que les guste la historia.
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La puerta se abrió, dio un paso al frente y la cerro. Su corazón se detuvo un instante y observo el lugar en el que se encontraba y que había sido su hogar desde hacia tres años. Si, era su hogar, pero no por los muebles importados desde Italia, ni por las alfombras de Oriente, tampoco por los exclusivos cuadros que colgaban de sus paredes ni mucho por los últimos objetos en tecnología. Todas las comodidades y los lujos no eran nada sin él.
Aun podía recordar perfectamente la primera vez que había estado ahí, Draco no le había dicho nada tan solo la había llevado al lugar sitiado en una de las zonas mas caras de la ciudad y había preguntado una sola cosa.
-¿Te gusta?-
Ella por supuesto había respondido dirigiéndole una resplandeciente sonrisa, al hacerlo había sentido al instante sus brazos de acero entorno a su cintura y sus labios chocando con los suyos. No habían salido del lugar hasta la mañana siguiente pues habían estado haciendo el amor en cada cuarto del lugar.
Sonrío tristemente recordando perfectamente cada uno de los instantes que había compartido con él ahí, lo necesitaba, tenia que tener algo a lo cual aferrarse cuando él no estuviera.
Para estas horas era consiente de lo que iba a suceder.
Cerro los ojos tratando de no pensar en eso por el momento, camino hacia el dormitorio principal y se dejo caer en la gran cama que ocupaba la mayor parte de la habitación. Su olor estaba impregnado en las sabanas. Un aroma particularmente suyo, fresco, fuerte, varonil, a menta, lo cual le hizo recordar los momentos ahí vividos, el sudor, los gemidos, las embestidas.
Lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Ni siquiera podía decirse que no se lo esperaba, todo el tiempo que había estado con él, todos los momentos los había apreciado y guardado dentro de su mente, sabiendo que llegaría el día en que ya no contaría con él.
Sin embargo ahora la situación era real. Si quería ser franca consigo misma, había una pequeña parte de su ser que aun tenia esperanza. Esperanza...Dios que estupida había sido. Ella sabia desde el principio donde se había metido, aunque quizás no había querido verlo.
Su corazón latía fuerte, estaba nerviosa, tenía que admitirlo. Pero trato de tranquilizarse, aspiro profundamente y apretó fuertemente su bolso. Camino decidida y confiada, pese que dentro de su ser estaba completamente temblando.
-Buenas tardes soy Hermione Granger. Tengo una cita con el señor Draco Malfoy.-
La mujer ya entrada en edad y sentada detrás de un gran escritorio, enarco una ceja. La miro atentamente eternos minutos casi escaneándola con la mirada, a decir verdad su escrutinio era insultante, pues miraba atentamente su atuendo, sus manos exentas de joyas, sus zapatos usados pero que estaban completamente limpios, su bolso desgastado, pero Hermione no bajo la vista. No tenia de nada de que avergonzarse, en cambio permaneció tranquila y serena.
Cuando pareció que la mujer termino su examen, clavo sus ojos cansados en los suyos y después de una larga espera finalmente asintió.
-Pase señorita Granger.-se levanto y se dirigió a unas grandes puertas que estaban detrás del escritorio, pero antes de abrirlas se volvió hacia ella.-Buena suerte. Pero creo que no la necesitara.-
Hermione la miro sorprendida pero asintió con gratitud, esperando que tuviera razón. Al entrar en la oficina y escuchar la puerta cerrarse a su espalda, fue consiente de dos cosas, Draco Malfoy era exactamente como lo describían, frío, serio, calculador, todo un guerrero en los negocios. Sobre sus finas manos recaía un gran poder, no solo eso, era famoso por ser un excelente estratega, no había una sola cosa que sucediera en sus empresas de la cual él no estuviera enterado o no tratara personalmente, tal prueba era que él mismo estaba en busca de una nueva secretaria.
Pero también era un hombre. Hermione lo miro, a pesar de estar de espaldas hablando por teléfono era impresionante. Jamás se lo había imaginado así, contaba con una altura intimidante, grandes músculos que se tensaron volvió brevemente su cabeza y atractivas facciones aristocráticas que surcaban su rostro.
-Tome asiento.-
Hermione escucho su voz, fuerte, oscura, varonil y se estremeció, sabía perfectamente que había sido una orden. Su arrogancia no tenía precedente pues ni siquiera se había dignado a verla a los ojos, pero se regaño mentalmente recordándose que no estaba ahí para criticarlo. Camino cautelosamente y tomo asiento.
Hermione se obligo a dejar de ver como los rayos del sol se reflejaban indolentes en su cabello rubio. Así que en vez de eso, concentro su atención en mirar el lugar donde estaba.
El dinero, poder, buen gusto, fue lo primero que se le vino a la mente al ver la decoración sobria del lugar. Era obvio dado quien era él. El heredero de la fortuna Malfoy. La joven se mordió el labio, no encajaba ahí, quizás no había sido tan buena idea esto.
Un sonido la puso en alerta, él había terminado su conversación y ahora la veía fijamente desde su imponente altura. Un suave jadeo escapo de sus labios al ver como sus ojos grises se clavaban en ella, parecían acero fundido y su mirada era penetrante, en ese instante fue consiente de su cuerpo de mujer, sintió como sus pezones se endurecían y la piel caliente. El la quemaba con la mirada y ella quedo se quedo sin aliento.
El se sentó tranquilamente, sin ser consiente al parecer de la tensión del ambiente, tomo un legajo que estaba sobre su escritorio y sin abrirlo comenzó a hablar.
-Tengo entendido que no cuenta con experiencia.-
Hermione asintió, pero después negó suavemente con la cabeza, tratando de poner en orden sus ideas.
-A decir verdad no es así.-él frunció el seño. Era obvio que no le gustaba que lo contradijeran, pero ella se apresuro a explicarse.-Cuento con algo de experiencia. Estuve trabajando en una empresa multinacional hace dos años.-
-Las referencias que se muestran en su solicitud son excelentes. Pero usted misma lo a dicho son de hace dos años.-
La joven lo sabía, era prácticamente imposible que le dieran el empleo, era obvio que podían conseguir a alguien más capacitado y competente. Pero nada perdía en intentar.
-Eso no significa que dejen de ser excelentes.-rebatió.
El la miro evaluando su respuesta, después pregunto.
-¿Por qué dejo la empresa?-ella se tenso al instante, intentando no recordar.
-Asuntos personales.-
A él pareció no agradarle su respuesta, pero no dijo nada más. En cambio de eso la sometió a su mirada un eterno momento y finalmente dijo:
-Tiene el empleo.-
Eso tan solo había sido el inicio de todo. Si bien habían logrado una relación eficiente en el ámbito laboral, los dos eran consientes de la tensión sexual que había entre ellos, de el largo instante en que se miraban cuando sus ojos se cruzaban, el roce imprescindible de sus manos, el brillo de sus ojos.
Le había tomado tiempo comprender la reacción de su cuerpo, pero después había encontrado un calificativo para lo que le sucedía: deseo.
Él cual los había consumido a ambos en un viaje que realizaron en Nueva York.
El trato había sido todo un éxito ¿entonces que había pasado? La joven se mordió el labio y lo pensó unos instantes pero no encontró absolutamente nada por lo cual él podría estar molesto.
Habían llegado el día anterior a la ciudad y habían tenido tiempo de más para preparar el material y descansar antes de que iniciara la junta. La cual se había llevado a cabo en un exclusivo hotel.
El cliente, un agradable hombre había quedado encantado con la propuesta y había aceptado todos las condiciones que Malfoy había interpuesto.
Después de terminar de cerrar el negocio y que el hombre la invitara a bailar, habían abandonado el lugar rápidamente y ahora que caminaban hacia sus habitaciones, ella podía sentir su ira contenida.
Sabia que él no mostraba su molestia, esa era una ventaja para un enemigo que él no se permitía mostrar, pero también sabía que hasta esos momentos nunca lo había visto de verdad furioso.
Llegaron a su habitación e irónicamente lo vio como una vía de escape. Saco rápidamente la tarjeta digital de su bolso, pero sus manos temblaban y esta cayó al piso. El la tomo y abrió la puerta, Hermione se sintió como una cobarde huyendo y sonrío trémulamente.
-Gracias. Buenas no-
No pudo terminar, en un instante él la había empujado dentro de la habitación y cerrado la puerta y en otro la tenía contra la pared. Sus manos apretaban fuertemente su cintura inmovilizándola y su boca devoraba a la suya.
La joven se quedo quieta unos instantes, tratando de pensar ¿estaría borracho? No, apenas y había tomado una copa de vino tinto, ¿entonces que...
Dejo de pensar, el había introducido su lengua en su boca y ahora exploraba cada centímetro de su cavidad. Hermione gimió suavemente al sentir como el deslizaba una mano por su esbelta pierna y levantaba levemente el vestido hasta su cintura, después la alzo y se acomodo entre sus piernas, haciendo que ella lo rodeara con sus muslos. Después empujo.
La joven abrió los ojos abrumada al sentir su poderosa erección entre sus piernas. De pronto un fuego nació en su interior, la cabeza le daba vueltas y sentía los senos pesados. Ahora él estaba completamente concentrado en su cuello, besando, mordiendo, marcando.
Se aferro a sus fuertes brazos sabiendo que si él no estuviera sosteniéndola iría a dar al piso. Giro la cabeza dándole un mejor acceso a su cuello, pero de pronto él la giro bruscamente y la beso en los labios entreabiertos.
Estaba frenético, poseído, parecía otro, era como si su control se hubiera hecho añicos, sus modales refinados y elegantes habían desaparecido dando paso a una salvaje ansiedad que a Hermione le fascino. Pero tampoco se quedo atrás, le devolvió el beso salvajemente mordiendo su labio inferior hasta hacerlo sangrar y después lo lamió suavemente.
El la miro a los ojos y la cargo en sus brazos. Hermione para esos momentos ya no pensaba, sintió las frías sabanas de la cama en su piel caliente y se estremeció. El se quedo quieto al lado de la cama, se arranco la camisa y los botones salieron saltando, después se deshizo de sus zapatos y sus calcetines.
Hermione contuvo el aliento tomando valor y se sentó en la cama, lo detuvo al desabrocharse los pantalones y coloco sus esbeltas manos en el cinturón, comenzó a desabrocharlo lentamente. El la miro con fuego en los ojos y la joven tembló, le abrió la cremallera y él se quito los pantalones y los boxers rápidamente.
Se quedo sin aliento, totalmente sorprendida y sus mejillas se pintaron de rosa. Todo era tan nuevo, tan...grande.
-Tócame.-
Lo miro a los ojos, sabiendo que como siempre era una orden, pero no le molesto si no que sintió curiosidad, llevo su pequeña mano a la rígida erección que se alzaba orgullosa frente a ella, la recorrió en toda su longitud, asombrada de su suavidad y fuerza. Cuando llego a la punta él alejo rápidamente su mano.
Estaba jadeando y una capa platina cubría su piel. Se inclino en la cama y la hizo recostarse. Hermione contuvo el aliento cuando deslizo los dos finos tirantes del vestido negro por sus brazos hasta que sus senos quedaron libres.
De repente se sintió avergonzada ¿y si no era lo suficientemente bonita para él? Trato de cubrirse pero él actúo mas rápido, la tomo por las muñecas y la miro a los ojos.
-Déjame verte.-demando.
Después alejo sus manos de sus pechos y sus ojos grises se clavaron en ellos. Hermione contuvo la respiración cuando él la soltó y llevo sus manos a sus senos, los acuno y los estrujo suavemente. Luego se inclino levemente y presiono sus labios sobre uno de los sensitivos pezones, lo beso y después lo succiono fervorosamente mientras apretaba el otro en su mano. Cuando estuvo completamente erecto y húmedo a causa de su saliva hizo lo mismo con el otro.
La joven gimió dulcemente y acaricio sus suaves cabellos, estaba a su merced y lo sabia, pero no le importo. El la miro y termino de retirar su vestido, observo las sexys bragas de encaje que llevaba puestas y enarcó una ceja, después sonrío y se las arranco. Hermione dejo de respirar cuando él se acomodo de nuevo entre sus piernas y beso sus labios, la tomo por las caderas y empujo.
El cielo. Ahora sabía como era el cielo.
Desde ese instante su vida había dado un cambio total. Amar a Draco Malfoy no era algo fácil y ella lo había sabido desde el principio, pero cuando se había dado cuenta ya era demasiado tarde, ya no podía vivir sin esos labios que chocaban lujuriosamente con los suyos, ni sin esas manos que recorrían su cuerpo con reverencia y mucho menos sin esos ojos grises que decían que era suya y solo suya.
Era virgen cuando conoció a Draco, pero no solamente le había entregado su cuerpo, si no también su corazón y francamente no estaba segura de que algún día podría recuperarlo.
Era estupido ya que el jamás le había pedido su amor. No, nunca lo había hecho, pero ella se lo había dado.
-Esto se tiene que terminar.-
Hermione se tenso y alzo su vista del notebook, él estaba frente ella, sentado detrás de su escritorio y sus ojos se clavaban en ella como rayos láser. Tratando de huir de su mirada fijo su vista en el traje de tres piezas hecho a la medida que portaba hoy y que le había robado la respiración al verlo, pudo observar que su corbata estaba desaliñada.
La había tomado hacia apenas una hora sobre el escritorio que ahora estaba lleno de papeles y contratos. Había sido algo rápido y salvaje, una sola premeditación de lo que vendría mas tarde cuando fueran a su departamento, ella se había acercado para que firmara unos documentos y cuando pretendía marcharse él la había alcanzado rápidamente moviéndose con una escandalosa velocidad que la dejo asombrada y a pesar de lo inesperado del acto eso no quería decir que no hubiera sido satisfactorio y devastador.
Se pregunto como podía estar tan calmado, cuando ella aun podía sentirlo dentro. Aspiro profundamente.
-¿De que hablas?- pregunto tranquilamente, a pesar de que sabía perfectamente a que se estaba refiriendo.
-No puedes seguir siendo mi secretaria.-
Hermione enarcó una ceja.
-¿Por qué no?-
Un brillo peligroso apareció en sus ojos grises.
-Porque jamás mezcló los negocios con placer.-
No, no lo hacia y no lo había hecho. Había sido claro desde el principio, podía ser su amante, pero no su secretaria. Y ella había aceptado, había aceptado estar sexualmente disponible para él, a dejar de trabajar, a nunca pedir explicaciones o fidelidad, y a jamás pensar siquiera en matrimonio, porque eso no iba a pasar.
Había aceptado contentarse con costosos obsequios y una cuenta corriente como una muñeca de porcelana a quien solo le interesaba el dinero. El le daba absolutamente todo lo material, pero había algo que jamás le daría, su corazón.
Y ella lo había aceptado...porque lo amaba.
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-Quiero esos informes dentro de una hora.-
Sus ojos grises miraron furioso a su administrador, quien asintió enérgicamente y salio de su despacho presuroso. Un suspiro escapo de sus labios, se levanto y fijo su mirada en el amplio ventanal por el cual se podía admirar la ciudad de Londres, aunque él veía sin ver.
Cosas mucho mas importantes ocupaban su mente. Ella. Estaba deseando realmente volver a Nueva York. Podría vender la sucursal o relevar su cargo, a estas alturas estaba completamente cansado por tener que viajar a cada instante y ausentarse largas semanas.
La extrañaba.
Maldición...la extrañaba y mucho. Su suave piel, su sedoso cabello castaño y sus ojos marrones, el sensual sonido de su voz. Todo, extrañaba todo de ella y como un duro golpe para su ego tuvo que reconocer que el sentimiento no era reciente.
Desde el mismo instante en que la había visto en su oficina el deseo lo había golpeado duro y fuerte, al verla había pensado en sabanas revueltas y piel caliente, había tratado de tranquilizarse recurriendo al control que había sido el eje en su vida, el cual se había ido al traste al verla enfundada en un vestido negro que resaltaba cada una de sus curvas ¿acaso ella era consiente de su sensualidad, de los suaves movimientos que realizaba su cuerpo, del brillo de sus ojos? ¿Acaso sabia que todo eso lo volvía loco? ¿Era consiente del poder que tenia en sus manos? De alguna manera lo dudaba.
El mismo algunas veces se sorprendía de sus reacciones, al principio había tratado de tomarlo tan solo como una prueba para su voluntad de hierro, pero eso solamente había hecho crecer su necesidad de ella. No había sabido tratar el asunto, principalmente ni siquiera había pensado en hacerla suya aquella noche, pero no se arrepentía de nada y sabía que volvería a hacerlo.
Eventualmente había tenido que hacer algo, ya que tampoco había contemplado el pasar todas las noches a su lado.
Giro la llave y la puerta cedió al instante. El lugar estaba completamente a oscuras, pero pudo recordar perfectamente donde estaba cada cosa. Camino sigilosamente sin delatar su presencia hasta llegar al dormitorio.
La puerta estaba entreabierta y podía distinguir una esbelta silueta acurrucada en la cama. Entro en la habitación y sus ojos se clavaron en ella, en esos instantes un tornado podía haber pasado por ahí, pero él no habría apartado su mirada de ella. Estaba profundamente dormida, portaba un ligero camisón que al paso de la noche se le había subido hasta mostrar sus hermosas piernas, las cuales estaban flexionadas en una cómoda posición, mientras que sus manos acunaban su tranquilo rostro.
El sudor empapo su cuerpo con su sola visión, se deshizo del saco de su traje y lo arrojo sobre una silla, se quito rápidamente la corbata y se desvistió con una velocidad que lo dejo asombrado.
Estaba completamente excitado y su carne palpitaba enloquecedoramente por unirse a ella, se deslizo entre las sabanas y toco su suave piel. Ella gimió suavemente cuando tomo uno de sus pechos con su mano, la coloco de espaldas y beso sus labios.
Ella se ajusto a la nueva posición y lo abrazo por el cuello en muda rendición, alzo un poco más su camisón y tratando de controlarse la penetro lentamente, sintiendo como su carne húmeda y apretada se ajustaba a su miembro.
Lanzo un áspero rugido al estar dentro de ella por completo y comenzó a moverse, entrando, saliendo, empujando. La beso en los labios ahogando los suaves gemidos que escapaban de sus labios, pero la docilidad de ella dejo paso a la excitación, le encajo las uñas en la espalda y lo abrazo por la cintura con sus largas piernas, después mordió sus labios furiosamente al sentir como la embestía más fuerte.
Un gemido escapo de su garganta y su lengua se deslizo hacia su cuello dejando marcas de propiedad en el. Después sus ojos se concentraron en sus senos y con un rápido movimiento se deshizo de la molesta prenda que lo separaba de esas cumbres sacándosela por la cabeza. Su boca se seco ante la hermosa escena, los dos pezones erectos y sin poderse controlar llevo sus labios a probar sus dulces encantos. Una vez mas su sabor lo dejo anonadado.
La miro a los ojos, estaba despeinada, con los ojos llenos de deseo y sus mejillas arreboladas, la beso en los labios y empujo fuerte escuchando como la base de la cama chocaba contra la pared.
Ella araño sus brazos desesperada y él sonrío arrogantemente, después se alejo un poco retirándose de su cuerpo, pero ella tensiono sus piernas impidiéndoselo y le lanzo una mirada de enfado, él sonrío aun más y la penetro de nuevo.
La culminación del placer se acercaba, podía sentirlo, empujo dos veces más y su esencia se derramo en ella, bañándola por completo. La escucho gritar de satisfacción.
Exhausto se dejo caer en la suavidad de sus senos, ella lo abrazo respirando entrecortadamente tratando de recuperar un poco de aire, la miro a los ojos y la beso, no salio de su interior, no quería hacerlo, así que en vez de eso comenzó a empujar de nuevo.
El recordar esa noche lo hizo estremecerse, simplemente no había podido conciliar el sueño sin sentir su calido cuerpo junto al suyo y después de esa noche, no había podido hacerlo más.
¿Acaso estaba perdido ya?
La necesitaba, lo sabia, no había podido estar sin ella, así que la había convertido en su amante. Le había dado todo lo que podía lujos, joyas, dinero, todo a pesar de que ella jamás le pidió nada. Todos los días vivía en tranquilo terror pensando que ella podría encontrar a otro hombre que le diera más cosas y que lo iba a dejar. Pero no, no pensaba permitirlo ¿Qué mas podía desear ella si le daba absolutamente todo? El departamento estaba a su nombre al igual que una cuenta bancaria con una abrumadora cantidad que él había dispuesto para ella, no solo eso, si no que también se preocupaba por su seguridad y contaba con un servicio secreto que la protegía las 24 horas del día.
¿Qué más podía querer? No tenia nada más que darle. No podía darse el lujo de mostrarle sus sentimientos, le habían enseñado que hacerlo era otorgarle armas a tu enemigo para destruirte y ella lo podía hacer si así lo deseaba. Había pensado que era el dueño de su propia vida pero ella había acabado con esa estupida ideología.
Ella era dulce, fresca, frágil, alegre, pero detrás de eso era una leona, un contraste interesante que le había fascinado.
Pensó en su cuerpo, en las curvas que solo él conocía y se estremeció de placer, ella no se podía mover sin que él pensara en hacerle el amor y tenerla tumbada debajo de él con las piernas abiertas.
Deseo llamarla en esos momentos, escuchar su voz para al menos aplacar un poco el deseo que lo consumía, pero se contuvo. Aun conservaba algo de cordura. No podía hacerlo. El solo hecho de hacerle saber lo mucho que la necesitaba seria el fin de todo.
Ella jamás sabría lo que significaba para él.
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