I. Primer encuentro

—Espero que esta vez sí hayas aprendido la lección—Habló Daniel Gentil desde la mesa de la cocina, el hombre se encontraba desayunando junto a su esposa María Antonia y su hija, Ángela, más en el fondo, entre la gran puerta doble que conecta al jardín trasero y la chimenea, se encuentra Lili, sentada en una silla, esperando pacientemente, mientras su padre terminaba una extensa verborrea sobre lo que es correcto y lo que no, más específicamente, criticando los últimos fracasos de su hija mayor.

Aún que en esa silla no solo esperaba a que el asalto verbal terminara, no, Lili Gentil era, desde los diez años, la encargada de cocinar y servir el desayuno, su lugar en esa cocinar la mayoría de las veces no era para desayudar junto con su familia, si no para esperar a que alguno necesitara algo y proporcionarlo.

No todos los días era digna de un desayuno, como decían sus progenitores, si lo hacía bien todo podía tener el derecho a uno, pero el trato diario nunca ha sido especialmente amable, casi nunca es posible que eso suceda, la mayoría de los días Lili se encuentra tan débil que, o quema la comida o quiebra algún plato o vaso, entonces ella simplemente aceptaba su castigo, una nueva sesión de golpes y algunos días sin comer nada completamente. Lili muchas veces se preguntaba ¿Por qué seguía soportando aquello? ¿No era más fácil solo tomar por la noche el teléfono y llamar a la policía? Era más fácil así, que todo terminara de una vez, pero nunca lo hacía, su mano siempre quedaba algunos centímetros antes de tocar el teléfono, y este, inerte y burlón se encontraba siempre pegado a la pared como un fiel recordatorio de que aún seguía siendo débil y cobarde, una niña, la pequeña que aún vivía dentro de ella y espera un milagro, quizá se su familia recapacite, que se den cuenta que ella también es su hija y le amen como aman a Ángela, esa niña que aún habita en su interior es la misma que le evita terminar con todo, porque teme separarse de lo que conoce, enfrentarse a lo desconocido y pasar de mano en mano, todos esos miedos aún están dentro de Lili, los miedos y la esperanza que la niña que fue y vive aún, todavía se empeña en mantener.

—Muchas veces te lo he dicho; No es bueno para esta familia los fracasos. Nosotros hemos trabajado duro para mantener una buena imagen ante los jefes de tu madre y vecinos, además fuera de sus oídos tus errores.

Su padre interrumpió de nuevo su tren de pensamientos, ¿A caso nunca se cansaba de recordarle sus "errores"?

Él le miraba, como todo el tiempo, de una forma muy dura, como si realmente tratar con Lili fuera la peor desdicha de su vida, su voz lo evidenciaba también, pues iba cargada de reproches y odio. En esos momentos Lili sentía que podía deshacerse de sus miedos y dudas, abrir la boca y arrojar de ella, cual fuego todas las verdades, destruirlos con sus palabras, pero con el tiempo comprendió que hablar, revelarse, no le traería nada bueno, no sin la valentía que necesitaba para enfrentarse a su padre, que con la experiencia entendió que él era más fuerte que ella y no le era difícil dominarla.

Ángela que comía con la vista en su plato, pero no por empatía o lastima hacia su gemela, pues en sus labios había la naciente sonrisa de satisfacción, que realmente, si no fuera por el respeto que le tenía a su padre para no interrumpirlo, arrancaba en carcajadas allí mismo, por su parte María Antonia hacía lo mismo, solo que su rostro no reflejaba nada, Lili no sabía que le enfurecía más, si la burla de Ángela o la indiferencia de su madre.

Vaya que Lili deseaba haber explotado como lo hacía años atrás, gritarles tantas cosas hasta que le faltara el aire y sus pulmones no le permitieran seguir, entonces caer rendida y esperar el primer golpe, la primera humillación, pero ya no existía la primera lágrima, hacía años que ella no lloraba cuando eso sucedía, principalmente porque entendió que sus lágrimas no detendrían a su padre, su llanto le producía alguna especie de satisfacción, ahora solo reprimía sus lágrimas, sus gritos, todo lo que pudiera alentarlo a seguir, funcionaba, esos episodios duraban menos que antes, su padre no encontraba ese gusto que buscaba, pues ahora se limitaba a escarmentarla, como él le llamaba.

—No creo que mis errores tengan que ver con sus fracasos en el trabajo, —Allí estaba, no era exactamente lo que quería expresar, pero se encontraba tanto guardado dentro de ella, que cualquier cosa servía como desfogue—No asciende porque a sus jefes poco les interesa tener a alguien que no sabe tomar decisiones.

María Antonia levantó la vista de su plato, aparentemente sorprendida del comentario de su hija, cosa que a Lili le causó gracia, pues era evidente que su madre no estaba hecha para la política, pues esta alguien tan tonto como Ángela podía notar que si estaba en eso era porque su esposo se lo había propuesto, Daniel, amante de las apariencias y lucir una vida familiar y profesional que distaba mucho de a realidad, pues su puesto no lo ganó por su esfuerzo o talento, si no por conexiones "A alguien tiene que sacar Ángela, papá adora que le envidien y piensen que tiene una vida, una carrera y una familia perfecta, que equivocados están" Pensó Lili.

Daniel se levantó bruscamente de la silla, esta hizo un ruido muy fuerte al ser empujada con brusquedad, avanzó hacía su hija, con aire tranquilo, pero Lili que conocía muy bien a su padre sabía que eso no sería una tranquila charla, estaba totalmente mentalizada para lo que pudiera venir, pero eso no reducía el dolor que le provocó el empujón que Daniel le propinó al tomarla de los hombros, su cuerpo, junto con la silla volaron hacía atrás, su cabeza reboto en la dura pared, golpeándole la nuca, cayo de costado en el suelo y la pesada silla de madera golpeo su pierna derecha, no le dio tiempo siquiera de identificar los daños en su cuerpo, su padre le tomo por los cabellos y le levanto para llevarla al fregadero de la cocina, metió su cabeza en el fregadero golpeándose la frente con las llave, Daniel abrió el grifo y el agua helada cayo en la cabeza de Lili.

— ¿Por qué dices cosas tan hirientes, hija? ¿Por qué tienes que lastimar así a tu madre? —Preguntó con voz aparentemente afectada—Realmente tu nunca te cansas de ser una chica mala ¿Verdad?

Daniel mantenía la cabeza de Lili dentro del fregadero, que se estaba llenando de agua a causa del tapón que impedía que este se fuera, le estaba empezando a faltar el aire, pero él le impedía levantar la cabeza.

— ¿Hace un poco de calor, no lo crees? —Dijo el, tranquilamente como si hablara del tiempo con cualquier colega—Tal vez el calor le afecta demasiado a esas dos neuronas que tienes ¿No Lili?

Finalmente soltó su cabeza sus pulmones gritaban por oxigeno así que tomaba grandes bocanadas de aire, se sentía mareada, no sabía si por el golpe o por el tiempo que pasó sin respirar, miró la mesa, ya no había nadie ¿En qué momento se habían ido? Daniel se acercó a ella y le volvió a empujar, inevitablemente cayó al suelo de nalgas, su padre se acercó a una de las repisas y tomo un pequeño papel que le aventó a la cara, junto con una bolsita verde.

—Hay cosas que tu madre quiere que compres—Señalo el papel que Lili tenía en las manos—Ahí está el dinero también, espero que esto puedas hacerlo bien y que no falte nada, hoy no hay comida para ti ¿Entendido?

Lili solo asintió, aún en el suelo.

Daniel salió de la cocina, probablemente hacía su trabajo, Lili se levantó y tomo la pequeña bolsa y el papel, subió hacia su habitación, se miró en el espejo, tenía varios moretones en la cara, incluyendo la herida que se hizo con el grifo, que afortunadamente ya no estaba sacando sangre, la dejaría así, tenía más marcas en los brazos y el cuello, pero afortunadamente los podía cubrir con el abrigo y el sweater, tomó una toalla y secó su cabello para después amarrarlo en una media cola, como acostumbraba, volvió a mirarse en el espejo y se odio a si misma por seguir permitiendo que su padre le golpeara, por no poder dejar atrás falsas esperanzas y miedos.

Tomo la bolsita y la lista de nuevo, la cual había depositado en su mesita de noche, iría al supermercado ahora, pues si esperaba para más tarde, lo más seguro es que se quedara dormida, bajó las escaleras, que curiosamente le fueron más dificultosas ahora a cuando subió, probablemente el golpe de la silla se hubiera enfriado y ahora el que le doliera al hacer fuerza, salió de casa, ataviada con su largo abrigo negro, le gustaba mucho pues fue un regalo de su ex novio Arturo, apreciaba mucho al muchacho, pero lamentablemente tuvo que terminar su relación con él, pues su padre armó un gran problema al enterarse que era novia de un Soñador, perdedores, como le llamaba él y que daría una muy mala fama a su familia si seguía esa relación, varios escarmientos después se encontraba rompiendo con un muy triste Arturo, justo después de que los embargaran de su casa, miserable se sentía cuando recordaba la mirada desolada de aquel amable chico, lo único que le proporcionaba un poco de satisfacción era que, a Ángela tampoco se le permitió seguir con León Simblanca, por las mismas razones.

Caminó hasta el final de la Calle Sim, dio la vuelva en Camino del bosque, esa calle se llamaba así debido a que allí había un gran parque lleno de todo tipo de árboles, en alusión a eso a la calle se le llamó Camino del bosque.

Lili miro la nieve, la noche anterior había nevado fuertemente, y ahora todo estaba cubierto de aquella capa blanca, siempre le parecieron bonitos los días así, le proporcionaban un poco de paz y fuerza para seguir adelante en esa vida, solo le restaba un año más y sería mayor de edad, podría largarse a dónde le plazca y ganarse la vida no era problema para ella, prefería mil veces trabajar en el campo que seguir soportando ese infierno, camino un poco más entre la nieve, hasta que llegó al parque llamado Woodland Park, se lo pensó por un momento, pero finalmente entró, era sábado al medio día y había bastante gente en el parque, niños sobre todo en los juegos, al fondo había dos familias preparando las cosas para asar, gente jugando al ajedrez, probablemente un torneo o algo así, ella solo se encamino hasta en gran árbol a la derecha de todo, un viejo Ciprés, le gustaba mucho porque jamás se le caían las hojas, cambiaban de color, pero siempre estaban allí, ese árbol tenía tres grandes y gruesos troncos y en ellos se encontraban grabados los nombres de muchas personas, incluyendo el suyo, pero ese nadie lo vería pues estaba dentro de un agujero, allí estaba grabado "Lili".

Justo frente al Ciprés estaba una banca de madera, nunca estaba ocupada por nadie, probablemente todos consideraban que estaba demasiado apartada de todo, junto a un árbol feo dónde no daba mucho la luz, pero era justo lo que Lili necesitaba, soledad.

Justo al fondo, detrás del Ciprés, escucho un ruido como de cosas caer, una grosería, allí bajo un Sauce Llorón y junto al lago, estaba una chica rubia, de botas blancas, mallas rosas y un gran abrigo de color salmón, muy parecido al suyo, debajo de esto parecía traer un vestido floreado color rosa también, "¿No tendrá frio?" Pensó Lili, ya que en estas épocas las chicas no solían usar vestidos, faldas o cosas por el estilo, la chica rejunto unas carpetas y una bolsa que se había caído casi a las aguas del lago, cuando la chica se sentó de nuevo en la banca pudo ver su rostro, enseguida la reconoció como la chica que vigilaba su casa desde hacía unas semanas, casual coincidencia, "Ya es hora de que sepa quién es y que quiere.

Lili camino hasta llegar al Sauce Llorón, la chica parecía tener problemas al acomodar muchas de las hojas que tenía en la carpeta, parecían recortes de periódico o cosas así, ella no era muy buena hablando con gente, así que solo se paró frente a ella.

—Hola, ¿necesitas ayuda? —Preguntó Lili, realmente no estaba interesada en ayudarle con eso, parecía algo muy simple, pero no sabía cómo comenzar una conversación.

—No, realmente no. —Contesto la chica sin mirarle—Solo son unas cuantas hojas rebeldes, están algo mojadas, no se preocup…

La chica no terminó su frase, ya que al voltear a verle, pareció algo sorprendida, la carpeta volvió a caer al suelo.

Lili rápidamente junto la carpeta junto con las hojas húmedas, algunas se rompieron y al no saber qué hacer, opto mejor por dejarlas sobre la banca, la muchacha parecía que no saldría pronto de su estupor, le confundía e incomodaba un poco el que ella reaccionara así, realmente no lucía tan espantosa ¿O sí? Tendría que haberse puesto algo de maquillaje de su hermana, aunque luego le chillara que no lo tocara.

—Lo siento, si están bastante mojadas—Se disculpó—Espero no haberlo estropeado—susurró Lili para sí misma.

La extraña muchacha pareció reaccionar y se apuró a decir.

— ¡No, no te preocupes! No son cosas importantes…

Hubo un largo silencio, ninguna se atrevió a decir nada más, el ambiente de pronto pareció algo tenso. Finalmente Lili decidió ir al grano.

— ¿Sabes? Me parece haberte visto algunas veces… Quizá cercas de mi casa.

La chica pareció algo avergonzada, bajo la cabeza y comenzó a juguetear con los cordones de su abrigo.

—No puedo negártelo, creo que me has visto varias veces y sería tonto ahora fingir demencia.

A Lili le causo mucha gracia ver a la muchacha realmente avergonzada por ser descubierta, esta estaba bastante colorada de la cara, no le miraba pues ahora los cordones del abrigo parecían lo más importante de la vida.

— ¿Por qué?—Preguntó Lili bastante interesada en saber las razones de tal vigilancia.

—Bueno, no puedo contarte todo ahora, ¿sabes? Vas a creer que estoy loca.

Realmente no era necesario una gran historia para que Lili creyera que esa chica era bastante extraña, resaltaba a la vista, y no solo el hecho de que esta fuera visiblemente linda, porque lo era, tenía unas facciones bastante delicados, era mucho más atractiva que su hermana de hecho.

—No tienes por qué contármelo todo ahora, pero de todos modos no creo que seas mala persona, si tuviera alguna mala intención ya lo habrías hecho.

— ¡No hay ninguna mala intención en mí! Yo solo…—La chica pareció dudar si decir o no lo que estaba pensado—Tenía… Tengo, interés en conocerte ¿Sabes? Pero no sabía cómo, no estoy en tu colegio ni vivo… cerca, solo esperaba que estuvieras libre o algo.

Lili de pronto se sintió halagada, o algo así, nunca nadie había tenido interés en conocerle, ¿Esa niña quería su amistad? Aun que esperaba no fuera una trampa o algo así de su hermana, que ya le había jugado varias de esas.

— ¿Por qué en conocerme? ¿Cómo sabes de mí? —Le inquirió, era extraño que una chica que nunca había visto supera sobre ella.

De nuevo la muchacha se lo pensó unos momentos hasta que finalmente contesto.

—Mi padre y mi madre conocieron a tu familia una vez, quise hablarte pero no hubo mucho tiempo, yo era muy pequeña en realidad.

Lili no estaba muy convencida, pero la chica parecía sincera, así que decidió otorgarle en beneficio de la duda. De pronto su pierna comenzó a molestarle, así que se sentó en la banca junto a la chica, la cual se tensó un poco al sentí que rozaba su brazo.

—Bien, ¿Dónde están ellos ahora?

—No están aquí, ellos… Están fuera de la ciudad, vine aquí a tener un poco de claridad en unos asuntos.

— ¿Es sobre lo que tienes en esa carpeta? —Señalo la carpeta color beige que estaba en sus manos.

—Sí, es una investigación… Escolar, si, es un poco complicado.

Hubo otro largo silencio, Lili solo pensaba en lo raro de la situación, pero extrañamente no le incomodaba en lo más mínimo, era raro, sí, pero ¿Emocionante? ¿Interesante? Se dio cuenta de pronto que deseaba saber a ciencia cierta los motivos que tenía para desear conocerle, motivos que le llevaron a espiar su casa durante días, a veces, en horarios dónde debería estar en clases, tenía muchas dudas, pero siendo el caso que ella deseaba conocerle, era claro que deseaba verla más veces, ¿Era así, no? Podría entonces preguntarle después.

De pronto observo el gran reloj que estaba en la edificio de enfrente, tres de la tarde, tenía que apurarse o las cosas no estarían listas para la cena. Se levantó rápidamente y se dirigió a la muchacha sentada aún en la banca, la cual se notaba confusa ante su reacción.

—Me tengo que ir, debo hacer unas compras, nos vemos después, tal vez.

Comenzó a caminar en dirección a la salida, pero su pierna derecha piso una piedra picuda, lo que causo que debiera hacer fuerza, automáticamente su pantorrilla dolió, ahora con más potencia debido al paso de las horas y la poca atención que se le proporciono, esto provoco que tuviera que sentarse de nuevo en la banca, alarmada, la chica se paró para verle.

— ¿Qué pasa? ¿Qué te duele? —Pregunto ella casi al borde del pánico. "Extraño" Pensó Lili.

—Me golpee ayer, no es nada.

— ¿Tiene que ver con los moretones en tu cara?

—Solo una pelea, sucede siempre—Y no mentía, siempre sucedía.

—No creo que debas ir tan lejos tu sola, puedes lastimarte más—Le dijo ella visiblemente preocupada— ¿Sabes? Puedo llamar un taxi, está muy lejos el supermercado, y la nieve… Puedes caerte.

—No tienes por qué hacer eso, ni siquiera me conoces.

—Es cierto, ahora no te conozco, pero quisiera, y no podría solo dejarte ir sabiendo que estas de esta forma, sería hasta hipócrita.

Y tenía razón, pensó Lili, ¿Por qué no solo dejar que alguien tuviera un gesto amable para con ella?

—Está bien.

Por consiguiente la muchacha saco su teléfono celular, uno muy extraño a decir verdad, tenía una gran pantalla y lo manejaba solo con sus dedos, el que ella tenía solo contaba botones y una pequeña pantalla que no emitía luz, como el de la chica, "La tecnología sí que avanza", ella llamó un taxi y le dijo que esperara, un tiempo después el taxi llegó, y a insistencia de la chica, esta le acompaño.

Durante el trayecto en el auto no hablaron mucho, solo un par de preguntas irrelevantes, finalmente llegaron al supermercado, de nuevo, la chica insistió en acompañarle, Lili no se sentía incomoda con la compañía de la otra, era agradable, conforme hacían las compras se daba cuenta de que tenía una personalidad bastante tranquila, era amable, eso se notaba, y tenía muchos temas de conversación, le gustaba la historia, eso quedó claro, era divertida, pues casi sin proponérselo ella le hacía reír, nunca en su vida había congeniado así con nadie, ni siquiera con los chicos con los que compartía los recesos en el colegio, ni tampoco tan rápido, si lo pensaba mucho hasta parecía ridículo, pero a esas alturas parecía más ridículo que alguien quisiera su amistad, así que realmente no deseaba cuestionar lo que estaba sucediendo.

Finalmente terminaron las compras y la muchacha pidió de nuevo un taxi ya que para ese entonces el dolor en su pierna era muy evidente, fueron directamente a casa, al bajarse frente a su "hogar" la chica puso un pequeño papel en su mano.

—Llámame, por favor Lili—Le susurro en su oído, casi como una súplica.

El taxi arranco, justo hacia la dirección en la que Lili comenzó su caminata esa mañana.