Hola aquí les traigo mi nuevo capitulo espero que les fuste dejen rewievs porfas para saber que les pareció
-¿Ginger donde estas? –el tiempo se detuvo para Arnold en cuanto oyó su voz ¡Dios era ella! esa voz que hace siete años no escuchaba, era tan suave y dulce como recordaba.
-¡Aquí estoy mamá!- ¡mamá! ¿acaso ella era su hija? no podría ser, su Helga ¿acaso se habría casado y hecho su vida con otro? No, eso no le podía estar pasando, después de tanto sin verla ahora que la encuentra esta casada.
Su ceño se frunció en cuanto la vio, una ira y unos celos enormes se apoderaron de él.
-¡No me asustes así! no salgas de la casa sin avisarme –
La miro, ella ni siquiera los había notado solo había corrido hacia donde estaba la niña y la abrazaba fuertemente, se sintió mareado, esa muestra de cariño confirmaba para él que ella era su madre y eso lo estaba matando.
-¡Lo sé es culpa de kokie! por salir corriendo –
Los ojos de preocupación de Helga, eran los mismo que los de él, solo que los de él eran porque temía haberla perdido.
-Pero ellos me ayudaron a atraparla –
Helga levantó la vista y al instante se quedó pálida, Arnold la observaba con el ceño fruncido y Laila con un rostro de asombro ante esto.
Tomo aire; sabia que en algún momento se encontraría con Arnold o alguno de sus viejos amigos de Hilwood, pero esto era muy pronto para ella, aún no se sentía preparada para esto, pero si las cosas eran de esta manera no le quedaba de otra.
-Muchas gracias por ayudar a mi hija – dijo con la sonrisa mas grande que pudo sacar, tenía que demostrarles que no le afectaba su presencia.
-Helga ¿eres tu?-preguntó Laila aun incrédula a lo que veía.
Por un momento ella sintió que volvía a ser la misma niña violenta y nada amable de 10 años y quiso contestarle "Claro que era ella o acaso conocía a otra Helga" pero se obligo a no hacerlo, después de todo ella debía darle un buen ejemplo a su hija.
-Sí Laila soy yo –respondió de manera cortes.
-¡Oh vaya que alegría verte de nuevo, después de tanto tiempo!- la pelirroja se le tiró encima casi tirando a Helga, a lo que Helga trato de responder al gesto, aunque luego tuvo una ganas de alejarla de ella, porque la pelirroja la estaba ahogando con el abrazo tan fuerte que estaba dando.
Pero alguien se había mantenido serio y distante a toda la escena, Arnold observaba aún con su ceño fruncido, tenia tanto coraje contenido, pero estaba haciendo lo posible por no reclamar nada; después de todo el hecho de que Helga se hubiese alejado e hiciera una vida lejos de él era culpa suya y tendría que resignarse.
-Que bueno que hayas regresado – dijo secamente Arnold.
Helga lo miro expectante, en realidad no sabia que esperar de él cuando lo viera pero ¿tenia que ser tan seco?
-Gracias Arnold, no desearían pasar a tomar un café – Arnold quedo impresionado, ella ni siquiera parecía importarle la forma en como la saludo.
-Gracias – dijo Laila y arrastrando a Arnold ambos entraron a la casa.
Arnold observo la casa, fueron tantas la veces en que la acompañó hasta ahí, aunque ahora la casa estaba llena de cajas por la mudanza, pero había algo diferente, las veces que él iba a esa casa no se percibía ese ambiente de armonía familiar como el que ahora se sentía.
La niña jugaba en la sala con su mascota, mientras Helga estaba en la cocina preparando algo de café y galletas para ellos y un vaso de chocolate para la niña, aunque le doliera debía admitir que Helga era una buena madre.
Helga se sentía algo incomoda con Arnold ahí, pero sabia disimularlo se repetía constantemente "no siento nada por el solo admiración" mientras se dedicaba a preparar el café.
-Les diría que se sienten en la sala, pero aún no bajan los muebles del camión –dijo Helga para romper el silencio tan incomodo que se había formado.
-No importa querida ¿verdad Arnold?
–...-
-¿Arnold?-
-¿Qué?- Arnold reacciono ante las palabras de Laila y Helga lo observo por un breve momento, le había llamado la atención su distracción, según ella recordaba Arnold siempre ponía atención a todo lo que Laila decía.
-Olvídalo- dijo Laila ya resignada, ya se había acostumbrado a que Arnold no le pusiera atención.
-¿Y tu esposo?- Preguntó Arnold con un tono de reproche haciendo que Helga se quedara con la boca abierta y Laila le metiera un codazo por la indiscreción.
Helga se había quedado helada, definitivamente no se esperaba que Arnold le preguntara algo así, parecía ¿molesto?
-No vendrá, porque no estoy casada –trató de sonar lo mas normal posible.
-Oh cuanto lo siento, querida – Laila miro con compasión a Helga y luego miró con forma de reclamo a Arnold por hacer esa pregunta, pero Arnold ni se inmutó.
Estaba impresionado, no sabia si de felicidad o de tristeza por que Helga era una madre soltera y la culpa lo invadió – yo lo siento no debí...-
-No importa, eso fue hace mucho – dijo con la sonrisa mas grande que pudo sacar, si algo odiaba Helga era que la gente le tuviera lástima.
-Pero fue muy grosero de mi parte y no debí-
-Ya te dije que no es nada ¿si? –
Arnold la miró buscando la verdad en sus ojos, pero cuando estos cruzaron los suyos dejaron de pensar, solo existían ellos, esa conexión única que siempre tuvieron, aún estaba allí, ni siquiera los años la habían logrado borrar.
-Dime Helga ¿Cómo es que regresaste?- preguntó Laila que se sentía ya fuera de la conversación y esa sensación de que Arnold estaba mas pendiente de Helga que de ella la incomodaba.
-Ah - Helga salió de ese trance con Arnold y desvió su mirada de la de él – hace uno pocos días tuve una oferta de trabajo aquí, que me pareció muy buena y creí que a Ginger y a mi nos vendría muy bien cambiar el ajetreado mundo de los Ángeles por uno mas tranquilo-
La plática continuó durante un rato mas principalmente entre Laila y Helga ya que Arnold por mas que quisiera no podía articular palabra alguna.
...
-Muy bien chicos el entrenamiento ha acabado, todos a las duchas –
-Gerald ¿Qué ves?-pregunto uno de los jugadores.
-No, no es nada – e inmediatamente la guardo.
Durante todo este tiempo Gerald se había ido estudiar y había conseguido hacerse un jugador profesional de básquetbol, sin embargo, a pesar de todo el dinero y la fama que pudiera tener no era del todo feliz, su vida era sin sentido para su punto de vista, estúpida sin Phoebe, es por eso que aun conservaba la foto de ella y no existía un solo día en que él no la contemplara al igual que la de la niña.
Helga también lo había mantenido al pendiente de Ginger y de Phoebe, Helga siempre supo que Gerald era un buen hombre y sabía que para su amiga no había otra felicidad que no fuera estar a su lado.
Gerald se sentó en las bancas de gimnasio y abrió la carta que le había enviado Helga, se encontraba infinitamente agradecido de que Helga le contara como iba su hija, pero por temor jamás había contestado.
Una lucha interna se llevaba acabo entre su cabeza y su corazón: uno le pedía a gritos que recuperara a su familia y la otra le decía que nunca mas tendría esa vida de soltero y sin responsabilidades si lo hacia; el moreno deseó que Arnold estuviera con él para aconsejarle, pero fue tal su cobardía que jamás tuvo el valor de contarle lo que sucedió, le había ocultado la verdad.
Se sentía tan sucio, tan miserable por haberse comportado de esa forma con Phoebe el día en se enteraron de que estaba embarazada.
Flash back
Gerald y Phoebe se encontraba en la escuela faltaban pocos meses para que todo acabara y se marchara cada quien a la universidad que escogieron.
-Hola chiquita – decía Gerald acercándose a Phoebe y plantándole un beso, se encontraba tan feliz ya que ellos había empezado a dormir juntos
Pero Gerald noto algo extraño Phoebe, se encontraba con un rostro de preocupación y unas ojeras que indicaban que la chica no había dormido bien en los últimos días y eso le preocupó en gran manera.
-¿Te sucede algo Phoebe?- Phoebe lo miró con tristeza y entonces Gerald supo que lo siguiente que escucharía no seria algo agradable.
-Gerald estoy embarazada –
-¡Que!- el moreno no podía concebir la idea."No, no, ahora no "se repetía "¿Como me pudo pasar esto a mí?"
-No puede ser, yo tengo una vida por delante y no la voy arruinar –gritaba en voz alta Gerald -como pudiste, todo es tu culpa –
-Y ¿tú crees que yo quería arruinar la mía? – gritó Phoebe histérica por lo que le decía Gerald. Y al mismo tiempo adolorida por el poco apoyo de su novio.
Se la pasaron buscando a un culpable gritándose mutuamente y buscando salir del problema, ambos ya se encontraban histéricos y sin una sola solución, hasta que se cansaron de estar discutiendo.
-¿Qué vamos ha hacer?- dijo Gerald mas tranquilo
-Voy a abortar, esa es la única solución –Gerald se paralizó, no pensó que Phoebe considerara eso como una solución.
-¿Qué?-
-¿Acaso ves otra solución? –le dijo Phoebe es voz fría –no podemos hacernos cargo de él ¿entiendes? –
-Pero Phoebe eso es...- quiso reclamar pero Phoebe no lo dejó – ¿acaso dejaras tus estudios por esto? – Gerald calló de inmediato, definitivamente si esa criatura nacía ambos tendrían que dejar sus estudios para mantenerla y no muy convenido de que si lo que hacía estaba bien aceptó.
-Pero tus padres se darán cuenta-
-No es así, en vacaciones iré con Helga y no notaran nada cuando regrese-
Gerald realmente estaba atónito, sí era cierto que no quería ser padre aún, pero el no permitirle nacer a la criatura, no le sonaba la mejor opción y lo que mas le asustaba era la actitud que estaba tomando Phoebe ante esto, tan fría, tan calculadora, como si lo que llevara en el vientre no fuera otra cosa que uno de sus libros, que cuando ya no sirven se desechan.
Fin del flash back
Golpeó la pared, la rabia que sentía cuando recordaba que él había apoyado esa decisión lo estaba matando, se cuestionaba miles de veces cómo pudo ser tan inhumano, cómo pudo ser tan egoísta y eso no era lo peor que había hecho en ese tiempo; sino que luego de que Phoebe le dijo que Helga se iba a encargar de la niña, se sintió tan aliviado que se desajeno de ellas, cada vez que lo recordaba se sentía el imbécil mas grande del mundo, por sus actitudes perdió a Phoebe y a su hija sentía que no merecía perdón por lo desgraciado que había sido, sin embargo en estos últimos años, algo dentro de él estaba cambiando; sí, sentía esa culpa aún, pero ahora no quería solo sentirla quería enmendarla y no estaba dispuesto a que las cosa se quedaran de esa manera
...
Arnold aporreó la puerta de su habitación; desde que había visto a Helga se sentía de un pésimo humor, se tiro en su cama, no era justo ¿Porqué le tenían que pasar esas cosas a él? Se tiro en su cama maldiciéndose así mismo y a su vida.
-¿Porque? –
-Arnold, ¿te sucede algo?-
-No, no pasa nada abuelo –
-¿Seguro hombre pequeño?-
- Si abuelo, estoy bien –
Si bien Arnold ya no era ningún hombre pequeño - pues ahora media uno ochenta y cinco- él sabía que para el abuelo siempre seria su hombre pequeño y eso era algo que en su vida jamás cambiaría, pero en este momento esto no era de importancia, lo único que quería era recuperar lo que por tonto había perdido tiempo atrás, pero si algo sabe Arnold es que no se puede regresar lo que ya hiciste y aceptar que había perdido a Helga no le agradaba en lo absoluto, se sentía totalmente destrozado por todo lo sucedido, sabia perfectamente que todo había sido su culpa pero definitivamente esto lo estaba matando, un ultimo suspiro salió de sus labios antes de quedarse dormido pensando en la rubia que ahora le había destrozado el corazón.
...
-Mamá mi cuento – decía la pequeña Ginger, hoy había sido un día muy ajetreado para ambas desempacando y bajando las cosas del camión, pero todo esfuerzo tenia recompensa la casa ahora estaba arreglada y se veía realmente bien.
-Ya voy Ginger – se acercó a la cama de la niña y la arropo, todas las noches era la misma rutina con la niña: a Helga le gustaba contarle historias, le gustaba hacerla sentir en un mundo de fantasía donde ella pudiera ser lo que quisiera y que jamás perdiera esa pizca de inocencia al crecer, le relató el cuento de una bella princesa y al poco Ginger se encontraba en un profundo sueño; la contempló como era su costumbre, le dio un beso en la frente y cerró la habitación mientras en el rostro de la niña se reflejaba una sonrisa angelical.
Helga estaba dispuesta a recostarse en su habitación, pero algo la detuvo: un pequeño recuerdo de su infancia, giró y allí estaba la puerta que daba al ático, sabia que en un lugar al fondo de allí se encontraban los grades tesoros de su infancia, un impuso en su cuerpo la hizo dirigirse hacia allá, subió lentamente las escaleras; su mente le decía que no tenia caso, que para que subía, pero su corazón le gritaba que quería recordar su infancia, que quería ver de nuevo aquellos tesoros que había ocultado en el ático.
Subió estaba tal y como recordaba. se dirigió rápidamente adonde sus pies la llevaban y justo en la esquina del ático estaba una caja bastante vieja, se hinco y la abrió cientos de libros de poesía con unos altares con forma de balón se encontraban allí, pero eso no era algo que le importaba a Helga sino la pequeña caja que se encontraba allí mismo la tomo con delicadeza y la abrió.
Tal como recordaba su relicario estaba dentro lo observo por unos instantes y unas lagrimas traicioneras rodaron por sus mejillas, las imágenes de esta tarde volvieron a su mente. El rostro decepcionado de Arnold y la mirada de odio que le lanzó al saber que tenía una niña y sin más fuerzas se permito llorar abiertamente. Su corazón se encontraba destrozado, aunque quisiera negar que no sentía algo aun por él y se hiciera a la idea, la verdad estaría siempre allí: lo seguía amando con la misma intensidad que cuando era una niña, grandes gemidos escapaban de sus labios ¿por qué tenia que encontrarse con él? aún no estaba lista para esto y la vida se lo ponía en frente justo al poco tiempo de llegar aquí.
Maldijo cuanto pudo por su cochina vida, pero no percató en ningún momento del pequeño cuerpecito parado en la puerta que observaba con tristeza la escena.
-Mamá- Helga se levantó rápidamente y se limpió sus lágrimas. La niña había oído el llanto de Helga e inmediatamente subió a ver que le sucedía.
-¿Qué sucede cariño?- Helga trato de sonar lo mas normal del mundo, no quería preocupar a la niña por nada.
La niña la miró con tristeza y a pasos lentos se acercó a ella
-Mami ya no llores, yo estoy contigo sí, siempre vamos a estar juntas–le dijo la niña esbozándole una pequeña sonrisa mientras con sus delicadas manitas limpiaba las lagrimas de su madre.
Si algo preocupaba a Ginger era ver a su madre en ese estado, su mamá siempre se había mostrado alegre, casi nunca se mostraba triste o preocupada frente a ella; pero una niña puede sentir cuando algo esta mal y ella se había percatado de la tristeza de su mamá desde que se habían encontrado con ese señor.
Helga sintió como toda esa fuerza volvía a su cuerpo y sin dudarlo envolvió a la niña en un tierno abrazo, era verdad tal vez ella había perdido a Arnold, pero ella tenia una razón mas para vivir y esa era Ginger.
-Gracias cariño eso era lo que necesitaba- le dijo con una gran sonrisa
...
Phoebe se encontraba en su dormitorio estudiando ya para sus últimos exámenes, en unos meses pronto seria una científica graduada en química –orgánica y eso le encantaba, durante todo este tiempo lo único que le había importado eran sus estudios, en apariencia pues como ya sabrán, ella tenia otras preocupaciones en su vida.
Su teléfono empezó a sonar y eso la desconcentró de sus problemas por unos instantes pero…
-Bueno-
- Phoebe ¿eres tú? –Phoebe se quedó sin aliento ¡ese era Gerald!
-Phoebe, se que me equivoque y lo siento. Quiero hablar contigo, por favor no me cuelgues –le dijo casi en ruego.
Phoebe no podía articular palabra; una mezcla de sentimientos se desató en su interior, todo lo que durante cuatro años había guardado en el interior de su ser, esa coraza de frialdad ante lo que sucedió se cayó de repente y se desató en llanto.
-Phoebe ¿estás ahí? contesta por favor –
-Gerald – dijo entre sollozos – yo también lo siento –
Gerald se desbordaba de alegría ante sus palabras ¿acaso tendría la oportunidad de recuperar lo perdido?
-Pero- ese pero lo congeló, algo le decía que las cosas no serian tan fáciles como parecían.
-Por favor no me molestes más – y sin mas corto; si era verdad sus sentimientos habían salido a flote por un momento, pero había sufrido mucho como para volver a cometer el mismo error.
Gerald se quedó en blanco, por un momento esa no había sido la Phoebe que conocía, esta era tan fría y distante, pero no estaba dispuesto a rendirse, él la recuperaría cueste lo que le cueste
...
La alarma sonaba a todo lo que daba; Helga aún cansada, le tiró la almohada para así no escucharla, pero así como rompió el despertador se levanto de golpe al recordar que hoy era el primer día de clases de Ginger, como alma que lleva el diablo empezó a preparar las cosas saltando por toda la casa, mientras se colocaba sus zapatos y demás amarró rápidamente su cabello en una colecta con una cinta rosada y se dirijo a despertar a Ginger.
-Pequeña dama despierta, ya es tarde –
La niña abrió débilmente los ojos, la noche de ayer no había sido suficiente para recuperarse del cansado viaje que habían hecho, pero no le quedaba de otra, hoy era su primer día de escuela, además del primer día de trabajo de Helga en el periódico de Hillwood
-Ya voy mami – le sonrió a la niña (en definitiva eso se lo saco a Phoebe la disposición y delicadeza para hacer las cosas) pensó Helga mientras continuaba su carrera contra el tiempo.
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Arnold se levantó con desgano, aún le costaba asimilar la idea de que Helga tuviera una niña, con mucha tristeza continuo con sus ya acostumbrada rutina diaria para ir al trabajo, recordando que su jefe le había pedido que atendiera a la nueva reportera que se agregaba hoy al equipo.
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Helga y Ginger ya iban camino a la nueva escuela de Gin, pero ella no podía dejar de sentir miedo ante la idea.
-Mami –
-¿Si pequeña dama?-
-¿Crees que les agrade? –
Helga volteo ver a la pequeña tratando de ver que le sucedía, recordando por breves instantes a una niña llena de lodo caminando hacia la escuela, en definitiva no quería que a su hija le sucediera lo mismo.
-Claro que si cariño-
-Pero ¿qué tal si no les gusto?- preguntó la niña. Helga paro el coche, volteó a ver a su pequeña y le sonrió, sabia que no podía hacer nada por ella respecto a sus temores, sólo darle seguridad y valor para enfrentarlos como toda madre lo haría.
-Cariño, sé que les vas a agradar y si no es así, pues entonces demuéstrales quien es Ginger Pataky- Helga levanto su puño y luego miró a su hija que se había quedado con los ojos cuadrados por lo que había dicho su madre.
Helga sonrió aun más, sabía que eso no era verdad, sólo le gustaba bromear de esa forma aunque tal vez también eran destellos de la antigua Helga G. Pataky y ambas comenzaron a reír, Gin miro a su mamá tal vez ella no era el tipo de madre mas convencional que existía, pero sabia perfectamente que podía contar con ella cuando la necesitara.
-Gracias mamá – dijo la niña ya más aliviada, bajándose de la camioneta para dirigirse a la puerta de la escuela cuando un ruido la hizo voltear.
-¡Buena suerte Gin!- grito su mamá mientras sonaba una trompeta de juguete que habían comprado el día de la independencia, Gin miro divertida por última vez a su madre y entró al edificio.
Helga sentía una felicidad inmensa en su pecho, sabía que a Gin le iría bien en la escuela, de eso ella no tenia ni la menor duda, pero entonces un recordatorio pasó por su cabeza.
- ¡El trabajo!- gritó, se le había olvidado por completo con todo lo sucedido, ahora tendría que conducir como alma que lleva el diablo, si quería llegar al tiempo.
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Arnold levantaba sus zapatos una y otra vez en señal de aburrimiento, se sentía molesto porque esa reportera aun no había llegado, ya llevaba media hora esperándola, en definitiva no le gustaba andar de niñera y menos aún cuando lo dejan esperando. Él era un reportero comprometido y puntual y esperaba que su futura competencia lo fuera igual, pero por lo que veía esa chica seguro no le iba a llegar ni a los talones pensaba altaneramente.
El ruido de la puerta interrumpió los pensamientos de Arnold, al parecer una chica había entrado corriendo para llegar a la oficina y ahora estaba tirada en el suelo, tomando aire para reponerse de la carrera.
-Señorita lo sentimos pero aquí solo se le permite la entrada a reporteros, no a chiquillas - la chica levantó la cara indignada por lo que había escuchado.
Arnold solo observaba a lo lejos, no distinguiendo el rostro de la muchacha ya que lo único que distinguía era que era joven y de bonito cuerpo.
-¿Perdón?- dijo con notable molestia- yo soy una reportera, es más yo soy Helga G Pataky ¿entendiste? – dijo Helga molesta. En realidad ya estaba acostumbrada a que siempre la confundieran, pero no podía evitar sentir que le hervía la sangre cuando la comparaban con una chiquilla.
¡Ttrassh! un golpe se oyó a lo lejos, Arnold se había caído de la impresión al darse cuenta que la chica que había entrado al edificio era nada mas y nada menos que Helga y pronto ato cabos, recordó que Helga le había dicho que había conseguido un trabajo en Hillwood ¡Ella era la reportera que le dijo su jefe! – no puede ser – dijo con los ojos totalmente abiertos ¡Esto no podía suceder! además de que se mudaba de vuelta a Hillwood tendrían que trabajar juntos.
Helga viro a ver de donde venia ese ruido y al igual que Arnold se calló del susto – no puede ser-
El joven que había visto todo se apresuró a presentar a los reporteros – perdón señorita Pataky, mire él es Arnold- dijo señalando al chico que estaba en el suelo- él será su guía durante el día de hoy y le enseñará todo sobre este periódico – dijo sonriendo a la chica, que a pesar de que le había gritado le había llamado la atención-por cierto mi nombre es Mike- extendiéndole la mano a la muchacha.
Helga que aun estaba petrificada ante la idea de lo que había oído reaccionó al ver la mano del chico, levantándose pronto del piso y sonriéndole con cortesía, causando un cierto sonrojo en el muchacho y el enojo de Arnold.
Arnold se levantó mientras se sobaba la cabeza en definitiva hoy iba a ser un largo día.
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Ginger se encontraba sentada en la esquina del salón, hasta ahora no había logrado hacer amistad con nadie, haciendo que la niña se sintiera triste por ello, pero pronto vio como cierto niño de ojos miel se acercaba a ella dándole una linda sonrisa.
-Hola me llamo Daniel ¿y tú?- preguntó el ojimiel.
Gin lo miró por unos segundos, sintiendo una gran alegría de que alguien hablara con ella.
–Ginger Abigail Pataky- respondió tímidamente la niña.
-¿Quieres jugar con nosotros?- dijo el niño con una notable sonrisa, mientras señalaba a los niños que se encontraban atrás de ella
- ¡Si me gustaría! – dijo Gin aun titubeante, pero toda esa timidez desapareció en cuanto el niño la tomo de la mano y la llevó con él adonde estaban todos los niños.
-Miren chicos, ella es Ginger – Gin observo a los niños que estaban en frente de ella, en lo particular le parecieron buenas personas.
-Hola –
-Hola – dijeron todos volviendo a sus actividades, ella se decepcionó un poco de que no le hicieran caso – No te preocupes, cuando te conozcan bien no te dejarán sola – dijo de nuevo el niño de los ojos miel. Ella lo observó por un momento y sintió como sus mejillas le ardían al darse cuenta de que aún estaban tomados de la mano –Gracias – el niño la miró de nuevo y también se sonrojo cuando se percato de ello, pero no la soltó- ¿No quieres comer con nosotros? – los ojos de Gin se iluminaron al instante y con una gran sonrisa asintió.
...
Arnold y Helga se encontraban en camino a una conferencia de prensa, que la gran diseñadora de modas Ronda Loid había organizado, para anunciar su próxima pasarela, el viaje hacia el lugar había sido bastante incomodo, ya que ninguno hablaba, por fin rindiéndose a la desesperación del silenció Helga decidió hablar, no era que disfrutara hacer esto pero el silencio la estaba exasperando.
-No sabía que eras reportero-
-Ni yo lo sabia de ti – dijo un poco cortante Arnold, aún estaba dolido por la idea de que ella había estado con alguien más.
- Era por que no estaba aquí, lo estudié en Los Ángeles, aunque tal vez me hubiese gustado estudiar algo mas – Arnold la miró de reojo, como tratando de descubrir la verdad a través de sus ojos.
-¿Algo como qué?-
-Ciencia en literatura – respondió ella en un tono un poco soñador – Me hubiese gustado graduarme como escritora y no es que no me guste mi trabajo, es sólo que creo que me gusta más la idea de ser escritora –
-Siempre fuiste muy buena en ese campo, según yo recuerdo –
-Tal vez si no contamos con el hecho de que un noventa por ciento eran poemas que escribía para ti –dijo con una sonrisa, recordando los miles de versos e historias que solía inventar con Arnold como protagonista o musa de inspiración.
Arnold sintió como sus mejillas le ardían con el comentario de Helga, pero pronto se puso a la defensiva pensado que ella solo lo hacía para humillarlo - Eso solo lo hace alguien obsesionada ¿no crees? – dijo esas palabras que iban con toda la intención de molestarla.
Ella lo miro, frunció su rostro y tuvo unas ganas terribles de molerlo a golpes en ese momento, pero le siguió el juego- Sí, a veces uno se obsesiona por cosas que no valen ni un poco de su atención ¿no crees Arnold? – dijo sonriéndole desafiante, ella también podía jugar de esa manera.
Arnold sintió como su coraje aumentaba a niveles críticos, en definitiva él no era así pero el estar con Helga realmente lo volvía loco; detuvo el coche de golpe con lo que Helga lo volteo a ver con sorpresa y enojo, olvidando por completo el control sobre sus emociones y se dispuso a reclamarle como lo haría la Helga de diez años.
-¡Que! ¿Estás loco cabeza de balón? ¿Acaso quieres matarnos? – levantaba sus manos mientras le gritaba.
Arnold sonrió un poco, ante la imagen que tenía una niña explosiva de diez años con la que era imposible hablar.
-Al parecer no has cambiado del todo Helga, aún sigues siendo una chiquilla inmadura – le dijo Arnold desafiándola, a lo que Helga ya fuera de todos sus cabales, no se quedo sin responder.
-¿Chiquilla?- dijo toda roja del coraje – mira pedazo de idiota, si lo que quieres es que te de una golpiza, te la daré con todo gusto; pero no te atrevas a llamarme inmadura porqué yo no soy la que contesta groseramente a quien te habla, solo por hacerle platica- dijo Helga, mientras sentía como la sangre se le volvía agua.
-Es que eso lo aprendí de ti ¿no crees? – en definitiva el lograr que Helga se enojara le divertía y le hacia olvidar su propia molestia.
-¡Eeeeesssttttuuppiiiddo!- dijo mientras levantaba su puño pero entonces callo en cuenta de lo infantil que se estaba comportando y lo peor era que le había seguido el juego a Arnold al permitirle verla actuar de esa manera, bajó su rostro por un momento reflexionando en cual seria su siguiente movimiento.
Arnold la observó curioso de cómo iba actuar en definitiva, él casi nunca confrontaba a Helga seguido ni mucho menos le buscaba pelea, pero sentía que era la única manera en que la sintiera cerca de él, como si toda su atención sólo fuera para él.
Ella levantó su rostro reflejando su mejor sonrisa- Tienes razón me he comportado como una chiquilla- Arnold se quedo con la boca abierta, en definitiva no se esperaba esa reacción de Helga, esperaba berrinches y pataletas tal vez, pero ¿acaso eso era una disculpa? , ni si quiera cuando eran pareja conseguía que Helga se disculpara tan fácilmente y menos si no tenia porque.
-Pero si me disculpa, le demostraré lo madura que puedo llegar a ser, señor – esas palabras le causaron escalofríos, en definitiva sentir a Helga tan cordial y distante le daba una mala espina y algo le decía que esto le traería una gran cantidad de problemas.
continuara...
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Bueno hasta aquí les dejo por que la verdad ya tengo sueño. Gracias por esperar es que con la escuela me da trabajo tener tiempo para escribir, bueno espero que les haya gustado y espero verles pronto. Porfas dejen reviews ¡Gracias por su apoyo!
