Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling!
N/A: perdón por la demora, y muchas gracias a todos los que leen el fic y se toman el tiempo de enviar reviews!!
2- Gap
"Qué quieres decir?" Preguntó Harry apenas conteniendo su ira.
"Tu sabes!" Contestó su amigo pelirrojo gritando. "No sé qué demonios te sucede!"
"Pues ilumíname Ron." Su ira se disipó y contestó con una frialdad que asustó a su amigo y a Hermione.
"Estás...estás..." titubeaba, con sus orejas coloradas. Conocía perfectamente a Harry. Podía controlar a su amigo durante un estallido, pero cuando lo invadía esa frialdad...
"Irracional!" Se animó a completar. "Desde que todo terminó, no has hecho más que encerrarte y escapar, has destruido a Ginny, has maltratado y esquivado a todos los que se pusieron delante de tí!" Continuó, envalentonado al poder descargar toda su furia. "Has descargado tu enojo con Hermione y conmigo varias veces! Deja a Hermione en paz cuando menos!" A esta altura, Ron gritaba con todo el poder de sus pulmones, y su cara toda era una gran mancha colorada.
Estaban discutiendo parados en un rincón de la cocina. El aire de la madriguera podía cortarse con un cuchillo, y Molly, Arthur, Bill y Fleur permanecían sentados en la mesa sin animarse a intervenir y echar paños fríos a la discusión; Ginny se había retirado a su cuarto ofuscada unos cuantos minutos antes. Habían decidido invitar a Harry a un almuerzo para intentar reconciliar al trío, pero las cosas no estaban saliendo como las habían planeado.
"Ron, cálmate quieres? Harry no me ha hecho nada!" Dijo Hermione con sus ojos vidriosos y un hilo de voz apenas audible, aterrada por la cara de Harry. Ella sabía que el límite de paciencia de su amigo estaba siendo puesto a prueba.
"Y por qué estás tan enfadado?" Insistió Ron, ignorando a su novia. "Por qué sigues usándonos a Hermione y a mí como tus chivos expiatorios? Y por qué demonios has hecho sufrir tanto a Ginny? Crees tener derecho porque eres el maldito héroe del Mundo Mágico?"
"Ya te he dicho que no entiendes..." Intentó decir Harry entre dientes y con su furia abriéndose paso por su garganta, pero fue interrumpido por los gritos de su amigo.
"Por supuesto! De nuevo soy el estúpido amigo de Harry Potter!"
Harry cerró los ojos, tratando de olvidar esa última frase.
"Ron! Basta!" Hermione suplicó con la voz quebrada, sabía que algo estaba a punto de romperse...o estallar.
"Acaso sigues furioso por el reportaje del Profeta?" Ron elevaba su voz cada vez más.
"No debiste mencionar la inmortalidad de Voldemort ni los objetos que destruimos..." Susurró Harry lleno de ira, pero fue nuevamente interrumpido.
"Y YO YA TE HE DICHO QUE NO DIJE NADA SOBRE LOS HORCRUXES! NADA! QUIERES QUE TE LO DELETREE?"
"ACASO CREES QUE LOS DEL PROFETA SON IDIOTAS? SABES CUANTAS VECES VINIERON A HACERME PREGUNTAS SOBRE ELLO? ME HAN PERSEGUIDO, INVESTIGADO Y ESPIADO DESDE TU ENTREVISTA HACE CASI TRES SEMANAS!" Estalló Harry, e intentó calmarse tomando aire. No quería perder definitivamente los estribos en la Madriguera.
"PUES LO SIENTO, PERO NO FUE MI INTENCION!" Las orejas de Ron iban a explotar. "NO TENGO TANTA EXPERIENCIA COMO TU EN ESO DE LOS REPORTAJES!"
"NO DEBISTE DECIRLES NADA! NADIE DEBE SABER SOBRE LOS HORCRUXES NI LAS RELIQUIAS!" Gritó Harry.
"NO LES HE DICHO NADA! NA-DA! NADA!"
"Ron, no grites más por favor! Han ocurrido muchas cosas..." Dijo Hermione lagrimeando con un nudo en su garganta.
"NO ME HAGAS CALLAR! POR QUÉ SIEMPRE LO DEFIENDES?" Vociferó Ron cada vez más furioso, señalando a Harry. "TE SIENTES INCOMPRENDIDO, DESDICHADO QUIZA?" El pelirrojo comenzaba a tocar fibras íntimas en Harry. "PUES PARA QUE SEPAS TODOS PERDIMOS FAMILIARES Y AMIGOS!"
En ese punto, tanto Molly como Bill y Arthur se sobresaltaron por dos motivos: por la agresividad de la discusión y por el silencio asesino de Harry. Hermione se tapó la boca en un gesto de incredulidad y de pánico, creía estar en el ojo del huracán.
Ron se dio vuelta furioso, y miró por la ventana hacia afuera. Luego de unos instantes negando con su cabeza, continuó. "El universo no gira alrededor de tí, Harry, no más. V-V-Voldemort está muerto, si quieres seguir comportándote como una víctima, hazlo. Y si quieres seguir envenenándote, pues que bien! Pero déjanos a Hermione y a mí en paz, y a mi familia! Y aléjate de Ginny!"
"Siempre serás un infeliz, Ronald." Murmuró secamente Harry, dirigiéndose hacia la puerta. Mientras Hermione se tapaba la boca con ambas manos y observaba a suy amigo marcharse con sus ojos desorbitados, un último grito de Ron hizo trizas el alma de Harry.
"PIÉRDETE!"
El grito detuvo la marcha de Harry un segundo, cerró los ojos y al abrir la puerta Molly corrió hacia él.
"Harry por favor, no te vayas así!" Harry notó la mano de la angustiada madre de Ron en su hombro. Antes de que pudiera decir algo más, Harry la detuvo.
"Lo siento, señora Weasley."
Retomó su marcha, y al cerrar la puerta escuchó a Ron gritando de nuevo: "PIÉRDETE!"
Herido de muerte, con un dolor que se le hacía imposible soportar, Harry caminó a paso firme hasta los límites de las barreras protectoras de la Madriguera. Antes de desaparecerse, esperó unos segundos sin mirar atrás. Esperaba algo que jamás ocurriría, y meneando con la cabeza se desapareció, arrepentido por primera vez en su vida de haber venido a la Madriguera, su segundo lugar preferido en el mundo.
"Demonios, no otra vez!" Murmuró Harry en cuanto abrió los ojos y vio que se había aparecido en el lugar incorrecto. Ya conocía Gap y debería saberse aparecer en las afueras del pueblo, pero sin embargo seguía fallando en el destino; de las cuatro veces que había ido en los últimos dos meses, en ninguna se apareció cerca, y esta era la quinta. Quería aparecerse en las afueras y entrar caminando como un muggle y así no llamar la atención de nadie, pero no lo lograba; aún recordaba la vez anterior, cuando después de cuatro intentos tuvo que pedir indicaciones a un hombre mayor que circulaba en bicicleta por una angosta ruta pavimentada de la campiña francesa para poder llegar a Gap.
"Maldito Twycross y sus malditas tres D." Cerró los ojos y se concentró en la ladera de la pequeña colina que bordeaba el bello pueblo. Luego de unos instantes de oscuridad y no poder respirar, volvió a abrirlos para descubrir que se hallaba en la ladera de una colina mucho mas alta, en el lado opuesto del pequeño valle en donde se hallaba Gap. Temeroso de escindirse ante tantos intentos fallidos, decidió cubrir caminando desde allí los pocos kilómetros que lo separaban de la ciudad.
"Por qué no puedo aparecerme? Ya lo había hecho antes, no me pude haber olvidado."
Igual que las veces anteriores en las que había fallado, Harry comenzó a romperse los sesos buscando una explicación. Le daba vueltas al asunto una y otra vez, no queriendo reconocer que la mayor parte de las veces habían sido con Hermione; sin embargo recordaba la vez que llevó a Dumbledore a Hogsmeade desde las cuevas, o la vez que escapó de la Mansión Malfoy con Dobby.
"Fueron casos de extrema necesidad," pensaba mientras seguía bajando la colina esquivando rocas y pequeños arbustos. "Quizá no me estoy concentrando lo suficiente, quizá..." Harry se detuvo preocupado por una fuerte corazonada. Al instante metió mano dentro de su mochila, sacó su varita y miró alrededor asegurándose de que no había nadie.
Apuntó al aire como hacía más de dos meses no lo hacía y cerró los ojos buscando un recuerdo alegre.
"Expecto Patronum!" La varita permaneció impasible. Nuevamente cerró los ojos y se concentró en otro recuerdo feliz, y gritó con fuerza.
"EXPECTO PATRONUM!" La varita seguía sin inmutarse, aunque Harry se iba dando cuenta de lo que estaba sucediendo.
Por tercera vez, cerró los ojos e intentó recordar a sus amigos, gritando con todas sus fuerzas. "EXPECTO PATRONUM!" Pese al gran esfuerzo, sólo consiguió una pobre nube de vapor plateado que desapareció unos pocos segundos después.
Ofuscado y con sus ojos amenazando lagrimear, se sentó sobre una piedra plana observando con preocupación la varita que tenía en la mano. "No puede estar rota, la Varita de Saúco la reparó, yo mismo la usé después." No, Harry sabía que no era eso. Cuando intentó recordar las sensaciones de felicidad y alivio al terminar de derrotar a Voldemort y la algarabía de gente a su alrededor felicitándolo, las cruentas imágenes de decenas de cuerpos sin vida tendidos en el mismo Gran Salón se impusieron y lo llenaron de ira y tristeza.
No le fue bien cuando quizo enfocarse en sus amigos: sólo logró recordar las agrias peleas con Ron y Ginny, y a una Hermione sentada en el suelo llorando desconsoladamente mientras él le gritaba con toda su furia.
"Necesito recuerdos felices para invocar a un Patronus, no estoy perdiendo la magia..." Apuntó a una roca cercana. "Accio roca!" La roca en cuestión tembló y se sacudió, pero no se movió de su lugar.
Algo no iba bien dentro suyo, con su magia. Se levantó y reemprendió su marcha, notando con cierta curiosidad lo poco que le importaba.
Había desayunado y entregado la llave de su habitación muy temprano esa mañana, previendo contratiempos en sus apariciones, pero nunca había calculado llegar a su destino cinco minutos luego del mediodía. Cansado, sudado y con su cabello más alborotado que nunca finalmente Harry se metió por una callejuela serpenteante y angosta que se alejaba de las cercanías del centro comercial, y luego de unos diez minutos caminando llegó a una pequeña plazoleta rodeada de construcciones medievales y cubierta por espesos árboles, mesas y sillas.
A diferencia de Londres, Gap no tenía un símil al callejón Diagon, ni siquiera era una comunidad mágica separada del resto del pueblo; tampoco tenía una entrada como la del Caldero Chorreante. Alrededor de la plazoleta varios magos y brujas tenían sus tiendas, y convivían (aunque furtivamente) codo a codo con los "muggles" que también tenían sus establecimientos allí. Era un lugar agradable y bonito en el que nadie jamás pensaría encontrar magos, ya que se vestían y actuaban como personas comunes y corrientes. Varias callejuelas desembocaban en los alrededores de dicha plazoleta, por lo que siempre había turistas y curiosos que deambulaban observando las tiendas o comiendo y bebiendo sentados en las mesas. A Harry le gustaba mucho ese lugar, y siempre que venía a enviar alguna lechuza se sentaba a comer en las mesas y observaba a la gente que paseaba, buscando distinguir a potenciales "magos". Pero lo que más le gustaba del lugar era que pasaba completamente desapercibido, sin que nadie siquiera lo mirara.
Harry se dirigió a la única tienda relacionada con la magia en la que había entrado desde que llegó a Francia. El dueño de la misma, el señor Laffitte, vendía toda clase de chucherías y recuerdos de Gap para los turistas, pero en el fondo de la misma manejaba un pequeño servicio de lechuzas. La comunidad mágica allí era pequeña, por lo que sólo tenía dos lechuzas disponibles para entregas internacionales. Una de ellas era blanca como la nieve y de ojos amarillos.
"Bonjour Monsieur Martans! Vous êtes bien?"
"Tres bien, merci beacoup." Contestó Harry con una de las pocas frases que había aprendido. Siempre tardaba en responder, debido a que aún no había podido acostumbrarse a que lo llamaran por su "nueva" identidad: Jean Martans, un nombre que vió en un periódico justo antes de adquirir su casa en Toulon.
"Ah, seguramente querrá utilizar el correo, verdad?" Preguntó el señor Laffitte, con una sonrisa en su cara y guiñando un ojo, a lo cual Harry asintió. "Vamos, por aqui." Conocedor de la rutina, Harry siguió al hombre al fondo del negocio. El señor Laffitte era mayor, como de unos 70 años, y tenía el cabello alborotado y canoso; de alguna forma le recordaba a Ollivander, aunque su inglés era dificil de comprender. En el trayecto no pudo dejar de observar un periódico correctamente doblado sobre una mesa, y pese a la oscuridad pudo ver que se trataba del "La Provence Matin" y que su portada estaba cubierta casi íntegramente por la fotografía de unas personas...que se movían. Negando sutilmente con su cabeza, Harry llegó al fondo de la tienda, un lugar abierto con el perímetro cubierto por arbustos y unas jaulas extensas que se hallaban a su derecha.
"Aquí está Chantelle, su lechuza preferida monsieur." La lechuza se hallaba parada sobre una barra redonda de madera, y su plumaje blanco brillaba bajo la luz del sol. Se hallaba separada del resto de las lechuzas más pequeñas, seguramente utilizadas para las entregas locales. A Harry le divertía pensar que no quería mezclarse con las otras, y se acercó a saludarla.
"Hola Chantelle, te gustaría un largo paseo a Inglaterra?" Le murmuró mientras la acariciaba suavemente con sus dedos y una amarga sonrisa. Definitivamente, los recuerdos jamás lo abandonarían.
Después de un rato largo, el señor Laffitte volvió con unas hojas en blanco y un bolígrafo y se las extendió a Harry, quien seguía absorto mirando y acariciando la lechuza de grandes y bellos ojos amarillos.
"Es hermosa, verdad?" Preguntó el anciano. "Algún día me contará el por qué de esa tristeza en su cara?"
Harry sonrió. Las mismas preguntas con las mismas palabras cada vez que venía a mandar correspondencia.
"Tenía una lechuza muy parecida. Se llamaba Hedwig." Respondió lacónicamente.
El viejo asintió, comprendiendo. "Debo suponer que se ha muerto, verdad?"
Harry sólo atinó a asentir con su cabeza.
"De acuerdo, monsieur, tómese su tiempo para escribir."
Cuando el señor Laffitte se marchaba, Harry le preguntó, "Disculpe, está Claudette disponible? Necesito mandar dos cartas esta vez."
"Oui monsieur, en ese caso serán 700 francos, pero se lo dejo en 600; usted me cae bien, Monsieur Martans." Dicho esto dio media vuelta y se dirigió al frente de su tienda. A Harry siempre le pareció caro el servicio (unas 25 libras por lechuza) pero como siempre tuvo una propia nunca supo (o no recordaba) cuánto costaba el correo en Inglaterra.
Buscó con sus ojos la mesa destartalada de madera que servía como apoyo para escribir sus cartas. La que estaba dirigida a los Weasley fue rápida, aún con el agregado dirigido a su amigo Ron, pero escribir la de Hermione esta vez le estaba costando. Finalmente se decidió y la terminó, y luego de pagar observó fijamente a las dos lechuzas volando hacia el norte, esperando que la carta que llevaba la lechuza blanca fuera leída y no arrojada al cesto de basura.
