Disclaimer applied.

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Naruto miró a Sasuke, incrédulo. No sabía si por ver a Sasuke sorprendido (en serio, un Uchiha jamás cambia de expresión, a no ser que sea una de molestia) o por ver a aquel ente de cabellera rosada que estaba entre los brazos de su mejor amigo. Sasuke le devolvió la mirada a Naruto y ambos tuvieron el mismo y único pensamiento.

«Estoy loco».

Porque una chica —¡de cabello rosa, mierda!— no pudo haber caído del cielo. Y, peor aún, que cierta chica misteriosa conociera su nombre.

Ella lo observaba con sus grandes ojos claros como si hubiese sido él quien cayó de la nada en sus brazos. Naruto seguía en la misma posición, con la misma cara de idiota que había tenido desde lo ocurrido. La chica también lucía sorprendida y no parecía tener intenciones de quitársele de encima, así que decidió actuar él mismo.

Intentó recobrar la compostura, pero aún le parecía irreal la situación en la que se encontraban. Tal vez alguien le había agregado algo a su trago. Carraspeó. Tanto Naruto como la chica parecieron despabilar.

—¿Y tú eres?

Sakura sonrió. Su voz era grave y atrayente, y sus mejillas se pintaron de un leve carmesí. Aún se encontraba sorprendida por estar ahí, en la Tierra, en los brazos de Sasuke. Pero igualmente estaba confundida. ¿Qué pasaría ahora con ella? Era un ángel, y en ese lugar de humanos estaba sola. Nunca había escuchado sobre un ángel que cayera accidentalmente del cielo. Desconocía que era lo que le pasaría o lo que tenía que hacer.

Sintió su cuerpo caer de nuevo, pero la sensación de vértigo duro mucho menos que la ocasión anterior. Alzó el mentón y observó a Sasuke que la miraba desde arriba, esperando su respuesta. Él la había dejado caer al suelo.

Trató de incorporarse, pero apenas se apoyó sobre sus brazos un espasmo de dolor le recorrieron estos. Sakura gimió, Sasuke gruñó.

—Hey —Naruto se acercó con precaución—. ¿Están bien?

Sasuke lo fulminó con la mirada y se apretó el brazo izquierdo en busca de apaciguar un poco el dolor. No es como si hubiese sido su intención, pero al parecer impedir la caída de esa chica le había lastimado ambos brazos. Fuera de donde fuera, la caída debió haber sido alta.

—Lo siento —susurró ella. Ambos chicos apenas fueron capaces de escucharla. Miraba sus rodillas y se presionaba con fuerza el brazo derecho—. Te lastimé.

—¿También te duele? —se aventuró a preguntar Naruto.

Ella alzó la vista hacia él y Naruto pudo jurar jamás haber visto unos ojos tan expresivos como aquellos. Sakura negó, pero sus acciones la contradecían. Parecía dolerle.

Aún así lo intentó de nuevo, teniendo éxito en levantarse. Dejó caer ambos brazos al lado de su cuerpo una vez que estuvo de pie y a pesar de que seguían doliéndole, sacudió su vestido blanco para tratar de mostrar que se encontraba bien. Liberó sus alas para dejarlas sin rastro alguno de suciedad también.

Una exclamación de sorpresa salió de los labios de Sasuke, y Naruto soltó un agudo grito. Sakura, confundida por su turbación, intentó acercarse a ellos. Pero a cada paso que ella daba, ellos retrocedían uno más.

—¿Qu−Qué eres tú?

Sakura miró al rubio confundida, y entonces cayó en cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba mostrando su verdadera naturaleza abiertamente frente a dos seres humanos. Oh Dios, estaba en graves problemas. Rápidamente escondió sus alas y pensó en como excusarse, pero nada le venía a la cabeza. Cerró los ojos con fuerza y pudo sentir con claridad el aura de tranquilizadora paz que desprendía el rubio al lado de Sasuke.

Aún así, ambos lucían asustados.

—Sasuke−kun —sopesó lo que estaba a punto de decir. ¿Sería creíble?

—¿Quién eres? —el aludido intentó no aumentar más el volumen de su voz, pero aquello empezaba a rayar en lo absurdo.

Ella suspiró. No iba a creerle—. Me llamo Sakura, soy tu ángel de la guarda.

Sasuke y Naruto se miraron por una fracción de segundo, confirmando que, efectivamente, estaban locos. El Uchiha miró a su alrededor, descubriendo que se encontraban ellos tres en medio de un parque, en pleno atardecer. Sin un solo testigo, además de Naruto, que pudiera corroborar lo que acababa de suceder. Demasiado perfecto. Frunció el ceño.

—Esto es cosa de Itachi —gruñó. Naruto lo miró extrañado.

—¿De qué estás hablando, Teme?

—De esto —señaló a la chica, ignorando la punzada de dolor que atacó su brazo—. Es obra de Itachi, seguramente. Ya sabes cómo le gusta joderme.

—Oye, oye —el rubio se rascó la cabeza—, no creo que esto lo haya hecho Itachi. No tiene sentido.

—¿Sí lo tiene que ella haya caído del cielo y sea mi ángel de la guarda?

—Lógico no es, pero tampoco lo es el que tu hermano esté jugándote una broma así de pesada.

Sakura se limitó a ser una simple espectadora del intercambio de palabras entre esos dos. Solo dos cosas pasaban por su cabeza. ¿Quién era ese tal Itachi? Y, ¿por qué ellos no le creían? Ella en serio era un ángel de la guarda. ¿Era tan difícil para ellos creerlo?

Se llevó una mano a la frente, agobiada por sentimientos encontrados y la preocupación de encontrarse repentinamente en un mundo que no era el suyo. Estaba lejos de Ino, y Sasuke no le creía. Sintió picazón en sus ojos y las piernas le temblaban, eso sin mencionar que sus brazos no dejaban de doler (a Sasuke también debían dolerle…). Todo rastro de paz desapareció de ella.

Miró a ambos hombres frente a ella, discutiendo. Escuchó a Sasuke maldecir y a su acompañante responder de una forma poco decorosa. Sintió algo que jamás había sentido. El ardor en sus ojos aumentó y el dolor pareció incrementarse. Tenía miedo.

Repentinamente, el cielo que se encontraba anteriormente despejado, empezó a cubrirse de nubes grises. Lo que logró reconocer como desesperación, de la cual Ino le había hablado alguna vez, se instaló en su cuerpo y se negó a retirarse. Sintió los latidos de su corazón aumentando de velocidad, lastimando su pecho. La discusión entre ellos había crecido y peleaban verbalmente de manera brutal. Sakura cubrió sus oídos tratando de evitar que aquellas fuertes palabras se internaran en su mente. Cerró los ojos con fuerza ante el significado cargado de ira de aquellas maldiciones. Perdió toda fuerza en sus piernas y cayó intempestivamente al suelo.

—¡Basta! —gritó, siendo respaldada por un rayo que resonó como eco.

Naruto y Sasuke se detuvieron al notar el estado en el que se encontraba Sakura. Temblaba de rodillas sobre el suelo, temblando. Pequeñas lágrimas escapaban de sus ojos. Se miraron entre sí antes de que una fina capa de lluvia cayera con gentileza sobre ellos.

Naruto se acercó no sin cierto miedo, agachándose a su lado. Extendió su mano y ella se encogió, temerosa de que la dañara. En cambio, el sonrió y acarició su cabellera con suavidad. Sakura lo miró sorprendida, y paulatinamente sus lágrimas disminuyeron hasta casi desaparecer. Pudo sentir de nueva cuenta la paz que él transmitía y supo que él, humano, era también una creación de Dios.

Sasuke, manteniéndose alejado pero al pendiente de la situación, analizaba lo ocurrido. La lluvia parecía haber seguido el curso del llanto de la chica… fue casi como si el clima expresara su estado emocional. Desde lo intempestivo del rayo hasta la nostalgia de la lluvia. Increíble.

¿Tendría acaso que empezar a creer en lo que ella decía? ¿Sakura era en realidad su ángel guardián?

Se acercó sin ser notado hasta que estuvo al lado de su mejor amigo y esa misteriosa mujer. Ambos lo miraron. Se agachó hasta que los tres quedaron a la misma altura. Extendió una mano hasta tocar su rostro. Quería asegurarse de que ella fuera real, no una invención de su imaginación. Pero él podía sentirla; húmeda y cálida bajo su palma.

—Sakura —pronunció, aún escéptico. Pero ella le sonrió, aliviada de que al fin dejara de señalarla como un objeto. Tal vez no le creía, pero si era necesario ella le haría ver que era en realidad su ángel de la guarda. Después de todo, estaba perdida en la Tierra, sin nadie más a quién acudir.

—Creo que hay algunas cuestiones importantes que tratar —el rubio lo miró con dureza, para después mirarla a ella.

Sasuke asintió—. Pero no aquí —se puso de pie, seguido de Naruto—. Vamos a mi casa.

Ella se puso de pie y sonrió. Tenía la sensación de que, pasara lo que pasara, con ellos dos estaría a salvo en la Tierra. El agua chorreó de su cabello y ropas, y aunque lo dudó un par de segundos, extendió nuevamente sus alas, sacudiéndolas de cualquier exceso de agua. Naruto y Sasuke, aún sin acostumbrarse a ello, se miraron entre sí sorprendidos.

—No hay mucha gente en la calle —Naruto observó el cielo aún encapotado—, pero sería problemático si alguien la viera… o a sus alas.

Sasuke la miró; pequeña, mojada y con dos grandes alas repletas de plumas sobresaliendo de su espalda. Definitivamente llamaba la atención.

—No hay problema —sonrió. Hizo un extraño movimiento con los hombros y las alas empezaron a encogerse hasta desaparecer—. Puedo esconderlas, ¿ven?

El rubio abrió los ojos estupefacto y dio una vuelta alrededor de Sakura, asegurándose de sus alas no fueran visibles ya. Sasuke también estaba sorprendido. De esa manera ella lucía como una persona normal.

Decidieron entonces ponerse en marcha, escondiendo la verdadera identidad del ángel. Sakura se dejó guiar por Sasuke y Naruto hacia el hogar del moreno. Llegaron unos minutos después a un amplio departamento, donde tomaron asiento en la sala. Repentinamente, se encontró siendo estudiada por ambos hombres.

Naruto carraspeó, no sabiendo exactamente como empezar—. Así que un ángel…

Sakura asintió.

—Que elocuente, Dobe.

El aludido lo fulminó con la mirada—. Tal vez tú puedas hacerlo mejor, Teme —retó.

El Uchiha lo ignoró y dirigió su atención al ángel. La perforó con la mirada y ella empezó a sentirse intimidada.

—¿Cómo es que llegaste hasta mí?

Sakura bajó la vista hacia sus manos entrelazadas y jugó con sus dedos, pensando que es lo que debía contestar. Podría mentir, pero eso era algo que en el cielo no debía hacerse. Aunque técnicamente no estaba en el cielo, y no es como si ellos fueran a creer todo lo que le dijera, así que…

—Estaba cuidándote cuando —vaciló—… te sentí en peligro —Sasuke frunció el ceño—. Me asomé más de lo debido y caí por accidente. Es un milagro que me hayas atrapado después de una caída tan larga… creo que lo haces mejor que yo —admitió apenada.

—¿Lo sentiste en peligro? —intervino Naruto—. ¿A qué te refieres?

—Soy su ángel guardián, estoy a cargo de su bienestar. Los ángeles guardianes solo bajamos a la Tierra cuando la persona que protegemos está en grave peligro. Cuando se trata de problemáticas fáciles de manejar, podemos hacerlo desde el cielo. Es nuestro trabajo proteger a los humanos de accidentes y peligros que el destino, la casualidad y la causalidad puedan preparar para ustedes.

—¡Increíble! —se emocionó Naruto—. ¿También tengo un ángel guardián?

—Todo humano tiene uno.

—¿Entonces por qué ocurren los accidentes y muere la gente? —cuestionó severamente el Uchiha, negándose a creer lo que escuchaba.

Sakura bajó la vista—. El bienestar de los humanos depende de su fe en nosotros, sus guardianes. A veces los humanos pierden la esperanza y son propensos a ser absorbidos por los pecados y eventualmente arrastrados a un futuro incierto que no siempre acaba siendo el mejor. Por supuesto que hay casos en que la gente muere porque Dios así lo dispone. Pero las personas que fallecen creyendo en su ángel guardián desaparecen de la Tierra, haciéndose un mismo con su protector.

—Entonces, ahora mismo ¿hay alguien allá arriba cuidándome?

Sakura sonrió—. Siempre hay alguien cuidándote, Naruto.

—Más importante aún —ambos miraron a Sasuke—, ¿cómo harás para regresar al cielo?

Su corazón palpitó con fuerza ante lo dicho. ¿Le era molesta su presencia?

—¡Teme! —reprendió el rubio.

—Ella tiene que regresar —finiquitó Sasuke.

—¡Pero—

—Está bien, Naruto —intentó sonreír—. Lo entiendo. Sasuke−kun tiene razón. Yo no debo estar aquí.

—¿Tan pronto tienes que irte? — insistió siguiéndola hasta el patio trasero. Sasuke apareció poco después detrás de ellos.

Sakura asintió, extendiendo sus alas. Naruto retrocedió sorprendido, aún sin acostumbrarse a que ella fuera un ángel en realidad.

—Les pido no hablen de esto con nadie más, por favor —hizo una pequeña reverencia, obteniendo la promesa de ambos hombres. Ella les sonrió por última vez y agitó sus alas elevándose unos centímetros del suelo. Ondeó su mano en señal de despedida y observó con vehemencia a Sasuke, consciente de que era la última vez que lo vería tan cerca.

Aceleró el movimiento de sus alas y emprendió el vuelo, dejando atrás al hombre del que estaba enamorada. Se enfrentó con algunas dificultades para volar apenas a unos cuantos metros de altura. Quizá se trataba de que no tuviera mucha práctica, pero a mayor altura más fatigada se sentía. Mirando hacia abajo, calculó que se había elevando apenas unos veinte metros.

Preocupada por su poca estabilidad, redujo la velocidad del aleteo y trató de equilibrarse, fallando terriblemente. Cayó en picada un par de metros hasta que recobró el dominio sobre sí misma y aleteó con fuerza. Se detuvo a tan solo unos cinco metros del suelo, e intentó ascender de nuevo.

—¡Sakura−chan! —gritó Naruto, que había observado todo desde abajo—. ¡Baja, vas a hacerte daño!

Sakura sólo miró el cielo azulado sobre ella, se sentía tan débil que le parecía inalcanzable.

—¡Sakura! —el Uchiha también gritó, y ella bajó, derrotada.

Ambos se acercaron a ella cuando tocó el suelo.

—¿Estás bien? —preguntó Naruto.

Ella asintió.

—¿Qué fue lo que ocurrió? —cuestionó Sasuke, y pudo distinguir un atisbo de preocupación en su tono.

—No lo sé —contestó con la cabeza gacha—. Me sentí tan cansada que no pude seguir volando —suspiró—. Pero está bien. Descansaré un poco y lo seguiré intentando.

—¿Estás loca? —Sakura miró a Naruto mientras el negaba con la cabeza repetidamente.

—Nada de eso —finiquitó Sasuke.

—Pe−pero Sasuk—

—¿Y sí te lastimas? —interrumpió el rubio—. No podemos permitir que lo hagas de nuevo.

—¿Entonces cómo voy a volver? —cuestionó preocupada.

—Te quedarás aquí —la severa aseveración de Sasuke los calló. Ambos lo miraron incrédulos.

—Sa−Sasuke−kun…

Él la miró fijamente—. Claramente estás muy débil. ¿Qué pasaría sí caes de nuevo y esta vez no estoy yo para atraparte? —Sakura sonrió brillantemente—. Entonces no solo te pondrías en riesgo a ti, sino a mí. No dejaré que lo intentes de nuevo, aún quiero vivir.

—¡Teme! —reclamó Naruto—. ¡Sakura−chan solo quiere ayudar!

—No, Sasuke−kun tiene razón —concedió el ángel—. Sería tonto arriesgarlo —se dio un golpecito en la cabeza y sacó la lengua juguetonamente—. Aunque… —dudó—. ¿Qué se supone que voy a hacer aquí? No estoy siquiera consciente de lo que puedo provocar en este mundo —comentó observando los restos de agua que la anterior tormenta había dejado.

—¿No podría deberse a lo mismo tu debilidad? —preguntó Naruto.

Sasuke lo meditó. Subió la mirada al cielo, queriendo ser capaz de poder vislumbrar algún otro ángel, pero nada. Solo las nubes grises que aún permanecían cubriendo el cielo. ¿Cómo es que lograrían hacerla volver siendo que ella no podía volar? ¿Estaría mejor si descansaba un poco y lo intentaba con más calma el día siguiente? ¿Y qué sí ella perdía más energía estando en la Tierra?

Eran demasiados cuestionamientos los que tenía en mente, así que después de mucho pensarlo, tomó una decisión.

—Por el momento lo mejor será que te quedes aquí —Sakura lo miró sorprendida—. Hasta que averigüemos como puedes regresar al cielo.

Sakura sonrió y Naruto observó incrédulo a Sasuke. En un impulso, el pequeño ángel corrió a abrazar al Uchiha.

—¡Gracias, Sasuke−kun! —rió contra él. Iba a poder pasar más tiempo a su lado. No importaba si era muy poco, iba a estar a su lado por un poco más tiempo. Y eso la hacía muy feliz.

Naruto sonrió, feliz con la noticia de poder llegar a conocer más a fondo a un ángel, ¡uno de verdad! Tenía tantas preguntas que quería hacerle.

Sasuke asintió algo incómodo con el abrazo y la apartó de él, sin importarle parecer muy tosco. Pero a ella pareció no importarle, pues no dejó de sonreír en ningún momento.

Pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer nuevamente, primero acariciando suavemente sus cuerpos y seguidamente estrellándose furiosamente contra ellos. Los tres entraron a la casa del moreno y Sasuke y Naruto miraron con curiosidad a Sakura, a lo que ella solo alzó los hombros.

Naruto dijo algo sobre tener frío y ambos se alejaron. Sakura le dio un último vistazo al cielo, donde los oscuros nubarrones ocultaban su esplendor.

«Ino» pensó con pesar antes de seguirlos.

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Yo sé que han pasado como mil años, pero de verdad que estoy aprovechando al cien por ciento mis vacaciones para editar todos mis fics.

Esperen noticias mías muy pronto. Un besote sensual para todos.