Capítulo 2.
Vivir en lo difícil.
El beso fue tan apasionado que Ginevra no encontró fuerza alguna para separarse de él.
Un par de veces un humano que otro se había hecho del valor necesario para besarla, pero definitivamente ninguno lo había hecho de esa forma jamás.
Se dejó llevar sin poner la menor resistencia, dejó que la envolviera con sus brazos, profundizando el beso de tal modo que pareciera que aquel sujeto había sido parte de ella siempre.
Una voz femenina resonó dentro de la cabeza de la Cazadora, devolviéndola de golpe a ese mundo lleno de reglas irrompibles que mantenían el equilibrio donde ella vivía.
"Distancia Ginevra, hay que mantener a los humanos a una distancia saludable. Nosotros somos luz, energía. Ellos, en su gran mayoría, son oscuridad, baterías muertas que suplican por una recarga. Te dejarían seca si los dejas acercarse demasiado"
Dio un paso hacia atrás poniendo fin al beso. Se concentró para creas una barrera entre ellos, para así asegurarse que él no pudiera adsorber su energía. Pero la acción no fue necesaria, por una razón que no llegaba a entender, no se sentía débil. Todo lo contrario, sentía como si fuera ella la que estuviera robándole las fuerzas a su soñador.
Se apartó de él un poco mas al verlo tambalear. Jamás su cercanía había provocado malestar en un humano. Lo miró directamente a esos increíbles ojos verdes que poseía, tal vez, sin saber lo irresistibles que eran.
— ¿Por qué me besaste?
El moreno se encogió de hombres, sin darle mucha importancia al asunto.
—La mujer que me cuidaba de pequeño siempre me decía: "Si la vida te da limones, has limonada"—le sonrió de forma sincera—No todos los días sueño con una pelirroja sexy. Me pareció buena idea aprovecha.
Ginevra lo miró sorprendía. Aunque fuera increíble, la mayoría de los humanos al momento de soñar no podían diferenciar la realidad del sueño, por eso le parecía sorprendente ver como aquel hombre no titubeaba al momento de diferenciar su vida del mundo de los sueños.
—Genial, pero te agradecería que no lo vuelvas a hacer. ¿Sabes? Esto no es un sueño húmedo. Si quieres besarme, al menos antes invítame a tomar un café. —se cruzó de brazos.
El moreno rodó los ojos, frustrado.
—Hasta las chicas de los sueños quieren que haga todo el protocolo—meneó la cabeza—No se porque me molesto, esta es la historia de mi jodida vida.
Volvió a acercarse a ella, pero esta vez no la besó. Tomó con suavidad su mano al tiempo que el paisaje a su alrededor volvía a cambiar, pero esta vez a voluntad del soñador.
Aparecieron en un pintoresco bar de París. Ginevra quedó boquiabierta al ver la facilidad con la que el hombre manejaba sus sueños.
Ahora la pregunta era: ¿Por qué no había salido el mismo de la pesadilla de los lobos minutos atrás?
Con un ademán muy educado la invitó a sentarse frente a él en la pequeña mesita que había bajo una sombrilla color blanca. Ella, aun sorprendida, aceptó. Eso se estaba poniendo cada vez más raro.
—Me llamo Harry, soy policía y no me molestaría pasar un lago rato contigo a solas.
—Ginevra—rió— Soy una Cazadora de Pesadillas que lamenta mucho que tu despertador arruine esta agradable conversación…
— ¿Qué…?
El sueño llegó a su fin cuando el pitido del despertador retumbó en la habitación del agente Harry Potter.
Ginevra regresó a su mundo lleno de luz con una gran sonrisa en los labios. Se había divertido en aquellos escasos minutos junto a ese tal Harry.
Para ella los hombres eran todos iguales: unos tontos aburridos y terriblemente predecibles. Pero había algo en Harry que despertaba su curiosidad. Su fortaleza, su sentido del humor y esa mirada sincera eran una combinación poco corriente.
Caminó por los jardines que rodeaban la casa donde había vivido junto a su familia durante esos últimos cuatrocientos años. El césped, las flores y los árboles eran de colores vividos al igual que los pequeños animales que merodeaban por ahí.
Desde la casa llegaba el delicioso sonido de un piano, eso solo quería decir una cosa, su madre había tenido una excelente noche en el subconsciente de la humanidad del hemisferio occidental.
Con una sonrisa entró a la casa de techos altos y paredes tan blancas que podían dañar los ojos de una persona normal. Su madre, una mujer de rostro dulce y larga melena pelirroja, daba vueltas por la sala carente de muebles pero llena de espejos, al compás de la música que salía del piano de cola que se tocaba solo en un rincón.
—Hola mi niña—la saludó al verla— ¿Cómo te ha ido?
—Perfectamente— aseguró con una seguridad demoledora mientras agradecía que las heridas que le habían propinado los Creadores ya habían desaparecido de sus brazos sin dejar rastro.
—Me alegro—siguió dando vueltas por ahí al tiempo que su hija subía por una escalera de caracol que llevaba a su habitación. Su cuarto, al igual que el resto de la casa, era de paredes de un blanco inmaculado al igual que el mármol del piso, con inmensos ventanales que dejaban ver el paisaje lleno de árboles robustos y un sol poniente.
En aquel lugar siempre era el atardecer, nunca había demasiado calor o frío. No había noche, ese lugar jamás era tragado por la oscuridad.
Se sentó en un sofá color crema enfocado había el ventanal. Ahí pasaba gran parte de su tiempo libre, en silencio mirando el horizonte en llamas.
Se acomodó un poco al tiempo que cerraba los ojos. Había tenía una noche demasiado larga. Tuvo que luchar con dos Creadores de Pesadillas que atormentaban los sueños de un pequeño niño, los tuvo que perseguir por los sueños de un par de personas mas, pero al final los perdió cuando se topo con otro Creador que se hacia un festín con la débil mente de un adolescente estresado con los exámenes.
Pero sin duda la frutilla de la torta había sido aquel moreno de mirada seductora.
¿Cómo era posible que diez Creadores se hubieran unido para atormentarlo?
No tenía ningún sentido, ellos no eran seres que vivieran en familia. Eran antisociales, solo podían tolerar trabajar con uno o a lo mucho con dos de los suyos. Jamás en su larga existencia, Ginevra había escuchado hablar de un clan tan grande unido por el mismo propósito.
Soltó un suspiro muy largo y profundo. Más tarde iría con su hermano Percy para preguntarle si alguna vez había visto ese comportamiento en sus enemigos.
Por el momento trató de descansar un poco, aunque fue difícil ya que sus pensamientos volvían aquel hombre llamado Harry. Con una pequeña sonrisa en los labios se prometió regresar a sus sueños la noche siguiente. Tenía que descubrí porque Pansy y su pandilla se habían obsesionado con él… al igual que ella.
Harry se levantó de mala gana. Había tenido una noche horrible, llena de pesadillas horrorosas. Pero cuando al fin la cosa se ponía interesante el maldito despertador tenía que sonar. Miró a su alrededor un tanto aturdido, con un extraño hormigueo en los labios, aun sentía la ardiente sensación del rose de los labios de aquella espectacular pelirroja. Se mordió el labio mientras maldecía su mala suerte, aunque no tuvo mucho tiempo como para enojarse, por segunda vez en la semana su despertador había enloquecido y sonado media hora después de lo debido.
Arrastrando los pies fue al baño a darse una ducha rápida antes de salir hacia el trabajo. Cuando entró al garaje, su móvil comenzó a sonar. No se sorprendió al ver que era un mensaje de su "querido" y desabrido compañero Draco Malfoy. Era un mensaje muy sencillo: "La forense quiere verte". Resignado se metió en su auto y lo puso en marcha. ¡Justamente lo que necesitaba! Empezar su día sin desayunar y rodeado de cadáveres. ¡Y luego le preguntaban porque odiaba su vida!
Encendió el radio y trató de no pensar en nada más que no fuera el camino. Pero como siempre su objetivo no pudo ser cumplido, ya que del radio salía la voz ronca de un hombre que hablaba con gran pasión sobre la ineficiencia de la policía londinense y el "Asesino Sin Corazón" que seguía suelto y al asecho. Bufó, la prensa amarillista lo estaba volviendo loco, los malditos chupatintas se estaban haciendo un verdadero festín con todo lo que estaba haciendo ese maldito asesino. Apagó la radio con un humor de perros, cada palabra que decían contra su equipo de investigación y él, no lo desanimaban en lo mas mínimo, tenia la determinación suficiente para seguir adelante. Las palabras venenosas de un idiota frente a un micrófono solo lo incentivaban aun más, algún día atraparía a ese maldito asesino y refregaría ese logro en la cara de muchos que no creyeron en él.
— ¡Que cara!— exclamó Hermione Granger cuando lo vio entrar a su oficina. Harry rodó los ojos al ver a la mujer bajita de cabello castaño sonriéndole muy alegre. —Se feliz que la vida es demasiado corta.
—Enserio Hermione, eres la única persona que puede estar aquí trabajando con una sonrisa.
La forense dejó de lado los papeles que había estado estudiando tan meticulosamente y aun con una sonrisa en el rostro le indicó que la siguiera hacia la parte del edificio que a Harry menos le gustaba en el mundo, la sala de autopsias.
Entraron a una amplia habitación con una limpieza meticulosa, en el centro había un par de mesas de operación. Junto a una de ellas había un muchacho alto de rostro pálido que llevaba una bata y un par de gafas protectoras, sacaba anotaciones con rapidez dando de vez en cuando una mirada estudiosa al cuerpo que estaba en la mesa. Ni siquiera se inmuto cuando su jefa y el agente entraron al recinto.
—Creo que te tengo una noticia…
— ¿Qué? ¿Te enteraste que a Malfoy le queda poco tiempo de vida?
—Dije una noticia, no una "buena" noticia.
—Pues ni modo…
Hermione sonrió.
—El hombre que me trajeron ayer tiene el mismo tatuaje que los otros cinco y murió de la misma forma.
El hombre hizo una mueca de asco.
— ¿Entonces a este también le arrancaron el corazón?—murmuró viendo un poco reacio el cuerpo del hombre de cuarenta y tantos años que yacía inmóvil—Es un asesino enserie…
—Y por lo visto lo único que deben tener sus victimas es esta marca—Hermione indicó la luna menguante que había tatuada en su pecho junto al escalofriante hoyo irregular que le había hecho el asesino para arrancarle el corazón de cuajo.
Harry miró la herida con el estomago revuelto, sin duda esa era la parte que menos le gustaba de su trabajo.
—Sigo sin entender para que rayos le quita el corazón. ¿Qué hace con el?
—Algo religioso… o tal vez simple canibalitos—un escalofría recorrió a Harry—Eso dijo Luna.
—Tal vez en una versión nueva de Hannibal Lecter—comentó despreocupado el asistente de Hermione.
—Mmm tal vez los frita con un poco de cebolla y…—comenzó a seguirle el juego la forense pero Harry los paro a los dos con rapidez.
— ¡Por Dios! Paren ya par de sádicos—hizo una mueca— Tienen el cuerpo de un hombre en frente, un poco de respeto por el finado por favor. El tipo esta muerto, no hay razón alguna para hacer bromas.
Hermione bufó mirándolo con los ojos entornados.
— Es el ciclo de la vida- resopló-Nacemos, vivimos y morimos.
—O mejor dicho: Nacemos, sufrimos y luego cuando todo esta cagado: nos morimos. — Le corrigió ácidamente el moreno sin sacar los ojos del cadáver.
La mujer lo observó un momento ante de voltearse hacia su asistente, el cual había quedado en completo silencio después del regaño de Harry.
-Luka ¿puedes traerme los resultados de los estudios que hizo Grit ayer? Están en mi oficina.
El joven asintió sin muchas ganas y fue a buscar lo que le pidieron.
-Ahora Potter, escúpelo de una vez. ¿Qué te pasa?-le preguntó mientras se situaba junto al cuerpo.
Harry también se acercó, parándose al otro lado de la mesa de metal brillante. Si la pregunta la hubiera formulado otra persona, lo mas seguro era que la hubiera mandado al diablo, pero Hermione era su única excepción a la regla.
—Cho vendrá hoy a buscar sus cosas—respondió sin rodeo.
La mujer frunció el seño con profundidad.
—Pero tu mismo dijiste que no soportabas a esa chica. ¿Por qué te pones así? Creía que estarías feliz de desacerté de ella.
—Lo estoy, pero... Luna me dijo que Chang ya tiene novio nuevo.
— ¿Y eso te molesta por qué…?—dejó la pregunta en el aire al tiempo que lo miraba con los ojos entornados.
—Se olvido de mí en menos de una semana, Frankenstein ¡En una semana!
—Ya no entiendo nada ¿ahora resulta que la quieres?
Harry agitó la cabeza, frustrado, a veces se preguntaba porque rayos se molestaba en sincerarse con Hermione. Ella era una buena persona, pero de vez en cuanto llegaba a la conclusión de que a su amiga ya comenzaba a afectarle el hecho de vivir rodeada de puros muertos.
— ¿Sabes qué? Mejor olvídalo y dime lo que pasa con el cuerpo.
Hermione lo miró molesta, pero decidió que era mejor dejarlo así, era demasiado temprano para ponerse a discutir sobre ex parejas y nuevos novios.
—Bueno, nuestro querido asesino tiene una pequeña obsesión con este tatuaje y con los corazones ¿no?—Comenzó la castaña con un tono que a Harry le recordó las clases en el instituto. —Así que decidí concentrarme en el tatuaje, ya que era lo único que tenían en común antes de morir estas personas. Le pedí Neville que hiciera un par de pruebas y descubrimos algo muy interesante.
Luka volvió con los papeles y se los entregó a su jefa, la cual a su vez se los paso a Harry. El agente les hecho un vistazo, solo eran un montón de palabras raras que lo desconcertaban totalmente.
—Al español—le devolvió la carpeta.
—Al español— bufó la mujer—Estos tatuajes no fueron hechos por una persona.
— ¿Eh?
—Esto no es tinta colocada en la epidermis con una aguja, esto no tiene explicación alguna, es como si estas personas hubieran nacido con esta extraña pigmentación en la piel…como si nacieran con estas marcas.
—Siiii—dijo Harry mirando a su amiga como si esta acabara de decir que deseaba dejar todo para vivir entre simios—Por supuesto, nacieron con ellos… o vino ET y desdió marcarlos cual ganado con su rayo láser.
El asistente soltó una risotada pero al instante se mordió el labio al ver la mirada asesina de Hermione.
—Se que suena raro…
—Mas bien loco…
— Esto es serio Harry. Se que… no se…—miró el cuerpo con el seño fruncido—Creo que hay algo, no se que, pero tengo el presentimiento de que hay algo mas que conectan a estas personas.
—Ya lo revisamos todo, Hermione—le aseguró con gravedad—Lo único que comparten son esos malditos tatuajes.
La forense siguió sin convencerse del todo.
—No te preocupes —la animó— lo atraparemos, siempre lo hacemos.
Sin más que decir se despidió y salió del lugar que tantos escalofríos le provocaban. Odiaba ver personas muertas, ya había tenido que ver bastantes cadáveres a una edad demasiado temprana.
Olvidándose demasiado rápido las ideas del tatuaje de Hermione, se encerró en su oficina tratando de ignorar los venenosos comentarios de su colega Malfoy.
Potter era el que estaba a la cabeza del equipo de investigación encargado del caso de un asesino en serie que su especialista en psicología forense había bautizado como "El Sin Corazón". Todo el mundo estaba alborotado con él, su jefe exigían a gritos que lo atraparan.
Lo más frustrante de todo aquello era que ni siquiera los integrantes de su equipo creían que lo iban a lograr, su colega Malfoy era el mejor ejemplo, aquel niño mimado que había conseguido su puesto gracias a las influencias de su papi, no perdía oportunidad de recordarle el poco progreso que estaban haciendo con el caso.
— ¿Otra vez hundiéndote en tu propia desgracia?— la puerta de su oficina se abrió, dejando ver en el umbral a una mujer alta de largo cabello rubio muy claro que le sonreía de manera gentil. Luna Lovegood, la psicóloga que habían enviado para ayudarlos con el caso, no necesito invitación para tomar asiento en la silla que había frente a su escritorio— Ya te lo he dicho Potter, auto-compadecerse no atrapa criminales o arregla tu vida personal.
—Hola Luna ¿Cómo has estado? ¿Yo? Oh he estado perfectamente, gracias por preguntar—. Gruñó de mal humor.
—Hermione acaba de llamarme—le informó ignorando el sarcasmo que despedía Harry.
— Frankenstein debería concentrarse en los muertos y dejar de meterse en la vida de los demás.
—Se preocupa por ti. —dijo Luna con total tranquilidad, ella jamás se dejaba intimidar, y menos por Harry y su odioso humor de perros.
—Nadie se lo pidió—le atajó ácidamente.
—Habla Harry ¿Qué es lo que pasa?—se cruzó de brazos dejando en claro que no se movería de allí hasta que no consiguiera una respuesta satisfactoria.
—Lovegood, está aquí para realizar un perfil del asesino, no para analizarme a mí.
—Tus problemas personales pueden interferir en tu desempeño laboral Potter, así que, me dices que pasa con Cho por las buenas o voy a hablar con tu jefe para decirle que necesitas terapia por traumas de la infancia. —le regaló una sonrisa maliciosa.
Harry la miró furioso, no le gustaba cuando Luna jugaba sucio. Soltó un largo resoplido de resignación.
—Cho viene esta tarde por sus cosas…
—Y eso te molesta.
—Pues no… lo que me fastidia es que ya tenga novio nuevo.
— ¿Por qué la quieres?
— ¡Claro que no!—hizo una mueca.
Luna le dedicó una mirada estudiosa que lo puso incomodo.
—Estonces te molesta porque no te gusta verla con otro. No la quieres, pero no aceptas que siga con su vida—. Trató de sintetizar Luna sin abandonar su tono calmado.
—No es eso—tomó aire, él aun no entendía del todo lo que le ocurría—. Pero no puedo evitar preguntarme si tengo algún tipo de problemas… si soy mala persona o algo así. — no se atrevió a mirarla a los ojos cuando dijo esa confesión.
— ¿Por qué dices eso?
—Luna, Cho necesito menos de una semana para comenzar a salir con otro ¡una semana! Digo ¿soy tan fácil de olvidar?
La mujer lo miró con pena.
—En realidad ya veía a Michel mucho antes que ustedes terminaran.
—Gracias Luna, ahora pasé de persona fácil de olvidar a cornudo. Gracias, recuérdame evitar que trabajes en ayuda al suicida.
—Lo siento, pero creí que merecías la verdad.
—Lo se y te lo agradezco.
—Harry esto te lo digo como tu amiga—. Se inclinó un poco hacia delante—No te preocupes por Cho, ella es el pasado y el futuro te espera con muchas cosas, y estoy segura que una de ellas será una mujer maravillosa que te va a amar de la forma que te merece.
El agente la observó agradecido mientras sin querer evitarlo sus pensamientos volvían a aquella pelirroja de su sueño.
— ¿Percy puedo hablar contigo un momento?— Ginevra salió al balcón donde Percy y tres de sus otros hermanos, Fred, George y Ron, estaban hablando antes de marcharse a una nueva noche de cacería.
Los pelirrojos la miraron extrañados antes de recibirla con una sonrisa.
—Si quieres hacer preguntas sobre sexo yo soy mejor opción, pecas—le sonrió burlonamente su hermano Fred. George y Ron echaron a reír con fuerza mientras Percy los moraba con mala cara.
— ¿Qué es lo que necesitas preguntarme Ginevra?—siguió, ignorando a sus inmaduros hermanos.
—Anoche entre a los sueños de un hombre…
—Uhh un hombre—. Sonrió de forma maliciosa George, el gemelo de Fred.
— ¡Compórtate!—le regañó la pelirroja tratando de echar mano a toda la paciencia que aun tenía. — Ese hombre estaba siendo perseguido por diez Creadores de Pesadillas.
Al ver que sus hermanos empalidecían, supo que eso no era para nada normal.
—Por Norka—. Susurró Percy, horrorizado
—Eso no es común—dijo Ron muy serio— Lo Creadores no se comportan así…
— ¿Entonces no saben por qué atormentaban a ese humano?—todas sus esperanzas de obtener mas información se perdieron al ver a Fred negar con la cabeza.
—Debe ser fácil de torturar—musitó Percy después de meditarlo un momento—. Y al mismo tiempo debe tener una fortaleza que lo hace seguir adelante.
—No entiendo que quieres decir.
—Ginevra, los Creadores se alimentan del miedo, del pánico puro, ese humano debe sentir muchísimo miedo al momento de soñar, pero apesar de eso no se deja dominar por este. —Le explicó George con ese tono serio que pocas veces utilizaba. — La única explicación es esa.
—Ellos atacaran a ese humano hasta que esté ya no pueda soportar mas, de seguro volvieron esto algo personal. Imagínate, un simple mortal que no se acobarda ante sus torturas mentales, es casi como decir que él tiene mas poder que ellos.
La Cazadora lo pensó un momento, sabía que Harry era especial.
— ¿Y qué se supone que debo hacer con él?
—Mantén un ojo en sus sueños—le recomendó Fred después de intercambiar una mirada con sus hermanos— Si los Creadores creen que el humano esta protegido no se arriesgaran a meterse en su cabeza.
Harry se desplomó en un sillón de su sala sin el menor miramiento. Le dolía la cabeza y lo único que quería era dormir un rato muy largo. Mientras se acomodaba en la pequeña superficie temió por un momento por las pesadillas que seguro lo joderian mientras durmiera, pero al instante recordó a la pelirroja espectacular que peleaba mejor que Jackie Chan. Tal vez tuviera suerte y volvería a soñar con ella, aunque siendo sinceró, lo dudaba bastante, el rayo no caía dos veces en el mismo lugar.
Antes que pudiera saborear apenas el mundo de Morfeo, un fuerte gruñido que venia del piso de arriba lo hizo ponerse de pie de un salto al tiempo que tomaba su arma. Antes de dar un paso hacia las escaleras, por estas comenzó a bajar una chica de largo cabello negro que llevaba una caja repleta de cachivaches.
Detrás de ella iba un perro ovejero alemán de pelaje canela y lomo negro que le mostraba los dientes de manera amenazante
Cho Chang miró con malos ojos la pistola en alto de su ex.
—Lo que me faltaba—bufó— ¿puedes bajar esa cosa y decirle a este animal del diablo que me deje en paz? ¡Solo vine por mis cosas!
—Se supone que vendrías antes que yo llegara—comentó Harry al tiempo que enfundaba su pistola.
—Lo siento, pero tenía cosas que hacer—se colgó su mochila llena de ropa al hombro y se dirigió a la puerta con la cabeza bien en alto.
El perro le ladró con fuerza.
— ¡Por Dios no lo soporto mas! ¡Cállate!—chilló furiosa.
—Silencio Arikos—le ordenó su amo sin muchas ganas.
—Me largo—resopló mas que enoja.
—Chang…
—No voy a volver Harry— se volteó para mirarlo, hablando con una firmeza que el moreno ponía en duda.
—No quiero que regrese—le aseguró con tranquilidad— por mi vete al infierno y piérdete en el camino—Cho entornó los ojos— Como sea, quiero mis llaves Chang.
Suerte para Harry fue ser dueño de unos excelentes reflejos o sino las llaves que le lanzó Cho le hubieran dado en medio de la frente.
—Gracias, ahora vete y asegúrate de olvidarte del camino de regreso—le sonrió de manera cansada.
—Harry, no es necesario que digas cosas que no sientes— lo miró directamente a los ojos, empleando esa voz dulce que tantas veces había utilizado para engatusarlo— Se que esto te duele mucho, y yo también estoy muy triste. Siento que tengo un poco de culpa de que lo nuestro no funcionara.
El agente quedó boquiabierto ¡que caradura! Respiró con fuerza ¡Que ganas tenía de que Cho fuera hombre para poder romperle la nariz y la poca vergüenza de un puñetazo!
—No comiences con tus discursos baratos, ya no me los trago. Adiós.
Cho abandonó la casa más que ofendida. Al tiempo que Arikos daba un saltó juguetón para captar la atención de su amo.
—Estas feliz ¿eh?-le sonrió rascándole la cabeza—Al fin nos libramos definitivamente de ella…. ¡Hay que festejar!
