Mi querida alumna.

Lanzé un suspiro de alivio al escuchar sonar el timbre de salida y cerré el libro de Química orgánica II. Esta había sido la última hora.

-Universitarios, guarden cosas y pueden retirarse.- dije tranquilamente y mi mirada se fijó en la azabache que robaba mis pensamientos.

Kagome Higurashi. 19 años.

Era la típica chica linda de 90 60 90 pero ella era diferente; en veces charlabamos y logré descubrir que era virgen y que nunca había tenido algún novio. Eso me emocionaba. También descubrí algunas cosas sobre donde vive y cosas de su familia. También le conté algunas cosas sobre mí.

¡Rayos! Me sentía un pervertido por seguir a mi alumna.

Aúnque no teníamos muchos años de diferencia, tenía 21 y estaba entrenándo para maestro. El director me ha dejado dar clases.

Terminé de guardar mis cosas y la miré nuevamente.

Kagome...

Como siempre ella se quedaba de último para charlar conmigo; eso realmente me agradaba.

Aguanté paciente las insinuaciones de la puta del salón; Kikyo. Y al salir camine a la puerta y la cerré con seguro. Ella no me miró y realmente agradecí esto.

Caminé y arrastré la silla de mi escritorio para sentarme frente a ella, separados por el escritorio pegado a la silla de alumnos.

Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa algo sonrojada; siempre era así, no soportaba estar cerca de más hombres pero conmigo era diferente. En veces me abrazaba cuando la ayudaba a estudiar y pegaba sus senos a mi espalda o en mi pecho. ¡Esa mujer me hacía tener un baño de agua helada cada momento!

Me acerqué más a ella y pude oler su perfume a flores silvestres tan suave como su personalidad.

Sacó de su adorable mochila de Hello Kitty: ella me gustaba tal y como era y ella era adorable. Una libreta y un pesado libro que decía QUÍMICA ÓRGANICA II.

-Porfavor...- comenzó ella.

Suspiré y asentí con la cabeza. Ella me devolvió la sonrisa y buscó una página mientras que su otra mano pasaba desesperada hasta encontrar una hoja en blanco.

Una vez esto comencé a explicarle lo que era el petróleo y el carbón y ese tipo de cosas. Pero por extraño que pareciera sentía que ella no miraba la libreta.

Levanté la cabeza un poco y pude mirar como ella miraba mis hombros por sobre la camisa azul y la corbata.

-¿Pasa algo Kag-chan?- ella siempre se sonroja cuando le digo así y es esos momentos no fué diferente; un hermoso sonrojo adornó sus mejillas.

-N-No...- la noté nerviosa y me pregunté el porqué.

-A ti os pasa algo...- acusé y me acerqué más a su cara sintiendo como mis mejillas se calentaban un poco. La escuche tragar saliva y me asuste.

-Kagome, en serio. ¿Estás bien? Si no podemos ir a la enfe...- me quedé de piedra al sentir esos suaves labios sobre los míos. Esos dulces labios que pensé nunca tocaría, esos labios que me robaban el sueño y esos mismos labios que comencé a tocar con los míos suavemente. Kagome cerró fuertemente los ojos y movió con más fuerza sus labíos con los míos. Sentía mi corazón dar una loca carrera en mi pecho al sentir como Kagome enredaba sus brazos en mi cuello y me atraía con rudeza más cerca de ella. Tal fue la rudeza que me levanté un poco de la silla y tuve que colocar mis manos sobre el pequeño escritorio delante mío.

-Kagome...- suspiré y cerré mis ojos levemente y correspondí el beso que ¡no sé por que putas no había correspondido.!

Nos separamos lentamente y abrí mis ojos. Ella me miro ultra sonrojada y yo le sonreí.

-¿A qué venido eso..?- suspiré.

-Q-Quiero s-s-ser mujer...-

-¿Qué tiene que ver conmigo?- acaso era que...

-Quiero que seas el primero.- me dijo con un extraño brillo en sus ojos color chocolate.

El aliento se me atascó en la garganta y sentí como mi corazón dejaba de funcionar. Comencé a sudar y me preguntaba por qué yo. No me molestaría perder la virginidad con la chica que atormenta mis sueños pero ¿Por qué yo?

-¿Por qué yo...?-

Kagome sólo se sonrojó aún más. -Me gustas,Profesor...-

Demasiadas emociones por un día. Con una mano retiré el escritorio y la abrasé contra mí.

-Si és así, lo haré.- dije seguro. -Pero no aquí.- miré el salón y solté una carcajada. Kagome no río conmigo y eso me extraño. Me asusté al ver como sus ojos se volvían cristalinos y se separaba de mi pecho.

-¡P-Por favor Profesor!- lágrimas comenzaron a caer de sus hermoso ojos. Me sentí mal al saber que yo las creé. -¡N-No sabe tódo lo que sufría cada noche añorando que alfín me tocara y ahora me niegas! ¡Onegai!- se abrazó a mi pecho mientras yo seguía en shock.

Me desea...

No... Ella tampoco sabía cómo debía de controlarme todas las veces que ella pasaba al frente de la pizarra y resolvía un problema; miraba su cuerpo de perfil. En las noche tenía que complacerme yo mismo... Siempre soñé con un sólo beso con ella y ahora que tenía más que eso no lo podía dejar ir.

Salí de mis pensamientos al escuchar un sollozo y como se separaba de mi pecho. La abrazé rudamente contra mí otra vez y con una de mis manos subí su mentón. La besé con la pasión que guardaba desde cuando nos conocimos. Ella corespondío el beso y fué allí donde perdí el control.

La cargué con un brazo y la levanté de la silla, ella se agarró de mi cuello. La llevé hasta el escritorio y con la otra mano que me quedaba lancé casi todo lo que estaba en él incluyendo mi maletín y algunos exámenes donde seguramente sólo Kagome aprobaría. La senté en medio del escritorio sin dejar de besarla y me colé entre esas piernas largas y torneadas de mi alumna.

-Kagome...-

-¡Profesor...!-

Bajé a lamer y morder el escaso cuello que la polera del uniforme dejaba al descubierto. Ese hermoso cuello donde siempre añoré poder morder y lamer hasta que mis besos quedarán grabados para siempre en la memoria de mi pequeña alumna. Sólo quería que ella me recordara amí...

Sólo a mí...

Recordaba como algunos niñatos de mi clase se le quedaban mirándo el trasero que en esos momentos apretaba con mis grandes manos. Muchas veces esuve tentado a mandarle citatorios o incluso suspenderlos algunos buenos días por mirar a si a MI Kagome. En un ataque de celos mordí algo brusco la clavícula de mi flameante e inocente estudiante y me felicité por ese jadeo que soltó en mi oído.

-¡Profesor!.-

Sentí como ella enredaba sus delicadas manos blancas en mi largo cabello negro. La miré con mis ojos dorados inyectados de deseo y la miré mordiendo su labio inferior y sus ojos entrecerrados. Si ella me deseaba... seguramente querría descubrirme también. Me separé de su dulce cuello y ella se tensó; seguramente piensa que me iría de su lado.

-Tócame.- le pedí tomando sus manos y posándolas sobre mi pecho cubierto sólo por la camisa a botones azul cielo. Las manos de Kagome se cerraron y clavó sus uñas en mis pectorales; solté un gruñido y ella rápidamente retiró sus manos.

-¿T-Te lastime?-

Le sonreí con dulzura.

-Todo lo contrario.-

Ella con algo de reconocí como desconfianza comenzó a desabotonar los botones de mi camisa y yo sólo pude mirar atento cada uno de sus movimientos finálmente terminó de desabotonarla y al tratar de quitarla se atascó en mi cuello; la corbata. Al parecer ella está muy nerviosa.

-No tengas miedo de mí Kagome... Deja que me acoja en tu calor interior.-

Ella comenzó a deshacer la corbata y esta misma salió volando por algún lugar del salón. Retiró ahora la camisa sin problemas y se acercó a reclamar mis labios. Correspondí gustoso el beso que me ofrecía ella y posé mis manos en sus piernas, me felicité por el hecho de que ella no se haya tensado como anteriormente. Solté un jadeo cuando ella mordió con algo de fuerza mi labio inferior y antes que se alejara coloqué una de mis manos en su nuca y la atraje a mi boca nuevamente.

Finalmente tendría mi dulce sueño junto a mi querida alumna Kagome, esa mujer que me aturde, enloquece y me hace querer una vida con ella a su lado.

Mordí ahora yo su labio inferior carnoso y ahora de un color rojo. Le comencé a quitar el saco del uniforme y después la polera hasta que la deje con un sujetador de encaje negro y rosado.

-¿Pensabas seducirme?- sonreí.

-Sería el último recurso, profesor.-

-Me hubiera gustado mucho ver eso.- solté una risa y ella río junto a mí.

Llevé mis manos a su espalda y desabroché el hermoso sujetador de encaje. Con cuidado lo retiré y me relamí mis labios hambrientos al ver tales montes coronados por una parte escarlata. Mis manos sin orden mía acojierón a esos hermoso montes y me revelaron su tamaño y firmeza. Kagome soltó un gemido y apretó los ojos; seguramente de nervios.

Me acerqué a los labios de ella y comencé a dar un suave masaje en esos montes mientras mi lengua entraba a la dulce cavidad de ella. Kagome soltó un gemido y sentí que tragar su gemido era delicioso. Ella me comenzó a corresponder y apreté esos montes con rudeza al sentir como me mordía los labios.

Al parecer no quería ternura...

Mejor para mí.

Baje rápidamente mi cabeza y comencé a morder un pezón de ella mientras mi mano se encargaba del otro seno. Kagome me acercó más a sus senos y comenzó a gemir con algo de fuerza.

-¡AH! ¡Inuyasha...!-

La recosté sobre el escritorio y comencé a bajar mis besos por su abdomen. Llegué hasta el borde de la falda y comencé a bajarla con mis dientes de las piernas largas de mi querida alumna. Llevé la falda primero por sus rodillas y finalmente las lancé por algún lugar del salón. Subí mi cabeza y comencé a lamerla por sobre las bragas de encaje de color negro y rosado. Kagome gimió y sentí perfectamente como una de sus manos se pegaba a mi cabeza y no me dejaba moverme mucho.

-¿Te está gustando la preparación para ser mujer, Kagome?-

-¡Ah!-

Con una de mis manos apreté las bragas a su entrepierna y comencé a morder y absorber donde suponía es encontraba su clítoris. Kagome comenzó a gemir con más fuerza y se retorcía entre mis brazos con rudeza.

Continué mi tortura hasta que ya no pude más. Moví a un lado las bragas y enterré mi lengua en su clítoris. Kagome gritó como loca y me ví en la obligación de tomar con mis manos los muslos de ella para que no se alejara de mí. Comencé a morder ese pequeño montículo pero después me aburrí y mi lengua trazó un pequeño camino hacia abajo y encontré una pequeña entrada. Mi curiosidad me llevó a adentrar mi lengua en esa entrada y solté un gemido al sentir el sabor de mi alumna en mi paladar.

-¡Ah! ¡Se siente muy bien! ¡AH!- gemía ella.

Comencé a meter y sacar mi lengua con fuerza y tuve que apretar más mis manos en los suaves muslos que siempre soñé tener alrededor de mis caderas; afín lo lograría. Kagome comenzó a revolverse en el escritorio y podía sentir ahora sus dos manos sobre mi cabeza. Me felicitaba por el hecho de que la estuviera complaciendo. A mí también me gustaba hacer esto; era como si mi hogar siempre haya estado con ella y su dulce cuerpo; como si mi "felíz" vida simplemente haya sido un espejismo mientras por dentro moria.

-¡AH! ¡D-Detente! ¡AH!-

Me separé de ella pensando que no le gustaba y me sorprendí al sentir como sus manos me atraían a su entrepierna nuevamente.

-¡N-No lo hagas!-

-Me dijiste que parara...-

-¡Al diablo eso! ¡Ah!-

Me sobresalté al pensar que la había lastimado cuando ella soltó un grito largo y alto; más alto que los demás y como se retorcía con más fuerza entre mis manos. Solté un gemido de sorpresa al sentir como Kagome cambiaba rápidamente sus manos de mi cabeza a mis hombros y como enterraba sus uñas en él y después más de ese cálido néctar que salía de ella en mi boca. Entrecerré los ojos al sentir más de mi pequeña en mi boca y comencé a limpiarla con mi lengua suavemente; nunca dejaré de amar ese extraño y agradable sabor de ella.

-Kagome...-

La levanté del gran escritorio y la abrasé dejando su esbelta espalda completamente pegada a mi pecho mientras una de mis manos se ajustaba bien a su pecho derecho. Dejé que mi aliento se dejara notar en su cuello y sonreí al sentir como ella se estremecía. Le da una fuerte nalgada a ese trasero apetitoso y ella soltó un grito.

-No te dí permiso de correrte, Kagome...- traté de hacer la voz más sensual que podía.

-¡Ah!-

Gimió y no supe el porqué. Era algo raro.

-Tendré que castigarte...- suspiré.

Solté un jadeo cuando ella movió levemente su trasero y mi pene rozo levemente la entrepierna de ella mientras ella soltaba un gemido. Solté varios gemidos cuando ella comenzó a mecerse de adelánte hacía atras y se rozaba más contra mi erección.

-¡N-No seas una niña desobediente!- solté un gemido al ver y sentir que no me hacía el más mínimo caso y se rozaba más contra mí mientras gemía.

Con mis grandes manos conseguí atrapar esas esbeltas caderas y la mantuve quieta escuchándo como ella soltaba un gemido en reproche.

Reí con voz ronca y ella se estremeció aún más. Apreté con mis manos su trasero y ella jadeó.

-Quiero probarte yo también...-

Me sorprendí al escucharla decir eso y aún más por el hecho que ella se dió la vuelta y se arrodilló a mis pies. Miré abajo asombrado al ver como se acercaba a mi pantalón negro y comenzaba a desabrochar mi cinturón. Coloqué mis manos en el escritorio aún en shock.

-¡Ah!-

Gemí cuando ella bajó mi bóxer y tomaba mi miembro con sus suaves y algo frías manos.

-Es muy grande...-

-¿Te asusta? ahh...- suspiré de placer cuando comenzó a mover sus manos en mi zona sur.

-No me asusta nada de ti, maestro.-

Sonreí al escucharla decir eso pero mi cara se desfiguró al sentir como comenzaba a lamer la cabeza gruesa de mi pene. Definitivamente esto tenía que ser un maldito sueño. ¡Un sueño excítante! Tener a la bella mujer que te gusta a tus pies... síp, esto debía de ser mi perfecto y jodido sueño. Era eso o definitivamente Miroku me ofreció droga y de tonto me dejé llevar.

-¡AH!-

-Mmmh. Permítame ayudarle con su estrés, profesor...-

Comenzó a meter la punta de mi pene y la lamió con fuerza.

Esto era el cielo, definitivamente. Había dejado la tierra; un planeta lleno de problemas, no, ahora me encontraba en la cima de la gloría. Jamás había sentido tales sensaciones y me emocione al saber que esa hermosa mujer, ese ángel; era el mismo al que yo amaba por quién era y no por sus exuberantes medidas; bueno a esas también las amaba, pero ese no era el punto. Comenzé a mover mis caderas levemente siguiendo el suave ritmo que ella llevaba sobre mi y mi excitado miembro; sólo por ella. Ella se tensó. Una de mis manos acarició su mejilla y ella parecío calmarse un poco; ya que tomó la base de mi miembro y comenzó a absorberme en su pequeña cavidad bucal con fuerza.

-¡Ahh! ¡Kagome...!-

-¿Lo disfruta, profesor?-

-¡D-Disfrutar n-no es lo ¡ugg! único que hago!-

Llevé mis manos a su cabeza y aumente el ritmo a uno que yo consideraba... placentero. Mi garganta comenzó a lanzar varios gruñidos y algunos gemidos de placer cuando ella mordió levemente la cabeza de mi miembro para después volver a bajar y subir sin perder en ritmo que ambos teníamos, juntos...

-E-Espera Kagome ¡Ah! ¡Me voy a venir!- grité cuando ella aumentó el veloz ritmo.

-En mi boca...- escuché que balbuceaba.

-¡Pero...! ¡Ah!-

-¡En mi boca!-

Sentí como metía más de mi miembro en su boca y me absorvía con mucha más fuerza. Fuerza que logró que su cavidad bucal se estrechara contra mi miembro hasta casí doler un poco y no lo pude evitar. Kagome hizo una gran travesura de la que ya no podía salir. No logré detener a mi cuerpo...

-¡Ahh! ¡Mierda!- grité fuerte cuando sentí como me corría en su boca.

Ella apretó más la base de mi miembro mientras yo soltaba gemidos con cada espasmo que soltaba mi cuerpo. Mi mente quedó en blanco... Sentía como si alguien o más bien una azabache hermosa hubiese drenado de mí una inmensa cantidad de mi fuerza con sólo una actividad.

-Kagome... Eres una mala alumna. Nunca creí que tuviera que castigarte dos veces en el mismo día. Nunca pensé que te castigaría algún día...- la miré a sus hermosos ojos con mis ojos dorados y seguramente algo cansados. -Te tendré que penetrar antes de tiempo...-

Ella me miró asombrada y en sus ojos podía notar miedo pero gran cantidad de emoción y anticipación acompañadas de deseo en su achocolatado mirar. La volví a sentar en el escritorio que era lo suficiente mente grande como para que yo estuviera a su altura fácilmente y ella enredó sus bellas piernas con sólo los zapatos y calcetas del instituto en mis caderas desnudas. Con mis pies a como pude traté de quitarme el pantalón completamente y me coloqué la punta de mi miembro en el clítoris de ella en una mala puntería.

-¡Ahh!-

Kagome gimió cuando por accidente apreté la cabeza de mi miembro más contra el clítoris de ella y también cuando lo froté ligeramente. Entrecerré levemente los ojos y mi espalda se arqueó cuando comencé a frotar la extensión de mi miembro en todo lo largo de la intimidad de Kagome con algo más de fuerza.

-¡Ahh!-

-Hugg...-

Comencé a entrar con lentitud dentro de ella pero Kagome de verdad que estaba desesperada y me atrajo con sus piernas más cerca de ella; lográndo que mi pene entrara casí completamente dentro de ella. Yo solté un grito de placer y ella uno de dolor ¡Mierda! ¡Mierda! ¡MIERDA! ¡La lastime! Y además... ¡Lo disfruté! En esos momentos me sentía tan vil como lo era Voldemort ¡Y mira que ese tipo no tiene nariz!

-L-Lo siento mucho Kagome...- me angustie cuando dos lágrimas bajaron de los ojos entrecerrados de ella. -¡Kagome! Lo mejor será que me salga y...- mientras decía esto comenzaba a sacar mi miembro lentamente de ella pero Kagome me volví a atraer a ella logrando que mi miembro volviera a entrar pero ahora más profundo. No lo pude evitar y solté un gemido por la accidental embestida que le dí a su cuerpo.

-¡No lo haga, profesor!-

-Pero Kagome...-

-Sólo muévase despacio- me ordenó ella y yo solamente sonreí.

-Se supone que yo daba las órdenes aquí.-

-Hay maestros que aprenden de sus alumnos, profesor...-

Y mientras discutimos un rato me moví lentamente. Sentía perfectamente la carne interna de ella acariciar mi miembro; sobre todo la gruesa cabeza de mi miembro. Solté un gemido cuando mis caderas sin orden previa de mí se movieron sólo un poco con más fuerza y más profundo llevando mi miembro hasta casi el límite de ella. Kagome se tensó pero no se quejó un poco. La miré volviendo al ritmo suave de antes y ella soltó un gemido leve.

-¿Cómo estás?-

-Mmmmg. Va mejorando...-

Me emocioné un poco al escuchar como gemía con suavidad y me moví con el mismo ritmo suave pero más hondamente. También tuvo efecto en mí, ya que, mi espalda se encorvó un poco. Miré sus senos que rebotaban ligeramente y mi boca capturó uno de ellos escuchando triunfante como Kagome gemía más alto y tomaba mi cabeza con sus manos con fuerza; como si se quisiera enterar que era real. Me moví de tal forma que mi miembro rozara el clítoris de ella en cada embestida y comencé a absorber el pezón de ella con algo de brusquedad que me caracterizaba.

-P-Puedes moverte más rápido... Ah...-

Me dijo al final con un gemido que aunque no fuera tan fuerte como los anteriores o como cuando mi lengua la exploró me sentía satisfecho de que al menos se encuentre disfrutándolo más o menos como yo. Como yo que me encontraba con los ojos fuertemente cerrados mientras mis manos con ahora garras, garras que poseía sólo en esos momentos, se encontraran arañando con levedad los muslos blancos de mi querida alumna. Aumente más el ritmo de las embestidas a unas para nada lentas pero no demasiado fuertes para que ella no sintiera dolor. ¡Sólo Kami-sama sabía cómo me costaba no aumentar el maldito ritmo a uno casi bestial! Pero si hacía eso sería como los demás; me dejaría llevar por mí y no por mi pareja.

-¡ahh! ¿Cómo te sientes?- gemí llevando mis labios de su pezón a su cartílago del oído que fue el receptor de tales palabras dichas por mí.

-¡Cállate y aumenta el maldito ritmo! ¡Ah!- eso para mí significó un "Sí, puedes ir más rápido"

-A sus órdenes alumna. ¡Ah Mierda!-

Aumente el ritmo al deseado que consideraba uno muy placentero y parece que a Kagome también ya que llevó sus manos a mi espalda y comenzó a arañarla con mucha fuerza que fue capaz de dejar unas buenas marcas sobre mi espalda. Kagome comenzó a gritar como loca y yo sólo gemía junto a ella. ¿Esto era sexo? No... esto era hacer el amor. Hacer el amor con mi alumna. Mi Kagome...

-¡Mierda! ¡Ahh! ¡No hagas eso!- gemí en su cuello cuando la sentí mover sus caderas acariciando cada parte sensible de mi miembro. Ella no me obedecía, al contrario, no lo volvió a hacer una vez, si no cuantas veces se le daba la gana mientras yo mordía su clavícula con rudeza aguantando calladito todos los gruñidos que mi sistema me ordenaba sacar o más bien gritar. Kagome enterró sus uñas en mis hombros y yo me vi obligado a colocar mis manos al borde del escritorio. No creo que aguante mucha ya que pude escuchar como algunos lápices caían del gran escritorio y perfectamente como algunas piezas ales como los tornillos comenzaban a ceder a tanto movimiento.

-¡Ah! Ya veo... ¿Quieres hacerlo tú?- le pregunté cuando ella enredó sus brazos alrededor de mi cuello y comenzaba a emplear algo de fuerza hasta que sentí como su trasero se levantaba de la madera que conformaba el escritorio. Ella me miró y envés de contestarme se levantó más hasta alcanzar mi cuello y me mordía fuerte a la altura del omoplato. Gemí excitado por su acción. Desesperado con mi vista comencé a buscar algún lugar plano para la acción que haré en el futuro y justo al lado del escritorio se encontraban algunos colchones de gimnasia; según entiendo habían tenido gimnasia a penúltima hora antes que amí. La senté sobre el escritorio y salí de ella escuchando como ella gemía en protesta. Caminé sin pudor alguno por mi desnudes rumbo a los colchones y expandí 3 en el suelo; uno sobre cada uno.

-Venga.- le dije a Kagome. -Es tu oportunidad de domarme ¿La desperdiciarás?- le pregunté sentándome en los tres colchones.

No pasó más de un minuto cuándo miré a Kagome saltar del escritorio al suelo y después su cuerpo impactó contra el mío; tumbándome en el colchón con una hermosa mujer arriba de mí cuerpo. Me quejé un poco por el dolor pero mi mueca cambió a una de placer cuando sentí a Kagome introducirme rápidamente en ella. Mi espalda se arqueó contra su cuerpo y ella enterró sus uñas en mis pectorales gimiendo a lo que pude identificar rápidamente; de placer.

-¡Ah! ¡Kagome...!-

-¡Profesor...!-

Grité cuando la sentí apretarme con algo de rudeza y más cuando ella mordió mi cuello con fuerza. Esperaba que su marca quedara grabada con sangre en mi cuerpo para hací después poder descansar en paz al saber que algún día mi gran sueño se cumplió.

-¡AH! ¡Si te haces más apretada yo...! ¡Me vendré más rápido!- grité cuando su cuerpo me apretó más y ella apretaba su mordida en mi cuello.

Me revolví debajo de ella y Kagome se sentó sobre mi miembro mientras sus caderas la hacían saltar de vez en cuando. Gemí por la gran imágen que tenía enfrente de mí: Kagome sentada sobre mí con las mejillas rojas, los ojos brillantes y sudor que quería lamer en su cuello, frente y quizás la espalda también tenga un poco.

Kagome parece que entendió mi acción de sentarme porque apretó más la mordida de mi cuello y me dijo:

-No se levante, o tendré que castigarlo, profesor...-

¡Kami-sama! ¡Hice un monstruo! No creí que Kagome actuara así después de esto.

-¡AH! ¡¿Tan mal profesor soy?!- me mofé yo mismo cuando ella movió con mucha más fuerza sus caderas; dejando mi mente en blanco y tuve que pensar en la Química ambiental para después hacer preguntas para el examen de pasado mañana para no venirme dentro de ella con mi ya sobre excitado miembro. Podía escuchar el sonido que hacían nuestros cuerpos al unirse y como mis testículos golpeaban con algo de brutalidad contra el trasero de ella.

Levanté del conchól mis manos y las coloqué en sus corredizas caderas mara aumentar el ritmo hasta que sentí como mi pene se hacía más largo y después un líquido que proveía de ella lubricándome para hacer mi última embestida la más placentera que las anteriores.

-¡AH Profesor!-

Ella literalmente me ahorcó al momento de tener su segundo orgasmo a mi lado y sentí su vientre y abdomen en mi abdomen; seguramente por que se arqueó contra mi. Mi mente quedó más en blanco y dejé que mi cuerpo impactara contra el colchón de gimnasia mientras mi alma salía de mí e ingresaba en el cuerpo de mi pequeña alumna.

Momentos después sentía a Kagome recargarse contra mi pecho mientras yo trataba de regularizar mi respiración con dificultad. Kagome se levantó de mi pecho y besó mi cuello; mismo lugar donde sentía un poco de ardor. Seguramente donde me había mordido minutos atrás.

Levanté su escaso peso sin problemas con mis brazos aún estando dentro de ella y caminé al escritorio. Miré divertido algunos papeles mojados en él y un lápiz roto. ¡¿Cómo rayos se a roto un lápiz?! Kagome me miró seria y con un gran sonrojo en su cuerpo.

-¿Qué pasa, Kagome?- le pregunté.

-Más bien es: ¿Qué no pasa?, profesor.- la miré sin entender. -Sólo mire mi cara...- con gusto lo haría... - No sé si podré volver a entrar a este salón sin evitar poner una cara seria.- me dijo sonriendo.

Yo solamente solté una carcajada al escucharla decir eso. La miré a los ojos.

-Bueno, es en ese caso... Podríamos pasarnos un rato por las otras aulas para que en todas pongas la misma cara.- ella río junto a mi mientras me abrazaba con su cuello.

-Te quiero, Kagome...-

-Yo lo amo, profesor.-

¡¿Profesor?! Tenía unas enormes ganas de gritar que habíamos hecho el amor y que ya no eran necesarias las formalidades. ¡¿Por qué a los intendentes los llamaba por su nombre y a mí no?! ¡¿Profesor?! Sólo quiero que me llame Inuyasha.

Caminé tranquilamente a los colchones y arrojé a Kagome perfectamente en ellos. Al salir de ella mi miembro erecto se dejó mirar por la mirada achocolatada sorprendida de ella y yo sólo pude sonreír con lujuria mientras me colocaba nuevamente entre sus piernas.

3 años después.

Abrí la puerta de mi hogar esperando encontrar a mi hijo Takashi corriendo por todo mi alrededor gritando feliz "Papá, papá. Ayúdame con mi tarea"

Feliz de la vida comencé a buscar a mi esposa pero no la encontré.

Grité varias veces su nombre pero me desesperé cuando no escuché respuesta alguna. Arrojé mi maletín y saco en algún lugar de la sala y corrí escaleras arriba rumbo a nuestro cuarto.

-¡¿Kagome?!-

Abrí la puerta pero se encontraba en la total oscuridad. Con mi mano busqué el botón mágico de la luz; como yo le había llamado junto a Takashi, y lo encendí.

Me sorprendí al ver en la cama a una universitaria que yo bien conocía; la madre de mi querido hijo.

-¿Kagome...?-

-Profesor, eh aprendido trucos nuevos a su lado...¿Le apetece verlos?-

Ella se levantó de la cama sentándose y miré excitado como sus atributos se apretaban por su edad de 22 años en un uniforme de universidad. Ella caminó lentamente a mi espalda y yo me dejé llevar al sentir como me empujaba. Caí de espaldas a la cama y sentí su peso sobre mi abdomen mientras tomaba mi corbata y me atraía a sus labios.

-¿Takashi?- dije cuando ella rozó sus labios hidratados con los míos.

-En la casa de Sango...-

Y me besó con pasión que hace años no mostraba a la luz. Llevé mis manos a la cintura de ella y las dejé inmóviles en esa área. Nos separamos con un sonido húmedo y ella se sentó sobre mi creciente erección. Yo sólo pude soltar un jadeo cuando ella se comenzó a mover de adelante hacía atras con lentitud pero con fuerza.

Síp, definitivamente Kagome era la mejor esposa para mí y la mejor madre para Takashi...