Un traslucido vapor se movía de un lado a otro con grácil calma. Una gota de agua, producto de lo acumulado en le techo, reflejaba silenciosa lo que bajo ella se dibujaba.

La boca entreabierta musitaba cosas sin sentido; los parpados cerrados y las facciones relajadas, siendo estimulados por el constante caer del agua, expresaban cada uno la tranquilidad que deseaba conseguir; rompiéndose el encanto cuando su violácea mirada de presentaba.

Él cuerpo quedó estático una vez cerrado el grifo, desnudo e inmutable, mirando al vacío, seducido por la inexistencia que ahí se pintada. Las últimas gotas deslizaron lujuriosas por su cuerpo, corriendo por todas partes hasta morir con el aire húmedo.

Un suspiro escapo entonces de su boca, avanzando autistamente hasta la puerta, tomando la toalla que se exponía insignificante a su mandato. Se frotó el pelo sensualmente, disfrutando las caricias que se auto proporcionaba. Tomó el pomo con firmeza, rodando el seguro, y deslizándose secamente hacía fuera…. Encontrando su mirada, con aquélla enigmática esmeralda que aguardaba pacientemente su llegada.

- Les femmes elles me frôlent de leurs, regards penchés

Les bons messieurs eux, voudraient tellement m'déshabiller

A.K.A., Carla Bruni

- Burdel Akatsuki -

By SoTtoMarU

Capitulo 2.- Hombre de Tentación.

Ambas miradas se fijaron en la otra que yacía frente a ellas, y un inquietante momento de silencio se formó entre ambas entidades.

-…

Los ojos violetas se estremecieron ante los esmeraldas que los oprimían, pesados y firmes, como una estaca. Su cuerpo se tensó al sentir aquélla mirada recorrerle el cuerpo entero, cómo delineaba con tremenda delicia cada centímetro de piel expuesta a sus ojos, cómo se maravillaba al saber que no se le escondía nada.

Un sonrojo comenzó a extenderse en una línea por toda la cara, obligándolo a arquearse inconscientemente, juntando ambas manos y escondiendo vagamente su rostro tras la toalla.

-…

No dejó ningún punto sin memorizar en su mente, de aquél cuerpo pequeño y joven qué distaba demasiado a parecerse al de un joven común y cualquiera. Sonrió satisfecho al escuchar un leve gemido, sin saber porqué era, cuando su mirada descendía por sus piernas, volviendo a subir hasta regresar a su rostro, pasando pro su torso, recordando sus rosados pezones, sin que olvidase nada .

Quiso abrazarlo, quiso tomarlo y hacerse de él de todas las maneras hechas y por haber, tenerlo por siempre y no dejar que el mundo lo volviese a tomar siquiera para mirarle.

-…

Y ahí estaba, de pie frente a su cara, comiéndole con la mirada mientras se recargaba en el marco de la puerta, observándole de pies a cabeza sin pudor alguno. Se cubrió con lo primero que pudo, cohibido y avergonzado como nunca antes, ofendido por tan desagradable insolencia pero con extraño sabor de felicidad.

Caminó furioso hasta donde el mayor aún le miraba y plantándole cara, comenzó a vociferar histérico a todo lo que daba.

- quién coño eres tú y que mierda haces en MI habitación?!!- el otro sonrió burlón- qué es tan gracioso!!!?

- ah…- se irguió completamente, asustando a Hidan que se echó hacia atrás un par de pasos, y con voz fuerte carraspeó- vienes conmigo- inquirió tranquilo.

- eh?- eso desubicó a Hidan- ir? Cuándo? Contigo? QUEEEÉ?!!- el rubor se extendió a toda su cara.

- espero abajo- dicho eso, dió media vuelta y se alejó por el pasillo.

Hidan le miró sin comprender y, con rabia, azotó la puerta de su habitación. Deidara, qué salía y cerraba su cuarto con lave, les miró extrañado, siendo el mayor su atención principal pro tal escándalo.

- uhn…

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- ah… ah…

El peliplata se encontraba tras la puerta de su habitación, respirando agitadamente y mirando al suelo con perdición, pensando en todo lo que le acababa de acontecer hacía segundos atrás.

- kh… maldito bastardo!

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Pain salía del pasillo con el cabello totalmente despeinado. Dió un bostezo, largo y profundo, antes de percatarse que la mayoría de sus principales empleados estaba ya desayunando en el local. Deidara llegó justo tras él, espantándolo casi en el acto.

- buenos días- saludo sereno y con las voz somnolienta

- ah… buenos días- el pelinaranjo le miró de arriba abajo, y un sonrojo muy disimulado la corrió por la cara- Deidara…

- hoy hace más escándalo que de costumbre por allá arriba- señaló con le pulgar, Pain miró de reojo.

- Hidan…- exclamó y Deidara asintió- ha… ya tiene asignado un compañero- Deidara lo miró incrédulo- aunque no lo creas…

- es…- los ojos azules se entornaron a donde el mayor y esta vez fue su jefe quién asintió- vaya… no se quién dará más pena, uhn…-rió.

- créeme que no será necesario- dicho eso descendió hasta donde Konan servía un par de tazas de café negro para ellos.

El rubio examinó a Kakuzu, que leía entretenido el periódico y tomaba café como los demás, y suspiró. Saltó los últimos escalones que le faltaban, removiendo graciosamente su vestidura – un pantalón negro con un abrigo del mismo color, que más le quedaba como vestido, portando por igual una bufanda roja - y revoloteando sus cabellos.

Llegó hasta la mesa y se sentó al lado de un joven pelinegro, que parecía perdido en sus pensamientos y cuya taza de café estaba casi intacta. Le miró de reojo y bufó tratando de llamar su atención. Al cabo de un rato optó por dejarlo en paz, no iba a responder.

- ah…- miró un sobre blanco que yacía con su taza, y simplonamente se dedicó a abrirlo y a leer las ordenes para ese día- vaya… me pregunto quién será ésta? uhn- exclamó alzando una ceja.

En el sobre había una serie de papeles junto a una fotografía. Una mujer de hermosa mirada negra se encontraba sonriente frente a la cámara; sus largos cabellos castaños caían gentiles sobre sus hombros y una dulce sonrisa armonizaba con su gentil mirada.

Era extraño que le mandasen a una misión con una mujer de ese tipo, que aparentemente tendría dinero y no parecía molestar a nadie; eso estaba siendo raro pero, trabajo era trabajo.

Bebió la taza de café con tranquilidad, antes que su mirada se topase con la de Hidan. Bufó nuevamente y terminó su bebida de un trago, se levantó de su lugar y dando 'gracias', se despidió de sus compañeros para hincar su trabajo. Guardó su sobre entre sus ropas y se dirigió a la puerta, rozándose con Hidan en el camino.

- tan temprano y ya a follar?!- lo picó Hidan.

- por más temprano que sea, tú siempre seguirás siendo imbécil, uhn!- contraatacó, el otro frunció el ceño.

- jum… pero si ayer ni siquiera podías hablar entre gemidos que gritabas!- rió, esta vez fue el rubio quien se molestó.

- un virgen como tú no me viene a dar sermones- siseó con veneno, Hidan se quedó callado ante el comentario.- ju…

Una fina sonrisa adornó el rostro de Deidara, disfrutaba cuando la situación se invertía a su favor aunque… a veces le daba un poco de pena su compañero. Sonrió tajante y continuó andando, pasando de lado a Hidan y traspasando el umbral principal para salir a la calle y perderse entre la densa neblina oxidada de día.

Los ojos violetas se fijaron al suelo con rabia, nuevamente había ganado. Un escalofrío lo saco de su coraje, sintiendo nuevamente aquélla mirada recorrerle el cuerpo; rodó los ojos, cohibido, hasta Kakuzu que ya esperaba con una sonrisa junto a la mesa.

- nos vamos?- inquirió. Hidan se sorprendió y casi de golpe, los recuerdos comenzaron a regresar.

- cállate!!- Vociferó- contigo ni a la esquina!!

Dio media vuelta, bufando y vociferando en voz baja, y caminó hasta llegar donde todos los demás quedaban callados para omitir cualquier pelea matutina con el menor. Sacó la silla, en al que Deidara se había sentado antes, de mala gana y se tumbó en ella para comenzar el día.

Estaba a punto de tomar su café caliente cuando la voz de Kakuzu le detuvo secamente.

- vayámonos…- miradas furtivas se dirigieron a Kakuzu, y un vano murmullo se apagó tan pronto como empezó.

- lárgate tú!- gritó molesto el otro- aún no he desayunado!-lloriqueó, todo estaba poniéndolo de malas tan temprano pro a mañana, era un fastidio.

- el tiempo es oro- le ignoró el mayor- y tú desperdicias demasiado.

- …- Pain miraba de un lado a otro, de Kakuzu a Hidan y viceversa, refugiado tras su taza l momento de beber el café.

- vamos- Kakuzu se abrió paso ante los demás y avanzó inmutable hasta la puerta, pasando cerca del líder y despidiéndose al paso- nos veremos en la noche- Pain simplemente se limitó a asentir.

-…

Hidan miraba incrédulo la escena, nadie decía nada para frenar al situación, Ni siquiera Konan! Quién era la que siempre le daba la razón a alguien o terminaba con las disputillas entre todos, nadie! Miró al ojigris expectante, topándose mirada a mirada con él.

- di algo, puta madre! –chilló- que no eres el jodido líder?!!

- ah…- Pain dejó su taza en la mesa- no pierdas más el tiempo y muévete

La voz ronca de Pain lo hizo desubicarse aún más, que su maldita organización comenzaba a perder la 'cordura' que aún les quedaba? Se levantó casi autómata y corrió ala puerta tomando una bufanda negra de un perchero cercano, abriendo la puerta y moviéndose para alcanzar a Kakuzu.

Un golpe sordo resonó por el salón al cerrarse la puerta. Pain tomó nuevamente su taza y sintió como Konan llegaba a su lado para comenzar su desayuno, después de haberle servido a medio mundo.

- estarán bien?- preguntó, comenzando a comer tranquilamente.

- si, no creo que ninguno se muerda- inquirido tranquillo, degustando su café.

- eso es lo que espera Madara- una voz vaga y sensual se escuchó tras el pelinaranja. El ojigris casi escupe su café al ver quién yacía tras él.

- tú..

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Los ojos lilas observaban furtivamente al mayor que caminaba a su lado, un suave sonrojo coloreo sus mejillas. Sintió un extraño calor en el pecho que lo debilitaba, que lo emocionaba y que al mismo tiempo, le aterraba. El mayor detuvo su paso bruscamente, ocasionando que el joven chocase contra su espalda.

- qué demonios..!!!- su voz calló la observar la norme puerta de ébano frente a la que estaban, un espasmo corroyó su cuerpo. Ahora que lo pensaba, non sabía ni siquiera a donde iban, solo sabía que lo había seguido sin preguntar nada.

- llegamos- informó Kakuzu a su compañero.

- ah…- Hidan asintió anonado.

Las paredes de ladrillo rojo deslumbraban a cualquiera gracias a la neblina oxidada. Una enorme y ancha puerta se levantaba gloriosa en la fachada, con un tocado de metal negro para llamar a esta cuando se requiriera. Una enorme ventana yacía junto a la puerta, cubierta por una cortina blanca, que parecía bastante pesada.

Era una casa de magnifica presencia. Ahora entendía por que la arquitectura nueva que había llegado de occidente, después de la Restauración, era asombrosa. Notó como algo le llamaba y pronto cayó en cuenta que Kakuzu le hacía una seña para que pasara, se había quedado estupefacto con la fachada.

- …

Entró deprisa al lugar, escuchando la puerta cerrarse tras su paso, y asombrándose nuevamente de lo hermosa que lucía por dentro: pequeña, cómodo y acogedora, sin duda que la fachada solo era una pantalla pero no le quitaba el misterio que envolvía al interior. Un viejo recuerdo volcó su mente, realmente ese lugar se parecía a lo que una vez llamó 'hogar'.

Kakuzu se sacó el abrigo y lo colgó en el perchero, junto a la puerta. Se sacó la bufanda y repitió el acto, dejando como siempre su velo cubriendo su cara, poniéndose cómodo para comenzar con el trabajo que Madara le había pedido, una revisión de documentos y cuentas pasadas. Hidan permaneció inmóvil un momento más hasta que la voz de Kakuzu lo sacó de sus pensamientos.

- Piensas quedarte a admirarla todo le día? Hay trabajo que atender…- el ceño se frunció nuevamente en el peliplata.

- ya voy!- resopló de mala gana.

Se sacó la simple bufanda que llevaba y la colgó junto a los ornamentos que Kakuzu ya había dejado atrás. Corrió ágilmente tras el otro y se adentraron al pequeño estudio que tenía junto a la sala. El dueño tomó asiento en el escritorio y le ofreció un sillón al otro. Un incomodo momento de silencio fue roto después de un par de minutos.

- que tenemos que hacer?- preguntó tratando de guardar la calma, se sentía extraño al estar en esa casa.

- cuentas, revisiones de papeles…. Solo eso- respondió sereno.

- ah, vaya…dinero- escupió con asco- tenía que ser eso…

- te molesta?- preungtó interesado.

- no, simplemente que no lo había... pensado de esa forma- mintió. Hablar sobre dinero siempre lo molestaba. Tomó un poco de aire y prosiguió- bonita casa…

- gracias, la compre antes de volver aquí… no fué muy cara, es lo bueno.

- ya veo- otra vez, dinero.

- quieres algo de tomar?

- no, gracias, estoy bien… quiero terminar con esto rápido- trató que su tono de voz no sonara molesta pero algo lo traicionó- solo hagámoslo…

- te molesta algo- insistió.

- no!- alzó al voz- no… estoy bien… no es nada, solo algo cansado…

- tan temprano?- ese tipo si que lo estaba sacando de sus casillas más rápido que cualquiera.

- ais! Solo hagamos esto y ya! Maldita sea!- gritó- me siento incomodo en este lugar!

- entonces aún sigues molesto por lo de la mañana…- Kakuzu comenzó a rebuscar una pluma entre sus cajones.

- eh?- lo había olvidado por completo- eso…- el sonrojó lo golpeó- ya qué importa? Joder…

- bien- sonrió tranquilo bajo la mascara- entonces comencemos…

- si..- miró la casa nuevamente. Era demasiado nostálgico como para no sentirlo.

Kakuzu acomodó unos cuantos sobres con cheques frente a él, llamando nuevamente su atención y pidiéndole que los ordenase por fecha para que fuese más fácil. El día pasó tranquilo, sin mucho ajetreo tal y como el mayor esperaba, sin embargo, fue todo lo contrario y algo en él le decía que eso no estaba bien.

A pesar de que no se conocía y llevaba escasas horas de verlo, se limitaba a intuir que el silencio en el menor no era muy común o que, al menos, no era habitual en su interacción con alguien más. Por lo que había averiguado, gracias a Zetsu y los fugaces comentarios que su jefe llegó a hacer sobre él; Hidan no era una persona que coordinara bien con los demás en misiones y, los últimos compañeros que había tenido en ellas habían resultado lesionados de gravedad, dejándolos casi lisiados, o bien, muertos.

Mirándolo bien, realmente parecía un muchacho buscapleitos y creído. Bueno, tarde o temprano sabría las demás cosas que le inquietaban así que lo mejor era no apresurar las cosas.

Volvió sus ojos al escrito que tenía frente a él y dejó por un rato más a Hidan en su quehacer.

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Deidara miraba aburrido la puerta de una enorme casa, sentado en una banca de un parquecillo frente a ésta. Pasaba su mirada de la foto que tenia en mano, a la puerta principal del caserón, moviendo sus pies inquietamente y comenzando a desesperarse pro que no hacía nada interesante más que observar. Sólo seguir las órdenes dadas, eso era lo que tenía que hacer.

- m?

El rechinar de la puerta, de reja, llegó hasta sus oídos, obligándolo a movilizarse al instante para ver quién era la persona que salía del lugar.

La mujer de la fotografía salía a la calle acompañada de su perro y una doncella. El rubio se levantó de la banca y caminó a paso sigiloso por donde ambas se dirigían, para lo que parecía ser, hacia donde entrarían al parque.

- vaya… si que es hermosa…

Los castaños cabellos caían graciosamente, en forma de rizos burdos, sobre sus hombros; un vestido de color verde hacía juego con ellos y su mirada gentil refulgía gracias al par de perlas negras que poseía por ojos. En verdad no encontraba la razón exacta para que alguien como ella tuviese que ver con la organización, y mucho menos parecerse a todos los tipos que él había matado antes por las mismas razones.

Tomó el sobre que guardaba entre sus ropas y volvió a leer toda la información. Al menos algo para pode acercarse más a ella. Guardó le sobre nuevamente, una vez confirmada la información, y avanzó hasta a ambas mujeres de manera natural. Hizo un ademán que llamó la atención del perro, yendo éste hasta él, escapando de su dueña.

- SUSU!- gritó la mujer con una voz suave y agradable.

- …- Deidara cogió al pequeño animal en brazos y se lo entregó a la mujer- toma.

- gracias, creí que huiría- respondió al tomarlo nuevamente.

- es tuyo? Es un perro muy bonito- sonrió.

- gracias, es muy lindo de tu parte- sonrió con amabilidad- te gustan los perros?

- son animales curioso- rió- digamos que si, uhn…

- oh! Jejeje… ya veo, este…

- me llamo…

- señora Yukari!- la muchacha llegó corriendo- ya es tarde, será mejor que volvamos- pidió nerviosa y cansada.

- es verdad… lo siento- se excusó con el rubio- me tengo que ir… un gusto conocerte…

- claro, seguro, uhn…- sonrió para despedirse- hasta luego… Yukari-san!

La mujer se alejó del lugar sin volver a preguntar el nombre del rubio. Un sentimiento de profunda curiosidad se formó en le menor; realmente era extraño que una mujer así pudiese tener mucho que ver con algo como lo era el Burdel Akatsuki. Dio un suspiro y dando vuelta, se encaminó de regreso al local, había muchas preguntas que le debía contestar.

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Al fin el trabajo estaba terminado. Las manecillas del reloj marcaban ya las 5:30 de la tarde y, Kakuz y Hidan se disponían a volver al Burdel para entregar cuentas de su trabajo realizado.

Una cara apagada y poco animada se veía en Hidan quién se colocaba la bufanda sobre el cuello, dispuesto a salir rumbo a su cuarto y quedar dormido hasta que fuera nuevamente de día. Las cuentas lo habían agotado demasiado.

Abrió la puerta y dio un paso afuera, el frío comenzaba a calar.

- será mejor que nos apresuremos a volver- explico le menor tranquilo, demasiado inusual en él- el Burdel está pro abrir…. No quiero toparme con las putas esas…- hizo un puchero con la boca- vamos!

- ahora tu eres el apurado- rió le mayor.

- cállate imbécil, solo mueve tú puto culo hasta el burdel y listo!- amenazó con el dedo al mayor.

Una vez cerrada la casa con llave, y los papeles en un sobre para sumar cuentas, ambos se pusieron en marcha rumbo al afamado burdel. Hidan caminaba aprisa, un par de pasos más adelante que su acompañante, peor siempre esperando cuando el oto comenzaba a declinar. No llegaron más allá de tres calles cuando el amyor comenzó la platica.

- realmente estás molesto- aclaro le mayor, el menor se detuvo unos pasos más adelante.

- deja de joderme ya!- gritó- dije que no tengo nada!

Se quedaron viendo unos segundos. Una anciana salía a la calle con una cubeta de agua en mano. En un berrinche, Hidan dio media vuelta, furioso y dispuesto a correr hasta el burdel si era necesario. Un chorro de agua lo bañó casi al instante de soltar el primer pasó, dejándolo más frío que el mismo hielo.

- qué demo… HIJA DE PERRA!!! ME ACABA DE MOJAR!!!- gritó eufórico pero sin respuesta. La vieja ya había desaparecido de la escena.

- uhm…- Kakuzu suspiró hondo, Hidan realmente parecía difícil. Fijo su mirada en el empapado joven y sonrió con algo de malicia.

La camisa que llevaba encima había quedado casi traslucida por el agua, los pezones del ojilila se endurecieron casi al instante por el frío, dejándose entrever sensualmente por lo mismo.

- ah…- un sonrojo se hizo presente en su pálido rostro, se abrazó así mismo para que le otro no le viese pero resultaba patéticamente estúpido.

- por qué la pena?- el mayor se acercó peligrosamente al joven, obligándolo a echarse hacia atrás- ya te he visto antes…

- cállate!!!

- pareces virgen realmente- eso lo avergonzó más.

- CLARO QUE NO!!! MALDITA SEA!! TODOS VAYANSE A LA MIERDA!!!- gritó histérico.

- si no lo eres, por que te avergüenzas?- repesó su cuerpo sobre el otro.

- ah... yo… Kakuzu, ah…- el administrador estaba demasiado cerca- aléjate…

- es la primera vez que me llamas por mi nombre tan…suplicante- su gruesa mano acarició la marmórea y suave piel del peliplata.

Extraño, todo era extraño. No se conocían, ya se miraban, se tuteaban, se tocaban… que era toda es relación extraña y bizarra que había salido de una simple noche con una copa encima? Era extraño y… fascinante.

No sabía cómo, cuándo y por qué estaba en una callejuela vacía con aquél hombre desconocido y atrayente de nombre Kakuzu.

No entendía cómo, por qué y cuando había comenzado a sentirse atraído por ese niño mimado. Extraño, bastante extraño.

Su mano acariciaba suavemente la mejilla del menor, fijando su mirada en la otra que le observaba con miedo y con ansiedad. Se sorprendió al sentir como su aliento se acercaba a él, como comenzaba a acariciar su pecho conforme subía los brazos torpemente hasta colgarse de su cuello.

- Hidan…

- …kuzu…- fue lo poco que pudo pronunciar antes de rozar la tela negra del velo.

Un gemido escapó de su boca al sentir los fuertes brazos de Kakuzu aforrándolo por la cintura, bajando sutilmente a la cadera y divagando de un lado a otro sin cesar. Palpando cada músculo que en la mañana, bien pudo delinear con solo una mirada.

- ah…

Se sentía feliz, emocionado; por primera vez sentía que no envidaba nada de lo que en otras ocasiones hubiese negado. Se sentía tranquilo, querido y deseado. No podía negarse a desear tenerlo más cerca cada vez más, sentir sus besos, sus caricias, sus brazos, protegiéndolo y queriéndolo...

No quiso saber ni cuándo, ni cómo, dónde o porqué estaban ahí y ahora en esa circunstancia, todo pasaba raro, extraño pero apetecible y bien recibido. Pero… cuánto podría durar el encanto? Un día, una semana, un mes, un año… un vida? O simplemente… una noche de sexo?

CONTINUARÁ…