Recuerdos Que Me Atormentan

Parte 02


Lentamente abrí mis parpados. Mis ojos notaron el lugar en el que me encontraba. Vi come yacía acostado en la cama de una pequeña habitación bien decorada, al estilo de una cabaña. También noté como mis guantes y zapatos estaban acomodados en una silla al lado de la cama. Me los puse rápidamente y me paré de la cama, saliendo de la habitación. Al salir al pequeño pasillo, sentí como algo chocó contra me cabeza. Vi que se trataba de una pequeña criaturita. Por algún motivo, sabía que el nombre de la especie de la criatura era Chao (Chao Demonio para ser exacto). Él solo se rió y se alejó de mí. Como instinto, lo seguí a paso ligero, llegando a unas escaleras y bajando por ellas. Ya en el primer piso de la residencia en la que me encontraba, caminé unos cuantos pasos para encontrarme en la sala de esta. Allí estaba el Chao que vi, junto con otro (Chao Angel). El otro Chao trataba de jugar con el Chao Demonio, pero este se mostraba molesto, a tal punto que mordió al Chao Angel. Escuché como esté chilló fuerte, alejándose, comenzando a llorar.

- ¡Demon! ¡Te he dicho que no hagas eso! – Escuché detrás de mí decir estas palabras (regaño) con firmeza. Me giré y la vi. Vi a la persona de la cual solamente había visto su silueta. Vi como esa eriza, de color de pelaje rubio, donde sus púas llegaban hasta un poco más debajo de sus hombros, con un vestido azul celeste, con mangas blancas y zapatos que combinaban con el vestido, caminaba hacia el Chao Angel y lo acariciaba. – Ya, ya, tú sabes que a él no debes insistirle cuando no quiere jugar. – Lo calmaba diciéndoles estas palabras con ternura, dándole un beso. Ella dejó a un lado al pequeño al Chao, ya que notó que la observaba. A pesar que mis ojos se fijaron en los de ellas, los cuales eran azules, no hubo palabras que salieron de sus labios.

- Hola. – Fue lo primero que se me vino a la mente, siendo el primero en hablar.

- Hola. – Me contestó el saludo con la misma frase. No sabía por qué, pero por algún raro motivo sentía que ella me era familiar. – Veo que ya despertaste, Shadow. – Comentó, pero al decir esto último reaccioné de manera brusca.

- ¡¿Me conoces?! ¡¿Sabes quién soy yo?! ¡Dímelo ahora mismo! – Le exigía con gritos, agarrándola fuertemente de su brazos y viéndola fijamente. En su cara noté la expresión de miedo y terror que pasaba por su cuerpo. Al saber lo malo que estaba haciendo, la solté y me alejé unos cuantos pasos de ella. Ella temblaba, mientras los dos Chaos se colocaban sobre sus hombros para tratar de calmarla un poco. Le di la espalda y salí de esa casa/cabaña. Ya afuera, noté como un jardín rodeaba casi toda la entrada principal, habiendo un pequeño camino para no dañarlo con las pisadas. Di muchos suspiros, tratando de calmarme y pensar en lo ocurrido. Mi estómago gruño con fuerza, mientras yo ponía mi mano sobre mi panza ya que me dolía un poco. En eso, sentí como una mano era puesta sobre mi hombro con suavidad.

- Entra, debes comer algo por tu bien. Después de todo, dos días durmiendo abren el apetito a cualquiera. – Me comentó con una sonrisa. Yo, sin objeción entré. Ella me guió hasta la cocina, en donde me senté en unas de las sillas. Ella, junto con los Chao ayudándola, sirvió unos platos de sopa. Cuando se sentó de frente a mí, yo la vi a los ojos, con la única pregunta que mi mente quería hacer.

- ¿Sabes quién soy yo? – Pregunté, pero no tuve contestación alguna. Ella apartó la mirada, tomando unos sorbos a su sopa antes de volverme a ver a los ojos.

- No. No sé quién eres. – Contestó, haciéndome quedar confuso. Vi como ella notó esto. – La razón por la que te llamé Shadow fue porque, en un momento que creí que estabas consciente, te pregunté tu nombre y eso me contestaste. – Termino de hablar, volviendo a tomar sorbos de su sopa. Yo la vi, a lo cual me miró de manera fulminante al notar que yo no había probado la comida. Sin más que hacer por el momento, tomé la sopa, la cual sabia delicioso. A los pocos minutos terminé de tomarme ese platillo, quedando con ganas de más. Sin darme cuenta, ella estaba ya a mi lado, recogiendo el plato. Vi cómo se quedó quieta durante unos segundos, pareciendo alguien petrificado, al mismo tiempo que respiraba profundamente. Noté como se tapó la nariz en ese momento, viéndome un poco asqueada.

- ¿Pasa algo? – Le pregunté al notar su actitud.

- Sí, pasa algo. – dijo, dando unos dos pasa hacia atrás. – ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste? – Me preguntó. Yo, sin embargo, no tenía respuesta para eso.

- No lo recuerdo. – Le respondí. Sus ojos se abrieron como platos ante lo que oía, a lo cual me agarró del brazo y comenzó a llevarme a otra parte. Me dirigió a un baño, donde me metió y cerró la puerta.

- ¡Y no salgas hasta que huelas bien! – Refutó, haciéndome soltar una pequeña carcajada. Yo mismo me olí, notando que de verdad apestaba un poco. Tal vez no lo noté antes ya que mi cuerpo no había sudado, pero apenas lo hizo el olor se hizo evidente. Me quité mis guantes y mis zapatos. Me metí dentro de la ducha y allí abrí la llave. El agua salió al comienzo fría, pero poco a poco se fue calentando. Con los diferentes accesorios de aseos personales, me limpié. Al cabo de unos minutos, ya me había terminado de bañar. Me sequé con una toalla verde y me volví a poner mi "ropa". Salí del baño y caminé a la habitación en donde me había despertado. Allí la encontré a ella, tendiendo la cama en la que yací inconsciente esos días.

- Yo puedo hacerlo. – Dije, haciendo que saltara un poco por sorprenderla. Me vio, pero continuó haciéndolo hasta que no terminó.

- Yo sé que sí, pero eres mi invitado. Aun así, la única regla que te pido que cumplas es que mantengas un buen aseo personal. Quiero que lo primero que hagas al levantarte sea que te bañes, ¿entendiste? – Preguntó, viéndome seriamente. Yo asentí ante su pregunta. Ella sonrió, pero yo la detuve mientras se marchaba, agarrándola del brazo.

- No es por ser grosero, pero ¿Puedes decirme tu nombre? – Le pregunté, ya que en cierta manera ella no se presentó ante mí.

- Of course! Mi nombre es María. – Dijo, pero mis oídos solo escucharon cuando pronunció el nombre María. Al oír ese nombre, me quede pasmado. Alcé mi mano derecha y la puse en su mejilla. Izquierda.

- María… es bonito. – Le dije, acariciando suavemente su rostro. Vi como levemente se sonrojó ante mis caricias, soltándose rápidamente y alejándose un poco de mí. Creí que lo siguiente que vendría seria que ella me gritara o me echara de la casa por lo que acababa de hacer. Pero nada. No hubo ninguna represalia por lo que acababa de hacer. Ella solo comenzó a irse, como antes que la detuviera. Ya fuera de mi vista, escuché como tosió fuertemente. Salí de allí y en el pasillo vi como no paraba de toser, tapándose la boca. Me acerqué a ella, pero entonces sus toses se detuvieron. Elle me hizo una seña, para que entendiera que no tenía que intervenir. Yo capté esto y volví a la habitación y me acosté en la cama, durmiéndome casi al instante.


- ¡Shadow, vuelve! ¡¿Qué demonios te pasa?! – Gritaba una murciélago, que volaba a gran velocidad a mi lado. Yo huía… porque tenía miedo. No sabía que lo que estaba pasando. De un momento a otro, un aura de color verde me rodeó. Escuché como aquella chica gritaba un nombre y trataba de acercarse a mí, pero entonces el aura aumentó, cegándome; Cuando mis parpados se abrieron, mis ojos me mostraban en un lugar totalmente diferente.


Con esto último, desperté abruptamente. Suspiraba con rapidez, mientras poco a poco me calmaba. En ese mismo instante, sentí como abrieron la puerta. María estaba allí, con su mano en el pomo.

- Ya es hora de cenar. – Dijo, esperando que me parara. Yo lo hice, y caminamos hacia la cocina. En el camino, me di cuenta que ya era de noche. Además, las luces de la casa parecían muy débiles, como si de velas se tratasen (aunque la luz venia de bombillos).

- ¿Hay algún problema con la energía? – Le pregunté.

- No, no hay ninguno. Esta casa funciona con energía solar. Sin embargo, las baterías se agotan con rapidez, a lo cual hay que mantener un nivel bajo para que duren. – Me informó, a lo cual entendí con rapidez. Ya en la cocina, ella sirvió un plato de arroz junto con una sopa de fideos. Ya servidos, lo comí y sabían bien. Al terminar, ella me miró apenada.

- ¿Pasa algo? – Le pregunté.

- Siento que sea tan poco. No tengo mucho dinero para comprar más cosas. – Comentó, sintiéndose triste.

- María… estoy comiendo gratis. No puedo quejarme para nada. Aun así, estaba delicioso. – Le dije, a lo cual se alegró un poco. Los Chao también lo hicieron, ya que hacían cantos alegres mientras volando a mí alrededor. Me levanté de la silla y llevé mi pala al lavaplatos, para comenzar a lavarlos.

- No lo hagas, yo lo haré. – Refutó ella, parándose rápidamente y metiendo sus manos al lavaplatos. Yo traté oponerme a esto, ya que por todos los cuidados con los que me trataba me sentía como un inútil. En medio del forcejeo, por ver quien lavaba los platos, nuestras manos se rozaron. A pesar de que ambos tuviéramos guantes, sentí como una sensación rara se trasmitía por mi cuerpo, al igual que de María, quien a quien se le notaba un poco rojas sus mejillas.

- Permíteme que yo lo haga, ¿Right? – Pronuncié, viéndola firmemente. Ella sacó sus manos y se alejó unos cuantos pasos, sentándose en la mesa.

- Si es lo que tanto quieres, hazlo. – Dijo al recostar su cabeza sobre su mano, observándome con una sonrisa esbozada en su rostro. Sin más, comencé a lavar los platos uno a uno, terminado luego de un par de minutos. En todo ese tiempo, ella no dejó de mirarme con esa sonrisa, haciéndome sentir un poco incómodo de vez en cuando. – Bueno, ya que terminaste, ¿qué tal si salimos y observamos las estrellas? – Me preguntó, agarrándome del brazo.

- No… no creo que…– Traté de negarme a su petición, pero ella negaba con su cabeza.

- Oh, come on! ¡Te gustará! – afirmó, jalándome de mi brazo y llevándome afuera. A pesar de toda la hospitalidad que ella tuvo conmigo, esta vez no me sentía con ganas de nada.

- Dije que no. – Refuté seriamente, mientras daba varios pasos para volver a entrar a la casa. Pero María fue obstinada, ya que con su mano alzó mi vista hacia el cielo. Observé la bastedad del espacio, junto con el brillo de las estrellas que la acompañaban. Bajé mi mirada y la observé.

- ¿No te parecen hermosas las estrellas? – Me preguntó, mientras su mirada se mantenía fija hacia arriba.

- Si, lo son. – Le contesté, mientras volvía a mirar hacia el cielo. Por un momento sentí que algo allá arriba se podían encontrar respuestas de mi pasado, pero era una duda que dejaría para otro día. María y yo nos sentamos en una pequeña banca (aunque yo tuve que cargarla un poco, por lo muy pequeña que era), quedándonos sentados por horas y horas; donde solo el sueño nos hizo pararnos y entrar de vuelta a la casa, para descansar en la oscuridad de la noche.


Los días pasaban, convirtiéndose en semanas. Mis pesadillas y recuerdos reprimidos ya casi no aparecían. No sabía que había pasado, pero desde que entré a esta pequeña casa, junto con la compañía de María, todo dolor y sufrimiento desapareció casi por completo. Lo que hacíamos para pasar los días se podría considerar lo más simple y común. A ella le gustaba leer libros, y a mí solo descansar y observarla sentado en los muebles. Los Chao se acercaban a mí de vez en cuando y yo los acariciaba, ya que si no lo hacía ellos lloraban (especial el Chao Angel).

- Salgamos a caminar. – Me dijo, dejando de lado su libro y tomando mi brazo. Yo me paré del sofá y la seguí. Con las peticiones de María me sentía como si fuera un esclavo sin voluntad, ya que no me negaba a ellas. María notaba esto y, a pesar de la seriedad de mi rostro, ella solo sonreía.

Ya afuera de la casa, caminamos a varios metros de esta. Ella se mantenía aferrada a mi brazo, mientras también recostaba su cabeza. Luego de un par de minutos, llegamos a un pequeño prado en donde creían muchas flores. Ella corrió hacia allí y, arrodillándose, comenzó a acariciar las flores. Las olía y sonreía, y yo apreciaba esta imagen con una sonrisa mental. En eso, todo a mí alrededor comenzaba a nublarse y a distorsionarse. Caí e impacté con fuerza en el suelo, y los gritos de susto de María hacían eco en el ambiente.

- ¡Shadow! ¡Shadow! – Me gritaba y agitaba mi cuerpo inmóvil, y los Chao lloraban a mi lado. – ¡Por favor, Vuelve! – Fue lo último que oí de ella, mientras todo se volvía negro.


Mis parpados se habrían, mostrándome en una especie de capsula pequeña. Giré un poco mi cabeza y noté muchos cables que se conectaban a mi cuerpo. Traté de empujar el vidrio de la capsula pero este no cedía, ya que no tenía fuerza suficiente. Alcé la vista y noté una especie de panel frente a mí. En ese panel, se encontraba alguien. Solo podía notar parte de su silueta, la cual era de alguien un poco gordiflón. Lo escuché oprimir unos botones y, a pesar de no verle el rostro, sentí que sonreía. Al instante, una descarga eléctrica pasó por mi cuerpo. Duró varios segundos, se detuvo, y volvió a continuar de nuevo. Una y otra vez, las descargas eléctricas me enloquecían. Empuñé mi mano y comencé a golpear el vidrio. En eso, una especie de líquido verdoso claro empezaba a entrar en la capsula, llenándola poco a poco.

- Te agradezco por los datos, Shadow. Me da gusto que hayas sobrevivido y, agradeciendo al universo, terminaste en una de mis muchas propiedades. – Decía con jactancia. Él sabía quién era yo, pero ahora eso no me importaba. Lo que me importaba, y me asustaba, era que ese líquido ya estaba entrando por mis pulmones. A pesar de sentir que me quedaba sin aire, no me asfixiaba; Solo me desmayaba, cerrando mis parpados. Lo curioso era que, mientras lo que veían mis ojos era oscuridad, al cerrarlos, un haz de luz poco a poco comenzaba a brillar.


Me desperté súbitamente. Sentí el olor de las flores, pero eso no me importó mucho al ver algo que me causó sorpresa. María estaba detrás de mí, sosteniendo mi cabeza. Sin embargo, esto no era lo que me sorprendía. Lo que me sorprendía era que de sus manos un aura azul emanaba, rodeándome un poco el rostro. Me paré y me alejé de ella. Ella abrió los parpados y trató de acercarse a mí, aun cuando yo me mantenía en posición de alerta.

- ¿Qué estabas haciéndome? ¿Qué es esa cosa azul que te sale de las manos? – Le preguntaba con rabia, pero ella no dejaba de tratar de acercárseme.

- Shadow, tengo una pequeña habilidad telepática. No puedo leer mentes, pero al menos puedo tratar de ayudar a que superen grandes problemas. – Me explicaba, pero yo aún me mantenía reacio a aceptar sus palabras. Su miraba se fijó hacia el suelo, mostrando una expresión de tristeza.

- Te espero en casa… si quieres volver. – Me informó, alejándose de mí poco a poco. Ya sin su presencia, me recosté en la sombra de un árbol y pensé en los sucesos reciente. "La verdad sea dicha o no, desde que estaba con ella mis recuerdos no me atormentaban". Todas esas imágenes que aparecían de improvisto en mi mente, y que me desconcertaban, ya casi no se mostraban mientras más cerca estaba de María. Tal vez yo era el que debía disculparme. Ella solo trataba de ayudarme. Cerré mis parpados, pensando para decidir si volver o no.


La bala la atravesó. Cayó bruscamente en el suelo, lastimándose más de lo que estaba. Un soldado comenzó a oprimir botones en un panel, pero al ver que no podía lograr su objetivo comenzó a dispararle con su ametralladora. Esa chica rubia se arrastraba hacia mí, que estaba atrapado en una capsula de escape. A pesar de que movía sus labios, de estos no se escuchaba nada. Sin más que hacer, un haz de luz apareció, cegando todo el lugar.


Me desperté. La verdad, no sabía en qué momento me había quedado dormido. Vislumbré y supe que ya era de noche. Me paré y sentí como me tambaleaba un poco. Con un poco de duda, decidí volver. En la casa, noté la mayoría de las luces apagadas. Solo habían unas cuantas encendidas, que iluminaban el camino hacia las habitaciones. Con esfuerzo me dirigía a la habitación en la que reposaba. Tambaleé varias veces de camino allá, que por poco me caigo. Al sentir el pomo de la puerta, la abrí con rapidez. Sentía que en cualquier momento perdería la conciencia, a lo cual la quería perder ya acostado en la cama. Ya en esta, me arropé y me quedé dormido al instante, aun cuando dormí toda la tarde.


El canto de los Chao hacía eco en mi cabeza, retumbando molestamente. Me parecía raro que ellos estuvieran en mi habitación, ya que yo no les permitía ese lujo. Abrí lentamente mis parpados, los cuales mis ojos vieron algo imposible. María dormía a mi lado, y éramos arropados por la misma sabana. Ella bostezó un poco, antes de abrir sus parpados. Sus hermosos ojos miraban fijamente a los míos.

- Buenos días, Shadow. – Me salud, mientras esbozaba su sonrisa habitual.

- Buenos días. – Le contesté, me sentía petrificado al tenerla a mi lado. Ella sacó su mano y comenzó a acariciar mis púas. Sin aviso, comenzó a acercar su rostro al mío y, al final, sus labios besaron a los míos. Describir como se sintió eso no me era muy posible, pero lo más cercano era como "La delicia de las frutas jugosa se mantuviera mucho tiempo en mis labios". Al separarse de mí, vislumbré unas pequeñas lagrimas brotar de sus ojos.

- Me alegra mucho que hayas vuelto. Me hubiera dolido no verte más. – Me decía limpiándose las lágrimas. – Pero Shadow… ¿puedes salir un momento de mi habitación? – Al escuchar esta pregunta, observo a mí alrededor y me percato los diferentes decorativos llamativos que allí se encontraban.

- Cla-Claro que puedo. – Le respondí, al mismo tiempo que me retiré de allí. Afuera, pasaba mi mano por la cabeza, tratando de entender lo que acababa de pasar. Pero, admitía que me había gustado el beso que me dio. Al pensar en retirarme a la sala, María salió ya lista de su habitación. Al verme, saltó sobre mí y me volvió a besar. Yo le correspondí el beso y la abracé suavemente, mientras disfrutábamos de esto.


Lo siguiente que pasó en todo el día fue sencillo de narrar. No nos separamos. En ningún momento nos separamos el uno del otro. A diferencia de otros días anteriores, donde ella a veces estaba afuera de la casa y yo adentro (en la habitación o la sala), esta vez en donde ella estuviera yo estaba allí (excepto cuando ella iba a hacer sus necesidades en el baño) Nos manteníamos juntos y a cada momento nos daban ganas de besarnos de nuevo. Cuando ya casi el final el día terminaba, y la noche haría acto de presencia, sentí que era el momento de hacer preguntas sobre su habilidad. Una habilidad que me hizo mantenerme lejos de ella el día anterior.

- María, dime exactamente todo sobre tu poder. – Le pedí, mientras con mi mano acariciaba su rostro. Ella tomó mi mano y me guió afuera de la casa. Nos sentamos en la pequeña banca de afuera. Observamos el alba del atardecer, mientras la oscuridad de la noche y las estrellas tomaban su lugar.

- Shadow, mi habilidad solo me permite calmar el dolor de aquellos que sufren. Les permitía dejar de sufrir por esos problemas que lo atormentaban. Pero ahora, hay algo diferente. Algo en ti lo hizo totalmente diferente. – Me explicaba.

- What was it that changed? (¿Qué fue lo que cambió?)

- Sentí tu dolor. – Exclamó, comenzando a llorar. – Todas las emociones que has sentido, las sentí. Por mis venas brotó tu miedo, tus gritos, tu agonía. Las emociones de los recuerdos que yacen en ti, y te hacen sufrir, se transmitieron hacia mí. – Seguía explicando, y llorando. – Aun con todo esto, yo seguía a tu lado, ya que te… ¡te amo! – Terminó de decir, esbozando su sonrisa. Por instinto, la abracé y la besé. La besé apasionadamente. Nos besamos hasta que el aire de nuestros pulmones se acabara. Al separarnos, dimos varios suspiros y volvimos a besarnos. Juntamos nuestros labios de nuevo, y el sabor de los de ella seguía siendo igual de delicioso. Detrás de mí escuché a los Chao cantar, sonando felices por lo que hacíamos.

Luego de eso, cenamos lo que ella preparó. "Sea lo que sea que hiciera, sabia delicioso". Nos acomodamos en la sala y, como siempre, continuamos con nuestros pasatiempos. María leía sus libros y yo la observaba y escuchaba (ya que ahora no me parecían tan aburridos). Ya para dormir, María me pidió que desde ahora durmiera todas las noches en su habitación. Yo no me negué ("¿Por qué hacerlo?") y nos fuimos de una vez.

- Buenas noches, Shadow. – Me dijo, dándome un beso en la frente y arropándonos.

- Buenas noches, María. – Le respondí, besándola en la mejilla, durmiéndonos a los pocos minutos.


Fin de la parte 02

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