UNO MENOOOOOS! :D Un fic menos para webiarme xD No mentira, pero en verdad me siento realizada *-* Al fin me llegó la inspiración para este capítulo... Tenía un montón de ideas sueltas por ahí, pero nada que pudiera usar para continuar con el capítulo, pero al fin, la inspiración llegó a mi *-* Espero que no haya sido muy indecente no más D:
Aclaraciones: Digimon no me pertenece y yo lloro con mis lloros por eso :( y sinceramente espero que Marta y su 'Pfffffff...' se vayan a webiar a otro lado, la dura xDDDDD Así que, si no eres 'HOMOFOBO' ni te gusta el Taiora, por favor, no lea esto, es por su propio bien. Gracias :)
Mi Complemento
Capítulo II
Las culpas
—Buenos días dormilón. —saludó alegre como siempre ella.
Tai la miró extrañado. Sabía que no tenía porqué impresionarse de verla en su departamento, pero… ¿Tan temprano? —¿Y tú?
—¡¿Cómo que "¿Y tú?", acaso esa es forma de saludarme? —reclamó la castaña.
—Mimi… —suspiró mientras pasaba sus manos por su rostro para finalmente llevarlas a su cabello y echarlo hacia atrás. —Debes ser la única persona que tiene tanta energía en la mañana.
—¡Eso es mentira! —reclamó Mimi más indignada que antes. Volteó a ver a su novio en busca de apoyo. —Matt, dile que es mentira.
—No puedo…
Ella frunció el ceño y posó ambas manos sobre sus caderas junto con soltar un bufido. Su novio y su amigo estaban acostumbrados a llevar una vida nocturna llena de distorsión, fiesta y pecado, además de despertar al otro día como cual basura en un evidente estado de zombies.
Y ella, con la amabilidad y preocupación que la caracterizaba, había ido felizmente a prepararle un buen desayuno a Matt y Tai, pues sabía que éste último tendría que viajar ese mismo día para ir a defender a su país y dejar en alto su nombre, además de llenar de orgullo el pecho de sus compatriotas… O al menos eso decía él, a ella no le haría ningún favor, salvo irse y dejarles el departamento solo a ellos dos. Aunque por otro lado, no podía ser tan mala amiga y dejar a Sora sola el resto del tiempo que Tai estuviera ausente, porque ella volvería pronto… Ya bastante mala había sido estando ahí junto a Tai, dejando a su mejor amiga sola en su agonía, después de tantos llantos por teléfono. Sabía que tenía que ser mala con Tai, su código ético de mejores amigas con Sora se lo ordenaba, pero por otra parte no podía, porque Sora no era así de rencorosa o vengativa como para exigirle que no se acerque a su ex novio, ni que deje de hablarle, incluso que ni lo mire… No, ella no era así. Por otro lado, a ella tampoco le nacía hacerlo, después de todo, ella conocía al moreno de tiempo antes que su amiga, es más, ella había ayudado a que estuvieran juntos, y quizás no sería buena idea recordárselo a Sora…
—¿Cómo está Sora? —preguntó él, y una vez que lo hizo le pareció una pésima idea. Matt viéndolo con su típica mirada de "para variar ya la cagaste" y Mimi con un notorio signo de interrogación en su expresión. La castaña parpadeó un par de veces, aún desconcertada por su pregunta.
—Bien… —respondió Mimi sin más.
Que mentira más grande
Sora había estado gran parte de la noche llorando y ella intentando ser un apoyo para su amiga, animándola a través del teléfono, diciéndole cosas graciosas para que riera en lugar de llorar. Sabía que para Sora, Tai era un hombre importante en su vida, lo había amado mucho durante esos meses, y estaba segura de que ese amor que sentía por él no se esfumaría de un día para otro.
—Que bueno…
Pudo notar una mezcla de… ¿preocupación?, ¿desilusión? En sus palabras… ¿Por qué desilusión? ¿Acaso se sentiría más macho si le hubiese dicho "Pésimo. Sora ha llorado a mares por ti"? ¡Pues no! Su amiga, ante los ojos de Tai, debía estar bien y radiante.
—Sip… —asintió con lentitud para volver nuevamente a su yogurt con cereales, así como Tai volvía a beber de su jugo y Matt seguía con la mirada tambaleante entre ellos dos, aún podía sentir la tensión en el ambiente.
Tai por su parte no sabía si alegrarse porque Sora sea tan madura y haya superado tan bien su rompimiento, o decepcionarse por lo tan bien que lo había tomado. Por una parte estaba bien, aunque por otra ¿significaba que no lo amaba lo suficiente para lamentar la situación?
—¿A qué hora tienes que estar en el aeropuerto? —habló nuevamente Mimi.
El moreno sonrió, saliendo de sus tortuosos pensamientos, y le devolvió la mirada con una ceja en alto. —Mimi… Sé que lo único que quieres es que me vaya para tener libertad de acciones con mi amigo aquí presente. —dicho esto ocasionó que ambos se sonrojaran, más ella que Matt, pero de igual forma lo había hecho. —Pero podrías disimular un poco más tu ansiedad, aún estoy aquí. —comenzó a reír con la reacción de su amiga, y luego a toser por lo dificultoso que le resultó tragar su tostada y reír a la vez. Se dio un par de golpes en el pecho para ayudarse a tragar su desayuno, volvió a ver a sus amigos con una amplia sonrisa burlona en el rostro y finalmente le respondió la pregunta a la castaña. —Se supone que en una hora y media, máximo dos, tengo que estar en el aeropuerto, así que para tu felicidad, ya queda poco.
—¡Tai!
Despertó con jaqueca. Lo sabía, era obvio que pasaría eso.
Sabía de antemano que llorar solo le traería dolores de cabeza, literalmente. Decidió que una buena ducha y un buen desayuno junto con un buen analgésico le ayudarían.
Ya vestida, y aún con su cabello algo húmedo caminó directo a su maleta y buscó una pequeña bolsa donde Mimi le había guardado parte de sus muchos remedios, entre todos esos debía haber uno efectivo contra su espantoso dolor de cabeza. Cuando finalmente lo encontró, volvió al baño para tragarlo con un poco de agua.
Entró a su habitación nuevamente, y observando que su celular ya había recuperado algo de la carga que había perdido la noche anterior, lo desconectó y se dispuso a salir, ya sintiéndose un poco mejor decidió bajar al pequeño café en el lobby del hotel donde se hospedaba, unas tostadas con un café y un jugo de naranja le vendrían bastante bien. Disfrutaba de toda la paz que podía sentir a esa hora de la mañana, hasta que un sonido en particular llamó su atención: Un mensaje de texto.
"Amiga, espero que sea un gran día para ti, pásalo excelente y mucho éxito en la exposición. Te quiero mucho, linda ;*"
Sonreía a medida que leía cada palabra de su amiga, ella siempre tan linda y preocupada… Se había pasado mucho tiempo escuchando sus llantos desesperados y sollozos, además de sus quejas, reclamos, lamentos, entre otras cosas que no tenía ánimos de recordar.
Otra alerta proveniente de su celular llamó nuevamente su atención, esta vez, avisándole que tenía llamadas perdidas, para ser más específico, seis… Todas de la misma persona…
Tai.
Unas inmensas ganas de oprimir el botón verde invadieron su ser, quería hablar con él, necesitaba hablar con él y arreglar todo, volver a ser la feliz pareja que habían sido durante todos esos meses y que nunca, por nada en el mundo, debieron dejar de ser. Por otro lado… Tai había sido quien había dicho que lo mejor era terminar esa relación, que no llegaría a ningún lado… De ser así ¿para qué la habría llamado seis veces?
Decidió desligarse de todo eso por unos instantes, de no ser así, seguramente se pondría a llorar ahí mismo y no quería eso.
Terminó lentamente su desayuno y volvió a su habitación para arreglar los últimos detalles antes de ir a su exposición por su trabajo, nuevamente el sonido de su celular desviaba su atención, esta vez una actualización de Twitter, nuevamente su amiga deseándole lo mejor del mundo para su día, En seguida una nueva actualización le pareció bastante intrigante, y Mimi estaba implicada en ella.
" 17_Yagami: Un rico desayuno hecho por mi querida amiga PrincessMimi antes de irme al aeropuerto :)"
Y una imagen de dicho desayuno.
Tai se iría en unas horas más y no lo vería en todo un mes…
—¿Papá?
—"Hola pequeña, ¿cómo va todo en Hokkaido?"
—Eh… Bien, supongo. Estoy en el avión de vuelta a Tokyo. —confesó a través del celular, creyendo que junto con eso se ganaría las penas más grandes del infierno de su querido y amado padre.
—"¿Por qué?, ¿Pasó algo?, ¿Te encuentras bien?"
—Sí papá, estoy bien, no me pasó nada… —dicho eso, escuchó a su papá suspirar. Podía respirar más tranquilo después de saber que su niñita se encontraba bien, entre comillas… —Espero que no te moleste que te haya enfermado, después de todo tú lo haces todo el tiempo… Era la única forma de irme sin quedar mal.
Haruhiko guardó silencio por un minuto, preocupando a Sora, luego de unos segundos sin hablar tomó aire y prosiguió con sus sospechas. —"¿Pasó algo con tu novio el futbolista de pacotilla?"
La pelirroja sonrió y negó con suavidad, algunas cosas, a pesar del tiempo, jamás cambiarían.
—Algunos problemas que pretendo solucionar ahora. —escuchó con atención por el altoparlante al piloto anunciando el pronto despegue del avión. —Tengo que cortar, te llamo cuando llegue, papá, te amo.
—"Y yo a ti mi niña, cuídate."
Luego de las despedidas presionó el botón rojo en su celular y cortó la llamada, respiró profundo en un vago intento de deshacer el dudo que se había formado en su garganta. Esperaba encontrar a Tai al llegar a Tokyo y poder aclarar las cosas con él, si bien no había estado todo el tiempo que el moreno quería con él, pero podían aclarar todo, y así no esperar todo un mes en la incertidumbre.
Sonrió aún nerviosa. Quería llegar luego a Tokyo y darle la sorpresa a Tai, pedirle una y mil veces disculpas por haber sido tan egoísta y seguir con sus vidas, juntos, como nunca debió dejar de ser.
—Que rápido… —comentó Mimi al verlo al otro lado de la puerta. Volteó a ver el reloj que decoraba la pared de la sala, notando que el rubio tan solo se había demorado menos de 20 minutos.
—Pero si era dejarlo en el aeropuerto, nada más. —explicó él, despreocupado.
—¿Y no te quedaste acompañándolo?
—¡¿Para qué? —Mimi estaba verdaderamente indignada con su comportamiento, lo hacía un pésimo amigo, pero la verdad Tai solo le había pedido ir a dejarlo a aeropuerto, no quería compañía.
—Nunca entiendes nada, ¿verdad? —la castaña seguía indignada, y no contento con eso, su siempre comprensivo novio se había sentado despreocupadamente en el sillón y comenzado a hacer zapping por los múltiples canales.
Luego de un rato discutiendo sobre lo mal amigo que era el rubio, finalmente Mimi cedió después de una invitación a almorzar a su restaurante favorito. Y como a Matt le había gustado reclamar por todo, ahora se tendría que bancar el hecho de que ella se iba a demorar poniéndose bella, no era que lo necesitara, pero el rubio se lo merecía.
Oprimió sus labios y los restregó para cerciorarse que el color permaneciera uniforme, realizó unas cuantas muecas más y lo comprobó desde ángulos distintos que sus labios lucían fabulosos. Ahora el rimel para oscurecer y alargar más aún sus pestañas.
—¡Mimi apúrate!
Oprimió sus labios con fuerza y los cubrió con su mano izquierda, no podía dejar escapar aquella carcajada que los gritos de Matt le habían generado.
—¿Sora? —escuchó Mimi desde el baño, le pareció bastante raro, su amiga no podía estar en el departamento, estaba en Hokkaido, quizás había llamado, pero ¿por qué al rubio y no a ella? ¡Era su mejor amiga y no la llamaba A ELLA! —Creí que llegabas mañana…
La castaña salió rápidamente del baño, importándole un comino que solo su ojo derecho tuviera rimel y no el izquierdo. Tenía que corroborar aquella información, que su amiga realmente había vuelto antes, y no era un invento de Matt para que se apurara.
—¡Amiga!
No, definitivamente no era un invento de Matt.
—Hola… —saludó la pelirroja aún intentando regular su respiración. Tiró su bolso al suelo, cayendo a un lado de su maleta.
—¿Qué… ¿Cómo es que… ¡¿Qué se supone que haces aquí? —terminó de preguntar la castaña saliendo finalmente de su trance.
—¿Y Tai? —preguntó Sora luego de tragar saliva, aún le costaba respirar.
Fue ahí cuando comprendió por qué su amiga estaba ahí, por qué se había venido antes… Todo tenía sentido ahora.
Se mordió el labio, sin saber qué más hacer o qué decirle. Miró a Matt, quien le devolvió la mirada indeciso y volvió la vista hacia su amiga, que la seguían viendo expectante. Sora estaba ahí por Tai y el moreno ya se había ido. ¿Cómo decirle que había llegado tarde?
—Lo siento amiga…
Tuvo que acercarse a envolverla en un fuerte abrazo, de eso que se necesitan para contener a alguien que está apunto de llorar.
Ese "lo siento" lo único que hacía era confirmarle que ya era demasiado tarde… Se sintió completamente estúpida por un momento…
Cuando por fin logró divisar su maleta caminó hacia su encuentro, no quiso esperar a que la banda la trajera hacia ella, perdería tiempo muy valioso. Caminó lo más rápido que pudo hacia la salida del aeropuerto, no podía perder ni un minuto más, tenía que llegar lo más rápido posible al departamento del moreno antes de que se fuera.
Sabía por lo que habían dicho en todos los noticieros, que el vuelo de la Selección Japonesa saldría pasadas las dos de la tarde, por lógica, deducía que tenía que estar una hora y media o dos horas, a lo más, antes del despegue del avión, ya en el aeropuerto, y aún faltaba mucho para eso. Siguió su camino, interrumpida por unos cuantos hinchas de la Selección, todos con aquella camiseta azul y la bandera japonesa bordada en la parte izquierda del pecho, algunos con lienzos demostrando su apoyo e incondicionalidad.
Observó un tumulto de gente cerca de las puertas de acceso. Dudó si quedarse ahí o irse lo más rápido que pudiera al departamento de Tai, puesto que si bien existía una posibilidad de que los jugadores estuvieran ahí, también sabía perfectamente que los fanáticos llegaban mucho antes, muchas veces ella había ido con su papá o con su hermano a ver a los jugadores, darles ánimo y pedirles autógrafos.
¡Tonta y mil veces TONTA!
Tai estaba ahí, tomándose fotos con los hinchas, dando autógrafos, compartiendo antes de subirse al avión y no volver en un mes. Tonta por no haber ido con el grupo de personas, tonta por haber preferido ir al departamento, aún creyendo en esa mentirosa corazonada que le decía que el moreno todavía se encontraba ahí… Tonta también por no haber llamado a nadie para confirmarlo, tonta por querer darle una sorpresa. ¿Qué sorpresa le iba a dar? Era obvio que Tai estaba enojado con ella, y con justa razón, había preferido asegurar su trabajo a su relación con él, se había marchado sin importarle nada, y luego, y para colmo, había ignorado por completo sus seis llamadas la noche anterior, y cuando había sido conciente de ellas, las había ignorado nuevamente, habiendo tenido la oportunidad de arreglar las cosas con él las desperdició todas… ¿Había persona más tonta en la Tierra? Ahora era un hecho, ¡NO!
Su buen amigo Matt, amablemente, y obligado por Mimi, lo había llevado al aeropuerto, no se había demorado más de diez minutos, violando todas las leyes del tránsito. La mayoría de sus compañeros, además de los entrenadores, se encontraban en una cafetería, aprovechando de comer algo antes del vuelo. La idea de su Director Técnico, de no realizar una concentración previa al vuelo, les había resultado muy útil a todos, ya que habían tenido la oportunidad de compartir con sus familiares y amigos.
Comenzó a hablar con otros jugadores de su mismo equipo, y otros de los cuales se había hecho amigo en los entrenamientos, mejor dicho, él solo se dedicaba a escuchar, pues ellos hablaban de sus novias, hijos, esposas… Él no tenía una esposa, ni hijos… Y ahora tampoco una novia. Y sus compañeros de equipo bien lo notaron, no les hacía falta preguntarle por ella, pues antes que todo, el moreno se encargaba de hablar maravillas de ella, incluso sin preguntarle antes, era obvio que ahora había pasado algo. Uno de ellos se había atrevido a preguntarle por la pelirroja, obteniendo como respuesta de parte de él un simple "No quiero hablar de eso ahora.", acompañado por una falsa sonrisa para demostrarle a sus amigos que "estaba bien".
Una vez habían llegado todos los jugadores citados por el entrenador y dejado ya su equipaje, se dirigieron a la sala de embarque, siempre rodeados por los fanáticos que se hacían un espacio en su día para ir a apoyarlos y alentarlos en aquel periodo donde se encontrarían defendiendo a su país en el extranjero.
Tai miró a su alrededor, viéndose envuelto en un mar de gente, un mar interminable.
Firmó unos cuantos autógrafos y se tomó unas cuantas fotos con quienes se lo pedían, siempre mirando a distintos lados, como buscando a alguien con desesperación.
¿A quién quería engañar?
Sabía que Sora no podía estar ahí, ella estaba en Hokkaido por su trabajo, y estaba bien, o al menos eso prefería pensar.
Soltó un fuerte y prolongado suspiro. Como nunca, el viaje se le hizo interminable, y envidiaba en gran medida a sus compañeros que habían podido dormir, él, por más que quisiera, nunca lo logró. ¿Y cómo lograrlo con aquellos ojos carmesí persiguiéndolo en su mente y recordándole lo tonto y estúpido que había sido? Había terminado con lo más lindo que pudo haberle pasado, solo por no dejar que hiciera tranquilamente su vida…
Sin duda, sería el viaje más eterno del mundo…
Ya de vuelta, tuvo que pasar el mismo ajetreo anterior, una masa interminable de gente, de fanáticos del fútbol, agradeciéndoles por traer a casa la tan ansiada Copa Asiática, desde Catar. Todos entonaban cánticos alusivos a su buena campaña en el extranjero, todos felices y contentos… ¿Y él? Ni parecido al entusiasmo que mostraban todos ahí, hasta sus compañeros de la Selección se veían más felices que él… Cualquiera, de hecho.
Tan rápido como llegó a su departamento, tomó una ducha corta, se vistió nuevamente y salió a caminar para distraerse un poco de todo aquello que lo atormentaba, extrañaba más que nunca su país, su ciudad, sus calles, todo.
No sabía con exactitud cuanto había caminado, solo era conciente del lugar hasta donde lo habían llevado sus pies.
—Lo siento. —dijo él muy amable.
Ella le sonrió.—No, yo lo siento, fue mi culpa… En todo caso no te preocupes, el café está bien. —habló con una gran sonrisa que él le correspondió de inmediato.
—Que bueno… —dijo siguiéndole la corriente. —Eso es lo que realmente importa.
—Claro.
La vio a través de la ventana al interior del local, en el lugar de siempre, solo que ahora estaba sola. Su primer impulso fue ir corriendo hasta ella, abrazarla, besarla y no volver a separarse nunca más de ella, su corazón lo quería y lo necesitaba, pero su orgullo gritó más fuerte. Él no había hecho nada malo, no tenía culpa de nada, entonces ¿por qué tener que ir él y demostrar debilidad?, ¿Por qué no podía buscarlo ella?
—Soy futbolista profesional. —habló él al ver la notoria mueca de extrañeza de la chica. Y luego rió cuando abrió inmensamente sus ojos llenos de impresión.
—¡Mentira!
—No, es cierto. —se defendió él.
—Yo amo el fútbol.
Sí. Amaba tanto el fútbol que precisamente era uno de los motivos que los habían llevado a terminar su relación. Que irónico…
Suspiró y acomodó la capucha de su polerón asegurándose se que cubriera lo suficiente para no ser reconocido e interceptado por alguna persona. No quería hablar con nadie, solo quería caminar por ahí, despejar su mente y si era posible, desaparecer.
—Sora, ¿no verás el partido con nosotros?
Arqueó ambas cejas. Sabía que desde el momento en que ella conoció a Tai, gracias a sus amigos que, a toda costa, querían emparejarla con él, Mimi se había vuelto más fanática del fútbol que antes, mucho más, pero esas actitudes de la castaña seguían impresionándola. Todavía no se acostumbraba. Antes era ella la que prácticamente le rogaba a la castaña ver un partido de fútbol con ella, para no sentirse tan sola.
Ella simplemente negó. —¿Por qué? —preguntó su amiga.
—Simplemente no tengo ganas de ver fútbol…
Esta vez la impresionada era Mimi. —¿"No tengo ganas de ver fútbol"? Vamos Sora, esa no eres tú. Ven, siéntate aquí. —dijo corriéndose un poco hacia el costado para hacerle un espacio y palmeó el cojín.
—No Mimi, no te preocupes, en serio no tengo ánimo. Tal vez para la próxima.
Sí claro, para la próxima. Llevaba diciendo lo mismo hace dos semanas, cuando el moreno había vuelto de su paso por la Selección y vuelto a jugar por su equipo, que no era de sus favoritos, pero antes de igual forma lo veía, solo porque su novio jugaba ahí. Ya no era su novio, no tenía por qué ver los partidos de aquel equipo de cuarta.
Mimi y Matt solo observaron a Sora dirigirse a su habitación y cerrar la puerta. La castaña suspiró.
—Si lo piensas fríamente, es mejor que Sora no vea a Tai jugando… Es cierto —agregó Matt rápidamente al notar la expresión molesta de su novia. —, está jugando pésimo. Siempre le hacen faltas o las comete él, de hecho, ya tiene tarjetas amarillas de partidos anteriores, si le ponen otra más ahora, no podrá jugar en el siguiente encuentro. —sí… Matt había aprendido más de fútbol viendo a Tai… —Además ya no está haciendo goles, y por lo general lo cambian para el segundo tiempo.
Ella volvió a suspirar y luego torció sus labios. Era obvio… Tai estaba distraído y triste porque no estaba con Sora, porque ellos dos se complementaban el uno al otro, ambos se necesitaban para ser felices, y lo sabían, pero eran tan tercos y orgullosos que no lo querían aceptar. No querían aceptar que eran un asco separados.
Pasados los 30 minutos, apenas del primer tiempo, ya habían expulsado a un jugador del Fukuoka producto de un manotazo que le había proporcionado a un jugador contrario en el rostro en plena zona penal, eso quizá cambiaría drásticamente el transcurso del partido, permitiéndole un mejor resultado que favorezca al equipo de su amigo, pero no.
10 minutos más tarde, su compañero de equipo, Nakamura, realizó una barrida para poder quitarle el balón a su oponente, sin embargo, el jugador, teatrero como muchos, se había tirado al suelo intencionalmente y ocasionado que el árbitro detuviera el partido. Le mostró tarjeta amarilla a Nakamura, y Tai, como buen capitán, comenzó a reclamarle al árbitro. Matt permanecía atento a las acciones de su amigo que veía a través de la televisión, presentía que no resultaría nada bueno, y en efecto, pese a los intentos de su compañero por calmar a Tai, el moreno siguió reclamándole un sin fin de cosas al árbitro, y como lo predijo el rubio en algún momento, su amigo se había ganado una tarjeta roja directa, por reclamar. Mostraron al Director Técnico en la pantalla, no hacía más que maldecir, pasar sus manos por su rostro con frustración y golpear lo que sea que se interpusiera en su paso.
Sin más, el moreno se vio en la obligación de abandonar la cancha no sin antes entregarle la jineta de capitán a Nakamura. Caminó directo hacia los vestidores en medio de la frustración de toda la hinchada, sin embargo, orgullosos, pues había sido expulsado en mala ley, por defender a su compañero y por destacar los favoritismos del árbitro.
(…)
El partido ya había terminado hace un rato, Matt ya se había ido a su departamento, dejando a ambas amigas solas. Mimi se armó de valor, su deber moral como mejor amiga de la pelirroja la obligaba a insistir hasta que le hablara de sus sentimientos, estaba preparada para afrontar cualquier cosa que le reclamara Sora, se protegería de cuanta cosa quisiera arrojarle en la cabeza, de los muchos insultos que recibiría para que saliera de su habitación, ¡TODO! Sora no se libraría de ella tan fácilmente.
Giró con lentitud el pomo de la puerta y la abrió sigilosamente, para su asombro, nada le fue arrojado, tampoco le estaba gritando, Sora se había quedado dormida.
Abrió más la puerta para poder adentrarse en la habitación, se acercó un poco más a su amiga, notando que tenía repartidos unos cuantos papeles desechables por la cama, era obvio, había estado llorando, y ¿quién tenía la culpa de eso? Quien otro más que Tai.
Con cuidado sacó una frazada que mantenía Sora a los pies de su cama, la estiró y tapó a su amiga. La observó por unos instantes y sonrió de lado. Sora siempre había sido una mujer madura e independiente, pareciera que nada le afectaba ni le hacía daño, cuando la realidad era muy distinta, lo de ser fuerte y alegre era lo que ella quería demostrarle a los demás, siempre decía que cuando las personas conocían su interior, se aprovechaban de ella y la hacían débil. Al parecer tenía razón. Tai la había vuelto "débil"
Decidió simplemente dejarla dormir, a juzgar por la cantidad de pañuelos que encontró sobre la cama de la pelirroja, había llorado bastante, y ella bien sabía el cansancio que daba luego de llorar.
—¿Qué mierda te pasó?
Tai sonrió con sarcasmo, esa había sido el siempre amable saludo de Matt.
—Hola, estoy bien, gracias por preguntar.
—Es en serio, idiota. Te haces llamar a ti mismo como uno de los mejores jugadores, juegas en el mejor equipo, según tú, ¿Y te haces expulsar?
—No me hice expulsar. —respondió indignado.
—Claro que sí… Ponerte a discutir con el árbitro Tai, por favor, tú nunca haces eso… Creo que es la primera vez que te expulsan.
El moreno miró hacia otro lado. —¿Quieres callarte? Primero el director técnico, y ahora tú, ¿crees que no he tenido suficiente? A todos los jugadores les pasa, todos tienen que pasar por eso alguna vez. Además, ¿Qué querías que hiciera? El árbitro cobró una amarilla equivocadamente, la amarilla no debía ser para Nakamura, sino para Ozu por simulación, es obvio que le iba a reclamar, soy el capitán y tengo derecho de reclamar.
—Fuiste estúpido, Tai, y todos lo notamos. Si tanto te molesta el hecho de no estar con Sora, si tanto la extrañas, ¿por qué simplemente no hablar con ella? Imbécil. ¿Por qué mierda siempre tienes que ser tan orgulloso? Entiende, la cagaste, no será ni la primera ni mucho menos la última vez que lo hagas, pero si estar lejos de ella te pone más idiota de lo normal, por favor ve a pedirle perdón de rodillas.
—¿Qué?
—Y no te des por vencido hasta que te perdone, en serio.
—¿Por qué tengo que ir yo a disculparme?
—Porque tú tuviste la culpa. —respondió con simpleza. —Oye, no puedes disponer del tiempo de las personas. Está bien que tengas un trabajo con un horario irregular, que los partidos en lugares lejanos y los torneos te privan muchas veces de la vida social y todo eso, pero no por eso es obligación de Sora, o de quien esté contigo, adaptarse a tu tiempo… Te ha tocado la suerte de que tus novias anteriores, o las chicas con quienes haz tenido 'algo' no hacen nada, no trabajan, se ganan la vida a costa de tipos como tú que las mantienen… Pero Sora no es así, y deberías estar agradecido de haber encontrado a una mujer así y que además te ame… —su amigo ni siquiera le había dirigido la mirada, tan solo se dedicaba a mirar quien sabe a qué dirección, hacía como si sus palabras les resbalaran por el cuerpo, cuando la verdad era que cada una de ellas era como una afilada daga que calaba hondo en su corazón, retorciéndolo de un agonizante dolor.
—Yo tengo la culpa de todo, ¿verdad? —Matt solo se encogió de hombros sin responderle nada, aunque con su actitud, y todas sus acusaciones previas, la respuesta era más que evidente.
Encogerse de brazos en el lenguaje de Matt era un '¡Sí huevón! ¡Todo es tu maldita culpa!'
—Fui un imbécil.
—Tú lo haz dicho.
—No soy quien para haberle exigido algo a Sora, ella tiene su vida, su trabajo, sus cosas… No debí exigirle que dejara lo que la apasiona por un puto capricho mío. —hablaba Tai, sacando sus propias conclusiones con respecto a toda la situación vivida con Sora. Matt se dedicaba a escucharlo atentamente, pese a que ya era sabido por todos sus cercanos, solo le faltaba darse cuenta de ello a él mismo, pero como siempre, Tai era el último en enterarse de sus propios sentimientos. —Ella hace lo que más le gusta, igual que yo… Y si queremos estar juntos, tenemos que complementarnos, adecuarnos a esos tiempos…
—¡Bien! —exclamó el rubio victorioso. —Al fin lo entendiste, ya era hora… Y bien… —Tai volteó expectante hacia él. —¿Te disculparás con Sora?
Sintió que su cama se movió levemente, lo cual la obligó a despertar. Con pesadez abrió sus ojos y giró su cuerpo.
—¿Papá? —Haruhiko le sonrió, ella se incorporó para ver mejor a su padre. —¿Qué haces aquí tan temprano?
—Hija, son las tres de la tarde.
Abrió sus ojos con impresión e inmediatamente tomó el celular en su velador para verificar la hora, bien su padre podía estarle jugando una broma, pero no. —No puede ser. —dijo más para sí misma, frotando sus ojos con ambas manos. —Mi trabajo…
—Descuida… Llamé a tu trabajo y les dije que te habías esguinzado una tobillo y que no podías ir al trabajo en unos días. Ahora solo necesitamos un médico amigo que nos facilite una licencia falsa.
Sora sonrió, ellos vivían enfermándose mutuamente para su propio beneficio, en todo caso, conocía al médico amigo perfecto para situación. —Gracias.
—De nada mi amor. —contestó el hombre correspondiéndole la sonrisa. —¿Y? —Sora enarcó una ceja. —¿Me vas a contar por qué estás así? Tu amiga me llamó y me dijo que estaba muy preocupada por ti… Que no estabas muy bien, que te la pasaste en cama todo el fin de semana, que llorabas mucho, y que ni siquiera habías visto los partidos de fútbol, incluso que no habías visto a tu noviecito jugar, mejor así —comentó. —, perdieron 4-1, no me sorprende en todo caso, son malos. Pero también te perdiste la goleada del Nagoya al Kashima, 6-0. Debiste haberlo visto. —habló emocionado. Sora solo sonrió de lado. Como estaría de mal que ni eso lograba subirle el ánimo. —Ya, cuéntame.
—Soy una tonta, papá. —le dijo arrojándose a sus brazos, como una pequeña niña que necesitaba la calidez de un abrazo de papá. Haruhiko la envolvió en un afectuoso abrazo y acarició su cabello rojizo.
—Hija… No eres una tonta, y aunque lo fueras, esa no es una razón para llorar… —lo sabía, era un asco consolando a su hija, y es que no tenía muchas ocasiones para sacar alguna enseñanza de cómo hacerlo, Sora era una chica fuerte, rara vez lloraba, y cuando estaba triste, sabía ocultarlo muy bien.
—Sí lo soy… Tai y yo ya no estamos juntos y es solo por culpa mía.
—Sora, insisto, esa no es una razón para llorar… Además, él apesta como futbolista, te morirías de hambre a su lado.
De acuerdo, no lo había dicho en serio, tan solo había sido para sacarle una sonrisa a su pequeña, y en parte lo había logrado. Sora alzó su rostro y lo vio con reproche, pero al ver la sonrisa estampada en los labios de su padre, le fue imposible no corresponderle.
—Ya, hablando en serio, Sora, si crees que fue tú culpa el que terminaran, y si estás arrepentida de lo que sea que hayas hecho, habla con él, hija, dile que lo sientes, y si él te ama lo entenderá y te disculpará. Estoy seguro de eso… Se le nota que está enamorado de ti, por la forma en que te mira, cuando te sonríe… Y el que me soporte siempre que lo ataco, ya es mucho para mi, ese hombre debe amarte mucho para soportar mis ninguneos constantes hacia él. —Sora volvió a sonreír, eso era verdad, su padre siempre que lo veía le decía que era pésimo, que su equipo era un asco, que eran tan malos que deseaba que se fueran a la 'B', entre otras cosas a las que el moreno, aunque le hirviera la sangre, no decía nada. Así que no era extraño para él pensar en que, si tal como decía su hija, ella tenía la culpa, Taichi la perdonaría por su actuar. —Hija, a pesar de todo lo que yo pueda decir de él, Taichi es un buen hombre, y se nota que te quiere de verdad. Hace mucho que no te veía tan contenta con algún muchacho, aunque los espantaba a todos, pero creo que él es diferente… De verdad ya me estaba haciendo la idea de que tendría que soportarlo hasta el día de mi muerte, que se casarían y todo… De verdad creo que deberías hablar con él e intentar solucionar las cosas.
Habló pacientemente su padre, y ella, de igual forma, lo escuchaba. Tenía razón en cada una de sus palabras, si ella había tenido la culpa, entonces ella tenía que ir a disculparse con Tai. Quería solucionar las cosas, ella más que nadie se sentía vacía sin Tai a su lado, en poco tiempo él se había convertido en un pilar fundamental en su vida, casi al punto de necesitarlo para vivir, y todas esas semanas lejos de él ya casi la estaban matando. Tenía que solucionar las cosas, si resultaba, bien, y si no, bueno… Al menos lo había intentado…
Estaba decidida.
A la mierda, son las 3:15 de la mañana y extrañamente tengo sueño, así que saluditos rápidos para las personas que ilusamente dejaron RR pidiendo una pronta continuación xDDDDDD No mentira, gracias por sus reviews *-* Hacen que sea una mejor persona :') Jell, Sr. Anónimo ._., lucy-yagami, LadyMimato, Aria05, Klaudia-de-Malfoy, CureWhite13, Rowwsxckuhjb y sus mutaciones extrañas ._., Shioow (niña hace mucho que no se de ti *-*) PíaLinda~ FrancaisBaiser :L, ClAu-22, Meny *-* y Genee :) Gracias a todas y cada una por dedicarse el tiempo de dejarme unas palabritas :)
Bueno, y como es un fic futbolero, en parte, y yo con mis noticias futboleras les comento que mañana juega mi querida Universidad de Chile (L) Y juega Johnny Herrera, el arquero con el poto más grande de Chile :L Iré a verle el poto personalmente al estadio, que se ve desde mi asiento porque es inmenso :Q Y si no, lo veré desde la tele, en HD xDDDDDDDDDDDD
Para la otra espero no demorarme tanto en actualizar... ESPERO, y espero también que el otro fic termine luego... ESPERO! xD
Cuídense, nos leemos :)
*Len~
