Oh, my God, ¿Yuria, estás bien? ¿Cómo es que has escrito tan rápido la continuación?
Supongo que más de uno lo habrá pensado.
Pero aquí estoy con un nuevo capi, que espero que disfrutéis.
Ah, y muchísimas gracias por todas las revis nOn
P.D.: Me encantan los romances de instituto *o*
Capítulo 2: Destrozos, poca pasta y mejillas sonrojadas
El chico resopló, con una mano sobre su estómago, que pedía desesperadamente alimento, mientras veía al rubio marchándose en su bici. Palpó sus bolsillos, luego rebuscó en su mochila, y finalmente encontró unos cuantos berrys.
- Con... a ver... 550 berrys, creo que tengo para al menos un par de panecillos... Pero antes tengo que ir a buscar mis cosas.
También tenía que ir al instituto, pero tenía más prioridad encontrar algún lugar donde vivir. Eso era lo que pasaba por marcharse de un día para otro de casa, sin avisar a nadie de su partida. Conectó su movil, que había mantenido apagado, y se encontró con veinte llamadas perdidas de un tal "Maestro", su tutor. Tuvo que volver a apagarlo, aún no podía explicarle por qué se había marchado.
Entonces tuvo una idea. Se dio la vuelta, mirando el bloque de pequeños apartamentos, y con una sonrisa, volvió a entrar, buscando al dueño.
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
Sanji sorbió su café demasiado caliente, escaldándose un poco la lengua, mientras su cabeza daba vueltas a ese estúpido peliverde. ¿Cómo le había arrastrado hasta su casa si suele pelearse con la gran mayoría de chicos? Si le costaba hacer amigos justamente por ese belicoso carácter, no entendía por qué se había tomado tantas molestias con él.
"Debe ser por el nombre, seguro" se dijo a sí mismo. Sin duda, que se llamara igual que su gato hacía que fuera un poco más indulgente con él, pero debía acostumbrarse desde aquel momento que él no era su gato, ni tampoco un pariente ni nadie de quien tuviera que cuidar. ¡Joder, que se las apañara solito, que ya era bastante mayor! Bastantes problemas tenía como para actuar como su madre o como su novia.
Ese último pensamiento le hizo atragantar. ¿Había pensado en hacerle de novia? "Ni hablar. Que le jodan."
- ¡Sanji! - llamó alguien, echándose encima de él y abrazándolo desde la espalda mientras reía. - ¿Qué hacías? Ponías unas caras muy divertidas.
- Luffy, joder suelta. - gruñó, tratando de disimular su mal humor, aunque de esa manera no conseguía nada.
- ¿Qué pasa Sanji? - preguntó un poco más calmado, sentándose a su lado y robándole una magdalena. - Ayer me llamó Usopp y me preguntó si te había pasado algo, no fuiste a devolverle la cinta de la que no me dijisteis de que era. - pronunció con cierto desdén e hinchando los morritos al finalizar, haciéndole ver que le enfadaba bastante que lo trataran de aquella manera.
Sanji se golpeó la frente con la palma de la mano. ¡La cinta! Se le había ido totalmente de la cabeza. Claro, después del día que había tenido ayer y encima habiendo salido tan tarde del trabajo, normal que se olvidara.
Suspiró y cogió su móvil, que había puesto en silencio nada más entrar a trabajar el día anterior y olvidándose de volverle a subir el volumen. Llamadas perdidas de Usopp...
- Estuve muy ocupado. - explicó, sin entrar en detalles y guardando su móvil.
- ¿Qué hiciste? - preguntó curioso el moreno, con toda la inocencia en sus ojos.
- Emm... - no le quería explicar lo de que había acogido a un hombre en su casa de ninguna manera. Vamos, antes se cortaba las venas. - Cuidé de un gato perdido. - terminó diciendo, con los dientes apretados.
- ¿Otro gato? - exclamó con ilusión Luffy. - Qué bien, ahora Zoro tendrá un compañero de aventuras.
- ¿De qué hablas? - preguntó con perplejidad, sonrojándose ligeramente por el doble sentido y alzando una ceja. - ¿De qué aventuras hablas?
- Me explicaste que Zoro se iba cada mañana a algún sitio él sólo. - le explicó todo entusiasmado. - ¡Entonces es que se va de aventuras, a buscar tesoros, a pelear contra gatos malvados, y seguro que luego...!
- ¡Alto ahí! - le detuvo, alzando las manos para que callara. - Luffy, de verdad, deja de leer One Piece. Eso de los piratas y las aventuras te afecta demasiado.
Luffy se puso en pie, totalmente eufórico.
- ¡Pero si es genial! Ya me gustaría a mi ser pirata como ellos e ir repartiendo ostias a los malos. - sonrió de oreja a oreja y rió abiertamente.
- ¿Es que no te basta con tu Akuma no Mi, Luffy? Con ella ya eres bastante "superhéroe". - le espetó, apoyando su barbilla sobre su puño cerrado.
- Mmmm... - Luffy apretó los labios, haciendo una mueca pensativa con ellos, y con los brazos sobre el pecho. - Pero no me sirven de mucho si aquí no puedo luchar. Las Akuma no Mi son como ccomplementos ya...
- Sí, puede ser. Por eso me alegro de no haber comido ninguna. - "Salvo la Toge toge no Mi" pensó, poniéndose colorado. "Esa sí que no dudaría en probarla..."
- Sanji, esa cara que haces no mola nada. - le señaló con el dedo, al haber transformado su cara en la de viejo pervertido.
- Déjame en paz. - le gruñó, terminándose el café y poniéndose en pie.
La campana del instituto sonó, anunciando que estaban a punto de comenzar las clases, y ambos chicos salieron de la cafetería y marcharon escaleras arriba, cada uno cogiendo un camino distinto y quedando para verse en el patio, como de costumbre.
Abrió la puerta, notando su corazón demasiado excitado para algo tan rutinario, y se dio cuenta de que sus ojos le traicionaban buscando rápidamente la cabeza verde de su compañero de clase. Pero no estaba allí. Suspiró y caminó tranquilamente hasta su pupitre y se sentó, pero al hacerlo, no pudo evitar volver a sentirse culpable.
"Ese tío parece que tiene muy mala orientación..." recordó, aunque no estaba del todo seguro, de hecho, sólo había llegado tarde ayer, y podía ser que fuera por la distancia. Y ahora que lo pensaba, ¿cómo es que venía de tan lejos? No entendía por qué habría venido de repente a mitad de curso hasta aquí a terminar las clases.
Pero su inevitable preocupación despareció al entrar por la puerta de la clase la profesora de lengua, e inmediatamente sus ojos se transformaron en corazones, o al menos, el único visible.
- Ah... Qué guapa que está hoy Robin-chwan sensei... - suspiró, dejándose caer sobre la mesa, derretido de "amor".
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
- Bien, aquí está... - murmuró victorioso, con la respiración agitada y varias ramas enganchadas de nuevo en su pelo.
Su aspecto era bastante desastroso, para variar. Su chaqueta y sus pantalones se mostraban rasgados y manchados. Y es que no sabía cómo, allá donde fuera siempre encontraba algo o alguien con lo que tropezarse, pelearse, huir...
Para empezar un perro comenzó a perseguirle inexplicablemente, y acabó por destrozarle la pernera de los pantalones del uniforme del instituto. Luego unos macarras le asaltaron y le amenazaron con rajarlo si no les daba la pasta. Se cabreó y los dejó todos tumbados, aunque se quedó manchado por su sangre y el vómito que le echó uno encima. Después casi le atropella un coche por cruzar por donde no debía. Una mujer le había echado encima el agua de fregar sin querer al salir de detrás de un arbusto de su jardín...
- Necesito un gps... - suspiró, consciente de su mala orientación, apoyando la frente contra la taquilla de la estación, todavía cerrada, y buscando la llave que la abría en sus pantalones. La encontró y la abrió rápidamente, extrayendo un par de bolsas y una chaqueta. En una de ellas llevaba los libros de texto del instituto, y en la otra su ropa y su vieja katana de bambú, que sobresalía fuera de la bolsa.
Se había negado a entrar en el club de kendo después de ver a semejantes fracasos entrenar allí. No había ni punto de comparación con el nivel al que estaba acostumbrado en su dojo, pero sin embargo, había sentido curiosidad por ver qué tal se manejarían. Y puede que al final se acabara metiendo allí. Le gustaba demasiado la esgrima como para ignorarla así y dejar que se perdiera el espíritu de aquella forma.
Cargó con sus mochilas, una a cada hombro, y salió, con una gota resbalando por su frente.
- ¿Por dónde vine?
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
- ¿Sanji-kun? ¿Qué te pasa? Estás totalmente ido. - le llamó la atención Nami, su querida pelirroja, sentada a su lado y comiendo el bentô que le había preparado su hermana.
- ¿Eh? - levantó la vista perplejo, dándose cuenta de que no estaba escuchando nada de lo que estaban comentando sus amigos. - No, no me pasa nada, Nami-san.
- Qué extraño... - comentó Usopp, llevándose una mano al mentón.
- ¿Por?
- Por que normalmente habrías dicho: "¡Oh, Nami-swan, te preocupas por mi!" - dijo, imitando perfectamente su tono de voz meloso, juntando sus manos y contoneando mucho su cuerpo, recibiendo en respuesta un patadón en la cabeza.
- Pero tiene razón, ¿te pasa algo, Sanji? - le preguntó Chopper, un extraño chico, que al haber comido también una Akuma no Mi, era mitad ciervo, ¿o era reno? O tal vez reno convertido en humano, a veces no se aclaraba, pero seguía viéndole como un experimento fallido escapado de un laboratorio. - ¿Te duele algo? - y quería dedicarse a la medicina... A veces tenía dudas de que lo consiguiera, pero no comentó nunca nada al respecto, era bastante simpático y buen chico de todas formas.
- No, tranquilos todos. - dijo, haciendo un gesto con sus manos para poner paz.
- ¿Es por el compañero de aventuras de Zoro? - preguntó Luffy, haciendo una pausa a su irrefrenable apetito.
Todos le miraron con sorpresa.
- ¿Tienes un gato gay? - preguntó Usopp, perplejo. - Vaya, yo tuve uno hace mucho tiempo, cuando tenía cinco años, se llamaba Cleoponcio y se enamoró del gato del vecino, Normando.
- ¿De verdad Usopp? - preguntaron Luffy y Chopper con estrellitas en los ojos.
- Sí, sí. Pero Cleoponcio era muy tímido y no había manera para sacarle del armario...
Sanji le pegó otra patada que lo silenció.
- ¿Quieres callar? Y tú Luffy, deja de repetir lo de las aventuras, estás totalmente obsesionado.
- ¡Yo no estoy obsesionado! - se quejó, mientras por detrás sonaba la aguda vocecita de Chopper, preocupado porque el chichón de su amigo sangraba.
- Anda, cómprate un bote y vete a ser pirata. - gruñó Sanji, dejando por zanjada la conversación.
- ¡¡Oh, qué buena idea!! - exclamó, alzando los puños. - ¡¡Esta tarde le pido a Ace que me pase algo de dinero para conseguirlo!!
- Tsk... - le llamó la atención Usopp, recuperándose del golpe por fin. - Los piratas no lo comprarían, lo robarían, querido Luffy. - dijo en pose chula.
- ¡Tienes razón! ¡Pues iré a robarlo!
De repente un aura asesina les rodeó, y sin darse cuenta estaban Luffy, Usopp y Chopper tumbados en el suelo con una montaña de chichones en sus cabezas.
- ¡¡Idiotas!! ¡¡Como se os ocurra robar nada es que os arranco la piel a tiras y la subasto en el ebay!! - les amenazó Nami, muy cabreada. Los tres chicos asintieron rápidamente, pero no se movieron más por si acaso la chica volvía a atizarles.
Sanji suspiró, arrugando el papel de aluminio con el que había estado envuelto su bocadillo, ya que ese día ni siquiera se había preparado el bentô por no estar ni un segundo más con el cabeza de algas. Nami había tenido una infancia difícil por culpa de unos matones que robaron a su madre, que ya era muy pobre de por sí, y la mataron. Desde entonces le tenía tirria a cualquiera que se quisiera apropiar de lo ajeno... aunque eso no la libraba de tener una extraordinaria fijación por el dinero y que siempre buscara cualquier excusa con tal de forrarse, aunque sin mucho éxito, todo hay que decirlo.
- ¿Tu gato tiene un compañero de aventuras? - le preguntó con delicadeza Vivi, una chica que iba varios cursos por debajo del resto y con una larga melena azul, que hasta el momento no había abierto la boca por precaución, y ahora que se había calmado el ambiente aprovechó el momento.
Sanji suspiró. No quería contarles acerca del otro Zoro, sin embargo era difícil inventarse una excusa. Maldijo el momento en que le dijo a Luffy lo de que tenía otro gato, pero tal vez sería la mejor manera de salir del aprieto continuar con aquella farsa.
- Sí, un gato muy grande y un poco idiota y dormilón. - les explicó, recordando al Ahoronoa, como le había apodado.
- Vaya, parece que no te llevas del todo bien con él. - adivinó la pelirroja, de nuevo calmada y sentada al lado del rubio.
- No, por ahora no. Pero no podía dejarlo tirado.
- Bueno, tú tranquilo, Sanji-san, seguro que te acabarás llevando bien con él. - auguró la de pelo azul, con una gran sonrisa en sus labios.
- ¡Claro que sí, Vivi-chwan! - exclamó Sanji, más por su sonrisa que por estar de acuerdo.
Antes muerto que llevarse bien con aquel idiota.
- ¿Pero tu gato ha salido del armario ya o no?
- ¡¡Que te calles ya, pesado!! - Sanji le lanzó una zapatilla a la cabeza de Usopp, dejándolo inconsciente de una vez.
x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x
Después de eso, el día transcurrió tranquilo, sin más incidentes que el de que el "Zoro humano" no había dado señales de vida. Sanji terminó por pensar que tal vez había sido una pesadilla, y que aquel marimo nunca había existido en realidad, haciendo que fuera feliz a trabajar, con una sonrisa que le hacía parecer casi idiota, y al terminar se volvió silbando a su casa, mientras pedaleaba contento en su bicicleta.
Pero sintió como el sueño acababa cuando al entrar en su casa se encontró con su repuesto de uniforme del insituto destrozado y manchado encima de la mesa-brasero.
Primero se quedó de piedra, incluso dejó de respirar. Cuando se puso morado de aguantar la respiración, se acercó hasta la mesa, observando de cerca si realmente era su uniforme y dónde se encontraba el mensaje amenazante de quien fuera que le odiara y le hubiera hecho aquella salvajada. Sin embargo no encontró ninguno.
Suspiró y cogió en alto la chaqueta, que era especialmente cara, y masculló entre dientes algunos insultos.
- ¿Quién coño me habrá hecho esto? - se preguntó a sí mismo, con Zoro frotándose contra sus piernas, ronroneando.
- Ah, por fin llegas.
Sanji pegó un salto del susto, y se dio rápidamente la vuelta, mirando hacia la entrada, que había olvidado cerrar por el shock de aquel destrozo. Ahoronoa estaba allí, apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, vistiendo unos vaqueros desgastados y una camiseta azul marino sin mangas.
- ¿Qué haces todavía por aquí? - preguntó entre incrédulo y cabreado, con su burbuja de ilusión de que todo lo había soñado reventando y desvaneciéndose.
- Bueno, he venido a pedirte disculpas por dejarte el traje así. - dijo mecánicamente, como si lo hubiera memorizado para soltarlo de sopetón. - No tenía ropa de repuesto ayer y cogí de la tuya.
- Sin pedir permiso. - puntualizó Sanji, con un nudo en la garganta por la impresión que le impedía articular bien.
- Sí... Bueno, como esta mañana estabas tan cabreado, no tuve oportunidad de pedírtela. - explicó rascándose la cabeza, cambiando por fin su tono de voz a algo más arrepentido.
Sanji dejó caer el uniforme al suelo, respirando profundamente, trantando de calmarse, porque si soltaba todo lo que se estaba agolpando en su pecho, podría tirar abajo el bloque de edificios entero. Algo comparable a un kamehameha pero por la boca. Y seguro que luego pasaba a los puños.
- Veo que te lo has tomado bastante bien. - comentó Zoro, con algo de sorpresa reflejada en su cara.
- Mejor cierra el puto pico si no quieres volar hasta París de una patada. - le amenazó con los dientes rechinándole, pero volviendo a sus ejercicios de respiración para calmar su furia.
Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, sin mirarle, y Zoro, que realmente creía que se llevaba bien con el rubio, entró a la habitación, cerrando la puerta tras de sí y sentándose de igual manera a la de Sanji, en frente de él.
- ¿Qué te crees que haces? - inquirió, gruñendo como un perro al que invaden su territorio.
- Saqué algo de dinero del cajero y he comprado algo para cenar. Quería invitarte por las molestias causadas.
Sanji abrió los ojos de sorpresa, al final resultaría que tenía algo de sentido común ese cabeza de lechuga, y miró por todos lados de su habitación.
- ¿Y dónde está?
- En mi apartamento. - respondió, señalando con el pulgar hacia la puerta del cuarto.
- Ho... En tu apartamento de Hyôgo, ¿verdad? - ironizó el rubio, notando como se volvía a enfadar.
- No. - le cortó con el rostro serio. - En el piso de arriba. Vivo encima tuyo ahora.
Sanji se quedó pálido.
- ¿Desde cuándo?
- Desde esta mañana. Cuando te marchaste al insti fui a preguntar al dueño del edificio y me dijo que había una habitación libre. - explicó, encogiéndose de hombros. - Y después fui hasta la estación a recoger mis cosas. Fue en ese momento cuando tu ropa quedó así.
- No me recuerdes la mierda ropa, marimo. - le soltó de golpe, haciendo que el otro frunciera el ceño, mostrando enfado por primera vez.
- ¿Qué me has llamado, ceja retorcida?
Ambos se levantaron y se miraron con furia durante unos instantes, con los rostro a escasos centímetros, mostrando toda su rabia.
- ¿En paz? - preguntó Zoro, echándose un poco hacia atrás, pero con el ceño aún arrugado.
- Vamos a cenar y en paz. - le propuso Sanji, con los labios torcidos en una mueca de enfado.
Porque ninguno de los dos quería malos rollos. A Sanji porque le gustaba su tranquila vida de estudiante corriente, y a Zoro porque buscaba justo aquella tranquilidad que hasta aquel momento no había podido tener. No se pelearían, al menos no de momento, pero estaba claro que sus caracteres chocarían demasiado.
Zoro salió de la habitación, seguido de Sanji, y se marchó hacia la izquierda.
- Imbécil, si te pierdes hasta dentro del edificio. - se burló él, sonriendo por lo gracioso que le parecía aquello. - Para ir al piso de arriba se va por aquí. - dijo, señalando al otro lado.
- Que sí, que aún no me situo... - se excusó el otro, sin disimular lo que le cabreaba que su mala orientación sirviera para que se rieran de él.
Al final, más guiados por el rubio que por el peliverde, consiguieron llegar hasta el apartamento casi vacío de Zoro, que tal y como había dicho este, se hayaba justo encima del cuarto de Sanji, y también tenía la misma forma.
Sanji se sentó en el suelo, en el que no había ni siquiera una triste mesa en la que apoyarse, y adivinó, por el par de maletas de viaje, que tampoco tendría futón en el que dormir, compadeciéndole un poco sólo de pensar en lo incómodo que es dormir en el suelo.
Zoro se volvió hacia la pequeña nevera, que venía incorporada en cada habitación de todo el edificio, cuadrada y blanca, y sacó un par de cervezas, un envase de plástico con varios onigiris de los que venden en los conbinis, y luego se giró, rebuscando en el armario y sacando un par de botes de ramen instantáneo.
- ¿Me jodes el uniforme y en disculpa me invitas a unos tristes onigiris y un ramen? - preguntó Sanji, convencido de que aquello debía ser una especie de broma.
- ¿Y qué esperabas? Después de pagar el primer mes de alquiler sólo he tenido suficiente para esto.
Sanji golpeó con la palma de la mano el suelo y se levantó, furioso, saliendo de la habitación.
- ¡Oye, ¿pero qué coño haces?! - le preguntó Zoro, indignado porque le despreciaran de aquella manera, pero Sanji volvió atrás, mirándole ceñudo, le cogió de la muñeca y se lo llevó de nuevo a su piso.
- No pienso aceptar los migajas de un pobre. - le espetó, empujándolo para que se sentara en el suelo, y dándose la vuelta para rebuscar en una bolsa que había traído del trabajo. Extrajo unos tapers con comida que había sobrado del restaurante y la sirvió en varios platos, calentándolo en el microondas. - Ya me invitarás a cenar cuando tengas pasta, idiota. - dijo, cruzándose de brazos sobre el pecho y enviándole una sonrisa desafiante.
Zoro le devolvió la sonrisa, aceptando la propuesta del rubio.
- Lo prometo. Y soy hombre de palabra.
- Eso espero. - le picó Sanji, sin dejar de sonreír y sirviendo el oloroso plato de comida delante del peliverde.
Se sentó delante de él, y en cuanto se llevó los palillos a la boca cayó en la cuenta. ¿Pero qué demonios estaba haciendo invitando a ese a cenar? Había estado todo el día de mala luna por culpa de lo que le había hecho pasar entre ayer y la mañana, y cuando volvía se encontraba con su uniforme destrozado e invitándole a comer... ¿Dónde estaba el Sanji que lo hubiera cagado a leches y lo hubiera mandado de vuelta a Hyôgo?
"La madre que me parió... Soy realmente imbécil." se dijo a sí mismo, con la mandíbula desencajada y un aura tétrica a su alrededor, mientras el peliverde le rascaba por detrás de las orejas al pequeño gato negro, mientras con la otra mano comía tranquilamente. Esbozaba una sonrisa tranquila, complacido por los ronroneos del gato, y le dio un trozo de pollo de su plato, que el pequeño Zoro aceptó encantado.
- Está delicioso, Kuroashi. - le dijo con una sonrisa sincera.
- Emmm... gracias... lo hice yo mismo en el restaurante... - le explicó, sin entender por qué aquellas simples palabras le habían sonrojado tanto. Además, le sorprendió que recordara su apellido si sólo lo había dicho una vez el profesor, dándose cuenta de que Zoro no conocía su nombre. - Ah, y puedes llamarme Sanji... - dijo, sonrojándose aún más. ¡¡Ah, ¿por qué le estaba dando su nombre de pila a un chico y pidiéndole que le llamara así?!!
- Esta bien, Sanji. - aceptó, volviendo a su plato. - Chibizo me ayudó a encontrar de nuevo el camino a casa. Tienes un buen gato.
- ¿Chibizo? - preguntó confuso, ladeando la cabeza y olvidándose de la vergüenza que había pasado hasta hacía unos instantes.
- Sí, como se llama igual que yo, pues le llamo Chibizo. Es que me resulta raro llamar a un gato por mi nombre.
- Ni hablar, su nombre es Zoro y así se seguirá llamando. Tenía ese nombre mucho antes de que tú llegaras. - le recordó, muy enfadado, y Zoro asintió con la cabeza, suspirando.
- Entonces no te puedo decir que me llames Zoro. No sabré si me llamas a mi o al gato.
Sanji volvió a sonrojarse, aquella situación empezaba a volverse un poco demasiado violenta para él.
- ¡Da igual! - exclamó, golpeando la mesa, con los ojos muy abiertos inyectados en sangre - . Te llamaré Roronoa, Ahoronoa, Marimo, Zorocchi, o lo que sea, pero sabrás que me dirijo a ti. - enumeró de carrerilla, dando por zanjado el asunto.
A Zoro no le hizo mucha gracia la ristra de motes extraños que se había sacado el rubio de la manga, pero supuso que debía estar todavía enfadado con él, con lo que prefirió no discutirle más. Total, Sanji se estaba comportando de una manera muy amable, y se daba cuenta de que se estaba convirtiendo en un lastre para él. A partir de mañana trataría de cambiar las cosas.
Sanji encendió el pequeño televisor, poniendo uno de esos concursos extraños en los que la gente recibía palos y golpes a mansalva y encima parecían querer más, cuando al cabo de un par de minutos sonó un móvil.
El rubio miró con el ceño fruncido a Zoro, porque no reconocía aquel tono de llamada, pero él estaba rebuscando algo en sus bolsillos, hasta que sacó el teléfono y lo miró detenidamente.
- ¿No lo coges? - le preguntó extrañado porque no hiciera ningún movimiento.
Zoro le dirigió una mirada de soslayo, cruzándose con los penetrantes ojos negros de Sanji fijos en él, y al final se encogió de hombros.
- Qué remedio... - y descolgó. - ¿Sí?
Se pasó unos segundos en silencio, escuchando a alguien que le hablaba, y Sanji no pudo identificar bien lo que decía aquella persona. Zoro resopló, llevándose una mano a la sién y masajeándosela.
- Maestro, tranquilícese, estoy bien, no me he perdido... - Zoro no se dio cuenta como Sanji, totalmente muerto de curiosidad bajaba la tele hasta dejarla muda y escuchaba con atención la conversación, distinguiendo por fin al interlocutor.
- ¿De verdad? Zoro-kun, me tenías muy preocupado, ¿por qué desconectaste el teléfono?
- No podía hablar todavía, entiéndame.
- Pero Zoro-kun, se acerca el día, ¿por qué te has ido? Hasta ahora parecía que estabas perfectamente.
- ¡¿Y qué sabe usted, maestro?! - le reprendió con acidez, molestándose bastante y cerrando su puño libre con fuerza. - ¡Necesitaba irme y punto! Y por ahora no pienso volver, ya tengo casa e instituto a donde ir, así que no se preocupe más y continúe con su vida. Ya iré algún día a visitarle.
- ¡Zoro-kun!
- Adios. - y colgó.
Se quedaron en silencio unos segundos, Zoro con la vista agachada, apretando el móvil en su mano, y Sanji confuso por lo que había podido oír. En realidad lo único que tenía claro es que parecía que se había escapado de su casa antes de un evento importante.
- Zoro... - le llamó cauteloso, pero él se levantó y se marchó hacia la puerta de la habitación.
- Veo que al final me llamas por mi nombre. - sonrió. - Gracias por la cena, Sanji. - hizo una pausa. - Y gracias por tomarte tantas molestias conmigo. - puso una mano en la puerta pero la voz inquisitiva de Sanji le detuvo.
- Oye, ¿qué significa todo eso? ¿Por qué has venido a mitad de curso desde tan lejos? ¿Y qué es eso de...?
Zoro se dio la vuelta, con un dedo en vertical encima de sus labios sellados.
- Lo siento. - dijo, bajando su mano y dando un paso hacia atrás, saliendo al pasillo. - No quiero ni recordarlo.
Y se marchó, cerrando la puerta y dejando a Sanji con la incógnita.
- "Lo siento." - le imitó con un reproche infantil, poniendo su dedo encima de sus labios. - Será cursi... - pero luego dejó atrás la rabieta, apagando la tele y quedándose inmóvil, observando el suelo en silencio.
Fuera lo que fuese, le interesaba saberlo. Tal vez porque había tenido que hacerse cargo de él en contra de su voluntad, tal vez porque se había instalado en su vida sin pedir permiso. Tal vez por su nombre... o tal vez por los sonrojos que le había provocado, pero le incumbía saberlo.
Parecía que Zoro iba a ser el segundo hombre más importante de su vida.
TSUZUKU
Remarcad hombre en esta última frase. Lo que deja claro que hubo otro... kukukuku...
Parece que Sanji y Zoro se comienzan a llevar bien, aunque sigue habiendo algún que otro tira y afloja entre ellos. Espero que no os haya aburrido demasiado el capítulo, que se ha centrado mucho en los diálogos y la asentamiento de los personajes. El siguiente aún tratará de eso, pero después de haber montado las bases, la historia avanzará :3
Aventuras, romance, misterio y humor, a ver si sale bien! X3 Estoy impaciente por saber qué pasará, porque salvo una ligera idea de cómo quiero que avance la historia, el resto lo dejo a la improvisación, que nunca suele fallarme, con lo que también me trae sorpresas a mi :D
Y ahora unas notas para que entendáis mejor algunos puntos de la historia:
A ver, a ver... he escrito muchas cosas que no estoy segura de que todo el mundo conozca de Japón, así que trataré de enumerarlas para que entendáis las coñas ocultas que he ido dejando por ahí.
Primero, los motes que Sanji le pone a Zoro: Ahoronoa es una fusión de aho (idiota) y el resto de su apellido. Tanto podría haber funcionado bakaronoa como este otro, pero aho me gustó más por terminar en "o". Siguiente: Zorocchi. Si habéis pensado en Orochimaru os equivocáis, la terminación -cchi la he cogido de ecchi (pervertido), además que a Oda-sensei le llaman muchas veces Odacchi y me pareció gracioso. Sobre marimo no creo que haga falta explicar nada, pero es un tipo de alga redonda, parece que muy típica en el norte de Japón, que se asemeja a la cabezota de Zoro.
Después está Chibizo. Sería una fusión de chibi (pequeño) y Zo(ro). Esa misma técnica la utilizaron en Sailor Moon, llamando a la hija de Usagi (o Bunny, según la versión que hayáis visto) Chibiusa, por llamarse igual que su madre.
Luego está un apunte interesante sobre el bloque de edificios en el que vive Sanji y ahora también el marimo. Me he basado un poco en el tipo de edificio en el que vive Hideki de Chobits, o la Maison Ikkoku de Rumiko Takahashi. Es un bloque de apartamentos en los que suelen vivir solteros o estudiantes, en fin, gente que vive sola, y cada uno tiene una sóla habitación, que hace las veces de sala de estar, dormitorio y cocina, y tienen un baño comunitario fuera de esta habitación, aunque puede que también tengan un pequeño cuarto de baño dentro de cada habitación, según el caso. Para irse a asear más rigurosamente tienen que ir a unos baños públicos. Lo que hará que Zoro y Sanji no se podrán bañar en privado los dos juntitos (joooo... soy tonta... ¿por qué no pensé en eso? T.T).
Luego están los conbinis. Los conbinis son tiendas que están abiertas las 24 horas, como las que hay también por España, en las que venden revistas, comida instantánea o precocinada (bueno, estas dos últimas cosas ya no sé si las venden tanto por aquí... tendré que investigar), y cualquier cosa que te encuentras en un súper. Hay una canción muy chorra pero divertida de un combini en youtube, aquí pongo el link, espero que se vea, y si no, lo pondré en mi profile.
El bentô es ese taper con comida que suele llevar arroz, fideos, o lo que se les ocurra meter, y por último, que casi se me olvida. Por lo que he podido averiguar, después de ver tantas series de anime en las que aparecen estudiantes de instituto, los cursos en Japón van así: está la primaria, que dura seis años, igual que en España; después viene el instituto medio, que dura tres años, y que aquí equivaldría supongo que a los tres primeros años de la ESO; y por último viene el instituto alto, que dura también tres años, y supongo que es equivalente a 4º de ESO y los dos años de bachiller. En fin, también lo investigaré en cuanto tenga tiempo, pero esto lo digo por el siguiente motivo: he metido a Vivi y Chopper en la historia, que en el anime tocaría que tuvieran 15 y 16 años, con lo que en realidad deberían ir todavía al instituto medio. Pensándolo bien, en realidad Sanji ya debería haber terminado sus estudios, pero quería una historia de estudiantes y la he hecho :P Nada, que lo que quería decir es que he juntado los dos institutos en uno, y eso no sé si lo hacen en Japón, porque todos los estudiantes parecen cambiar de instituto una vez terminan el primero. En todo caso, investigaré, seguro que hay instis que se ocupan de los dos niveles, o como quiera que lo llamen.
Por otra parte, ya sé que el título Gato Perdido podía llevar a más de una confusión, pero Zoro se acaba volviendo en una especie de gato de esos (en sentido metafórico) que van a su bola, que nunca sabes dónde están, por eso le di ese nombre a la historia. Me encantan los gatos *o*
Supongo que esta vez me he pasado con las notas aclaratorias, pero es que estoy entusiasmada con esta historia (uah, se acerca el fin del mundo, yo interesada por algo!), así que espero que os haya gustado a todos.
Nos leemos pronto, porque ya mismo estoy escribiendo la continuación. Espero revis y cuidaos mucho :D
