-¿Casarte?-repitió Ron, mirándolo con las cejas alzadas.
-¡Sí! ¡Y con un Malfoy, para más señas!-exclamó Harry, caminando de un lado a otro, con una copa de ron en su mano.
-¿Malfoy no fue la empresa que...?
-¿Qué hicimos caer? Es exactamente esa y mi madre quiere que me case con el único hijo de la familia-Harry movía las manos rápidamente, intentando mostrar su furia-¿Ves lo absurdo que es? ¡Ni siquiera conozco al tipo! ¡Aparte probablemente debe ser un hijo de mami, apenas y tiene dieciocho! ¿Qué clase de esposo será?
-¿No hay nada que convenza a mi tía para que no te cases?
-No, dijo que me quitaría el apellido y se aseguraría que se me cerraran todas las puertas-gruñó el moreno y se giró a mirarlo-También dijo que te daría el puesto a ti, que a ti tampoco te parece mi relación con tu hermana-dijo cuidadosamente, estudiando el rostro de su amigo. Ron ni se inmutó por el escrutinio y solo suspiró, parándose y acomodándose su traje.
-No he hecho un secreto de que no me gusta que estés con Ginny-dijo Ron con suavidad.
-¿Ah, no? Jamás me has explicado tus razones-respondió Harry, cruzándose de brazos.
-Ginny es frágil y siempre he creído que le romperás el corazón-el moreno lo miró con la boca abierta.
-¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Le he dado mi vida a tu hermana y lo sabes!
-¡Ni siquiera la conocías cuando te dijiste enamorado, Harry! Siempre he visto como te has encaprichado con las cosas, intentando conseguirlas y luego aburriéndote, no te confundas, es excelente en los negocios, avanzas más rápido que otros pero temo que hagas lo mismo con Ginny. No querría tener que odiarte por ello, Harry.
-Amo a tu hermana, Ron, no voy a dejarla ni aburrirme de ella, la haré mi esposa algún día-dijo seriedad.
-¿Y cómo piensas hacer eso si te vas a casar con Malfoy?
-Sencillo-replicó Harry, encogiéndose de hombros-Haré que Malfoy me odie tanto que se divorcie de mi, haré su vida completamente miserable a mi lado y deseará nunca haberse casado conmigo-Ron lo miró fijamente, incrédulo.
-¿Por qué le harías eso a alguien que no te ha hecho nada?
-No soy estúpido, Ron-bufó el moreno-, obviamente Malfoy sabe quién soy y ahora que ellos están en bancarrota, solo están buscando nuestro dinero, no es que el niño esté enamorado de mi o algo parecido-el pelirrojo negó con la cabeza.
-Eso no lo sabes.
-No tengo que hacerlo, es simple lógica, Ron ¿Por qué más se casaría con un extraño si se supone que tiene todo el dinero que necesita? No, Malfoy viene en busca de la fortuna de mi familia y se la voy a poner muy difícil.
A Ron no le gustaba el brillo malicioso y oscuro que tenían los ojos de su amigo, uno de las mayores cualidades de Harry era cuán apasionado podía ser cuando se proponía algo, siempre que ponía el ojo en un negocio, entonces se movía hasta conseguirlo, ya sea tratando directamente con el cliente o moviéndose a través de otros, atrapándolo, por eso era tan exitoso, tomaba los riesgos necesarios. El problema era que esa también era su debilidad, cuando alguien tenía la mala suerte de entrar en su lado oscuro, Harry arrasaba con esa persona, derrumbándola y destruyéndola sin la menor piedad. A Ron le parecía injusto que su amigo juzgara a alguien que ni conocía, que podía bien ser que sus motivos fueses más nobles y él no lo supiera.
-Es tu decisión-suspiró finalmente, pasándose una mano por el cabello y encaminándose a la salida-pero creo que cometes un gran error. Te veré luego-Harry no le prestó atención a la ida de su amigo, sus pensamientos fijos en lo que le haría al Malfoy cuando estuviera bajo su poder, si éste creía que su vida se había arreglado, entonces que pensara de nuevo, porque Harry era un amigo envidiable pero un enemigo formidable.
Hermione Granger caminó con pasos calmados hasta el salón principal, tocando la puerta dos veces antes de pasar, buscando con la mirada a su tía Lily. La mujer de cabellos rojos se encontraba sentada en un cómodo sillón, una taza de té estaba en su mano y su vestido verde agua flotaba bellamente a su alrededor.
-¿Me llamaste, tía?-Lily alzó la vista y sonrió, invitándola a pasar.
-Hermione, tengo una tarea importante que encargarte-dijo y señaló la silla frente a ella, dónde la chica se acomodó.
-Lo que sea, tía.
-Verás, he elegido ya prometido para mi hija-Hermione ensanchó los ojos-él vendrá este fin de semana y quiero que todo esté perfecto.
-Perdón, tía ¿Prometido? ¿Harry va a casarse?-"¿Con alguien que no es Ginny?" completó en su interior, sintiéndose confundida.
-Sí, he elegido a Draco Malfoy como el perfecto compañero de vida de mi hijo-Hermione alzó las cejas.
-¿Un Malfoy, tía? ¿Con todos los rumores que han estado corriendo sobre ellos? ¿Con todo lo que ama Harry a Ginny?
-Mi hijo está encaprichado con esa chica, no sabe lo que es el amor y una madre siempre toma la mejor decisión-dijo con un poco de dureza en su tono-Harry se casará y quiero que organices la cena perfecta, Hermione. No me decepciones-la castaño se envaró y asintió, levantándose y saliendo del salón. Apenas salió de la presencia de su tía, ella sacó su celular y marcó rápidamente.
-Hola.
-¿Sabías lo de Harry?-preguntó ella sin saludar y escuchó el suspiro de su amigo por el teléfono.
-Me lo dijo hace poco.
-Mi tía Lily ha perdido la cabeza, eso es seguro ¡Harry está enamorado de Ginny!
-Oh, no tú también, por favor. Se supone que eres inteligente, Hermione, Harry simplemente está encantado con Ginny, va a romperle el corazón-espetó Ron, perdiendo algo de su paciencia.
-¿Cómo puedes decir eso de tu amigo, Ron?
-Harry sabe perfectamente lo que pienso al respecto y me pondré de lado de mi tía. Harry va a casarse y debería aceptarlo de una vez.
-¿Has pensado acaso en tu hermana, Ron?-dijo la castaña agitadamente.
-Siempre pienso en Ginny, Hermione y esto es lo mejor que ambos pueden hacer, los dos se han enamorado de un sueño y ninguno ve la realidad-contestó Ron con extremada calma, conservando su perfecta compostura.
Harry, Hermione y Ron se habían conocido desde niños, sus familias habían sido amigas entre sí desde niños y fue natural que se volvieran amigos, los tres asistieron al mismo colegio y siempre se llevaron muy bien. Harry era el chico popular, su familia era la más influyente y aunque nunca se aprovechó de eso, los demás siempre lo respetaron, lo seguían en todas sus aventuras y siempre lo apoyaban en todo; fue desde ahí que Harry empezó a crear su pequeña red de conexiones, empezó con pequeños trueques, por notas o favores a cambio de cosas caras, se volvió un excelente negociante y pronto Harry se abrió camino hacia sus familias, expandiendo sus influencias. Era un natural. Hermione era una chica de carácter fuerte, se desarrolló en todos los cursos de política y economía que pudo tomar, su vista siempre fija en entrar al gobierno; también era la mejor amiga, siempre lo respaldaba en todo y fue la primera en apoyar su enamoramiento en Ginny, considerando que ella consideraba a la pelirroja como una hermana y quería verla feliz. Ron era más que su mejor amigo, su mano derecha, Ron tenía una personalidad calmada y relajada que hacía a los demás sentir en confianza, era el socio perfecto de Harry y entre ellos habían conseguido muchos contratos millonarios desde que empezaron a trabajar juntos en Potter Inc. Ron adoraba a su hermana, la había cuidado desde que había nacido, sobreprotegiéndola en muchas oportunidades y algunos pensaron que no sería más feliz que cuando Harry fijó sus ojos en ella. Pero Ron era un experto en sentir el peligro, supo que esa relación no traería nada bueno y trató de disuadirlos a ambos sutilmente pero eran tercos, no escuchaban razones, Ron estaba seguro que eso no acabaría bien para ninguno y eso lo tensaba.
-No te estás comportando como su mejor amigo-acusó Hermione.
-No. Me estoy comportando como hermano, Ginny es lo primero para mí pero está siendo terca al igual que Harry sobre esto y al final tendrá que ser herida, para que vea su error-dijo con finalidad-Tengo trabajo que hacer, Hermione, hablaremos después-la castaña se quedó mirando su celular sin poder creerlo.
-Es increíble-resopló, apretando los puños y saliendo de la casa.
Draco estaba cansado. Había pasado todo el día encerrado en la oficina de la casa, revisando papeles y boletas y pagos y números... eran tantas cosas que podía sentir un enorme dolor de cabeza formándose ¿Cómo había hecho su madre para quebrar la empresa tan rápido? Draco tenía un mal presentimiento pero no sabía lo suficiente como para poner su dedo en qué sucedía, tenía que investigar más, aprender varios términos que le resultaban desconocidos.
-Esto es un infierno-pensó para sí mismo, sintiéndose cansado.
-¿Draco?-su madre tocó la puerta y se asomó, llevando una taza de té entre sus manos-¿Puedo pasar?
-Por supuesto, madre-asintió el rubio, bajando los papeles.
-Te preparé algo de tomar-dijo, colocando la taza en el escritorio.
-Gracias-contestó con un suspiro, apoyándose en la silla.
-¿Cómo te va yendo?-Draco frunció los labios.
-Todavía queda mucho que hacer, no sé si lo pueda resolver a tiempo antes de esa cena-admitió en voz baja.
-Harry Potter será un perfecto marido, querido, ya lo verás, no tendrás que preocuparte por nada de esto-intentó convencer Narcissa, acariciando el cabello rubio de su hijo.
-No es eso lo que yo quiero, mamá, quiero poder ser más, ser alguien por mí mismo, no solo el esposo de alguien-replicó el rubio con frustración, bajando la cabeza-Siempre pensé que me casaría enamorado, que formaría una familia amorosa y sería feliz.
-Pero eso tendrás con Harry, querido.
-No, madre, no lo tendré. No estoy enamorado de ese hombre y no creo que nunca lo esté, el amor no funciona así-Draco se masajeó las sienes-Tengo mucho que hacer todavía-dijo a modo de despedida y Narcissa calló, saliendo de la oficina con suavidad. Draco tomó un sorbo de su té, intentado relajarse y continuó revisando los papeles, anotando cualquier cosa que le llamara la atención. Pasaron varias horas más antes de que otro pequeño toque en la puerta lo despertara y dio permiso de entrar, sonriendo cuando vio que era Anabelle, su nana.
-Hijo, tienes una visita-Draco frunció el ceño.
-¿Quién es, nana?
-Una señorita, hijo-respondió la mujer y regresó poco después en compañía de una joven de cabello castaño rizado y rostro firme; Draco se tensó, todos sabían perfectamente quién era Hermione Granger, sobre todo por lo ligada que estaba al nombre de Harry Potter.
-Srta. Granger-saludó con un asentimiento.
-Veo que introducciones no son necesarias, Malfoy-dijo ella pasando y sentándose frente a él, Draco alzó la ceja ante su rudeza pero lo dejó pasar, volviendo a acomodarse en su silla. La castaña lo examinó con firmeza, el rubio era atractivo, sí, pero seguía siendo un niño, su juventud aún podía notarse en sus rasgos mientras que Harry definitivamente lucía como un hombre maduro ¿Cómo demonios iban a funcionar juntos si uno era más maduro que el otro?-Creo que sabe por qué estoy aquí, Malfoy.
-Me temo que no sé a que se refiere, Granger-respondió el rubio, su rostro no traicionando ni una emoción.
-Harry me ha puesto al tanto sobre esta locura del matrimonio que piensan hacer y he venido a que me diga su precio-estableció la castaño con rotundidad y Draco se quedó por un momento observándola, incrédulo.
-¿Disculpe? ¿Qué quiere que le diga qué?
-¿No me oyó? Sé perfectamente que se casa con Harry por dinero y estoy dispuesta a darle una buena cantidad por simplemente salirse del camino-Draco estuvo a punto de sonrojarse de ira pero su perfecto control le permitió permanecer indiferente.
-Creo que usted se ha equivocado, Granger, este matrimonio fue concertado por nuestras madres, no nosotros, yo no quiero casarme con Potter ni tener ningún tipo de relación con él pero acuerdos como estos no se solucionan con algo tan simple como el dinero, hay mucho en juego.
-¿Cómo qué? ¿Tu futura estabilidad gozando toda la fortuna Potter? ¡Bajo mi cadáver!-dijo la castaña acaloradamente y Draco bufó.
-Se supone que estudió Políticas, Granger, las familias antiguas como las nuestras no se retractan de sus acuerdos a menos que las dos partes estén mutuamente de acuerdo, las consecuencias por el incumplimiento son grandes y variadas según lo que elija la familia y yo no pondré en riesgo a mi familia solo porque su amigo es incapaz de enfrentarse a su familia y pedir el anulamiento. Si Potter viene personalmente a pedirmelo con la aprobación de su familia entonces yo me retiraré sin decir otra palabra porque tampoco quiero unir mi vida a la de él pero no se puede hacer de otra manera.
-Oh, por Dios, no pretenda que no es exactamente lo que usted quiere, Malfoy, sé que están en bancarrota y muy pronto todos lo sabrán también, quiere salvar su posición trepándose al mejor prospecto y no lo soltará tan fácil ¿verdad?-Hermione puso sus manos sobre el escritorio-¡Déjelo! Harry está enamorado de alguien más y jamás lo querrá a usted.
-Yo no he pedido nada de esto, Granger, que sepa que prefiero morir pobre que unirme a quién no amo pero mis manos están atadas-replicó Draco con frialdad, cruzando sus brazos-Potter puede luchar lo que quiera si tan enamorado dice estar pero yo no pondré mi familia en peligro por él. Ahora, si ya terminó de insultarme, tendré que pedirle que se marche, no tenemos nada más que decirnos-Hermione lo miró con furia unos segundos más antes de salir lanzando la puerta muy poco elegantemente. Draco se dejó caer en su silla de nuevo, enterrando su rostro entre sus manos.
Esto se estaba saliendo de control. Draco sabía que tenía razón, después de todo el matrimonio de sus padres fue acordado por las familias y, aunque resultó y se enamoraron, Draco no creía que el fuera a ser tan afortunado. La única vez que escuchó de un caso de retracción por una de las partes del acuerdo, se trataba de Sirius Black, primo de su madre, quién se rehusó a casarse con Emerald Peverett, una mujer varios años menor con él. El escándalo fue grande y duradero, la familia Peverett cortó todos sus negocios con los Black y casi los llevaron a la bancarrota en su coraje si no fuera por la intervención de los Potter, que casaron a Sirius con Angelic Potter, la hermana de James Potter. Draco no quería estar en boca de todos, sabía que cuando saliera de su empresa nadie dejaría de hablar y todos durarían de sus razones para cansarse (francamente, tendrían razón) pero no podía someter a su madre a esa clase de martirio, ella siempre había sido una dama respetada y Draco vería que lo siguiera siendo, incluso si se tenía que casar con Potter.
Ginny no podía creer lo que había escuchado, su rostro había palidecido aún más y había caído sentada en el mueble, haciendo que su vestido gris volara momentáneamente alrededor de ella antes de asentarse.
-¿Casarte?-preguntó con voz incrédula, mirando a Harry quién se acercó hasta arrodillarse frente a ella y tomar sus manos.
-Ginny, no dudes que te amo, esto no es algo que yo quiera hacer pero mi madre me ha obligado con todo lo que tiene, me ha amenazado con quitarme todo por lo que he trabajado tan duro hasta ahora.
-¡Pero si la empresa exitosa por ti!-exclamó ella, sin entender.
-¡Lo sé! Ella también lo sabe pero nuestra clase solo se interesa en el apellido, yo puedo ser todo lo que bueno que quiera pero lo que sobresale es el apellido que me respalda y ella me lo quitará si no hago lo que ella quiere-Ginny bajó la mirada a sus manos, sintiéndose confundida y asustada.
Harry era su primer amor, ella lo había visto una sola vez cuando tuvo once y quedó completamente enamorada de él, era un niño tan hermoso y carismático que había dejado una impresión fuerte en ella y jamás pensó que él la miraría de regreso. Pero lo hizo y ella no pudo estar más feliz, Harry no tenía reparos en declararle su amor y, aunque no habían pasado mucho tiempo solos, ella sabía que eran el uno para el otro, que se casarían y vivirían felices por siempre. Pero Lily Potter nunca estuvo de acuerdo y se lo hizo saber a la pelirroja con la mayor elegancia y discreción, una simple mirada de los ojos verdes de la mujer le habían dicho todo lo que necesitaba saber y sabía que Harry había estado peleando con su madre por esto. Pero ella había ganado. Harry se casaría con alguien más y la dejaría.
-Entonces... ¿se terminó?-preguntó en un susurro y Harry la miró con alarma.
-¡Por supuesto que no! No me importa si me caso o no con ese chico, pero yo te amo, Ginny y no renunciaré a ti por nada del mundo-le dijo con vehemencia.
-¿Qué haremos, entonces?
-Tendremos que vernos en secreto por un tiempo-dijo él con seriedad, mirándolo a los ojos-Yo conseguiré que mi futuro nuevo esposo me dé el divorcio en tiempo récord y entonces mi madre no podrá decir que yo lo terminé.
-¿Y si no lo hace?
-Lo hará, te lo prometo-dijo oscuramente y Ginny asintió, apoyando su frente en la de él y respirando profundamente. Ambos se quedaron así hasta que Molly llegó a los dos minutos con las medicinas de la pelirroja. Harry se quedó hasta que acomodaron a Ginny en su cama y luego bajó con Molly hasta la cocina para tomar un té.
-Ron me ha dicho lo que tu madre ha decidido-comentó Molly en voz baja.
-No tienes de qué preocuparte, Molly, no dejaré que nada me separe de Ginny y tal vez tengamos que esperar por un tiempo más antes de casarnos pero tu hija será mi esposa algún día, eso puedo asegurartelo.
-¿Sabes con quién te casarás?-Harry hizo un gesto de desprecio.
-Con el único hijo de los Malfoy-la pelirroja parpadeó.
-¿Draco?-él la miró.
-¿Usted lo conoce?-ella asintió.
-Es un muchacho admirable pero muy joven-dijo, algo perpleja.
-No sé por qué mi madre quiere que me case con ese niño pero este matrimonio no durará, me aseguraré de ello-Molly solo bebió su taza en silencio.
-No puedo hacer esto-murmuró Draco, solo siendo detenido de huir por la mano que su madre tenía en su brazo.
-Si puedes hacerlo-dijo la mujer con tranquilidad mientras un sirviente los dirigía hacia el salón principal.
-Madre, lo juro, no puedo hacerlo-susurró desesperadamente, intentando que el terror no se mostrara en su rostro. La sirvienta los guió dentro del salón y Draco se tensó, mirando hacia el frente fijamente.
-Bienvenidos-sonrió Lily, su hermosa figura envuelta en un caro vestido verde oscuro, su cuello estaba adornado con un sencillo collar de perlas y su cabello rojo estaba atado hacia un lado. James Potter se encontraba a su derecha, su cabello negro estaba peinado elegantemente hacia atrás y las gafas cuadradas ocultaban ligeramente sus ojos avellanas, su postura era relajada y abierta, James Potter era esa clase de persona que te daba confianza y raramente se enojaba, Lucius y él habían sido buenos amigos antes de su fallecimiento. A la izquierda se encontraba Harry. Draco se estremeció cuando los fuertes ojos esmeraldas se clavaron en él con tal fuego que Draco casi empieza a tocarse para ver que no se hubiera quemado; él era guapo, tal y como le habían mucho, su belleza era masculina, su cabello negro estaba desordenado pero parecía hecho completamente a propósito, su ropa era de la mejor calidad y mostraba su gusto además que dejaba notar lo fibroso de su cuerpo. Pero Draco no sentía nada. El rubio miraba a su futuro esposo y era incapaz de sentir algo más que algo de miedo e indiferencia, no quería casarse con él.
-Narcissa, es un gusto volver a verte-saludó James, con un inclinamiento de cabeza.
-Digo lo mismo, James, Lily. Déjenme presentarles a mi único hijo, Draco-el rubio asintió rígidamente.
-Él mi hijo, Harry-ambos avanzaron hasta estar frente a frente y Harry apenas pudo ocultar su gesto de desprecio, era un niño, se podía ver en su cara ¿cómo demonios iba a poder casarse con él?
-Es un placer conocerlo... Draco-dijo el moreno, siguiendo la tradición y tomando su mano para depositar un beso en ella, eso lo molestó, él no era una chica. Draco sacó su manos antes de que la tocaran sus labios y disimuló con una sonrisa, asintiendo con la cabeza.
-Lo mismo digo, Harry-el moreno lo miró con desdén, una sonrisa fría en su rostro y a Draco le recorrió un escalofrío, presentía que su madre estaba muy equivocada cuando pensó que su esposo podría amarlo algún día.
-Esta noche nos acompaña también unos amigos íntimos de mi hijo, ella es Hermione Granger-la castaña estaba vestida elegantemente con un vestido reservado color borgoña que Draco habría pensado que le quedaba bien sino fuera por la mala cara que traía.
-Malfoy, un... gusto-saludó con un rígido asentimiento-Disculpa que no te bese la mano, no creo que deba-dijo con algo de sarcasmo y el rubio apretó los labios, no dejándose provocar.
-Yo tampoco debería hacerlo, necesito encontrar a la señorita primero-Hermione y Harry lo fulminaron con la mirada pero Ron bufó, girando el rostro para ocultar su risa.
-Él es Ronald Weasley-dijo Lily, sonriéndole a su sobrino, intentando disipar el repentino clima tenso. El pelirrojo avanzó y tomó la mano de Draco, pero a diferencia de Harry, la estrechó y el rubio se sintió inmediatamente mejor.
-Es un placer conocerte, Malfoy.
-Igualmente, Weasley.
-Solo Ron está bien.
-Bueno, Solo Ron, yo soy Solo Draco.
-Mucho gusto, Solo Draco-el rubio sonrió relajadamente por primera vez desde que pisó ese lugar y Ron soltó una ligera risa.
-Pasemos al comedor, por favor-dijo Lily, complacida de que Draco se haya ganado la aprobación de su sobrino. Todos se sentaron en la mesa, Lily y James sentados a ambos extremos, Narcissa estaba colocada a lado de Lily con Draco a su lado y Ronald a lado del rubio; frente a ellos estaban Hermione y Harry, dejando un asiento vacío frente a Narcissa por respeto a Lucius. Hermione y Harry estaban mirando de la misma furiosa a Draco, lo peor era que lo hacían de manera tan sutil que los demás no lo notaban y lo hacían sentir bastante incómodo como para comer con tranquilidad.
-No dejes que lleguen a ti, les encanta fastidiar a los demás-vino un susurro por su lado y Draco se felicitó a sí mismo por no saltar del susto, él giró levemente su mirada y observó a Ron por el rabillo del ojo.
-¿En serio?
-Hermione puede ser fastidiosa pero se siente la hermana mayor de Harry, siempre lo anda cuidando-susurró, fingiendo cortar su comida.
-¿Y tú?-el pelirrojo se rascó la mejilla.
-Harry está grandecito y hace sus propias decisiones-respondió con simplicidad.
-Pero eres su mejor amigo ¿no?
-Oh, por supuesto, moriría por él-dijo con toda naturalidad-Lucharía contra ladrones, cruzaría ríos lleno de cocodrilos y saltaría de aviones sin paracaídas.
-¿Lo ayudarías a salir de este compromiso?
-Eh, bueno, ahí que poner la raya en algún punto ¿no?-a Draco se le escapó una risa y Ron sonrió complacido. Fue entonces cuando ambos notaron que el resto de la mesa los había estado observando interactuar y Draco controló su sonrojo, tomando su tenedor con indiferencia y siguiendo con su comida. Narcissa enarcó ligeramente las cejas pero lo dejó estar, se sentía más tranquila de que al menos uno de los amigos de Potter apoyara a su hijo porque esa chica estaba que le lanzaba miradas envenenadas de rato en rato, definitivamente había que cuidarse de ella. Cuando la incómoda cena acabó, Lily los invitó a pasar a la sala para una taza de té y se llevó a su hijo aparte, lejos de dónde podían escucharlos.
-¿Estás listo?
-No-replicó Harry con fuerza y Lily endureció su mirada, alzando su mano y mostrándola una pequeña cajita. Harry jadeó-¡¿El anillo familiar?! ¡¿Le vas a dar a ese niño el anillo familiar?!-preguntó con furia.
-Sí y más te vale que sea una propuesta buena, Harry, no voy a tolerar tus niñerías-dijo mientras ponía la caja en su mano y prácticamente lo empujaba a la sala. Harry caminó rígidamente hacia dónde Draco estaba y el rubio empezó a tensarse más, parándose de golpe cuando el moreno se arrodilló.
-Ma... Draco-dijo entre dientes, alzando la caja y mirándolo directamente a los ojos-¿Quieres casarte conmigo?-Lily apretó los puños antes la manera abrupta que preguntó, James quiso sonreír divertido mientras que Hermione lucía tan molesta como Harry, Ron solo alzó las cejas alto y Narcissa frunció los labios, cada vez más dudosa de que hubiera hecho lo correcto.
Draco respiró agitadamente, mirando a cada uno de los presentes, buscando una salida pero encontrando ninguna. Finalmente tragó saliva y bajó la mirada de nuevo, mirando al de ojos verdes. Harry botaba desdén a montones, su sonrisa estaba pegada a su rostro pero era fría, sin emoción y sus ojos verdes prometían muchos males en el futuro. Draco quería negarse. Pero entonces pensó en su madre, en el dolor que ella sufriría si la gente se enteraba de su situación, si quedaba en la ruina y perdía todo en lo que había crecido ¿Le haría eso a ella? ¿Podría soportarlo? El rubio tragó y se dio cuenta, con un peso en el estómago, que la decisión había sido tomada por él antes de este momento y no le quedó de otra más que extender su mano, cerrando los ojos y volteando el rostro.
-Sí.
Cuando el frío anillo de plata se deslizó por su dedo, Draco supo que había firmado su propia sentencia.
