Nota de la Autora: Esto sigue y no sigue siendo un universo alterno. Y Gaara-kun sigue y no sigue siendo nuestro protagonista.

Advertencia: Considero que está historia no es apta para público infantil; debido a las temáticas que sugiere, el contenido violento y el lenguaje vulgar. Así que niños, busquen otras historias acordes a su edad, hay muchísimas y muy buenas en FFnet.

Disclaimer: Todo el universo de Naruto y lo que salió de él, no me pertenece. Es de Kishimoto, por lo que tenía todo el derecho que terminarla como él quiso (y que nunca yo hubiera permitido).

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In dreams

En el mundo de los sueños, las posibilidades son infinitas. En él, podrás armar ese rompecabezas que en tu vida no pudiste completar.

Capítulo 2: Tenka y la chica de labios rosados.

Primer sueño

Se levantó con rapidez del suelo, no le daría oportunidad a ninguno para que lo pisen.

(Toda la vida fue así)

No soportaba las horas de Educación Física. Siendo cientos de varones encerrados en un mismo lugar sin poder salir (algunos por mucho tiempo); Educación Física era (para casi todos) ese tan necesario cable a tierra que los mantenía cuerdos. Era el bálsamo que aliviaba el sentimiento de frustración, la ira, el enojo, la soledad y muchas otras oscuridades que albergaban los corazones de los jóvenes. Y es por eso, que en esa clase, los chicos practicaban deportes de contacto. Y sólo Kamisama podía saber y entender lo mucho que él odiaba eso.

Y para hacer más deliciosa la ironía que sopesaba al pelirrojo, uno no podía elegir que deporte, arte marcial o estilo de pelea que quería realizar. Tocaba el que tocaba por un sistema de sorteo. Algunos tenían suerte. Tenka no.

(No recordaba haberla tenido alguna vez tampoco)

Así que cuando llegaba la hora de practicar Aikido, el joven deseaba desaparecer (o mejor aún, que desaparecieran todos los demás).

Una, dos, tres veces al suelo. De espalda, de cara y de cabeza. Odiaba estar con (tocar a) la gente, por lo que era imposible no ser golpeado durante las clases, más cuando no se seguían las reglas del "juego limpio".

(Nunca las seguían, nunca lo harían)

Para defenderse debía tocar a los demás, y eso no pasaría. No buscaría el contacto. No se los daría voluntariamente. Jamás.

(Pero eso nunca lo podría saber con seguridad)

Cuatro, cinco, seis veces al suelo. Deseo con todas sus fuerzas patearles el culo a cada uno de ellos; lastimarlos, darles dolor, sufrimiento y que pagaran por todo el pesar que le hacían sentir, sin necesidad de tocarlos. Sin siquiera moverse.

-Cuidado con lo que deseas, el universo te lo dará y cuesta más de lo que pagarías por ello-

(Porque éste tiene un sentido del humor más retorcido que su corazón)

-Amano, me cansé de verte besar el suelo.- La voz del sensei encargado de la clase era gruesa e intimidante. Como todo en él.

Aún así, no evitó que todos los demás se burlaran del pelirrojo. Nunca lo hacía.

-Le voy a hacer un favor a tus compañeros. Junta todo el equipo y guardalo en el depósito mientras sigo la clase con lo que no son parásitos inútiles que se arrastran por el piso; pero son apenas poco más que basura.-

Se escucharon algunas risas, pero solo de los que no se dieron por aludidos o entendieron el insulto de su sensei.

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Con el semblante sereno de siempre (pero la mente sumida en una revolución de odio, como siempre), realizó lo que le dijo su instructor. Poco a poco (y todo bajo las burlas y golpes ocasionales de sus "compañeros" que no pudo esquivar) junto el equipo y lo guardo en varios viajes.

El depósito se encontraba en el edificio más alejado y perdido de todo el casi infinito terreno que ocupaba el sistema de edificaciones que formaban el reformatorio/orfanato en que él residía.

(En el que estaba preso sin ser uno)

Rodeado de muros y mallas enrejadas cubiertas de alambres de púas, el viejo y centenario Complejo para la Vida y Educación de Varones "Destined Dreams" se erigía imponente, antiguo y gris en esos suburbios. Limitaba con otras edificaciones, muy importantes también (o eso decían) pero que jamás había visto ni le interesaba ver.

Solo faltaban guardar un par de manoplas, pero ya estaba cansado y podrido. Al menos una vez en el día, el universo se tomaba la molestia de recordarle lo miserable que podía ser y el potencial de infelicidad que guardaba dentro de sí.

(Por ellos, por él)

Por lo que, en un arrebato de liberación y endorfinas, y sin siquiera llegar al depósito, dio un grito que se llevo todo el aire de sus pulmones (quizás lo que quedaba de su alma por romper también) y las revoleo lo más fuerte que pudo. Lo más lejos que pudo.

Escucho un ruido seco, seguido de un gritito agudo y de dolor. Por un momento, un poco más calmado, pensó que le había pegado a un gato. Con su suerte, era negro y lo maldecía por un par de vidas más ya que estaba.

Se acercó al paredón (por donde creyó que habían caído las manoplas) e inspecciono el lugar. No había señales de algún gato o el equipamiento, solo encontró un pequeño orificio (de falta de mantenimiento de un muro de muchas generaciones); por lo que se asomó para ver si habían caído del otro lado.

(o si veía un felino muerto, si tenía suerte)

(Él o el gato)

Y no, no estaban (ninguno). Lo que si vio, fueron unos labios rosados, preguntando con enojo y con voz femenina si había alguien bastante idiota del otro lado del viejo y descuidado muro.

(Y la pared se caía a pedazos, literal y metafóricamente hablando)

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Nunca supo como sucedió, pero tampoco le importó. Desde el día que gritó con todas sus fuerzas, desde el día que decidió que lo poco que le quedaba valía una mierda; todas las tardes iba hacia edificio más alejado. Desde ese día, siempre cuando los parásitos eran ignorados (o podía escaparse), en ese pequeño orificio en el muro del tamaño de una moneda, encontraba los mismos labios rosados.

(El espacio más pequeño que pudo encontrar para esconderse, para escapar)

Que con una voz aguda (a veces irritante, a veces molesta, pero siempre agradable y sincera) le preguntaban un sin fin de cosas; que probablemente ni él sabía responder ni mucho menos entender.

(Cómo entender aquello que uno no conoce?)

Tenka podía pasar el día (la vida) escuchando parlotear a esa chica. Casi todo lo que decía, eran cosas sin sentido (o quizás muy complejas), medio insulsas (o quizás llenas de vida) y completamente variadas (todo un mundo de posibilidades). Se aburría y no se aburría. Era la contradicción misma. Y sin saberlo, algo comenzó a arder en él.

(Se suponía que ya no quedaba nada que quemar)

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El viento soplaba cálido, lo que hacía más insoportable la humedad en Konoha.

(Por eso el desierto era mejor. Más caliente, más seco, más frío)

Su sobrino cumplía años en esa semana (coincidió justo con una visita diplomática, Gaara se aseguró que así fuera) así que caminaba junto a su escolta (y antigua alumna) por el angosto pasillo del enorme mercado central de la aldea, buscando algo para Shikadai.

(La sensación de no pertenencia se hacía más fuerte a cada paso)

Ya era difícil conseguir un regalo para su hijo, pero el joven heredero Nara era aún más complicado.

(Tan diferentes eran)

Aún con la compañía de Matsuri, la misión parecía fracasar en cualquier momento. Al ver el cansancio reflejado en el imperturbable rostro del hombre (cansancio de caminar sin rumbo o quizás porque le era difícil dormir en Konoha -aun más-) ella decidió separarse para poder así abarcar más terreno y tratar de terminar rápido. El aceptó y la dejo hacer, como siempre.

La gente a su alrededor, lo saludaba al pasar. Con reverencias y tartamudeos por doquier, Gaara creyó recordar cuando las cosas eran diferentes.

(No. Las cosas son diferentes)

Rodeado de tantas personas, amables y simpáticas la mayoría; siguió recorriendo el mercado. Y su mente, paseaba por cada uno de los rostros sonrientes. Costó mucho, pero logró ganarse el cariño y la compañia de la gente. Se esforzó por convertirse en un shinobi lo suficientemente poderoso para protegerlos a todos. Se convirtió en el Kazekage más joven de su aldea natal. Consiguió (de manera trágica al final) el respeto y cariño de toda su familia. Adopto un niño (como él) como suyo. Logró todo lo que siempre quiso y se propuso.

(Pero el pequeño orificio en su corazón aún estaba; aunque él, no lo supiera)

Distraído en sus pensamientos (o soñando despierto también podría ser), tropezó con un puesto tirando un caballete que sostenía un tablón lleno de macetas con flores. Todas cayeron al piso, rompiéndose en varios pedazos, sin darle tiempo a reaccionar.

Y sumido en la completa vergüenza adquirida por su descuido, solo logró escuchar cuando unos labios rosados preguntaban en tono demandante si había alguien bastante idiota como para llevarse todo un puesto (y bastante colorido) por delante.

Y su rostro ardió por el momento que creyó ser el más embarazoso de su vida.

(O quizás era él y quizás era otra cosa lo que ardía)

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Podríamos decir que ya comenzamos la historia. Quizás sigue confusa; pero no tanto como antes. Al menos, apareció nuestra heroína (no era la intención, pero había que trazar una línea perpendicular a la vida de -ni tanto- ambos varones)

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Este, fue el primero de una serie de sueños re extraños y confusos que pasó el Kazekage. Estaría bueno saber que significan o que los causa (ésta historia se borró en el formateo del dispositivo, así que la comencé de nuevo y mutó un poco mucho), pero aún es sorpresa incluso para mí.

Dato curioso: intenté meter algunas cositas llamadas "easter eggs" (o mensajitos ocultos). Los pudieron encontrar…?

Nos leemos en el próximo capítulo!

Ryoko.