1. El ataque de los que observan.
Elsie se despertó de golpe, empapada en sudor. Respiraba con fuerza. Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad y observó la habitación lentamente. La ventana estaba abierta, y se veía un poco de cielo cubierto de estrellas.
Se calmó un poco, pero no pudo evitar sentir como una lágrima resbalaba por su mejilla.
Notó que alguien la agarraba por la cintura, y se sobresaltó, hasta que se dio cuenta de que era su hermano.
- Shawn... Siento haberte despertado...
El chico la miró, y le rodeó un poco más la cintura con el brazo, acercándola a su cuerpo y haciendo que apoyara la cabeza en su hombro.
- ¿Otra vez él?
- Sí...
- ¿Qué pasaba esta vez?
- Estábamos en el bosque. Si no recuerdo mal estábamos... bailando juntos. Y de repente sentí que alguien nos observaba. -Dudó antes de continuar- Era el lobo de ojos verdes. Me miraba a los ojos, y cuando me giraba para no verlo... él ya no estaba. Luego solo podía escuchar sus gritos.
- Lo siento. Lo habrás pasado mal.
La chica se recostó contra el cuerpo de su hermano, notando como estallaba en lágrimas.
- ¿Por qué él? ¿Por qué tenía que matarlo precisamente a él...?
...
La gente del pueblo observaba al chico que se encontraba tirado en el suelo, sobre un gran charco de sangre. Su cuerpo estaba lleno de arañazos y marcas de mordiscos.
Había muerto desangrado. Tanto su ropa, como su rostro, como su pelo color crema, estaban completamente cubiertos de sangre. Sus ojos oscuros estaban abiertos, pero sin vida.
- ¡Axel...! -Susurraba Elsie, mientras empezaba a llorar en brazos de su hermano, que intentaba impedir que siguiera viendo el cuerpo de su amigo.
El chico de pelo plateado observaba la escena. No había ninguna duda, había sido el lobo.
O tal vez... había más de uno.
Lo habían tomado por sorpresa, acabando con su vida en pocos minutos. Dejaban muchas muestras visibles. Habían sido muy agresivos, aunque era imposible que por la sorpresa Axel forcejeara o tuviera alguna oportunidad para escapar. Por el estado y el olor... llevaba muerto unas cuantas horas. Lo habrían atacado por la noche.
Elsie dejaba salir su desesperación, pero él intentaba parecer tranquilo.
Los tres eran buenos amigos.
...
- Le podría haber pasado a cualquiera. Axel estaba en el lugar y en el momento equivocado.
- Es horrible... No me encaja nada.
- ¿Por qué no te encaja?
- Los lobos... No es la primera vez que matan a alguien del pueblo, pero siempre lo han hecho en el bosque. Nunca han venido hasta aquí. Son inteligentes, saben que aquí podrían correr peligro. Algo ha hecho que bajen hasta el pueblo.
Shawn se tensó bajo el cuerpo de su hermana.
- ¿Qué crees que podría ser?
- No lo sé. Pero hay algo extraño... Un lobo no ataca a un ser humano si no es por una buena razón.
El chico la abrazó con dulzura, recostándose en la cama y haciendo que se tumbara sobre él.
- Deja de martirizarte. Ya es tarde para lamentarnos.
- Lo sé...
- Su muerte no habrá sido en vano. Te lo prometo.
Elsie suspiró, y se abrazó a él, cerrando los ojos. Su hermano actuaba de un modo muy extraño. Había sido un gran amigo de Axel, al igual que ella. Tal vez ese incidente lo estuviera cambiando. Tal vez se viera forzado a madurar de golpe.
Pero... ¿y si pretendía enfrentarse al lobo? ¿Y si no era solo al lobo de ojos verdes, sino también a los demás?
No.
No debía pensar en eso. No quería hacerlo. Shawn sabía perfectamente lo que era la fuerza de un lobo. Su hermano no era tan temerario como para hacer algo tan estúpido. Decidió relajarse, e intentar dormir un poco.
Aunque volviera a tener pesadillas. Aunque volviera a soñar con Axel... y con los lobos.
[...]
A la mañana siguiente, Shawn se volvió a levantar temprano. Se dio cuenta de que Elsie no estaba en la cama. Supuso que había vuelto a tener un mal sueño, y quería estar sola.
Era lo mejor en esos momentos. Estaba demasiado dolida. Tres días no eran suficiente para olvidar años de amistad. Elsie estaba demasiado unida a él. Habían compartido demasiadas cosas, incluso alguna que otra vez sus padres habían pensado en él como una opción para el compromiso.
Una sombra oscura asomó en el corazón de Shawn. No era la primera vez que lo hacía. Pero decidió evitarlo a toda costa.
Pensó en los lobos. Sabía que desde siempre habían sido la obsesión de su hermana. Cuando Ojos Verdes, como ella lo llamaba, los atacó, cuando lo dejó inconsciente mientras se desangraba... Solo recordaba que antes de caer en la oscuridad, había visto como el lobo se acercaba a ella. Pero luego todo se volvía negro. Elsie le había dicho que cuando el lobo iba a por ella, los cazadores ya estaban llegando y hacían ruido, y que eso asustó al animal. Por eso la dejó en paz y escapó.
Mas nunca había llegado a creerlo del todo. Había algo que su hermana le ocultaba.
Salió de su casa, e intentando no llamar mucho la atención, salió del pueblo y se adentró en el bosque. Encontraría algo. Por ella.
...
Elsie estaba en uno de los establos del pueblo, con los caballos. Había salido de casa justo antes de que amaneciera, dejando a su hermano durmiendo, y solo se le había ocurrido ir ahí. Necesitaba estar a solas para pensar.
Llevaba días durmiendo muy mal. Lo de Axel la había afectado de verdad. Era la segunda vez que los lobos le hacían daño a alguien a quien quería. Su madre siempre le había hablado mucho de los lobos, le había contado cosas maravillosas, leyendas que los convertían en seres magníficos...
Pero la cruda realidad era esa. Estaban haciendo daño a gente inocente. Le seguía pareciendo extraño que se hubieran molestado en bajar hasta el pueblo, pero aun así habían atacado. Habían matado. Ya no eran esas hermosas criaturas enamoradas de la Luna que aparecían en sus cuentos favoritos.
Se acercó a uno de los caballos, de color marrón muy claro, y le acarició el rostro suavemente, mirándolo fijamente.
- Qué bonito eres... Que ojos más grandes tienes... y que orejas más grandes tienes... -Susurró suavemente, en tono apacible- Y que boca tan, tan bonita. Seguro que eres un caballo muy listo.
Desvió su atención del caballo, mirando a la salida del establo. Era justamente el callejón donde había aparecido el cuerpo de Axel.
- Vosotros lo visteis, ¿Verdad? Visteis lo que pasó. Sois los únicos que saben lo que realmente sucedió.
El caballo movió un poco las orejas, y sacudió la cabeza, observando atentamente a la chica, aunque dejando de prestarle atención en el momento en que escuchó a alguien entrando al establo.
- ¿Elsie?
La chica se sorprendió al oír su nombre, y se quitó la capucha roja para ver quien la llamaba. No esperaba encontrarse con él. El chico de pelo rubio ceniza, y ojos rojos. Byron, su prometido desde hacía unos días.
La última vez que lo había visto había sido cuando descubrieron el cuerpo de Axel. Él había intentado acercarse a ella, como si quisiera consolarla, pero Elsie había preferido evitarlo. Nunca habían hablado mucho. Prácticamente no se conocían en persona, solo de vista y mediante sus familias.
El chico no había escogido unos días muy buenos para comenzar a fomentar la relación. Y ella tampoco sabía muy bien qué podría decirle. Se limitó a mirarlo a los ojos durante unos instantes, para luego seguir acariciando al caballo.
Byron la observó comprensivo, y se acercó un poco más a ella, haciendo ademán de acariciar al animal como ella.
- ¿Estás bien? ¿Como es que estás aquí cuando la mayor parte del pueblo aun no ha salido de casa?
- Supuse que aquí podría estar sola.
- Entiendo que estés triste. Y aun es reciente, pero... la soledad no te va a ayudar.
- Puede que a ti no.
- Supongo que no. Yo no conocía a Axel tanto como tú. Lo siento mucho.
Elsie sabía que estaba siendo demasiado fría con él. No quería hacerlo, pero no podía evitarlo. En esos momentos no era capaz de hablar de relaciones ni tampoco del futuro.
El chico pareció oír algo, y miró hacia la salida del establo.
- Debo irme -Dijo en voz baja. Tal vez esperaba una respuesta que no consiguió obtener. Se acercó un poco a ella, y le susurró algo al oído-. Yo solo quiero que estés a salvo. Quiero que seamos felices juntos. Por ahora... tendré que conseguir que nada te perjudique.
Elsie hizo como que no se inmutó de las palabras que le había dicho, pero captó de inmediato su significado. Justo cuando Byron estaba a punto de salir del establo, se giró un poco hacia él.
- Si quieres que sea feliz contigo...
El chico se sorprendió, y se paró en la salida, para mirar atrás. La miró a los ojos, esperando a que terminara de hablar. Veía que se había puesto más seria que antes.
- No pienses en los lobos -Susurró la chica de pelo añil-. No te acerques a ellos.
Byron se inquietó un poco por sus palabras. Pero a pesar de todo, le sonrió con ternura, para luego salir y dejarla sola. La chica apoyó la cabeza en el cuello del caballo, suspirando. Estaba triste y decepcionada por el comportamiento de los lobos, pero no quería que nadie les persiguiera, y mucho menos Byron.
Pero no temía lo que pudiera hacerles, sino lo que ellos podrían hacerle a él. Ya había perdido a Axel, y casi había perdido a su hermano... No quería que él también se pusiera en peligro.
Tenía que descubrir lo que pasaba con los lobos que se escondían en las montañas.
...
Shawn había llegado a la parte alta del bosque.
Estaba empezando a nevar, pero no intentó taparse, dejó que los finos copos blancos le cayeran sobre el cuerpo y el pelo. Observaba detenidamente los árboles, y el suelo cubierto de blanco, por si veía algo diferente. No había nada en absoluto. No dejaba de pensar en lo que ella le había dicho. Era verdad que los lobos nunca atacaban a un ser humano sin motivo, no eran animales imprudentes.
Se sorprendió, ya que escuchó un aullido a lo lejos. Algo inquieto, se sacudió la nieve del pelo, y bajó silenciosamente por el bosque.
[...]
Caía la noche.
El sol casi había desaparecido, y el cielo se estaba oscureciendo poco a poco. La gente del pueblo comenzaba a entrar en sus casas. Después del ataque de la pasada noche, a nadie le agradaba la idea de estar fuera de su hogar, y exponerse a un posible peligro.
Byron ya comenzaba a caminar hacia su casa, cuando de pronto algo lo sorprendió. Alguien estaba saliendo del pueblo, con cuidado de que nadie se alertara. Parecía que iba a adentrarse en el bosque. Una chica de vestido marrón y capa roja con la capucha tapándole la cabeza, llevando una cesta colgada del brazo. Pero no le hizo falta reconocer su aspecto para saber que solo ella era capaz de hacer algo tan temerario como adentrarse sola en el bosque, cuando casi había anochecido.
Continuará
