2 Kindheit
There was a boy/ Hubo un chico
a very strange enchanted boy/ Un chico muy extraño y ecantado
they say he wandered very far, very far/ Se decía que vagaba muy lejos, muy lejos
over land and sea/ sobre la tierra y el mar
(Nature boy - Nat King Cole)
Una vez terminado el proyecto de construcción del nuevo restaurant de los Vargas las familias se habían llevado tan bien que desde ese momento los Beilschmidt eran frecuentemente invitados a la casa de los italianos y viceversa. No era de extrañar que los retoños pasaran tanto tiempo juntos.
Gilbert y Lovino habían hecho click inmediatamente. Fue cosa de mirarse, mirar una pistola "Super soaker"y telepáticamente decidir hacer un ataque terroristas a los abuelos "Roma" y "Germania" como ellos los llamaban. Desde entonces los demonios que Feliciano y Ludwig tenían como hermanos mayores se habían dedicado a hacer maldades por todos lados y a ganarse innumerables castigos cortesías del abuelo "Germania" que tenía una severidad inquebrantable.
Los menores no tuvieron la misma complicidad desde el principio. La verdad Ludwig pensó por mucho tiempo que Feli, era de Felicia, y que era una niña. Al menos eso parecía vestido con un vestido largo, delantal y gorra con el que – como se enteró años después – intentaba imitar a su heroína Julie Andrews en una de sus películas favoritas – "La novicia rebelde" -.
Ludwig tuvo que observarlo por varios días, acostumbrarse a sus canturreos, y hacerse miles de preguntas ¿Es un niño? ¿Por qué no actúa como un niño? ¿Por qué no quiere ir a jugar a la tierra con nosotros? Si no fuera porque no le gustaba estar metido en líos habría seguido jugando con Gilbo y Lovi sin jamás prestar atención al pequeño de los Vargas, pero eventualmente prefirió estar libre de castigos y entrar al salón de juegos donde el chiquillo revoloteaba encima de ese mini teatro que tenía en un rincón de la habitación.
Feliciano desde pequeño había tenido esa voz blanca angelical capaz de alcanzar tonos inimaginables. Ludwig era un chico más de deportes de contacto, de números, y de juegos de lógica como el ajedrez, pero siempre igualmente había admirado esa manera única que tenía Feli de divertirse: Unos disfraces, unos Cd's de música, unos cuantos elementos que usaba de utilería y entonces comenzaba a inventar historias increíbles, con aventuras, romances y música.
- Ponis de color crema y crujiente strudel de manzana. Timbres, campanas de trineo y schnitzel con fideos. Gansos salvajes que vuelan con la luna en sus alas : Estas son algunas de mis cosas favoritas! – chillaba el chiquillo vestido con una túnica (porque según el pequeño ítalo eso era una túnica y no un vestido) - Cuando el perro muerde, cuando las abejas pican Cuando me siento triste – cantó Feli con todas las fuerzas de sus pulmones mirando a su amigo de ascendencia alemana que era su única audiencia en ese momento – simplemente recuerdo a mi amigo Ludwig y entonces no me siento taaaaaaaaaaaan maaaaaaaaaaaal (1)–
El rubio se sobre saltó poniéndose colorado hasta las orejas : ¡Esa no es la letra de la canción! – Chilló - ¡La has cambiado a propósito! –
-Es que necesitaba identificarme con mi personaje - dijo el chiquillo dramáticamente bajándose de la tarima que su padre le había construido en su salón de juegos. Dejó su micrófono de juguete en el suelo y le preguntó a su amigo que parecía tremendamente serio.
-¿No te gustó mi canción? – y observó al germano con sus ojos color chocolate tan abiertos y tan brillantes que el pequeño Lud tragó saliva y tuvo que admitir.
-Es una canción muy bonita.
El castaño sonrió ampliamente y le tomó las manos a su amigo.
-Lud- le llamó con seriedad.
-¿Si? – preguntó inseguro el rubio preguntándose a qué se debía ese tono en un niño de nueve años, no que él fuera tan mayor, solo unos meses, pero él siempre había sido más serio, más que el resto de niños de su edad, incluso más que su hermano mayor que estaba con Lovino destrozando el jardín del vecino.
-¿Cuándo yo estrene mi primer papel protagónico en Broadway estarás en la primera fila? – le preguntó.
-Claro – afirmó Ludwig con esa voz marcial – es una promesa de boy scout.
Feliciano se había puesto a aplaudir entusiasmado y chilló: ¡Entonces debo comenzar a ensayar ahora mismo!
Ludwig no era un gran fan del teatro. Probablemente si no fuera por su amigo nunca jamás habría conocido ningún actor ni ninguna canción de algún musical habido y por haber, pero Feliciano amaba tanto esas cosas que no le había quedado más remedio que jugar con él "al teatro" y cambio el pequeño jugaba sóker con él, un deporte que si se le daba bastante bien al italiano.
Tal vez porque los padres sabían que Ludwig sin importar que se avergonzara de Feli y no lo comprendiera mucho a veces, igual lo estimaba y lo cuidaría sin cuestionárselo, fue que decidieron ponerlos en la misma primaria. Un colegio privado donde los demás chicos no le daban demasiada guerra. El germano no tenía muchos amigos en la primaria pero como era deportista le tenían cierto respeto. Feli pudo refugiarse en su sombra y pasar medianamente desapercibido.
El chiquillo aparte de ser un poco cobarde y delicado no tenía rasgos tan llamativos en el colegio Al menos en un colegio de hombres en que todos tenían que usar uniforme, no habían demasiadas cosas que llamaran su atención o que le hicieran mostrar "su lado flaco" como lo llamaba Ludwig. Ese lado que podría haberlo convertido en blanco de burlas. Cosas como su amor a la música, al teatro y a la moda.
En casa, sin embargo le era imposible controlarse, o en medio de sus cercanos. Como cuando había cumplido diez años y lo habían llevado de sorpresa al teatro. Viajaron con sus madres, sin llevar a los mayores porque, por supuesto, no sabrían comportarse. Ludwig no estaba emocionado con la idea, pero sabía lo importante que era eso para Feli: era su primer contacto directo con su sueño.
Habían conseguido unos boletos para ver "Cats", fueron a comer a una confitería y salón de té alemán en que tomaron chocolate caliente acompañado de tartas de frutas y así, atiborrados de azúcar, se habían internado en "La avenida", como la llamaba devocionalmente Feliciano. Nada más ver la señalética con el nombre de la calle, el escuálido chico se había largado a correr tan rápido como cuando huía de Lovino y Gilbert.
Gretta y Charlotte habían gritado pero de nada sirvió, Ludwig le dijo a su madre: "Yo lo alcanzo" y se lanzó a correr detrás de su amigo. Había sido difícil darle alcance, considerando la cantidad de gente y el hecho de que Feliciano era tan pequeño que su cabeza era apenas visible; eso y la forma enloquecida en la que corría, pero lo conocía, sabía perfectamente donde había ido y era muy lejos.
Tal como pensó, se había ido parar afuera del "Ambassador Theater". Como vivían en Brooklyn, aunque quedaba cerca, dado lo ocupados que estaban sus padres, rara vez tenían la oportunidad de venir a Manhattan y respirar ese "aire mágico" como decía el italiano.
Feliciano miraba al borde de las lágrimas el cartel de "Chicago" y Ludwig deseó ser más grande, poder comprar una entrada a ese show y entrarlo aunque sea por la puerta trasera. "Algún día, Lud, yo voy a actuar aquí" había anunciado con esa seriedad que solo asumía en cosas importantes para él. Como esta.
La escuela media había sido un poco más compleja para Feliciano. A cierta edad en que los chicos cambian la voz y comienzan a crecer, comienzan también a darse cuenta de que un chico es diferente. Que no es muy corpulento, que no es rudo, que su voz es más delgada y que la música que tararea es música de niñas. Es cosa de tiempo para que comiencen a llamarlo "Feliciana" y a aislarlo del resto de sus compañeros. Ludwig intentaba estar con él, al menos su presencia - y el miedo a los castigos que se imponían en ese colegio por abusos - impedía que molestaran más de la cuenta a su amigo.
Ludwig iba a sentarse con él en clases y estaba con él en la cafetería. Sólo en los recesos se daba un momento de paz para jugar sóker o baseball con el resto de sus compañeros mientras Feliciano lo observaba desde las gradas. Era solo cuestión de tiempo también que hubieran comenzado con pesadeces del tipo "Miren allí está la animadora novia de Ludwig" o que comenzaran a llamar al ítalo "señora Bielschmidt". El germano se agarró a golpes unas cuantas veces con sus compañeros por eso. No entendía por qué molestaban tanto a Feliciano. Por qué lo hacían a un lado de esa manera como si estuviera descompuesto. Como si su diferencia fuera mala en el mundo.
No fue hasta el fin de la escuela media que lo comprendió, pero sin querer admitirlo en voz alta. La diferencia de Feliciano no era normal. No era normal que aún a sus trece años se pusiera tocados de piel en la casa para ensayar frente al espejo su "Hello Gorgeous" (2) hasta que saliera igual al de Fanny Brice. Feliciano no era solo un cantante, ni solo un chico que quiere ser actor; no era solo un artista como intentaba defenderlo a veces, ni "un alma sensible" como le explicaba su madre, Gretta, para ayudarle a entender esos arranques afectuosos que tenía el italiano con él.
Feliciano era distinto. Y esa diferencia le afectaba, porque era su mejor amigo, su amigo de infancia y él, Ludwig Bielshmidt, no era diferente, no al menos de la forma en que su amigo lo era. Igualmente se sentía intimidado porque esa "diferencia" estuviera tan cerca de su vida, porque algo definitivamente debía andar mal con él si había aceptado jugar con Feli "al teatro" cuando eran pequeños.
Una parte muy ingenua de él pensó que, al salir de la escuela media y al matricularse en la preparatoria pública "Abraham Lincoln high" entonces podría estar libre, respiraría su propio aire y andaría tranquilo por los pasillos sin tener que preocuparse de proteger a su amigo. Se imaginó que Feliciano se iría a una academia privada, allí al menos podría estar a salvo, con las políticas antiabuso y el estricto reglamento.
Cuan grande había sido su sorpresa cuando lo vio allí en el pasillo, con sus 14 años, sus 61 kilos, su metro setenta, sedoso cabello castaño arreglado con toneladas de fijador en que su rizo sobresalía desafiando la gravedad. Estaba allí con su chaqueta Alexander McQueen, sus botas Gucci y su agraciada postura al caminar. Cargaba su bolso Louis Vuitton gris con tal descuido que Ludwig debió poner los ojos en blanco. ¿En qué estaba pensando? ¿Presentándose de esa manera tan extravagante en una escuela pública? ¿En su primer día de clase? ¿Quería ser golpeado hasta que le dejaran voz de bajo?
Se acercó a él atravesando los dos metros que los separaban en unas cuantas zancas.
-¡Lud! – había exclamado entusiasmado el ítalo al reconocer el semblante severo de su mejor amigo.
-¿Qué estás haciendo? – preguntó el germano con la voz más discreta que pudo, casi hablando entre dientes.
-Inscribiendo mis asignaturas – susurró Feliciano siguiéndole el juego.
-Me refiero a qué haces acá, en esta escuela… - aclaró el rubio traspasándolo con su mirada gélida y su tono severo – Deberías estar en una academia, como habíamos acordado.
-Pero todas esas academias son judías… y yo no soy judío… me hubieran molestado – se defendió pobremente el chico.
Ludwig se llevó la mano al rostro en un gesto desesperado, intentando calmarse. Cosa que hacía frecuentemente cuando intentaba explicarle algo a su amigo.
-Feliciano, no todas las academias son judías… y aunque así lo fueran, esta escuela es aún más peligrosa para ti… en lugares como esta a la gente no le gustan los chicos… - buscó una palabra adecuada para poder referirse a "eso que no se nombraba" – "diferentes" , y acá te van a molestar más, no solo te dirán "Feliciana", puede que te peguen, puede que te ensucien la ropa o… - se acercó más y le dijo en un tono aterrador – puede que te quiten tu bolso y lo arrojen al contenedor de basura.
Feliciano tragó saliva audiblemente al tiempo que agarraba su bolso efusivamente contra su cuerpo.
-No mi Louis Vuitton – dijo con la voz quebrada.
-Si puede ser…
-Pero es muy costoso… no serían capaces-
-Claro que serían capaces, tarde o temprano se darán cuenta, verán tu ropa, olerán tu perfume, o puede que te escuchen cantar…
-Quiero meterme al coro o al club de teatro – admitió el chico.
-A eso me refiero… - le explicó Ludwig- es que es todo junto, el teatro, la ropa, la voz… a la gente no le gustan los chicos… "llamativos"
-Puedo dejar de ser llamativo – replicó el chico.
-No puedes, lo sabes – Ludwig miraba atentamente por los pasillos vigilando que no los oyeran.
-Pero yo no quiero ir en una escuela que esté lejos de la tuya… no quiero que dejemos de ir a clases juntos…
Y Feliciano lucía tan pequeño y perdido allí, apenado, en medio del enorme pasillo de esa escuela pública, temblando de miedo como cuando tenía miedo a ser rechazado por él, que se supone que debía protegerlo, que no pudo seguir con este vano intento de echarlo. No importaba lo que dijera. Feliciano no se iba a ir porque ya había decidido que quería estar con él, tal como lo había hecho en la primaria, en la escuela media y cómo había decidido que irían a la Universidad juntos en Mahattan al graduarse.
-Está bien… pero no esperes que me agarre a trompadas con todo el mundo para defenderte – cedió el germano.
-Te juro que no te causaré problemas – había dicho el chico con una voz dramática y solemne. Ludwig realmente hubiera deseado que eso dependiera de él.
No obstante, que Feliciano esté sin atraer matones que quisieran abusar de él era como pedirle a Gilbert y Lovino que no hicieran payasadas.
Hola: si sé, se preguntan qué carajo hago actualizando esto si se supone que estoy a tope... pero es que no pude, no pude resistirlo, se me ocurrió así de pronto, Feliciano me hablaba y tuve que escucharle.
Este capi es corto porque es solo un adelanto. Pienso curbrir muchos años, los 4 de escuela y la universidad, eso no significa que serán miles de capis ni nada, tengo planificado llegar hasta el 12 mas o menos. A menos que surja algo. La evolución de esto será lenta, como siempre, y bueno, ya se darán cuenta del por qué.
Un abrazo y espero sus comentarios.
(1)"My favorite things" de "La novicia rebelde" o "The sound of music"
(2) Esa es la primera frase que Barbra Streisand dice en "Funny girl"
