Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo sólo tomé prestados a sus personajes para tener contenta a la Musa y a éste corazoncito caprichoso de fangirl.
2. Voces Borrosas
—Aquí te dejo la toalla para que te seques. La llave derecha es la caliente. Naruto te dejará una muda de ropa que puedes usar para esta noche sobre la cama y… bueno, si necesitas otra cosa sólo grítame, llámame, has lo que sea y yo vengo.
—Dime qué está planeando —dijo con voz seca, fastidiada, estaba recargado sobre el lavabo y sus ojos se entretenían sin ánimo con las figuras de la cenefa a mitad de la pared del baño, todo para no posarlos sobre Haruno. De algún modo le exasperaba la expresión preocupada que ponía la chica cuando no leía nada en él.
Sakura colocó un mechón de su cabello rosado tras su oreja y su frente se arrugó contrariada con sus emociones internas. Había reconocido que Uchiha era cada vez más silencioso y preguntaba sólo lo debido, palabras exactas, exigentes y nunca agradables, así que no le veía buen augurio que en el día en que saliera libre bajo palabra, Naruto le hubiera organizado una pequeña reunión con sus amigos más cercanos, los antiguos novatos que pasaron a la ronda de eliminación para convertirse en chunin. Suspiró, mejor tenerlo sobre aviso a que monte una escenita de ira.
—Una especie de fiesta —esperó a que se pusiera a echar pestes o que saliera a golpear a Naruto, pero en lugar de eso, una sonrisa sarcástica apareció como daga afilada sobre sus labios.
Sakura se hizo a un lado cuando Sasuke caminó hacia la regadera, quitándose la playera en el acto.
—Pierde el tiempo, no vendrá nadie.
La kunoichi se dio la vuelta en el momento justo en que Uchiha se desabrochaba el pantalón.
—¿Sabes? Una de las tantas cosas que admiro de ellos es su capacidad para perdonar. Todos dieron su vida para traerte de vuelta.
—Sí y me pudrí diez años en ese agujero.
Sakura tragó saliva y al escuchar el agua correr salió de la habitación.
Bajó a la cocina dónde había dejado a Naruto lavando los pocos trastes que se habían ensuciado y trató de no pensar en su difícil huésped. Al entrar al lugar su rubio favorito estaba de espaldas a ella, aún con las manos metidas en el fregadero y su chamarra naranja arremangada hasta los codos. Sonrió de medio lado y decidió abrazarlo por detrás. Naruto cerró las llaves y luego de tomar un poco de espuma en sus dedos se giró, embarrando el jabón sobre la nariz de Haruno.
—¡Oye! —se quejó, aunque no pudo contenerse de reír por la pequeña broma.
–Así está mejor — le dio un pequeño y fugaz beso en los labios —me gustas más cuando sonríes.
—Lo sé… pero… —se limpió la nariz con el cuello de su blusa.
Naruto la atrajo hacia su pecho y recargó su mejilla sobre la coronilla de su cabeza.
—Tú deja que el baka haga su berrinche, ahora él tiene que buscar su felicidad y si su humor de perros empeora, yo personalmente le daré sus buenas patadotas para sacarlo del inframundo de los sentimientos ¡de verás!
—Cuento contigo, Naruto — Sakura se apartó y comenzó a ir de allá para acá arreglando detalles de la casa que sólo las mujeres podían fijarse y adecuando todo para que la noche fuera perfecta, mientras le daba ordenes a su novio para que sacara las galletas del horno, pusiera el mantel, llenara la cafetera y se fijara en que el té estuviera caliente. El tiempo apremiaba cuando se era el anfitrión.
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Sasuke había terminado de bañarse y vestido con una playera naranja chillón que resultaba ser, por alguna extraña razón, de las favoritas de Naruto, además de unas bermudas negras.
Se había tomado su tiempo para asearse y así evitar bajar a intentar entablar una conversación con el antiguo equipo 7, pues sabía que de todas formas sería inútil. Se recostó en la cama, boca arriba, y de pronto una pesadez en los parpados llegó a hacerle difícil la labor de mantenerse despierto. Demasiadas emociones por un día. Ahogó un bostezo sobre la palma de su mano y se dejó abrazar por el hechizo de Morfeo.
No supo cuanto tiempo estuvo dormido exactamente hasta que varias risas y voces gritando le despertaron, encontrándose cara a cara con la penumbra de la noche. A juzgar por el ruido la mayoría de los invitados ya habían llegado. Se puso de pie y se acercó a la puerta, se detuvo a centímetros, mirando la luz del pasillo que se filtraba por la parte inferior. Alzó una mano, a la altura de la perilla, pero al cabo de unos segundos volvió a bajarla.
Una completa tontería. Gruñó, enfadado consigo mismo.
Claro que darse la vuelta y volver a la cama no era un acto de cobardía ¡por supuesto que no! Era obvio que no le interesaba ver la cara de gente hipócrita como él, porque eso eran. ¿Quién quería lidiar con un trastornado mental, después de todo?
Aguzó el oído y se reconoció que la memoria le fallaba, no podía identificar los diferentes matices de timbres vocales, los únicos: Sakura y Naruto, el resto eran completos desconocidos. Escuchó un ladrido y a un hombre gritarle que enseguida le llevaba su comida; sólo una vaga idea de un joven con caninos largos y dos marcas en la cara apareció en su psique, no más detalles, era una imagen borrosa y manchada de sangre, como todas, porque seguramente lo había enfrentado a muerte en la emboscada. Kiba… creía se llamaba… sí, era él, del equipo de la chica Hyuga.
Kami ¿tan distorsionada estaba su memoria? No, recordaba sus nombres, pero no sus voces, recordaba símbolos que los caracterizaban, no sus gustos. Los recordaba como a desconocidos que alguna vez te topas en la calle, pero no hay sentimientos que te atan de por medio para archivarlos en ti, para recordar más allá de lo superficial.
Cubrió sus ojos con el antebrazo. Le comenzaba a dar jaqueca de pensar en tantas estupideces, porque ¿a él qué diablos le concernía como se llamaban o qué carajos hacían fuera de la habitación de huéspedes del Hokage?
Permaneció en esa posición al menos por una hora más, hasta que sus tripas cobraron vidas y comenzaron a quejarse pidiendo algo de alimento. Ya no podía retrasar las cosas y era seguro que si no bajaba pronto Naruto lo llevaría cargando sobre su espalda para aventarlo a la boca del lobo por cuenta propia, porque ya eran cuatro las veces que había llamado a su puerta y pedido que fuera a saludar a sus amigos.
Se puso de pie. Esta vez fue capaz de abrir la puerta y recorrer el pasillo que daba directo hacia las escaleras. Desde ahí todas las voces se escuchaban con mayor claridad. Bajó las escaleras haciendo el menor ruido posible y al llegar a la última tabla se aseguró de erguirse en su totalidad y de tomar el aire suficiente para que su cerebro no se quedara sin comentarios poco agradables.
Al pararse frente a ellos el cambio en el ambiente fue inmediato. Todo se tensó, dejando el aire irrespirable.
Está bien, Naruto sí había omitido el pequeñísimo detalle de su presencia.
Varias tonalidades de ojos se clavaron como agujas en la piel de su cuerpo; la mayoría con la sorpresa y la cautela del preludio a la guerra. Se les notaba ese parpadeante foco de temor que causaban las trampas. Presas atrapadas en su territorio por las fauces del lobo.
Se les veía frustrados de que las palabras permanecieran atoradas en sus gargantas y de que sus cuerpos se hubieran tensado ante una posible amenaza. Sasuke quiso sonreír con sorna, burlarse de lo expuestos e indefensos que lucían incluso si lo superaban en número, pero sólo esa vez dejaría que actuaran como les placiera, para ubicarlos en un lugar en su mente, para saber si debía de cuidar su espalda de ataques a traición.
Uchiha se percató de la gotita de sudor que resbalaba por la pareja cómplice de su absolución. A Haruno y Uzumaki también les había desconcertado su decisión tan improvisada de formar parte de la reunión después de sus negativas, de tal forma que no se habían molestado en explicar su situación.
Iba a seguir de largo hacia el refrigerador, luego de que ya nada en esa fiesta le impresionaba más, sin embargo, como algunas veces sucede, cuando una mirada es tan intensa que resulta que podemos compararla con la fuerza de atracción de un potente imán, tu rostro gira inconsciente hacia aquella persona y sus pupilas se retan en un choque imprevisible.
Eran del mismísimo color de un cielo matutino despejado de nubes; tan claros que se le mostraban trasparentes con la provocadora forma de fijarse sobre él, intensos como las marejadas y a la vez calmos por la confianza absoluta que tenía su dueña sobre sí. La recorrió con sus ojos negros, guardianes del Sharingan, reparando en esos carnosos y apetecibles labios curvados con burla, en ese rubio cabello sujeto en una media coleta y en ese top rojo vino que le impregnaba sensualidad a su porte.
No había ni una pizca de pasmo por volverlo a ver. Por lógica era obvio asumir que Sakura le había contado las buenas nuevas, después de todo, Ino Yamanaka nunca había dejado de ser su mejor amiga de acuerdo a lo que le había contado en alguna de sus tantas visitas, así que dio el asunto por zanjado.
—¿Sabían que los hombres utilizan un promedio de 15,000 palabras por día y las mujeres 30,000?
La voz de la Yamanaka fue el parte aguas de aquel silencio.
Todos los presentes alejaron su interés de Sasuke y en cambio se fijaron con confusión en ella, en la chica que ahora bebía tranquilamente un sorbo de café.
—¿Qué? —preguntó Lee, rascando su sien con el índice.
—Eso, las mujeres usan el doble de palabras por día que un hombre — dejó su taza en la mesa —lo que quiere decir que tenemos más léxico e inteligencia.
—Tsk, mujer problemática, la traducción mas fiel es que ustedes usan esas 15,000 palabras restantes para chismes y para actuar fuera de razón, disparatada, para decir nada diciendo mucho —dijo Shikamaru, sentado en medio de las dos rubias que le proporcionaron un golpe en cada hombro por semejante comentario.
—Imbécil—refunfuñaron ambas.
Muchos soltaron una pequeña carcajada con lo sincronizado que surgió aquel gesto y la mueca de fastidio que Nara compuso. ¡Quién lo mandaba a sentarse junto a esas locas!
Aquel respiro relajó el ambiente y las cosas tomaron su curso natural entre bromas y parloteos.
Más que un comentario dicho al azar por Yamanaka, había sido una persuasión sutil de que aceptaran la decisión de su Hokage, que era una descortesía permanecer ariscos en contra de un invitado.
Naruto se acercó a él y lo llevó a un asiento disponible junto a Hinata Hyuga.
—¿Y cuánto tiempo más se quedarán en Konoha? —preguntó Chouji luego de tragar un trozo de carne.
El Kazekage, sentado sólo en el sofá, alzó el rostro hacia Akimichi. —Mañana a primera hora regresaremos a Suna.
El rostro de Ino se ensombreció, se levantó con fuerza de la silla como si tuviera algo importante que decir, no obstante lo único que hizo fue recoger su plato vacío y llevarlo al fregadero de la cocina.
Volvió minutos mas tarde, con la misma sonrisa en los labios.
El resto de la velada transcurrió sin contratiempos y llegó a un punto donde todos tuvieron que marcharse.
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Caminaban en silencio, uno junto a otro, tan distantes y tan cerca a la vez. Ino ya estaba acostumbrada a ser ignorada cuando Gaara no quería gastar saliva y realmente, por esa ocasión, no aspiraba comenzar una discusión que agotara sus fuerzas, porque cada batalla comenzada por el motivo de su partida era perdida de forma olímpica, histórica, resultaba haciendo el ridículo, siendo la chica desesperada por retener a la persona que quería y eso ya no lo era.
Se detuvieron frente a su casa. Ino buscó sus llaves en su bolso, tardando en encontrarlas por todos los tiliches que llevaba dentro y por una pizca de estrategia para que el pelirrojo se animara a decir la primera palabra. No lo consiguió.
Entró a su hogar, ese donde había vivido desde que tenía uso de memoria, y tanteó la pared para encontrar el interruptor de luz.
—¿Vas a pasar o piensas quedarte ahí como adorno toda la noche? —dijo cruzándose de brazos y mirándole con el ceño fruncido, alumbrada por la claridad del pasillo.
—Creí que harías tu berrinche y cerrarías la puerta en mi nariz.
Una venita palpitó en la frente de Ino y con toda la fuerza que poseía dio un portazo dando énfasis a sus sentimientos indignados. Por puro milagro, la pobre madera que tantas tempestades había sufrido con una dueña como tal, se sostuvo en pie. La Yamanaka era quizá la única persona que podía cerrarle la puerta en su cara, golpearle, gritarle, llamarlo por los mil un apodos cursis que se le ocurriesen y siempre salía intacta, sana y salva, por lo que a veces no negaba que se aprovechaba de su situación para ver hasta donde llegaban las reservas de paciencia que Gaara le tenía.
Apagó la luz y subió a su habitación a grandes zancadas. Ni siquiera se detuvo a verificar si el Kazekage se había marchado, igual tenía consigo una llave que podría usar si quería disculparse por su poco tacto.
Aventó su bolso al suelo una vez que llegó a su alcoba y se deshizo de su ropa quedándose sólo con el sostén y sus pantis. Fue al baño para cepillarse los dientes y lavar su rostro, eliminando cualquier rastro de maquillaje. Poco a poco el agua fría que tomó con la mano para sobar su cuello le fue tranquilizando los nervios y al final sólo quedó un amago de frustración al saberse nada para el shinobi de la arena. Suspiró.
No esperaba que Gaara se quedara en la Hoja por el siguiente año, tampoco por un mes o incluso la próxima semana, nunca duraban mucho sus visitas, solamente había conservado la vaga esperanza de que alargara su estancia de negocios por un día más, uno… ese con la fecha que llevaba impreso su primer beso, el primer encuentro de sus cuerpos que los llevó a esa rarísima necesidad de estar unidos, ese en que los habían convertido en una especie de novios aunque nunca usaran el título en público y las caricias aún se dieran en privado. Para ella era una fecha especial y había querido pasarla a su lado, pero las cosas nunca se daban como ella planeaba pese a aparentar lo contrario.
Se secó las manos en la toalla y antes de meterse al calor de sus cobijas Ino colocó boca abajo un portarretratos situado en la mesita de noche, donde había conseguido a fuerza de voluntad capturar una de las sonrisas que Gaara que le dedicaba.
Hundió su cabeza en la almohada con un quejido de desilusión.
Un año juntos y seguían siendo simplemente rumores los que circulaban por Suna, rezando que una caprichosa belleza de la Hoja había robado el frío corazón de Sabaku no Gaara.
¿Pero cuánto más resistiría en esa posición? ¿Cuánto seguiría esperando por él?
Lo cierto era que ella ya no quería seguir siendo un rumor que al paso del tiempo se desvanecía sin dejar rastro.
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—Ayer tuve un sueño muy curioso —dijo Naruto, a nadie en especial, pero claramente intentando atraer la atención de sus dos acompañantes.
Sakura estaba leyendo un par de libros de medicina en la mecedora que veía en dirección hacia el jardín donde Sasuke hacía una ronda de abdominales y Naruto firmaba documentos importantísimos en el suelo junto a ella.
Como nadie respondió como el Uzumaki quiso, continuó practicando su monólogo. —Estaban los dos en él, tú estabas embarazada —le sonrió con picardía, Sakura se ruborizó y le dio un golpecito en la coronilla de su cabeza con el libro que llevaba en manos.
—Ni lo menciones, no creo estar lista.
—Yo sí, me encantaría tener muchos niños riendo por aquí y por allá, pero ese no era el punto del sueño... de pronto aparecíamos en la academia ninja llevando al pequeño Naruto a su primer día de clases ¡Y a que no te imaginas quien era el sensei!
—¿El viejo Kakashi? —Sakura puso un dedo en su mandíbula, sopesando esa posibilidad.
—¡No! Aunque no sería mala idea —el rubio sacudió la cabeza para no alejarse de la estupenda idea que se le había ocurrido. Señaló a Sasuke, que seguía subiendo y bajando su torso. —¡Era Sasuke!
Un escalofrío recorrió las vertebras de Haruno, imaginando lo desgraciados que serían sus pobres niños si les tocara un sensei como Uchiha.
—Al despertar me acordé que debía encontrarle un empleo y ¿qué mejor que enseñe en la Academia Ninja a los pequeños futuros shinobis? —sus ojos azules se llenaron de esperanza, de brillo y orgullo por encontrar la aguja en el pajar.
Sasuke entonces se quedó estático, observándolo como si Uzumaki hubiera perdido todo uso de razón. —¡Ni lo intentes! ¡Me niego a hacerlo!
—¡Estás loco, Naruto! Seguramente los padres no te dejarán ni proponerlo —Sakura dejó el libro sobre sus piernas.
—¿Porqué? ¡Aprenderían mucho! Sasuke es un gran ninja, de verás.
—Pero tiene antecedentes.
—Con o sin antecedentes, no pienso hacerlo, aunque fuera la última opción sobre la Tierra —gruñó.
—Lo dejarían si tuviera un supervisor. Podría ser bueno con los niños —Naruto pareció ignorar la mirada asesina que Uchiha le lanzaba por decir semejante aberración.
—¡Te lo advierto, Naruto! No porque seas Hokage me vas a joder la vida que me queda.
—¡Eres un dramático, baka! Tienes 26, ni que fueras un anciano —se puso de pie —¡Ya sé quién es la indicada! También es maestra de la Academia y sé que conoce muy bien tus mañas.
Sakura alzó una ceja, luego sonrió cómplice a su novio. Yamanaka sabía poner en su lugar a cualquier tipo de hombre, era experta en manipulaciones, regaños y disciplina. Si pudo con un panda malhumorado ¿cuánto más con un ex traidor con el carácter apaciguado por cuatro paredes? Además la noche anterior fue ella quien animó a todos a no reprochar de su presencia.
—¡No necesito una niñera! ¡No lo haré!
—Iré a ver a Ino de una vez.
De algún modo ambos quedaron atrapados en el suelo cuando Sasuke quiso impedir que su amigo se marchara a hacer tal atrocidad.
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Continuará…
Nota: Gracias por sus lindos comentarios :) no saben lo feliz que hicieron a esta extraña criatura de la naturaleza xD ¡Los quiero! En seguida paso a responderles personalmente.
En cuanto al capítulo, bueno, ya han descubierto que hay NaruSaku, GaaIno y un pequeño vistazo a SasuIno. No creo que las demás parejas aparezcan demasiado, por lo que no me parece importante mencionarlas. ¿Qué más? Ah, pues sólo espero que haya sido de su agrado y cualquier duda existencial, impresión o lo que gusten decirme me lo dejen en un comentario que leeré como ambrosía.
See ya!
