Disclaimer: TODO ES MÍO MUAJAJA... en el mundo al revés.
N.A.: Se me olvidó decir que esta historia corresponde a la "continuación" de La Muerte, La Doncella y La Mariposa. Sin embargo, no es completamente necesario haberla leído, se comprende de todas formas. Acepto con mucha honra y alegría cualquier comentario y/o crítica (descárguense!! es su oportunidad!!).
- Era la otra. Tenías crema de afeitar.
Instintivamente, Grissom quiso atrapar la mano de ella con la suya. Incluso alcanzó a levantar un poco el antebrazo, pero su cerebro fue más rápido y se bloqueó. Quedó allí parado como un militar en fila, con cara de cachorro asustado.
Sara notó la tensión de él lo que la obligó a desistir, pero tuvo que realizar un gran esfuerzo para reprimir las locas ganas que tenía de seguir acariciando su mejilla. Desalentada por la reacción de él, desvió la mirada, esfumándose la sonrisa.
Grissom conocía muy bien esta faceta de ella y sabía que nuevamente había hecho algo mal, sólo que no tenía idea de qué. Trató de alivianar la conversación.
- Es que justo me estaba afeitando, cuando te vi por la ventana… o sea, vi tu auto… es decir, justo después de afeitarme. - ¡Rayos¡No salió ni parecido a lo que quería decir!
- Ah, te estabas preparando para salir. No importa entonces, no te preocupes. Me voy. – dio la media vuelta y puso una mano sobre la manilla de la puerta de la SUV.
¡Aaaarrrggghh¿Cómo le digo que me estaba afeitando para ella? Rápidamente dio un rodeo y se paró entre Sara y el vehículo. Puso su mano sobre la de ella, mirándola de frente y tratando de evitar que abriese la puerta. El contacto sobresaltó a ambos, pero intentaron ignorarlo por el momento.
- No te vayas. Quédate. – le dijo con el semblante más serio de su repertorio. No sabía que más decir para evitar su partida.
Sara abrió la boca para responder cuando Grissom agregó con una incipiente sonrisa, como si se le hubiese ocurrido algo justo en aquel instante.
- ¿Ya te sientes mejor?
Sara cerró la boca sin pronunciar palabra y frunció el ceño, dejando escapar un suspiro de frustración. ¡Éste hombre es incomprensible!No sé porqué me sorprende si una vez le pregunté si estaba bien y me respondió… ¡95!
Con un cierto deje de molestia exclamó confundida:
-¡¿Qué?!
Levantando sólo una comisura y sonriendo con satisfacción Grissom volvió a inquirir:
- Te pregunté si ya te sientes mejor. De tu hombro.
Sara seguía sin entender. Se llevó una mano al hombro donde Millander había dejado su huella: una herida de bala que, casi por milagro, no había atravesado la arteria subclavia. No entiendo¿Por qué Grissom me pregunta esto ahora¿No me vio en el hospital¿No me vio en el laboratorio desp… De pronto Sara recordó.
"Cuando vuelvas al laboratorio... cuando... cuando te sientas mejor... ¿te gustaría cenar conmigo?"
- Sí, ya me siento mejor – fue lo único que atinó a decir. Esbozando nuevamente una tímida sonrisa.
- Entonces, Srta. Sidle, la invito humildemente a cenar conmigo. – dijo ya con el rostro iluminado por la alegría.
- No se alegre demasiado, Sr. Grissom, aún no respondo. – fue la venganza de Sara.
- Lo hará, cuando conozca Ud. el restaurant. – contraatacó Grissom, levantando una ceja y con una sonrisa provocadora.
- ¿Ah, sí¿Y cuál es ese restaurant tan especial?
- La Maison du Griss – dijo con un horroroso acento francés, pero que a Sara le causaba tal ternura que era capaz de perdonar hasta el error de pronunciación más garrafal.
- Hummm – Sara quiso parecer todavía indecisa – ¿Y el Chef sabrá que soy vegetariana?
- Por supuesto que sí. ¿Acaso no recuerda una planta que fue enviada a su domicilio, cortesía de la casa?
Sara lo miró perpleja, pero no dijo nada al respecto. Decidió no continuar con el tono travieso.
- Me rindo ante la evidencia.- dijo como citando a alguien. - Está bien, Grissom. Acepto tu invitación. Pero ¿de verdad quieres que cenemos en tu casa? Es decir, yo no sé si tienes lo necesario y …
Le daba vergüenza admitir que prefería un terreno más "neutral" para una primera cita. ¿Es una cita¡Dios, espero que no!¡Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que tuve una cita con alguien! Espero que a Grissom tampoco se le pase por la cabeza de que esto pudiera llegar a ser… a ser… ¿qué?
Grissom notó que Sara cavilaba. Temió que se arrepintiera. ¡Hay tantas cosas que quiero decirte, no te vayas!
- ¿Quieres que te diga la verdad, Sara?
- Sí. - A Sara le temblaban un poco las rodillas.
- Siempre he tenido lo necesario. Sólo faltabas tú.
Se hizo un silencio. Sara no sabía qué decir. No se atrevía ni a alegrarse. Es que a veces no sabía si Grissom decía ese tipo de cosas como confesión o si era otra simple afirmación. Decidió no mirarle a los ojos mientras subían a su apartamento. No puedo creer que finalmente voy a cenar con él ¡Y en su casa!
