¡Hola! Pues aquí les traigo el segundo capitulo de esta loca historia. No saben lo feliz que me puse cuando vi, que habían dejado RR. Creo que en este capitulo se aclararan unas dudas, ahí para una nena que me pregunto. Solo tengo unos puntos que aclarar para que entiendan un poco mas.

- Cedric tiene la misma edad que Mione y todos los demás chicos.

- La historia esta situada en la Postguerra

-Recomendación musical para este capitulo. Gossip - Perfect world *Fue mi inspiración*

- En esta historia habrá MUCHO *Lemon entre Mione y Draco además de violencia y lenguaje fuerte* La verdad aun estoy pensando si también escribir Lemon entre Cedric y Mione, pero la verdad no se, Cedric se me hace un personaje muy dulce. No lo veo empotrando a Mione sobre la pared *Ríe*


Disclaimer: Todo lo que reconozcas en esta historia no me pertenecen, solo Roger, Mark y Nana*Susan Granger* son de mi propiedad, lo demás es de la increíble J. K. Rowling, yo solo me tomo la libertad de jugar con sus personajes a mi antojo.


El día siguiente a la noticia de que tenían que regresar al colegio, la pareja se había despertado muy temprano, en realidad el chico no había pegado ojo en toda la noche.

Estaba un poco intranquilo, él amaba a la castaña y sabía que después de todo el tiempo que habían pasado juntos, ella también había empezado a sentir algo por él, aun así se sentía inseguro y sabía que estaba siendo estúpido.

Pero tenía miedo de perderla.

Y aunque no lo dijera en voz alta, la inseguridad incrementaba sólo al pensar cuando sería el encuentro de Mione con Draco. Sabía que el platinado podía llegar a ser muy explosivo y muy hijo de puta con ella, como anteriormente lo había sido, pero a él, le importaba en lo más mínimo lo que pensará la serpiente, al chico sólo le importaba la reacción de la castaña al verlo nuevamente.
Cedric estaba dispuesto a todo por su castaña, él no pensaba dejarla sola, así que al tomar ella la decisión de regresar a Hogwarts, él no se quejó. Sabía que esto era necesario, además por las cartas que ambos habían recibido, escritas por la misma propia letra de McGonagall, tan sólo eran dos semanas las que tenían que pasar en el castillo mientras terminaban los exámenes correspondientes y llegaba la graduación. Inmediatamente después regresarían a París, volverían a su vida normal y sólo quedaba esperar a que su hijo naciera. Porque sí, ese pequeño que estaba en el vientre de la mujer que amaba, era su hijo, él ya lo consideraba como tal.

Aunque había un tema pendiente entre ambos, un tema que nunca habían tocado en todos esos meses, la castaña seguía casada con el platinado.

Ninguno se imaginaba lo que pasaría en esas dos semanas.

– Mione. – Susurro suavemente, mientras se estiraba un poco en la cama. Tenían que levantar su trasero del colchón rápidamente, antes de que se les hiciera tarde y perdieran el vuelo a Londres.

– Mhmm – Fue la única respuesta que escuchó. Ella no tenía ganas de moverse, le apetecía más pasar todo el día en la cama, así que con todo el gusto del mundo, tomo su almohada poniéndose más cómoda y se cubrió la cabeza.

– ¡Vamos nena! – Cedric se acercó a la castaña y empezó a besar su cuello, dando pequeños y sensuales mordiscos.

– Tenemos cosas que hacer el día de hoy, levántate por favor. Vamos a perder el vuelo. –

La castaña sólo suspiro pesadamente. Era cierto, tenían que regresar, en realidad lo había olvidado por completo, aunque era algo muy estúpido ya que todo había sucedido el día de ayer. "Lo más seguro, es que las hormonas me afectan" Pensó. Ella sentía como sí todo hubiese sido una pesadilla, pero al parecer era mentira, era la mismísima realidad. Se levantó de la cama todo lo rápidamente que la dejaba su enorme barriga y con un suspiro camino hacia el baño.


Una hora después se encontraban en esas incomodas sillas que habían en los aeropuertos esperando para abordar su vuelo.

–¿Cómo te sientes? – Preguntó el chico tomando una mano de la castaña entre las suyas y empezando a hacer pequeños círculos con sus pulgares, eso era algo que la relajaba demasiado. Ella solo se encogió de hombros.

– Supongo que bien, en realidad nunca me imaginé que tendríamos que regresar, aun lo trato de digerir, y es difícil, no te lo voy a negar, ya que no pensé que esto sucedería. – Ella simplemente suspiro mientras se dejaba perder en sus pensamientos.

El chico asintió ante sus palabras, era cierto. Se suponía que si ella se había ido, era para siempre y el la acompañaría. Nunca más volverían, querían alejarse de todo.
Cedric miró fijamente a la castaña, ella era muy valiente al enfrentarse nuevamente a todo. Pero ahora no estaba sola, el estaría con ella siempre. El chico siempre trataba de mantener alejado de sus pensamientos, la expresión que tenía la castaña ese día. El día que sus vidas habían tomado un nuevo rumbo. Su rostro sólo había demostrado puro dolor y furia, era una perturbadora combinación de sentimientos reflejados en su bello rostro y él sabía que ese gesto de la castaña nunca se borraría de su memoria. En parte se sentía un poco culpable. Si él no hubiera enfrentado al rubio ese día, nada hubiera pasado, pero interiormente daba agradeció a Merlín ya que gracias a eso, ahora ella estaba su lado.


Cedric Diggory había estado enamorado secretamente de Hermione Granger desde que ella había entrado al colegio, recordaba claramente cómo se quedó prendado de una pequeña chiquilla de cabello castaño y alborotado que era muy habladora, desde que la había visto en el expreso de Hogwarts, la había seguido con la mirada todo el tiempo, tratando de ser un poco discreto, cuando se llevó a cabo la ceremonia de la repartición de las casas, el chico se había parado detrás de ella, sin darse cuenta la había estado mirando intensamente, él no sabía que era lo que le pasaba ya que sólo era un chiquillo, él pensaba que simplemente la castaña le había caído bien de vista y por eso quería ser su amigo. Cuando mencionaron su nombre y el sombrero lo mandó a la casa de los tejones, sonrió orgulloso, en realidad no le importaba en cual casa quedará, para él, Hogwarts ya era su hogar.

– Hermione Granger – Escuchó como mencionaba McGonagall el nombre de la niña que tanto le había llamado la atención.

"Hermione, Hermione" - Decía en voz baja mientras observaba como la pequeña castaña caminaba temerosa hacia el banquillo, inconscientemente sus dedos se cruzaron bajo la mesa mientras veía como le colocaban el sombrero.

– ¡Gryffindor! – El chico sintió como una enorme tristeza lo embargaba, él quería que esa niña fuera una tejona igual que él.

Pasaban los días de colegio y el niño siempre que podía, se la pasaba observando desde lejos a la pequeña castaña, tenía miedo de ser rechazado si le ofrecía su amistad. Al fin y al cabo, ella era una leona y él era un tejón. Había visto la rivalidad que había entre los valientes leones y las astutas serpientes, estaba un poco temeroso. ¿Qué podía ofrecerle un simple tejón a una valiente leona?

Lo que el pequeño tejón no sabía, es que años más tarde, el pertenecer a esa casa, y ser un tejón noble de corazón y leal hacía los suyos, lo recompensaría gratamente.

Poco a poco, él fue volviéndose su mejor amigo acosador desde la distancia, aunque ella no sabía, el siempre pasaba desapercibido la mayoría del tiempo, al menos para las otras casas, ya que en la casa a la que pertenecía él era muy conocido. Se rumoreaba que Hufflepuff era la peor casa que había en el colegio y normalmente los tejones eran objetos de burla, principalmente por las serpientes. Se podría decir que de tanto que la observaba diariamente, se había aprendido todos sus gustos, incluso sus gestos. Le encantaba ver todos los movimientos de la castaña cuando se encontraba en la biblioteca, navegando entre estanterías repletas de libros. Como arrugaba su nariz ante algo que leía y no le gustaba, como suspiraba cada vez que encontraba un nuevo libro para leer y una pequeña sonrisa aparecía en su rostro. Y aún más, como se frotaba sus ojos cual niña pequeña a punto de dormir, cuando su vista se cansaba.

Para Cedric el tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos, sin darse cuenta él ya se encontraba en cuarto curso y lo habían seleccionado como un campeón del torneo de los tres magos.

Un día se encontraba muy nervioso, así que lo único que hizo, fue caminar por los pasillos en busca de la leona, tal vez sí se grababa su imagen de ese día en las retinas, estaría un poco más calmado, ya que la primera prueba sería en cuatro días.

Recorrió completamente el castillo y no la encontró, una triste sonrisa apareció en sus labios. "Lo más seguro es que ella este con sus amigos, Potter también tiene que estar muy nervioso" Pensó mientras caminaba hacía su sala común que estaba cerca de las cocinas, cuando dio vuelta en el último pasillo para salir de frente a los barriles que cuidaban la entrada, sintió como un cuerpo se impactó contra el suyo. Escuchó un golpe seco y un "Joder" junto con un gemido de dolor. Hizo una mueca de dolor y parpadeo un poco desorientado, el golpe en su torso en realidad le dolió. Cuando enfoco su vista y vio a la persona con la que había chocado, trago grueso.

"Es ella" Rápidamente se acercó a ayudarla.

– ¿Estas bien? Lo siento, en realidad no te vi. – Le habló suavemente, el chico estaba preocupado de que se hubiera hecho mucho daño.

La castaña levantó la vista y sonrió suavemente mientras aceptaba su ayuda y tomaba su mano. Ambos chicos sintieron como una corriente les atravesó el cuerpo cuando sus manos se unieron.

– Sí, no te preocupes, en realidad fue mi culpa ya que yo venía corriendo. – La castaña sentía como se empezaba a sonrojar, el trasero le dolía y aún todavía más, al darse cuenta que sus manos seguían unidas, por un momento se le quedó viendo fijo al chico. Recordaba haberlo visto anteriormente por un pasillo, en clases o incluso en el comedor. Y viendo que en su uniforme lo complementaba el color amarillo, era claro. Un Hufflepuff.

– ¿Puedes regresarme mi mano por favor? – Le preguntó la leona al chico al ver que el aún la tenía sujeta. Él se sonrojo completamente.

– Lo s-siento – Tartamudeo sin poderlo evitar. Para él era un sueño el poder estar hablando con la chica, nunca imaginó que algo así le pasaría. Por primera vez viéndola de cerca se dio cuenta que era más hermosa de lo que pensaba. Tenía unos lindos y grandes ojos color chocolate, como ese chocolate fundido que a todos se les hace la boca agua, adornados por unas pestañas largas y rizadas. Los rasgos de su cara en general eran delicados, labios carnosos y rosados, nariz pequeña y respingona. Pero lo que más le había gustado, era que su rostro estaba libre de cualquier imperfección, ella no estaba maquillada como todas las otras chicas del colegio. Lo único que adornaba su cara, eran unas lindas y coquetas pecas, en sus mejillas y nariz.

Desde ese momento en adelante, él amaba las pecas.

La castaña sonrió ante su tartamudeo y recordó que ni siquiera se habían presentado.
– Mi nombre es… –

– Hermione Granger – Respondió el chico inmediatamente. Ella alzó las cejas sorprendida.

– Disculpa, creo que no debí interrumpirte – "¡Idiota! ahora pensará que eres un acosador". Sólo un poco. La castaña empezó a reír suavemente.

– No hay problema, en realidad creo que todos me conocen de una u otra forma. – Y tenía un poco de razón, después de cuatro años de colegio, era un tonto el que nunca hubiera escuchado hablar de Harry Potter y sus dos mejores amigos. El chico sonrió apenado mientras se rascaba la nuca. – ¿Cuál es tú nombre? –

– Diggory, Cedric Diggory –

Desde ese momento una nueva amistad empezó a florecer en el colegio. Ambos chicos se habían quedado charlando lo que restaba del día, la castaña se había palmeado la frente con un poco de vergüenza al no reconocer al chico, como el otro campeón de Hogwarts. Y así los días pasaron, Cedric por fin conoció a la chica por la cual deliraba y gobernaba sus sueños y la castaña de una u otra forma encontró un nuevo mejor amigo. Había veces que ambos chicos se encontraban y siempre que la oportunidad se les daba, ellos charlaban largo y tendido conociéndose un poco más. Para ellos era como una válvula de escape, ambos escuchaban los problemas del otro, como sí los dos fueran unos diarios donde escribir sus secretos, aunque en realidad era más fácil, hablar y solo hablar.

Y las pruebas del torneo de los tres magos llegaron, declararon a Harry Potter ganador, obviando el tema del regreso del señor tenebroso y Cedric había terminado muy gravemente herido, su vida se había salvado por un pelo gracias a la ayuda de Harry.

Pasaron los años y la amistad de los chicos crecía y crecía, la castaña aún era la mejor amiga de Potter y Weasley, pero la amistad que llevaba con Cedric estaba a otro nivel que ni ella misma podía explicar. Había veces que el chico pasaba un par de semanas con la castaña en las vacaciones y ella como buena anfitriona que era, se había tomado el gusto de enseñarle las maravillas del mundo muggle.

Tras la muerte del director, Cedric había pasado una angustia terrible por meses, la castaña había desaparecido con sus dos amigos y nadie sabía nada. El mundo mágico estaba aterrado, el señor tenebroso había lanzado una oleada de terror sobre todos, matando familias muggle enteras y no sólo eso, también a familias de magos que se habían negado unirse a su causa. Él había sido uno de los chicos que había regresado al colegio y junto con los otros había soportado la tiranía de los hermanos Carrow.

El chico sintió como su corazón volvió a latir cuando vio como la castaña entraba tras el retrato en la sala de menesteres junto a Potter, Weasley y Longbottom.


"Los pasajeros del vuelo 3549, favor de abordar por la puerta seis" Escuchó la pareja como la voz mecánica de la mujer hablaba por el parlante. El chico ayudó a su castaña a ponerse de pie, ya que con su enorme barriga se le hacía un poco difícil.

– Ya es la hora Mione – Le dijo en un susurro mientras besaba sus cabellos y tomados de la mano caminaban hacia la azafata para entregarle su boleto. La castaña asintió ante sus palabras, ella no estaba nerviosa, se encontraba demasiado tranquila y eso la ayudaba.

– ¿Crees que todo salga bien? – Preguntó con voz pequeña una vez que se encontraban ya sentados en sus lugares, sólo esperaban a que el avión despegara. Cedric volteó a verla, ella se encontraba con su vista fija en la ventana, suavemente se acercó a ella y abrocho su cinturón ya que era lo que estaban indicando por el parlante, beso su mejilla tiernamente y ella sonrió.

– Todo estará bien – La castaña asistió ante sus palabras, era lo que ella quería creer, pero había algo en su interior que le decía "No te mientas a ti misma". Recargo su cabeza en la ventana y cerró los ojos intentando dormir.


La guerra había acabado. El señor tenebroso había sido derrotado por el niño que vivió. La castaña pensó que ahora todo podría volver a la normalidad, esperaría a que las reparaciones del castillo terminarán y regresaría al colegio para completar su último año, tenía tantas ganas de ver a Cedric, ya que la última vez que lo había visto fue el día que el señor tenebroso cayo, también tenía pensado ir a buscar a sus padres para devolverle la memoria y quería que sus amigos la acompañaran en la búsqueda, después de todo, ellos siempre se apoyaban unos a otros.

– ¿Cómo que no me pueden acompañar? – Preguntó a ambos chicos con los ojos húmedos mientras veía como hacían sus maletas.

– Ya te dije que no Mione, Harry y yo necesitamos unas vacaciones muy largas, después de todos estos meses que hemos pasado – Se detuvo pensando un poco. – Rectifico, TODOS estos años que hemos pasado con un loco tratando de tomarnos por el trasero para matarnos – El pelirrojo habló con toda la calma del mundo mientras tomaba un par de pantalones y los metía a su baúl. La castaña los miraba incrédula. No podía creerlo, ellos se iban a disfrutar de unas vacaciones juntos y ella iría sola a buscar a sus padres.

– ¿¡Pero de qué coño estás hablando!? – Le preguntó aún sin creer sus palabras. –¡Si al que siempre perseguía Voldemort era a Harry, no a ti! – El chico sólo movió la mano quitándole hierro al asunto.

– Eso da igual, a Harry a ti o a mí, el punto es que a nosotros también nos tocaba una parte, así que por eso pude convencer a Harry de irnos de vacaciones. – La castaña volteó a ver al pelinegro y se dio cuenta que el evitaba su mirada.

– Harry... - Habló en un susurro a punto de echarse a llorar. – Son mis padres Harry... – El chico sólo suspiro.

– Lo siento Mione, pero creo que Ron tiene un poco de razón. – Le dijo apenado. Ella sólo asistió mientras les daba una última mirada con sus ojos anegados en lágrimas, para después salir de la habitación del pelirrojo dando un fuerte portazo.

Hermione Granger tenía a varias personas en su vida además de sus amigos en el mundo mágico. A sus padres, Jane y Hugo Granger, una única abuela paterna, Susan Granger, bella mujer de sesenta y dos años, era la copia exacta de la castaña, sólo que sus ojos eran azules, Mark su mejor amigo del mundo muggle, un chico de su misma edad que estaba enterado de que ella era una bruja, Mark era gay y un chico estupendo, con una enorme curiosidad innata, todos ellos eran muy especiales para la leona, pero había alguien más.

Roger un hombre de cuarenta y tantos, cincuenta y pocos. Roger era el mejor amigo de su padre, asombrosamente él era un mago. Nadie sabía su apellido, sólo su padre. Pero ella nunca lo había escuchado mencionar, el sólo era Roger y nada más.

Su padre lo había conocido mientras estudiaba en la universidad, al parecer Roger era un sangre pura y había estudiado en Durmstrang. Una vez graduado, con un poco de magia hizo una falsificación de documentos y empezó su aventura en el mundo muggle. En la actualidad es un hombre con mucho poder en el mundo mágico. Un excelente abogado reconocido por ambos mundos. Cuando la castaña nació, sus padres lo nombraron su padrino, así que cuando a la edad de los once años le llegó su carta de Hogwarts, sus padres pudieron sobrellevar mejor la noticia de que ella era una bruja, gracias a la ayuda de Roger. Si había algo que no entendían sobre ese mundo desconocido, el con todo gusto aclaraba sus dudas.

Hermione había tardado casi dos meses en encontrar a sus padres, los había encontrado en Australia, habían montado sus consultorios dentales en la ciudad donde se habían establecido.

Ella les devolvió la memoria y la pequeña familia lloró en su reencuentro.

La castaña les contó todo lo que había sucedido en esos meses de separación, con todos los detalles y ellos se alegraron enormemente al saber que la guerra mágica había acabado.

Las reparaciones del castillo terminaron completamente en cuatro meses, y un par de semanas después abrió sus puertas a todos los alumnos que habían sobrevivido a lo que paso el día de la caída del señor tenebroso, les llegó un grueso sobre con todos los datos correspondientes para su curso. La nueva directora era ni más ni menos que Minerva McGonagall a muchos les alegro la noticia y otros simplemente no opinaron ya que era lo que se esperaba.

Hermione se encontraba en casa de sus padres cuando llegó una lechuza.

– ¿Qué es eso hija? – Preguntó su madre mientras servía el desayuno, la castaña se acercó a la mesa con el sobre y se sentó mientras lo observaba con el ceño fruncido. Todavía no lo había abierto.

– Es de Hogwarts, mamá. – Con un suspiro rompió el lacre de cera y abrió el sobre. Sus cejas se alzaron y sonrió.

– Soy prefecta mamá. – Dentro del sobre saco dos pequeñas placas y su sonrisa se amplió. – Y también soy premio anual. – La mujer se acercó a su hija para ver las pequeñas placas.

– Estoy tan feliz por ti, mi cielo – Le tomó una mejilla y se la pellizco cariñosamente para después besar su frente. – ¿Para cuándo empieza el colegio? – Preguntó muy interesada.

– En dos semanas – La castaña leía rápidamente los pergaminos. – Al parecer tendré mi propia torre. –

Dos semanas exactamente después, la castaña se despedía de sus padres frente al expreso de Hogwarts.

– Cuídate mucho, diviértete y disfruta – Su madre la miraba con lágrimas en los ojos, después de tantos años tan pesados y con todos esos problemas, la castaña se lo merecía.

– No te preocupes mamá, eso es lo que pienso hacer. – Se acercó a su madre y la abrazo fuertemente.

– No se te vaya a olvidar escribirnos, hija. – La castaña se soltó del abrazo de su madre y se acercó a su padre.

– Lo haré sin falta. – El hombre la abrazo y beso su frente.

La castaña les dio una última mirada a ambos y subió al tren. Mientras recorría los vagones con su baúl arrastrando detrás de ella, un muchacho de ojos grises como el acero la seguía con la mirada.

Pronto encontró un vagón vacío y entró deslizando la puerta detrás de ella, con un suspiro acomodó sus cosas, era una suerte que ese año a los alumnos de último curso, no les pidieran llevar mascotas. Así que Crookshanks se había quedado en la casa de sus padres.

Saco un libro de su bolso y mientras sentía como el tren empezaba su recorrido, se puso cómoda en su asiento y comenzó a leer. No había ni acabado ni de pasar la segunda página cuando la puerta se abrió y alguien entró.

– ¡Mione! – Escuchó una conocida voz suave y varonil. Levantó la mirada de su libro y una brillante sonrisa apareció en sus labios, aventó el libro aún lado y se lanzó a los brazos del chico.

– ¡Cedric! – El chico la recibió en sus brazos y sin soltarla avanzó un par de pasos mientras cerraba la puerta detrás de él.

– No sabes cuánto te he extrañado. – Le dijo con una bella sonrisa de medio lado. – Pensé que no volverías al colegio, ya que como se dice que Potter y Weasley no volverán hasta después. –

Y era cierto, los dos amigos habían pedido un permiso especial a la nueva directora, alegando que ellos necesitaban un par de semanas más de vacaciones y como ellos eran unos héroes de guerra... nada se les negaba.

La castaña sólo se encogió de hombros, ella aún seguía dolida con ellos, aún no se hacía a la idea de que ellos no la apoyaron con un tema tan importante que era para ella y cuando más los necesitaba. Tomó al chico de un brazo y los sentó a ambos en uno de los muchos asientos libres.

- Tú sabes como soy Cedric, yo no pienso perder esta oportunidad, el colegio abrió de nuevo sus puertas y aquí estoy. Creo que con toda la guerra y esas cosas perdimos demasiado, la vida nos está dando otra oportunidad y hay que tomarla. -

- Tienes mucha razón Mione, cuéntame... ¿Cómo te fue en todo este tiempo que no te vi? Ya sé que estuviste ayudando a Potter y esas cosas, pero me gustaría saber en reali...

En ese momento se abrió la puerta del vagón y los chicos escucharon como alguien hablaba arrastrando demasiado las palabras.

- Sí, cuéntanos Granger, ¿Qué hiciste todo este tiempo? Gran héroe de guerra. -

La castaña sólo volteó su rostro hacia el chico de ojos grises que se encontraba recargado sobre el marco de la puerta y la observaba intensamente.


Y empieza la historia ;) Espero que les haya gustado, la primera parte del capitulo fue como un intro. Como dije anteriormente, esta historia será muy larga. Espero que no se aburran de ella, tratare de actualizar una vez por semana, principalmente TODOS los sábados y si se puede incluso colgare dos capítulos a la semana :)

Gracias por leer.

Mine.