Ya en la seguridad de su habitación se preparaba para descansar, estaba arrodillado junto a su cama con el rosario entre las manos y sus labios se movían suaves mientras recitaba oraciones sin parar.
Aun después de la misa no había logrado mantenerse tranquilo, la sensación de que alguien le estaba observando le mantenía alerta pero al final no lograba encontrar a alguien sospechoso entre la multitud. Así que luego del sermón y de que unas personas quisiesen saludarle, deja que los monaguillos se encarguen del resto alegando que tenía dolor de cabeza y solo quería recostarse.
Resguardado en aquellas cuatro paredes se siente capaz de relajarse un poco y se deja llevar mientras recita con fervor todas las oraciones que cruzaban su mente.
El ambiente se le hace pesado y frota su rostro con algo de fuerza extrañándose de encontrar algunas gotas de sudor. Suspira sonoro y alza el rostro hacia el crucifijo que estaba puesto de forma cuidadosa en la pared; él no era de tener demasiadas cosas, lo material no estaba entre sus necesidades así que en la estancia solo había un pequeño radio con el que escuchaba música clásica de tanto en vez, algunos libros, su rosario y la Biblia a un lado de su cama.
Se sobresalta por completo al escuchar como una conocida voz le habla al oído.
—Buenas noches Padre Graham—una exclamación sale de su boca y su rosario sale disparado de sus manos mientras que su espalda choca contra la pared; su corazón inicia una carrera desesperada.
—Buenas noches—responde de forma cortés y por pura inercia olvidando el hecho de que allí estaba ese extraño hombre que había visto antes de la misa. Escucha como ríe por lo bajo entretenido.
Se sumergen en un silencio perturbador en donde Will solo puede sentir ansiedad.
— ¿Por qué está aquí?—aun estando acorralado contra la pared Will no puede evitar hablar ya que si continuaba en silencio mientras aquel extraño estaba de pie junto a su cama realmente no estaba seguro de lo que le iba a suceder.
—Solo quería verle—contempla al hombre con interés luego de escucharle. Conservaba el mismo traje inmaculado con el que se había confesado aun tomando en cuenta que en la habitación no había demasiada ventilación.
— ¿A mí?—no puede evitar fruncir el entrecejo con extrañeza— ¿Por qué?
— ¿Recuerda haberme preguntado si me arrepentía de mis crímenes?—olvida su pregunta y comienza a deambular por la habitación a paso lento. William asiente presintiendo que el rubio era capaz de observarle aun desde donde estaba. —Usted ha sido el primero en escucharme.
— ¿A qué se refiere?—queda sentado al filo de la cama y le hace seña para que tome asiento al otro extremo donde estaba un escritorio con una silla.
—En muchas ocasiones intente que alguien me escuchara, ¿sabe?—el de ojos café se quita el abrigo con gracia y lo deja en el respaldo de la silla antes quedar en el mueble—Me acercaba a algunas personas buscando que al menos una de ellas quisiera escucharme, pero al final nadie estaba realmente interesado y fue así como mi numero de víctimas fue incrementando.
— ¿Qué?—susurra por lo bajo y la manzana de Adam viaja por su garganta en un gesto nervioso— ¿De qué está hablando?
—Así como lo oye, Padre—sus ojos se percatan de la expresión llena de crueldad de aquel que se encontraba frente suyo—Todas aquellas personas que se negaron a escucharme al final se convirtieron en mis victimas.
El latido de su corazón le retumba en los oídos y puede sentir como la cabeza le da vueltas, en su mente aun divagaban las imágenes de todas aquellas personas desaparecidas y ahora le confesaba la razón por la que había seguido cometiendo tales atrocidades.
— ¿Quién es usted?—las manos le tiemblan con nerviosismo.
—Mi nombre es Hannibal. Hannibal Lecter, Padre.
— ¿Por qué ha venido?
—Eso ya debes saberlo William—la sola mención a su nombre le hace estremecer.
— ¿Por qué me dice estas cosas?—agradece estar sentado porque de lo contrario se desvanecería, había algo acerca de ese hombre que le
inquietaba, le preocupaba y le afligía en demasía.
—Porque usted es el único que escucha—le hace saber con una calma parsimoniosa.
—Yo podía entregarlo a la policía—habla con poca convicción, tal parece que intentaba convencerse a si mismo más que a Hannibal.
—Pero no lo hará—una vez más su rostro se tiñe con una mueca fría.
— ¿Por qué dice eso?—humedece sus labios resecos y siente la garganta arder, no quería pensar demasiado pero temía que aquel ser pudiese saber lo que realmente le atemorizaba; le asustaba su presencia.
El silencio reina entre ellos de nuevo y Lecter solo puede sentirse maravillado ante la presencia que estaba frente a sus ojos. Como su mirada intentaba centrarse sobre su persona pero que fallaba de forma notoria para sí, sus manos posadas en su regazo mientras se sentían desprotegidas a falta del rosario que ahora se encontraba a los pies de la cama; una fina capa de sudor comenzaba a cubrirle y el latido de su corazón que palpitaba con tanto frenesí que llegaba como la más hermosa canción a sus oídos.
Se preguntaba si la sangre de aquel peculiar espécimen sabría así de bien como se lo imaginaba, su olfato nunca le engañaba y en ese preciso momento le hacía saber que delante suyo se encontraba un suculento manjar.
— ¡Respóndame!—él ya no puede soportarlo y se levanta del asiento— ¿Por qué tiene que venir hasta mí y decirme todas estas cosas?—habla con furia y rapidez— ¿Por qué tiene que actuar de esa manera?—alza el rostro y es capaz de atrapar la mirada con la del contrario— ¿Por qué no puede simplemente detenerse?—su respiración es irregular mientras deja salir a flote todo aquello que le inquietaba.
Will no podía evitar el sentirse herido ante tales declaraciones, él no podía obviar el hecho de que esas personas eran conocidas y que el hombre delante suyo era el culpable de sus desapariciones, era una angustia abrumadora lo que le llenaba; y al mismo tiempo sabía que no podía olvidarse de su alma, ¿qué habría ocasionado que un hombre de tal porte como Hannibal se viese sometido a cometer tales delitos?
En su rostro se reflejan tales sentimientos y Hannibal no puede evitar el acortar la distancia y posar una mano en su mejilla en una caricia sutil, Will por su parte se sorprende del contacto frío que le roza la piel.
— ¿Cree realmente que alguien como yo puede ser salvado Padre?—sus ojos viajan siguiendo el camino de sus dedos mientras trazaban con suavidad la mejilla del castaño—Un pecador, un asesino—separa los labios intentando decir algo pero lo único que logra es acercar el rostro hacia Hannibal y tomarle entre ambas manos mientras sus ojos apresaban su mirada café.
— ¿Por qué ha venido a mi si no cree que lo merezca? —susurra por lo bajo y sus latidos se aceleran. No entendía, no lograba entender la verdadera razón por la que Hannibal se encontraba allí junto a él—Detente—su tono se colmaba de dulzura y cuidado, Will luchaba con todas sus fuerzas por comprender lo que en verdad mantenía al sujeto cerca suyo; no era simple ego en el poder comentarle sus acciones y salir ileso. Era algo más profundo, más cruel.
—Yo no quiero—allí estaba su respuesta y su cuerpo se aleja como si el toque le quemase.
Su cabeza parece querer estallar y le cuesta respirar, contempla la figura contraria que le miraba con total atención mientras su expresión se volvía cada vez más fría.
Queda sentado en su cama y se siente derrotado.
—Entonces no importa el hecho de que yo esté aquí—resopla cansado y esa voz acentuada le llega una vez más cerca de los oídos.
—Quizás tenga razón.
La frustración viajaba por su sistema como si se tratase de el veneno más potente conocido jamás, William no había conocido a alguien así, nunca; y ahora que le tenía en frente no sabía qué hacer, se sentía perdido aun cuando la versión más razonable de si mismo le dijera lo que debía hacer, lo correcto en situaciones como aquella.
Debía simplemente irse y dejar que la policía se encargue del resto.
—No. Eso no será posible Padre. No ahora—Hannibal le habla suave y él se inquieta, ¿acaso era posible que Hannibal fuese consciente de lo que estaba pensando?—Por supuesto—una mueca sádica se pinta en las facciones del rubio.
El estaba cansado de jugar aun cuando el ver como el pobre e inocente hombre que estaba en la habitación además de él, le divertía; se estaba cansando de esperar. Creía que por el hecho de aventurarse en un sitio como aquel iba a encontrar a alguien digno de vivir pero parecía que lo único que había encontrado era un simple aperitivo.
—Déjame—suena inseguro y se acomoda los lentes—Déjame ayudarte—no podía mantener la vista fija pero creía que tenía una sola opción.
— ¿A qué se refiere?—su rostro impasible se ve perturbado por segundos mientras la curiosidad le embriaga.
—Le pido que se detenga, que no lastime a otras personas. Permítame ayudarle.
—Usted no sabe lo que necesito—su mirada se obscurece y siente como el hambre se apodera de sí. No, esa creatura ingenua que le miraba casi con pena jamás lograría entender su sed.
—Solo permítame hacerlo.
— ¿Está seguro Padre? ¿Está dispuesto a correr el riesgo?—le ve asentir y ya no puede detenerse.
