Hola a todas: mi tardanza es inexcusable, pero el hada llegó finalmente ^^

Bueno, cambio de planes: el personaje nuevo, el tercero en la relación, el "patas negras" (para el español chileno), se llama Kiohira y tiene otras características que no podían encajar en el perfil de Kaede... Las que leyeron mi primera historia sabrán de lo que hablo; de otro modo, ignoren mi comentario XDDD

Besos: estoy en la actualización de esta y mis otras historias ^^. ¡Ah, y otra cosita!: he sido sumamente irresponsable en el hecho y ahora vengo a caer en la falta.

A lo que me refiero: como ustedes verán, el área de fics de Están arrestados en español es pobrísima. Necesitamos a más gente que le guste la serie y que tenga ganas de explayar su imaginación en las letras: sé que existen personas que podrían unirse en la tarea, y me refiero a dar importancia a todos los personajes. Que yo sea una loca por Natsumi y Tokairin es mi tema XDDD, pero insto, apoyo y aplaudo a cada persona que desee incorporarse... Esta serie es genial y, bueno, como yo vi que la relación entre Tokairin y Natsumi no se desarrollaba tanto en la serie, y sé de antemano que existen locas por esta pareja, al igual que yo XDDD, como en otros personajes... Bueno, ese era mi tema...

Así que: apoyen, lean y escriban y, por supuesto, apoyen a esta humilde servidora con los fics XDDD

Besos y nos vemos luego.


De momento, no

I

Tokairin llamaba una y otra vez a su teléfono, con la esperanza que contestara y todo se tratara de un mal sueño: todavía con la carta arrugada entre las manos, se le revolvió de nueva cuenta el estómago al acordarse de aquella sensación, el sentir vacío el lado de su cama,… como las veces anteriores…

-Vamos, Natsumi, contesta: no me hagas esto…- musitaba el teniente. Cuando supo que el teléfono había sido desconectado, en un arranque de rabia botó el celular al piso.

No era posible: no podía ser que, de nueva cuenta, ella le hiciera esto.

Sabía lo importante que era para él este hecho: su familia entera estaba allí, por mutuo acuerdo… Y no dudó en hacerlo nuevamente…

No, no, no: estaba mal… Quizás eran sus nervios. Sabía perfectamente que la muchacha no deseaba hacerlo, que le tenía terror al compromiso, pero que nunca lo había engañado con otro hombre.

-Tengo que encontrarla- sin dudar ni un segundo, comenzó a llamar a cada persona con la cual tuviese contacto más directo: si era preciso, los llamaría a todos y a cada uno de ellos…

Tenía que mantener la calma: su Natsumi estaría con él…

… Y pronto serían marido y mujer.


Le sirvió una taza de sopa caliente, para poder mitigar el escalofrío y los nervios que demostraba: era algo difícil, dada la situación en la que se encontraba, pero tenía que hacer el intento.

-Gracias, Yoriko: eres muy amable…- musitó Natsumi, quien aceptó el tazón y probó un poco la sopa, por mera cortesía: tenía el estómago contraído y nulas ganas de comer…

Se sentó al otro lado de la mesita, con la mirada compasiva por el embrollo en el que se metió: siempre pensó en Natsumi como una mujer independiente, pero dentro de ella estaban las mismas dudas que las de una chiquilla… Miyuki, su ejemplo, se fue de casa para hacer una familia, y dejó en ella la misma inquietud que la del principio: esperó, con el paso del tiempo, que la amistad que se estaba desarrollando entre ellas pudiese darle una guía para lograr descifrar el enigma.

Tal vez, en verdad no necesitaba casarse, para demostrar el amor que le tenía al teniente: cariño que nunca dudó en ponerlo a prueba,… no hasta ahora…

-Natsumi, dime: ¿qué sientes ahora?

La bruna la miró de soslayo, con la culpa carcomiendo sus entrañas.

-Me siento mal: no debí hacerle esto a Tokairin…-

-Pero, fuera de eso- la interrumpió Yoriko- ¿Estás más tranquila con lo que hiciste?

-Tenía que hacerlo: me temo que no haya sido el modo correcto para hacerlo saber, pero no siento todavía que sea el tiempo—Quizás pienses que estoy loca…

Bajó la mirada, y Yoriko le dio una mano, en señal de apoyo- Pienso que has estado muy presionada y que no deberías culparte por lo que sientes, mucho menos reprimirlo: a la vez,…- tomó el celular de Natsumi y lo puso entre sus manos- a la vez, pienso que Tokairin merece una buena explicación de lo que has hecho: no puedes seguir huyendo de algo que es una realidad de pareja. Elegiste a Shouji para estar con él, en las buenas y en las malas: ¿por qué le niegas esa comunicación que tanto les hace falta?

Era cierto: además, Natsumi Tsujimoto jamás de los jamases se ha caracterizado por ser una persona cobarde.

-Necesito cargarlo con dinero… Iré a una tienda…- se levantó de la mesa y caminó hacia la salida: en la puerta, se dio vuelta y miró con una sonrisa en los labios a Yoriko- Muchas gracias, Yoriko.

La muchacha le devolvió la sonrisa.

Sinceramente, esperaba que hubiese punto de concordia en ese asunto.

Pero no era lo que quería el destino: no estaba en sus planes… Golpes en la puerta, repetidas veces, terminó con la paciencia de Yoriko y la tranquilidad de Natsumi.

-Yoriko, mejor no abras que—

Fue en dirección a la muchacha, pero lo que encontró la dejó helada.


-No vuelvas a hacerme esto, Natsumi: por poco y me das un susto de muerte…- el teniente conducía el auto, mientras su copiloto no se dignaba a darle la cara- ¿Vas a seguir con esa actitud todo el camino?

No podía encararlo: no supo cómo se había enterado de su paradero, pero apenas llegó Tokairin al lugar, quedó en blanco y no pudo articular palabra alguna. Fue llevada por el muchacho, sin que se le opusiera la menor resistencia. De todos modos, ¿cuál podría ser su objeción?...

"Lo siento, Tokairin. Me acosté con otro: pero no te sientas mal, que apenas lo conozco… Además, necesito un tiempo para pensar si es buena idea casarme contigo…".

Ridículo, ¿no es así? Bueno, no daba al caso ya: las cosas tomaron su curso… Tal vez era pura maña: sí, quizás. Solo el tiempo daría la cura a esta herida que aún no cerraba…

-Hey, calma- Tokairin tomó una de sus manos. Natsumi lo miró y el teniente le sonrió- Nada de lo que hagas me hará amarte menos de lo que ya te amo…

-Sí, el tiempo lo curará todo…: eso, y una laguna mental enorme…- pensó socarrona la bruna, sin quitarle la vista ni un segundo.


El traje de novia le quedaba entallado: lleno de bordados de un inmaculado blanco, sentía el peso de "mentirosa", escrito en la frente. Miyuki arreglaba religiosamente cada pliegue del vestido, fascinada por cumplir las vueltas de mano, para ayudarse cada una en su boda.

-Hey, Miyuki, ¡hey, que me quedo sin aire!- le reprendió Natsumi, por las contracciones de su abdomen, casi sin aire para respirar.

-Lo siento, lo siento- la muchacha cedió con el agarre, y el bufido de alivio no se hizo esperar- pero ¡bien que me lo debías! Venir a escaparte a estas horas… Ah, Natsumi: ni siquiera sé porqué te reprendo, si siempre sales con este tipo de sorpresas…

-No tienes porqué matarme por ello: ya estoy aquí… Aunque no quisiera cargar con este secreto más…

Miyuki vio las facciones de su compañera: le tomó el rostro, y pudo sentir una inmensa pesadumbre en su mirada.

-Natsumi, ¿qué te pasa?

-Nada, Miyuki: … un poco de nervios, pero nada más…- fue hacia la mesa: tomó una botella de sake y se sirvió un generoso vaso de licor.

-Vamos, Natsumi: no será muy agradable que tengas aliento a alcohol, cuando vayas al altar…

-Mala suerte: esto me repondrá- de un solo trago, la muchacha ingirió el sake. Con tal mala suerte, que la madre de Tokairin vio toda la escena- ¡Señora Tokairin! No la había visto…

La mujer intercambió miradas: entre el vaso de sake vacío y su futura nuera.

-Sí, me di cuenta de ello…- dijo con voz muy cortante. Inmediatamente, miró a Miyuki de forma fija, por lo que la aludida entendió que no era bienvenida en ese momento.

-Permiso, señora Tokairin, Natsumi: iré a ver a los invitados…- y la muchacha desapareció, dejando a ambas mujeres en una incómoda situación.

Natsumi se sentó en la mesa, ya cansada de la mirada de desprecio que le dirigía su suegra.

-No gaste saliva, señora, que no sacará nada arrugándose con disgustos que no podré evitarle…- tomó otro vaso la bruna y lo llenó hasta el tope, ante la mirada sorprendida de la señora- Su hijo me quiere y yo lo amo: no seré del gusto popular, pero tampoco tengo intenciones de serlo…

-Creo que el problema es ése, muchachita: usted es del gusto "popular", demasiado para mi pobre hijo.

-¡No "empobrezca" a su hijo, señora! Es un hombre hecho y derecho… Si es incapaz de prestarle el apoyo suficiente, no se moleste: yo voy a dárselo…- iba a retirarse del lugar, cuando la mujer la toma del brazo. Acto seguido, la arrincona a la pared.

-Ni piense que voy a quedarme así: no me he olvidado de lo que ha hecho esta mañana… Si deseaba retractarse del compromiso, tenga la valentía de hacerlo- la suelta, y Natsumi hizo una mueca de dolor al verse liberada del apreso.

-Déjeme en paz…- Natsumi se fue de la sala, aturdida por lo que había ocurrido en ese momento: tan ensimismada estaba por el hecho, que chocó con Tokairin en el trayecto y se cayó al piso.

El teniente, inmediatamente, levantó a la muchacha. Era incapaz de ocultar su risa, al verla tirada así, con una cara de despistada que no se la podía ni ella misma.

-Ven acá, pollita: te caes de un solo empujón…- al escuchar sus palabras, Natsumi se levanta y le da un manotazo amistoso.

-Déjame, pesado… Hablas de un empujoncito, cuando hablamos del tremendo mastodonte que estás hecho…

Iba a pasarlo de lado, cuando el teniente toma su mano y la lleva por un pasillo que estaba al lado de ambos. Natsumi estaba a punto de pedirle explicaciones de su actuar, cuando se encuentra con una respuesta ferviente de Shouji, en forma de beso.

Natsumi, un poco más conciente de la situación en la que se encontraban, puso las manos en su pecho, para dejar distancia.

-No, Shouji: … este no es el lugar, lo sabes…

Sentía el cuerpo ardiendo, como un extraño fuego interior que perturbaba su mente y corazón. Tokairin no paró, hasta que percibió cómo el cuerpo que se le rehusó en un momento, ahora lo aferraba con todas sus fuerzas y tiritaba…

Preocupado, levantó el rostro y se encontró con Natsumi, totalmente deshecha y llorando: la acarició, pero ni eso calmaba las reacciones involuntarias de su cuerpo…

-… Como si fuera la última vez…

-No, Natsumi: dime qué es lo que te ocurre… Por favor…- la levantó, para poder conversar de lo que ninguno quería dar comienzo.

-Tokairin, vas a morirte: yo no puedo hacerlo…

-Natsumi: nada de lo que venga de ti va a matarme…

Miró tímidamente a sus ojos azules profundos: el alma la carcomía por dentro, y nada de lo que cruzaba por su mente le daba una salida sana.

Él sufriría: vería caer ante sus pies los proyectos que alguna vez pensaba concretar. Y él seguía allí, pero una parte de su mente estaba maquinando posibilidades que lo destruían por dentro: algo en Natsumi delataba inseguridad, y lo único que la hacía flaquear era cuando hería a alguien sin intención… Tokairin no desconocía tal hecho: lo que en verdad desconocía era la causa, y sabía perfectamente que el saber el error y comprender que el herido iba a ser él sólo implicaba una causa…

…Traición.

-Shouji, los invitados…- la pareja volteó hacia el amigo del teniente: al ver la cara de los novios, supo que no estaba en un buen momento- Lo lamento, Shouji…

-No, no te preocupes: voy enseguida- el amigo salió del lugar. Un maquinal beso en la frente despertó a Natsumi de su estupor.

… Por primera vez en su vida, vio el velo en sus ojos: no se transparentaba su propia imagen.

-Shouji, yo—

-No, Natsumi…- la besó en los labios, presionándola contra sí: después de un buen rato, la soltó. Con un pulgar, marcó los labios de la bruna, quien seguía aturdida por su extraña actitud- Vamos a casarnos, porque estamos hechos el uno para el otro: no quiero más excusas… Te veo en la ceremonia en diez minutos.

El teniente no soltó su mano, sino hasta el último momento: Natsumi lo vio desaparecer de su campo visual.

Se giró en sus tacones, con la angustia de saber que algo intuía en esa conversación: Tokairin no le dijo nada, en espera de una silente disculpa que nunca se formó como tal…

Estaba confundida. El anillo brillaba en su anular izquierdo, estaba vestida de novia: recibió un beso profundo de su pareja… No era el momento de llenarse de dudas, pero era imposible el negar que su rostro se trastocó por la indirecta…

Se apoyó contra la pared: vio enfrente suyo el reloj…

-Si tú lo quieres así…


-… Por el poder que me confiere la ley, los declaro marido y mujer…

Natsumi abrió los ojos, después de escuchar el replique de las palmas y los flashes de las cámaras. Miró hacia el juez, y el hombre indicó con su brazo que mirara a su izquierda: apenas se volteó, el teniente le subió el velo… Tenía los ojos lagrimosos, con miedo de su reacción.

-Ven aquí…- musitó Tokairin, por lo que Natsumi se acercó a él.

Le dio un beso en la frente, dejando a todos perplejos por su accionar…

En ese instante comprendió lo que se venía por delante.

… Después de besarla, miró a todos sus amigos con más serenidad- Muchachos, familia: les presento a mi esposa, Natsumi Tokairin.

Todos aplaudieron, ignorando por completo lo anteriormente hecho por el novio. Natsumi debatía su mente en mil ideas, pero sabía que una sola sería la eficaz…


Estaban ya solos, en la suite matrimonial…

Tokairin debatía en deshacer su corbata, mientras Natsumi estaba sentada en la cama: el teniente vio la figura de la muchacha reflejada en el espejo y tragó saliva…

El traje estaba desaliñado, pero le daba un toque de dulzura que pocas veces veía en Natsumi: empecinada en no usar un vestido arrepollado, el talle era ajustado y tenía un corte desde el muslo. Resumidamente, desquiciante… Le picaban las manos por deshacer a jirones el traje, pero el cariz de la muchacha era abrumador…

-¿No vas a cambiarte?- preguntó el teniente, con la ligera esperanza de poder concretar sus deseos en ella, pero la respuesta no se la esperaba.

-No creo que desees tocarme…- musitó, desarreglando su peinado. Después de esperar un tiempo, se volteó para ver al teniente- ¿Quieres verme, a pesar de?—

-… Omítete comentarios. Sólo haz lo que se te dé la gana: ya lo hiciste antes, de todos modos- estaba en pos de irse, cuando Natsumi se levantó y rodeó sus brazos entorno a él.

"No estaba en posición de discutir, no estaba en posición de nada" pensaba una y otra vez la muchacha, quien comenzó a repartir besos en sus hombros, disculpándose de su estúpida reacción. El chico que estaba frente a él, quien es su esposo, perdonó su falta y le daba la oportunidad de remendar las cosas nuevamente.

-Lo siento, Tokairin: perdóname…

Se dio vuelta y la besó: parecía haber esperado el momento propicio, pues se lanzó a sus brazos apenas ella dio un indicio. Entre sus besos y caricias, se afirmó en la esperanza de una vida nueva.

Pero el fantasma no se iría jamás de su mente: el teniente mantuvo el ancla en su propiedad, mientras encontraba la mejor manera de desentrañar lo que estaba ocurriendo.

De una u otra forma, daría con el infeliz que osó tocarla.


Los días de la luna de miel fueron maravillosos: aunque fueron a Kioto, por un período corto de tiempo, recobró fuerza la unión sentimental de ambos. Empacó cada una de sus prendas y los recuerdos que marcarían su vida de casada: cerró la maleta y vio el atardecer que le indicaba que debía volver.

-Vamos, Natsumi: el auto nos espera…

-Voy en un minuto…- Tokairin asintió. Estaba por irse, cuando sintió unos brazos alrededor de su pecho- Hey, aún tenemos unos minutos…

Se miraron fijamente. Sin prisa alguna, se deshicieron de cada prenda: Natsumi lo intoxicó con su aroma, y el teniente la colocó delicadamente en la cama… Necesitaba hacerse de un recuerdo firme: eso era lo único que ocupaba su mente en ese instante.

-Te amo, Shouji…- musitó Natsumi en su oído, mientras él se adentraba en ella una y otra vez, regalándole todo de sí en ese acto.


Al día siguiente, en Tokio…

Natsumi tomó las llaves del apartamento: miró a su alrededor e inspiró profundamente.

La mirada del teniente, cuando le explicó que debía ir a buscar sus cosas, no fue lo que ella esperaba.

"-No te tardes, o iré por ti…- espetó el teniente, mientras seguía ordenando las cosas: ignoró completamente la reacción de Natsumi.

Estaba claro que no podía objetarle nada, pero esas palabras eran un cincel clavado en el pecho.

-… No es necesario que uses ese tono conmigo- dijo extrañada. Acto seguido, tomó su mochila y cerró la puerta".

No deseaba creerlo, pero la mirada de Tokairin, al llegar a Bokutou, llegó a ser diametralmente distinta a la que tenía en Kioto: las razones eran claramente obvias, sin embargo, quería sentir que su perdón era sincero.

-¿Volveré a este lugar?- preguntó Natsumi, apoyada en la puerta de su apartamento. Deseaba fervientemente el no: existían tantos planes, tanta alegría, cuando finalmente se dieron el sí… Tal como le había dicho Yoriko, detrás de todos los problemas que tenía elucubrados en su mente, estaba una persona aterrada por algo que desconocía.

Sí, fue una estúpida de primera, pero deseaba la oportunidad de remendar. La oportunidad que se forjó en un perdón que, temía, no era totalmente sincero…

El sonido de su celular la descolocó: vio la pantalla y suspiró al ver el número del teniente.

-"Voy en camino"- respondió, y cortó inmediatamente la llamada.

Era la quinta llamada, y las esperanzas de volver a su relación normal se volvieron absurdas, vagas y tremendamente egoístas. Tras haber cortado, tomó la maleta con sus cosas: cerró la puerta y maldijo las llaves, para no tener que usarlas. No quería volver a sentir la soledad…

… Nunca más.


Arizuka va al lado de su hijo: el inspector tiene la mirada pétrea en el camino, mientras el muchacho manejaba la patrulla.

-No lo comprendo todavía: ¿acaso no querías escalar en rango? No conseguirás nada en esa estación…

El chico miró a su padre y bufó por enésima vez- Padre,…-

-"Ya está arreglado": ¡lo sé, lo sé!...- el capitán siguió el camino, agradecido por la tortura paternal matutina terminada- ¡SIN EMBARGO, ME PARECE INCREÍBLE EL LUGAR QUE HAS ESCOGIDO PARA HACER TUS PRÁCTICAS: NO AVANZARÁS Y ESTAREMOS EN UN TORBELLINO INTERMINABLE DE DESORDEN Y DESTRUCCIÓN!—

-¡Que ya está listo, padre! Agh,… no sé porqué se me ha ocurrido consultarte antes: sabía que esto pasaría…- musitó cansado, con el brazo apoyado en la ventana: sin embargo, llegó a oídos del inspector.

-¡ESO ESPERABA: QUE UN HIJO NEGARA EL DEBER DEL PADRE POR CUIDAR DE SUS INTERESES!

-¡Suficiente!- gritó su hijo, al tiempo que llegaron en la portería de la estación Bokutou.

-Buenos días, inspector Arizuka: veo que trae compañía…

-¡Y A USTED QUÉ LE IMPORTA!- dijeron al unísono, provocando el miedo del pobre oficial encargado.

-L-lo lamento…-

-Bah, éstos no tienen el valor para hacer una buena estación de policías…- después de lo dicho, miró al muchacho, quien entornó los ojos.

-Padre, es suficiente…Será mejor que entremos…


Natsumi miró su taza de café: Kobayakawa sonreía, al atribuirle su melancolía a la luna de miel, pero Yoriko conocía la causa de su taciturno rostro.

-¡Oficiales, alerta temprana! Llegó Arizuka…

Todos quedaron azules. Las miradas recayeron en Miyuki, quien era la encargada de las misiones rápidas de orden.

-Chicos, chicas… ¡TOMEN PALAS, BOLSAS, ESCOBAS Y PREPÁRENSE PARA EL ATAQUE!

En un solo instante, toda la estación se movía y botaban, guardaban en lockers que estaban a punto de reventar: Natsumi y Yoriko tomaron la zona de los vestidores. El estado de ánimo de la muchacha se notó distinto: el haber obedecido, sin duda alguna, a una orden de limpieza era un claro hecho de que las cosas no andaban bien.

-… Espero que esto se encuentre limpio…- musitó Yoriko, quien miraba dudosa un bóxer de hombre.

-… Duda de todo, Yoriko…- respondió la bruna, mientras trapeaba el suelo a sus espaldas.

La muchacha de gafas miraba a Natsumi, algo indecisa: el silencio se prolongó por un buen rato, a lo que Natsumi se volteó- ¿Pasa algo, Yoriko?

-Bueno, Natsumi: quisiera,…- se tomó ambas manos con nervio- ¡Quisiera saber!—

-¡OFICIALES, REPÓRTENSE EN LA OFICINA PRINCIPAL!

Natsumi suspiró: golpeó sus mejillas y arregló su uniforme- Vamos, Yoriko: dime de lo que quieres conversar, aunque lo deduzco por tu rostro…

-… No importa…- musitó Yoriko, apenada. Dejaron las escobas en su lugar y fueron a reportarse.

Terminaron por unirse a los demás. Aparece el inspector Arizuka y todos se encuentran confiados por la "seudo limpieza": tanto así, que un osado Nakayima levantó su puño victorioso en el aire.

-¡No pasaremos por una nueva humillación: esta vez no, compañeros!- todos los motociclistas estaban de acuerdo con las palabras de Ken-chan, emocionados por las palabras de su líder. La pobre Miyuki estaba escondida en un rincón, mientras que Natsumi, Yoriko, Aoi y las demás oficiales observaban el espectáculo de su compañero.

-¡Vamos, Nakayima: sabes que no tenemos esperanza!

-¡Agh, tropa de cobardes: saben bien que hemos anticipado tácticas! Todo está limpio, las chicas han adornado la oficina y Natsumi está sobria…

Todos miraron a la aludida: Natsumi miró a Nakayima con enojo- Gracias por la confianza, Ken…

-… Así que estaba borracha esa vez…- el frío en la columna los dejó si palabras: especialmente, a una persona. El inspector hizo presencia en el lugar y miró detenidamente a la bruna- Oficial Tsujimoto…

Ken-chan quedó sin palabras, a lo que Yoriko le propinó un buen codazo- Vamos, Nakayima: ayúdala- musitó.

-¡Estás loca!... Ejem…- carraspeó la garganta y todos centraron atención en lo que Nakayima iba a decir- ¡QUÉ BUENO TENERLE EN LA ESTACIÓN, INSPECTOR ARIZUKA!- respondió, fregándose las manos.

Todos cayeron de espaldas. El inspector, con una gota en la frente, mandó a callar el bullicio que se formó en ese instante- Bien, ¡callados todos!... Ejem… El motivo de mi venida no ha sido la inspección, señor Nakayima: debo aceptar que ya no parece un cochinero…- todos celebraron, por un leve lapso- … Sino un establo, lo que me parece un avance considerable, dado con el grupo que me ha tocado trabajar.

Natsumi inspiró, cansada de la reunión a la que los han congregado. Tenía en mente muchas cosas por resolver, que estaban bastante alejadas ya del lugar de trabajo.

-… Pero el comentario es irrelevante. Lo que les vengo a comunicar es que, por razones de fuerza mayor, el capitán Kachou no trabajará al mando de la estación.

Con tal noticia, la muchacha volvió a conectarse con lo que a todos los dejó sin palabras: el capitán Kachou, el jefe de esa tropa de oficiales, ¿ausente de su trabajo? Era insólito, aún más, cuando ni siquiera fue él quien les comunicó la decisión: teniendo por antecedente su ausencia por la luna de miel, miró a Yoriko, como preguntándole la razón, a lo que la oficial negó anonadada.

-"Entonces, ¿qué demonios ha ocurrido aquí?"

La sonrisa del inspector llevó a pensar (sino por la totalidad, en la mayoría) que sería él quien comandara, en reemplazo de su superior.

-… Dado que no es mi competencia el conducir tal labor…- el suspiro de alivio fue generalizado, por lo que el rostro del inspector se endureció y dio paso a la rigidez anterior de los oficiales- … Como iba diciendo, no es mi deber el reemplazar al capitán: sin embargo, dado la importancia de la ausencia, he decidido pedir al comando central la incorporación de un capitán suplente…

Las muchachas comenzaron con el cuchicheo, lideradas por Yoriko.

-¡Silencio!- todo volvió al orden correspondiente- Pues, bien: sin más preámbulos, les presento a su nuevo superior. El capitán Kiohira Arizuka, mi hijo.

El temor volvió a ser evidente: las oficiales detuvieron el cuchicheo.

Era el hijo del inspector: corría, por sus venas, la sangre despiadada de los Arizuka, por lo que todo antecedente era de temer. Los oficiales vieron sus días contados, y una jubilación temprana ya no era una idea desquiciada en ese instante: todo por no estar en las manos de su descendiente.

Todos los oficiales esperaban la cara endemoniada, pero con más vitalidad y maldad en su sangre, del inspector: sin embargo, un muchacho alto, de cabello negro y ojos azules, hizo entrada frente a todos los oficiales.

-Buenos días, oficiales: mi nombre es Kiohira Arizuka. Desde hoy, apoyaré su gestión en la zona de Bokutou. Espero, sinceramente, que todos me presten su apoyo y bienvenida…

Las oficiales se hicieron gelatina: el muchacho era un par de años mayor que sus compañeros y desengañaba a horrores la genética paternal, ya que era casi norteamericano, de complexión grande y bastante apuesto.

Yoriko, quien estaba al lado de Natsumi, iba a comentarle…

… Cuando vio que no se encontraba en el lugar…


El pecho de Natsumi subía y bajaba erráticamente: apenas vio al nuevo capitán, el corazón se le subió a la garganta, incapaz de poder articular palabra.

-Mierda, ¡mierda!: es él…

Continuará…